{"id":1064,"date":"2012-11-09T08:00:43","date_gmt":"2012-11-09T08:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=1064"},"modified":"2012-11-09T08:00:43","modified_gmt":"2012-11-09T08:00:43","slug":"articulo-el-articulo-de-fondo-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-el-articulo-de-fondo-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] El art\u00edculo de fondo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"<p>I<\/p>\n<p>\u00abBasta de  contemplaciones. Basta de contubernios. Basta de flaquezas. Ha sonado la  hora de las energ\u00edas. Cre\u00edamos que los hechos, tan claros ya en la  mente de todo el mundo, se presentar\u00edan al fin en su espantosa gravedad a  los ojos del insensato poder, que dirige los negocios p\u00fablicos.  Juzgando que toda obcecaci\u00f3n, por grande que sea, ha de tener su l\u00edmite,  cre\u00edamos que el Gobierno no podr\u00eda resistir a la evidencia de su  descr\u00e9dito; cre\u00edamos que, deponiendo la terquedad propia de todos los  poderes que no se apoyan en la opini\u00f3n, se resolver\u00eda al fin a entrar  por m\u00e1s despejado y seguro camino, si no consideraba como la mejor de  las enmiendas el abandonar la vida p\u00fablica. Esper\u00e1bamos inquietos, ante  los grandes males que afligen a la patria; esper\u00e1bamos callando, sin  dejar de conocer los diarios y cada vez m\u00e1s graves errores de este  insensato Gobierno. Hemos esperado hasta lo \u00faltimo, hasta que los  esc\u00e1ndalos han sido intolerables. Hemos callado, mientras el callar no  fue grav\u00edsima falta. Ya no hay esperanza. Es preciso no ocultar la  verdad al pa\u00eds, y nosotros faltar\u00edamos al primero de nuestros deberes,  si un momento m\u00e1s permaneci\u00e9ramos en esta actitud. Nuestro patriotismo  nos impele a obrar de este modo; y como sabemos que la opini\u00f3n p\u00fablica  es la \u00fanica&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed, el  autor del art\u00edculo se par\u00f3. La inspiraci\u00f3n, si as\u00ed puede decirse, se le  hab\u00eda concluido; y como si el esfuerzo hecho para crear los p\u00e1rrafos que  anteceden produjera fatiga en su imaginaci\u00f3n, se detuvo, con \u00e1nimo de  proseguir, cuando las varias ideas, que repentinamente y en tropel  vinieron a su imaginaci\u00f3n, se disparan.<\/p>\n<p>Era su entendimiento  tan pobre, que no hay noticia de que produjera nunca cosas de provecho,  pues no han de tenerse por tales sus lucubraciones sopor\u00edferas sobre el  origen de los poderes p\u00fablicos y el equilibrio de las fuerzas sociales;  era, adem\u00e1s de corto, d\u00edscolo; porque jam\u00e1s pudo adquirir ni sombra de  m\u00e9todo. Descollaba en las digresiones, y cuando se ocupaba en  desarrollar una tesis cualquiera, no hab\u00eda fuerzas humanas que le  concretaran al asunto, impidiendo sus escapadas, ya al campo de la  historia, ya a la selva de la moral, ya a los vericuetos de la  arqueolog\u00eda o de la numism\u00e1tica. Por todos estos campos, cerros y  collados corr\u00eda complaciente y alborozada la imaginaci\u00f3n del autor del <em>art\u00edculo de fondo<\/em>,  cuando interrumpido el hilo l\u00f3gico de \u00e9ste, y olvidado el asunto y  desbaratado el plan, ocuparon su mente, apoder\u00e1ndose de ella de un modo  atropellado, violento y como de sorpresa, las intrusas ideas de que se  ha hecho m\u00e9rito.<\/p>\n<p>Proced\u00edan \u00e9stas de  todos los objetos, de todas las ilusiones, de todos los recuerdos, de  mil fuentes diversas que manaban a un tiempo una corriente sin fin.  V\u00ednole al pensamiento no s\u00e9 qu\u00e9 fragmento de historia, con el cual se  un\u00eda la imagen de un Obispo de Astorga, tan testarudo cl\u00e9rigo como  intr\u00e9pido soldado. Acord\u00e1base de las torres muz\u00e1rabes que hab\u00eda  contemplado en una ciudad antigua, y al mismo tiempo se le ofrec\u00edan a la  vista lagos y jardines, no sin que de pronto afease este espect\u00e1culo  alg\u00fan animal de corpulenta forma y repugnante fealdad. Tan pronto se le  representaban los versos de alg\u00fan romance que hac\u00eda tiempo leyera en  amarillos y arrugados c\u00f3dices, como sent\u00eda el rumor de lejana m\u00fasica de  \u00f3rgano, dulc\u00edsima y misteriosa.