{"id":12610,"date":"2010-01-26T23:51:00","date_gmt":"2010-01-26T23:51:00","guid":{"rendered":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?p=12610"},"modified":"2025-01-26T23:52:17","modified_gmt":"2025-01-26T23:52:17","slug":"articulo-el-alcazar-de-toledo-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-el-alcazar-de-toledo-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] El Alc\u00e1zar de Toledo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Enero, 12 de 1887.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy me toca hablar del incendio del Alc\u00e1zar de Toledo, cat\u00e1strofe que ha producido hond\u00edsima consternaci\u00f3n en la hist\u00f3rica ciudad, y en toda Espa\u00f1a una pena muy viva. Es aquel edificio la muestra m\u00e1s hermosa quiz\u00e1 que poseemos del arte monumental espa\u00f1ol del Renacimiento, y parece que tiene sobre s\u00ed una maldici\u00f3n el tal Alc\u00e1zar porque con \u00e9ste lleva ya tres incendios horribles. Sus gruesos muros, s\u00f3lidamente fabricados, parecen emblema de la vitalidad nacional, por la resistencia que oponen a los estragos del tiempo y del fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Se han empe\u00f1ado en no perecer, y si lo han conseguido en las dos cat\u00e1strofes de principios del siglo XVIII la una, de los comienzos del actual la otra, no sabemos si pasar\u00e1 lo mismo despu\u00e9s de la presente, que parece haber sido la m\u00e1s espantosa de las tres.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuantos han visitado la ciudad visigoda han ad\u00admirado la mole colosal del Alc\u00e1zar, situado en el punto m\u00e1s alto de la poblaci\u00f3n, sobre escarpada roca, cuyos ingentes fundamentos lame el r\u00edo Tajo, que all\u00ed no parece llevar en sus aguas las famosas arenas de oro, sino sangre, porque es rojo, y su as\u00adpecto, m\u00e1s siniestro que aur\u00edfero. El Alc\u00e1zar ofrece un conjunto en que se hermanan la robustez con la elegancia. Por una parte parece obra de gigantes, por otra, de so\u00f1adores y delicados artistas. Sus ba\u00adses cicl\u00f3peas son de aspecto de fortaleza por la parte del r\u00edo, y su fachada Norte, bell\u00edsima muestra de ar\u00adquitectura espa\u00f1ola, se igualan a los palacios en que reina el sibaritismo. Vense representadas en aque\u00adllas nobles piedras la paz y la guerra, fases gloriosas ambas de la Monarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que desaf\u00eda y que protege, y que en \u00e9l se confunden y asocian las crueldades del poder su\u00adpremo a los auxilios que \u00e9ste supo prestar a las le\u00adtras y a las artes.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Desde tiempos remot\u00edsimos hubo en aquel sitio una fortaleza. Era el punto culminante de la estra\u00adt\u00e9gica ciudad, y los visigodos primero, los \u00e1rabes despu\u00e9s, establecieron all\u00ed una residencia de auto\u00adridades y un punto de defensa. La primitiva ciudadela fu\u00e9 aumentada por los Reyes de Castilla, que le dieron el nombre de Alcazaba. Los Alfonsos se aposentaban all\u00ed cuando moraban en la ciudad. Pero el creador del Alc\u00e1zar, tal como le conocemos, fu\u00e9 el Emperador y Rey Carlos V, que quiso cons\u00adtruir all\u00ed un palacio digno de su poder\u00edo y de su nombre. Alonso de Covarrubias y Juan de Herrera fueron los arquitectos encargados de la colosal obra; y lo mejor de ella corresponde, seguramente, al primero, ayudado de Luis de Vergara y de Villalpando. Su fachada principal, en cuya traza se unen maravillosamente la robustez y la elegancia, es obra incomparable. Todo all\u00ed es grande, la puer\u00adta, que parece hecha para que