{"id":1249,"date":"2012-03-27T20:22:06","date_gmt":"2012-03-27T20:22:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.translatioimperii.com\/galdos\/?p=399"},"modified":"2025-01-13T07:04:38","modified_gmt":"2025-01-13T07:04:38","slug":"sonemos-alma-sonemos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/sonemos-alma-sonemos\/","title":{"rendered":"So\u00f1emos, alma, so\u00f1emos"},"content":{"rendered":"<p>\u00abSo\u00f1emos, alma, so\u00f1emos\u00bb, ensayo de noviembre de 1903 publicado por Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s en el primer n\u00famero de&nbsp;<em>Alma espa\u00f1ola.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><strong>So\u00f1emos, alma, so\u00f1emos<\/strong><\/h1>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Aprendamos, con lento estudio, a conocer lo que est\u00e1 muerto y lo que est\u00e1 vivo en el alma nuestra, en el alma espa\u00f1ola. Aprend\u00e1moslo aplicando el o\u00eddo al palpitar de estos enojos que reclaman justicia, equidad, orden, medios de existencia. Apliquemos todos los sentidos a la observaci\u00f3n de los est\u00edmulos que apenas nacen se convierten en fuerzas, de los desconsuelos que derivan lentamente hacia la esperanza, de la gestaci\u00f3n que act\u00faa en los senos del arte, de la industria, de la ciencia&#8230; Observemos c\u00f3mo el pensamiento trata de buscar los resortes rudimentarios de la acci\u00f3n, y c\u00f3mo la acci\u00f3n tantea su primer gesto, su primer paso.<\/p>\n<p>Al examinar lo que caduc\u00f3 y lo que germina en el alma nuestra, observemos la triste ventaja que da la tradici\u00f3n a las ideas y formas de la vieja Espa\u00f1a. Las diputamos muertas, y vemos que no acaban de morirse. Las enterramos y se escapan de sus mal cerradas tumbas. Cuando menos se piensa, salen por ah\u00ed cad\u00e1veres que nos increpan con voz estertorosa, y arremeten con br\u00edo y dureza de huesos sin carne contra todo lo que vive, contra lo que quiere vivir: defend\u00e1monos. Respetando lo que la tradici\u00f3n tenga de respetable, rechacemos el esp\u00edritu mortuorio que en buena parte de la Naci\u00f3n prevalece a\u00fan, \u00abdilettantismo\u00bb del morir y de toda destrucci\u00f3n. Tengamos prop\u00f3sito firme de adquirir vida robusta y de creer con todo el vigor y salud que podamos. Declaremos que es innoble y fea cosa el vivir con media vida, y procuremos arrojar del alma todo resabio asc\u00e9tico. Ninguna falta nos hacen sufrimientos ni martirios que no vengan de la Naturaleza por ley superior a nuestra voluntad. Lo primero que tiene que hacer el alma remozada es penetrarse bien de la necesidad de evitar a su cuerpo los enflaquecimientos y desmayos producidos por ayunos voluntarios o forzosos. Detestamos el fr\u00edo y la desnudez; anhelamos el bienestar, el c\u00f3modo arreglo de todas nuestras horas, as\u00ed las de faena como las de descanso. Creemos que la pobreza es un mal y una injusticia, y la combatiremos dentro de la estricta ley del \u00abtuyo y m\u00edo\u00bb. Trabajaremos met\u00f3dicamente con el despabilado pensamiento, o con las manos h\u00e1biles, atentos siempre a que esta pacienzuda labor nos lleve a poseer cuanto es necesario para una vida modesta y feliz, con todo lo que la sostiene y vigoriza, con todo lo que la recrea y embellece. Opongamos briosamente este prop\u00f3sito al furor de los ministros de la muerte nacional, y declaremos que no nos matar\u00e1n aunque descarguen sobre nuestras cabezas los m\u00e1s fieros golpes; que no nos acabar\u00e1 tampoco el desprecio asfixiante; que no habr\u00e1 malicia que nos inutilice no rayo que nos parta. De todas las especies de muerte que traiga contra nosotros el amojamado esperpento de las viejas rutinas, resucitaremos.<\/p>\n<p>El pesimismo que la Espa\u00f1a caduca nos predica para prepararnos a un deshonroso morir, ha generalizado una idea falsa. La cat\u00e1strofe del 98 sugiere a muchos la idea de un inmenso baj\u00f3n de la raza y de su energ\u00eda. No hay tal baj\u00f3n ni cosa que lo valga. Mirando un poco hacia lo pasado, veremos que, con cat\u00e1strofe o sin ella, los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os del siglo anterior marcan un progreso de incalculable significaci\u00f3n, progreso puramente espiritual escondido en la vaguedad de las costumbres. Despu\u00e9s del 54 y del 68, consumadas las revoluciones que s\u00f3lo alteraban la superficie de las cosas, el ser dom\u00e9stico, dig\u00e1moslo as\u00ed, de nuestra raza, pobre y ociosa, sin trabajo interior ni pol\u00edtica internacional, se caracterizaba por la delegaci\u00f3n de toda vitalidad en manos del Estado. El Estado hac\u00eda y deshac\u00eda la existencia general. La sociedad