{"id":5365,"date":"2010-04-19T03:01:00","date_gmt":"2010-04-19T01:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=5365"},"modified":"2010-04-19T03:01:00","modified_gmt":"2010-04-19T01:01:00","slug":"libro-las-generaciones-artisticas-en-la-ciudad-de-toledo-de-benito-perez-galdos-texto-completo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-las-generaciones-artisticas-en-la-ciudad-de-toledo-de-benito-perez-galdos-texto-completo\/","title":{"rendered":"[Libro] Las generaciones art\u00edsticas en la ciudad de Toledo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. Texto completo"},"content":{"rendered":"\n<p>Gald\u00f3s escribi\u00f3 <em>Las generaciones art\u00edsticas en la ciudad de Toledo<\/em> para la <em>Revista de Espa\u00f1a<\/em>, que fue publicando el art\u00edculo en 10 series en 1870. Se trata, en t\u00e9rminos absolutos, de unos de sus primeros escritos, contempor\u00e1neo de <em>La Fontana de Oro<\/em>, su primera novela. Este portentoso art\u00edculo qued\u00f3 olvidado en las hemerotecas durante m\u00e1s de 55 a\u00f1os, hasta 1925, 5 a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte del escritor, cuando volvi\u00f3 a publicarse en forma de libro con algunas modificaciones realizadas por el mismo Gald\u00f3s y prologada por Alberto Ghiraldo, coordinador de la edici\u00f3n de las <em>Obras In\u00e9ditas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta obra en la que Gald\u00f3s realiza un gran trabajo de investigaci\u00f3n sobre la arquitectura de la ciudad de los Concilios, donde va construyendo la historia de la ciudad capa a capa de arquitectura, el autor tambi\u00e9n nos muestra su \u00abgusto est\u00e9tico\u00bb pintando sin pretenderlo o pretendi\u00e9ndolo, la imagen de la ciudad Imperial, una imagen coincidente con la visi\u00f3n de los viajeros rom\u00e1nticos que visitaban Toledo en la segunda mitad del XIX, imagen que sirvi\u00f3 a la historiograf\u00eda moderna para teorizar el arte nacional, aquel arte que deb\u00eda ser rescatado y restaurado, aquel arte en el cual los viajeros se sent\u00edan identificados al adentrarse en la esencia de Espa\u00f1a, esa Espa\u00f1a que se dibujaba y se creaba en la visi\u00f3n que viajeros e intelectuales como Gald\u00f3s, ofrecieron en sus pinceladas y en sus palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Gald\u00f3s no solo se queda con esa primera impresi\u00f3n que tiene al llegar a Toledo, impresi\u00f3n no muy buena, por cierto, al ver una ciudad paralizada en el tiempo, lejos de la modernidad de las grandes ciudades como Madrid, Sevilla o Salamanca, localidades con las que la compara; Toledo, por el contrario, es una ciudad en ruinas, imagen que se percibe nada m\u00e1s aproximarte en el tren. Gald\u00f3s profundiza en la esencia de la ciudad, realiza una \u00ablabor de arqueolog\u00eda\u00bb y, comienza a destapar esa Toledo de abajo hacia arriba, desde el Tajo, sus primeros asentamientos hasta la Toledo que se vislumbra a la llegada en tren.<\/p>\n\n\n\n<p>Comienza analizando en profundidad la capa de la Toledo visigoda, recorriendo sus restos de edificios visigodos para subir un pelda\u00f1o m\u00e1s en la Toledo \u00e1rabe, momento de gran esplendor de la ciudad, si sube un pelda\u00f1o m\u00e1s llega a la Toledo cristiana en convivencia con la \u00e1rabe, momento de gran creatividad y desarrollo de las artes en Toledo para comenzar un periodo de decadencia que comienza a partir del renacimiento llegando al barroco donde, siempre seg\u00fan el autor, la ciudad Imperial, al igual que en toda Espa\u00f1a, desarrolla un arte de \u00abmal gusto\u00bb y de arquitectura de ruptura que nada le merece la pena rese\u00f1ar, como buen rom\u00e1ntico.