s\u00f3lo entren gigantes por ella, el escudo sostenido por los colosales heraldos, la cruj\u00eda alta, la esbelta crester\u00eda que remata la cornisa, los airosos torreones&#8230; Covarrubias mos\u00adtr\u00f3 all\u00ed m\u00e1s que en ninguna parte la lozan\u00eda y fe\u00adcundidad de su imaginaci\u00f3n de artista, as\u00ed como su ciencia de constructor. Cuando vemos en siglos posteriores el decaimiento de la arquitectura espa\u00ad\u00f1ola, y observamos la incapacidad para todo lo que no sea una imitaci\u00f3n servil, no podemos com\u00adprender c\u00f3mo no imitan este modelo admirable y caracter\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta hace poco tiempo, nuestros arquitectos no han sabido salir del camino de las rutinas acad\u00e9\u00admicas o de los amaneramientos a la francesa, y por eso las poblaciones modernas est\u00e1n llenas de ade\u00adfesios. Lentamente se ha ido iniciando el estudio del Renacimiento propiamente espa\u00f1ol, y el arte monumental nos ofrece, de cuando en cuando, algu\u00adna muestra de emancipaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo al Alc\u00e1zar y a Covarrubias, dir\u00e9 que el patio es, quiz\u00e1, la m\u00e1s gallarda composici\u00f3n ar\u00adquitect\u00f3nica que es posible concebir. No cabe mayor sencillez ni efecto m\u00e1s sorprendente obtenido con medios tan sencillos. Creo haberme ocupado en otra de mis cartas de esta hermosa obra, y no la describir\u00e9 ahora prolijamente. Todo el lienzo del Mediod\u00eda lo ocupa la escalera, en la cual se obser\u00advan ya las cualidades de Villalpando, severidad y grandeza. Puede asegurarse, sin temor de que na\u00addie lo desmienta, que esta escalera es la mayor del mundo. Carlos V dec\u00eda que s\u00f3lo cuando sub\u00eda por all\u00ed se sent\u00eda Emperador. Los tramos tienen cincuen\u00adta pies de latitud, y por ellos puede subir un ej\u00e9r\u00adcito desahogadamente. El hueco de esta escalera forma una nave como la de cualquier iglesia, y la cubren nueve b\u00f3vedas. El viajero que se ve subien\u00addo por aquellos pelda\u00f1os, experimenta all\u00ed, como en parte alguna, la sensaci\u00f3n de su peque\u00f1ez. La escalera, como todo el edificio, est\u00e1 en armon\u00eda con la colosal estatura hist\u00f3rica del personaje para quien se hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, la fachada del Mediod\u00eda, obra de Juan de Herrera, refleja el estilo peculiar de este artista, seco, cl\u00e1sico y algo macizo. Es la parte menos in\u00adteresante, quiz\u00e1, del edificio. Respecto a la parte in\u00adferior del Alc\u00e1zar tal como estaba en tiempo de Carlos V, poco o nada podemos decir hoy. Los in\u00adcendios y destrucciones sucesivas borraron hasta la \u00faltima huella del decorado, que deb\u00eda de ser es\u00adpl\u00e9ndido, conforme al florecimiento de las artes suntuarias en aquella \u00e9poca y particularmente en Toledo.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer contratiempo de este desgraciado mo\u00adnumento ocurri\u00f3 en la guerra de sucesi\u00f3n, a princi\u00adpios del siglo pasado. Desde 1551, en que se termin\u00f3, hasta 1710, el Alc\u00e1zar vivi\u00f3 sin considerable dete\u00adrioro, habitado alguna vez por los Reyes, mas no preferido por \u00e9stos a otras residencias de igual ca\u00adr\u00e1cter. La espantosa guerra entre Felipe V y el ar\u00adchiduque de Austria fu\u00e9 de malas consecuencias para el palacio toledano, porque las tropas portu\u00adguesas que combat\u00edan por el archiduque se apode\u00adraron de \u00e9l y le pegaron fuego. En todas las gue\u00adrras, los soldados que no pueden realizar haza\u00f1as memorables la emprenden con los edificios. Los portugueses arrancaban las puertas talladas del Al\u00adc\u00e1zar para encender la lumbre en que condimentaban su rancho. Con tales artistas, f\u00e1cilmente se comprender\u00e1 c\u00f3mo quedar\u00eda el pobre monumento, sin techo, desmantelado, lleno de cenizas y escom\u00adbros. \u00danicamente los s\u00f3tanos abovedados, construi\u00addos a prueba de fuego y barbarie, continuaban habitables.