descansaba en \u00e9l para el sostenimiento de su consistencia org\u00e1nica, y el individuo le ped\u00eda la nutrici\u00f3n, el hogar y hasta la luz. Las clases m\u00e1s ilustradas reclamaban y obten\u00edan el socorro del sueldo. Hab\u00eda dos noblezas, la de los pergaminos y la de los expedientes, y los puestos m\u00e1s altos de la burocracia se asimilaban a la grandeza de Espa\u00f1a. Un socialismo bastardo pon\u00eda en manos del Estado la distribuci\u00f3n de la sopa y los garbanzos del pobre, de los manjares trufados del rico. Al olor de aquella sopa y de los buenos guisos acud\u00eda la juventud dorada, la plateada y la de cobre&#8230; Pues de entonces ac\u00e1, en el lento correr de los d\u00edas de la Revoluci\u00f3n de Septiembre, del reinado de D. Amadeo, de la ef\u00edmera Rep\u00fablica, de la Restauraci\u00f3n y Regencia, se ha determinado una transformaci\u00f3n radical, que ya vieron los despabilados, y ahora empiezan a ver los ciegos. Va siendo general la idea de que se puede vivir sin abonarse por medio de una credencial a los comederos del Estado: de \u00e9ste se espera muy poco en el sentido de abrir caminos anchos y nuevos a los negocios, a la industria y a las artes. El pa\u00eds se ha mirado en el espejo de su conciencia, horroriz\u00e1ndose de verse compuesto de un reba\u00f1o de analfabetos conducido a la miseria por otro reba\u00f1o de abogados. Del Estado se espera cada d\u00eda menos; cada d\u00eda m\u00e1s del esfuerzo de las colectividades, de la perseverancia y agudeza del individuo. Detr\u00e1s, o m\u00e1s bien debajo de la vida entera del Estado, alienta otra vida que remusga y crece, y adquiere savia en las capas internas. En cincuenta a\u00f1os, es incalculable el n\u00famero de los que han aprendido a subsistir sin acercar sus labios a las que un tiempo fueron lozanas ubres, y hoy cuelgan fl\u00e1cidas: los espa\u00f1oles han crecido; comen, ya no maman. Aceptamos al Estado como administrador de lo nuestro, como regulador de la vida de relaci\u00f3n; ya no lo queremos como principio vital, ni como fondista y posadero, ni menos como nodriza. \u00bfNo es esto un gran progreso, el mayor que puede imaginarse?<\/p>\n<p>Debajo de esta corteza del mundo oficial, en la cual campan y campar\u00e1n por mucho tiempo figuras de pura, quiz\u00e1s necesaria representaci\u00f3n, y la comparsa vistosa de pol\u00edticos profesionales, existe una capa viva, en ignici\u00f3n creciente, que es el ser de la naci\u00f3n, realzado, con d\u00e9bil empuje todav\u00eda, por la virtud de sus propios intentos y ambiciones, vida inicial, rudimentaria, pero con un poder de crecimiento que pasma. Un d\u00eda y otro la vemos tirar hacia arriba, dejando asomar por diferentes partes la variedad y hermosura de sus formas reci\u00e9n creadas. Entre estas formas podemos se\u00f1alar las m\u00e1s pr\u00f3ximas: el esfuerzo de la ciencia agr\u00edcola para sobreponerse a las pr\u00e1cticas rutinarias, la flamante industria en peque\u00f1as y grandes manifestaciones, el arte que pretende acomodar las formas arcaicas al pensar amplio y al sentir generoso; se\u00f1alamos tambi\u00e9n las m\u00e1s lejanas, que son la libre conciencia, el respeto, la disciplina, el orden mismo, la vieja espada que los tiempos pasados legan a los futuros. No quiera Dios que esta capa de formaci\u00f3n nueva en parte somera, en parte profunda, suba por s\u00fabita erupci\u00f3n. Subir\u00e1 por alzamientos parciales y consecutivos del terreno, sin sacudidas violentas, para subsistuir al suelo polvoroso y resquebrajado en que tiene su secular asiento en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n<p>Entre lo mucho que nos traen las nuevas formaciones de terreno, descuellan dos aspiraciones grandes, que han de ser las primeras que busquen la encarnaci\u00f3n de la realidad. Necesitamos instrucci\u00f3n para nuestros entendimientos, y agua para nuestros campos. La superficie de esta porci\u00f3n de Europa que habitamos no es bella en todas sus partes, y es necesario que lo sea. Estimulan al amor las gracias y el sonrosado color de un rostro bello. No es f\u00e1cil que amemos a una patria que nos muestra su cuerpo y semblante cubiertos de lacras lastimosas, y afeados por la sequedad y aspereza de la epidermis. Una naci\u00f3n europea no puede ofrecer a las miradas del mundo, en pleno siglo XX, el espect\u00e1culo de las estepas desnudas que dan idea de la ancianidad tr\u00e9mula, pecosa y cubierta de harapos. Preciso es desencantar el viejo terru\u00f1o, d\u00e1ndole con las aguas corrientes, la frescura, amenidad y alegr\u00eda de la juventud: preciso es vivificar al tierra, d\u00e1ndole sangre y alma, y visti\u00e9ndola de las naturales galas de la agricultura. No queremos nada que sea imagen del yermo solitario, ni tristeza ni sequedad de calaveras mondas. En nombre del bienestar p\u00fablico y de la belleza, inundemos las estepas \u00e1ridas. No queremos fealdad en ninguna parte, sino hermosura que nos enamore de nuestros campos, para que en ellos podamos vivir y gozar de cuanto da la Naturaleza: lozanos plant\u00edos, risue\u00f1os bosques, deliciosas alquer\u00edas, donde hallemos el ejercicio sano y la paz del alma. Un pa\u00eds reconcentrado en poblaciones oscuras y pestilentes, es un enfermo de congesti\u00f3n cr\u00f3nica. La vida se estanca, la sangre no circula, y el tedio urbano, grave dolencia, estimula todos los vicios.