<\/p>\n\n\n\n<p>Este texto sirvi\u00f3 como clasificaci\u00f3n de la arquitectura de la ciudad de Toledo por etapas hist\u00f3ricas y art\u00edsticas, fue una fuente importante para definir y determinar aquellos monumentos m\u00e1s relevantes en la ciudad y que m\u00e1s merec\u00edan ser restaurados bajo los criterios de restauraci\u00f3n que en el siglo XIX se estaban llevando a cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>De enorme valor para cualquier interesado en la conjunci\u00f3n que historia y arte forman en Toledo, <em>Las generaciones<\/em> atesoran, sin embargo, un inter\u00e9s a\u00f1adido para los toledanos, pues de sus p\u00e1ginas se desprenden casi l\u00ednea tras l\u00ednea t\u00e9rminos de un algo poder de evocaci\u00f3n, nombres de lugares desaparecidos, camuflados y ocultos por otras construcciones posteriores o simplemente caidos en el desuso popular.<\/p>\n\n\n\n<p>Toledo quiz\u00e1 fue, despu\u00e9s de Madrid, la ciudad que mayor impronta dej\u00f3 en el escritor canario. Aparece en <em>El audaz<\/em>, su tercera novela, sirve de escenario a varios de los Episodios Nacionales y en ella transcurren los hechos de <em>\u00c1ngel Guerra<\/em>, su novela toledana por excelencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la presente edici\u00f3n digital, hemos decidido ilustrar su art\u00edculos con los maravillosos grabados del pintor Gerno P\u00e9rez Vilaamil, procedentes de su obra magna, <em>Espa\u00f1a art\u00edstica y monumental<\/em>, publicada en 1842 en Par\u00eds por la casa Veith y Hauser.<\/p>\n\n\n\n<p>Curiosamente, Genaro P\u00e9rez de Villaamil aparece varias veces en la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. Concretamente en tres de los Episodios Nacionales de dos series diferentes: en <em>Narv\u00e1ez<\/em>, donde comparte escena con el personaje Jos\u00e9 Garc\u00eda Fajardo;12\u200b y brevemente citado en <em>La estafeta rom\u00e1ntica<\/em>, como acompa\u00f1ante de Fernando Calpena en su viaje a Segovia,13\u200b y en <em>La Revoluci\u00f3n de julio<\/em>, como pintor de renombre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-las-generaciones-art-sticas-en-la-ciudad-de-toledo\">LAS GENERACIONES ART\u00cdSTICAS EN LA CIUDAD DE TOLEDO<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/vista_toledo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5464\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-i\"><strong>I<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Cuando se llega en ferrocarril a la que, por una tradici\u00f3n, en cierto modo irrisoria, se llama todav\u00eda Ciudad Imperial, no cree el viajero encontrarse a las puertas de la antigua metr\u00f3poli espa\u00f1ola, ni aun a las de un pueblo, clasificado por la administraci\u00f3n moderna en la fastuosa categor\u00eda de las capitales de provincia. El viajero no ve sino un escarpado risco a la izquierda, un llano a la derecha y enfrente, a lo lejos, algunas casas de mal aspecto y la c\u00fapula de un edificio (el Hospital de Tavera), cuyo exterior no demuestra la importancia y belleza que interiormente tiene. Es preciso avanzar un poco en aquello que los toledanos llaman el paseo de la Rosa, pasar m\u00e1s all\u00e1 de la corro\u00edda estatua del rey Wamba, doblar a la izquierda, siguiendo el camino, y all\u00ed ya se presenta repentinamente la grandiosa perspectiva del puente de Alc\u00e1ntara; arriba el Alc\u00e1zar, puesto como un nido de \u00e1guilas en lo alto de una monta\u00f1a inaccesible; a la derecha, y m\u00e1s lejos, en la pendiente que baja a la vega, el Arrabal de Santiago, donde las torres de la puerta nueva de Visagra forman, con el \u00e1bside de la vieja parroquia y los ennegrecidos cubos de la muralla, el m\u00e1s pintoresco conjunto; a la izquierda se ven las ruinas del castillo de San Servando; enfrente una confusa aglomeraci\u00f3n de edificios antiqu\u00edsimos y modernos, construidos unos sobre otros en la pendiente del risco; y abajo el r\u00edo, el padre Tajo, profundo, oscuro, revuelto, precipitado, espumoso, atravesando todo entero y con gran velocidad el gran arco de aquella prodigiosa f\u00e1brica que, a la solidez probada en tantos siglos, re\u00fane una extraordinaria belleza.