{"id":1273,"date":"2012-08-10T08:32:43","date_gmt":"2012-08-10T08:32:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=632"},"modified":"2012-08-10T08:32:43","modified_gmt":"2012-08-10T08:32:43","slug":"tormento-1884-de-benito-perez-galdos-versus-tormento-1974-de-pedro-olea-por-marta-gonzalez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/tormento-1884-de-benito-perez-galdos-versus-tormento-1974-de-pedro-olea-por-marta-gonzalez\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] \u00abTormento\u00bb (1884), de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s versus \u00abTormento\u00bb (1974) de Pedro Olea, por Marta Gonz\u00e1lez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>TORMENTO<\/em> (1884), DE BENITO P\u00c9REZ GALD\u00d3S versus <em>TORMENTO<\/em> (1974), DE PEDRO OLEA.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha cumplido el 128 aniversario de la publicaci\u00f3n de <em>Tormento<\/em>, una de las novelas galdosianas cuyo marco esc\u00e9nico se sit\u00faa en un Madrid m\u00e1s castizo, pero m\u00e1s id\u00e9ntico a s\u00ed mismo y al de la actualidad, sin embargo. La edici\u00f3n m\u00e1s reciente -Gonz\u00e1lez Meg\u00eda y Vela Gonz\u00e1lez, 2011- responde al intento de comprender a aquella sociedad y la inmersi\u00f3n en aquel Madrid, \u201cpueblo callejero, vicioso, que tiene la industria de fabricar tiempo\u201d (<em>Tormento<\/em>, XXV). El nombre de la capital de Espa\u00f1a aparece en la obra la friolera de 40 veces, y no es mucho comparado con los numerosos top\u00f3nimos de las calles, plazas y lugares de lo que entonces eran el centro y las afueras. Otro objetivo de la citada edici\u00f3n ha sido el dar a conocer a las nuevas generaciones la importancia de la convivencia en aquel tiempo, tan esencial como en el presente, por las condiciones socioecon\u00f3micas decimon\u00f3nicas, que -\u00a1qui\u00e9n lo dir\u00eda!- tanto se parecen a las actuales, y sacar alguna conclusi\u00f3n valiosa que se pueda aplicar a los graves problemas de esta posmodernidad que nos toca vivir. Durante su larga vida, la sensibilidad y la tolerancia de Gald\u00f3s lo convirtieron en un experto en lo que ahora se llama relaciones humanas.<\/p>\n<p>La adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica que rod\u00f3 Pedro Olea en 1974, no tan lib\u00e9rrima como las que hizo Bu\u00f1uel de las obras de Gald\u00f3s (<em>Tristana<\/em> y <em>Nazar\u00edn<\/em>), pero s\u00ed bastante sujeta a la servidumbre de la producci\u00f3n, me sugiere algunas breves reflexiones sobre las semejanzas y diferencias con la obra literaria, muchas de las cuales constituyen una flagrante anacron\u00eda en la topograf\u00eda madrile\u00f1a, vestuario de la \u00e9poca, lenguaje, personajes&#8230;<\/p>\n<p>La primera imagen de la pel\u00edcula parece la iglesia de San Francisco el Grande, San Gin\u00e9s o el monasterio de la Encarnaci\u00f3n, cuya fachada sale siempre que alg\u00fan personaje va a misa. En la novela, adem\u00e1s del recorrido \u201cvirtual\u201d que hace Rosal\u00eda en el cap\u00edtulo III, se citan varias iglesias de Madrid: San Marcos en la calle San Leonardo, al lado de la plaza de Espa\u00f1a (XIII), la Buena Dicha en la calle Silva, que parte de la Gran V\u00eda (XXIV), y el monasterio de las Descalzas reales, fundado en 1557 por la hija de Carlos I e Isabel de Portugal, situado en la plaza de San Mart\u00edn. En la esquina del Portillo de San Mart\u00edn empieza el pr\u00f3logo de <em>Tormento<\/em>, con el encuentro de dos personajes secundarios, pero de gran importancia, como todos en el autor canario: el escritor (<em>negro<\/em>) de follet\u00edn Jos\u00e9 Ido del Sagrario y Felipe Centeno, criado-recadero de don Agust\u00edn Caballero. Gald\u00f3s sit\u00faa ah\u00ed una de las primeras y excelentes muestras de la intencionada mezcla de g\u00e9neros (teatro\/narrativa) de su carrera literaria. Este monasterio no aparece en la pel\u00edcula, sin duda por su situaci\u00f3n, encastrado literalmente en la urbe. Es m\u00e1s vistoso el de la Encarnaci\u00f3n, en la plaza del mismo nombre, muy cerca del Palacio Real, fundado en 1611 por Felipe III y Margarita de Austria. Los interiores de la iglesia de la pel\u00edcula parecen tambi\u00e9n los de su capilla, o San Mill\u00e1n y san Cayetano, en Embajadores, 15.<\/p>\n<p>Agust\u00edn y Amparo pasean por calles con fachadas muy vetustas y deterioradas, cuando despu\u00e9s del trabajo en casa de Bringas \u00e9l la acompa\u00f1a a su casa, situada en la calle Beatas (cerca de la calle Ancha de San Bernardo), aunque en la pel\u00edcula es la calle de San Nicol\u00e1s, que parte de Mayor en su tramo final. Hay un paseo a pie por el Retiro, con el Palacio de Cristal al fondo, la misma imagen utilizada para que un Caballero decepcionado trace la inicial del nombre de Amparo en la arena del suelo. Finalmente, los dos enamorados pasean en coche por el Campo del Moro, declarado de inter\u00e9s art\u00edstico en 1931 y una de las tres zonas ajardinadas del Palacio real.