{"id":1102,"date":"2012-12-23T08:38:10","date_gmt":"2012-12-23T08:38:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=1102"},"modified":"2012-12-23T08:38:10","modified_gmt":"2012-12-23T08:38:10","slug":"cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/","title":{"rendered":"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">I<\/p>\n<p>Pacorrito Migajas era  un gran personaje. Alzaba del suelo poco m\u00e1s de tres cuartas, y su edad  apenas pasaba de los siete a\u00f1os. Ten\u00eda la piel curtida del sol y del  aire, y una carilla avejentada que m\u00e1s bien le hac\u00eda parecer enano que  ni\u00f1o. Sus ojos eran negros y vividores, con grandes pesta\u00f1as como  alambres y resplandor de piller\u00eda. Pero su boca daba miedo de puro fea, y  sus orejas, al modo de aventadores, antes parec\u00edan pegadas que nacidas.  Vest\u00eda gallardamente una camisa de todos colores, por lo sucia, y  pantal\u00f3n hecho de remiendos, sostenido con un solo tirante. En invierno  abrig\u00e1base con una chaqueta que fue de su se\u00f1or abuelo, la cual despu\u00e9s  de cortadas las mangas por el codo, a Pacorrito le ven\u00eda que ni pintada  para gab\u00e1n. En el cuello le daba varias vueltas a manera de serpiente,  un gui\u00f1apo con aspiraciones a bufanda, y cubr\u00eda la mollera con una  gorrita que afan\u00f3 en el Rastro. No usaba zapatos, por serle esta prenda  de grand\u00edsimo estorbo, ni tampoco medias, porque le molestaba el punto.<\/p>\n<p>La familia de Pacorrito  Migajas no pod\u00eda ser m\u00e1s ilustre. Su padre, acusado de intentar un  escalo por la alcantarilla, fue a tomar aires a Ceuta, donde muri\u00f3. Su  madre, una se\u00f1ora muy apersonada que por muchos a\u00f1os tuvo puesto de  casta\u00f1as en la Cava de San Miguel, fue tambi\u00e9n metida en l\u00edos de  justicia, y despu\u00e9s de muchos embrollos, y dimes y diretes con jueces y  escribanos, me la empaquetaron para el penal de Alcal\u00e1. A\u00fan quedaba a  Pacorrito su hermana; pero \u00e9sta, abandonando su plaza en la F\u00e1brica de  Tabacos, corri\u00f3 a Sevilla en amoroso seguimiento de un cabo de  artiller\u00eda, y \u00e9sta es la hora, en que no ha vuelto. Estaba, pues,  Migajas solo en el mundo, sin m\u00e1s familia que \u00e9l mismo, sin m\u00e1s amparo  que el de Dios, ni otro gu\u00eda que su propia voluntad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">II<\/p>\n<p>\u00bfPero creer\u00e1 el p\u00edo  lector que Pacorrito se acobard\u00f3 al verse solo? Ni por pienso. Hab\u00eda  tenido ocasi\u00f3n, en su breve existencia, de conocer los vaivenes del  mundo, y algo de lo falso y mentiroso que encierra esta vida miserable.  Llen\u00e1ndose de energ\u00eda, afront\u00f3 la situaci\u00f3n como un h\u00e9roe.  Afortunadamente, ten\u00eda buenas relaciones con diversa gente de su estofa y  aun con hombres barbudos que parec\u00edan dispuestos a protegerle, y bulle  que bulle, aqu\u00ed me meto y all\u00ed me saco, consigui\u00f3 dominar su triste  estado.<\/p>\n<p>Vend\u00eda f\u00f3sforos,  peri\u00f3dicos y alg\u00fan billete de Loter\u00eda, tres ramos mercantiles que  explotados con inteligencia pod\u00edan asegurarle honradas ganancias; as\u00ed es  que a Pacorrito nunca le faltaban cuatro cuartos en el bolsillo para  sacar de un apuro a un compa\u00f1ero, o para obsequiar a las amigas.<\/p>\n<p>No le inquietaban gran  cosa ni las molestias del domicilio ni las exigencias del casero. Sus  palacios eran el Prado en verano, y en invierno los portales de la casa  Panader\u00eda. Var\u00f3n sobrio y enemigo de pompas mundanas, se contentaba con  un rinc\u00f3n cualquiera donde pasar la noche. Com\u00eda, como los p\u00e1jaros, lo  que encontraba, sin que jam\u00e1s se apurase por esto, a causa de la  conformidad religiosa que exist\u00eda en su alma, y de su instintiva fe en  los misteriosos auxilios de la Providencia, que a ning\u00fan ser grande ni  chico desampara.<\/p>\n<p>Los que esto lean  creer\u00e1n que Migajas era feliz. Parece natural que lo fuese. Si carec\u00eda  de familia, gozaba de precios\u00edsima libertad, y como sus necesidades eran  escasas, viv\u00eda holgadamente de su trabajo, sin deber nada a nadie; sin  que le quitaran el sue\u00f1o cuidados ni ambiciones; pobre, pero tranquilo;  desnudo el cuerpo, pero lleno de paz sabrosa el esp\u00edritu. Pues a pesar  de esto, el se\u00f1or de Migajas no era feliz. \u00bfPor qu\u00e9? Porque estaba  enamorado hasta las gachas, como suelo decirse.<\/p>\n<p>S\u00ed, se\u00f1ores, aquel  Pacorrito tan peque\u00f1o y tan feo y tan pobre y tan solo, amaba. \u00a1Ley  inexorable de la vida, que no permite a ning\u00fan ser, cualquiera que sea,  redimirse del desp\u00f3tico yugo de amor!<\/p>\n<p>Amaba nuestro h\u00e9roe con  so\u00f1ador idealismo, libre de todo pensamiento impuro, a veces con  ardoroso fuego que en sus venas pon\u00eda un hervor de todos los demonios.  Su coraz\u00f3n volc\u00e1nico ten\u00eda sensaciones de todas clases para el objeto  amado, ora dulces y plat\u00f3nicas como las de Petrarca, ora arrebatadas  como las de Romeo.<\/p>\n<p>\u00bfY qui\u00e9n hab\u00eda  inspirado a Pacorrito pasi\u00f3n tan terrible? Pues una dama que arrastraba  vestidos de seda y terciopelo con vistosas pieles, una dama de cabellos  rubios, que en bucles descend\u00edan sobre su alabastrino cuello. La tal  sol\u00eda gastar quevedos de oro, y a veces estaba sentada al piano tres  d\u00edas seguidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">III<\/p>\n<p>Sabed c\u00f3mo la conoci\u00f3 Pacorro y qui\u00e9n era aquella celestial hermosura.