{"id":1092,"date":"2012-12-05T08:00:13","date_gmt":"2012-12-05T08:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=1092"},"modified":"2012-12-05T08:00:13","modified_gmt":"2012-12-05T08:00:13","slug":"cuento-la-pluma-en-el-viento-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-pluma-en-el-viento-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Cuento] La pluma en el viento, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1872)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Sobre el apelmazado  suelo de un corral, entre un cascar\u00f3n de huevo y una hoja de r\u00e1bano,  cerca del medio plato donde beb\u00edan los pollos y como a dos pulgadas del  jaramago que se hab\u00eda nacido en aquel sitio sin pedir permiso a nadie,  yac\u00eda una peque\u00f1a y liger\u00edsima pluma, ca\u00edda al parecer del cuello de  cierta paloma vecina; que diez minutos antes se hab\u00eda dejado acariciar  \u00a1oh femenil condescendencia! por un D. Juan que hac\u00eda estragos en los  tejados de aquellos contornos.<\/p>\n<p>El corral era triste,  feo y solitario. Desde estaba la pluma no se ve\u00eda otra cosa que la copa  de algunos casta\u00f1os plantados fuera de la tapia, el campanario de la  iglesia con su remate abollado, a manera del sombrero viejo, la vara  enorme y deslucida de un chopo inv\u00e1lido y casi moribundo, y las tejas da  la casa adyacente, que en d\u00edas de temporal regaban con abundante lloro  el corral y la huerta. La vid, la zarza trepadora y la madreselva,  apenas cubr\u00edan entre las tres toda la extensi\u00f3n de la tapia, erizada de  vidrios rotos en su parte superior, que serv\u00eda de baluarte inexpugnable  contra zorras y chicuelos.<\/p>\n<p>A esto se reduc\u00eda el  paisaje, am\u00e9n del inmenso y siempre hermoso cielo, tan espl\u00e9ndido de  d\u00eda, como imponente y misterioso de noche.<\/p>\n<p>La pluma (\u00bfpor qu\u00e9 no  hemos de darle vida?) yac\u00eda, como dijimos, en compa\u00f1\u00eda de varios objetos  bastante innobles, propios del lugar, y constantemente expuesta a ser  hollada por la b\u00e1rbara planta de los gansos, de los pollos y aun de  otros animalejos menos limpios y decentes que ten\u00edan habitaci\u00f3n en alg\u00fan  lodazal cercano.<\/p>\n<p>No hay para qu\u00e9 decir  que la pluma deb\u00eda de estar muy aburrida; pues suponiendo un alma en han  delicado, a\u00e9reo y flexible cuerpo, la consecuencia es que esta alma no  pod\u00eda vivir contenta en el corral descrito. Por una misteriosa armon\u00eda  entre los elementos constitutivos de aquel ser, si el cuerpo parec\u00eda un  espectro de materia, el alma hab\u00eda sido creada para volar y remontarse a  las alturas, elev\u00e1ndose a la mayor distancia, posible sobra el suelo,  en cuyo fango jam\u00e1s debieran tocar los encajes casi imperceptibles de su  sutil vestidura. Para esto hab\u00eda nacido ciertamente; pero en ella, como  en nosotros los hombres, la predestinaci\u00f3n continuaba siendo una vana  palabra. Estaba la pobre en el corral, lamentando su suerte, con la  vista fija en el cielo, sin m\u00e1s distracci\u00f3n que ver agitadas por el  viento los blancos festones de su ropa inmaculada, y diciendo en la  ignota lengua de las plumas: \u00abNo s\u00e9 c\u00f3mo aguanto esta vida fastidiosa.  M\u00e1s valdr\u00eda cien veces morir\u00bb.<\/p>\n<p>Otras muchas cosas  igualmente tristes dijo; pero en el mismo instante una r\u00e1faga de viento  que puso en conmoci\u00f3n todas las pajas y objetos menudos arrojados en el  corral, la suspendi\u00f3, \u00a1oh inesperada alegr\u00eda! alz\u00e1ndola sobre el suelo  m\u00e1s de media vara. Por breve espacio de tiempo estuvo fluctuando de aqu\u00ed  para all\u00ed, amenazando caer unas veces y remont\u00e1ndose otras, con gran  algazara de los pollos, quienes al ver aquella cosa blanca que se  paseaba por los aires con tanta majestad, iban tras ella aguard\u00e1ndola en  su ca\u00edda, con la esperanza de que fuera algo de comer. Pero el viento  sopl\u00f3 m\u00e1s fuerte y haciendo un fuerte remolino en todo el recinto del  corral, la sac\u00f3 fuera velozmente. Cuando ella se vio m\u00e1s alta que la  tapia, m\u00e1s alta que la casa, que los casta\u00f1os, que la c\u00faspide del chopo,  tembl\u00f3 toda de entusiasmo y admiraci\u00f3n. All\u00e1 arribita, el viento la  meci\u00f3, sosteni\u00e9ndola sin violentas sacudidas; parec\u00eda balancearse en  invisible hamaca o en los brazos de alg\u00fan cari\u00f1oso genio. Desde all\u00ed  \u00a1qu\u00e9 espect\u00e1culo! Abajo el corral con sus inquietos pollos escarbando  sin cesar; la huerta, la casa, los casta\u00f1os, el chopo, \u00a1qu\u00e9 peque\u00f1o lo  que antes parec\u00eda tan grande! Despu\u00e9s, toda la extensi\u00f3n del hermoso  valle poblado de casas, de \u00e1rboles, de flores, de ganados; a lo lejos  las monta\u00f1as con sus laderas cubiertas de bosques, sus eminencias  rojizas y azules y sus c\u00faspides encaperuzadas con una blancura en la  cual nuestra viajera crey\u00f3 ver enormes montones de plumas, encima el  cielo sin fin, el sol de la ma\u00f1ana dando vivos colores a todo el  paisaje, garabateando el agua con rayos de luz, produciendo temblorosos  reflejos en el follaje de los olmos, y reverberando en las sementeras  pajizas, salpicadas aqu\u00ed y all\u00ed de manchas de amapolas. \u00a1Esto s\u00ed que se  llama vivir! Tremenda cosa ser\u00eda caer otra vez en el corral.