<\/p>\n<p>Olea se salta el delicioso episodio de la mudanza de Bringas a la Costanilla de los \u00c1ngeles (la casa de Bringas parece estar situada en la calle de Segovia, aunque es arriesgado asegurarlo) y la afici\u00f3n o m\u00e1s bien maestr\u00eda, casi un segundo oficio, por lo que ahora se llama bricolaje; tampoco nos brinda la narraci\u00f3n de qui\u00e9n es qui\u00e9n y qu\u00e9 relaci\u00f3n tiene con el resto, algo caracter\u00edstico de Gald\u00f3s y muy de agradecer, dada la complejidad de obras como <em>Fortunata y Jacinta<\/em> (1887). En cambio, el cineasta vasco se inventa la bienvenida de los Bringas a su primo, Agust\u00edn Caballero, en la locomotora m\u00e1s vetusta del Museo del Ferrocarril de Madrid, en la antigua estaci\u00f3n ferroviaria de Delicias, la llegada de Caballero al hotel Continental -inexistente en la actualidad, a no ser un hostal en el 44 de la Gran V\u00eda, cerca de Callao-, con fachada de carton\u00e9 (el patio ya es de verdad: me parece el del palacio de Linares, donde Berlanga rod\u00f3 en 1982 su antol\u00f3gica <em>Patrimonio nacional &#8211;<\/em>la segunda de la trilog\u00eda dedicada a la familia Leguineche- antes de su reconversi\u00f3n en la actual Casa de Am\u00e9rica). Tambi\u00e9n hace una versi\u00f3n algo libre de la convivencia entre los Bringas y el indiano y opulento primo.<\/p>\n<p>El argumento de la novela parece simple y previsible: un funcionario p\u00fablico y su esposa acogen en su casa a una pariente pobre para explotarla. Es hermosa, d\u00e9bil y sumisa, cualidades que merecen un premio, la boda con un buen partido, un primo de Bringas -mayor, serio, adinerado-, a quien ella ama, para una felicidad m\u00e1s completa. Todo parece previsible, pero desde el cap\u00edtulo VIII el giro es total: el autor ampl\u00eda el sufrimiento de la hero\u00edna y contagia al h\u00e9roe, por una grave falta con un sacerdote, que no nos cuenta (\u201clo de marras\u201d) y que cambia totalmente el desarrollo de la novela, hasta llegar a un desenlace inesperado, con grandes dosis de suspense. Hay algunas modificaciones en la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Los personajes de la novela conviven en armon\u00eda, con grandes contrastes: la compa\u00f1era ideal de Bringas es Rosal\u00eda, que disimula y miente hasta lograr sus objetivos de embellecerse y ascender en la escala social, y s\u00f3lo un Juan Lanas como Bringas aguantar\u00eda a una mujer tan entrometida, clasista e inmoral como ella; el salvaje pero tradicionalista Caballero se enamora de Amparo, al creerla pura, d\u00f3cil y conformista, pero no sabe que su sumisi\u00f3n es cobard\u00eda ni sospecha nada de su desliz, el m\u00e1s grave que una mujer pod\u00eda cometer entonces; Amparo ve la posibilidad de no morir de inanici\u00f3n en su media naranja, pero no se imagina que Caballero, a quien ella considera un hombre cabal, no haga honor a su nombre y no le perdone un pecado antiguo e inducido; a Amparo se opone su hermana Refugio, un ejemplo de las mujeres pobres y orgullosas de la \u00e9poca, con un papel esencial en <em>La de Bringas<\/em>, que indica cu\u00e1nto merec\u00eda una novela propia; el padre Nones es el contrapunto de Pedro Polo, ya retratado en <em>El doctor Centeno<\/em> (1883) como un cl\u00e9rigo inmoral, mujeriego, iracundo e irrespetuoso con el estado eclesi\u00e1stico, y en <em>Tormento<\/em> se halla en el fin de la degradaci\u00f3n, sin la dosis de hipocres\u00eda reinante, pero no es muy diferente de Caballero, quien exige de los dem\u00e1s una integridad que est\u00e1 muy lejos de poseer; Marcelina Polo presume de rigor \u00e9tico, si bien empa\u00f1ado por su af\u00e1n de conocer y dominar las vidas ajenas, como Rosal\u00eda, pero tambi\u00e9n es lo contrario de \u00e9sta, que se vende en cuerpo y alma por aparentar lo que no es; por \u00faltimo, ya es hora de que Felipe Centeno, de tan azarosa vida en Madrid, tenga un poco de suerte, lo que no le ocurre al otro personaje marginal, Ido del Sagrario, cuyo empleo de <em>negro<\/em> de folletines le dura tan poco como el de escribiente de Caballero, al marchar \u00e9ste a Burdeos de repente.<\/p>\n<p>Hasta el cap\u00edtulo VIII, Amparo es un personaje tan plano como en la pel\u00edcula, por un pasado que quiere olvidar y que se le oculta al lector, y se transforma en tormento de Polo, de Caballero y de s\u00ed misma: de esta forma, el t\u00edtulo de la novela est\u00e1 puesto con toda propiedad. El culpable de este pasado es don Pedro Polo, amargado por su falta de vocaci\u00f3n, por su escasa preparaci\u00f3n y por su necesaria renuncia al \u201cmundo\u201d, aunque no al amor femenino. El silencio de Gald\u00f3s es intencionado: quiz\u00e1s su deshonra se deba a las cartas que Marcelina echa al fuego, cuyo contenido no conocemos, si bien el solo hecho de escribir a un hombre la compromete, seg\u00fan la moral de la \u00e9poca. La mentalidad de Amparo no contempla otra salida que la tradicional, pero sale beneficiada, aunque no pueda comprenderlo: es humillante para ella la soluci\u00f3n de Agust\u00edn (no se casa con ella, la lleva a Burdeos en calidad de mantenida), pero su marcha le evita soportar a Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Los personajes novelescos tienen rasgos de las diversas tendencias literarias del momento, romanticismo, follet\u00edn y naturalismo, pero predomina el realismo, pues el tratamiento de los caracteres se lleva a cabo mediante la constante oposici\u00f3n: Refugio es tan deshonesta como Amparo y como Rosal\u00eda, pero carece de falsedad. \u00bfQui\u00e9n es m\u00e1s inmoral: la <em>mosquita muerta<\/em> Amparo, la hip\u00f3crita Rosal\u00eda al aparentar una virtud que no tiene, o la <em>mujer<\/em> <em>p\u00fablica<\/em> Refugio? \u00c9sta es la \u00fanica sincera y la que m\u00e1s c\u00f3moda se siente consigo misma. Los personajes est\u00e1n tratados minuciosamente en su faceta externa -indumentaria, fisonom\u00eda- e interna, psicol\u00f3gica, desde el temperamento a los m\u00f3viles \u00faltimos, pasando por el an\u00e1lisis de vicios y virtudes, frustraciones e ilusiones, obsesiones y proyectos, temores y ansiedades: Caballero se ofende mucho cuando se entera del pasado de Amparo e indaga en las pruebas de su deshonra con una investigaci\u00f3n detectivesca, totalmente realista, para rendir homenaje a la moral burguesa, sin ceder a su voz interior, que lo impulsa a perdonar a Amparo, m\u00e1s bien por voluptuosidad que por honradez o por amor:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cEcho a correr de esta tierra y de esta atm\u00f3sfera, pero no me marchar\u00e9 sin ver con estos ojos la manzana podrida y mirar bien aquellos pedazos sanos que otro ha de morder, no yo, desgraciado y miserable\u201d, XXXVIII).