<\/p>\n<p>\u00a1Con cu\u00e1nto abandono se  entrega la imaginaci\u00f3n a este c\u00f3modo vagar, suelta y libre, sin las  trabas del \u00e1rido razonamiento, sin que una voluntad firme la sujete ni  la enfrene para elaborar dif\u00edcilmente el producto literario, uno,  l\u00f3gico, de forma determinada y con especial contextura! La imaginaci\u00f3n  del pobre periodista hab\u00eda logrado escaparse en aquellos momentos,  cuando el art\u00edculo no hab\u00eda pasado a\u00fan de su edad infantil, y s\u00f3lo  contaba escaso n\u00famero de renglones. La imaginaci\u00f3n del menguado  escritor, despu\u00e9s de correr de aqu\u00ed para all\u00ed, con la alborozada  inquietud de un p\u00e1jaro que viendo rotas las ca\u00f1as de su jaula, se escapa  y vuela a todas partes sin fijarse en ninguna, se concret\u00f3 al fin, se  fij\u00f3, se regulariz\u00f3 poco a poco.<\/p>\n<p>De entre los escasos  renglones del art\u00edculo interrumpido poco despu\u00e9s de haber sedado a luz  su primera idea, surgen las l\u00edneas; las sombras y luces de una inmensa  catedral g\u00f3tica. Crecen sus haces de columnas, te\u00f1idas de suave matiz  pardo, hasta llegar a enorme altura, desparram\u00e1ndose despu\u00e9s los  retorcidos tallos para formar las b\u00f3vedas. Descienden del techo, cual si  estuvieran suspendidas de el\u00e1sticas y casi invisibles cuerdas, l\u00e1mparas  de oro, cuyas luces oscilantes no bastan a eclipsar el di\u00e1fano colorido  de las vidrieras, que llenas de santos y figuras resplandecientes,  parecen comunicar con el cielo el interior del templo. Mil figuras van  destac\u00e1ndose en la pared, como si una mano invisible las tallara en la  piedra con sobrenatural prontitud, y lozana flora crece portentosamente a  lo largo de las columnas, llevando en sus c\u00e1lices animales grotescos o  inveros\u00edmiles, que parecen haber sido producidos por ignorado germen en  las entra\u00f1as mismas de la piedra. Las estatuas aplastadas sobre los  muros se multiplican, aparecen en filas, en series, en ciclos sin fin, y  son todas r\u00edgidas, tiesas, retratando en sus semblantes el fastidio del  Limbo o la placidez del Para\u00edso. Alternan con ellas los seres  simb\u00f3licos creados por la estatuaria cristiana, y que parecen engendro  sacr\u00edlego del paganismo y la teolog\u00eda. Los dragones, las sibilas, los  monstruos b\u00edblicos que para representar sutiles abstracciones ide\u00f3 el  genio de la Edad Media, refundiendo los despojos de las sirenas y los  centauros antiguos, muestran sus heterog\u00e9neos miembros, en que la figura  humana se une a las m\u00e1s raras formas de la fant\u00e1stica zoolog\u00eda, ya  religiosa, ya her\u00e1ldica, inventada por embriagados escultores. Vense en  las paredes blasones de brillantes tintas, sobre suntuosos sepulcros, en  que duermen el sue\u00f1o del m\u00e1rmol arzobispos y condestables, pr\u00edncipes y  guerreros, empu\u00f1ando b\u00e1culos o espadas. Los perros y leoncillos en que  apoyan sus pies parecen prestar atento o\u00eddo a todo rumor que en el  templo suena. Replandece en el fondo el estofado riqu\u00edsimo del altar,  semejante a inmensa ascua de oro cuajada de diminutos \u00e1ngeles y querubes  que aletean quem\u00e1ndose en el seno de aquella nube incandescente, y como  si la combusti\u00f3n les diera vida. Graves y barbudos santos, alineados  con la compostura propia de los c\u00edrculos celestes, aparecen en el centro  de este gran Apocalipsis de madera dorada, terminando tan portentosa  m\u00e1quina un Cristo colosal, cuyos brazos, que se abren contra\u00eddos por los  dolores corporales, parece van a estrechar en supremo abrazo a todo el  linaje humano.<\/p>\n<p>Se sienten rezos tenues  y confusos, no interrumpidos por pausa alguna como si la atm\u00f3sfera  interior del edificio, afectada de una vibraci\u00f3n inherente a su esencia  f\u00edsica, modulara un mon\u00f3logo sin fin, Todo es calma y respeto. La  claridad, las sombras, las formas esculturales, la gallard\u00eda de las  l\u00edneas, el rec\u00f3ndito sonido que se creer\u00eda producido por la oscilaci\u00f3n  de la masa arquitect\u00f3nica; aquel sonido, que hace pensar en la  respiraci\u00f3n de alg\u00fan misterioso esp\u00edritu, habitante en las grandes  cavidades de piedra, la variedad de objetos, la majestad de los  sepulcros, el idealismo de los efectos de luz, todo esto produce estupor  y recogimiento. Se piensa en Dios y se trata de medir la inmensidad de  la idea que ha dado existencia tan hermoso conjunto; se siente la m\u00e1s  grande admiraci\u00f3n hacia los tiempos que tuvieron fe, coraz\u00f3n y arte para  expresar con s\u00edmbolos inagotables su arraigada creencia&#8230;<\/p>\n<p>Hall\u00e1base el menguado  autor como en \u00e9xtasis, contemplando en su mente estas hermosuras del  arte y de la fe, cuando un ruido de pasos primero, y la inusitada  aparici\u00f3n de un hombre despu\u00e9s, le trajeron bruscamente a la realidad,  haci\u00e9ndole fijar la vista en las cuartillas del art\u00edculo de fondo que  olvidado yac\u00eda sobre la mesa.