<\/p>\n<p>Extend\u00eda el chico la  esfera de sus operaciones mercantiles por la mitad de una de las calles  que afluyen a la Puerta del Sol, calle muy concurrida y con hermosas  tiendas, que de d\u00eda ostentan en sus escaparates mil prodigios de la  industria, y por las noches se iluminan con la resplandeciente claridad  del gas. Entre estas tiendas, la m\u00e1s bonita es una que pertenece a un  alem\u00e1n, siempre llena de bagatelas precios\u00edsimas destinadas a grandes y  peque\u00f1os. Es el bazar de la infancia infantil y de la adulta. Por  Carnaval se llena de caretas burlescas; en Semana Santa de figuras  piadosas; hacia Navidad de Nacimientos y \u00e1rboles cargados de juguetes, y  por A\u00f1o Nuevo de magn\u00edficos objetos para regalos.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n fren\u00e9tica de  Pacorrito empez\u00f3 cuando el alem\u00e1n puso en su vitrina una encantadora  colecci\u00f3n de damas vestidas con los ricos trajes que imagina la fantas\u00eda  parisiense. Casi todas ten\u00edan m\u00e1s de media vara de estatura. Sus  rostros eran de fina y purificada cera, y ning\u00fan carm\u00edn de frescas rosas  se igualaba al rubor de sus castas mejillas. Sus azules ojos de vidrio  brillaban inm\u00f3viles con m\u00e1s fulgor que la pupila humana. Sus cabellos,  de suav\u00edsima lana rizada, pod\u00edan compararse, con m\u00e1s raz\u00f3n que los de  muchas damas, a los rayos del sol; y las fresas de Abril, las cerezas de  Mayo y el coral de los hondos mares, parecer\u00edan cosa fea en comparaci\u00f3n  de sus labios rojos.<\/p>\n<p>Eran tan juiciosas que  jam\u00e1s se mov\u00edan de sitio en que las colocaban. S\u00f3lo cruj\u00eda el gozne de  madera de sus rodillas, hombros y codos, cuando el alem\u00e1n las sentaba al  piano, o las hac\u00eda tomar los lentes para mirar a la calle. De resto, no  daban nada que hacer, y jam\u00e1s se les oy\u00f3 decir esta boca es m\u00eda.<\/p>\n<p>Entre ellas hab\u00eda una  \u00a1ay qu\u00e9 hembra! la m\u00e1s hermosa, la m\u00e1s alta, la m\u00e1s simp\u00e1tica, la m\u00e1s  esbelta, la mejor vestida, la m\u00e1s se\u00f1ora. Deb\u00eda de ser mujer de elevada  categor\u00eda, a juzgar por su adem\u00e1n grave y pomposo, y cierto airecillo de  protecci\u00f3n que a maravilla le sentaba.<\/p>\n<p>-\u00a1Gran mujer!- dijo  Pacorrito la primera vez que la vio; y m\u00e1s de una hora estuvo plantado  ante el escaparate, contemplando tan seductora belleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">IV<\/p>\n<p>Nuestro personaje se  hallaba en ese estado particular de exaltaci\u00f3n y desvar\u00edo en que  aparecen los h\u00e9roes de las novelas amatorias. <em>Su cerebro herv\u00eda<\/em>; <em>en su coraz\u00f3n se enroscaban culebras mordedoras<\/em>; <em>su pensamiento era un volc\u00e1n<\/em>; <em>deseaba la muerte<\/em>; <em>aborrec\u00eda la vida<\/em>; <em>hablaba sin cesar consigo mismo<\/em>; <em>miraba<\/em> <em>a la luna<\/em>; <em>se remontaba al quinto cielo<\/em>, etc.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces le  sorprendi\u00f3 la noche en melanc\u00f3lico \u00e9xtasis delante del cristal, olvidado  de todo, hasta de su propio comercio y modo de vivir! no era por cierto  muy desairada la situaci\u00f3n del buen Migajas, quiero decir, que era  hasta cierto punto correspondido en su loca pasi\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n puede medir  la intensidad amorosa de un coraz\u00f3n de estopa o serr\u00edn? El mundo est\u00e1  lleno de misterios. La ciencia es vana y jam\u00e1s llegar\u00e1 a lo \u00edntimo de  las cosas. \u00a1Oh, Dios! \u00bfser\u00e1 posible alg\u00fan d\u00eda demarcar fijamente la  esfera de lo inanimado? \u00bfLo inanimado, d\u00f3nde empieza? Atr\u00e1s los pedantes  que, deteni\u00e9ndose delante de una piedra o de un corcho, le dicen: \u00abT\u00fa  no tienes alma.\u00bb S\u00f3lo Dios sabe cu\u00e1les son las verdaderas dimensiones de  ese Limbo invisible donde yace todo lo que no ama.<\/p>\n<p>Bien seguro estaba  Pacorrito de haber hecho til\u00edn a la dama. \u00c9sta le miraba, y sin moverse  ni pesta\u00f1ear ni abrir la boca, dec\u00edale mil cosas deleitables, ya dulces  como la esperanza, ya tristes como el presentimiento de sucesos  infaustos. Con esto se encend\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s en el coraz\u00f3n del amigo  Migajas la llama que le devoraba, y su atrevidamente conceb\u00eda dram\u00e1ticos  planes de seducci\u00f3n, rapto y aun de matrimonio.<\/p>\n<p>Una noche, el  amartelado gal\u00e1n acudi\u00f3 puntual a la cita. La se\u00f1ora estaba sentada al  piano, las manos suspendidas sobre las teclas y el divino rostro vuelto  hacia la calle. El granuja y ella se miraron. \u00a1Ay! \u00a1Cu\u00e1nto idealismo,  cuanta pasi\u00f3n en aquella mirada! Los suspiros sucedieron a los suspiros,  y las ternezas a las ternezas, hasta que un suceso imprevisto cort\u00f3 el  hilo de tan dulce comunicaci\u00f3n truncando de un golpe la felicidad de los  amantes. Fue como esas s\u00fabitas cat\u00e1strofes que hieren mortalmente los  corazones, originando suicidios, tragedias y otros lamentables casos.<\/p>\n<p>Una mano penetr\u00f3 en el  escaparate, por la parte de la tienda, y cogiendo a la se\u00f1ora por la  cintura se la llev\u00f3 dentro. Al asombro de Migajas sucedi\u00f3 una pena tan  viva que dese\u00f3 morirse en aquel mismo instante. \u00a1Ver desaparecer al  objeto amado, cual si se lo tragara la insaciable tumba, y no poder  detener aquella existencia que se escapa, y no poder seguirla aunque  fuera al mismo infierno! \u00a1Desgracia superior a las fuerzas de un mortal!  Migajas estuvo a punto de caer al suelo; pens\u00f3 en el suicidio; invoc\u00f3 a  Dios y al diablo&#8230;<\/p>\n<p>-\u00a1La han vendido! -murmur\u00f3 sordamente.<\/p>\n<p>Y se arranc\u00f3 los  cabellos, y se ara\u00f1\u00f3 el rostro; y en las pataletas de su desesperaci\u00f3n  se le cayeron al suelo los f\u00f3sforos, los peri\u00f3dicos y los billetes de  Loter\u00eda. \u00a1Intereses del mundo, no val\u00e9is lo que un suspiro!