<\/p><\/blockquote>\n<p>Los personajes f\u00edlmicos se basan en los novelescos pero resultan distintos, muy poco matizados.<\/p>\n<p>Don Francisco de Bringas, el funcionario de la reina Isabel II (Rafael Alonso, que, andando el tiempo y la carrera de Jos\u00e9 Luis Garci, encarna a don P\u00edo Coronado en su versi\u00f3n de <em>El abuelo<\/em> -1998- y muere durante su rodaje), es un personaje m\u00e1s decisivo en <em>La de Bringas<\/em>, pero en <em>Tormento<\/em> tambi\u00e9n es importante; en cambio, en la pel\u00edcula apenas dice tres frases, siempre dirigidas a su mujer, \u201clo que t\u00fa digas, querida\u201d.<\/p>\n<p>Rosal\u00eda de Bringas est\u00e1 interpretada por una Concha Velasco sin precedentes, pero inferior al personaje de Gald\u00f3s: no llega a expresar la hipocres\u00eda, la mala educaci\u00f3n y la perversidad del tipo novelesco, sino que parece una mujer corriente cuyo \u00fanico defecto es ser algo marisabidilla, influida por las costumbres provincianas de la capital y de la \u00e9poca. Es acertada su avidez de cosas materiales, apenas esbozada si se compara con la que la aqueja en <em>La de Bringas<\/em> -continuaci\u00f3n de <em>Tormento<\/em>, tambi\u00e9n de 1884, sin adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica- ante el regalo de Caballero, un valioso collar que no existe en la novela, donde Caballero abastece a los Bringas de lo necesario y de lo superfluo en un constante goteo. Rosal\u00eda ostenta el collar en la comida donde el indiano ve por primera vez a Amparo S\u00e1nchez Emperador, la actriz conocida como Ana Bel\u00e9n, bastante mal elegida para ese papel, en mi opini\u00f3n. No da la talla para interpretar a Amparo-Tormento por su falta de vis para diferentes situaciones, s\u00f3lo tiene una faz para todo, y hay bastantes \u201cposes\u201d diferentes contempladas en el gui\u00f3n, aunque su calidad no se aproxime a la novela. Adem\u00e1s, la prominente mand\u00edbula superior de Ana Bel\u00e9n (sonr\u00ede poco para no ense\u00f1ar los dientes, seg\u00fan confes\u00f3 en una entrevista) la apartan de la excelsa belleza de la emperadora:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cSe le pod\u00eda decir, como a Dulcinea, alta de pechos y adem\u00e1n brioso. Ten\u00eda lo que llaman \u00e1ngel, expresi\u00f3n de dulzura y tristeza, y un hermos\u00edsimo pelo casta\u00f1o, que podr\u00eda figurar all\u00e1 arriba, all\u00e1, en la constelaci\u00f3n del Le\u00f3n junto a la cabellera de Berenice\u201d (<em>El doctor Centeno<\/em>, XVI).<\/p><\/blockquote>\n<p>La Amparo cinematogr\u00e1fica en su conversaci\u00f3n con los personajes es modesta y sumisa; con la cocinera se muestra prudente, reservada, como lo es durante toda la pel\u00edcula, o con una doblez taimada, se dir\u00eda: parece que lo \u00fanico que quiere es casarse con un hombre rico, para vengarse de todos los que la rodean, sean quienes sean, y hasta en la pel\u00edcula son distintos para ella. En la novela es un personaje de matices riqu\u00edsimos, uno de los m\u00e1s logrados de Gald\u00f3s. Olea muestra una escena er\u00f3tica (minuto 30) entre ella y el cura Polo -\u00a1con la misma m\u00fasica de \u00f3rgano de las escenas de iglesia!-, un tributo, quiz\u00e1s, al inicio del destape en Espa\u00f1a, que empieza en la Transici\u00f3n, despu\u00e9s de la muerte de Franco, pero la censura est\u00e1 muy relajada en sus \u00faltimos estertores. En ning\u00fan pasaje de la novela aparece tal cosa; m\u00e1s a\u00fan, Gald\u00f3s alude a ello como \u201clo de marras\u201d, para no cont\u00e1rselo al lector, y es un autor tan \u201cdecente\u201d que ni siquiera se permite mostrar los escarceos amorosos de Polo con prostitutas en <em>El doctor Centeno<\/em>, y en toda su extensa obra. Ella se despierta sobresaltada por un sue\u00f1o, que sin duda corresponde a episodios reales, aunque pasados.<\/p>\n<p>Prudencia la cocinera, Mar\u00eda Isbert, cuyo papel en la novela se reduce a la escena expresionista ((Escena similar a las del cine alem\u00e1n anterior a la Segunda Guerra Mundial (Murnau, Wiene, Lang, Pabst&#8230;), que re\u00fane las mismas bases te\u00f3ricas, las t\u00e9cnicas del impresionismo literario, que Gald\u00f3s tambi\u00e9n cultiv\u00f3 m\u00e1s tarde con mucho acierto, como casi todo.))&nbsp;de traer luz por un pasillo tenebroso durante el atardecer en que Caballero pretende declararse a Amparo, es dicharachera y hasta criticona en la pel\u00edcula. Asimismo, Celedonia, el ama de Polo, interpretada por Milagros Leal -su nombre est\u00e1 confundido en los t\u00edtulos del film-, anda demasiado ligera al principio de la pel\u00edcula para aparecer muri\u00e9ndose de reuma al final de la misma, pero dice una frase proverbial -inventada- al traer un \u201ctentempi\u00e9\u201d a Polo y al padre Nones (Ismael Merlo), pues \u201cpara eso de comer ustedes los curas siempre est\u00e1n dispuestos\u201d (Olea, minuto 37), eliminando as\u00ed la diferencia establecida por Gald\u00f3s entre los curas honestos, dedicados a su santo ministerio, y los corrompidos, pese a ser tachado de anticat\u00f3lico, lo que le acarre\u00f3 muchos problemas en la sociedad espa\u00f1ola de entonces.