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/alcantara.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5461\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Al entrar por este sitio en la ciudad olvida el viajero que ha venido en el veh\u00edculo de los tiempos modernos. Su aspecto es el de los pueblos muertos, muertos para no renacer jam\u00e1s, sin m\u00e1s inter\u00e9s que el de los recuerdos, sin esperanza de nueva vida, sin elementos que puedan, desarrollados nuevamente, darle un puesto entre los pueblos de hoy. De aquellos ilustres escombros, destinados a ser vivienda de lagartos y arque\u00f3logos, no puede salir una ciudad moderna, como sucede a sus compa\u00f1eras en la Historia, Salamanca y Sevilla. No tiene sino el valor de las ruinas, grandes para algunos, acaso o tal vez despreciables para la generalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">A esto contribuye en gran parte su peregrina situaci\u00f3n. La construy\u00f3 la estrategia de la Edad Media, y el hombre de hoy no ama esas fortalezas naturales, donde las pasadas generaciones, obligadas por los odios y las discordias de aquellos tiempos, se encastillaron. En la \u00e9poca del derecho y la fraternidad, el hombre prefiere las grandes planicies para vivir y moverse, y s\u00f3lo llevado de un grande amor a lo antiguo, puede resolverse a trepar por esos vericuetos, a escalar esas murallas, llenas de recuerdos, habitadas por ilustres sombras, es cierto, pero \u00e1speras y fatigosas. Las molestias y el cansancio convierten en prosa pura los m\u00e1s ricos ejemplares de la arqueolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Al subir al Zocodover por el camino que la municipalidad ha abierto con un supremo esfuerzo para unir a Toledo con el resto del mundo, se puede observar la desmesurada altura que ocupa la ciudad sobre el nivel del Tajo. No considerando las necesidades que el arte de la guerra ten\u00eda entonces, no se comprende por qu\u00e9 se columpiaron en aquella altura la mayor parte de los monarcas de Espa\u00f1a desde Alfonso VI hasta Carlos V. Ni se comprende que tan desapacible sitio fuera en un tiempo residencia de las m\u00e1s fastuosas familias de nuestra aristocracia, emporio de las letras, y teatro donde brillaron todos los esplendores del Renacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">En la plaza, la impresi\u00f3n es m\u00e1s desagradable. Las casas no tienen la suntuosidad moderna ni la fealdad interesante de lo antiguo. Los mezquinos soportales que existen all\u00ed, como en todas las ciudades de Castilla, para solaz de los tachueleros, chalanes y carniceros, le dan una triste uniformidad, y el conjunto ser\u00eda completamente insignificante si por encima de las fementidas casas no apareciera la imponente fachada del Alc\u00e1zar, ennegrecida por los a\u00f1os. Es preciso subir otra cuesta para poder contemplar toda entera aquella gran masa de piedra, colocada m\u00e1s alta que la ciudad, para dominarlo todo y verlo todo. Los techos de las casas est\u00e1n m\u00e1s bajos que sus cimientos, enclavados en las entra\u00f1as de la roca; de su explanada se descubre un paisaje inmenso, limitado por el m\u00e1s amplio horizonte, y tal es la disposici\u00f3n de aquel trono, que el que sube a sus galer\u00edas y se asoma a sus balcones, cree tener a toda Espa\u00f1a postrada a sus pies. Nada es m\u00e1s hermoso que la perspectiva del Alc\u00e1zar cuando, iluminadas por el sol de la tarde sus oscuras piedras, se ven, perfilados con un ligero reflejo, los bellos adornos de su \u00faltima fila de ventanas, los heraldos que decoran la puerta y el \u00e1guila tudesca que abre sus enormes alas de piedra en el roset\u00f3n del centro.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/parroquia.