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">V<\/p>\n<p>Repuesto al cabo de su  violenta emoci\u00f3n, el rapaz mir\u00f3 hacia el interior de la tienda, y vio a  unas ni\u00f1as y a dos o tres personas mayores hablando con el alem\u00e1n. Una  de las chicas sosten\u00eda en sus brazos a la dama de los pensamientos de  Migajas. Hubi\u00e9rase lanzado \u00e9ste con \u00edmpetu salvaje dentro del local;  pero se detuvo, temeroso de que viendo su facha estramb\u00f3tica, le  adjudicaran una paliza o le entregasen a una pareja.<\/p>\n<p>Fijo en la puerta,  consideraba los horrores de la trata de blancos, de aquella nefanda  instituci\u00f3n tirolesa, en la cual unos cuantos duros deciden la suerte de  honradas criaturas, entreg\u00e1ndolas a la destructora ferocidad de ni\u00f1os  mal criados. \u00a1Ay! \u00a1Cu\u00e1n miserable le parec\u00eda a Pacorrito la naturaleza  humana!<\/p>\n<p>Los que hab\u00edan comprado  la se\u00f1ora salieron de la tienda y entraron en un coche de lujo. \u00a1C\u00f3mo  re\u00edan los tunantes! Hasta el m\u00e1s peque\u00f1o, que era el m\u00e1s mimoso, se  permit\u00eda tirar de los brazos a la desgraciada mu\u00f1eca, a pesar de tener  \u00e9l para su exclusivo goce variedad de juguetillos propios de su edad.  Las personas mayores tambi\u00e9n parec\u00edan muy satisfechas de la adquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras el lacayo  recib\u00eda \u00f3rdenes, Pacorrito, que era hombre de resoluciones heroicas y  audaces, concibi\u00f3 la idea de colgarse a la zaga del coche. As\u00ed lo hizo,  con la agilidad cuadrumana que emplean los granujas cuando quieren  pasear en carruaje de un cabo a otro de la Villa.<\/p>\n<p>Alargando el hocico  hacia la derecha, ve\u00eda asomar por la portezuela uno de los brazos de la  dama sacrificada al vil metal. Aquel brazo r\u00edgido y aquel pu\u00f1o de rosa  hablaban en\u00e9rgico lenguaje a la imaginaci\u00f3n de Migajas, que en medio del  estr\u00e9pito de las ruedas o\u00eda estas palabras:<\/p>\n<p>-\u00a1S\u00e1lvame, Pacorrito m\u00edo, s\u00e1lvame!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">VI<\/p>\n<p>En el p\u00f3rtico de la  casa grande donde se detuvo el coche, cesaron las ilusiones del granuja,  porque un criado le dijo que si manchaba el piso con sus pies  enlodados, le romper\u00eda el espinazo. Ante esta abrumadora raz\u00f3n, Migajas  se retir\u00f3, lleno el coraz\u00f3n de un ardiente anhelo de venganza.<\/p>\n<p>Su fogoso temperamento  le impulsaba a seguir adelante, arroj\u00e1ndose en brazos de la fortuna y en  las tinieblas de lo imprevisto. Su alma se adaptaba a las ruidosas y  dram\u00e1ticas aventuras. \u00bfQu\u00e9 hizo el muy pillo? Pues concertarse con los  que iban a recoger la basura a la casa donde estaba en esclavitud su  adorada, y por tal medio, que podr\u00e1 no ser po\u00e9tico, pero que revela  agudeza de ingenio y un coraz\u00f3n como la copa de un pino, Migajas se  introdujo en el palacio.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo le palpitaba el coraz\u00f3n cuando sub\u00eda y penetraba en la cocina! La idea de estar cerca de <em>ella<\/em> le confund\u00eda de tal suerte, que m\u00e1s de una vez se le cay\u00f3 la espuerta  de la mano, derram\u00e1ndose en la escalera. Pero de ning\u00fan modo pod\u00eda  saciar la ardiente sed de sus ojos, que anhelaban ver a la hermosa dama.  Sinti\u00f3 lejanos chillidos de ni\u00f1os juguetones, pero nada m\u00e1s. La gran  se\u00f1ora por ninguna parte aparec\u00eda.<\/p>\n<p>Los criados de la casa,  vi\u00e9ndole tan peque\u00f1o y tan feo, le hac\u00edan mil burlas; mas uno de ellos,  que era algo compasivo, le daba golosinas. Una ma\u00f1ana muy fr\u00eda, el  cocinero ya fuese por l\u00e1stima, ya por maldad, lo dio a beber de un vino  \u00e1spero y pic\u00f3n como demonios. El granuja sinti\u00f3 dulc\u00edsimo calor en todo  el cuerpo y un vapor ardiente que a la cabeza le sub\u00eda. Sus piernas  flaqueaban, sus brazos desmayados ca\u00edan con abandono voluptuoso. Del  pecho le brotaba una risa juguetona, que iba afluyendo de su boca, cual  arroyo sin fin, y Pacorrito re\u00eda y se agarraba con ambas manos a la  pared para no caer.<\/p>\n<p>Un puntapi\u00e9 vigoroso,  aplicado en semejante parte, modific\u00f3 un tanto la risa, y puesta la mano  en la parte dolorida, Pacorrito sali\u00f3 de la cocina. Su cabeza segu\u00eda  trastornada. \u00c9l no sab\u00eda a d\u00f3nde le conduc\u00edan sus pasos. Corri\u00f3  tambale\u00e1ndose y riendo de nuevo; pis\u00f3 fr\u00edos ladrillos, y despu\u00e9s suave  entarimado, y luego tibias alfombras.<\/p>\n<p>De repente sus ojos se  detuvieron en un objeto que en el suelo yac\u00eda. \u00a1Cielos!&#8230; Migajas  exhal\u00f3 un rugido de dolor, y cay\u00f3 de rodillas.<\/p>\n<p>All\u00ed, tendida como un  cad\u00e1ver, los vestidos rasgados y en desorden, partida la frente  alabastrina, roto uno de los brazos, desgre\u00f1ado el pelo, estaba la  se\u00f1ora de sus pensamientos. \u00a1Lastimoso cuadro que part\u00eda el coraz\u00f3n!<\/p>\n<p>Nuestro h\u00e9roe, durante  un rato, no pudo articular palabra. La voz se ahogaba en su garganta.  Estrech\u00f3 contra su coraz\u00f3n aquel fr\u00edo cuerpo inanimado, cubri\u00e9ndolo de  besos ardientes. La se\u00f1ora ten\u00eda abiertos los ojos, y miraba con  melanc\u00f3lica dulzura a su fiel adorador. A pesar de sus horribles heridas  y del lastimoso estado de su cuerpo, la noble dama viv\u00eda. Pacorrito lo  conoci\u00f3 en la luz singular de sus quietos ojos azules, que desped\u00edan  llamaradas de amor y gratitud.<\/p>\n<p>-Se\u00f1ora, \u00bfqui\u00e9n os trajo a tan triste estado? -exclam\u00f3 en tono pat\u00e9tico, angustioso.<\/p>\n<p>Pero pronto, al dolor agud\u00edsimo sucedi\u00f3 la ira, y Pacorrito pens\u00f3 tomar venganza de aquel descomunal agravio.