<\/p>\n<p>Paco Rabal es el plato fuerte, el de mejor interpretaci\u00f3n -si bien su dicci\u00f3n es muy defectuosa, habla demasiado deprisa y pronuncia bastante mal-, pero no puede suplir las insuficiencias de los dem\u00e1s actores, ni modificar el gui\u00f3n: cu\u00e1nto le hubiera convenido a la Amparo novelesca que su pretendiente fuera como el cinematogr\u00e1fico, tan fuerte, tan seguro de s\u00ed mismo, tan puesto en raz\u00f3n. No habr\u00eda tenido tantas dudas, las circunstancias la habr\u00edan obligado a actuar (en pocos casos \u201cla loca de la casa\u201d galdosiana, la imaginaci\u00f3n, caus\u00f3 estragos tan serios en personaje similar) y el desenlace habr\u00eda llegado antes y con unas consecuencias menos tr\u00e1gicas para Amparo, todo lo cual, junto con el humor, el suspense y la iron\u00eda hacen del texto galdosiano una gran novela. Pero el Caballero novelesco es t\u00edmido, d\u00e9bil y contradictorio: puede manejar a los banqueros madrile\u00f1os y a los franceses, pero no consigue declararse a una mujer sino con un discurso ensayado en su mente, que luego le sale al rev\u00e9s; lucha contra las adversidades de todo tipo en unas tierras lejanas y salvajes, pero es incapaz de enfrentarse a la burgues\u00eda madrile\u00f1a; desea orden social, monarqu\u00eda y religi\u00f3n, pero consigue lo contrario, se amanceba con Amparo, se enemista con los primos y queda en mal lugar ante las autoridades madrile\u00f1as; detesta la liberalidad de costumbres (razas mezcladas, ausencia de leyes, poligamia, poliviria, dice), pero no puede sobreponerse al que dir\u00e1n en \u201cun lugar\u00f3n poblado de la gente m\u00e1s zafia y puerca del mundo\u201d, como definir\u00e1 Rosal\u00eda a la capital de Espa\u00f1a en la siguiente novela.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Marcelina Polo es Amelia de la Torre en la pel\u00edcula, con un papel muy reducido y separada de sus \u201ccompa\u00f1eras de piso\u201d. Esto es importante, porque en la obra de Gald\u00f3s estas tres mujeres sit\u00faan al lector en pleno contexto y lo sumerge en las ra\u00edces cervantinas que pueblan las p\u00e1ginas del insigne autor canario, que tantas cosas supo fundir en su obra. No aparecen su vicio por la loter\u00eda, su af\u00e1n de cotilleo, su falta de caridad, su religiosidad extrema mal entendida, el peor beater\u00edo de la \u00e9poca; tampoco lleva a cabo uno de los momentos de suspense magistrales de la novela, cuando la emperadora -que, iron\u00eda del destino, es fregona de oficio-, va a casa de Polo por segunda vez para aplacar su ira y convencerlo de la imposibilidad de vivir juntos (de que le permita casarse sin esc\u00e1ndalo, m\u00e1s bien), y tiene que esconderse en un \u201cretrete\u201d, esperando durante mucho tiempo para que Marcelina no sepa que est\u00e1 all\u00ed, pero \u00e9sta permanece apostada en un portal de la misma calle hasta que la ve salir. En la pel\u00edcula la saca de un armario (esos roperos de las pel\u00edculas americanas, tan poco corrientes en la Espa\u00f1a decimon\u00f3nica) y la llama \u201czorra\u201d, cosa impropia de una mujer tan interesada en guardar las apariencias.<\/p>\n<p>Todo esto aporta a la pel\u00edcula un costumbrismo mucho m\u00e1s eficaz -si bien el de Gald\u00f3s es un costumbrismo de calidad, dosificado en su justa medida y utilizado en el momento oportuno-, como lo es la transformaci\u00f3n de los hijos de Bringas: Paquito no es universitario a\u00fan, parece m\u00e1s ni\u00f1o que Isabelita, y Alfonsito ((Gald\u00f3s est\u00e1 en todo: los hijos de Bringas se llaman Isabel, Paquito y Alfonso, como la reina, su marido y su primog\u00e9nito.))&nbsp;no hace las delicias de Caballero, ni es tan encantador como todo ni\u00f1o galdosiano (el falso Pitus\u00edn, Pacorrito Migajas, Luisito Cadalso). Las sobras que se lleva Amparo a su casa, unas manzanas peque\u00f1as y revenidas y un pedazo de pan duro, son mucho m\u00e1s f\u00e1ciles de filmar en la \u00e9poca que las \u201cdos mantecadas de Astorga que, por las muchas hormigas que ten\u00edan, parec\u00eda que iban a andar solas\u201d (<em>Tormento<\/em>, X), y m\u00e1s cortos los encargos de Rosal\u00eda -algo interesant\u00edsimo en la novela para el conocimiento de la \u00e9poca-, quien asume tambi\u00e9n el comentario despreciativo de Nicanora, esposa de Ido, sobre la hermana de Amparo, Refugio (una Mar\u00eda Luisa San Jos\u00e9 muy joven y demasiado rubia, que promete \u201cencargarse\u201d de Polo, con el desgarro de una manola, min. 49 de Olea), para indicar la diferencia entre las dos hermanas: \u201c\u00c9sta que emplea tanto tiempo en lavarse no puede ser buena&#8230; Digan lo que quieran, la mujer honrada no necesita de tanta agua\u201d (X). Sin embargo, s\u00ed se menciona de pasada una cosa que no viene a cuento y que queda inexplicado en la pel\u00edcula, el \u201clibro mayor\u201d (V), el libro de cuentas del comerciante, con debe y haber, personas, fechas y datos (nota 52 de la edici\u00f3n citada).