<\/p>\n\n\n\n<p>Abandon\u00e1ronle, por fin, aquellos salvajes, y has\u00adta 1744 continu\u00f3 la grandiosa f\u00e1brica en tal estado, los muros siempre firmes, desafiando las inclemen\u00adcias del cielo y las acometidas de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cardenal de Lorenzana, arzobispo de Toledo, pr\u00f3cer sabio, hombre de grandes iniciativas, se debe la primera restauraci\u00f3n del edificio. Dirigi\u00f3la don Ventura Rodr\u00edguez, arquitecto eminente de la es\u00adcuela romana, a quien tanto deben las artes espa\u00ad\u00f1olas. Terminada la reparaci\u00f3n en 1775, consigui\u00f3 Lorenzana del Rey Carlos III que se destinara el Al\u00adc\u00e1zar a \u00abCasa de Caridad\u00bb y a taller de las indus\u00adtrias de sedas, que tanto nombre hab\u00edan dado a la metr\u00f3poli toledana. He aqu\u00ed que la residencia del m\u00e1s grande de los Reyes se convierte en asilo de pobres y en emporio del trabajo industrial.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta admirable manera de entender la beneficen\u00adcia di\u00f3 admirables resultados, pues com\u00fanmente se albergaban en el edificio setecientos pobres, que eran al propio tiempo setecientos tejedores de telas de \u2022sedas. Hoy que la industria de los brocados toleda\u00adnos ha desaparecido casi por completo, bueno es re\u00adcordar la maravillosa iniciativa del cardenal Lorenzana y lo bien que supo armonizar la cultura con la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa tiempo y estalla la guerra de la Independen\u00adcia. Napole\u00f3n ambiciona la posesi\u00f3n de Espa\u00f1a, y en la horrible contienda que esto ocasiona, nuestros principales monumentos son los que pagan las costas del pleito, como vulgarmente se dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Raro es el edificio hist\u00f3rico que no padece en ca\u00adlamitosos a\u00f1os las injurias de la soldadesca. Desde la Alhambra hasta San Marcos de Le\u00f3n, desde Poblet hasta San Juan de los Reyes, todo el rico arte monumental de nuestra patria recibe aver\u00edas, que en algunas partes han sido irreparables. El Alc\u00e1zar de Carlos V es reducido a cenizas en una noche sin m\u00e1s objeto ni fin estrat\u00e9gico que el de una ven\u00adganza est\u00fapida. \u00abRecordaron\u2014dice a este prop\u00f3sito un erudito escritor\u2014los soldados de Napole\u00f3n que hab\u00eda sido fundado aquel suntuoso monumento por los vencedores de Ceri\u00f1ola y de Pav\u00eda, y llenos de c\u00f3lera aplic\u00e1ronle la tea incendiaria, sin m\u00e1s mo\u00adtivo que su venganza y sin m\u00e1s pretexto que su vand\u00e1lico capricho. Mentira parece que generales ilustrados consintieran actos tan infames, echando sobre sus nombres el m\u00e1s espantoso borr\u00f3n que pueden ver los siglos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Desapareci\u00f3, pues, con este segundo incendio la \u00abCasa de Caridad\u00bb, y con ella los telares y cuanta riqueza all\u00ed exist\u00eda. Los france\u00adses se fueron y el Alc\u00e1zar permaneci\u00f3 much\u00edsimos a\u00f1os en esqueleto. Recuerdo haberlo visto antes de la segunda restauraci\u00f3n, destechado, los muros- siempre firmes y derechos, como si no hubiera pa\u00adsado nada por ellos, abiertos los huecos a