<\/p>\n<p>Como en el mismo  instante sintiera pasos, carg\u00f3 en sus brazos a la gentil dama echando a  correr con ella fuera de la casa. Baj\u00f3 la escalera, atraves\u00f3 el patio,  sali\u00f3 a la calle con tanta velocidad, que no se pod\u00eda decir que corr\u00eda,  sino que volaba. Su carrera era como la del p\u00e1jaro que al robar un  grano, oye el tiro del cazador, y sinti\u00e9ndose ileso, quiere poner entre  su persona y la escopeta toda la distancia posible.<\/p>\n<p>Corri\u00f3 por una, dos,  tres, diez calles, hasta que, crey\u00e9ndose bastante lejos, descans\u00f3,  poniendo sobre sus rodillas el precioso objeto de su insensato amor.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>Vino la noche, y  Pacorrito vio con placer las dulces sombras que envolv\u00edan el atrevido  rapto, protegiendo sus honestos. Examinando atentamente las heridas del  descalabrado cuerpo de su adorada, observ\u00f3 que no eran de gravedad,  aunque por los agujeros del cr\u00e1neo se le ver\u00edan los sesos si los  tuviera, y toda la estopa, del coraz\u00f3n se sal\u00eda a borbotones por  diferentes heridas. El traje estaba hecho girones, y parte de la  cabellera se hab\u00eda quedado en el camino durante la veloz corrida.  Inund\u00f3sele el alma de pena al considerar que carec\u00eda de fondos para  hacer frente a situaci\u00f3n tan apurada. Con el abandono de su comercio se  le hab\u00edan vaciado los bolsillos, y una mujer amada, mayormente si no  est\u00e1 bien de salud, es fuente inagotable de gastos. Migajas se tent\u00f3  aquella parte de su andrajosa ropa donde sol\u00eda tener la calderilla, y no  hall\u00f3 ni tampoco un triste chavo.<\/p>\n<p>\u00abAhora -pens\u00f3- ahora  necesitar\u00e9 casa, cama, la mar de m\u00e9dicos y cirujanos, modista, mucha  comida, un buen fuego&#8230; y nada, tengo.<\/p>\n<p>Pero como estaba tan fatigado, recost\u00f3 la cabeza sobre el cuerpo de su \u00eddolo y se durmi\u00f3 como un \u00e1ngel.<\/p>\n<p>Entonces, \u00a1oh prodigio!  la se\u00f1ora se fue reanimando, y lev\u00e1ntandose al fin, mostr\u00f3 a Pacorrito  su risue\u00f1o semblante, su noble frente sin ninguna herida, su cuerpo  esbelto sin la m\u00e1s leve rotura, su vestido completo y limpio, su  cabellera rizosa y perfumada, su sombrero coquet\u00f3n, que adornaban  diminutas flores; en suma, se mostr\u00f3 perfecta y acabadamente hermosa,  tal como la conoci\u00f3 el muchacho en la vitrina.<\/p>\n<p>\u00a1Ay! Migajas se qued\u00f3  deslumbrado, at\u00f3nito, suspenso, sin habla. P\u00fasose de rodillas y ador\u00e9 a  la se\u00f1ora como a una divinidad. Entonces, ella tom\u00f3 la mano al granuja, y  con voz entera, m\u00e1s dulce que el canto de los ruise\u00f1ores, le dijo:<\/p>\n<p>\u00abPacorrito, s\u00edgueme,  ven conmigo. Quiero demostrarte mi agradecimiento y el sublime amor que  has sabido inspirarme. Has sido constante, leal, generoso y heroico,  porque me has salvado del poder de aquellos v\u00e1ndalos que me  martirizaban. Mereces mi coraz\u00f3n y mi mano. Ven, s\u00edgueme y no seas bobo,  ni te creas inferior a m\u00ed porque est\u00e1s vestido de pingos.<\/p>\n<p>Observ\u00f3 Migajas la deslumbradora apostura de la dama, el lujo con que vest\u00eda, y lleno de pena exclamo:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ora, \u00bfa d\u00f3nde he de ir yo con esta facha?<\/p>\n<p>La hermosa dama no contest\u00f3, y tirando de la mano a Pacorrito, le llev\u00f3 por misteriosa regi\u00f3n de sombras.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">VIII<\/p>\n<p>El granuja vio al cabo  una gran sala iluminada y llena de preciosidades, cuya forma no pudo  precisar bien en el primer momento. Al poco rato, comenz\u00f3 a percibir con  claridad mil figurillas diversas, como las que poblaban la tienda donde  hab\u00eda conocido a su adorada. Lo que m\u00e1s llam\u00f3 su atenci\u00f3n fue ver que  salieron a recibirles, luciendo sus flamantes vestidos, todas las damas  que acompa\u00f1aban en el escaparate a la gran se\u00f1ora.<\/p>\n<p>La cual contest\u00f3 con  una grave y ceremoniosa cortes\u00eda a los saludos de todas ellas. Parec\u00eda  ser de superior condici\u00f3n, algo como princesa, reina o emperatriz. Su  gesto soberano y su gallardo continente sin altaner\u00eda, revelaban dominio  sobre las dem\u00e1s. Al instante present\u00f3 a Pacorrito. \u00c9ste se qued\u00f3 todo  turbado y m\u00e1s rojo que una amapola cuando la Princesa, tom\u00e1ndolo de la  mano, dijo:<\/p>\n<p>\u00abPresento a ustedes al Sr. D. Pacorro de las Migajas, que viene a honrarnos esta noche.<\/p>\n<p>Al pobre chico se le  cayeron las alas del coraz\u00f3n cuando observ\u00f3 el desmedido lujo que all\u00ed  reinaba, compar\u00e1ndolo con su pobreza, sus pies desnudos, sus calzones  sujetos con un tirante y su chaqueta cortada por los codos.<\/p>\n<p>\u00abYa adivino lo que  piensas -manifest\u00f3 la Princesa con disimulo.- Tu traje no es el m\u00e1s  conveniente para una fiesta como la de esta noche. En rigor de verdad,  no est\u00e1s presentable.\u00bb<\/p>\n<p>-Se\u00f1ora, mi p\u00edcaro  sastre -murmur\u00f3 Pacorrito, creyendo que una mentirilla pondr\u00eda a salvo  su decoro,- no me ha acabado la condenada ropa.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed te vestiremos -indic\u00f3 la noble dama.<\/p>\n<p>Los lacayos de aquella  extra\u00f1a mansi\u00f3n eran monos peque\u00f1os y gracios\u00edsimos. De pajes hac\u00edan  unos loros diminutos, de esos que llaman <em>Pericos<\/em>, y varias pajaritas de papel. \u00c9stas no se apartaban un momento de la se\u00f1ora.<\/p>\n<p>La servidumbre se ocup\u00f3  al punto de arreglar un poco la desgraciada figura del buen Migajas.  