<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula aparece Polo afeitado totalmente, con sotana y sombrero de teja ((Igual que Amparo detesta el color negro, en la novela Polo reniega mentalmente de las ropas talares, tema recurrente en buena parte de los autores contempor\u00e1neos a Gald\u00f3s que trataron en sus obras el amor de cura, como Pardo Baz\u00e1n, Valera y&nbsp;<em>Clar\u00edn.<\/em>)), paseando por una calle, que podr\u00eda ser la del Nuncio o la Cava Baja, con el padre Nones. \u00c9ste se queja de achaques, mientras su aspecto f\u00edsico queda bastante alejado de la descripci\u00f3n que Gald\u00f3s hace del sacerdote (Ismael Merlo, con su cara redonda y colorada, sin arrugas ni canas ni alopecia, mientras que en la novela apenas puede bajar la escalera y dice con humor negro de ir a Capellanes, una celebre sala de baile, sita en la calle del mismo nombre). Este sacerdote s\u00ed es fiel a la imagen intransigente e inmovilista de la iglesia cat\u00f3lica, aunque es benevolente y cari\u00f1oso.<\/p>\n<p>La casa de Polo (un Javier Escriv\u00e1 algo sobreactuado, pero tambi\u00e9n bastante mejor que en otras apariciones suyas, \u00bfser\u00e1 que los textos de Gald\u00f3s hacen el milagro de que algunos actores olviden su belleza f\u00edsica, cosa que parec\u00eda bastar en \u00e9pocas recientes del cine espa\u00f1ol, para centrarse en la interpretaci\u00f3n?) es mucho m\u00e1s presentable que la novelesca: tiene muebles, espejos, macetas y objetos ornamentales, pa\u00f1itos y hasta cortinas, pues su due\u00f1o no est\u00e1, como en la novela, en situaci\u00f3n de pobreza extrema, y aun de miseria, ya que su enfermedad es provocada por la desnutrici\u00f3n continuada a lo largo de mucho tiempo. Amparo no tiene que emplear los dineros que le ha dado Caballero para abastecer la casa de lo m\u00e1s necesario, agua, carb\u00f3n, y algunas viandas (otra cosa que empobrece esa escena, la ausencia de los celos, cuando \u201cmascando una cosa amarga\u201d Polo dice: \u201cMuy rica est\u00e1s&#8230;\u201d, XVI). S\u00ed coincide con la novela la limpieza que Amparo hace en la casa de Polo para evitar temas de conversaci\u00f3n peligrosos y amargos y huir de sus requerimientos amorosos, igual que desfogan sus penas empu\u00f1ando los zorros, sacudiendo las esteras y mullendo los colchones vigorosamente todas las hero\u00ednas galdosianas pobres: Clara, Fortunata, Camila, Dulcenombre&#8230;<\/p>\n<p>Aunque dicen que una imagen vale m\u00e1s que mil palabras, un s\u00edmil que considero bastante inexacto, si las palabras proceden de un texto literario, parece evidente que Olea no puede exhibir las numerosas y magn\u00edficas sensaciones de sonido, luz y color con que nos deleita Gald\u00f3s:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cCuando la sala qued\u00f3 arreglada, Tormento volvi\u00f3 a la cocina, y entonces se oy\u00f3 el tumulto del agua revolc\u00e1ndose en el fregadero entre montones de platos. Con los brazos desnudos hasta cerca de los hombros, la joven desempe\u00f1aba aquella ruda funci\u00f3n, deleit\u00e1ndose con el fr\u00edo del agua y con el brillo de la loza mojada\u201d (XV).<\/p><\/blockquote>\n<p>As\u00ed pues, muestra a Amparo limpiando el polvo de unas fotos en la pared de Polo con monjas, escolares de la \u00e9poca y comidas campestres, un anacronismo, no s\u00f3lo cient\u00edfico, sino tambi\u00e9n de t\u00e9cnicas decorativas.<\/p>\n<p>Los trajes femeninos carecen de la variedad y profusi\u00f3n de la novela, como todo lo dem\u00e1s, pero s\u00ed son fieles a la \u00e9poca, con algunas incorrecciones: Amparo, Refugio, Celedonia y Nicanora siempre van con mant\u00f3n y pa\u00f1uelo, por su condici\u00f3n de mujeres pertenecientes al \u201ccuarto estado\u201d, si bien Amparo siempre viste en el film prendas de color m\u00e1s claro. Eso no era as\u00ed en la Espa\u00f1a de entonces, le bastaba su juventud y belleza para distinguirse de las ancianas, pero la ropa era de peor calidad (ni seda ni gro ni brocado, sino merino, el algod\u00f3n m\u00e1s inferior que hab\u00eda), y del mismo color: negro, marr\u00f3n oscuro, gris marengo, ala de mosca; por descontado, ninguna mujer adulta de bien, pobre o rica, habr\u00eda salido a la calle jam\u00e1s con el pelo suelto, sujeto con una horquilla o pasador, como hace Amparo al ir hasta la casa de Caballero, a instancias de Bringas, para explicarse con \u00e9l; Rosal\u00eda, excepto para ir al teatro, siempre sale a la calle con el mismo traje, uno beige de ribetes marrones, con esclavina o manteleta (la dichosa prenda, causa de las tragedias en <em>La de Bringas<\/em>), un sombrero de paja con cintas en tonos crudos y marrones y una limosnera a juego. Esto quiz\u00e1s fuera del agrado del atrezzista, o una exigencia de la actriz, que se ver\u00eda m\u00e1s favorecida as\u00ed, pero es una incongruencia: seg\u00fan los testimonios gr\u00e1ficos y literarios, las mujeres s\u00f3lo llevaban sombreros de paja en verano y ese traje tan abrigado ser\u00eda un tormento en el est\u00edo madrile\u00f1o. Pues as\u00ed vestida va a la estaci\u00f3n, entra a una iglesia y se sienta en un caf\u00e9 con m\u00fasicos. En su casa luce el mismo atuendo, lo que no es tampoco frecuente en la \u00e9poca, pues Gald\u00f3s destaca la pobreza de la familia en la escasez y mala calidad de la comida y en el hecho de que ella estaba en el seno del hogar siempre \u201ccubierta de una inv\u00e1lida bata hecha jirones, a veces calzada con botas viejas de Bringas, casi siempre sin cors\u00e9, y el pelo, como si la hubiera peinado el gato\u201d (VI). Tampoco aparece algo muy importante, la bata de casa femenina, tan distintiva de una clase acomodada como el coche