<\/p>\n<p>El ser que ten\u00eda  delante era un monstruo, un vestiglo. Aborrec\u00edale en aquellos momentos  m\u00e1s que si viniera a darle la muerte, y le inspiraba m\u00e1s pavor que si  fuese Satan\u00e1s en persona. El monstruo mir\u00f3 al autor de un modo que le  hizo temblar; alarg\u00f3 la mano pronunciando palabras que aterraron al  infeliz, cual si fueran anatemas de la Iglesia o sentencia de  inquisidores. Estremeciose en su asiento, eriz\u00f3sele el cabello y mir\u00f3  con angustia: y ba\u00f1ado en sudor fr\u00edo las incorrectas l\u00edneas del  interrumpido articulejo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Aquel vestiglo, o en  otros t\u00e9rminos, pedazo de b\u00e1rbaro, ven\u00eda cubierto de sudor, como si  hubiese hecho una larga y precipitada carrera; y lo mismo su cara que su  andrajosa y mugrienta ropa parec\u00edan te\u00f1idas de un ligero barniz  obscuro: La tinta manaba de sus poros. Se diferenciaba de un carbonero  en que su tizne era m\u00e1s consistente y como si le saliera de dentro.  Enteramente igual a un c\u00edclope, si no tuviera dos ojos, era el tal una  de las m\u00e1s poderosas palabras de la civilizaci\u00f3n moderna, porque hab\u00eda  recibido de la Providencia la alta misi\u00f3n de mover el manubrio de una  m\u00e1quina de imprimir, que daba a luz diariamente millones de millones de  palabras. Viviendo la mayor parte del d\u00eda en el s\u00f3tano donde la m\u00e1quina  civilizadora funciona, aquel hombre se hab\u00eda identificado con ella;  formaba parte de su mecanismo; y la armaz\u00f3n ingeniosa, pero inerte, obra  pura de las matem\u00e1ticas, se convert\u00eda en ser inteligente cuando al  impulso del monstruo mov\u00eda sus ruedas, ejes y cilindros como s\u00ed fueran  \u00f3rganos animados por rec\u00f3ndita vida. Ambos se entusiasmaban, se  confund\u00edan; ella crujiendo convulsamente y con acompasada celeridad; \u00e9l,  jadeante y lleno de sudor, describiendo curvas y m\u00e1s curvas con su  brazo; ella recibiendo el papel para lanzarle fuera despu\u00e9s de haber  extendido en su superficie un mundo de ideas, y \u00e9l entonando alg\u00fan  cantar para hacer m\u00e1s llevadero su trabajo. Horas y horas pasaban de  este modo: la m\u00e1quina, remedo de la naturaleza, reproduciendo en  millones de ejemplares un mismo tipo y una misma forma; el hombre  determinando la fuerza impulsora, semejante al soplo vital en los  organismos animales. Cuando uno y otro se completaban de aquel modo,  dif\u00edcil era suponerlos desunidos; y despu\u00e9s de admirar el pasmoso  resultado de la combinaci\u00f3n de los dos elementos no habr\u00eda sido f\u00e1cil  tampoco decir cu\u00e1l de los dos, era m\u00e1s inteligente.<\/p>\n<p>Pero aquel hombre  desempe\u00f1aba a\u00fan otras altas funciones igualmente encaminadas a la  propagaci\u00f3n de las luces. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda del pensamiento humano si aquel  bruto no tuviera la misi\u00f3n de arreglar la tinta de imprimir, haci\u00e9ndola  m\u00e1s espesa o m\u00e1s clara la intensidad que se quiera dar a la impresi\u00f3n?  Cuando los ejemplares de los peri\u00f3dicos hab\u00edan sido dados a luz por la  m\u00e1quina; cuando \u00e9sta se paraba fatigada del alumbramiento y hac\u00eda  rechinar sus tornillos como si le dolieran; cuando los ejemplares reci\u00e9n  nacidos, h\u00famedos, pegajosos y mal olientes, eran apilados sobre una  gran mesa, el vestiglo los doblaba cari\u00f1osamente, les pon\u00eda las fajas,  les daba la forma con que circulan por toda la redondez de la tierra,  llevando la idea a las m\u00e1s apartadas regiones, vivificando cuanto  existe; los transportaba al correo, los pesaba, los franqueaba,  trat\u00e1balos con el cari\u00f1o de un padre y cre\u00eda que \u00e9l solo era autor de  tanta maravilla.