<\/p>\n<p>La pluma, en el colmo  de su regocijo, no hall\u00f3 medio mejor de expresarlo que dando vueltas  sobre su eje, para que se orearan bien sus miembros h\u00famedos y ateridos:  se ba\u00f1\u00f3 en el sol y se esponj\u00f3, ahuecando con cierta vanidad los flecos  diminutos de que se compon\u00eda su cuerpo. El sol penetraba por entre los  mil intersticios de aquel encaje prodigioso, y nuestra viajera se vio  vestida de hilos de cristal m\u00e1s tenues que los que tienden las ara\u00f1as de  rama en rama, y cubierta de diamantes, esmeraldas y rub\u00edes que variaban  de luces a cada movimiento, y tan menudos, que los granos de arena  parecer\u00edan monta\u00f1as a su lado.<\/p>\n<p>Extender la vista por  el valle, por las monta\u00f1as, por el horizonte, y querer recorrerlo todo  hasta el fin, fue en la pluma obra de un momento. Su estupor y alborozo  no ten\u00edan l\u00edmites; y si al pronto la sorpresa la mantuvo en aquella  altura, divagando, sin apartarse de su situaci\u00f3n primera, despu\u00e9s,  serenada un poco y sintiendo en su pecho (?) el fuego del entusiasmo, se  lanz\u00f3 en el inmenso espacio, en brazos del geniecillo. Desaparecieron  corral, casa, aldea; la torre de la iglesia como gigante despavorido,  caminaba tambi\u00e9n con grandes zancajos hasta perderse de vista. En la  agitaci\u00f3n de aquel vuelo vertiginoso, la pluma sub\u00eda a veces a tanta  altura, que apenas pod\u00eda distinguir los objetos; otras descend\u00eda hasta  rozar con la tierra, y contemplaba su imagen fugitiva en la superficie  verdosa de los charcos. A veces remontaba tanto, que parec\u00eda confundirse  con las nubes y perderse en los inmensos oc\u00e9anos del espacio; a veces  descend\u00eda tanto, que casi casi tocaba a la tierra; y en su lenguaje  ignoto dec\u00eda al viento: \u00abB\u00e1jame un poco, amigo, que me mareo en estas  alturas\u00bb o \u00ablev\u00e1ntame por favor, amiguito, que voy a caer en ese  lodazal\u00bb.<\/p>\n<p>El viento, d\u00f3cil  veh\u00edculo, la sub\u00eda y la bajaba, seg\u00fan su deseo, andando siempre, y  pasaban valles, r\u00edos, montes, colinas, pueblos, sin parar nunca. En su  viaje, la pluma no cesaba de admirar cuanto ve\u00eda. Los p\u00e1jaros pasaban  cantando junto a ella; las mariposas se deten\u00edan, mir\u00e1ndola con asombro,  no acertando a comprender si era cosa viva o un objeto arrastrado por  el viento. Cuando iban cerca de tierra y pasaban rozando por encima de  zarzales y plantas espinosas, creer\u00edase que todas las p\u00faas se erizaban  como garras para cogerla, y al volar por encima de un charco, los gansos  de la orilla volv\u00edan de medio lado la cabeza mir\u00e1ndola, y con la  esperanza de verla caer, corr\u00edan graznando tras ella: -\u00abS\u00fabeme, amiguito  -gritaba-, para no o\u00edr a estos b\u00e1rbaros\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Canto primero<\/strong><\/p>\n<p>Y sub\u00edan hasta lo alto  de la monta\u00f1a: pasaban la divisoria, y recorr\u00edan otro valle, y as\u00ed todo  el camino, sin detenerse nunca. Tanto anduvieron, que la pluma,  sintiendo satisfecha su curiosidad, se arremolin\u00f3, dio varias vueltas  sobre s\u00ed misma, y dijo al genio que la conduc\u00eda:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfSabes que hemos  corrido bastante? \u00bfNo convendr\u00eda elegir sitio para descansar un rato?  \u00a1Ay, amigo! Aunque deseaba salir del corral y recorrer el mundo, puedes  creer que lo que a m\u00ed me gusta es la vida tranquila y reposada. Por un  instante pens\u00e9 que la felicidad es volar de aqu\u00ed para all\u00ed, viendo cosas  distintas cada minuto, y recibiendo impresiones diferentes. Ya me voy  convenciendo de que es mejor estarse una quietecita en un paraje que no  sea tan feo como el corral, viviendo sin sobresalto ni peligro. All\u00ed  veo, cerca del r\u00edo, unos grandes \u00e1rboles, que me parecen el lugar m\u00e1s  hermoso que hemos encontrado en nuestro viaje.<\/p>\n<p>Acerc\u00e1ronse y vieron,  efectivamente, que a la sombra de aquellos \u00e1rboles hab\u00eda el sitio m\u00e1s  apacible y delicioso que podr\u00eda ambicionar, una pluma para pasar sus  d\u00edas. C\u00e9sped fin\u00edsimo cubr\u00eda el suelo; el r\u00edo cercano corr\u00eda con mansa  corriente, ni tan r\u00e1pida que arrastrara y revolviera la tierra de las  verdes m\u00e1rgenes, ni tan pausada que se enturbiaran sus aguas: f\u00e1cil era  contar todas las piedrecillas del fondo, mas no la muchedumbre de peces  que divagaban por su trasparente cristal. Las ramas de los \u00e1rboles,  cerniendo la viva luz del sol, manten\u00edan en templada penumbra el peque\u00f1o  prado; y de all\u00ed hab\u00edan huido todos los insectos importunos y sucios,  as\u00ed como todas las aves impertinentes y casquivanas. Los pocos seres que  all\u00ed estaban de paso o con residencia fija, eran lo m\u00e1s culto y  distinguido de la creaci\u00f3n: insectos vestidos de oro y condecorados con  admirables pedrer\u00edas; aves sentimentales y discretas que cantaban sus  amores en cortesano estilo, y s\u00f3lo a ciertas horas de la ma\u00f1ana o de la  tarde. Era el medio d\u00eda, y todas callaban en lo alto de las ramas,  entreteniendo el esp\u00edritu en abstractas meditaciones.