{"id":1105,"date":"2012-12-28T21:05:06","date_gmt":"2012-12-28T21:05:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=1105"},"modified":"2012-12-28T21:05:06","modified_gmt":"2012-12-28T21:05:06","slug":"cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/","title":{"rendered":"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo I&nbsp;: En el jard\u00edn<\/h2>\n<p>Mayo se enojar\u00e1, lo s\u00e9; pero rindiendo culto  a la verdad, es preciso dec\u00edrselo en sus barbas. S\u00ed, el imperio de las  flores en nuestro clima, no le corresponde.<\/p>\n<p>\u00a1Tunante! \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n de \u00e9l en la otra vida las almas de aquellas  pobrecitas a quienes dej\u00f3 morir de fr\u00edo despu\u00e9s de abrasarlas con  importunos calores? En cambio, Junio, si alguna vez las calienta con  demasiado celo (porque es algo brusco, llanote y toma muy a pechos sus  obligaciones), tambi\u00e9n las orea delicadamente con abanico, no con el  atronador fuelle de los vientos septentrionales; se desvive por tenerlas  en templada atm\u00f3sfera, las abriga y las refresca, todo con esmerado  pulso y medida; dales savia fecunda, primorosa luz, sustento ben\u00e9fico,  frescas y transparentes aguas. Hay que ver c\u00f3mo derrocha este  capitalista sus tesoros, calor, luz, frescura y aire, humedad y lumbre.  Se parecer\u00eda a muchos ricos de la tierra si no empleara toda su fortuna  en hacer bien.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1n sus obras.<\/p>\n<p>Ved los pensamientos, con sus caritas amarillas y sus caperuzas de  terciopelo. Miran a un lado y a otro, mecidos por el delicado aliento de  la ma\u00f1ana, y tiemblan de gozo contempl\u00e1ndose tan guapos, tan  saludables, tan vividores. Los ojuelos negros de estos enanos, que a  semejanza de los \u00e1ngeles menores, no tienen sino cabeza y alas, nos  miran con picaresca malicia, y hasta parece que se r\u00eden, los muy pillos,  cuando el viento les hace dar cabezadas unos contra otros, agit\u00e1ndolos  en toda la extensi\u00f3n de su inmensa falange. Los hay p\u00e1lidos y  linf\u00e1ticos, los hay sangu\u00edneos y mofletudos; unos se calan el gorrito  hasta las cejas; otros lo echan hacia atr\u00e1s; \u00e9stos parecen calvos, de  aqu\u00e9llos se dir\u00eda que gastan barbas, y todos est\u00e1n m\u00e1s alegres que unas  pascuas, y en su charlar ignoto exclaman sin duda: \u00abCompa\u00f1eros, a vivir  se ha dicho. \u00a1Buena panzada de aire, de luz y de agua nos estamos  dando!\u00bb<\/p>\n<p>M\u00e1s juiciosas son esas chiquillas que llaman minutisas, pues si las  han puesto en compa\u00f1\u00eda de tales granujas, saben ellas formar grupos  encantadores, ramilletes que parecen corrillos, y jugando a la rueda sin  admitir a ning\u00fan intruso, se entienden solas. Estas lindas estrellas de  la tierra, que esmaltan los jardines con su p\u00farpura risue\u00f1a, son  parientas lejanas del orgulloso clavel. Nadie lo dir\u00eda, porque son tan  modestas&#8230;!<\/p>\n<p>All\u00ed est\u00e1. \u00a1Qu\u00e9 noblemente pliega el arom\u00e1tico turbante blanco y rojo  de mil rizos! Salud al califa espl\u00e9ndido, magn\u00edfico, soberano. La  embriagadora poes\u00eda que de \u00e9l brota incita al sibaritismo, a las  ardientes pasiones. \u00a1Ah calaver\u00f3n!&#8230; Este vicioso es tan popular, que  hasta los pobres m\u00e1s pobres lo cr\u00edan, aunque sea en una olla rota.  Parece que hace so\u00f1ar, como el opio, felicidades imposibles. Su fuerte  aroma sensual es como una visi\u00f3n.<\/p>\n<p>No son as\u00ed las rosas, que aparecen en este mes en primoroso estado de  madurez. Las de Mayo eran ni\u00f1as, \u00e9stas son damas, y en sus abiertas  hojas ahuecadas, blandas, puras, tenues, hay no s\u00e9 qu\u00e9 magistral arte  del mundo. Si Dios les concediera un soplo m\u00e1s de vida, uno no m\u00e1s,  hablar\u00edan seguramente; pero m\u00e1s vale que est\u00e9n mudas. Una gracia  infinita, una delicadeza incomparable, una hermosura ideal hacen de esta  flor la sonrisa de la Naturaleza. Cuando las rosas mueren, el mundo se  pone serio.