<\/p>\n<p>No se limitaban a esto  sus funciones; \u00e9l pegaba carteles, complaci\u00e9ndose sobremanera en vestir  de colorines las esquinas de Madrid, coadyuvando de este modo a una de  las grandes cosas de nuestro siglo, que es la publicidad. Y si ten\u00eda un  arte especial para poner cataplasmas a las calles, no era menor su  aptitud para echarse a cuestas enormes resmas de papel, que all\u00e1 en su  fuero interno consideraba como el alimento, pienso o forraje de la  m\u00e1quina. Pues, digo, tambi\u00e9n era insustituible para cargar moldes o  formas que llenas de letras desaf\u00edan los pullos de los hombres m\u00e1s  vigorosos; y adem\u00e1s la destinaban a traer y llevar original y pruebas,  misi\u00f3n que cumpl\u00eda puntualmente al presentarse ante el joven autor de  quien hablo, y decirle que ven\u00eda <em>a por el art\u00edculo<\/em>, a\u00f1adiendo que hacia mucha falta, por estar parados y mano sobre mano los se\u00f1ores cajistas.<\/p>\n<p>El apuro del autor no  es para pintarse, y ved aqu\u00ed explicado el horror, la indignaci\u00f3n, los  escalofr\u00edos y trasudores que la presencia del mocet\u00f3n de la imprenta le  produjo. Era preciso acabar el art\u00edculo, y antes de acabarlo, era  menester seguirlo, empresa de dificultad colosal, por hallarse la  imaginaci\u00f3n del escritor sin ventura a cien mil leguas del asunto. El  desdichado mand\u00f3 al mozo que volviera dentro de un breve rato; tom\u00f3 la  pluma, y recogiendo sus ideas lo mejor que pudo, despu\u00e9s de trazar  muchos garabatos en un papelejo, y mirar al techo cuatro veces y al  papel otras tantas, escribi\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Y como sabemos que  la opini\u00f3n p\u00fablica es la \u00fanica norma de la pol\u00edtica; como sabemos que  los Gobiernos que no se gu\u00edan por la opini\u00f3n p\u00fablica elaboran su propia  ruina con la ruina del pa\u00eds, nos decidimos hoy a alzar nuestra voz para  indicar el peligro. El principal error del Gobierno, preciso es decirlo  muy alto, es su empe\u00f1o en destruir nuestras instituciones tradicionales,  en realizar una <em>abolici\u00f3n completa de lo pasado<\/em>. \u00bfSon las  conquistas de la civilizaci\u00f3n incompatibles con la historia? \u00a1Ah! El  Gobierno se esfuerza en extirpar los restos de la fe de nuestros padres,  de aquella fe poderosa, de que vemos exacta expresi\u00f3n en las soberbias  catedrales de la Edad media, que subsisten y subsistir\u00e1n para asombro de  las generaciones. \u00a1Mezquina edad presente! \u00a1Ah! \u00a1C\u00f3mo se engrandece el  \u00e1nimo al contemplar las prodigiosas obras que levant\u00f3 el sentimiento  religioso! \u00bfEl esp\u00edritu que de tal manera se reproduce no debe  conservarse en la sociedad, mediante la acci\u00f3n previsora de los  Gobiernos encargados de velar por los grandes y eternos principios?\u00bb<\/p>\n<p>No bien concluido este  p\u00e1rrafo, que a nuestro autor le pareci\u00f3 de perlas, fue interrumpido por  un tremendo golpe que sinti\u00f3 en el hombro. Alz\u00f3 los ojos, y vio \u00a1cielos!  a un importuno amigo que ten\u00eda la mala costumbre de insinuarse dando  grandes espaldarazos y pellizcos.<\/p>\n<p>Aunque el periodista  ten\u00eda bastante intimidad con el reci\u00e9n venido, en aquel momento le fue  m\u00e1s antip\u00e1tico que si viera en \u00e9l a un alguacil encargado de prenderle.  Le mir\u00f3 apartando la vista del art\u00edculo, nuevamente interrumpido, y  esper\u00f3 con paciencia las palabras de su amigote.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>El cual era en extremo  pesado, y ten\u00eda un mirar tan parecido a la estupefacci\u00f3n inalterable de  las estatuas, que al verla y o\u00edrle ven\u00edan a la memoria los solemnes  discursos de las esfinges o los augurios de cualquier or\u00e1culo o  pitonisa. Hablaba en voz baja y en tono algo cavernoso, lo que no dejaba  de estar en armon\u00eda con la amarillez de su semblante y con los cabellos  largos que a entrambos lados de la cabeza le ca\u00edan. Era adem\u00e1s, tan  l\u00fagubre en su car\u00e1cter y en sus costumbres, que no faltaba raz\u00f3n a los  que hab\u00edan dado en llamarle el <em>sepulturero<\/em>.<\/p>\n<p>Con el desdichado autor  de quien nos venimos ocupando, ten\u00eda este hombre amistad antigua: ambos  hab\u00edan corrido juntos multitud de aventuras, y sin separarse navegaron  por los revueltos golfos del periodismo hasta encallar en los arrecifes  de una oficina, de donde no tard\u00f3 en arrojarlos un cambio ministerial, y  se embarcaron de nuevo en la prensa en busca de posici\u00f3n social.  