{"id":1247,"date":"2011-12-13T10:51:05","date_gmt":"2011-12-13T10:51:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=707"},"modified":"2025-01-13T07:12:02","modified_gmt":"2025-01-13T07:12:02","slug":"cuento-rompecabezas-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-rompecabezas-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Cuento] Rompecabezas, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"<p>&#8211; I &#8211;<\/p>\n<p>Ayer, como quien dice, el a\u00f1o Tal de la Era Cristiana, correspondiente al Cu\u00e1l, o si se quiere, al tres mil y pico de la cronolog\u00eda egipcia, sucedi\u00f3 lo que voy a referir, historia familiar que nos transmite un papirus redactado en lind\u00edsimos monigotes. Es la tal historia o sucedido de notoria insignificancia, si el lector no sabe pasar de las exterioridades del texto gr\u00e1fico; pero restreg\u00e1ndose en \u00e9ste los ojos por espacio de un par de siglos, no es dif\u00edcil descubrir el meollo que contiene.<\/p>\n<p>Pues se\u00f1or&#8230; digo que aquel d\u00eda o aquella tarde, o pongamos noche, iban por los llanos de Egipto, en la regi\u00f3n que llaman Djebel Ezzrit (seamos eruditos), tres personas y un borriquillo. Serv\u00eda \u00e9ste de cabalgadura a una hermosa joven que llevaba un ni\u00f1o en brazos; a pie, junto a ella, caminaba un anciano grave, empu\u00f1ando un palo, que as\u00ed le serv\u00eda para fustigar al rucio como para sostener su paso fatigoso. Pronto se les conoc\u00eda que eran fugitivos, que buscaban en aquellas tierras refugio contra perseguidores de otro pa\u00eds, pues sin detenerse m\u00e1s que lo preciso para reparar las fuerzas, escog\u00edan para sus descansos lugares escondidos, huecos de pe\u00f1as solitarias, o bien matorros espesos, m\u00e1s frecuentados de fieras que de hombres.<\/p>\n<p>Imposible reproducir aqu\u00ed la intensidad po\u00e9tica con que la escritura mu\u00f1equil describe o m\u00e1s bien pinta la hermosura de la madre. No podr\u00e9is apreciarla y comprenderla imaginando substancia de azucenas, que tostada y dorada por el sol conserva su ideal pureza. Del precioso nene, s\u00f3lo puede decirse que era divino humanamente, y que sus ojos compendiaban todo el universo, como si ellos fueran la convergencia misteriosa de cielo y tierra.<\/p>\n<p>Andaban, como he dicho, presurosos, esquivando los poblados y deteni\u00e9ndose tan s\u00f3lo en caser\u00edos o aldehuelas de gente pobre, para implorar limosna. Como no escaseaban en aquella parte del mundo las buenas almas, pudieron avanzar, no sin trabajos, en su cautelosa marcha, y al fin llegaron a la vera de una ciudad grand\u00edsima, de gigantescos muros y colosales monumentos, cuya vista lejana recreaba y suspend\u00eda el \u00e1nimo de los pobres viandantes. El var\u00f3n grave no cesaba de ponderar tanta maravilla; la joven y el ni\u00f1o las admiraban en silencio. Deparoles la suerte, o por mejor decir, el Eterno Se\u00f1or, un buen amigo, mercader opulento, que volv\u00eda de Tebas con sinf\u00edn de servidores y una c\u00e1fila de camellos cargados de riquezas. No dice el papirus que el tal fuese compatriota de los fugitivos; pero por el habla (y esto no quiere decir que lo oy\u00e9ramos), se conoc\u00eda que era de las tierras que caen a la otra parte de la mar Bermeja. Contaron sus penas y trabajos los viajeros al generoso traficante, y \u00e9ste les alberg\u00f3 en una de sus mejores tiendas, les regal\u00f3 con excelentes manjares, y alent\u00f3 sus abatidos \u00e1nimos con pl\u00e1ticas amenas y relatos de viajes y aventuras, que el precioso ni\u00f1o escuchaba con gravedad sonriente, como oyen los grandes a los peque\u00f1os, cuando los peque\u00f1os se saben la lecci\u00f3n. Al despedirse asegur\u00e1ndoles que en aquella provincia interna del Egipto deb\u00edan considerarse libres de