para salir de paseo. Hay en la pel\u00edcula abundancia de carros y coches de caballos: en todas las escenas exteriores aparece uno, lamentablemente el mismo de ruedas amarillas, pero no es un sim\u00f3n, el taxi de la \u00e9poca que cogen todos los personajes novelescos, sin excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Paco Rabal tampoco viste como un hombre adinerado del Madrid finisecular, para encarnar a Agust\u00edn Caballero: se presenta en Madrid con un traje marr\u00f3n (con sombrero del mismo color, la \u00fanica vez que lo lleva, adem\u00e1s del pelo demasiado corto para un hombre de la \u00e9poca), que podr\u00eda haber pasado por uno actual, o acaso perteneciera a otra producci\u00f3n cinematogr\u00e1fica y fuera de la talla del actor murciano; lleva tambi\u00e9n un lazo de corbata que parece una pajarita de ahora y no el cl\u00e1sico traje negro de levita o levit\u00edn, con camisa blanca y corbata del mismo color con lazo aparatoso, y sobre todo eso, la capa, tan madrile\u00f1a como espa\u00f1ola, y as\u00ed aparece el atuendo masculino en los autores contempor\u00e1neos y en los grabados de la \u00e9poca. As\u00ed viste Bringas en sus escasas apariciones en la pel\u00edcula. M\u00e1s tarde, Rabal luce una chaqueta gris de tejido en espiguilla, de las de cintur\u00f3n con hebilla a la cintura, como de jinete, ciclista o aviador, que no se ponen de moda hasta bien avanzado el siglo XX, y nunca lleva sombrero ni guantes ni bast\u00f3n, piezas imprescindibles del atuendo masculino para salir a la calle.<\/p>\n<p>La casa de Caballero parece una villa en el campo, o de las afueras, en lugar de ser una casona de la calle Arenal, y el interior desmerece much\u00edsimo frente a la descripci\u00f3n que Felipe le hace a Amparo en el cap\u00edtulo XI, completada con la del narrador cuando Rosal\u00eda y C\u00e1ndida la visitan (XXVII), asombradas, tanto de los muebles lujosos y de las monadas decorativas, como de los adelantos t\u00e9cnicos (ducha, calefacci\u00f3n&#8230;). La de Amparo carece del sof\u00e1 \u201cque por diversas bocas padec\u00eda v\u00f3mitos de lana, dos sillones reum\u00e1ticos y un espejo con el azogue viciado y se\u00f1ales variolosas\u201d (X), aunque es modesta y ajustada a la \u00e9poca, al contrario de la de Polo, ya mencionada. \u00c9ste regresa del campo al enterarse de la boda, pero en vez de ir Amparo a su casa como en la novela, \u00e9l la espera en la de ella y presencia con gran consternaci\u00f3n el beso de Agust\u00edn al despedirse, tambi\u00e9n inventado, pues Gald\u00f3s dice taxativamente: \u201cDos horas estuvo all\u00ed Agust\u00edn, y al despedirse no se permiti\u00f3 m\u00e1s rapto de amor que besar la mano de su novia\u201d (XXII).<\/p>\n<p>Las hermanas se llevan mucho peor en la novela, l\u00f3gicamente, porque Amparo pretende comprar el silencio de Refugio y la insta constantemente a adoptar una conducta honesta, discreta y acorde con su futura posici\u00f3n social. En ning\u00fan momento lamenta Amparo que Refugio se vaya a vivir con un hombre (no se dice qui\u00e9n en la novela, pero no es pintor, como se afirma en la pel\u00edcula, a \u00e9se ya lo ha dejado atr\u00e1s hace tiempo), ni le pregunta por qu\u00e9 la deja sola en ese momento tan delicado, sino que se siente relativamente aliviada de perderla de vista, porque su presencia agravar\u00eda el problema de seguir ocultando el pasado para vivir el presente y conseguir tan brillante futuro, sin interferencias. Adem\u00e1s, ella ya ha pasado por diversos trances personales y sociales y sabe lo que le espera a las mujeres pobres, reflejado en palabras tan amargas como \u00e9stas:<\/p>\n<blockquote><p>\u201c\u00a1Ay, don Agust\u00edn!, dichoso el que es due\u00f1o de s\u00ed mismo, como usted. \u00a1En qu\u00e9 condici\u00f3n tan triste estamos las pobres mujeres que no tenemos padres, ni medios de ganar la vida, ni familia que nos ampare, ni seguridad de cosa alguna como no sea de que al fin, al fin, habr\u00e1 un hoyo para enterrarnos&#8230;!\u201d (VIII).<\/p><\/blockquote>\n<p>La pel\u00edcula resulta muy encorsetada, pues debe incluir en poco tiempo muchos contenidos que expliquen la situaci\u00f3n y las actuaciones de los personajes y eso la despoja de la naturalidad y de la maestr\u00eda de la novela, si bien los guionistas han acertado en la selecci\u00f3n de los parlamentos m\u00e1s significativos para la construcci\u00f3n de los di\u00e1logos. Se echan mucho de menos las t\u00e9cnicas narrativas galdosianas: por el mon\u00f3logo interior conocemos a Amparo y a Agust\u00edn m\u00e1s que por sus di\u00e1logos, no hay rastro de los pensamientos de Caballero cuando prepara mentalmente el parlamento para declararse a Amparo, ni de los de Polo cuando vislumbra su vida en tierras americanas junto a Amparo y en posesi\u00f3n de una gran fortuna, pero s\u00ed los de Rosal\u00eda al desear emparentar con Caballero <strong>m\u00e1s<\/strong>, es decir, casando a su hija con \u00e9l o despos\u00e1ndose ella misma, si quedara viuda, sin duda porque son m\u00e1s cortos y aportan m\u00e1s datos a la caracterizaci\u00f3n de los personajes. El estilo indirecto libre, desde el cap\u00edtulo XI, por el que se revela el problema de Amparo, se reparte por igual a lo largo de la novela, usado por los personajes y por el narrador (en el cap\u00edtulo XXVI hay un largo parlamento del narrador reproduciendo el di\u00e1logo entre los enamorados, no s\u00f3lo con&nbsp; preguntas, sino con la respuesta, tambi\u00e9n: \u201c\u00bfY era Burdeos