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Fresco y bonito lugar  es \u00e9ste! -dijo la pluma, eriz\u00e1ndose de entusiasmo al verse all\u00ed. -Aqu\u00ed  quiero pasar toda mi vida, toda, toda, lo repito con seguridad completa  de no variar de prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Vagaba a la sombra de  los \u00e1rboles, resbalando sobre el fresco c\u00e9sped, cuando vio que se  acercaba una pastora, guiando dos docenas de ovejas, con alguno que otro  cordero, y un perro que les serv\u00eda de custodia y compa\u00f1\u00eda. La pastora  se ocupaba, andando, en tejer una corona de flores, que tra\u00eda en la  falda, y era tanta su hermosura, donaire y elegancia, que la pluma se  qued\u00f3 absorta.<\/p>\n<p>Sentose la joven, y la  pluma remont\u00e1ndose de nuevo por los aires, empez\u00f3 a dar vueltas en torno  suyo, admirando de cerca y, de lejos, ya la blancura del cutis, ya la  expresi\u00f3n y brillo de los ojos, ya los cabellos negros, ya sus labios  encendidos, todas y cada una de las perfecciones de tan ejemplar  criatura.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed me he de estar  toda la vida -exclamaba la viajera en su enrevesado idioma. -Esto s\u00ed que  es vivir. Nunca me cansar\u00e9 de mirarla, aunque viva mil a\u00f1os. \u00a1Qu\u00e9 bien  he hecho en establecerme aqu\u00ed&#8230; y qu\u00e9 gran cosa es el amor! Gracias a  Dios que he encontrado la felicidad. \u00a1Cu\u00e1n dulcemente se pasa el tiempo  mir\u00e1ndola, ahora y despu\u00e9s y siempre! \u00bfQu\u00e9 placer iguala al de pasar  rozando sus cabellos, y acariciarle la frente con mis flequitos? \u00bfQu\u00e9  mayor ambici\u00f3n puedo tener que dejarme resbalar por su cuello hasta  escurrirme&#8230; qu\u00e9 s\u00e9 yo d\u00f3nde, o esconderme entre su ropa y su carne  para estarme all\u00ed haci\u00e9ndole cosquillas per saecula saeculorum? Esto me vuelve loca&#8230; y de veras que estoy loca de amor. Aqu\u00ed y sin apartarme de ella un instante he de pasar toda la vida.<\/p>\n<p>La pluma volaba y  revolaba alrededor de la pastora, hasta que fue a posarse sutilmente  sobre su hombro, y en \u00e9l hizo mil morisquetas y remilgos con sus flecos.  Vio la muchacha aquel objeto blanco, que al principio juzg\u00f3 ser cosa  menos delicada ca\u00edda de las ramas del \u00e1rbol, y tom\u00e1ndola, la estruj\u00f3  entre sus dedos y la arroj\u00f3 lejos de s\u00ed con indiferencia desde\u00f1osa. Un  rato despu\u00e9s convoc\u00f3 a su reba\u00f1o y se fue.<\/p>\n<p>Mucho tard\u00f3 nuestra  infortunada viajera en volver de su desmayo. Al abrir los ojos, en vano  busc\u00f3 al objeto de su tierna pasi\u00f3n; reconociendo el sitio, sacudi\u00f3 sus  encajes magullados y rotos, y dio al viento sus quejas en esta forma:<\/p>\n<p>-Ay, vientecillo,  s\u00e1came de aqu\u00ed, por las \u00e1nimas benditas, lev\u00e1ntame, que me muero de  tristeza. Quiero correr otra vez, pues ahora comprendo que la felicidad  no existe en lo que yo cre\u00eda. \u00a1Buena tonta he sido! El amor no es m\u00e1s  que fatigas y dolores. Basta de amor, que harto conozco ya lo que trae  consigo. Volemos otra vez y vamos a donde t\u00fa quieras, amiguito. De veras  te digo que me cargan estos \u00e1rboles y este r\u00edo: estoy ya hasta la  corona de c\u00e9spedes, prados, arroyos y pajarillos. D\u00e9monos una vueltecita  por esos mundos. Lev\u00e1ntame: quiero subir hasta las nubes. Eso es; as\u00ed  me gusta: s\u00fabeme todo lo que puedas. Mira, all\u00ed a lo lejos se alcanza a  ver una casa que ha de ser muy grande: \u00bfves c\u00f3mo brilla a los rayos del  sol, cual si fuese de plata, y a su lado hay otra y otra, muchas,  much\u00edsimas casas? Sin duda aquello es lo que llaman una ciudad. Eso, eso  es lo que yo deseo ver. Gracias a Dios que encuentro lo que me gusta.  V\u00e1monos derechos all\u00e1, y dej\u00e9monos de montes y valles, que son lugares  impropios para este genio m\u00edo&#8230; Ya, ya se ve de cerca la ciudad. En  aquel magn\u00edfico palacio que vimos primero nos hemos de meter. Corre,  corre m\u00e1s, que me parece que no llegamos nunca.<\/p>\n<p><strong>Canto segundo<\/strong><\/p>\n<p>Pronto se hallaron muy  cerca de un soberbio palacio de m\u00e1rmol, tan grande y bello que hasta el  mismo genio misterioso, que conduc\u00eda a nuestra amiga, se qued\u00f3 absorto  ante tanta magnificencia. O\u00edanse por all\u00ed algazaras como de baile o  fest\u00edn, y m\u00fasicas sorprendentes. Flotaban banderas, en los minaretes y  azoteas, y por las ventanas se ve\u00eda discurrir la gente alegre y  bulliciosa.<\/p>\n<p>\u00abAdentro, amiguito -dijo la pluma-; col\u00e9monos por este balc\u00f3n que est\u00e1 de par en par abierto.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hicieron,  encontr\u00e1ndose dentro de una gran sala en la cual hab\u00eda hasta cien  personas sentadas alrededor de vasta mesa, llena de ricos manjares y  adornada de flores, todo puesto con arte y soberana magnificencia. Era  igual el n\u00famero de hombres al de mujeres, y si entre aqu\u00e9llos los hab\u00eda  de distintas edades, \u00e9stas eran todas j\u00f3venes y hermosas. Los criados  vest\u00edan riqu\u00edsimos trajes, y un sin fin de m\u00fasicos tocaban armoniosas  sonatas en lo alto de una gran tribuna.<\/p>\n<p>Los convidados estaban  tendidos sobre cojines cubiertos de vistosos tapices: ellas adornadas  con flores, y tan ligera y graciosamente vestidas, que su hermosura no  pod\u00eda menos de aparecer realzada con atav\u00edos tan indiscretos. Las  carcajadas, las voces y la m\u00fasica, impresionando el o\u00eddo; el aroma de  las flores y el olor aperitivo de las comidas y licores, hiriendo el  olfato; la viveza de las miradas, la variedad de colores, afectando la  vista, produc\u00edan en aquel recinto una fascinaci\u00f3n que habr\u00eda dado al  traste con la fortaleza de todos los ermita\u00f1os de la Tebaida.