Con unas fosforeras doradas y muy monas en forma de zapatos le calzaron  al momento. Por gorguera le pusieron medio farolillo de papel encarnado,  y de una jardinera de mimbres hici\u00e9ronle una especie de sombrerete,  pastoril, con graciosas flores adornado. Al cuello le colgaron a modo de  condecoraciones, la chapa de un kepis elegant\u00edsimo, una fosforera  redonda que parec\u00eda reloj y el tap\u00f3n de cristal de un frasquito de  esencias. Las pajaritas tuvieron la buena ocurrencia de ponerle en la  cintura, a guisa de espada o daga, una lujosa plegadera de marfil. Con  estas y otras invenciones para ocultar sus haraposos vestidos, el  vendedor de peri\u00f3dicos qued\u00f3 tan guapo que no parec\u00eda el mismo. Mucho se  vanaglori\u00f3 de su persona cuando le pusieron ante el espejo de un  estuche de costura para que se mirase. Estaba el chico deslumbrador.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">IX<\/p>\n<p>En seguida principi\u00f3 el baile. Varios canarios cantaban en sus jaulas \u00ab<em>walses<\/em>\u00bb  y habaneras, y las cajas de m\u00fasica tocaban solas, as\u00ed como los  clarinetes y cornetines, que se mov\u00edan a s\u00ed mismos sus llaves con gran  destreza. Los violines tambi\u00e9n se las compon\u00edan de un modo extra\u00f1o para  pulsarse a s\u00ed propios sus cuerdas, y las trompetas se soplaban unas a  otras. La m\u00fasica era un poco discordante; pero Migajas, en la exaltaci\u00f3n  de su esp\u00edritu, la hallaba encantadora.<\/p>\n<p>No es necesario decir  que la Princesa bail\u00f3 con nuestro h\u00e9roe. Las otras damas ten\u00edan por  pareja a militares de alta graduaci\u00f3n, o a soberanos que hab\u00edan dejado  sus caballos a la puerta. Entre aquellas figuras interesant\u00edsimas se  ve\u00eda a Bismarck, al Emperador de Alemania, a Napole\u00f3n y a otros grandes  hombres. Migajas no cab\u00eda en su pellejo de puro orgulloso.<\/p>\n<p>Pintar las emociones de su alma cuando se lanzaba a las vertiginosas curvas del \u00ab<em>wals<\/em>\u00bb  con su amada en brazos, fuera imposible. La dulce respiraci\u00f3n de la  Princesa, y sus cabellos de oro acariciaban blandamente la cara de  Pacorrito, haci\u00e9ndole cosquillas y caus\u00e1ndole cierta embriaguez. La  mirada amorosa de la gentil dama o un suave quejido de cansancio  acababan de enloquecerle.<\/p>\n<p>En lo mejor del baile,  los monos anunciaron que la cena estaba servida, y al punto se  desconcert\u00f3 el cotarro. Ya nadie pens\u00f3 m\u00e1s que en comer, y al bueno de  Migajas se le alegraron los esp\u00edritus, porque, sin perjuicio de la  espiritualidad de su amor, ten\u00eda un hambre de mil demonios.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">X<\/p>\n<p>El comedor era precioso  y la mesa magn\u00edfica; las vajillas y toda la loza de lo mejor que se ha  fabricado para mu\u00f1ecas, y multitud de ramilletes esparc\u00edan su fragancia y  mostraban sus colores en peque\u00f1os b\u00facaros, en hueveras, y algunos en  dedales.<\/p>\n<p>Pacorrito ocup\u00f3 el  asiento a la derecha de la Princesa. Empezaron a comer. Serv\u00edan los  pericos y las pajaritas tan bien y con tanta precisi\u00f3n como los soldados  que maniobran en una parada a la orden de su general. Los platos eran  exquisitos, y todos crudos o fiambres. Si la comida no disgust\u00f3 a  Migajas al comenzar, pronto empez\u00f3 a producirle cierto empacho, aun  antes de haber tragado como un buitre. Compon\u00edan el fest\u00edn pedacitos de  mazap\u00e1n, pavos m\u00e1s chicos que p\u00e1jaros y que se engull\u00edan de un solo  bocado, filetes y besugos como almendras, un rico principio de ca\u00f1amones  y un pastel de alpiste <em>a la canaria<\/em>, alb\u00f3ndigas de miga de pan <em>a la perdigona<\/em>,  fricas\u00e9 de ojos de fais\u00e1n en salsa de moras silvestres, ensalada de  musgo, dulces riqu\u00edsimos y frutas de todas clases, que los pericos  hab\u00edan cosechado en un tapiz donde estaban bordadas, siendo los melones  como uvas y las uvas como lentejas.<\/p>\n<p>Durante la comida,  todos charlaban por los codos, excepto Pacorrito, que por ser muy corto  de genio no desplegaba sus labios. La presencia de aquellos personajes  de uniforme y entorchados le ten\u00eda perplejo, y se asombraba mucho de ver  tan charlatanes y retozones a los que en el escaparate estaban tiesos y  mudos cual si fuesen de barro.<\/p>\n<p>Principalmente el  llamado Bismarck no paraba. Dec\u00eda mil chirigotas, daba manotadas sobre  la mesa, y arrojaba a la Princesa bolitas de pan. Mov\u00eda sus brazos como  atolondrado, cual si los goznes de \u00e9stos tuviese un hilo, y oculta mano  tirase de \u00e9l por debajo de la mesa.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1C\u00f3mo me estoy  divirtiendo! -dec\u00eda el canciller. -Querida Princesa, cuando uno se pasa  la vida adornando una chimenea, entre un reloj, una figura de bronce y  un tiesto de begonia, estas fiestas le rejuvenecen y le dan alegr\u00eda para  todo el a\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>-\u00a1Ay! dichosos mil  veces -dijo la se\u00f1ora con melanc\u00f3lico acento- los que no tienen otro  oficio que adornar chimeneas y entredoses. \u00c9sos se aburren, pero no  padecen como nosotras, que vivimos en continuo martirio, destinadas a  servir de juguete a los hombres chicos. No podr\u00e9 pintar a usted, se\u00f1or  de Bismarck, lo que se sufre cuando uno nos tira del brazo derecho, otro  del izquierdo, cuando \u00e9ste nos rompe la cabeza y aqu\u00e9l nos descuartiza,  o nos pone de remojo, o nos abre en canal para ver lo que tenemos  dentro del cuerpo.<\/p>\n<p>-Ya lo supongo -contest\u00f3 el canciller abriendo los brazos y cerr\u00e1ndolos repetidas veces.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, desgraciados, desgraciados! -exclamaron en coro los Emperadores, Espartero y dem\u00e1s personajes.