{"id":1067,"date":"2012-11-12T08:52:50","date_gmt":"2012-11-12T08:52:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=1067"},"modified":"2012-11-12T08:52:50","modified_gmt":"2012-11-12T08:52:50","slug":"cuento-la-mula-y-el-buey-de-benito-perez-galdos-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-mula-y-el-buey-de-benito-perez-galdos-1876\/","title":{"rendered":"[Cuento] La mula y el buey, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876)"},"content":{"rendered":"<h3>&#8211; I &#8211;<\/h3>\n<p>Ces\u00f3 de quejarse la  pobrecita, movi\u00f3 la cabeza, fijando los tristes ojos en las personas que  rodeaban su lecho, extinguiose poco a poco su aliento, y espir\u00f3. El  \u00c1ngel de la Guarda, dando un suspiro, alz\u00f3 el vuelo y se fue.<\/p>\n<p>La infeliz madre no  cre\u00eda tanta desventura; pero el lind\u00edsimo rostro de Celinina se fue  poniendo amarillo y di\u00e1fano como cera; enfri\u00e1ronse sus miembros, y qued\u00f3  r\u00edgida y dura como el cuerpo de una mu\u00f1eca. Entonces llevaron fuera de  la alcoba a la madre, al padre y a los m\u00e1s inmediatos parientes, y dos o  tres amigas y las criadas se ocuparon en cumplir el \u00faltimo deber con la  pobre ni\u00f1a muerta.<\/p>\n<p>La vistieron con  riqu\u00edsimo traje de batista, la falda blanca y ligera como una nube, toda  llena de encajes y rizos que la asemejaban a espuma. Pusi\u00e9ronle los  zapatos, blancos tambi\u00e9n y apenas ligeramente gastada la suela, se\u00f1al de  haber dado pocos pasos, y despu\u00e9s tejieron, con sus admirables cabellos  de color casta\u00f1o obscuro, graciosas trenzas enlazadas con cintas  azules. Buscaron flores naturales, mas no hall\u00e1ndolas, por ser tan  impropia de ellas la estaci\u00f3n, tejieron una linda corona con flores de  tela, escogiendo las m\u00e1s bonitas y las que m\u00e1s se parec\u00edan a verdaderas  rosas frescas tra\u00eddas del jard\u00edn.<\/p>\n<p>Un hombre antip\u00e1tico  trajo una caja algo mayor que la de un viol\u00edn, forrada de seda azul con  galones de plata, y por dentro guarnecida de raso blanco. Colocaron  dentro a Celinina, sosteniendo su cabeza en preciosa y blanda almohada,  para que no estuviese en postura violenta, y despu\u00e9s que la acomodaron  bien en su f\u00fanebre lecho, cruzaron sus manecitas, at\u00e1ndolas con una  cinta, y entre ellas pusi\u00e9ronle un ramo de rosas blancas, tan h\u00e1bilmente  hechas por el artista, que parec\u00edan hijas del mismo Abril.<\/p>\n<p>Luego las mujeres  aquellas cubrieron de vistosos pa\u00f1os una mesa, arregl\u00e1ndola como un  altar, y sobre ella fue colocada la caja. En breve tiempo armaron unos  al modo de doseles de iglesia, con ricas cortinas blancas que se  recog\u00edan gallardamente a un lado y otro; trajeron de otras piezas  cantidad de santos o im\u00e1genes, que ordenadamente distribuyeron sobre el  altar, como formando la corte funeraria del \u00e1ngel difunto, y sin p\u00e9rdida  de tiempo encendieron algunas docenas de luces en los grandes  candelabros de la sala, los cuales en torno a Celinina derramaban  trist\u00edsimas claridades. Despu\u00e9s de besar repetidas veces las heladas  mejillas de la pobre ni\u00f1a, dieron por terminada su piadosa obra.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; II &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>All\u00e1 en lo m\u00e1s hondo de  la casa sonaban gemidos de hombres y mujeres. Era el triste lamentar de  los padres, que no pod\u00edan convencerse de la verdad del aforismo <em>angelitos<\/em> al cielo que los amigos administran como calmante moral en tales  trances. Los padres cre\u00edan entonces que la verdadera y m\u00e1s propia morada  de los angelitos es la tierra; y tampoco pod\u00edan admitir la teor\u00eda de  que es mucho m\u00e1s lamentable y desastrosa la muerte de los grandes que la  de los peque\u00f1os. Sent\u00edan, mezclada a su dolor, la profund\u00edsima l\u00e1stima  que inspira la agon\u00eda de un ni\u00f1o, y no comprend\u00edan que ninguna pena  superase a aquella que destrozaba sus entra\u00f1as.