{"id":1177,"date":"2011-11-01T15:49:22","date_gmt":"2011-11-01T15:49:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.translatioimperii.com\/galdos\/?p=154"},"modified":"2025-01-13T07:11:06","modified_gmt":"2025-01-13T07:11:06","slug":"la-sociedad-presente-como-materia-novelable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/la-sociedad-presente-como-materia-novelable\/","title":{"rendered":"La sociedad presente como materia novelable"},"content":{"rendered":"<p>[Discurso ante la Real Academia Espa\u00f1ola, con motivo de su recepci\u00f3n. Est. Tipogr\u00e1fico de la Viuda e Hijos de Tello, Madrid, 1897]<\/p>\n<p>Se\u00f1ores acad\u00e9micos:<\/p>\n<p>Cumplido el deber que me impon\u00eda la memoria del ilustre Acad\u00e9mico a quien sucedo, afronto de nuevo las dificultades de esta solemnidad; y no pudiendo esperar cosa de provecho de la erudici\u00f3n ni del estudio cr\u00edtico, me atengo a vuestra probada indulgencia, suplic\u00e1ndoos que me permit\u00e1is por excepci\u00f3n, que mi inexperiencia justificar\u00e1, cumplir este tr\u00e1mite sin ning\u00fan alarde ni esfuerzo de ciencia literaria, encerr\u00e1ndome dentro de l\u00edmites modest\u00edsimos, sin m\u00e1s objeto que dar a este acto la extensi\u00f3n conveniente, atendiendo a que la excesiva brevedad pudiera ser tomada por descortes\u00eda. A mi buena estrella debo que haya sido designado para contestar a estas indoctas p\u00e1ginas un insigne ingenio, cr\u00edtico y fil\u00f3sofo literario, a quien dot\u00f3 Naturaleza de prodigiosas facultades para definir y desentra\u00f1ar toda la ciencia est\u00e9tica del mundo, y adem\u00e1s de un arte soberano para expresar sus opiniones. Pues bien: la mayor prueba de respeto que puedo dar al ilustre Acad\u00e9mico que se digna contestarme en vuestro nombre, es no poner mis manos profanas en el sagrado tesoro de la erudici\u00f3n y del saber cr\u00edtico y bibliogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Si por una parte mi incapacidad cr\u00edtica y mi instintivo despego de toda erudici\u00f3n me imposibilitan para explanar ante vosotros un asunto de puras letras, por otra una ineludible ley de tradici\u00f3n y de costumbre ordena que estas p\u00e1ginas versen sobre la forma literaria que ha sido mi ocupaci\u00f3n preferente, o m\u00e1s bien exclusiva, desde que ca\u00ed en la tentaci\u00f3n de escribir para el p\u00fablico. \u00bfQu\u00e9 he de deciros de la Novela, sin apuntar alguna observaci\u00f3n cr\u00edtica sobre los ejemplos de este soberano arte en los tiempos pasados y presentes, de los grandes ingenios que lo cultivaron en Espa\u00f1a y fuera de ella, de su desarrollo en nuestros d\u00edas, del inmenso favor alcanzado por este encantador g\u00e9nero en Francia e Inglaterra, nacionalidades maestras en \u00e9sta como en otras cosas del humano saber? Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo peque\u00f1o, las almas y las fisonom\u00edas, todo lo espiritual y lo f\u00edsico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que dise\u00f1a los \u00faltimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducci\u00f3n. Se puede tratar de la Novela de dos maneras: o estudiando la imagen representada por el artista, que es lo mismo que examinar cuantas novelas enriquecen la literatura de uno y otro pa\u00eds, o estudiar la vida misma, de donde el artista saca las ficciones que nos instruyen y embelesan. La sociedad presente como materia novelable, es el punto sobre el cual me propongo aventurar ante vosotros algunas opiniones. En vez de mirar a los libros y a sus autores inmediatos, miro al autor supremo que los inspira, por no