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5478\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Desde aqu\u00ed se ve: al Norte, la Vega, con los barrios o arrabales de Santiago, Antequeruela y Covachuelas; al Este, el Castillo de San Servando y la agreste y salvaje colina en que est\u00e1 situado. Toda esta parte oriental tiene un aspecto tal, que infunde sorpresa y pavor. Corre a una gran profundidad el r\u00edo, haciendo un ruido espantoso, sin ca\u00f1averales ni malezas, entre pe\u00f1ascos cuya concavidad produce siniestros ecos, batiendo trozos de muralla, vestigios de antiguos puentes, interrumpidos por ace\u00f1as y diques, atronador, rabioso, te\u00f1ido por la tierra que arrastra en su curso, en lo cual algunos viajeros sentimentales suelen ver un emblem\u00e1tico color de sangre. El paisaje que le rodea es de lo m\u00e1s sombr\u00edo que se ha ofrecido a las miradas humanas. Es un desierto; pero no el desierto de las grandes llanuras que enga\u00f1a la vista y adormece el esp\u00edritu por su tranquila monoton\u00eda; es ese desierto de los anacoretas, lugar escogido por el ascetismo entre los m\u00e1s horribles de la tierra, p\u00e1ramo de asperezas y pe\u00f1ascos, continuamente ensordecido por vientos espantosos, propio para aquelarres y otras asambleas del mismo jaez, lugar de magias y conjuros, de pesadillas m\u00edsticas y enajenaciones teol\u00f3gicas, escena donde la imaginaci\u00f3n se complace en colocar a los mis\u00e1ntropos de la religi\u00f3n [1], el m\u00e1gico prodigioso y el condenado por desconfiado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Al Oeste de la ciudad, donde no se ve otra cosa que una aglomeraci\u00f3n incomprensible de casas con tejados de distintas alturas, en medio de ellas, aparece la Torre de la Catedral, que, como todas las construcciones altas y esbeltas, produce en el espectador una rara ilusi\u00f3n. Parece que no se mantiene muy firme, y que a impulsos de los recios vientos carpetanos se mece suavemente, como una palmera. Enfrente est\u00e1 la pretenciosa c\u00fapula de San Juan Bautista, y en diversos puntos de la ciudad se ven algunas torres muz\u00e1rabes, miradores de ladrillo, campanarios y enormes paredones sin elegancia ni grandeza, que son el exterior de los vulgares conventos del siglo XVII.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/mirador.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5514\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Por los tejados se comprende el d\u00e9dalo inextricable de las calles amoriscadas, no comparables ni a las de C\u00f3rdoba. Es f\u00e1cil distinguir las siete colinas sobre las que se extiende la ciudad, y determinar los distintos barrios, indicados por otros tantos monumentos caracter\u00edsticos. Si fuera posible elevarse a mayor altura que la del Alc\u00e1zar, se abarcar\u00eda de un golpe de vista el panorama monumental, y ser\u00eda f\u00e1cil metodizar la relaci\u00f3n que vamos a hacer. Suponi\u00e9ndonos con el lector en esa altura imaginaria, ver\u00edamos en el centro, situada de Oriente a Occidente, la Catedral, y al costado meridional de ella los  barrios de Andaque, San Lucas y de los Tintes; frente a ella, y en el punto m\u00e1s alto de la ciudad, el barrio de San Rom\u00e1n, bien indicado por su pintoresca torre. M\u00e1s all\u00e1, y enfrente tambi\u00e9n de la iglesia mayor, est\u00e1 la Juder\u00eda, f\u00e1cil de conocer por su miserable aspecto y por la crester\u00eda de San Juan de los Reyes, que est\u00e1 a los bordes de la ciudad por occidente; al costado Norte el Arrabal de Santiago, junto a la muralla, y m\u00e1s al centro el de Santa Justa. Detr\u00e1s del \u00e1bside del templo, el barrio de San Miguel el Alto, determinado por otra torre muz\u00e1rabe; y junto a \u00e9ste, el cerro del Espinar del Can y las Carreras de los Cabestreros, pr\u00f3ximas al Alc\u00e1zar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Pero de una simple contemplaci\u00f3n panor\u00e1mica de la ciudad, no