<\/p>\n<p>Mil recuerdos o  im\u00e1genes dolorosas les her\u00edan, tomando forma de agud\u00edsimos pu\u00f1ales que  les traspasaban el coraz\u00f3n. La madre o\u00eda sin cesar la encantadora media  lengua de Celinina, diciendo las cosas al rev\u00e9s, y haciendo de las  palabras de nuestro idioma graciosas caricaturas filol\u00f3gicas que aflu\u00edan  de su linda boca, como la m\u00fasica m\u00e1s que puede conmover el coraz\u00f3n de  una madre. Nada caracteriza a un ni\u00f1o como su estilo, aquel genuino modo  de expresarse y decirlo todo con cuatro letras, y aquella gram\u00e1tica  prehist\u00f3rica, como los primeros vagidos de la palabra en los albores de  la humanidad, y su sencillo arte de declinar y conjugar, que parece la  rectificaci\u00f3n inocente de los idiomas regularizados por el uso. El  vocabulario de un ni\u00f1o de tres a\u00f1os, como Celinina, constituye el  verdadero tesoro literario de las familias. \u00bfC\u00f3mo hab\u00eda de olvidar la  madre aquella leng\u00fcecita de trapo, que llamaba al sombrero <em>tumeyo<\/em> y al garbanzo <em>babancho<\/em>?<\/p>\n<p>Para colmo de  aflicci\u00f3n, vio la buena se\u00f1ora por todas partes los objetos con que  Celinina hab\u00eda alborozado sus \u00faltimos d\u00edas, y como \u00e9stos eran los que  preceden a Navidad, rodaban por el suelo pavos de barro con patas de  alambre, un San Jos\u00e9 sin manos, un pesebre con el ni\u00f1o Dios, semejante a  una bolita de color de rosa, un Rey Mago montado en arrogante camello  sin cabeza. Lo que hab\u00edan padecido aquellas pobres figuras en los  \u00faltimos d\u00edas, arrastrados de aqu\u00ed para all\u00ed, puestas en esta o en la  otra forma, s\u00f3lo Dios, la mam\u00e1 y el pur\u00edsimo esp\u00edritu que hab\u00eda volado  al cielo lo sab\u00edan.<\/p>\n<p>Estaban las rotas  esculturas impregnadas, dig\u00e1moslo as\u00ed, del alma de Celinina, o vestidas,  si se quiere, de una singular claridad muy triste, que era la claridad  de ella. La pobre madre, al mirarlas, temblaba toda, sinti\u00e9ndose herida  en lo m\u00e1s delicado y sensible de su \u00edntimo ser. \u00a1Extra\u00f1a alianza de las  cosas! \u00a1C\u00f3mo lloraban aquellos pedazos de barro! \u00a1Llenos parec\u00edan de una  aflicci\u00f3n intensa, y tan doloridos que su vista sola produc\u00eda tanta  amargura como el espect\u00e1culo de la misma criatura moribunda, cuando  miraba con suplicantes ojos a sus padres y les pedia que le quitasen  aquel horrible dolor de su frente abrasada! La m\u00e1s triste cosa del mundo  era para la madre aquel pavo con patas de alambre clavadas en tablilla  de barro, y que en sus frecuentes cambios de postura hab\u00eda perdido el  pico y el moco.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; III &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Pero si era aflictiva  la situaci\u00f3n de esp\u00edritu de la madre, \u00e9ralo mucho m\u00e1s la del padre.  Aqu\u00e9lla estaba traspasada de dolor; en \u00e9ste el dolor se agravaba con un  remordimiento agud\u00edsimo. Contaremos brevemente el peregrino caso,  advirtiendo que esto quiz\u00e1s parecer\u00e1 en extremo pueril a algunos; pero a  los que tal crean les recordaremos que nada es tan ocasionado a  puerilidades como un \u00edntimo y puro dolor, de esos en que no existe  mezcla alguna de intereses de la tierra, ni el desconsuelo secundario  del ego\u00edsmo no satisfecho.<\/p>\n<p>Desde que Celinina cay\u00f3  enferma, sinti\u00f3 el af\u00e1n de las po\u00e9ticas fiestas que m\u00e1s alegran a los  ni\u00f1os, las fiestas de Navidad. Ya se sabe con cu\u00e1nta ansia desean la  llegada de estos risue\u00f1os d\u00edas, y c\u00f3mo les trastorna el febril anhelo de  los regalitos, de los nacimientos y las esperanzas del mucho comer y  del atracarse de pavo, mazap\u00e1n, peladillas y turr\u00f3n. Algunos se creen  capaces, con la mayor ingenuidad, de embuchar en sus est\u00f3magos cuanto  ostentan la Plaza Mayor y calles adyacentes.