<\/p>\n<p>All\u00e1 lejos, encaramado sobre la tapia o al arrimo de la antigua  pared, buscando la soledad, buscando la altura, esperando con ansia la  sosegada noche, est\u00e1 el gal\u00e1n, el poeta sentimental, el rom\u00e1ntico  jazm\u00edn, en una palabra. P\u00e1lido y peque\u00f1o, toda su vida es alma. Le  tocan, y cae del tallo. Vive del sentimiento, ama la noche, y si los  aromas fueran m\u00fasica, el jazm\u00edn ser\u00eda el ruise\u00f1or.<\/p>\n<p>Fijemos la vista en las gallardas peon\u00edas. No se necesitan  ciertamente anteojos para verlas, seg\u00fan son de abultadas y presumidas.  No merecen mis simpat\u00edas estas enf\u00e1ticas se\u00f1oras que todo lo gastan en  trapos; y si est\u00e1 fuera de duda que son bellas, ello es que antes  admiran que enamoran, y su hermosura m\u00e1s tiene de aparente que de real.  Nada, nada; aqu\u00ed hay algo postizo: estas se\u00f1oras se pintan.<\/p>\n<p>Grande y vistosa es tambi\u00e9n aqu\u00e9lla. Saludemos a la magnolia,  princesa india que ha venido de viaje y se ha quedado en nuestro clima.  No est\u00e1 bien de salud la se\u00f1ora; pero \u00a1qu\u00e9 aristocr\u00e1tica, qu\u00e9 regia es  esta amazona! No se contenta con ser fragante y deliciosa flor, sino que  quiere ser \u00e1rbol, es decir, hombre. Ved c\u00f3mo cabalga en la alta rama, y  atrevida mira cara a cara al olmo corpulento, al casta\u00f1o de mil flores y  al quijotesco eucaliptus.<\/p>\n<p>Por el suelo rastrea muchedumbre de pajes y espoliques, alel\u00edes,  espuelas de caballero, gentezuela menuda que vive de la adulaci\u00f3n, a la  sombra de los grandes se\u00f1ores, y el b\u00edblico lirio, vestido siempre de  nazareno. La madreselva, arisca y melanc\u00f3lica por la nostalgia que la  perturba, busca el campo de donde contra su voluntad la han tra\u00eddo; mira  ansiosa a todos lados para orientarse, se va arrastrando por los  troncos, por las barandillas, por las escalinatas, hasta que logra tocar  con su crispada mano la cerca; sube, va trepando, trepando, y se asoma  para ver horizontes y el libre espacio, y hacerse la ilusi\u00f3n de que es  libre. Esta flor, como muchas personas, no tiene m\u00e1s que manos, y son  blancas, finas, arom\u00e1ticas; pero aunque contrae sus finos dedos, cual si  fuera a coger alguna cosa, jam\u00e1s coge nada.<\/p>\n<p>\u00a1Paso al pueblo! La inmensa rep\u00fablica de geranios todo lo llena.  Parece que no hay tierra bastante para estos gorros colorados que se  reproducen con facilidad maravillosa, y crecen como la plebe, duran como  la ignorancia, y resisten fr\u00edos y soles como la pobreza. Para que nada  falte, hasta los cactus, caterva de repugnantes bufones, se engalanan  con gorritos de vistosas plumas; otros se ponen greg\u00fcescos amarillos, y  algunos se encargan vestidos completos de Mefist\u00f3feles, como estudiantes  en Carnaval, y tienen el descaro de vestir con ellos sus ventrudos  cuerpos. Otros, flacos y verrugosos, siguen con las manos en los  bolsillos, ri\u00e9ndose de todo y agitando el bast\u00f3n con borlas de  escarlata. Pero a nadie hacen gracia estas caricaturas vegetales, flores  que parecen lagartos, sapos que parecen plantas; y viven aislados, sin  sociedad, visitados tan s\u00f3lo de las abejas, que a menudo vienen a  decirles mi secreto al o\u00eddo.<\/p>\n<p>Si las violetas no hubiesen exhalado su \u00faltimo aroma en Mayo; si los  jacintos no estuvieran ya en el limbo de sus j\u00f3venes cebolletas; si las  dalias, por el contrario, no durmiesen a\u00fan en el vientre de sus batatas;  si las petunias no se hallaran en estado de lactancia, y las  campanillas dando los primeros pasos; si las francesillas no hubiesen  bajado tambi\u00e9n al fr\u00edo sepulcro de sus ara\u00f1uelas, y las extra\u00f1as no  estuvieran a\u00fan cortando sus m\u00faltiples gasas de bailarina para  presentarse en el Oto\u00f1o, el panorama floreal de Junio ser\u00eda completo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo II&nbsp;: En el campo<\/h2>\n<p>Un monstruo, un gigante, un figur\u00f3n, que parece hombre y no es m\u00e1s  que espantajo, bracea y gesticula en medio del campo. Es el funcionario  inamovible encargado de advertir a los gorriones que el trigo no se ha  sembrado para ellos. \u00a1Ah, los gorriones, lo m\u00e1s canalla de la creaci\u00f3n,  la casta de pillos y rateros m\u00e1s desvergonzados que hay sobre la tierra!  