<\/p>\n<p>La pluma, divagando por  la b\u00f3veda del sal\u00f3n, sinti\u00f3 que desde la mesa sub\u00edan a acariciar sus  sentidos los dulces vapores de la mesa, y se embriagaba con la fragancia  de los vinos, escanciados sin cesar en copas de oro. Su entusiasmo y  alegr\u00eda no ten\u00edan l\u00edmites, y la lengua se le solt\u00f3 de tal modo, que no  ces\u00f3 de hablar en todo el d\u00eda, diciendo a su compa\u00f1ero y conductor:<\/p>\n<p>\u00abEsto si que es  delicioso, amiguito; esto s\u00ed que es vivir. \u00a1Bien te dec\u00eda yo que aqu\u00ed  hab\u00edamos de encontrar la felicidad; bien me lo anunciaba el coraz\u00f3n! Me  est\u00e1n volviendo tarumba las emanaciones de esas aves, de esas especias,  de esas frutas, de esos licores que parecen, llevar en s\u00ed g\u00e9rmenes de  vida y nos infunden aliento y j\u00fabilo. Repara en la incitante belleza do  esas mujeres: \u00a1qu\u00e9 miradas! \u00a1qu\u00e9 senos! \u00a1qu\u00e9 admirable configuraci\u00f3n la  de sus cuerpos! \u00a1qu\u00e9 encantadora risa en sus labios! Pero \u00bfno te vuelves  loco como yo? Aqu\u00ed he de estarme toda la vida \u00bfsabes? No hay duda que  la vida es el placer, y buenos tontos ser\u00e1n los que se anden por ah\u00ed  discurriendo insulsamente por montes y valles. \u00a1Y yo fui tan imb\u00e9cil que  vi la felicidad en el amor ins\u00edpido que me inspir\u00f3 aquella pastora!  \u00a1Qu\u00e9 f\u00e1cilmente nos equivocamos!&#8230; pero ya he conocido mi error, y  tengo la seguridad de no equivocarme m\u00e1s. Es que ya voy teniendo mucha  experiencia, no te creas, y de aqu\u00ed en adelante ya s\u00e9 lo que tengo que  hacer. Gracias a Dios que encontr\u00e9 lo definitivo: aqu\u00ed, aqu\u00ed hasta que  me muera. \u00a1Qu\u00e9 placer, y qu\u00e9 embriaguez y qu\u00e9 mareo han deliciosos!  \u00a1Sublime es esto, y cu\u00e1n desgraciados los que no lo conocen!<\/p>\n<p>La comida avanzaba, y  la locura de los comensales tocaba a su l\u00edmite: las \u00e1nforas hab\u00edan dado  ya su \u00faltima ofrenda de vino: los convidados las hab\u00edan hecho llenar de  nuevo, y hasta las mujeres aturdidas, o gritaban como furias o callaban  con perezoso recogimiento.<\/p>\n<p>La pluma se sinti\u00f3  tambi\u00e9n atontada; empez\u00f3 a dar vueltas y m\u00e1s vueltas en el aire hasta  que poco a poco perdi\u00f3 la conciencia de lo que all\u00ed ocurr\u00eda. Conservando  un resto de vago conocimiento, sinti\u00f3 que las voces se alejaban; que  ca\u00edan los muebles; que se romp\u00edan con estr\u00e9pito los vasos; que callaban  los m\u00fasicos; que obscurecido el sol, lo sustitu\u00eda una d\u00e9bil claridad de  antorchas; que \u00e9stas se extingu\u00edan despu\u00e9s; que todo quedaba en  silencio. Entonces se sinti\u00f3 caer, abandonada de su misterioso genio  amigo: vio las flores marchitas y pisoteadas por el suelo, los restos de  la comida arrojados en desorden y exhalando repugnante olor; todo  revuelto y disperso, y ning\u00fan ser vivo en la sala. En su desmayo juzg\u00f3  que pasaban lentamente horas y m\u00e1s horas, que luego amanec\u00eda, y que por  fin alguien daba se\u00f1ales de vida en aquel palacio, ayer del regocijo y  hoy de la tristeza. Los pasos se acercaban, y manos desconocidas  intentaron poner en orden los restos del fest\u00edn. Luego se sinti\u00f3  arrastrada violentamente a impulsos de un objeto \u00e1spero: abri\u00f3 los ojos,  ya con la cabeza despejada, y vio que era impelida por una escoba. La  barr\u00edan juntamente con multitud de objetos despreciables, ajados,  repugnantes y pest\u00edferos; hojas de flores pisoteadas, pedazos de cristal  a\u00fan mojados en vino, huesos de frutas a\u00fan cubiertos de saliva, cortezas  de pan, espinas de salm\u00f3n, con alguna hilacha de carne. Una cinta  manchada de salsa, fresas espachurradas, entre las cuales luc\u00eda un  alfiler tendido del zumo rojizo, y que semejaba el pu\u00f1al de un asesino;  piltrafas de jam\u00f3n, cascaritas de hojaldre y algunos ojos de pescado que  a\u00fan fijos a sus rotas cabezas, parec\u00edan contemplar con asombro y terror  semejante espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Entre estos objetos,  rodando todos en tropel, fue nuestra pluma empujada por la escoba hasta  parar a un gran cesto, de donde la arrojaron a un corral mil veces m\u00e1s  inmundo que aqu\u00e9l de donde hab\u00eda salido. Al verse entre tanta basura,  magullada, rota, sucia, oliendo a vino, a especias, a grasa, a saliva,  empez\u00f3 a lamentarse con estas pat\u00e9ticas frases:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ay, vientecillo de mi  alma, lev\u00e1ntame y s\u00e1came de aqu\u00ed, por Dios y todos los santos! Me muero  en este mont\u00f3n de inmundicia; yo quiero ser libre y pura como antes. A  fe que te has lucido, plumita. \u00a1Qu\u00e9 error tan grosero! En buena parte  has venido a concluir aquella brillante jornada de placer y felicidad.  Que no me digan a m\u00ed que el placer lleva consigo otra cosa que  degradaciones, bajezas, dolores y miserias. \u00a1Por un ratito de gozo,  cu\u00e1nta amargura! Y gracias a Dios que he salido con vida.  Afortunadamente no ser\u00e9 yo quien vuelva a caer. S\u00e1came de aqu\u00ed, amigo,  as\u00ed te d\u00e9 Dios todos los reinos de la tierra y del mar: s\u00e1came, o me  muero en esta podredumbre.