<\/p>\n<p>Celinina, en sus ratos  de mejor\u00eda, no dejaba de la boca el tema de la Pascua, y como sus  primitos, que iban a acompa\u00f1arla, eran de m\u00e1s edad y sab\u00edan cuanto hay  que saber en punto a regalos y nacimientos, se alborotaba m\u00e1s la  fantas\u00eda de la pobre ni\u00f1a oy\u00e9ndolos, y m\u00e1s se encend\u00edan sus afanes de  poseer golosinas y juguetes. Delirando, cuando la met\u00eda en su horno de  martirios la fiebre, no cesaba de nombrar lo que de tal modo ocupaba su  esp\u00edritu, y todo era golpear tambores, ta\u00f1er zambombas, cantar  villancicos. En la esfera tenebrosa que rodeaba su mente no hab\u00eda sino  pavos haciendo <em>clau clau<\/em>; pollos que gritaban <em>p\u00edo p\u00edo<\/em>;  montes de turr\u00f3n que llegaban al cielo formando un Guadarrama de  almendras; nacimientos llenos de luces y que ten\u00edan lo menos cincuenta  mil millones de figuras; ramos de dulce; \u00e1rboles cargados de cuantos  juguetes puede idear la m\u00e1s fecunda imaginaci\u00f3n tirolesa; el estanque  del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban a las  cocineras con sus ojos cuajados; naranjas que llov\u00edan del cielo, cayendo  en m\u00e1s abundancia que las gotas de agua en d\u00eda de temporal, y otros mil  prodigios que no tienen n\u00famero ni medida.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; IV &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>El padre, por no tener  m\u00e1s chicos que Celinina, no cab\u00eda en s\u00ed de inquieto y desasosegado. Sus  negocios le llamaban fuera de la casa; pero muy a menudo entraba en ella  para ver c\u00f3mo iba la enfermita. El mal segu\u00eda su marcha con  alternativas traidoras: unas veces dando esperanzas de remedio, otras  quit\u00e1ndolas.<\/p>\n<p>El buen hombre ten\u00eda  presentimientos tristes. El lecho de Celinina, con la tierna persona  agobiada en \u00e9l por la fiebre y los dolores, no se apartaba de su  imaginaci\u00f3n. Atento a lo que pudiera contribuir a regocijar el esp\u00edritu  de la ni\u00f1a, todas las noches, cuando regresaba a la casa, lo tra\u00eda alg\u00fan  regalito de Pascua, variando siempre de objeto y especie; pero  prescindiendo siempre de toda golosina. Tr\u00e1jole un d\u00eda una manada de  pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba m\u00e1s que graznar; otro d\u00eda  sac\u00f3 de sus bolsillos la mitad de la Sacra Familia, y al siguiente a San  Jos\u00e9 con el pesebre y portal de Bel\u00e9n. Despu\u00e9s vino con unas preciosas  ovejas a quien conduc\u00edan gallardos pastores, y luego se hizo acompa\u00f1ar  de unas lavanderas que lavaban, y de un choricero que vend\u00eda chorizos, y  de un Rey Mago negro, al cual sucedi\u00f3 otro de barba blanca y corona de  oro. Por traer, hasta trajo una vieja que daba azotes en cierta parte a  un chico por no saber la lecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Conocedora Celinina,  por lo que charlaban sus primos, de todo lo necesario a la buena  composici\u00f3n de un nacimiento, conoci\u00f3 que aquella obra estaba incompleta  por la falta de dos figuras muy principales, la mula y el buey. Ella no  sab\u00eda lo que significaban la tal mula ni el tal buey; pero atenta a que  todas las cosas fuesen perfectas, reclam\u00f3 una y otra vez del sol\u00edcito  padre el par de animales que se hab\u00eda quedado en Santa Cruz.<\/p>\n<p>\u00c9l prometi\u00f3 traerlos, y  en su coraz\u00f3n hizo prop\u00f3sito firm\u00edsimo de no volver sin ambas bestias;  pero aquel d\u00eda, que era el 23, los asuntos y quehaceres se le aumentaron  de tal modo que no tuvo un punto de reposo. Adem\u00e1s de esto, quiso el  Cielo que se sacase la loter\u00eda, que tuviera noticia de haber ganado un  pleito, que dos amigos cari\u00f1osos le embarazaran toda la ma\u00f1ana&#8230; en  fin, el padre entr\u00f3 en la casa sin la mula, pero tambi\u00e9n sin el buey.