Cuando hicieron sus nidos, se met\u00edan en las casas para robar de los  costureros de las se\u00f1oras, hilachas y trapos, de que luego, con la mayor  destreza hac\u00edan s\u00e1banas, almohadas y edredones para sus hijuelos.  Ahora, estos graciosos bandidos andan por esos mundos ejerciendo su  depravada rapacidad en los trigos y en las hortalizas. Todo se lo comen,  todo lo pican, todo lo han de catar, como si fuese preciso que dieran  su opini\u00f3n sobre cuanto Dios cr\u00eda en esta \u00e9poca. Si al menos fueran como  las amapolas, que aunque se meten en todas partes, no toman nada&#8230;  \u00a1Qu\u00e9 hermosos est\u00e1n los trigos! Llovi\u00f3 tan a tiempo que la espiga ha  salido robusta y cuajada de corpulentos granos. Ya se est\u00e1 poniendo  rubio, y como contin\u00fae el tiempo seco y tibio (pues la lluvia, por San  Juan, quita vino y no da pan) pronto se le podr\u00e1 meter la hoz.<\/p>\n<p>El labrador no le quita los ojos, sino para mirar al cielo. \u00c9ste es  el mes cr\u00edtico, el mes de las esperanzas, el resumen del a\u00f1o, la cifra  adicional de esta larga cuenta de gastos y beneficios que doce meses  dura. El labrador est\u00e1 contento, y espera pagar la contribuci\u00f3n, los  intereses del pr\u00e9stamo que le hizo el jud\u00edo de la localidad, comprar  aperos nuevos, remendar la casa, regalarse por San Juan, y aun guardar  en el bolso tal cual pieza de a cinco duros para lo que pueda  sobrevenir.<\/p>\n<p>Escarda los trigos y los garbanzos, las lechugas, las habas, aporca  las patatas y todas las siembras de primavera. Pasa revista a los  \u00e1rboles frutales, a ver c\u00f3mo van cuajando. Las cerezas abundan. En  cuanto a los perales, todav\u00eda no se sabe a punto fijo lo que dar\u00e1n; pero  esta noble familia, que es sumamente cort\u00e9s y atenta, manda en este  mes, como regalo extraordinario, unas peritas sabrosas, que aceptamos  con j\u00fabilo. San Juan las trae, las apadrina y les da su nombre. El mismo  santo, al venir con su puntualidad acostumbrada, ha tra\u00eddo en el morral  excelentes brevas, y es tan fino y liberal, que dice que para el a\u00f1o  que viene traer\u00e1 lo mismo.<\/p>\n<p>El labrador azufra las villas, y despu\u00e9s las aporca y arrodriga,  d\u00e1ndoles unos bastoncitos para que se apoyen y estiren sus entumecidos  brazos. Luego se ocupa en sembrar al aire libre zanahorias, perifollos,  escarolas diversas, coles de Mil\u00e1n, rizadas, br\u00e9coles, malpicas, perejil  y otras muchas clases que constituyen la jerarqu\u00eda ensaladesca, y entre  las cuales hay excelentes personas que nos acompa\u00f1an a la mesa y se  dejan comer.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n atiende a una faena tan interesante como \u00fatil. Llama a las  ovejas y les dice: \u00abcon el calor que se ha entrado, se\u00f1oras, para nada  necesit\u00e1is esos gabanes de invierno\u00bb. \u00a1Es admirable el equipo de la  muchedumbre pecuaria! Carnero hay que ostenta un carric con el cual se  envanecer\u00edan muchos hombres: otros llevan luengo capote ruso de  blanqu\u00edsima y espesa lana.- \u00abVenga todo eso, y al fresco, caballeritos,  -a\u00f1ade el ganadero-, que vuestro pr\u00f3vido sastre os vestir\u00e1 gratis el a\u00f1o  que viene, mientras yo tengo que arreglarme con vuestra ropa de  desecho\u00bb. Suenan las tijeras y empieza la operaci\u00f3n de descortar  gabanes, palet\u00f3s y bufandas. Hasta las ovejas m\u00e1s ense\u00f1oradas se quedan  sin sus manteletas, y los corderillos pierden sus chaquetitas de  astrac\u00e1n.<\/p>\n<p>En el corral aparece un d\u00eda la gallina, muy satisfecha. All\u00e1, como  Dios le da a entender, con sus cacareos sonoros, le dice al amo que ya <em>tiene veinte criados m\u00e1s que le sirvan<\/em>.  