Comunic\u00e1banse sus desgracias y placeres, partiendo unos y otros  fraternalmente, y se ayudaban en sus respectivas crisis financieras,  haci\u00e9ndose in\u00fatiles empr\u00e9stitos, y girando el uno contra el otro  cuantiosas letras, a pagar noventa d\u00edas despu\u00e9s del juicio final. El  l\u00fagubre, principalmente, era un gran ministro de Hacienda y resolv\u00eda  todos sus apuros por medio de grandes acometidas al bolsillo del joven  escritor, que ten\u00eda entre otras cualidades la de despreciar las vanas  riquezas.<\/p>\n<p>En cambio de estos servicios, el <em>sepulturero<\/em> ayudaba en sus amores al escritor, que era por extremo sensible,  idealista de la clase m\u00e1s anticuada, si bien esto se compensaba por su  habilidad en escribir billetes amorosos, manifestaci\u00f3n literaria a que  s\u00f3lo sus art\u00edculos pol\u00edticos pod\u00edan igualarse. Tambi\u00e9n se consagraba el  otro a tales entretenimientos; pero en su calidad de gran financiero,  jam\u00e1s le pas\u00e9 por las mientes, como al escritorcillo, la insensata idea  de casarse.<\/p>\n<p>Vengo a ponerte sobre aviso -dijo con su hueca, apagada y profunda voz el l\u00fagubre.- Ha llegado.<\/p>\n<p>Los dos amigos eran  asiduos concurrentes a la \u00f3pera, y sol\u00edan amenizar sus conversaciones  con los cantos y romanzas de que ten\u00edan llena la cabeza; y a veces,  cuando en el di\u00e1logo encajaba bien, soltaban alg\u00fan recitativo. Por eso  cuando el l\u00fagubre dijo: <em>Ha venido<\/em>, el periodista cant\u00f3 con afectaci\u00f3n de sobresalto:<\/p>\n<p>-L&#8217;incognito amante della Rossina?<\/p>\n<p>-Apunto quello -contest\u00f3 el otro.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 contrariedad!  \u00bfPues no dec\u00edan que ese hombre no vendr\u00eda; que hab\u00eda ya renunciado a sus  proyectos de matrimonio? \u00bfNo estaban, lo mismo Juanita que su madre,  convencidas de que la familia de ese gazn\u00e1piro no pod\u00eda consentir en  semejante boda?<\/p>\n<p>-Ah\u00ed ver\u00e1s. \u00c9l se ha  escapado de su casa y dice que viene resuelto a dar su blanca mano. Ya  sabes que la p\u00e9cora de do\u00f1a Lorenza bebe los vientos por atraparle;  porque parece ha de heredar, cuando muera su t\u00eda, el t\u00edtulo de marqu\u00e9s  de los Cuatro Vientos. Es rico: do\u00f1a Lorenza sabe de memoria el n\u00famero  de carneros, bueyes y asnos que posee en sus dehesas il tuo rivale, y est\u00e1 loca de contento. Si no casa a su hija con \u00e9l, creo que revienta.<\/p>\n<p>-\u00a1Pero Juanita,  Juanita!- exclam\u00f3 el escritor, mirando al techo.- Juanita no puede ceder  a las desp\u00f3ticas exigencias de esa tarasca de su madre.<\/p>\n<p>-La ragazza  te quiere; pero si su madre se emperra en que no, y que no&#8230; Yo creo  que de esta vez te quedas con tres palmos de narices. Cuando todas las  contrariedades estaban allanadas, viene ese antiguo pretendiente, que si  no agrada a la hija, agrada a la mam\u00e1, y esto basta. \u00a1Poverino!<\/p>\n<p>\u00a1Quita all\u00e1!&#8230; yo no lo puedo creer. La chica se resistir\u00e1; ha jurado no tener m\u00e1s esposo que yo.<\/p>\n<p>-S\u00ed. Pero tanto la  sermonean&#8230; La madre es una rata de iglesia; frecuentan su casa, como  sabes, multitud de cl\u00e9rigos que, seg\u00fan dicen, la tienen trastornado el  juicio. Le han llevado el cuento de que t\u00fa eres un revolucionario imp\u00edo,  que insultas a Dios y a la Virgen en tus art\u00edculos; que est\u00e1s  excomulgado, y que debes de tener rabo, como los jud\u00edos. Do\u00f1a Lorenza,  que oye siete misas al d\u00eda y se confiesa dos veces por semana, te  detesta como si fueras el mismo Judas. Ella infundir\u00e1 este odio a su  ni\u00f1a, haci\u00e9ndole creer que eres descendiente de Caif\u00e1s, y que se va a  condenar si se casa contigo.<\/p>\n<p>-\u00a1Monstruoso, inconcebible!<\/p>\n<p>-Esa familia, chico, es  la madriguera del obscurantismo. \u00a1Qu\u00e9 rancias ideas y costumbres! En  vano un esp\u00edritu fuerte, como Juanita, se esfuerza en romper los nudos  de la tutela est\u00fapida con que se la quiere oprimir. Tendr\u00e1 que dejarte, y  se casar\u00e1 con ese alcornoque, a quien los cl\u00e9rigos y beatas que pululan  en aquella casa, elogian sin cesar, encomiando sus virtudes, su  religiosidad, su grande amor a la causa carlista y sus inmensos ganados.<\/p>\n<p>-\u00a1Maldito sea el  farise\u00edsmo! -exclam\u00f3 el otro, indignado contra la teocracia que as\u00ed se  introduce en el seno de las familias para torcer los m\u00e1s nobles  prop\u00f3sitos y amoldarlos a fines mundanos.