<\/p>\n<p>Gran desconsuelo mostr\u00f3  Celinina al ver que no ven\u00edan a completar su tesoro las dos \u00fanicas  joyas que en \u00e9l faltaban. El padre quiso al punto remediar su falta; m\u00e1s  la nena se hab\u00eda agravado considerablemente durante el d\u00eda; vino el  m\u00e9dico, y como sus palabras no eran tranquilizadoras, nadie pens\u00f3 en  bueyes, mas tampoco en mulas.<\/p>\n<p>El 24 resolvi\u00f3 el pobre  se\u00f1or no moverse de la casa. Celinina tuvo por breve rato un alivio tan  patente que todos concibieron esperanzas, y lleno de alegr\u00eda dijo el  padre: \u00abVoy al punto a buscar eso\u00bb.<\/p>\n<p>Pero como cae  r\u00e1pidamente un ave, herida al remontar el vuelo a lo m\u00e1s alto, as\u00ed cay\u00f3  Celinina en las honduras de una fiebre muy intensa. Se agitaba tr\u00e9mula y  sofocada en los brazos ardientes de la enfermedad, que la constre\u00f1\u00eda  sacudi\u00e9ndola para expulsar la vida. En la confusi\u00f3n de su delirio, y  sobre el revuelto oleaje de su pensamiento, flotaba, como el \u00fanico  objeto salvado de un cataclismo, la idea fija del deseo que no hab\u00eda  sido satisfecho, de aquella codiciada mula y de aquel suspirado buey,  que aun prosegu\u00edan en estado de esperanza.<\/p>\n<p>El pap\u00e1 sali\u00f3 medio  loco, corri\u00f3 por las calles; pero en mitad de una de ellas se detuvo, y  dijo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n piensa ahora en figurillas de nacimiento?\u00bb<\/p>\n<p>Y corriendo de aqu\u00ed  para all\u00ed, subi\u00f3 escaleras, y toc\u00f3 campanillas, y abri\u00f3 puertas sin  reposar un instante hasta que hubo juntado siete u ocho m\u00e9dicos, y les  llev\u00f3 a su casa. Era preciso salvar a Celinina.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; V &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Pero Dios no quiso que  los siete u ocho (pues la cifra no se sabe a punto fijo) alumnos de  Esculapio contraviniesen la sentencia que \u00e9l hab\u00eda dado, y Celinina fue  cayendo, cayendo m\u00e1s a cada hora, y lleg\u00f3 a estar abatida, abrasada,  luchando con indescriptibles congojas, como la mariposa que ha sido  golpeada y tiembla sobre el suelo con las alas rotas. Los padres se  inclinaban junto a ella con af\u00e1n insensato, cual si quisieran con la  sola fuerza del mirar detener aquella existencia que se iba, suspender  la r\u00e1pida desorganizaci\u00f3n humana, y con su aliento renovar el aliento de  la pobre m\u00e1rtir que se desvanec\u00eda en un suspiro.<\/p>\n<p>Sonaron en la calle  tambores y zambombas y alegre chasquido de panderos. Celinina abri\u00f3 los  ojos, que ya parec\u00edan cerrados para siempre, mir\u00f3 a su padre, y con la  mirada tan s\u00f3lo y un grave murmullo que no parec\u00eda venir ya de lenguas  de este mundo, pidi\u00f3 a su padre lo que \u00e9ste no hab\u00eda querido traerle.  Traspasados de dolor padre y madre quisieron enga\u00f1arla, para que tuviese  una alegr\u00eda en aquel instante de suprema aflicci\u00f3n, y present\u00e1ndole los  pavos, le dijeron: \u00abMira, hija de mi alma, aqu\u00ed tienes la mulita y el  bueyecito.\u00bb<\/p>\n<p>Pero Celinina, aun  acab\u00e1ndose, tuvo suficiente claridad en su entendimiento para ver quo  los pavos no eran otra cosa que pavos, y los rechaz\u00f3 con agraciado  gesto. Despu\u00e9s sigui\u00f3 con la vista fija en sus padres, y ambas manos en  la cabeza se\u00f1alando sus agudos dolores. Poco a poco fue extingui\u00e9ndose  en ella aquel acompasado son, que es el \u00faltimo vibrar de la vida, y al  fin todo call\u00f3, como calla la m\u00e1quina del reloj que se para; y la linda  Celinina fue un gracioso bulto, inerte y fr\u00edo como m\u00e1rmol, blanco y  trasparente como la purificada cera que arde en los altares.