bonito? \u00a1Oh!, precioso\u201d). Gald\u00f3s emplea algo muy moderno entonces, que ning\u00fan autor supo manejar -algunos ni lo intentaron-, lo que se llam\u00f3 despu\u00e9s t\u00e9cnica cinematogr\u00e1fica: las secuencias superpuestas se suceden desde el cap\u00edtulo XXXII, donde Rosal\u00eda informa a Amparo de la inevit$able extensi\u00f3n del rumor y ella se desmaya y se va a su casa (en la pel\u00edcula siempre es due\u00f1a de s\u00ed y parece rencorosa porque nada le sale bien), creyendo que Agust\u00edn va a ir a la Costanilla; en el XXXIII, Bringas corre a casa de Amparo, para que se defienda de las acusaciones ante Agust\u00edn, que est\u00e1 en su casa tan confuso como Amparo, mientras que ella ya ha pensado en matarse, despu\u00e9s de pasar una noche horrible; cuando llegan a la calle Arenal, Agust\u00edn ya se ha ido a casa de Marcelina y Amparo pone en pr\u00e1ctica su proyecto macabro (XXXIV); en el XXXV reaparece en flash-back la conversaci\u00f3n entre Rosal\u00eda y Caballero, que decide ir a casa de Amparo, pero antes le pide cita a Marcelina; en el XXXVI tiene lugar el episodio de las cartas arrojadas al fuego y Nicanora le dice que Amparo \u201cacaba de salir\u201d con Bringas y, a partir de aqu\u00ed, se ponen todos \u201cal d\u00eda\u201d: Agust\u00edn corre a su casa y all\u00ed encuentra a Amparo, manda que la trasladen a la suya y que la atiendan bien, etc. En la pel\u00edcula, siendo el g\u00e9nero apropiado, no se ve nada de esto, la labor de montaje es muy discreta, muy simple.<\/p>\n<p>Lo mejor de la novela, adem\u00e1s de la prospecci\u00f3n interior, del examen de conciencia de los personajes y de los p\u00e1rrafos de filosof\u00eda de andar por casa del narrador, es el di\u00e1logo: los personajes parecen de carne y hueso s\u00f3lo por eso, por el registro coloquial, por esos puntos suspensivos tan oportunos y tan bien colocados y por la abundancia de oraciones consecutivas para destacar situaciones l\u00edmite. El dominio del idioma espa\u00f1ol que ostenta Gald\u00f3s en todo momento es magn\u00edfico, s\u00f3lo comparable al de Quevedo y Valle-Incl\u00e1n. La expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica galdosiana es de gran valor art\u00edstico, como ha dicho la cr\u00edtica actual de manera un\u00e1nime. No s\u00f3lo emplea el registro apropiado (culto, coloquial, vulgar) a cada personaje y situaci\u00f3n, sino que se inventa numerosos neologismos, que ampl\u00edan la informaci\u00f3n y aligeran el drama: <em>educatriz, emperadora, bachillerazo, enfatuadas, reventantes, pipa\u00f3nica, sosadas<\/em>; emplea diminutivos en gran cantidad y con el mismo fin: <em>apa\u00f1adita, picaruelos, tama\u00f1itos, elegantona, poquillo, cigarrito, parlanch\u00edn<\/em>; alg\u00fan galicismo, ya que en ese momento el castellano no dispone de los t\u00e9rminos \u00fatiles al concepto que quiere expresar (Gald\u00f3s se disculpa muchas veces a lo largo de su carrera literaria, aborrec\u00eda el afrancesamiento de nuestro idioma), as\u00ed como expresiones latinas y referencias religiosas, ya que la religi\u00f3n ocupaba entonces un lugar preeminente. Por ejemplo, Rosal\u00eda se enfada cuando se entera de que sus planes \u201cmatrimoniescos\u201d (neologismo de Gald\u00f3s) para el primo no pasar\u00e1n de meras conjeturas: se le encara y proclama que no le importa con quien se case, aunque su mujer sea una \u201cfuencarralera\u201d (Olea, minuto 45), contexto algo distinto del de la novela: \u201c\u00bfA m\u00ed qu\u00e9 me importa? Ya puedes casarte con una fuencarralera o con alguna loreta de Par\u00eds&#8230;\u201d (XXII). Olea elimina lo de la <em>loreta<\/em>, porque en la Espa\u00f1a del final del franquismo nadie conoce el significado de esa palabra, galicismo de <em>lorette<\/em>, mujer mantenida por un amante fijo, que debe su nombre a Montmartre, donde viv\u00edan muchas y cuya iglesia local era N\u00f4tre Dame des Lorettes, antes de la construcci\u00f3n del Sacr\u00e9 Coeur (nota 132 de la edici\u00f3n citada). En esta ocasi\u00f3n, Gald\u00f3s rinde tributo a la moda de incluir galicismos en nuestro idioma, costumbre tantas veces denigrada por \u00e9l, as\u00ed como abomin\u00f3 de la man\u00eda, entonces fina y chic, de mezclar el espa\u00f1ol con el franc\u00e9s, la esencia del spanglish actual, pero \u00e9ste, por razones menos fr\u00edvolas.<\/p>\n<p>Ahora bien, la pel\u00edcula es muy poco cuidadosa en el lenguaje. Acaso la necesidad de un bajo presupuesto impidi\u00f3 disponer de asesor ling\u00fc\u00edstico, aunque no es seguro que fuera a mejorar, a juzgar por el resultado de otras muchas: en \u00e9sta los personajes son apeados del ceremonioso <em>buenos d\u00edas<\/em>, para saludar con el moderno <em>hola<\/em>, que en la \u00e9poca era una expresi\u00f3n de asombro (como \u00a1<em>anda<\/em>!, \u00a1<em>ah\u00ed va<\/em>!, o similares). Caballero habla del estado de Tamaulipas y de Brownsville, lo cual coincide, pero no me explico la raz\u00f3n de cambiar los banqueros de Burdeos por los de Marsella (dos veces en la misma secuencia), como no sea un homenaje al Conde de Montecristo. Y Amparo, como si hubiera estado escuchando la conversaci\u00f3n entre Caballero y Rosal\u00eda, y coqueteando abiertamente con \u00e9l, le pregunta por qu\u00e9 no piensa \u201cvolverse\u201d a Am\u00e9rica, como en la escena anterior&nbsp; Celedonia le pregunta si la \u201crecuerda\u201d, y Agust\u00edn, al darle a Rosal\u00eda entradas para una obra de teatro, comenta que \u201cechan\u201d \u201cuna\u201d de