Y es buena casta de chicuelos; no ser\u00e1 preciso ponerles ama de cr\u00eda,  que ya saben ellos buscarse la vida. Con el cuerpecillo cubierto de  pelos y algo de cascar\u00f3n adherido a\u00fan a semejante parte, corren  alrededor de su madre, asombrados de todo, del cielo, de la luz, del  aire, d\u00e1ndose el parabi\u00e9n por haber sabido escapar de aquel l\u00f3brego  huevo donde los ten\u00edan encerrados contra toda justicia y raz\u00f3n. Los  patitos ven un charco, sienten bullir en su mente el genio de Col\u00f3n, y  \u00a1zas!&#8230; al agua. Cuando regresan, la gallina les echa una reprimenda  por su osad\u00eda; pero son tan mal criados, que al poco rato vuelven a  hacer lo mismo.<\/p>\n<p>Los pavos grandecitos se ponen las corbatas rojas y la monterilla, y  se van al campo en manadas, sin juntarse con nadie m\u00e1s que con los de la  familia, porque estos fatuos son muy linajudos, y andan a comp\u00e1s,  gravemente, pronunciando palabrotas huecas y aun echando unos  discursazos, como los de ciertos oradores, llenos de ap\u00f3strofes y  epifonemas, pero sin pizca de sentido.<\/p>\n<p>All\u00e1 en el monte, entra las negras encinas y los tomillos, una escena  lamentable ocurre. Millares de se\u00f1oras enfurecidas zumban y pican,  defendiendo el fruto de su maravillosa industria. Son las m\u00e1s diestras y  m\u00e1s pulcras fabricantes de mermeladas, alm\u00edbares y caramelos que hay en  la creaci\u00f3n, y es por dem\u00e1s lastimoso que de la riqu\u00edsima confiter\u00eda  con tanto af\u00e1n y labor tan prolija formada en largos d\u00edas venga a  incautarse un zafio ganap\u00e1n, que con sus manos lavadas (o sucias) se  apropia el delicioso n\u00e9ctar. Y no trate de disculparse el desvergonzado  gorr\u00f3n diciendo que con la miel va a hacer medicinas y con la cera velas  para los santos&#8230; \u00abAqu\u00ed no se admiten subterfugios. Atr\u00e1s, pillo,  ladr\u00f3n, descamisado, demagogo. Pero todo es in\u00fatil. Se lleva, se lleva  nuestra cosecha, nuestro bienestar, nuestra riqueza. Pobres hermanas  arruinadas \u00bfqu\u00e9 haremos para recobrar la perdida colmena?\u00bb Empezar otra.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1&#8230; Pero no; ya no se oye aquel persistente chasquido de  hojas magulladas; ya no percibimos el rumor de los voraces dientes.  \u00a1Silencio!&#8230; Industriales de la tierra, fabricantes, obreros,  tejedores, art\u00edfices, todo el mundo de rodillas. El gusano de seda ha  empezado su capullo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo III&nbsp;: En la cocina<\/h2>\n<p>Como los prados est\u00e1n tan apetitosos para los ganados, la carne de  este mes es la mejor del a\u00f1o. La vaca y el carnero hacen honor a su alto  renombre.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hay fresa abundante, y las cerezas entran enredadas unas en  otras, porque no les gusta ir solas; que bien se conoce su cortedad de  genio en el vivo rubor que enciende sus mejillas. Las uvas y melones no  vienen a\u00fan; pero Toledo nos manda sabrosos albaricoques.<\/p>\n<p>Los guisantes, los rabanitos y las alcachofas se presentan en la  Plaza todos los d\u00edas, acompa\u00f1ados de alg\u00fan esp\u00e1rrago tard\u00edo, que pide  mil perdones por no haber venido antes.<\/p>\n<p>Los pollos nuevos, que hasta ahora no serv\u00edan m\u00e1s que para guisados,  entran, y con mucha urbanidad nos piden que los asemos con setas.  Galantemente recomiendan, previa presentaci\u00f3n, a sus primos los patitos y  a sus parientes las palomas silvestres.<\/p>\n<p>Un caballero, un pr\u00f3cer, un lord, aparece, sombrero en mano,  suplicando que lo metan de una vez en la cazuela, sin olvidarse de  advertir que aqu\u00e9lla ha de ser grande. Es talludo y obeso; viste  impermeable blanco, y su rosada piel indica que tenemos en casa a un  caballero ingl\u00e9s. Es el se\u00f1or de Salm\u00f3n. \u00a1Adelante!