<\/p>\n<p>\u00bfSe comprende ahora el  remordimiento del padre? Porque Celinina tornara a la vida, hubiera \u00e9l  recorrido la tierra entera para recoger todos los bueyes y todas,  absolutamente todas las mulas que en ella hay. La idea de no haber  satisfecho aquel inocente deseo era la espada m\u00e1s aguda y fr\u00eda que  traspasaba su coraz\u00f3n. En vano con el raciocinio quer\u00eda arranc\u00e1rsela;  pero \u00bfde qu\u00e9 serv\u00eda la raz\u00f3n, si era tan ni\u00f1o entonces como la que  dorm\u00eda en el ata\u00fad, y daba mas importancia a un juguete que a todas las  cosas de la tierra y del cielo?<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; VI &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>En la casa se apagaron  al fin los rumores de la desesperaci\u00f3n, como si el dolor, intern\u00e1ndose  en el alma, que es su morada propia, cerrara las puertas de los sentidos  para estar m\u00e1s solo y recrearse en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Era Nochebuena, y si  todo callaba en la triste vivienda reci\u00e9n visitada de la muerte, fuera,  en las calles de la ciudad, y en todas las dem\u00e1s casas, resonaban  placenteras bullangas de groseros instrumentos m\u00fasicos, y vocer\u00eda de  chiquillos y adultos cantando la venida del Mes\u00edas. Desde la sala donde  estaba la ni\u00f1a difunta, las piadosas mujeres que le hac\u00edan compa\u00f1\u00eda  oyeron espantosa algazara, que al trav\u00e9s del pavimento del piso superior  llegaba hasta ellas, conturb\u00e1ndolas en su pena y devoto recogimiento.  All\u00e1 arriba, muchos ni\u00f1os chicos, congregados con mayor n\u00famero de ni\u00f1os  grandes y felices papas y alborozados t\u00edos y t\u00edas, celebraban la Pascua,  locos de alegr\u00eda ante el m\u00e1s admirable nacimiento que era dado  imaginar, y atentos al fruto de juguetes y dulces que en sus ramas  llevaba un frondoso \u00e1rbol con mil vistosas candilejas alumbrado.<\/p>\n<p>Hubo momentos en que  con el grande estr\u00e9pito de arriba, parec\u00eda que retemblaba el techo de la  sala, y que la pobre muerta se estremec\u00eda en su caja azul, y que las  luces todas oscilaban, cual si, a su manera, quisieran dar a entender  tambi\u00e9n que estaban algo peneques. De las tres mujeres que velaban se  retiraron dos; qued\u00f3 una sola, y \u00e9sta, sintiendo en su cabeza grand\u00edsimo  peso, a causa sin duda del cansancio producido por tantas vigilias,  toc\u00f3 el pecho con la barba y se durmi\u00f3.<\/p>\n<p>Las luces siguieron  oscilando y movi\u00e9ndose mucho, a pesar de que no entraba aire en la  habitaci\u00f3n. Creer\u00edase que invisibles alas se agitaban en el espacio  ocupado por el altar. Los encajes del vestido de Celinina se movieron  tambi\u00e9n, y las hojas de sus flores de trapo anunciaban el paso de una  brisa juguetona o de manos muy suaves. Entonces Celinina abri\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Sus ojos negros  llenaron la sala con una mirada viva y afanosa que echaron en derredor y  de arriba abajo. Inmediatamente despu\u00e9s, separ\u00f3 las manos sin que  opusiera resistencia la cinta que las ataba, y cerrando ambos pu\u00f1os se  frot\u00f3 con ellos los ojos, como es costumbre en los ni\u00f1os al despertarse.  Luego se incorpor\u00f3 con r\u00e1pido movimiento, sin esfuerzo alguno, y  mirando al techo, se ech\u00f3 a re\u00edr; pero su risa, sensible a la vista, no  pod\u00eda o\u00edrse. El \u00fanico rumor que f\u00e1cilmente se percibi\u00f3 era una bullanga  de alas vivamente agitadas, cual si todas las palomas del mundo  estuvieran entrando y saliendo en la sala mortuoria y rozaran con sus  plumas el techo y las paredes.