Calder\u00f3n, y lo dice en tono festivo, divertido, seguramente por la anacron\u00eda ling\u00fc\u00edstica que acaba de cometer. Adem\u00e1s, hay incorrecciones morfol\u00f3gicas como \u201cmeterse monja\u201d, que dicen todos los personajes que emplean esta expresi\u00f3n. Y por citar unas cuantas, hay bastantes m\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s relevante de las diferencias entre las dos obras es la ocultaci\u00f3n del amor de Amparo por Caballero en el film y, no s\u00f3lo afecta a la fidelidad del gui\u00f3n cinematogr\u00e1fico a la obra original, sino que constituye el mayor defecto de la pel\u00edcula: Olea es incapaz de plasmar en su obra los esfuerzos de Amparo (ni de ning\u00fan otro personaje) para sobrevivir a la adversidad, su lucha interior para tener el valor de confesar a Caballero la verdad, sus intentos de escapar de la realidad. Por esta raz\u00f3n, Amparo aparece atormentada por su antiguo amor e incapaz de librarse de \u00e9l y su boda con Caballero es de conveniencia en el film, mientras que en la novela priman sus reflexiones sobre su debilidad de car\u00e1cter y la mejor manera de superarla para domar a la fiera en que se ha convertido el cura y lograr su silencio y su perd\u00f3n por casarse con otro. En la novela Amparo aborrece a Polo con toda su alma, por sus modales salvajes, por su sacr\u00edlego proceder y por haber arruinado su vida, pero procura ocultarlo para aplacar al monstruo, otra cosa desagradable m\u00e1s, como todas las de su miserable vida. En la pel\u00edcula confiesa con mucho pesar, y l\u00e1grimas en los ojos, su amor incondicional y eterno por el cura.<\/p>\n<p>Quedan fuera de la pel\u00edcula el relato de la vida campestre de Polo, el acertad\u00edsimo suspense galdosiano, el episodio del guante (\u201cYo conozco esta mano\u201d, dice Marcelina, infl\u00e1ndolo para calcular la forma, XXX), la intervenci\u00f3n de Nones para la huida de Amparo, la depresi\u00f3n de Amparo a conjunto con una lluvia torrencial y constante, la fr\u00eda decisi\u00f3n de matarse en aquella casa que pod\u00eda haber sido suya (\u201c\u00a1Qu\u00e9 siller\u00eda, qu\u00e9 espejos, qu\u00e9 alfombra&#8230;! Morirse all\u00ed era una delicia&#8230;, relativa&#8230;\u201d, XXXIV), el cambiazo de Felipe de la sustancia letal que Amparo le manda comprar por un analg\u00e9sico, su recuperaci\u00f3n en casa al cuidado de Nicanora&#8230;, todo esto queda sustituido por la ira de Caballero, que rompe un espejo con un frasco de perfume (!). Esto es algo bastante opuesto al pat\u00e9tico estado mental de Caballero -ira, estupefacci\u00f3n, duda-, que lo impulsa a decirle a Marcelina, cuando echa las cartas al fuego: \u201c\u00a1Quede usted con Dios o con el diablo, que ya tiene en el cuerpo, y me alegrar\u00e9 de que reviente pronto!\u201d (XXXVI). Olea elimina tambi\u00e9n el secreto nefando, el pecado cometido, pues Amparo se lo confiesa a Caballero de viva voz, y dice que vio en Polo la figura de un hombre fuerte o \u201cde un dios\u201d, que no pudo ni quiso (!!) negarse a \u00e9l, y culmina con la escena de la despedida de Rosal\u00eda a Amparo en la estaci\u00f3n, llam\u00e1ndola <em>puta<\/em> repetidas veces (!!!) -cuando en la novela ni siquiera va a la estaci\u00f3n-, y muchas otras cosas que hacen de <em>Tormento<\/em> una gran novela, una obra de arte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>MARTA GONZ\u00c1LEZ MEG\u00cdA, MADRID, AGOSTO DE 2012.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong>:<\/p>\n<p>OLEA, Pedro (1974): <em>Tormento<\/em>, Madrid, Jos\u00e9 Frade, Prod.<\/p>\n<p>P\u00c9REZ GALD\u00d3S, Benito (1953): <em>Obras Completas, <\/em>Madrid, Aguilar.<\/p>\n<p>&#8211; (2011): <em>Tomento<\/em>, edici\u00f3n de Marta Gonz\u00e1lez Meg\u00eda y Fernando Vela Gonz\u00e1lez, Madrid, Ligeia.<\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\">\n<div>\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/GALDS~1\/AppData\/Local\/Temp\/TORMENTO%20BLOG.doc#_ftnref1\">[1]<\/a> Escena similar a las del cine alem\u00e1n anterior a la Segunda Guerra Mundial (Murnau, Wiene, Lang, Pabst&#8230;), que re\u00fane las mismas bases te\u00f3ricas, las t\u00e9cnicas del impresionismo literario, que Gald\u00f3s tambi\u00e9n cultiv\u00f3 m\u00e1s tarde con mucho acierto, como casi todo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/GALDS~1\/AppData\/Local\/Temp\/TORMENTO%20BLOG.doc#_ftnref2\">[2]<\/a> Gald\u00f3s est\u00e1 en todo: los hijos de Bringas se llaman Isabel, Paquito y Alfonso, como la reina, su marido y su primog\u00e9nito.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/GALDS~1\/AppData\/Local\/Temp\/TORMENTO%20BLOG.doc#_ftnref3\">[3]<\/a> Igual que Amparo detesta el color negro, en la novela Polo reniega mentalmente de las ropas talares, tema recurrente en buena parte de los autores contempor\u00e1neos a Gald\u00f3s que trataron en sus obras el amor de cura, como Pardo Baz\u00e1n, Valera y <em>Clar\u00edn.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TORMENTO (1884), DE BENITO P\u00c9REZ GALD\u00d3S versus TORMENTO (1974), DE PEDRO OLEA. &nbsp; Se ha cumplido el 128 aniversario de&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6991,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42,3,10,96],"tags":[],"class_list":["post-1273","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo","category-benito-perez-galdos","category-cine","category-tormento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - 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