persecuci\u00f3n, entreg\u00f3 al anciano un pu\u00f1ado de monedas, y en la mano del ni\u00f1o puso una de oro, que deb\u00eda de ser media pelucona o dobl\u00f3n de a ocho, reluciente, con endiabladas leyendas por una y otra cara. No hay que decir que esto motiv\u00f3 una familiar disputa entre el var\u00f3n grave y la madre hermosa, pues aqu\u00e9l, obrando con prudencia y econ\u00f3mica previsi\u00f3n, cre\u00eda que la moneda estaba m\u00e1s segura en su bolsa que en la mano del nene, y su se\u00f1ora, apretando el pu\u00f1o de su hijito y bes\u00e1ndolo una y otra vez, declaraba que aquellos deditos eran arca segura para guardar todos los tesoros del mundo.<\/p>\n<p>&#8211; II &#8211;<\/p>\n<p>Tranquilos y gozosos, despu\u00e9s de dejar al rucio bien instalado en un parador de los arrabales, se internaron en la ciudad, que a la saz\u00f3n ard\u00eda en fiestas aparatosas por la coronaci\u00f3n o jura de un rey, cuyo nombre ha olvidado o debiera olvidar la Historia. En una plaza, que el papirus describe hiperb\u00f3licamente como del tama\u00f1o de una de nuestras provincias, se extend\u00eda de punta a punta un inmenso bazar o mercado. Compon\u00edanlo tiendas o barracas muy vistosas, y de la animaci\u00f3n y bullicio que en ellas reinaba, no pueden dar idea las menguadas muchedumbres que en nuestra civilizaci\u00f3n conocemos. All\u00ed telas riqu\u00edsimas, preciadas joyas, metales y marfiles, drogas mil bals\u00e1micas, objetos sin fin, construidos para la utilidad o el capricho; all\u00ed manjares, bebidas, inciensos, narc\u00f3ticos, estimulantes y venenos para todos los gustos; la vida y la muerte, el dolor placentero y el gozo febril.<\/p>\n<p>Recorrieron los fugitivos parte de la inmensa feria, incansables, y mientras el anciano miraba uno a uno todos los puestos, con ojos de investigaci\u00f3n utilitaria, buscando algo en que emplear la moneda del ni\u00f1o, la madre, menos pr\u00e1ctica tal vez, so\u00f1adora, y afectada de inmensa ternura, buscaba alg\u00fan objeto que sirviera para recreo de la criatura, una frivolidad, un juguete en fin, que juguetes han existido en todo tiempo, y en el antiguo Egipto enredaban los ni\u00f1os con pir\u00e1mides de piezas constructivas, con esfinges y obeliscos mon\u00edsimos, y caimanes, \u00e1spides de mentirijillas, serpientes, \u00e1nades y demonios coronados.<\/p>\n<p>No tardaron en encontrar lo que la bendita madre deseaba. \u00a1Vaya una colecci\u00f3n de juguetes! Ni qu\u00e9 vale lo que hoy conocemos en este interesante art\u00edculo, comparado con aquellas maravillas de la industria mu\u00f1equil. Baste decir que ni en seis horas largas se pod\u00eda ver lo que conten\u00edan las tiendas: figurillas de dioses muy brutos, y de hombres como p\u00e1jaros, esfinges que no dec\u00edan pap\u00e1 y mam\u00e1, momias baratas que se armaban y desarmaban; en fin&#8230; no se puede contar. Para que nada faltase, hab\u00eda teatros con decoraciones de palacios y jardines, y c\u00f3micos en actitud de soltar el latiguillo; hab\u00eda sacerdotes con s\u00e1bana blanca y sombreros deformes, bueyes de la ganader\u00eda de Apis, pitos adornados con flores del Loto, sacerdotisas en pa\u00f1os menores, y militares guap\u00edsimos con armaduras, capacetes, cruces y calvarios, y cuantos chirimbolos ofensivos y defensivos ha inventado para recreo de grandes, medianos y peque\u00f1os, el arte militar de todos los siglos.<\/p>\n<p>&#8211; III &#8211;<\/p>\n<p>En medio de la se\u00f1ora y del sujeto grave iba el chiquit\u00edn, dando sus manecitas, a uno y otro, y acomodando su paso inquieto y juguet\u00f3n al mesurado andar de las personas mayores.