<\/p>\n<p>Celinina se puso en  pie, extendi\u00f3 los brazos hacia arriba, y al punto le nacieron unas  alitas cortas y blancas. Batiendo con ellas el aire, levant\u00f3 el vuelo y  desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Todo continuaba lo  mismo; las luces ardiendo, derramando en copiosos chorros la blanca cera  sobre las arandelas; las im\u00e1genes en el propio sitio, sin mover brazo  ni pierna ni desplegar sus austeros labios; la mujer sumida pl\u00e1cidamente  en un sue\u00f1o que deb\u00eda saberle a gloria; todo segu\u00eda lo mismo, menos la  caja azul, que se hab\u00eda quedado vac\u00eda.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; VII &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>\u00a1Hermosa fiesta la de esta noche en casa de los se\u00f1ores de ***!<\/p>\n<p>Los tambores atruenan  la sala. No hay quien haga comprender a esos endiablados chicos que, se  divertir\u00e1n m\u00e1s renunciando a la infernal bulla de aquel instrumento de  guerra. Para que ning\u00fan inhumano o\u00eddo quede en estado de funcionar al  d\u00eda siguiente, a\u00f1aden al tambor esa invenci\u00f3n de Averno llamada  zambomba, cuyo ruido semeja a gru\u00f1idos de Satan\u00e1s. Completa la sinfon\u00eda  el palmero, cuyo atroz chirrido de calderer\u00eda vieja alborota los nervios  m\u00e1s tranquilos. Y sin embargo, esta discorde algazara sin melod\u00eda y sin  ritmo, m\u00e1s primitiva que la m\u00fasica de los salvajes, es alegre en  aquesta singular noche, y tiene cierto sonsonete lejano de coro  celestial.<\/p>\n<p>El Nacimiento no es una  obra de arte a los ojos de los adultos; pero los chicos encuentran  tanta belleza en las figuras, expresi\u00f3n tan m\u00edstica en el semblante de  todas ellas, y propiedad tanta en sus trajes, que no crean haya salido  de manos de los hombres obra m\u00e1s perfecta, y la atribuyen a la industria  peculiar de ciertos \u00e1ngeles dedicados a ganarse la vida trabajando en  barro. El portal de corcho, imitando un arco romano en ruinas, es  mon\u00edsimo, y el riachuelo representado por un espejillo con manchas  verdes que remedan acu\u00e1ticas hierbas y el musgo de las m\u00e1rgenes, parece  que corro por la mesa adelante con pl\u00e1cido murmurio. El puente por do  pasan los pastores es tal, que nunca se ha visto el cart\u00f3n tan semejante  a la piedra, al contrario de lo que pasa en muchas obras de nuestros  ingenieros modernos, los cuales hacen puentes de piedra que parecen de  cart\u00f3n. El monte que ocupa el centro se confundir\u00eda con un pedazo de los  Pirineos, y sus lindas casitas, m\u00e1s peque\u00f1as que las figuras, y sus  \u00e1rboles figurados con ramitas de ev\u00f3nimus, dejan atr\u00e1s a la misma  Naturaleza.<\/p>\n<p>En el llano es donde  est\u00e1 lo m\u00e1s bello y las figuras m\u00e1s caracter\u00edsticas: las lavanderas que  lavan en el arroyo; los paveros y polleros conduciendo sus manadas; un  guardia civil que lleva dos granujas presos caballeros que pasean en  lujosas carretelas junto al camello de un Rey Mago, y Perico el ciego  tocando la guitarra en un corrillo donde curiosean los pastores que han  vuelto del Portal. Por medio a medio, pasa un tranv\u00eda lo mismito que el  del barrio Salamanca, y como tiene dos <em>rails<\/em> y sus ruedas, a  cada instante le hacen correr de Oriente a Occidente con gran asombro  del Rey Negro, que no sabe qu\u00e9 endiablada maquilla es aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>Delante del Portal hay una lind\u00edsima plazoleta, cuyo centro lo ocupa una redoma de peces, y no lejos de all\u00ed vende un chico <em>La Correspondencia<\/em>,  y bailan gentilmente dos majos. La vieja que vende bu\u00f1uelos y la  casta\u00f1era de la esquina son las piezas m\u00e1s graciosas de este maravilloso  pueblo de barro, y ellas solas atraen con preferencia las miradas de la  infantil muchedumbre. Sobre todo, aquel chicuelo andrajoso que en una  mano tiene un billete de loter\u00eda, y con la otra le roba bonitamente las  casta\u00f1as del cesto a la t\u00eda Lambrijas, hace desternillar de risa a  todos.