<\/p>\n<p>Tras \u00e9l aparecen pidiendo fuego y aceite y arom\u00e1ticas especias, los  primeros lenguados, y traen afectuosos recaditos de las ostras, que no  pueden venir mientras los meses carezcan de <em>r<\/em>; y tambi\u00e9n asoman algunos rodaballos y menudos pajeles.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s llega? La se\u00f1ora anguila que viene en embajada de parte del agua dulce&#8230; \u00a1Adelante!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo IV&nbsp;: En la Religi\u00f3n<\/h2>\n<p>Por m\u00e1s prisa que se da el pobrecito no puede llegar hasta el d\u00eda 13.  Viene jadeante, fatigado, los desnudos pies llenos de sangre por los  picotazos de las zarzas. En el camino ha estado predicando a las aves y a  los peces, y por eso no ha podido venir m\u00e1s pronto. Adem\u00e1s, trae gran  pesadumbre sobre sus manos, que sustentan un libro, y sobre el libro un  divino ni\u00f1o, que es el Redentor del mundo. Trae tambi\u00e9n una vara de  azucenas.<\/p>\n<p>Su humilde h\u00e1bito franciscano est\u00e1 lleno de remiendos, se\u00f1al  inequ\u00edvoca de pobreza. Es su semblante juvenil, p\u00e1lido, ardoroso,  calenturiento, porque la devoci\u00f3n le inflama, y sublime, m\u00edstico amor le  espiritualiza.<\/p>\n<p>Ti\u00e9nele preocupado y melanc\u00f3lico el sin n\u00famero de matrimonios que le  piden y que no puede dar, as\u00ed como el mal \u00e9xito de los que concedi\u00f3  generosamente el a\u00f1o pasado. Prep\u00e1rase a recibir cantidad mediana de  solicitudes pidiendo novios y no pocas demandas de buenas novias. \u00a1Ay!  \u00e9l es tan bueno que est\u00e1 dispuesto a darlas, y las dar\u00eda si las hubiera.<\/p>\n<p>\u00a1Salve, santo de la juventud, de la inocencia, de los tiernos amores,  de las esperanzas risue\u00f1as! \u00a1Salve, adorno precios\u00edsimo de los cielos  celestiales, joven sublime, gran soldado de Cristo, ap\u00f3stol de la  humanidad, amor del pobre, hu\u00e9sped cari\u00f1oso de las moradas modestas!  \u00a1Salve, encarnaci\u00f3n de la fe sencilla, de las creencias puras a que  debieron paz y consuelo las edades todas! Al poner tu descalzo pie en el  r\u00fastico altar del pobre, parece que las l\u00f3bregas estancias se llenan de  celeste luz. Rosadas nubes te circundan, y de tus azucenas se  desprenden fin\u00edsimos aromas que embelesan el alma, d\u00e1ndole a conocer el  puro ambiente que en la mansi\u00f3n de los justos se respira.<\/p>\n<p>Recibe las piadosas ofrendas del pobre, acepta el fulgor de esas  luces de aceite, que palidecen entre los torrentes de claridad divina  que traes contigo, y presta o\u00eddos a los ruegos, a las recomendaciones y  solicitudes hechas con limpio coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En algunos pueblos son tan imp\u00edos, tan ingratos los labradores (esto  lo he visto) que cuando San Antonio no accede al suministro de novios le  vuelven de espaldas, en el altar, poni\u00e9ndole con la cara hacia la  pared, y s\u00e9 que una doncella desesperada le meti\u00f3 en el pozo at\u00e1ndole  una cuerda al cuello; pero estas excepciones irreverentes y sacr\u00edlegas  no merman en general la devoci\u00f3n y popularidad del santo paduano, ideal  figura del catolicismo, y uno de los seres m\u00e1s perfectos y menos  imitados, mientras anduvo en carne mortal por la tierra.<\/p>\n<p>Tras \u00e9l viene otro no menos grande. Se ha detenido administrando el  primer sacramento; pero ya est\u00e1 ah\u00ed: s\u00f3lo que no gusta de entrar hasta  el d\u00eda 24, y ni un solo a\u00f1o ha faltado a la costumbre. Rec\u00edbele, como a  San Antonio, la hueste frescachona de albahacas, unas plantas humildes,  olorosas, con olor de huerto m\u00e1s que de jard\u00edn, y muy frescas y  diminutas. Las hay como avellanas, en tiestecillos del tama\u00f1o de  almendras.