<\/p>\n<p>Desahogaba su ira en  furibundos ap\u00f3strofes, anatemas y dicterios, golpeando la mesa, l\u00edvido y  descompuesto, cuando sintiose ruido de pasos y apareci\u00f3 la fat\u00eddica  estampa del mozo de la imprenta, que volv\u00eda en busca del comenzado  fondo.<\/p>\n<p>-\u00a1El art\u00edculo! -suspir\u00f3  nuestro escritor, echando mano a las cuartillas, mojando la pluma con  detestable humor y echando pestes contra todos los peri\u00f3dicos y todos  los cl\u00e9rigos del orbe.<\/p>\n<p>Pasados algunos segundos, pudo fijar sus ideas, y continu\u00f3 su interrumpida obra del modo siguiente:<\/p>\n<p>\u00abMeditemos. Si bien es  cierto que el Gobierno tiene la misi\u00f3n de velar por la conservaci\u00f3n y  prestigio de los principios morales y religiosos, tambi\u00e9n est\u00e1 fuera de  toda duda que el m\u00e1s grave error en que pueden incurrir los poderes  p\u00fablicos es apegarse demasiado a las instituciones pasadas, protegiendo  la teocracia y permitiendo que los ap\u00f3stoles del obscurantismo extiendan  su hip\u00f3crita y solapado dominio a toda la sociedad. \u00a1Oh! la m\u00e1s  espantosa lepra de las naciones es esa masoner\u00eda clerical, que, ansiando  allegar para su causa, mundana toda clase de recursos, no vacila, en  apoderarse de la voluntad de mujeres indoctas y t\u00edmidas para  entronizarse ma\u00f1osamente en las familias, organizarlas a su manera,  intervenir en sus actos m\u00e1s secretos, atar y desatar sus v\u00ednculos, y  crear de este modo un influjo universal que, a poco de extendido, no  podr\u00e1 destruirse sino con una sangrienta hecatombe, \u00a1Ah! \u00a1oh! \u00a1les  conocemos bien!<\/p>\n<p>\u00bfNo es notorio para  todo el mundo que el actual gabinete, lejos de oponerse a tan grave mal,  hace cuanto est\u00e1 en su mano para que tome proporciones? \u00bfNo estamos  viendo que los \u00f3rganos del obscurantismo aplauden todos los actos del  Gobierno, y que existe un pacto t\u00e1cito entre la teocracia y el poder,  una comunidad de aspiraciones tal, que parecen confundirse los poderes  eclesi\u00e1stico y civil, cual si vivi\u00e9ramos en los tiempos del m\u00e1s brutal  absolutismo? \u00a1Ah! \u00a1Es preciso ya decir la verdad al pa\u00eds! \u00a1Oh! \u00a1Es  preciso hablar muy alto y poner las cosas en su lugar, exigiendo la  responsabilidad a quien realmente la tenga!\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se par\u00f3 el escritor, mil veces desdichado, porque se le acabaron las ideas; y no pudo <em>decir la verdad al pa\u00eds<\/em>,  porque su imaginaci\u00f3n no se apartaba de Juanita, de la impertinente y  mojigata mam\u00e1, de los clerizontes y monagos que influ\u00edan en la casa, de  los carneros, bueyes, cabras y asnos del futuro marqu\u00e9s de los Cuatro  Vientos.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Aprovech\u00e1ndose de este intermedio, trat\u00f3 el l\u00fagubre de entablar de nuevo el consabido palique.<\/p>\n<p>-Pero la situaci\u00f3n no  es desesperada -dijo.- Con ingenio puedes vencer y dejar a ese se\u00f1or de  las vacas y carneros con un palmo de boca abierta.<\/p>\n<p>-Si yo pudiera&#8230; Le mie nozze colei meglio e affretare.<\/p>\n<p>-Io dentr&#8217;oggi \u00e1 finir vo questo affare&#8230; que me comprometer\u00eda a arreglar el asunto empleando ciertos medios&#8230;?<\/p>\n<p>A ver, \u00bfqu\u00e9 plan, qu\u00e9 medios son \u00e9sos? Cualesquiera que sean, ponlos en pr\u00e1ctica inmediatamente. T\u00fa eres hombre de ingenio.<\/p>\n<p>Pero no basta el ingenio -dijo el l\u00fagubre.- Para ello es preciso otra cosa&#8230; es necesario dinero.<\/p>\n<p>-\u00a1Dinero! \u00a1Dovizie! \u00bfPero qu\u00e9 papel va a hacer aqu\u00ed el dichoso dinero?<\/p>\n<p>-Eso lo veremos. Es un plan vasto y dif\u00edcil de explicar ahora.<\/p>\n<p>\u00bfPero se trata de raptos, escalamientos, sobornos? Todo eso est\u00e1 muy bien en las novelas de a cuarto la entrega.<\/p>\n<p>-No es nada de eso. T\u00fa has de ser el principal actor en esta trama que preparo&#8230; Es preciso que me des <em>guita<\/em> y te sometas a cuanto yo te mande.<\/p>\n<p>-En cuanto a lo segundo, no veo inconveniente ninguno: lo primero es mucho m\u00e1s dif\u00edcil, por una raz\u00f3n muy sencilla&#8230;<\/p>\n<p>-S\u00ed no se tiene, se busca.<\/p>\n<p>-\u00a1Se busca! \u00bfe dove, sciagurato? Pero expl\u00edcame tus planes&#8230; Ya me figuro&#8230; \u00bfQuieres hacerme pasar por rico&#8230;? Hombre, tiene gracia.<\/p>\n<p>-T\u00fa dame el cumquibus y c\u00e1llate. No es preciso mucho: basta con unos cuantos miles de reales, cinco o seis mil.