saca el viajero sino una gran confusi\u00f3n de ideas. Ve una multitud de edificios de todos estilos, g\u00f3ticos, \u00e1rabes y del Renacimiento; de todas clases, religiosos, se\u00f1oriales y militares; y no acierta a clasificarlos con alg\u00fan m\u00e9todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Toledo es una historia de Espa\u00f1a completa, la historia de la Espa\u00f1a visigoda, de los cuatro siglos de dominaci\u00f3n sarracena en el centro de la Pen\u00ednsula, del viejo reino de Castilla y Le\u00f3n, de la Monarqu\u00eda vasta fundada por los Reyes Cat\u00f3licos y, por \u00faltimo, de ese gran siglo XVI, que es el siglo espa\u00f1ol. Todo lo que en Espa\u00f1a ha vivido en Toledo, ha sido testigo de las m\u00e1s grandes empresas de la Reconquista, y antes vio desarrollarse y corromperse el Imperio de los visigodos. Presenci\u00f3 los mejores tiempos de la dominaci\u00f3n sarracena, recibiendo el dep\u00f3sito de cultura que los \u00e1rabes y los jud\u00edos dejaron en la Pen\u00ednsula. En ella residieron casi todos los reyes castellanos, y tuvo al pueblo y a la nobleza reunidos en Cortes, como antes tuvo al clero y los reyes legislando juntos en sus inmortales Concilios. Al mismo tiempo, la literatura legendaria ha buscado en sus tradiciones caballerescas y religiosas, en los recuerdos de sus santos y de sus h\u00e9roes, los elementos de sus mejores creaciones. Al entrar all\u00ed, vienen a la memoria la Virgen Leocadia, y tambi\u00e9n Casilda, inmortalizada en la m\u00e1s agradable conseja, lo mismo que aquellos dos exc\u00e9ntricos de la Edad Media de que a\u00fan se cuentan tantas cosas, don Alfonso el Sabio<br>y el Marqu\u00e9s de Villena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">A la memoria de estas figuras se une la de sus ilustres Arzobispos, entre los cuales figura don Rodrigo Jim\u00e9nez de Rada, compa\u00f1ero y amigo de San Fernando; el ilustre Gil de Albornoz, el Cardenal Mendoza, el gran Cisneros, de imperecedero recuerdo, Tavera, cuya caridad ha quedado consignada en un grandioso monumento; Sil\u00edceo, etc.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/cisneros.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5488\"\/><figcaption>Tumba del Cardenal Cisneros en Alcal\u00e1 de Henares<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">No podemos olvidar que en aquel Zocodover, encrucijada molesta y sucia, se han hablado en mejores d\u00edas todas las lenguas de Europa, y que en aquella destartalada Juder\u00eda, hoy reducida a escombros, donde la miseria ha hecho su habitaci\u00f3n, se reunieron todas las manufacturas de Oriente y Occidente en los tiempos m\u00e1s florecientes de las artes espa\u00f1olas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Al mismo tiempo, es imposible separar de la impresi\u00f3n que produce la vista de la Ciudad Imperial, la memoria de los h\u00e9roes picarescos producidos por las primeras tentativas de la novela espa\u00f1ola, tan original entonces; ni se olvidan aquellos tipos tan magistralmente dibujados por Tirso de Molina, que copi\u00f3 en sus calles las figuras de los m\u00e9dicos pedantes, de los doctores enf\u00e1ticos, de los lacayos intrusos y rufianescos, de las mujeres casquivanas y de los galanes tan petulantes como discretos. Pero entre todas las evocaciones novelescas, dig\u00e1moslo as\u00ed, que al entrar en aquella ciudad muerta produce, hay una que las oscurece a todas y las domina. \u00c9sta es una impresi\u00f3n individual, tal vez inmotivada; pero no puedo prescindir de ella, y estoy seguro de que a muchos les han venido a la imaginaci\u00f3n iguales pensamientos. La imagen que creo encontrar en Toledo al volver de cada esquina y al recorrer las estrechas y medrosas calles de sus barrios m\u00e1s solitarios, es la de la madre Celestina, incomparable bruja y embaucadora <em>in utroque<\/em>, tan docta en la criminal alquimia de los embustes