<\/p>\n<p>Acomp\u00e1\u00f1anle ciertos heraldos que se llaman las rosquillas de la t\u00eda  Javiera, y a su paso, el suelo est\u00e1 empedrado de bu\u00f1uelos. Blanquecinas  hojas del \u00e1rbol del Para\u00edso embalsaman la atm\u00f3sfera en torno suyo. Todas  las flores de la estaci\u00f3n salen a relucir sus lindas personas en  graciosos grupos que se llaman ramos. Matas diversas adornan las casas, y  los altares parece que reverdecen y se cubren de vegetaci\u00f3n. En las  calles, en los campos, en el cerro, en la caba\u00f1a, en el monte, no se  encuentra un medio bastante expresivo para declarar la alegr\u00eda que  inunda el mundo, y en vez de poner flores, encienden hogueras. Rosas y  llamas saludan al enviado de Dios.<\/p>\n<p>Inefable contento llena los pueblos, lo que no es extra\u00f1o, porque  todo el mundo se llama Juan. La madrugada del 24 es la m\u00e1s po\u00e9tica de  las 365 que hay en el a\u00f1o. No amanece, no, como en los dem\u00e1s d\u00edas. Hay  playas donde aparecen fant\u00e1sticas ciudades. El sol no se presenta sobre  el horizonte con la circunspecci\u00f3n que parece inherente a sujeto de  tanto peso y calidad, no. Su Majestad entra bailando, haciendo graciosas  cabriolas y volteretas cual si hubiera perdido el juicio o empinado el  codo. En las puertas de todas las casas, pucheros, palanganas, barre\u00f1os  llenos de agua reflejan las locuras del Rey de los astros, y los dibujos  que la juguetona luz hace en el l\u00edquido espejo son representaciones m\u00e1s  o menos claras del destino individual.<\/p>\n<p>El roc\u00edo de esta madrugada tiene una misi\u00f3n tan singular como  interesante: sirve para conservar la belleza, y hasta las feas se lavan  en \u00e9l, seguras e hermosear durante el a\u00f1o. Una clara de huevo puesta en  vaso de agua la noche anterior toma las m\u00e1s extra\u00f1as formas, y es  jerogl\u00edfico cuyos signos hablan, cuyas figuras emblem\u00e1ticas anuncian las  contingencias de la vida. Si la caprichosa alb\u00famina fabrica un ata\u00fad,  la muerte est\u00e1 cerca.<\/p>\n<p>El santo ha perdido mucho tiempo la noche anterior recorriendo a la  calladita las casas para dejar juguetes en los zapatos de los chicos;  despu\u00e9s ha puesto ramos en las ventanas de las mozas; y como \u00e9stas son  tantas y no es prudente desenojar a ninguna de ellas, el primo de Jes\u00fas  llega un poco tarde a la iglesia. Verdad es que tenemos misa mayor, la  cual no exige extraordinario madrugar. \u00a1Qu\u00e9 solemnidad, qu\u00e9 alegr\u00eda, qu\u00e9  exaltado entusiasmo respira la iglesia! El serm\u00f3n versa sobre la  infancia de Jes\u00fas, asunto que no puede ser m\u00e1s bonito; y oyendo las  palabras del cura, parece que es el santo quien habla, porque alza el  dedo y su boca entreabierta expresa muy al vivo la emisi\u00f3n de la  palabra.<\/p>\n<p>Como el a\u00f1o ha sido bueno, la procesi\u00f3n no deja nada que desear en  punto a brincos, cohetes, vivas, cantares, piporrazos, aleluyas, flores,  ramos, tortas, plegarias. Por la tarde, algunas cabezas dan en el suelo  o se estrellan contra la esquina. Es el alcohol que sube al p\u00falpito.<\/p>\n<p>De noche, sobre el negro cielo, surgen las m\u00e1s hermosas especies de  una flora rutilante, tallos de fuego que se elevan r\u00e1pidamente, y all\u00e1  arriba echan de improviso cantidad de flores, de luz, que duran un  momento y se deshojan cayendo en chispas: son los cohetes. Flores  gigantescas dan vueltas, como las im\u00e1genes luminosas del sue\u00f1o  calenturiento; y torres fabricadas con arena de estrellas dest\u00e1canse  imponentes, hasta que un soplo las destruye, cual si fueran ilusiones, y  todo queda m\u00e1s obscuro que antes. Una r\u00e1faga luminosa flota en el negro  espacio, \u00faltima chispa de la p\u00f3lvora moribunda, que sonr\u00ede al expirar.  Es una cinta que pasa veloz, el gallardete de la cruz del santo. San  Juan se marcha.<\/p>\n<p>Los d\u00edas pasan alegremente, y el 29 aparecen dos grandes llaves, una  mano que las empu\u00f1a, tras de la mano un brazo, despu\u00e9s una hermosa  cabeza calva, un cuerpo robusto, un hombre con humilde saya y los pies  desnudos. Es el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, el primero de todos los  santos, el Pescador, Pedro, la piedra, el cimiento, la cabeza de la  Iglesia. Mucho hay que decir de \u00e9l, much\u00edsimo: pero el mismo santo nos  lo estorba, porque frunce el ce\u00f1o, adelanta un paso, empu\u00f1a la llave, da  vuelta&#8230; \u00a1charr\u00e1s! y nos cierra este cap\u00edtulo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo V&nbsp;: Suspenso. Suspenso. Suspenso. Suspenso<\/h2>\n<p>Los campos se llenan de amapolas, el aire de mariposas, de flores el jard\u00edn y la Universidad de calabazas.