<\/p>\n<p>-\u00a1Cinco o seis mil! \u00a1Anda, anda! \u00a1Si t\u00fa supieras cu\u00e1l es la situaci\u00f3n del tesoro! Chico, yo pensaba pedirte para una cajetilla.<\/p>\n<p>-Pero hombre, busca  bien, -dijo el gran financiero con expresi\u00f3n de angustia, que indicaba  lo triste que era para \u00e9l hallar tan vac\u00edo el bolsillo del  contribuyente, -\u00a1Y yo que necesitaba ahora un pico&#8230;! nada m\u00e1s que un  piquito.<\/p>\n<p>-\u00a1Piquitos a m\u00ed!<\/p>\n<p>Es una gran  contrariedad que te halles en tal situaci\u00f3n -dijo el l\u00fagubre en tono de  responso.- Yo que contaba&#8230; Adem\u00e1s me hab\u00eda propuesto sacarte en bien  de la aventura y hacer que do\u00f1a Lorenza plantara en la calle de los  Cuatro Vientos, para que tu Juanita&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Maldita sea tu estampa  y mi miseria!- exclam\u00f3 el articulista con desesperaci\u00f3n. Cuando uno se  propone un fin noble y elevado, como es el del matrimonio, y no puede  conseguirlo a causa de un cochino d\u00e9ficit, reniega de la existencia y&#8230;<\/p>\n<p>No pudo concluir la  frase, porque ante sus ojos se present\u00f3 un espectro que avanzaba  lentamente, con expresi\u00f3n siniestra y aterradora. Aquel fantasma era el  monstruo tipogr\u00e1fico, horrible caricatura de Gutenberg, que puntual como  el diablo cuando suena la hora de llevarse un alma, ven\u00eda en del  condenado art\u00edculo.<\/p>\n<p>\u00a1El art\u00edculo! \u00a1Mal rayo me parta! \u00a1Es preciso acabarlo!<\/p>\n<p>Y devorado por la ansiedad, tr\u00e9mulo y medio loco, trinc\u00f3 la pluma, y \u00a1hala!<\/p>\n<p>\u00abF\u00e1cil es comprender,  escribi\u00f3, que esta situaci\u00f3n no puede prolongarse mucho, por el  aflictivo estado de la Hacienda. Los apuros del Erario son tales, que se  nos llena el coraz\u00f3n de tristeza cuando hacemos un examen detenido de  las rentas publicas. Los ingresos disminuyen de un modo aterrador;  aumentan los gastos. Todas las corporaciones carecen de lo m\u00e1s necesario  para cubrir sus atenciones. La miseria cunde por todas partes, y el  \u00e1nimo se abate al considerar nuestra situaci\u00f3n. Nos es imposible aspirar  a nobles fines, porque en la vida moderna nada puede lograrse, todas  las mejoras materiales y morales son ilusorias, cuando el Estado se  halla pr\u00f3ximo a una vergonzosa ruina. \u00a1Ah! Es preciso llamar sobre esto  la atenci\u00f3n del pa\u00eds. El Tesoro p\u00fablico est\u00e1 exhausto. La situaci\u00f3n es  angustiosa, insostenible, desesperada. \u00a1Oh! Hay que exigir la  responsabilidad a quien corresponda, apartando de la gesti\u00f3n de los  negocios p\u00fablicos a los hombres funestos&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>No pudo seguir, porque su amigo, que se hab\u00eda asomado al balc\u00f3n mientras \u00e9l escrib\u00eda, le llamaba con grandes voces.<\/p>\n<p>-\u00a1Ven, ven&#8230; eccola! Por la calle pasa la ragazza con do\u00f1a Lorenza y el futuro marquesito. \u00a1Oh terribil momento!<\/p>\n<p>El desdichado escritor  levantose de su asiento, tir\u00f3 papel y plumas, sin cuidarse de que  aquellos hombres funestos siguieran o no encargados de la gesti\u00f3n de los  negocios p\u00fablicos.<\/p>\n<p>Los dos fijaron la  vista con ansiosa curiosidad en un grupo que por la calle iba, compuesto  de tres personas, a saber: una vieja por extremo tiesa y con un aire  presuntuoso que indicaba su adoraci\u00f3n de todas las cosas tradicionales y  venerandas; una joven, de cuya hermosura no pod\u00edan tenerse bastantes  datos desde el balc\u00f3n, si bien no era dif\u00edcil apreciar la esbeltez de su  cuerpo, su andar airoso y su traje, en que la elegancia y la modestia  hab\u00edan conseguido hermanarse; y por \u00faltimo, un mozalbete, cuyo semblante  no era f\u00e1cil distinguir, pues s\u00f3lo se ve\u00eda algo de patillas, su poco de  lentes y unas miajas de nariz.