<\/p>\n<p>Como el agua a los campos, es necesaria la educaci\u00f3n a nuestros secos y endurecidos entendimientos. Han dicho que no deseamos instruirnos, puesto que no pedimos la instrucci\u00f3n con el ansia del hambriento que quiere pan. La instrucci\u00f3n no se pide de otro modo que por la voz, o mejor, por los signos de la ignorancia. El ignorante es un ni\u00f1o, y el ni\u00f1o no pide m\u00e1s que el pecho, si es chiquit\u00edn, o los juguetes, si es grandull\u00f3n. Aguardar, para la educaci\u00f3n de la criatura, a que esta diga \u00abll\u00e9venme a la escuela que tengo muchas ganas de ser sabio\u00bb, es fiar nuestros planes a la infinita pachorra de la Eternidad. Si as\u00ed lo hici\u00e9ramos demostrar\u00edamos que los grandes somos tan cerriles como los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>Procuremos grandes y chicos instruirnos y civilizarnos, persiguiendo las tinieblas que el que menos y el que m\u00e1s llevan dentro de su caletre. El cerebro espa\u00f1ol necesita m\u00e1s que otro alguno de limpiones en\u00e9rgicos para que no quede huella de las negruras heredadas o adquiridas en la infancia. Y al paso que nos instruimos, cuid\u00e9monos mucho de no ser presumidos ni envidiosos, que el orgullo y el desagrado del bien ajeno son dos fe\u00edsimas excrecencias adheridas a nuestro ser, que piden un formidable esfuerzo para ser arrancadas y arrojadas al fuego como yerba da\u00f1osa. La presunci\u00f3n es cosa muy mala, pero todav\u00eda que el desprecio de nosotros mismos, cuando nos da por creer que somos unos b\u00e1rbaros incapaces de benignos sentimientos, de cultura y de vivir en paz unos con otros. Ni esto sirve para nada, ni menos el suponernos \u00fanicos poseedores de la verdad, y los m\u00e1s bonitos, los m\u00e1s agudos que en el mundo existen. El odioso remate de estos defectos es la p\u00e1lida envidia, que nos priva del goce de admirar al que por su ingenio, por su perseverancia o por otra virtud est\u00e1 m\u00e1s alto que nosotros. Seamos modestos, y aprendamos a no estirar la pierna de nuestras iniciativas m\u00e1s all\u00e1 de lo que alcanza la s\u00e1bana de nuestras facultades. Hagamos cada cual, dentro de la propia esfera, lo que sepamos y podamos: el que pueda mucho, mucho; poquito el que poquito pueda, y el que no pueda nada, o casi nada, est\u00e9se callado y circunspecto viendo la labor de los dem\u00e1s. Acostumbr\u00e9monos a rematar cumplidamente, con plena conciencia, todo lo que emprendamos; no dejemos a medias lo que reclama el acabamiento de todas sus partes para ser un conjunto org\u00e1nico, l\u00f3gico, eficaz, y conserv\u00e9monos dentro de la esfera propia, aunque sea de las secundarias, sin intentar colarnos en las superiores, que ya tienen sus leg\u00edtimos ocupantes. Cada cual en su puesto, cada cual en su obligaci\u00f3n, con el prop\u00f3sito de cumplirla estrictamente, ser\u00e1 la redenci\u00f3n \u00fanica y posible, poniendo sobre todo, el anhelo, la convicci\u00f3n firme de un vivir honrado y dichoso, en perfecta concordancia con el bienestar y la honradez de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00bfEs esto so\u00f1ar? \u00a1Desgraciado el pueblo que no tiene alg\u00fan ensue\u00f1o constitutivo y cr\u00f3nico, norma para la realidad, jal\u00f3n plantado en las lejan\u00edas de su camino!<\/p>\n<p><em>Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s, noviembre de 1903<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSo\u00f1emos, alma, so\u00f1emos\u00bb, ensayo de noviembre de 1903 publicado por Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s en el primer n\u00famero de&nbsp;Alma espa\u00f1ola. &nbsp;&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6991,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[83,3],"tags":[],"class_list":["post-1249","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-alma","category-benito-perez-galdos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - 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