<\/p>\n<p>El geniecillo la  levant\u00f3 con rapidez a grand\u00edsima altura, y all\u00e1 arriba se ahuec\u00f3 toda,  llena de contento, para purificarse y orear su cuerpo. Apart\u00f3 la vista  del palacio y de la ciudad, y ambos siguieron luego su camino sin saber a  d\u00f3nde iban.<\/p>\n<p>\u00abNi los campos  tranquilamente fastidiosos; ni los palacios, que son mansi\u00f3n del hast\u00edo,  me hacen a mi maldita gracia -dec\u00eda la pluma.- Por fuerza hemos de  encontrar pronto lo quo cuadra a mi genio. \u00bfVes? O yo me enga\u00f1o mucho, o  aquel gent\u00edo que ocupa la llanura que tenemos delante, nos va a detener  all\u00ed con el espect\u00e1culo de alg\u00fan acto sublime. Vamos pronto, que ya  siento viva curiosidad. O yo no s\u00e9 lo que son ej\u00e9rcitos, o lo que all\u00ed  se divisa son dos que van a encontrarse y a re\u00f1ir. \u00a1Sublime  acontecimiento! \u00a1Bendito sea Dios que nos ha deparado ocasi\u00f3n de  presenciar una batalla! He aqu\u00ed una cosa que me entusiasma. Me pirro yo  por las batallas. \u00a1La gloria! Te digo que se me va la cabeza cuando  hablo de esto. Tarde ha sido, amigo, pero al fin he encontrado la norma  de mi destino. Mira, ya van a empezar. Coloqu\u00e9monos encima de aquellos  que parecen ser los caudillos de uno de los dos ej\u00e9rcitos, y veamos la  que se va a armar aqu\u00ed.<\/p>\n<p><strong>Canto tercero<\/strong><\/p>\n<p>Efectivamente, dos  grandes y poderosas huestes iban a chocar en aquella planicie. \u00bfA qu\u00e9  describir el brillo de las armas, las empresas de los escudos, el ardor  de los combatientes; el relinchar de los corceles y dem\u00e1s accidentes de  la empellada refriega? La pluma, palpitando de emoci\u00f3n, vio los primeros  encuentros, y no apartaba los ojos del que parec\u00eda ser rey del ej\u00e9rcito  por quien m\u00e1s tarde se decidi\u00f3 la victoria. El tal rey llevaba un casco  de oro, armadura de bru\u00f1ido acero, y oprim\u00eda los lomos de soberbio  caballo tordo. Ninguno le igualaba en furor y osad\u00eda, raz\u00f3n por la cual  su gente, entusiasmada con tal ejemplo, arrollaba a los contrarios cual  si fuesen manadas de carneros.<\/p>\n<p>Nuestra viajera no sab\u00eda c\u00f3mo expresar su fren\u00e9tico alborozo ante la sublime tragedia.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1La gloria! \u00a1qu\u00e9 gran  cosa es la gloria! -exclamaba, siguiendo lo m\u00e1s cerca posible al rey  victorioso. -Estoy en mi centro, esta es la vida, esto es lo que cuadra a  mi genio esto es la felicidad; gracias a Dios que he encontrado lo que  quer\u00eda. \u00a1Y fui tan imb\u00e9cil que perd\u00ed el tiempo en fr\u00edvolos amores y en  livianos placeres! \u00a1La verdad es que se equivoca uno tontamente! Pero ya  voy teniendo experiencia, y no me equivocar\u00e9 m\u00e1s. La gloria es lo que  m\u00e1s enaltece el alma. Mira, amiguito m\u00edo, c\u00f3mo vencen los de aqu\u00ed. Ya  van los otros en retirada. \u00a1Grande y poderoso Rey! Dar\u00eda la mitad de mi  vida, por ponerme encima de su casco, de aquel \u00e1ureo yelmo, ante cuya  cimera se inclinar\u00e1n con pavura todos los monarcas y naciones de la  tierra. Vamos, esto me enajena; \u00bfno oyes c\u00f3mo crujen las armas, c\u00f3mo  relinchan los caballos y c\u00f3mo blasfeman los combatientes, encendidos en  marcial coraje? \u00a1Gloriosa muerte la de los unos y glorios\u00edsima victoria  la de los otros!<\/p>\n<p>\u00c9sta fue decisiva para  el rey del \u00e1ureo casco y del caballo tordo. Su ej\u00e9rcito triunfante  persigui\u00f3 en veloz carrera al enemigo, y la pluma sigui\u00f3 la triunfal  marcha revoloteando sobre la cabeza del h\u00e9roe. Corr\u00edan sin fatigarse  hasta que lleg\u00f3 la noche. Luego se detuvieron, satisfechos de haber  aniquilado en su fuga al ej\u00e9rcito contrario. Acamparon los vencederos,  se arm\u00f3 la tienda del Rey, prepar\u00e9sele comida y lecho; y en aquella hora  de la reflexi\u00f3n y del reposo, pasada la exaltaci\u00f3n primera, hasta la  pluma baj\u00f3 a la tierra cubierta de cad\u00e1veres, de sangre, de ruinas.<\/p>\n<p>Entonces la viajera  sinti\u00f3 fr\u00edo glacial, extraordinaria fatiga y una modorra que no pudo  vencer evocando los recuerdos del \u00e9pico combate. En su letargo, crey\u00f3  sentir los lamentos de los heridos, mezclados con horrorosas  imprecaciones. No tardaron en venir las madres, las hermanas, los  tiernos hijos, sosteni\u00e9ndose entre s\u00ed, porque el dolor aflojaba sus  desmayados cuerpos, alumbr\u00e1ndose con triste linterna para buscar al  padre, al hijo, al esposo, al hermano. Hombres horribles, tipo medio  entre el say\u00f3n y el sepulturero, cavaban la profunda y holgada fosa,  donde eran arrojados los infelices muertos de ambos ej\u00e9rcitos. Las  santas mujeres buscaban aun entre aquellos despojos, mal cubiertos por  la tierra, a los seres queridos, y hasta hubieran escarbado para  sacarlos de nuevo, si las voces y los lamentos que m\u00e1s all\u00e1 se o\u00edan no  las dieran la esperanza de que en otro lugar estar\u00edan quiz\u00e1s los que  buscaban. Graznando l\u00fagubremente bajaron los buitres y dem\u00e1s aves que  tienen su fest\u00edn en los campos de batalla; la lluvia encharc\u00f3 el piso  amasando lechos de fango y sangre para los pobres difuntos, y el fr\u00edo  remat\u00f3 a los heridos que esperaban escapar a la muerte. \u00a1Tremenda noche!  Volviendo de su letargo, pudo observar la pluma que cuanto hab\u00eda visto  no era alucinaci\u00f3n, sino realidad clar\u00edsima. Quiso huir, pero se detuvo  sobrecogida porque en la cercana tienda del Rey sonaron gritos y  juramentos y fuerte choque de armas. Varios hombres salieron de all\u00ed  luchando, y una voz dijo: \u00abmuera el tirano\u00bb, y otras, exclamaron: \u00ab\u00a1han  asesinado al Rey!