<\/p>\n<p>En suma, el Nacimiento <em>n\u00famero uno<\/em> de Madrid es el de aquella casa, una de las m\u00e1s principales, y ha  reunido en sus salones a los ni\u00f1os m\u00e1s lindos y m\u00e1s juiciosos de veinte  calles a la redonda.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; VIII &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Pues \u00bfy el \u00e1rbol? Est\u00e1  formado de ramas de encina y cedro. El sol\u00edcito amigo de la casa que lo  ha compuesto con gran trabajo, declara que jam\u00e1s sali\u00f3 de sus manos obra  tan acabada y perfecta. No se pueden contar los regalos pendientes de  sus hojas. Son, seg\u00fan la suposici\u00f3n de un chiquit\u00edn all\u00ed presente, en  mayor n\u00famero que las arenas del mar. Dulces envueltos en c\u00e1scaras de  papel rizado; mandarinas, que son los ni\u00f1os de pecho de las naranjas;  casta\u00f1as arropadas en mantillas de papel de plata; cajitas que contienen  gl\u00f3bulos de confiter\u00eda homeop\u00e1tica; figurillas diversas a pie y a  caballo; cuanto Dios cri\u00f3 para que lo perfeccionase luego la Mahonesa o  lo vendiese Scropp, ha sido puesta all\u00ed por una mano tan generosa como  h\u00e1bil. Alumbran aquel \u00e1rbol de la vida candilejas en tal abundancia que,  seg\u00fan la relaci\u00f3n de un convidado de cuatro a\u00f1os, hay all\u00ed m\u00e1s  lucecitas que estrellas en el cielo.<\/p>\n<p>El gozo de la caterva  infantil no puede compararse a ning\u00fan sentimiento humano es el gozo  inefable de los coros celestiales en presencia del Sumo Bien y de la  Belleza Suma. La superabundancia de satisfacci\u00f3n casi les hace  juiciosos, y est\u00e1n como perplejos, en ser\u00e1fico arrobamiento, con toda el  alma en los ojos, saboreando de antemano lo que han de comer, y  nadando, como los \u00e1ngeles bienaventurados, en \u00e9ter puro de cosas dulces y  deliciosas, en olor de flores y de canela, en la esencia increada del  juego y de la golosina.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; IX &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Mas de repente  sintieron un rumor que no proven\u00eda de ellos. Todos miraron al techo, y  como no ve\u00edan nada, se contemplaban los unos a los otros, riendo. O\u00edase  gran murmullo de alas rozando contra la pared y chocando en el techo. Si  estuvieran ciegos, habr\u00edan cre\u00eddo que todas las palomas de todos los  palomares del universo se hab\u00edan metido en la sala. Pero no ve\u00edan nada,  absolutamente nada.<\/p>\n<p>Notaron, s\u00ed, de s\u00fabito,  una cosa inexplicable y fenomenal. Todas las figurillas del Nacimiento  se movieron, todas variaron de sitio sin ruido. El coche del tranv\u00eda  subi\u00f3 o lo alto de los montes, y los Reyes se metieron de patas en el  arroyo. Los pavos se colaron sin permiso dentro del Portal, y San Jos\u00e9  sali\u00f3 todo turbado, cual si quisiera saber el origen de tan rara  confusi\u00f3n. Despu\u00e9s, muchas figuras quedaron tendidas en el suelo. Si al  principio las traslaciones se hicieron sin desorden, despu\u00e9s se arm\u00f3 una  bara\u00fanda tal que parec\u00edan andar por all\u00ed cien mil manos afanosas de  revolverlo todo. Era un cataclismo universal en miniatura. El monte se  ven\u00eda abajo, falt\u00e1ndole sus cimientos seculares; el riachuelo variaba de  curso, y echando fuera del cauce sus espejillos, inundaba  espantosamente la llanura; las casas hund\u00edan el tejado en la arena; el  Portal se estremec\u00eda cual si fuera combatido de horribles vientos, y  como se apagaron muchas luces, result\u00f3 nublado el sol y obscurecidas las  luminarias del d\u00eda y de la noche.<\/p>\n<p>Entre el estupor que  tal fen\u00f3meno produc\u00eda, algunos peque\u00f1uelos re\u00edan locamente y otros  lloraban. Una vieja supersticiosa las dijo:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo sab\u00e9is qui\u00e9n hace  este trastorno? H\u00e1cenlo los ni\u00f1os muertos que est\u00e1n en el cielo, y a los  cuales permite Padre Dios, esta noche, que vengan a jugar con los  Nacimientos.