la luz, las cornisas ahumadas aunque enteras, el interior negro y horrible, lleno de escombros calcinados. En tal disposici\u00f3n estuvo hasta despu\u00e9s de 1860. Cau\u00adsa maravilla la solidez de una f\u00e1brica que resiste valerosamente estragos de tal naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es que aquellas paredes parec\u00edan hechas de bronce, y la argamasa que une las piedras es de tal: calidad que antes se desplomar\u00e1 todo, que despren\u00adderse una sola pieza. La fachada Norte continuaba inalterable; la escalera lo mismo, y \u00fanicamente en el patio hab\u00edan perdido el equilibrio, las columnas de la arquer\u00eda superior. Emprendi\u00f3se la segunda restauraci\u00f3n hace veinte y tantos a\u00f1os empezando por cubrir el edificio. Entonces se cometi\u00f3 el m\u00e1s grande de los disparates, porque a nadie se le ocul\u00adtaba que debi\u00f3 emplearse el hierro en previsi\u00f3n de las contingencias de un tercer incendio. Un bosque de pino se emple\u00f3 en cubrir las inmensas cruj\u00edas del edificio y en rematar los torreones. \u00a1Y esto se hizo en una \u00e9poca en que ya era f\u00e1cil y hasta eco\u00adn\u00f3mico el empleo del hierro! Tal desatino se hab\u00eda, de pagar alg\u00fan d\u00eda y la realidad ha venido a dar la raz\u00f3n a los que vieron comprometida la costos\u00edsi\u00adma restauraci\u00f3n del Alc\u00e1zar con los entramados de madera que ardieron como yesca en la aciaga no\u00adche del 7. Lo m\u00e1s sensible es que en las obras rea\u00adlizadas all\u00ed en estos \u00faltimos a\u00f1os se han invertido dos considerables sumas, que algunos hacen subir a mill\u00f3n y medio de pesos. La provincia de Toledo enajen\u00f3 casi todos sus montes para atender a los dispendios de la restauraci\u00f3n. Y como el edificio era destinado a Escuela de Infanter\u00eda, los distintos cuerpos de este Instituto militar tambi\u00e9n han con\u00adtribuido al mismo fin con gruesas sumas.<\/p>\n\n\n\n<p>La restauraci\u00f3n no se detuvo en asegurar y con\u00adservar el edificio, sino que aspir\u00f3 tambi\u00e9n a decorarlo interiormente con lujo equivalente sino igual al que ten\u00eda en tiempos del C\u00e9sar Carlos V.<\/p>\n\n\n\n<p>El gran sal\u00f3n principal se hab\u00eda revestido de ri\u00adqu\u00edsima tela, y en el techo pint\u00f3 Pany, uno de nuestros artistas m\u00e1s eminentes, frescos admirables representando la apoteosis del Emperador y de sus grandes empresas. No lejos de esta sala estaba la biblioteca, que recientemente fu\u00e9 enriquecida consi\u00adderablemente. El resto de la planta principal conti\u00adnuaba sin aplicaci\u00f3n, pero toda la planta baja se destin\u00f3 a clases, dormitorios y refectorios para los cadetes, todos con la amplitud y desahogo que la vast\u00edsima traza del edificio permit\u00eda. Los artesonados de las galer\u00edas alta y baja del patio hab\u00edan sido re\u00adconstruidos imitando los antiguos, y en el centro se hab\u00eda colocado una copia muy bien fundida de la estatua de Carlos V, por Pompeyo Leone, que est\u00e1 en el Museo del Prado. A\u00fan faltaba restaurar la ca\u00adpilla y decorar la escalera; pero en ambas obras se trabajaba con provecho. Era en suma el Alc\u00e1zar res\u00adtaurado una hermosa obra, muestra elocuente de cultura y progreso, y se\u00f1al de respeto a la tradici\u00f3n que se va infiltrando en nuestras costumbres.<\/p>\n\n\n\n<p>Dolor inmenso causa ver desaparecer en una noche la obra de los siglos reparada y conservada amo\u00adrosamente por la paciencia y aplicaci\u00f3n del pre\u00adsente.