<\/p>\n<p>Muchos rapaces, sin embargo, se inflan al recibir la nota de <em>sobresaliente<\/em>,  se\u00f1al de que han salido del aula hechos unos pozos de ciencia, y as\u00ed se  lo creen los pap\u00e1s. La estaci\u00f3n da bachilleres en artes con m\u00e1s  abundancia que trigo, y es un contento ver tanto sabio como sale a las  anchas esferas del mundo. Por todas partes, matem\u00e1ticos jugando al  trompo, qu\u00edmicos que saltan en la comba, y fil\u00f3sofos que cabalgan en un  palo.<\/p>\n<p>Los abogadillos en ciernes inundan los pueblos, y al verles, los  autos agitan alegres sus macilentas hojas. Los mediquillos de veinti\u00fan  a\u00f1os salen a tomar el pulso a la vida, con gran regocijo de la muerte.  \u00a1Oh! mes prol\u00edfico entre todos los meses, mes de los frutos, de las  flores, de las colmenas, de los mosquitos, de los ex\u00e1menes; principal  delegado del Criador, porque todo lo cr\u00edas, hasta los licenciados,  falange infinita de donde sale el bullidor enjambre de los pol\u00edticos,  semillero de pretendientes, de empleados, cesantes y agitadores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo VI&nbsp;: En la Historia<\/h2>\n<p>Pero tambi\u00e9n nos trajiste cosecha de grandes hombres. El d\u00eda 3 nos  diste al marqu\u00e9s de la Concordia (1743); el 5 al economista Adam Smith  (1723); el 6 creaste al gran Corneille, pr\u00edncipe de los tr\u00e1gicos  franceses (1606) y bautizaste a Vel\u00e1zquez, rey de nuestros pintores  (1599); el d\u00eda 8 no te pareci\u00f3 bien dar uno solo, y nos echaste dos: el  ingeniero ingl\u00e9s Stephenson (1781) y el orador espa\u00f1ol Ol\u00f3zaga (1805).  El 10 vinieron un marino franc\u00e9s, Duguay-Trouin (1673) y el predicador  Flechier (1632). El 11, entre la opulencia de la primavera andaluza,  llena de luz, flores, aires tibios, arroyos murmuradores y poes\u00eda,  C\u00f3rdoba sonri\u00f3, y le diste a G\u00f3ngora (1561). El 12 aumentaste con Arjona  (1771) el n\u00famero de los poetas menores. El 13 concediste a Young,  melanc\u00f3lico cantor de las <em>Noches<\/em> (1773). Pero estos dones te  parec\u00edan mezquinos, y el 15 dijiste con orgullo: \u00aball\u00e1 va eso\u00bb, y naci\u00f3  en Holanda Rembrant (1606). Para que los espa\u00f1oles no nos enoj\u00e1ramos,  nos regalaste el 17 a Espoz y Mina (1781). Los ingleses, que no quer\u00edan  ser menos, recibieron el 18 a Castelreagh (1769). Pero t\u00fa quer\u00edas  halagar a Francia en aquella semana, y en un solo d\u00eda, el 19, le diste a  su primer prosista, Pascal (1623), y a Lamennais (1782); y el 20 a  Leconte (1812), y el 21 a Royer Collard (1763), y el 22 a Delille  (1758). \u00a1Ay! Comprendiste que a Alemania no le hab\u00edas dado nada, y el  mismo d\u00eda 22 la obsequiaste con Guillermo Humboldt (1767), Mehul (1763) y  Malborough (1650) fueron regalitos del d\u00eda 24; Carlos XII (1682) del  27.<\/p>\n<p>Reservabas, sin embargo, tus mejores dones para los \u00faltimos d\u00edas, y  el 28 dijiste a la humanidad: \u00abAh\u00ed tienes a Rousseau\u00bb (1712). En un solo  d\u00eda, el 29, \u00a1fecundidad asombrosa! hiciste tres obras maestras, que, se  llamaron: Rubens(1577), Leopardi (1798), y Bastiat (1801). El mundo  insaciable ped\u00eda m\u00e1s, y el 30 le otorgaste un Emperador, Pedro el Grande  (1672), y un artista, Horacio Vernet (1789).<\/p>\n<p>Problema: dada la fecundidad para producir grandes hombres, \u00a1oh  Junio! si hubieras tenido 31 d\u00edas \u00bfa qui\u00e9n nos hubieras dado en el  \u00faltimo? Ese hombre que no ha nacido, \u00bfqui\u00e9n es? o mejor, \u00bfqui\u00e9n ser\u00eda?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n has matado gente. El 1.