\u00bb En efecto as\u00ed era: el h\u00e9roe victorioso hab\u00eda sido  sacrificado por sus ambiciosos generales, \u00e1vidos de repartirse el bot\u00edn y  apoderarse del reino.<\/p>\n<p>\u00abViento querido, amigo  m\u00edo, s\u00e1came de aqu\u00ed -grit\u00f3 la pluma agitando su fleco para volar.-  Lev\u00e1ntame; ll\u00e9vame por esos aires de Dios, que no quiero ver tantos  horrores. \u00a1Maldita sea la gloria y malditos los p\u00edcaros que la  inventaron! Parece mentira que me haya dejado alucinar por tan craso  disparate. Ya ves que de la gloria no se saca cosa alguna, si no es la  desesperaci\u00f3n, el odio, la envidia y todas las bajezas de la ambici\u00f3n.  \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s valen la dulce modestia y una apacible obscuridad! Gracias a  Dios que he salido de las tinieblas del error. Tres veces me equivoqu\u00e9;  pero al fin la luz ha entrado en mi cabeza, y ya tengo la certeza de no  equivocarme m\u00e1s, \u00a1Cu\u00e1n claro veo ahora todo! \u00a1Qu\u00e9 bien considero y  profundizo la verdad de las cosas! No, no volver\u00e1 a incurrir en tales  tonter\u00edas. Por supuesto, siempre es conveniente equivocarse para  adquirir experiencia y estudiar y conocer la vida felizmente, ya s\u00e9 a  qu\u00e9 atenerme. Dichosos los que han pasado tantas amarguras y visto  tant\u00edsimo mundo&#8230; Pero si no tengo telara\u00f1as en los ojos, amigo  vientecillo, all\u00e1 a lo lejos se distingue una alt\u00edsima torre que debe de  ser de alguna catedral. S\u00ed, a medida que nos acercamos se va destacando  la mole del edificio&#8230; No parece sino que Dios nos ha encaminado a  este sitio para que nos arrepintamos de nuestras culpas y aprendamos de  todas las cosas, consuelo de todas las aflicciones, asilo de todos los  extraviados&#8230; \u00a1Ay! vamos pronto, que ya tengo deseo de entrar all\u00ed: \u00bfno  oyes el repicar de las campanas? \u00bfno ves c\u00f3mo el sol perfila con rayos  de oro las mil estatuas erigidas en los pin\u00e1culos y agujas que rematan  el grandioso monumento por una y otra parte? Date prisa y lleguemos  pronto, amiguito; \u00a1qu\u00e9 pesado te has vuelto! A ver si encontramos un  agujerito por donde introducirnos.<\/p>\n<p><strong>Canto cuarto<\/strong><\/p>\n<p>Dieron vueltas  alrededor del templo, que era ojival y de sorprendente hermosura, y al  fin, hallando un vidrio roto, se colaron dentro sin pedir permiso al  sacrist\u00e1n. Soberbio espect\u00e1culo se ofreci\u00f3 a las miradas de nuestros dos  viajeros. La vasta nave y sus haces de columnas delicad\u00edsimas, que  remataban en palmeras, entreteni\u00e9ndose para formar la b\u00f3veda; las  ventanas rasgadas en toda la extensi\u00f3n del pavimento y cubiertas con el  di\u00e1fano muro de cristales de colores; la multitud de figuras  representativas; la fauna, la flora; la riqueza de los altares, las  luces, sus resplandecientes trajes de los sacerdotes, el incienso,  formando azuladas nubes; el son del \u00f3rgano, a veces suave y apagado como  la respiraci\u00f3n de un ni\u00f1o que duerme, despu\u00e9s fuerte y estent\u00f3reo como  el resoplido de un gigante col\u00e9rico; el coro grave y los rezos  quejumbrosos, todo esto impresion\u00f3 de tal modo a nuestra viajera, que  estuvo un buen rato pegada a la b\u00f3veda, sin atreverse a descender,  sobrecogida de admiraci\u00f3n, piedad y respeto.<\/p>\n<p>\u00abMe falta poco para  llorar, amigo vientecillo -dijo-. Aunque un poco tard\u00edo, mi  arrepentimiento es seguro. \u00a1Con cu\u00e1nto gozo abro mis ojos a la luz de la  verdad! \u00bfY habr\u00e1 quien sostenga que puede haber dicha, reposo y paz  fuera de la religi\u00f3n sacrat\u00edsima? Santa y sublime fe: a ti vengo  fatigada de las luchas del mundo, el alma llena de congoja y atormentada  por el recuerdo de mis pasados extrav\u00edos. Inexperta y alucinada, juzgu\u00e9  que el mejor empleo y ocupaci\u00f3n de mi ser era el amor, los goces o la  incitante gloria, cosas \u00a1ay! de liviana realidad, que se desvanecen  pasada la ilusi\u00f3n primera. Mi alma est\u00e1 pura, y anhela reposarse en el  bien. Aborrezco el mundo; pienso s\u00f3lo en Dios, im\u00e1n de nuestros  corazones, fuente de toda salud, principio de toda inteligencia. Aqu\u00ed,  en este santo y bello asilo, creado por el arte y la fe, he de pasar lo  que me resta de vida. Segur\u00edsima estoy ahora de no variar de  inclinaciones ni de pensamiento. Aqu\u00ed, siempre aqu\u00ed. Dulce es, entre  todas las dulzuras, zambullir el pensamiento en la idea de Dios,  adorarle, contemplarle, confundirnos ante su presencia como granos de  polvo fr\u00e1giles plumas que somos las criaturas. Vientecillo, puedes  marcharte, que yo me quedo aqu\u00ed para toda la vida. \u00a1Cu\u00e1n feliz soy!<\/p>\n<p>Call\u00f3 la pluma y se  acurruc\u00f3 con devota compostura en la punta de una de las espinas que  ce\u00f1\u00edan la frente del dorado Cristo suspendido en lo m\u00e1s alto del  retablo. Cesaron cantos, apag\u00e1ronse las luces. Rumores extra\u00f1os de  misales que se cierran, de goznes rechinantes, de papeles de m\u00fasica que  se arrollan, de cortinas que se corren tapando un santo, de llaves que  crujen en la enmohecida cerradura, de ac\u00f3litos que tropiezan, corriendo  hacia la sacrist\u00eda, de rosarios que se guardan, sustituyeron a la  imponente salmodia de antes; y las pisadas de los hombres y las faldas  de las mujeres levantaron ligera nube de polvo que subi\u00f3 confundirse con  los desgarrados celajes del incienso, vagabundos aun por las altas  b\u00f3vedas, como los girones de nubes que corren por el cielo despu\u00e9s de  una tempestad.