\u00bb<\/p>\n<p>Todo aquello tuvo fin, y se sinti\u00f3 otra vez el batir de alas alej\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Acudieron muchos de los presentes a examinar los estragos, y un se\u00f1or dijo:<\/p>\n<p>\u00abEs que se ha hundido la mesa y todas las figuras se han revuelto.\u00bb<\/p>\n<p>Empezaron a recoger las  figuras y a ponerlas en orden. Despu\u00e9s del minucioso recuento y de  reconocer una por una todas las piezas, se ech\u00f3 de menos algo. Buscaron y  rebuscaron; pero sin resultado. Faltaban dos figuras: la Milla y el  Buey.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; X &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Ya cercano el d\u00eda, iban  los alborotadores camino del cielo, m\u00e1s contentos que unas Pascuas,  dando brincos por esas nubes, y eran millones de millones, todos  preciosos, puros, divinos, con alas blancas y cortas que bat\u00edan m\u00e1s  r\u00e1pidamente que los m\u00e1s veloces p\u00e1jaros de la tierra. La bandada que  formaban era m\u00e1s grande que cuanto pueden abarcar los ojos en el espacio  visible, y cubr\u00eda la luna y las estrellas, como cuando el firmamento se  llena de nubes.<\/p>\n<p>\u00abA prisa, a prisa,  caballeritos, que va a ser de d\u00eda, -dijo uno-, y el Abuelo nos va re\u00f1ir  si llegamos tarde. No valen nada los Nacimientos de este a\u00f1o&#8230; \u00a1Cuando  uno recuerda aquellos tiempos&#8230;! Celinina iba con ellos, y como por  primera vez andaba en aquellas altitudes, se atolondraba un poco.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abVen ac\u00e1, -le dijo uno-, dame la mano y volar\u00e1s m\u00e1s derecha&#8230; Pero \u00bfqu\u00e9 llevas ah\u00ed?<\/p>\n<p>-Esto -repuso Celinina oprimiendo contra su pecho dos groseros animales de barro.- Son pa m\u00ed, pa m\u00ed.<\/p>\n<p>-Mira, chiquilla, tira  esos mu\u00f1ecos. Bien se conoce que sales ahora de la tierra. Has de saber  que, aunque en el Cielo tenemos juegos eternos y siempre deliciosos, el  Abuelo nos manda al mundo esta noche para que enredemos un poco en los  Nacimientos. All\u00e1 arriba se divierten tambi\u00e9n esta noche, y yo creo que  nos mandan abajo porque les mareamos con el gran ruido que metemos&#8230;  Pero si Padre Dios nos deja bajar y andar por las casas, es a condici\u00f3n  de que no hemos de coger nada; y t\u00fa has afanado eso.<\/p>\n<p>Celinina no se hac\u00eda cargo de estas poderosas razones, y apretando m\u00e1s contra su pecho los dos animales, repiti\u00f3:<\/p>\n<p>-Pa m\u00ed, pa m\u00ed.<\/p>\n<p>-Mira, tonta, -a\u00f1adi\u00f3  el otro-, que si no haces caso nos vas a dar un disgusto. Baja en un  vuelo, y deja eso, que es de la tierra y en la tierra debe quedar. En un  momento vas y vuelves, tonta. Yo te espero en esta nube. Al fin  Celinina cedi\u00f3, y bajando, entreg\u00f3 a la tierra su hurto.<\/p>\n<div>\n<h3>&#8211; XI &#8211;<\/h3>\n<\/div>\n<p>Por eso observaron que  el precioso cad\u00e1ver de Celinina, aquello que fue su persona visible,  ten\u00eda en las manos, en vez del ramo de flores, dos animalillos de barro.  Ni las mujeres que la velaron, ni el padre, ni la madre, supieron  explicarse esto; pero la linda ni\u00f1a, tan llorada de todos, entr\u00f3 en la  tierra apretando en sus fr\u00edas manecitas la Mula y el Buey.<\/p>\n<p>Diciembre de 1876.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; I &#8211; Ces\u00f3 de quejarse la pobrecita, movi\u00f3 la cabeza, fijando los tristes ojos en las personas que rodeaban&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5367,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,32],"tags":[],"class_list":["post-1067","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] La mula y el buey, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - 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