<\/p>\n<p>Y menos desgraciada yo  -a\u00f1adi\u00f3 la dama-, que encontr\u00e9 un protector y amigo en el valeroso y  constante Migajas, que supo librarme del b\u00e1rbaro suplicio.<\/p>\n<p>Pacorro se puso colorado hasta la ra\u00edz del pelo.<\/p>\n<p>-Valeroso y constante- repitieron a una las mu\u00f1ecas todas, en tono de admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Por eso -continu\u00f3 la  Princesa- esta noche, en que nuestro Genio Creador nos permite reunirnos  para celebrar el primer d\u00eda del a\u00f1o, he querido obsequiarlo, tray\u00e9ndole  conmigo, y d\u00e1ndole mi mano de esposa, en se\u00f1al de alianza y  reconciliaci\u00f3n entre el linaje mu\u00f1equil y los ni\u00f1os juiciosos y  compasivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">XI<\/p>\n<p>Cuando esto dec\u00eda, el  se\u00f1or de Bismarck miraba a Pacorrito con expresi\u00f3n de burla tan picante y  maligna, que nuestro insigne h\u00e9roe se llen\u00f3 de coraje. En el mismo  instante, el tuno del canciller dispar\u00f3 una bolita de pan con tanta  punter\u00eda que por poco deja ciego a Migajas. Pero \u00e9ste, como era tan  prudente y el prototipo de la circunspecci\u00f3n, call\u00f3 y disimul\u00f3.<\/p>\n<p>La Princesa le dirig\u00eda miradas de amor y gratitud.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1C\u00f3mo me estoy  divirtiendo! -repiti\u00f3 Bismarck dando palmadas con sus manos de madera.-  Mientras llega la hora de volver junto al reloj y de o\u00edr su incesante  tic-tac, divirt\u00e1monos, embriagu\u00e9monos, seamos felices. Si el caballero  Pacorrito quisiera pregonar <em>La Correspondencia<\/em>, nos reir\u00edamos un rato.\u00bb<\/p>\n<p>-El se\u00f1or de Migajas-  dijo la Princesa mir\u00e1ndole con benevolencia-, no ha venido aqu\u00ed a  divertirnos. Eso no quita que lo oigamos con gusto pregonar <em>La Correspondencia<\/em> y los f\u00f3sforos, si quiere hacerlo.<\/p>\n<p>Hallaba el granuja esta  proposici\u00f3n tan contraria a su dignidad y decoro, que se llen\u00f3 de  aflicci\u00f3n y no supo qu\u00e9 contestar a su adorada.<\/p>\n<p>-\u00a1Que baile! -grit\u00f3 el  canciller con desparpajo-, que baile encima de la mesa. Y si no lo  quiere hacer, pido que se le quiten los adornos que se le han puesto,  dej\u00e1ndole cubierto de andrajos y descalzo, como cuando entr\u00f3 aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Migajas sinti\u00f3 que aflu\u00eda toda su sangre al coraz\u00f3n. Su c\u00f3lera impetuosa no le permiti\u00f3 pronunciar una sola s\u00edlaba.<\/p>\n<p>No se\u00e1is cruel, mi  querido Pr\u00edncipe, -dijo la se\u00f1ora sonriendo.- Por lo dem\u00e1s, yo espero  quitarle al buen Migajas esos humos que est\u00e1 echando.<\/p>\n<p>Una carcajada general  acogi\u00f3 estas palabras, y all\u00ed eran de ver todas las mu\u00f1ecas, y los m\u00e1s  c\u00e9lebres generales y emperadores del mundo, d\u00e1ndose simult\u00e1neamente  cachiporrazos en la cabeza como las figuras de Guignol.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Que baile! \u00a1Que pregone <em>La Correspondencia<\/em>! -clamaron todos.\u00bb<\/p>\n<p>Migajas se sinti\u00f3  desfallecer. Era en \u00e9l tan poderoso el sentimiento de la dignidad, que  antes muriera que pasar por la degradaci\u00f3n que se le propon\u00eda. Iba a  contestar, cuando el maligno canciller tom\u00f3 una paja larga y fina,  sacada al parecer de una cestilla de labores, y mojando la punta en  saliva se la meti\u00f3 por una oreja a Pacorrito con tanta presteza, que  \u00e9ste no se enter\u00f3 de la grosera familiaridad hasta que hubo  experimentado la sacudida nerviosa que tales chanzas ocasionan.<\/p>\n<p>Ciego de furor, ech\u00f3  mano al cinto y blandi\u00f3 la plegadera. Las damas prorrumpieron en gritos y  la Princesa se desmay\u00f3. Pero no aplacado con esto el fiero Migajas,  sino, por el contrario, m\u00e1s rabioso, arremeti\u00f3 contra los insolentes, y  empez\u00f3 a repartir estacazos a diestra y siniestra, rompiendo cabezas que  era un primor. O\u00edanse alaridos, ternos, amenazas: hasta los pericos  graznaban, y las pajaritas mov\u00edan sus colas de papel en se\u00f1al de p\u00e1nico.<\/p>\n<p>Un momento despu\u00e9s,  nadie se burlaba del bravo Migajas. El canciller andaba recogiendo del  suelo sus dos brazos y sus dos piernas (caso raro que no puede  explicarse), y todos los emperadores se hablan quedado sin nariz. Poco a  poco, con saliva y cierta destreza ing\u00e9nita se iban curando todos los  desperfectos; que esta ventaja tiene la cirug\u00eda mu\u00f1equil. La Princesa,  repuesta de su desmayo con las esencias que en un casco de avellana la  trajeron sus pajes, llam\u00f3 aparte al granuja, y llev\u00e1ndole a su camar\u00edn  reservado, le habl\u00f3 a solas de esta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">XII<\/p>\n<p>\u00ab\u00cdnclito Migajas, lo  que acabas de hacer, lejos de amenguar el amor que puse en ti, lo  aumenta, porque me has probado tu valor ind\u00f3mito, triunfando con  facilidad de toda esa caterva de mu\u00f1ecos bufones, la peor casta de seres  que conozco. Movida por los dulces afectos que me impulsan hacia ti, te  propongo ahora solemnemente que seas mi esposo, sin p\u00e9rdida de tiempo.\u00bb<\/p>\n<p>Pacorrito cay\u00f3 de rodillas.<\/p>\n<p>\u00abCuando nos casemos  -continu\u00f3 la se\u00f1ora-, no habr\u00e1 uno solo de esos emperadorcillos y  cancilleretes que no te acate y reverencie como a m\u00ed misma, porque has  de saber que yo soy la Reina de todos los que en aquesta parte del mundo  existen, y mis t\u00edtulos no son usurpados, sino transmitidos por la  divina Ley mu\u00f1equil que estableciera el Supremo Genio que nos cre\u00f3 y nos  gobierna.\u00bb<\/p>\n<p>-Se\u00f1ora, se\u00f1ora m\u00eda -dijo, o quiso decir Migajas-; mi dicha es tanta que no puedo expresarla.