<\/p>\n<p>Vino la noche, y los  vidrios se obscurecieron, tomando tintas suaves y misteriosas. La gran  nave qued\u00f3 por fin en completa sombra; mas en lo alto de sus muros  velaban, como espectros de moribundo resplandor, las pintadas efigies de  cristal. En el centro del l\u00f3brego santuario luc\u00eda un punto de luz: era  la l\u00e1mpara del altar, que como un alma despierta y vigilante oraba en el  recinto. Su d\u00e9bil claridad apenas iluminaba los pies del Santo Cristo  pr\u00f3ximo, y el blanco cuerpo de un obispo de m\u00e1rmol que, tendido en su  mausoleo, parec\u00eda como que a ratos abr\u00eda la boca para bostezar.<\/p>\n<p>Pasaron horas y m\u00e1s  horas, que por lo largas parec\u00edan noches empalmadas, sin d\u00edas que las  separasen, y la pluma acabo sus rezos y los volvi\u00f3 a empezar, y acabados  de nuevo, y agotado todo el repertorio de oraciones, que sab\u00eda, dijo  otras que sacaba de su cabeza, hasta que al fin, no nada, aburrida de  aburrirse, se dej\u00f3 decir:<\/p>\n<p>\u00abVientecillo, me alegro  de que no te hayas ido. Ven ac\u00e1 un momento: \u00bfsabes que siento as\u00ed como  ganas de dar un pase\u00edto por ah\u00ed fuera? No es que quiera abandonar este  sitio; pues lo dicho, dicho: aqu\u00ed he de estarme toda la vida. Es que,  hablando con sinceridad, esto es bastante triste, y no s\u00e9, no s\u00e9&#8230; las  horas tienen una longitud desmesurada. Si me apuras te dir\u00e9 con mi  habitual franqueza que me aburro soberanamente. \u00bfPor qu\u00e9 no hemos de  salir a refrescarnos la cabeza y a ver el cielo? Pues por mucha que sea  nuestra devoci\u00f3n, no hemos de estar siempre reza que te reza, y conviene  dar al \u00e1nimo esparcimiento para cobrar fuerzas y&#8230; ya me entiendes.  Salgamos, que en realidad no tiene maldita gracia que nos estemos aqu\u00ed  hechos unos pasmarotes. Y repara que despu\u00e9s que aquellos se\u00f1ores  acabaron de cantar, esto est\u00e1 tan solo y obscuro que antes impone miedo  que piedad. Largu\u00e9monos fuera un ratito, que una cosa es la fe y otra el  saludable recreo del cuerpo y del alma.<\/p>\n<p><strong>Canto quinto<\/strong><\/p>\n<p>Salieron por donde hab\u00edan entrado, y al hallarse fuera, la pluma prorrumpi\u00f3 en exclamaciones:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh, gracias a Dios  que veo otra vez el profundo cielo, las altas estrellas y la luna! \u00a1Qu\u00e9  hermosura! Par\u00e9ceme que hace a\u00f1os que no he visto este admirable  espect\u00e1culo siempre nuevo y seductor. Mira, alarguemos nuestro pase\u00edto,  que en nada se admira tanto a Dios como en la naturaleza, ni nada es en  \u00e9sta tan bello como la noche. Vaya, con franqueza, amigo viento: \u00bfno es  esto m\u00e1s hermoso que el antro sombr\u00edo y estrecho de la catedral? Compara  aquella l\u00e1mpara con estas luminarias celestiales que tenemos encima de  nuestras cabezas&#8230; Sigamos un poquit\u00edn m\u00e1s all\u00e1; que si no volvi\u00e9ramos,  ya encontrar\u00edamos otra catedral en que meternos. Hay muchas, mientras  que cielos no hay m\u00e1s que uno&#8230; \u00a1Cu\u00e1nto se aprende viviendo! \u00bfSabes lo  que se me ha ocurrido? Pues que la religi\u00f3n es cosa admirable; pero que  consagrarse enteramente a ella sin pensar en nada m\u00e1s, me parece una  gran majader\u00eda. Ya voy teniendo experiencia, y. veo todas las cosas con  mucha claridad. Para alabar a Dios y honrarle, me parece a m\u00ed que antes  que pasarnos la vida metidas en las iglesias, debemos las plumas emplear  constantemente nuestro pensamiento en conocer y apreciar las leyes por  el mismo Dios creadas. Yo, si quieres que te hable con el coraz\u00f3n en la  mano, no tengo muchas ganas de volver a la catedral, fuera de que ya  hemos perdido, el camino y no lo encontraremos f\u00e1cilmente. \u00bfNo te parece  que debemos lanzarnos por esos espacios anch\u00edsimos buscando en ellos la  raz\u00f3n de todas las cosas? Siento tal curiosidad que no s\u00e9 qu\u00e9 har\u00eda por  satisfacerla. \u00a1Saber! \u00c9se es el objeto de nuestra vida; en saber  consiste la felicidad. No negar\u00e9 yo que la Fe es muy estimable; pero la  Ciencia, amigo m\u00edo, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s estimable es! Por consiguiente, te  confieso con toda ingenuidad que he variado de ideas; pero con el firme  prop\u00f3sito de que sea \u00e9sta la \u00faltima vez. Quiero, a fe de pluma de origen  divino, examinar c\u00f3mo y por qu\u00e9 se mueven esos astros, a qu\u00e9 distancia  est\u00e1n unos de otros; qu\u00e9 tama\u00f1o y qu\u00e9 cantidad de agua tienen los mares;  qu\u00e9 hay dentro de la tierra; c\u00f3mo se hacen la lluvia, el rayo, el  granizo; de qu\u00e9 diablos est\u00e1 compuesto el sol; qu\u00e9 cosa es la luz y qu\u00e9  el calor, etc., etc\u00e9tera. Me da la gana de saber todas esas cosas.  Gracias a Dios que he encontrado la verdadera y leg\u00edtima ocupaci\u00f3n de mi  esp\u00edritu. Ni el amor pastoril, ni los placeres sensuales, ni la  terrible y est\u00fapida gloria, ni el misticismo est\u00e9ril enaltecen al ser.  \u00a1El conocimiento! ah\u00ed tienes la vida, la verdadera vida, amigo  vientecillo. Bendigo mis errores, de cuyas tinieblas saqu\u00e9 la luz de mi  experiencia y la certeza del destino que tenemos las plumas. Ll\u00e9vame,  amigo, ll\u00e9vame por ah\u00ed, pronto, que hay mucho que ver y mucho que  estudiar.<\/p>\n<p>Corrieron, volaron, y  la pluma no se cansaba de sus observaciones especulativas. Estudi\u00f3 la  marcha de los astros y las distancias a que est\u00e1n de la tierra; atraves\u00f3  el inmenso Oc\u00e9ano de una orilla a otra; h\u00edzose cargo de la  configuraci\u00f3n y trazado de las costas; midi\u00f3 el globo, fijando la  atenci\u00f3n en la diversidad de sus climas y habitantes; penetr\u00f3 en las  cavernas profundas, donde existen los indescifrables documentos de la  Mineralog\u00eda, y ley\u00f3 el gran libro Geol\u00f3gico, en cuyas p\u00e1ginas o capas  hablan idioma parecido al de los jerogl\u00edficos la multitud de f\u00f3siles,  siglos muertos que tan bien saben contar el misterio de las pasadas  vidas; todo lo estudi\u00f3, lo conoci\u00f3 y se lo meti\u00f3 en el mag\u00edn, y  entretanto no cesaba de repetir:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Gran cosa es la  Ciencia! \u00a1Y cu\u00e1nto me felicito de haber entrado por este camino, el  \u00fanico digno de nuestro noble origen! Pero lo que me enfada es que nunca  llegamos al fin: a medida que voy aprendiendo se me presentan nuevos  misterios y enigmas. Yo quisiera aprend\u00e9rmelo todo de una vez. Es mucho  cuento \u00e9ste, de que nunca se le ve el fondo al odre de la sabidur\u00eda.  \u00a1Ay! Vientecillo perezoso, corre m\u00e1s, a ver si conseguimos llegar a un  punto donde no haya m\u00e1s tierra, ni m\u00e1s mar, ni m\u00e1s cielo, ni m\u00e1s  estrellas&#8230; Esto no se acaba nunca. Corramos, volemos, que no ha de  haber cosa que yo no vea ni examine, ni arcano que no se me revele. He  de saber c\u00f3mo es Dios, c\u00f3mo es el alma humana, de d\u00f3nde salimos las  plumas y a donde volvemos, despu\u00e9s de dar nuestro \u00faltimo vuelo en el  viaje de la existencia.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Y as\u00ed transcurri\u00f3 un  lapso de tiempo indeterminable, y ni se ve\u00eda el fin de la Ciencia, ni la  sed de saber encontraba donde saciarse por completo. Ya hab\u00edan  recorrido toda la atm\u00f3sfera que rodea nuestro planeta; y la buena pluma,  cansada y aburrida, sin fuerzas para avanzar m\u00e1s, giraba alrededor de  su eje con desorden y aturdimiento, como un astro que se vuelve loco y  olvida la ley de su rotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ay! vientecillo  -exclamaba l\u00e1nguidamente- ya estoy confusa, ya estoy mareada. \u00bfDe qu\u00e9  vale la ciencia, si al fin, despu\u00e9s de tanto investigar, m\u00e1s me espanta  lo que ignoro que me satisface lo que s\u00e9? \u00a1Ay! compa\u00f1ero m\u00edo, de  desenga\u00f1os, <em>s\u00f3lo s\u00e9 que no s\u00e9 una condenada palabra de nada<\/em>.  Esto es para volverse una loca. Ll\u00e9vame a un sitio rec\u00f3ndito donde  encuentre el consuelo del olvido. Quiero aniquilarme; quiero reposar en  completa calma, dando paz al pensamiento y a la imaginaci\u00f3n siempre  ambiciosa. \u00a1Cu\u00e1ntas equivocaciones en tan breve tiempo! Ni el amor, ni  el placer, ni la gloria, ni la religi\u00f3n, ni la Ciencia me satisfacen. El  lugar de paz y de contento perdurable con que so\u00f1aba para pasar la  vida, no se encuentra en parte alguna. Experiencia lenta y dolorosa, \u00bfde  qu\u00e9 sirves? Si ese lugar que busco no existe por aqu\u00ed, forzosamente ha  de exigir en alguna otra regi\u00f3n. Busqu\u00e9moslo, amigo leal y ya  inseparable&#8230; Veo que no est\u00e1s menos aburrido y desilusionado que yo.  \u00a1Ay! yo desfallezco; apenas puedo sostenerme en tus brazos; todo me  desagrada, el aire, la luz, los \u00e1rboles, la mar, el espacio; las  estrellas, el sol.<\/p>\n<p>Fijaron la vista en la  tierra, de la cual muy cerca estaban, y vieron una como procesi\u00f3n que se  dirig\u00eda a un bosquecillo frondoso, entre cuya verdura se destacaban  objetos de blanqu\u00edsimo m\u00e1rmol. Era un cementerio, y la procesi\u00f3n un  entierro. Observaron nuestros viajeros que sobre la tierra hab\u00eda sido  colocado un ata\u00fad peque\u00f1o y azul. Abri\u00e9ronlo algunos de los  circunstantes, y todos los dem\u00e1s se agruparon en derredor para ver las  facciones de la muerta: era una ni\u00f1a como de diez a\u00f1os, coronada de  flores, las manecitas cruzadas en actitud de rezar no se sabe qu\u00e9, y  semejante a un \u00e1ngel de cera, tan bonito y puro, que al verle todos se  admiraban de que se hubiera tomado el trabajo de vivir.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed, aqu\u00ed quiero  estar siempre, querido vientecillo. Su\u00e9ltame, d\u00e9jame caer -dijo la  pluma, desasi\u00e9ndose de los brazos de su amado conductor, para caer  dentro del ata\u00fad.<\/p>\n<p>\u00c9ste se cerr\u00f3, y el  vientecillo, que empezaba a dar revoloteos para sacarla con ma\u00f1a, no  pudo conseguirlo, y la pluma, qued\u00f3 dentro.<\/p>\n<p>\u00bfAcabar\u00e1n con esto tus paseos, oh alma humana?<\/p>\n<p>Abril de 1872.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n Sobre el apelmazado suelo de un corral, entre un cascar\u00f3n de huevo y una hoja de r\u00e1bano, cerca del&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5367,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,32],"tags":[],"class_list":["post-1092","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - 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