\u00ba te llevaste a Berthier; el 2 a  D. \u00c1lvaro de Luna; el 4 a Laura, la novia de Petrarca; el 5 a Egmont y  Horn, el 8 a Jorge Sand; el 10 a Cam\u00f6ens; el 11 a Bacon; el 12 a Xavier  de Maistre, el 14 a Kleber; el 17 a D. Ferm\u00edn Caballero; el 21 a  Morat\u00edn; el 24 a Zumalac\u00e1rregui; el 25 a monse\u00f1or D&#8217;Affre; el 26 a  Pizarro; el 27 al Marqu\u00e9s del Duero, y el 28 Guill\u00e9n de Castro. Has  segado, hermanito, has segado bastante. Esto prueba que tienes d\u00edas  tristes. Muchos cayeron en ellos. En cuanto a m\u00ed, deseo que me dejes  para tu 31.<\/p>\n<p>Madrid.- 1876.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I&nbsp;: En el jard\u00edn Mayo se enojar\u00e1, lo s\u00e9; pero rindiendo culto a la verdad, es preciso dec\u00edrselo en&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5367,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,32],"tags":[],"class_list":["post-1105","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo I&nbsp;: En el jard\u00edn Mayo se enojar\u00e1, lo s\u00e9; pero rindiendo culto a la verdad, es preciso dec\u00edrselo en&#046;&#046;&#046;\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2012-12-28T21:05:06+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"630\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Benito\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Benito\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"23 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/\",\"name\":\"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"datePublished\":\"2012-12-28T21:05:06+00:00\",\"dateModified\":\"2012-12-28T21:05:06+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage\",\"url\":\"\",\"contentUrl\":\"\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876)\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"description\":\"\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\",\"name\":\"Benito\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Benito\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/batallitas.es\/galdos\"],\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","og_description":"Cap\u00edtulo I&nbsp;: En el jard\u00edn Mayo se enojar\u00e1, lo s\u00e9; pero rindiendo culto a la verdad, es preciso dec\u00edrselo en&#46;&#46;&#46;","og_url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/","og_site_name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","article_published_time":"2012-12-28T21:05:06+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":630,"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Benito","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"Benito","Tiempo de lectura":"23 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/","name":"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876) - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","isPartOf":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","datePublished":"2012-12-28T21:05:06+00:00","dateModified":"2012-12-28T21:05:06+00:00","author":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#primaryimage","url":"","contentUrl":""},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-junio-de-benito-perez-galdos-1876\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"[Cuento] Junio, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (1876)"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/","name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","description":"","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25","name":"Benito","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","caption":"Benito"},"sameAs":["https:\/\/batallitas.es\/galdos"],"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1105","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1105"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1105\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1105"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1105"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1105"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}