<\/p>\n<p>Y en verdad que bien pod\u00eda ser tenido por sobrenatural aquel prodigioso infante, pues si en brazos de su madre era tiernecillo y muy poquita cosa, como un \u00e1ngel de meses, al contacto del suelo crec\u00eda misteriosamente, sin dejar de ser ni\u00f1o; andaba con paso ligero y hablaba con expedita y clara lengua. Su mirar profundo a veces triste, gravemente risue\u00f1o a veces, produc\u00eda en los que le contemplaban confusi\u00f3n y desvanecimiento.<\/p>\n<p>Puestos al fin de acuerdo los padres sobre el empleo que se hab\u00eda de dar a la moneda, dij\u00e9ronle que escogiese de aquellos bonitos objetos lo que fuese m\u00e1s de su agrado. Miraba y observaba el ni\u00f1o con atenci\u00f3n reflexiva, y cuando parec\u00eda decidirse por algo, mudaba de parecer, y tras un mu\u00f1eco se\u00f1alaba otro, sin llegar a mostrar una preferencia terminante. Su vacilaci\u00f3n era en cierto modo angustiosa, como si cuando aquel ni\u00f1o dudaba ocurriese en toda la Naturaleza una suspensi\u00f3n del curso inalterable de las cosas. Por fin, despu\u00e9s de largas vacilaciones, pareci\u00f3 decidirse. Su madre le ayudaba dici\u00e9ndole: \u00ab\u00bfQuieres guerra, soldados?\u00bb Y el anciano le ayudaba tambi\u00e9n, dici\u00e9ndole: \u00ab\u00bfQuieres \u00e1ngeles, sacerdotes, pastorcitos?\u00bb Y \u00e9l contest\u00f3 con gracia infinita, balbuciendo un concepto que traducido a nuestras lenguas, quiere decir: \u00abDe todo mucho.\u00bb<\/p>\n<p>Como las figurillas eran baratas, escogieron bien pronto cantidad de ellas para llev\u00e1rselas. En la preciosa colecci\u00f3n hab\u00eda de todo mucho, seg\u00fan la feliz expresi\u00f3n del nene; guerreros arrogant\u00edsimos, que por las trazas representaban c\u00e9lebres caudillos, Gengis Kan, Cambises, Napole\u00f3n, An\u00edbal; santos y eremitas barbudos, pastores con pellizos y otros tipos de indudable realidad.<\/p>\n<p>Partieron gozosos hacia su albergue, seguidos de un enjambre de chiquillos, \u00e1vidos de poner sus manos en aquel tesoro, que por ser tan grande se repart\u00eda en las manos de los tres forasteros. El ni\u00f1o llevaba las m\u00e1s bonitas figuras, apret\u00e1ndolas contra su pecho. Al llegar, la muchedumbre infantil, que hab\u00eda ido creciendo por el camino, rode\u00f3 al due\u00f1o de todas aquellas representaciones graciosas de la humanidad.<\/p>\n<p>El hijo de la fugitiva les invit\u00f3 a jugar en un extenso llano frontero a la casa&#8230; Y jugaron y alborotaron durante largo tiempo, que no puede precisarse, pues era d\u00eda, y noche, y tras la noche, vinieron m\u00e1s y m\u00e1s d\u00edas, que no pueden ser contados. Lo maravilloso de aquel extra\u00f1o juego en que interven\u00edan miles de ni\u00f1os (un historiador habla de millones), fue que el peque\u00f1uelo, hijo de la bella se\u00f1ora, usando del poder sobrenatural que sin duda pose\u00eda, hizo una transformaci\u00f3n total de los juguetes, cambiando las cabezas de todos ellos, sin que nadie lo notase; de modo que los caudillos resultaron con cabeza de pastores, y los religiosos con cabeza militar.<\/p>\n<p>Vierais all\u00ed tambi\u00e9n h\u00e9roes con b\u00e1culo, sacerdotes con espada, monjas con c\u00edtara, y en fin, cuanto de incongruente pudierais imaginar. Hecho esto, reparti\u00f3 su tesoro entre la caterva infantil, la cual hab\u00eda llegado a ser tan numerosa como la poblaci\u00f3n entera de dilatados reinos.<\/p>\n<p>A un chico de Occidente, morenito, y muy picotero, le tocaron algunos curitas cabezudos, y no pocos guerreros sin cabeza.<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; I &#8211; Ayer, como quien dice, el a\u00f1o Tal de la Era Cristiana, correspondiente al Cu\u00e1l, o si se&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6991,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,32],"tags":[],"class_list":["post-1247","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] Rompecabezas, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - 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