<\/p>\n<p>El desesperado  articulista estuvo a punto de gritar, de arrojar el objeto que hallara  m\u00e1s a mano sobre la inocente pareja que cruzaba la calle. P\u00fasose l\u00edvido  al notar que se hablaban con una confianza parecida a la intimidad; y  hasta le pareci\u00f3 escuchar algunas tiernas y conmovedoras frases. Apret\u00f3  los pu\u00f1os y ech\u00f3 por aquella boca sapos y culebras, apart\u00e1ndose del  balc\u00f3n por no presenciar m\u00e1s tiempo un espect\u00e1culo que le enloquec\u00eda. Al  volverse, su mirada se cruz\u00f3 con la mirada del bruto de la imprenta,  que inm\u00f3vil en medio de la sala, m\u00e1s feo, m\u00e1s horrible y siniestro que  nunca, reclamaba las nefandas cuartillas. \u00a1Nada, nada, a rematar el  art\u00edculo! Ciego de furor, p\u00e1lido como la muerte, tr\u00e9mulo, y con  extraviados ojos, se sent\u00f3, tom\u00f3 la pluma y salpicando a diestra y  siniestra grandes manchurrones de tinta, acribillando el papel con los  picotazos de la pluma, enjaret\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed: hay que apartar de  la gesti\u00f3n de los negocios p\u00fablicos a esos hombres funestos, que han  usurpado el poder de una manera nunca vista en los anales de la  ambici\u00f3n; a esos hombres inmorales, que han extendido, a todas las  esferas administrativas sus viciosas costumbres; a esos hombres que  escarnecen al pa\u00eds con sus improvisadas fortunas. Todo el mundo ve con  indignaci\u00f3n los abusos, la audacia, el cinismo de tales hombres, y  nosotros participamos de esa patri\u00f3tica indignaci\u00f3n. \u00a1Oh! no podemos  contenernos: Se\u00f1alamos a la execraci\u00f3n de todas las gentes honradas a  esos ministros funestos e inmorales -lo repetimos sin cesar- que han  tra\u00eddo a nuestra patria al estado en que hoy se halla, irritando los  \u00e1nimos y estableciendo en todo el pa\u00eds el reinado de la desconfianza del  miedo de la c\u00f3lera de la venganza. S\u00ed; \u00a1\u00a1castigo, venganza!! he aqu\u00ed  las palabras que sintetizan la aspiraci\u00f3n nacional en el actual momento  hist\u00f3rico\u00bb.<\/p>\n<p>Hubiera seguido  desahogando los hieles de su alma, si alguien no le interrumpiera  inopinadamente, en aquel cr\u00edtico momento hist\u00f3rico, entreg\u00e1ndole una  carta, cuyo sobre, escrito por mano femenina, le produjo extraordinaria  conmoci\u00f3n. Abriola con frenes\u00ed, rasgando el papel, y ley\u00f3 lo que sigue,  trazado con l\u00e1piz apresuradamente:<\/p>\n<p>\u00abNo puedo pintar mi  martirio desde que este alcornoque de los Cuatro Vientos ha venido de  Extremadura, con la pretensi\u00f3n, de casarse conmigo. Mam\u00e1 es <em>partidaria de esta soluci\u00f3n<\/em>,  como t\u00fa dices; pero yo me mantengo y me mantendr\u00e9 siempre en la m\u00e1s  resuelta oposici\u00f3n. Nada ni nadie me har\u00e1n desistir, tont\u00edn, y yo te  respondo de que mi <em>actitud<\/em>, \u00a1vivan las actitudes! ser\u00e1 tan  firme que ha de causarte admiraci\u00f3n. El suplicio de tener que o\u00edr las  simplezas y ver el antip\u00e1tico semblante de Cuatro Vientos me dar\u00e1 fuerza  para resistir al <em>sistema arbitrario y a las medidas preventivas<\/em> de mam\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda del autor fue tan grande en aquel <em>momento hist\u00f3rico<\/em>,  que por poco se desmaya en los brazos de su amigo. Recobr\u00f3  repentinamente su buen humor, volviendo los colores a su rostro  demacrado. Pero la presencia del siniestro ga\u00f1\u00e1n de la imprenta, que  inm\u00f3vil permanec\u00eda en medio de la sala, le hizo comprender la necesidad  de concluir su obra, que reclamaban con furor los irritados cajistas y  el inexorable regente. Tom\u00f3 la pluma, y con facilidad notoria termin\u00f3 de  esta manera:<\/p>\n<p>\u00abPero, en honor de la  verdad, y penetr\u00e1ndonos de un alto esp\u00edritu de imparcialidad, deponiendo  pasiones bastardas y hablando el lenguaje de la m\u00e1s estricta justicia,  debemos decir que no tiene el Gobierno toda la culpa de lo que hoy pasa.  Ser\u00eda obcecaci\u00f3n negarle el buen deseo y la aspiraci\u00f3n al acierto. \u00a1Ah!  su gesti\u00f3n tropieza con los obst\u00e1culos que la insensata oposici\u00f3n de  los partidos revolucionarios hace de continuo; y los males que sufre el  pa\u00eds no proceden, por lo general, de las altas regiones. Todos los  ministros tienen much\u00edsimo talento, y se inspiran \u00bfa qu\u00e9 negarlo?, en el  m\u00e1s puro patriotismo. \u00a1Ah! nuestro deber es excitar a todo el mundo  para que, por medio de h\u00e1biles transacciones, por medio de sabios  temperamentos, puedan el pueblo y el poder hermanarse, inaugurando la  serie de felicidades, de inefables dichas y de prosperidades sin cuento  que la Providencia nos destina\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I \u00abBasta de contemplaciones. Basta de contubernios. Basta de flaquezas. Ha sonado la hora de las energ\u00edas. 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