decir que los engendra, y que despu\u00e9s de la transmutaci\u00f3n que la materia creada sufre en nuestras manos, vuelve a recogerla en las suyas para juzgarla; al autor inicial de la obra art\u00edstica, el p\u00fablico, la grey humana, a quien no vacilo en llamar vulgo, dando a esta palabra la acepci\u00f3n de muchedumbre alineada en un nivel medio de ideas y sentimientos; al vulgo, s\u00ed, materia primera y \u00faltima de toda labor art\u00edstica, porque \u00e9l, como humanidad, nos da las pasiones, los caracteres, el lenguaje, y despu\u00e9s, como p\u00fablico, nos pide cuentas de aquellos elementos que nos ofreci\u00f3 para componer con materiales art\u00edsticos su propia imagen: de modo que empezando por ser nuestro modelo, acaba por ser nuestro juez.<\/p>\n<p>Quiero, pues, examinar brevemente ese natural, hablando en t\u00e9rminos pict\u00f3ricos, que extendido en derredor nuestro, nos dice y aun nos manda que le pintemos, pidi\u00e9ndonos con ardorosa sugesti\u00f3n su retrato para recrearse en \u00e9l, o abominar del artista con cr\u00edtica severa. Con \u00e9l me encaro valerosamente, y de todas veras os digo que el mal ce\u00f1o de este modelo y su rostro de pocos amigos, me imponen tambi\u00e9n viv\u00edsima turbaci\u00f3n, aunque \u00e9sta no llega a las proporciones del espanto que siento ante las bibliotecas. La erudici\u00f3n social es m\u00e1s f\u00e1cil que la bibliogr\u00e1fica, y se halla al alcance de las inteligencias imperfectamente cultivadas. Examinando las condiciones del medio social en que vivimos como generador de la obra literaria, lo primero que se advierte en la muchedumbre a que pertenecemos, es la relajaci\u00f3n de todo principio de unidad. Las grandes y potentes energ\u00edas de cohesi\u00f3n social no son ya lo que fueron; ni es f\u00e1cil prever qu\u00e9 fuerzas sustituir\u00e1n a las perdidas en la direcci\u00f3n y gobierno de la familia humana. Tenemos tan s\u00f3lo un firme presentimiento de que esas fuerzas han de reaparecer; pero las previsiones de la Ciencia y las adivinaciones de la Poes\u00eda no pueden o no saben a\u00fan alzar el velo tras el cual se oculta la clave de nuestros futuros destinos.<\/p>\n<p>La falta de unidades es tal, que hasta en la vida pol\u00edtica, constituida por naturaleza en agrupaciones disciplinadas, se determina claramente la disoluci\u00f3n de aquellas grandes familias formadas por el entusiasmo de la acci\u00f3n constituyente, por afinidades tradicionales, por principios m\u00e1s o menos deslumbradores. Para que todo falte, desaparece tambi\u00e9n el fanatismo, que ligaba en estrecho haz enormes masas de personas, uniformando los sentimientos, la conducta y hasta las fisonom\u00edas, de lo cual resultaban caracteres gen\u00e9ricos de f\u00e1cil recurso para el Arte, que supo utilizarlos durante largo tiempo. Las disgregaciones de la vida pol\u00edtica son el eco m\u00e1s pr\u00f3ximo de ese terrible rompan filas que suena de un extremo a otro del ej\u00e9rcito social, como voz de p\u00e1nico que clama a la desbandada. Podr\u00eda decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa pe\u00f1a, indic\u00e1ndonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas. Cont\u00e1bamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aqu\u00ed se va, y nada m\u00e1s que por aqu\u00ed. Pero la voz sobrenatural no hiere a\u00fan nuestros o\u00eddos, y los m\u00e1s sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cu\u00e1l pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos.<\/p>\n<p>Algunos, que intr\u00e9pidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto m\u00e1s que tinieblas y enmara\u00f1adas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acci\u00f3n f\u00edsica de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocer\u00edo, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habr\u00e1 seguramente, porque aqu\u00ed no hemos de quedamos hasta el fin de los siglos.<\/p>\n<p>En esta muchedumbre consternada, que inventa mil artificios para ocultarse su propia tristeza, se advierte la descomposici\u00f3n de las antiguas clases sociales forjadas por la historia, y que hab\u00edan llegado hasta muy cerca de nosotros con organizaci\u00f3n potente. Pueblo y aristocracia pierden sus caracteres tradicionales, de una parte por la desmembraci\u00f3n de la riqueza, de otra por los progresos de la ense\u00f1anza; y el camino que a\u00fan hemos de recorrer para que las clases fundamentales pierdan su fisonom\u00eda, se andar\u00e1 r\u00e1pidamente. La llamada clase media, que no tiene a\u00fan existencia positiva, es tan s\u00f3lo informe aglomeraci\u00f3n de individuos procedentes de las categor\u00edas superior e inferior, el producto, dig\u00e1moslo as\u00ed, de la descomposici\u00f3n de ambas familias: de la plebeya, que sube; de la aristocr\u00e1tica, que baja, estableci\u00e9ndose los desertores de ambas en esa zona media de la ilustraci\u00f3n, de las carreras oficiales, de los negocios, que vienen a ser la codicia ilustrada, de la vida pol\u00edtica y municipal. Esta enorme masa sin car\u00e1cter propio, que absorbe y monopoliza la vida entera, sujet\u00e1ndola a un sin fin de reglamentos, legislando desaforadamente sobre todas las cosas, sin excluir las espirituales, del dominio exclusivo del alma, acabar\u00e1 por absorber los desmedrados restos de las clases extremas, depositarias de los sentimientos elementales. Cuando esto llegue, se ha de verificar en el seno de esa muchedumbre ca\u00f3tica una fermentaci\u00f3n de la que saldr\u00e1n formas sociales que no podemos adivinar, unidades vigorosas que no acertamos a definir en la confusi\u00f3n y aturdimiento en que vivimos.<\/p>\n<p>De lo que vagamente y con mi natural torpeza de expresi\u00f3n indico, resulta, en la esfera del Arte, que se desvanecen, perdiendo vida y color, los caracteres gen\u00e9ricos que simbolizaban grupos capitales de la familia humana. Hasta los rostros humanos no son ya lo que eran, aunque parezca absurdo decirlo. Ya no encontrar\u00e9is las fisonom\u00edas que, al modo de m\u00e1scaras moldeadas por el convencionalismo de las costumbres, representaban las pasiones, las ridiculeces, los vicios y virtudes. Lo poco que el pueblo conserva de t\u00edpico y pintoresco se desti\u00f1e, se borra, y en el lenguaje advertimos la misma direcci\u00f3n contraria a lo caracter\u00edstico, propend\u00edendo a la uniformidad de la dicci\u00f3n, y a que hable todo el mundo del mismo modo. Al propio tiempo, la urbanizaci\u00f3n destruye lentamente la fisonom\u00eda peculiar de cada ciudad; y si en los campos se conserva a\u00fan, en personas y cosas, el perfil distintivo del cu\u00f1o popular, \u00e9ste se desgasta con el continuo pasar del rodillo nivelador que arrasa toda eminencia, y seguir\u00e1 arrasando hasta que produzca la anhelada igualdad de formas en todo lo espiritual y material.