licenciosos, como conocedora de la sociedad de su tiempo y de las pasiones de todas las edades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">No hallamos en <em>La Celestina<\/em> ning\u00fan dato fijo para suponer que su acci\u00f3n pasa en Toledo; por el contrario, la circunstancia de que desde los miradores de Melibea se goza de la vista de los nav\u00edos, indica que la escena pasa en alg\u00fan puerto de mar o ciudad atravesada por un caudaloso r\u00edo. Pero esto no importa. Aunque los autores de aquella curiosa obra no se\u00f1alaron materialmente el sitio de la acci\u00f3n, se conoce bien que el teatro an\u00f3nimo de tan singulares aventuras es Toledo, centro entonces de la sociedad espa\u00f1ola. Por lo dem\u00e1s, \u00bfno est\u00e1n sus calles marcadas a\u00fan con el rastro de aquella repugnante bruja? Los barrios de Andaque y San Lucas, \u00bfno conservan a\u00fan los infames garitos de Elicia y Areusa? Y bien claro muestran las casas toledanas, con sus altas tapias, su escasez de ventanas, sus recatadas celos\u00edas, su severo aspecto, que Melibea viv\u00eda en alguna de ellas, verdaderas c\u00e1rceles de honestidad que construyeron los padres del siglo XV como fortalezas del honor dom\u00e9stico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Y si, abandonando las soledades del pueblo, os intern\u00e1is en la parte m\u00e1s bulliciosa, recordar\u00e9is su antigua Alcan\u00e1, centro de comercio de joyas y seder\u00edas, donde Cervantes coloca la ingeniosa invenci\u00f3n de la compra del manuscrito ar\u00e1bigo, que adquiri\u00f3 por medio real, el cual manuscrito le tradujo despu\u00e9s un morisco aljamiado, mediante el pago de dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">En resumen: todo lo que aqu\u00ed ha habido de caballeresco en las costumbres, de noble y ejemplar en la vida, de osado en las empresas, de original y picante en la literatura, de delicado en las artes, ha tenido por teatro esta ciudad, clavada en una pe\u00f1a, combatida siempre por recios y helados vientos, en situaci\u00f3n inaccesible, \u00e1spera, sombr\u00eda, oscura, silenciosa, menos cuando tocan, simult\u00e1neamente a misa, las campanas de sus cien iglesias; inc\u00f3moda, inhospitalaria, triste, llena de conventos y palacios que se caen piedra a piedra, ennoblecida por su inmensa Catedral metropolitana; ciudad del recogimiento y la melancol\u00eda, cuyo aspecto abate y suspende el \u00e1nimo a la vez, como todas las ilustres tumbas, que no por ser suntuosas y magn\u00edficas dejan de encerrar un cad\u00e1ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Por eso hemos dicho que era el mejor de los libros. Pero leer ese libro es muy dif\u00edcil. Se han clasificado los monumentos por categor\u00edas, seg\u00fan su m\u00e9rito art\u00edstico o hist\u00f3rico. Mas lo que conviene es establecer una divisi\u00f3n, adoptando un sistema que llamaremos, si se nos lo permite, de capas arquitect\u00f3nicas, para expresar las justas posiciones de las distintas \u00e9pocas que se han sobrepuesto o se han reemplazado unas a otras. Para esto es preciso hacer inducciones dificultosas, restableciendo lo que no existe, con gran peligro de que la imaginaci\u00f3n se entregue a sus naturales extrav\u00edos. Pero no importa: lejos de evitarlo, emplearemos alternativamente la Historia y la leyenda, imposible de separar, trat\u00e1ndose de cosas viejas. Las antig\u00fcedades no pueden hacerse agradables a los ojos de la multitud, si se las estudia con un criterio fr\u00edo y exactamente razonado. Dejad junto a la inscripci\u00f3n erudita de esas honrosas piedras las que la imaginaci\u00f3n lee en ellas, y transmite y perpet\u00faa el pueblo sin usar ninguna clase de caracteres. As\u00ed es que no vacilamos en aprovechar para esta rese\u00f1a de las antig\u00fcedades toledanas, tanto las verdades referidas por la Historia como las hermosas mentiras que cuenta la gente de aquel pueblo, se\u00f1alando sus interesantes escombros.