<\/p>\n<p>-Pues bien -manifest\u00f3  la se\u00f1ora con majestad.- Puesto que quieres ser mi esposo, y por  consiguiente, Pr\u00edncipe y se\u00f1or de estos monigotiles reinos, debo  advertirte que para ello es necesario que renuncies a tu personalidad  humana.<\/p>\n<p>-No comprendo lo que quiere decir Vuestra Alteza.<\/p>\n<p>-T\u00fa perteneces al  linaje humano, yo no. Siendo distintas nuestras naturalezas, no podemos  unirnos. Es preciso que t\u00fa cambies la tuya por la m\u00eda, lo cual puedes  hacer f\u00e1cilmente con s\u00f3lo quererlo. Resp\u00f3ndeme pues. Pacorrito Migajas,  hijo del hombre, \u00bfquieres ser mu\u00f1eco?<\/p>\n<p>La singularidad de esta pregunta tuvo en suspenso al granuja durante breve rato.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 es eso de ser mu\u00f1eco? -pregunt\u00f3 al fin.<\/p>\n<p>-Ser como yo. La  naturaleza nuestra es quiz\u00e1s m\u00e1s perfecta que la humana. Nosotros  carecemos de vida, aparentemente; pero la tenemos grande en nosotros  mismos. Para los imperfectos sentidos de los hombres, carecemos de  movimiento, de afectos y de palabra; pero no es as\u00ed. Ya ves c\u00f3mo nos  movemos, c\u00f3mo sentimos y c\u00f3mo hablamos. Nuestro destino no es, en  verdad, muy lisonjero por ahora, porque servimos para entretener a los  ni\u00f1os de tu linaje, y aun a los hombres del mismo; pero en cambio de  esta desventaja, somos eternos.<\/p>\n<p>\u00a1Eternos!<\/p>\n<p>-S\u00ed, nosotros vivimos  eternamente. Si nos rompen esos crueles chiquillos, renacemos de nuestra  destrucci\u00f3n y tornamos a vivir, describiendo sin cesar un tenebroso  c\u00edrculo desde la tienda a las manos de los ni\u00f1os, y de las manos de los  ni\u00f1os a la f\u00e1brica tirolesa, y de la f\u00e1brica a la tienda, por los siglos  de los siglos.<\/p>\n<p>-\u00a1Por los siglos de los siglos!- repiti\u00f3 Migajas absorto.<\/p>\n<p>-Pasamos mal\u00edsimos  ratos, eso s\u00ed -a\u00f1adi\u00f3 la se\u00f1ora-; pero en cambio no conocemos el morir, y  nuestro Genio Creador nos permite reunirnos en ciertas festividades  para celebrar las glorias de la estirpe, tal como lo hacemos esta noche.  No podemos evadir ninguna de las leyes de nuestra naturaleza; no nos es  dado pasar al reino humano, a pesar de que a los hombres se les permite  venir al nuestro, convirti\u00e9ndose en monigotes netos.<\/p>\n<p>-\u00a1Cosa m\u00e1s particular!- exclam\u00f3 Migajas lleno de asombro.<\/p>\n<p>-Ya sabes todo lo  necesario para la iniciaci\u00f3n mu\u00f1equillesca. Nuestros dogmas son muy  sencillos. Ahora med\u00edtalo y respondo a mi pregunta: \u00bfquieres ser mu\u00f1eco?<\/p>\n<p>La Princesa ten\u00eda unos desplantes de sacerdotisa antigua, que cautivaron m\u00e1s a Pacorrito.<\/p>\n<p>-Quiero ser mu\u00f1eco -afirm\u00f3 el granuja con aplomo.<\/p>\n<p>Y al punto la Princesa  traz\u00f3 unos endiablados signos en el espacio, pronunciando palabrotas que  Pacorro no sabia si eran lat\u00edn, chino o caldeo, pero que de seguro  ser\u00edan tirol\u00e9s. Despu\u00e9s la dama dio un estrecho abrazo al bravo Migajas,  y le dijo:<\/p>\n<p>-Ahora, ya eres mi  esposo. Yo tengo poder para casar, as\u00ed como lo tengo para recibir  ne\u00f3fitos en nuestra gran Ley. Amado Principillo m\u00edo, bendito seas por  los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>Toda la corte de figurillas entr\u00f3 de repente, cantando con m\u00fasica de canarios y ruise\u00f1ores: \u00abPor los siglos de los siglos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">XIII<\/p>\n<p>Discurrieron por los salones en parejas. Migajas daba el brazo a su consorte.<\/p>\n<p>-\u00a1Es l\u00e1stima -dijo \u00e9sta-, que nuestras horas de placer sean tan breves! Pronto tendremos que volver a nuestros puestos.<\/p>\n<p>El Seren\u00edsimo Migajas  experimentaba, desde el instante de su trasformaci\u00f3n, sensaciones  peregrinas. La m\u00e1s extra\u00f1a era haber perdido por completo el sentido del  paladar y la noci\u00f3n del alimento. Todo lo que hab\u00eda comido era para \u00e9l  como si su est\u00f3mago fuese una cesta o una caja y hubiera encerrado en  ella mil manjares de cart\u00f3n que ni se diger\u00edan, ni alimentaban, ni  ten\u00edan peso, sustancia, ni gusto.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, no se sent\u00eda  due\u00f1o de sus movimientos, y ten\u00eda que andar con cierto comp\u00e1s dif\u00edcil.  Notaba en su cuerpo una gran dureza, como si todo en \u00e9l fuese hueso,  madera o barro. Al tentarse, su persona sonaba a porcelana. Hasta la  ropa era dura, y nada diferente del cuerpo.<\/p>\n<p>Cuando, solo ya con su  mujercita, la estrech\u00f3 entre sus brazos, no experiment\u00f3 sensaci\u00f3n alguna  de placer divino ni humano, sino el choque \u00e1spero de dos cuerpos duros y  fr\u00edos. Besola en las mejillas y las encontr\u00f3 heladas. En vano su  esp\u00edritu, sediento de goces, llamaba con furor a la naturaleza. La  naturaleza en \u00e9l era cosa de cacharrer\u00eda. Sinti\u00f3 palpitar su coraz\u00f3n  como una m\u00e1quina de reloj. Sus pensamientos subsist\u00edan, pero todo lo  restante era insensible materia.<\/p>\n<p>La Princesa se mostraba muy complacida.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 tienes, amor m\u00edo? -pregunt\u00f3 a Pacorrito viendo su expresi\u00f3n de desconsuelo.\u00bb<\/p>\n<p>-Me aburro soberanamente, chica -dijo el gal\u00e1n, adquiriendo confianza.<\/p>\n<p>-Ya te ir\u00e1s acostumbrando. \u00a1Oh, deliciosos instantes! Si durarais mucho, no podr\u00edamos vivir.<\/p>\n<p>-\u00a1A esto llama delicioso tu Alteza! -exclam\u00f3 Migajas. -\u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 frialdad, qu\u00e9 dureza, qu\u00e9 vac\u00edo, qu\u00e9 rigidez!