<\/p>\n<p>Mientras la nivelaci\u00f3n se realiza, el Arte nos ofrece un fen\u00f3meno extra\u00f1o que demuestra la inconsistencia de las ideas en el mundo presente. En otras \u00e9pocas, los cambios de opini\u00f3n literaria se verificaban en lapsos de tiempo de larga duraci\u00f3n, con la lentitud majestuosa de todo crecimiento hist\u00f3rico. Aun en la generaci\u00f3n que ha precedido a la nuestra, vimos la evoluci\u00f3n rom\u00e1ntica durar el tiempo necesario para producir multitud de obras vigorosas; y al marcarse el cambio de las ideas est\u00e9ticas, las formas literarias que sucedieron al romanticismo tardaron en presentarse con vida, y vivieron luego a\u00f1os y m\u00e1s a\u00f1os, que hoy nos parecer\u00edan siglos, dada la rapidez con que se transforman ahora nuestros gustos. Hemos llegado a unos tiempos en que la opini\u00f3n est\u00e9tica, ese ritmo social, harto parecido al flujo y reflujo de los mares, determina sus mudanzas con tan caprichosa prontitud, que si un autor deja transcurrir dos o tres a\u00f1os entre el imaginar y el imprimir su obra, podr\u00eda resultarle envejecida el d\u00eda en que viera la luz. Porque si en el orden cient\u00edfico la rapidez con que se suceden los inventos, o las aplicaciones de los agentes f\u00edsicos, hace que los asombros de hoy sean vulgaridades ma\u00f1ana, y que todo prodigioso descubrimiento sea pronto oscurecido por nuevas maravillas de la mec\u00e1nica y de la industria, del mismo modo, en el orden literario, parece que es ley la volubilidad de la opini\u00f3n est\u00e9tica, y de continuo la vemos pasar ante nuestros ojos, fugaz y antojadiza, como las modas de vestir. Y as\u00ed, en brev\u00edsimo tiempo, saltamos del idealismo nebuloso a los extremos de la naturalidad: hoy amamos el detalle menudo, ma\u00f1ana las l\u00edneas amplias y vigorosas; tan pronto vemos fuente de belleza en la sequedad filos\u00f3fica mal aprendida, como en las ardientes creencias heredadas.<\/p>\n<p>En resumen: la misma confusi\u00f3n evolutiva que advertimos en la sociedad, primera materia del arte novelesco, se nos traduce en \u00e9ste por la indecisi\u00f3n de sus ideales, por lo variable de sus formas, por la timidez con que acomete los asuntos profundamente humanos; y cuando la sociedad se nos convierte en p\u00fablico, es decir, cuando despu\u00e9s de haber sido inspiradora del Arte lo contempla con ojos de juez, nos manifiesta la misma inseguridad en sus opiniones, de donde resulta que no andan menos desconcertados los cr\u00edticos que los autores.<\/p>\n<p>Pero no cre\u00e1is que de lo expuesto intentar\u00e9 sacar una deducci\u00f3n pesimista, afirmando que esta descomposici\u00f3n social ha de traer d\u00edas de anemia y de muerte para el arte narrativo. Cierto que la falta de unidades de organizaci\u00f3n nos va sustrayendo los caracteres gen\u00e9ricos, tipos que la sociedad misma nos daba bosquejados, cual si trajeran ya la primera mano de la labor art\u00edstica. Pero a medida que se borra la caracterizaci\u00f3n general de cosas y personas, quedan m\u00e1s descarnados los modelos humanos, y en ellos debe el novelista estudiar la vida, para obtener frutos de un Arte supremo y durable. La cr\u00edtica sagaz no puede menos de reconocer que cuando las ideas y sentimientos de una sociedad se manifiestan en categor\u00edas muy determinadas, parece que los caracteres vienen ya a la regi\u00f3n del Arte tocados de cierto amaneramiento o convencionalismo. Es que, al descomponerse las categor\u00edas, caen de golpe los antifaces, apareciendo las caras en su castiza verdad. Perdemos los tipos, pero el hombre se nos revela mejor, y el Arte se avalora s\u00f3lo con dar a los seres imaginarios vida m\u00e1s humana que social. Y nadie desconoce que, trabajando con materiales puramente humanos, el esfuerzo del ingenio para expresar la vida ha de ser m\u00e1s grande, y su labor m\u00e1s honda y dif\u00edcil, como es de mayor empe\u00f1o la representaci\u00f3n pl\u00e1stica del desnudo que la de una figura cargada de ropajes, por ce\u00f1idos que sean. Y al comp\u00e1s de la dificultad crece, sin duda, el valor de los engendros del Arte, que si en las \u00e9pocas de potentes principios de unidad resplandece con viv\u00edsimo destello de sentido social, en los d\u00edas azarosos de transici\u00f3n y de evoluci\u00f3n puede y debe ser profundamente humano.