<\/p>\n\n\n\n<p>Los toledanos est\u00e1n horrorosamente consterna\u00addos, como quien ve desaparecer su propia casa. Su Academia de Infanter\u00eda era la vida de la ciudad mo\u00adrisca; por asegurarla all\u00ed estaban dispuestos los tole\u00addanos a los mayores sacrificios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo peor del caso es que por muchos se atribuye el siniestro a la instalaci\u00f3n de la citada Academia en el Alc\u00e1zar, pues dicen, y con raz\u00f3n, que un mo\u00adnumento de tal naturaleza debe conservarse como los museos, y no ser entregado a las imprudencias y descuidos de soldados y cadetes. En manos del colegio de Artiller\u00eda perdimos el Alc\u00e1zar de Segovia, maravilla del arte mud\u00e9jar, y en manos de la Aca\u00addemia de Infanter\u00eda acabamos de perder el Alc\u00e1zar de Toledo. Esto se presta a meditaciones. No obs\u00adtante, ni justo ser\u00eda achacar la cat\u00e1strofe a la inmediata acci\u00f3n de los militares. Lo que hay es que el Gobierno debi\u00f3 instalar los dormitorios y viviendas en edificios anexos, reservando la art\u00edstica construc\u00adci\u00f3n de Covarrubias para actos solemnes y p\u00fablicos, para ex\u00e1menes, juramentos de banderas y otras so\u00adlemnidades semejantes. Y, sobre todo, hay que reconocer que si los entramados y techos se hubieran hecho de hierro, el fuego no se habr\u00eda apoderado de todo el edificio. Tambi\u00e9n es indisculpable, que conociendo la enormidad de combustible que con\u00adten\u00edan las techumbres, no se hubiera creado all\u00ed un buen servicio de incendios, empezando por llevar a los algibes la conveniente provisi\u00f3n de agua. En esto la imprevisi\u00f3n ha sido lamentable. Las bombas de incendios eran all\u00ed un mito.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy presenta, el palacio el mismo aspecto que ofreci\u00f3 a los habitantes de Toledo despu\u00e9s de aque\u00adllas aciagas noches en que los portugueses primero, y los franceses despu\u00e9s, le convirtieron en inmen\u00adsas hogueras.<\/p>\n\n\n\n<p>Cons\u00e9rvanse los muros orgullosos, negros por la acci\u00f3n del tiempo y por el humo, con todos sus huecos abiertos, imagen terrible de la fortaleza que no se deja abatir por ninguna desgracia, y del \u00e1ni\u00admo varonil que padece sin desmayar nunca. Las se\u00adculares paredes no se caer\u00e1n, y seguir\u00e1n pidiendo con un f\u00fanebre aspecto la tercera reparaci\u00f3n. Hay all\u00ed todav\u00eda resistencia para otros tantos siglos; qui\u00adz\u00e1 para muchos m\u00e1s, y el Estado, a que pertenecen aquellas ilustres piedras, no puede dejar caer sobre ellas una mirada indiferente. No: la tercera restau\u00adraci\u00f3n del Alc\u00e1zar se emprender\u00e1 tarde o temprano, y cueste lo que cueste: lo pide la dignidad nacional que no permitir\u00e1 que aquel ahumado esqueleto pre\u00adgone nuestra desidia; lo pedir\u00e1 el arte espa\u00f1ol que no se resigna a perder aquel modelo admirable de nuestra arquitectura en el siglo XVI; lo pide tambi\u00e9n la noble ciudad de Toledo, que merece conservar aquella joya, digna de sus hermanas la catedral me\u00adtropolitana y San Juan de los Reyes; lo pide, asi\u00admismo, el Ej\u00e9rcito, que en aquel edificio ten\u00eda el plantel de la oficialidad del porvenir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si se ha de emprender la tercera restaura\u00adci\u00f3n, que es una nueva y formidable batalla contra el tiempo, conviene que \u00e9sta se d\u00e9 con m\u00e1s inteli\u00adgencia. Del acertado empleo de materiales depende que el Alc\u00e1zar se perpet\u00fae o que se le prepare para una cuarta funci\u00f3n de pirotecnia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enero, 12 de 1887. 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