<\/p>\n<p>Tienes a\u00fan los resabios  humanos, y el vicio de los estragados sentidos del hombre. Pacorrito,  modera tus arrebatos o trastornar\u00e1s con tu mal ejemplo a todo el  mu\u00f1equismo viviente.<\/p>\n<p>\u00a1Vida, vida, sangre,  calor, pellejo! -grit\u00f3 Migajas con desesperaci\u00f3n, agit\u00e1ndose como un  insensato. -\u00bfQu\u00e9 es esto que pasa en m\u00ed?<\/p>\n<p>La Princesa le estrech\u00f3 en sus brazos, y bes\u00e1ndolo con sus rojos labios de cora, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abEres m\u00edo, m\u00edo por los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>En aquel instante oyose gran bulla y muchas voces que dec\u00edan: \u00ab\u00a1La hora, la hora!\u00bb<\/p>\n<p>Doce campanadas  saludaron la entrada del A\u00f1o Nuevo. Todo desapareci\u00f3 de s\u00fabito a los  ojos de Pacorrito: Princesa, palacio, mu\u00f1ecos, emperadores, y se qued\u00f3  solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">XIV<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 solo y en obscuridad profunda.<\/p>\n<p>Quiso gritar y no ten\u00eda voz. Quiso moverse y carec\u00eda de movimiento. Era piedra.<\/p>\n<p>Lleno de congoja  esper\u00f3. Vino por fin el d\u00eda, y entonces Pacorrito se vio en su antigua  forma; pero todo de un color, y al parecer de una misma materia, cara,  brazos, ropa, cabello y hasta los peri\u00f3dicos que en la mano ten\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abYa no me queda duda -exclam\u00f3 llorando por dentro.- Soy mismamente como un ladrillo.\u00bb<\/p>\n<p>Vio que frente a \u00e9l  hab\u00eda un gran cristal con algunas letras del rev\u00e9s. A un lado, multitud  de figurillas y objetos de capricho le acompa\u00f1aban.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Estoy en el escaparate!&#8230; \u00a1Horror!\u00bb<\/p>\n<p>Un mozo le tom\u00f3 cuidadosamente en la mano, y despu\u00e9s de limpiarle el polvo, volvi\u00f3 a ponerle en su sitio.<\/p>\n<p>Su Alteza Seren\u00edsima vio que en el pedestal donde estaba colocado, hab\u00eda una tarjeta con esta cifra: <em>240 reales<\/em>.<\/p>\n<p>\u00abDios m\u00edo, es un tesoro lo que valgo. Esto al menos le consuela a uno.\u00bb<\/p>\n<p>Y la gente se deten\u00eda  por la parte afuera del cristal, para ver la graciosa escultura de barro  amarillo representando un vendedor de peri\u00f3dicos y cerillas. Todos  alababan la destreza del artista, todos se re\u00edan observando la chusca  fisonom\u00eda y la chabacana figura del gran Migajas, mientras \u00e9ste, en lo  \u00edntimo de su insensible barro, no cesaba de exclamar con angustia:<\/p>\n<p>\u00a1Mu\u00f1eco, mu\u00f1eco, por los siglos de los siglos!<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n<p>Enero de 1879.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Pacorrito Migajas era un gran personaje. Alzaba del suelo poco m\u00e1s de tres cuartas, y su edad apenas pasaba&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11298,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,32],"tags":[],"class_list":["post-1102","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"I Pacorrito Migajas era un gran personaje. Alzaba del suelo poco m\u00e1s de tres cuartas, y su edad apenas pasaba&#046;&#046;&#046;\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2012-12-23T08:38:10+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"630\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Benito\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Benito\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"33 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/\",\"name\":\"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"datePublished\":\"2012-12-23T08:38:10+00:00\",\"dateModified\":\"2012-12-23T08:38:10+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage\",\"url\":\"\",\"contentUrl\":\"\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879)\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"description\":\"\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\",\"name\":\"Benito\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Benito\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/batallitas.es\/galdos\"],\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","og_description":"I Pacorrito Migajas era un gran personaje. Alzaba del suelo poco m\u00e1s de tres cuartas, y su edad apenas pasaba&#46;&#46;&#46;","og_url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/","og_site_name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","article_published_time":"2012-12-23T08:38:10+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":630,"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Benito","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"Benito","Tiempo de lectura":"33 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/","name":"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","isPartOf":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","datePublished":"2012-12-23T08:38:10+00:00","dateModified":"2012-12-23T08:38:10+00:00","author":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#primaryimage","url":"","contentUrl":""},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-la-princesa-y-el-granuja-de-benito-perez-galdos-1879\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"[Cuento] La princesa y el granuja, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1879)"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/","name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","description":"","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25","name":"Benito","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","caption":"Benito"},"sameAs":["https:\/\/batallitas.es\/galdos"],"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1102"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1102\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}