<\/p>\n<p>Encu\u00e9ntrome al llegar a este punto con que las ideas que voy expresando, sin ninguna arrogancia dogm\u00e1tica me llevan a una afirmaci\u00f3n que algunos podr\u00edan creer falsa y parad\u00f3gica, a saber: que la falta de principios de unidad favorece el florecimiento literario; afirmaci\u00f3n que en buena l\u00f3gica destruir\u00eda la leyenda de los llamados Siglos de Oro en \u00e9sta y la otra literatura. Ello es que la historia literaria general no nos permite sostener de una manera absoluta que la divina Poes\u00eda y artes cong\u00e9neres prosperen m\u00e1s lozanamente en las \u00e9pocas de unidad que en las \u00e9pocas de confusi\u00f3n. Quiz\u00e1 podr\u00eda comprobarse lo contrario despu\u00e9s de investigar con criterio penetrante la vida de los pueblos, haciendo m\u00e1s caso de la documentaci\u00f3n privada que de los relatos de la vieja Historia, com\u00fanmente artificiosa y recompuesta. Esta narradora enf\u00e1tica y algo tocada del delirio de grandezas, nos habla con tenaz preferencia de los altos poderes del Estado, de guerras, intrigas y privanzas, de los casamientos y querellas entre familias de reyes y Pr\u00edncipes, dejando en la penumbra las profund\u00edsimas emociones que agitan el alma social. Teniendo esto en cuenta, no creo dislate asegurar que en los llamados Siglos de Oro hay no poco de aparato oficial o ficci\u00f3n palatina; hechura de cronistas asalariados, o de historiadores de oficio, m\u00e1s atentos a la composici\u00f3n de su arte, que a reproducir la interna verdad pol\u00edtica. No dan valor sino a las que son o aparecen ser acciones culminantes, y descuidan, como asunto prosaico y balad\u00ed, el verdadero sentir y pensar de los pueblos.<\/p>\n<p>Bien s\u00e9 que \u00e9sta es materia para un examen lento, y si yo intentara desentra\u00f1arla, incurrir\u00eda en mi propia censura, por lanzarme a trabajos para cuyo empe\u00f1o he declarado mi ineptitud en las primeras cl\u00e1usulas de este discurso. Con paciencia y libros a mano todo se prueba, y yo intentar\u00eda demostrar lo que antes indiqu\u00e9, si m\u00e1s fuerza que mis deseos no tuviera mi incapacidad para compulsar textos antiguos y modernos. Dejo, pues, a otros que diluciden este punto, y concluyo diciendo que el presente estado social, con toda su confusi\u00f3n y nerviosas inquietudes, no ha sido est\u00e9ril para la novela en Espa\u00f1a, y que tal vez la misma confusi\u00f3n y desconcierto han favorecido el desarrollo de tan hermoso arte. No podemos prever hasta d\u00f3nde llegar\u00e1 la presente descomposici\u00f3n. Pero s\u00ed puede afirmarse que la literatura narrativa no ha de perderse porque mueran o se transformen los antiguos organismos sociales. Quiz\u00e1s aparezcan formas nuevas, quiz\u00e1s obras de extraordinario poder y belleza, que sirvan de anuncio a los ideales futuros o de despedida a los pasados, como el Quijote es el adi\u00f3s del mundo caballeresco. Sea lo que quiera, el ingenio humano vive en todos los ambientes, y lo mismo da sus flores en los p\u00f3rticos alegres de flamante arquitectura, que en las tristes y desoladas ruinas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[Discurso ante la Real Academia Espa\u00f1ola, con motivo de su recepci\u00f3n. Est. 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