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-ii\"><strong>II<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Nadie toma ya en serio las declamaciones de ciertos escritores antiguos que, al escribir la historia del pueblo en que hab\u00edan nacido, hac\u00edan remontar su origen, para hacerlo m\u00e1s ilustre, a la m\u00e1s remota antig\u00fcedad. Generalmente buscaban su abolengo en la mitolog\u00eda o en los h\u00e9roes del antiguo Oriente, prefiriendo siempre a H\u00e9rcules o a Nabucodonosor. Cronistas hay que atribuyen la fundaci\u00f3n de Madrid a Nemrod; y por lo que respecta a Toledo, sus historiadores le dan por padre al rey Tartus; algunos optan por Pirro, y otros atribuyen su fundaci\u00f3n a la venida de los griegos por la v\u00eda de Inglaterra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Dejando a un lado toda esta pedanter\u00eda, propia del siglo XVII, el siglo de las hip\u00e9rboles y de las cultas tonter\u00edas, no pasaremos en nuestra r\u00e1pida rese\u00f1a m\u00e1s all\u00e1 de la dominaci\u00f3n romana, la m\u00e1s antigua de las que quedan vestigios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Poni\u00e9ndose frente al Hospital de Tavera, se ve a la izquierda una fila de escombros dispuestos en su largo circuito de figura oval. No hay restos de grader\u00eda, ni de ninguna construcci\u00f3n sillar, porque, sin duda, despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de este edificio, en tiempo de la dominaci\u00f3n musulmana, se utiliz\u00f3 la piedra para otras construcciones. No resta sino una fuerte argamasa informe, aunque, por su disposici\u00f3n general, se conoce bien que aquello era un circo, el Circo M\u00e1ximo de que hablan todos los cronistas de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">No lejos de estos se hallan otras ruinas, que es lo que ciertos escritores petulantes [2] llaman la Naumach\u00eda, lugar destinado a simulacros navales y otros divertimientos proporcionados por las aguas del Tajo, que entraban all\u00ed y se desaguaban con igual presteza, para que navegaran barcas y nav\u00edos. Junto a la Naumach\u00eda, indican otros escombros el templo de H\u00e9rcules, y en el inmediato barrio o Arrabal de las Covachuelas, a la derecha del Hospital, se conservan trozos de muralla, que se suponen de un teatro. En estos muros se albergan hoy muchas familias de pobres, que improvisando techos y tabiques en aquellos escondrijos, han convertido en guaridas mezquinas los restos de la suntuosidad romana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Lo que hay en la Vega indica que all\u00e1 abajo ten\u00edan sus fiestas y esparcimientos; pero habitaban arriba, y el circuito de sus murallas era el comprendido en las siguientes l\u00edneas: del Alc\u00e1zar al Zocodover, de aqu\u00ed a Santa Fe, de Santa Fe a la puerta de Perpi\u00f1\u00e1n, situada junto al Miradero; de esta puerta a San Nicol\u00e1s, San Vicente, Santo Domingo de Silos, el antiguo Santo Tom\u00e9, Ayuntamiento, calle del De\u00e1n, San Miguel el Alto y el Alc\u00e1zar. En el espacio comprendido entre las l\u00edneas que unen los puntos mencionados, viv\u00edan los Romanos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/puerta_toledo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5455\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Esta \u00e9poca no entra en nuestra rese\u00f1a sino como un pre\u00e1mbulo. La primera capa, la primera generaci\u00f3n que hemos de examinar, es la visigoda. Para llegar a ella y figurarnos la ciudad como era del siglo V al VIII, es preciso destruir con la imaginaci\u00f3n todo lo existente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">El circuito de la ciudad es casi el mismo que tiene hoy. Por un lado, el r\u00edo la determina bien en su curso invariable; por otro, las murallas construidas por Wamba se se\u00f1alan perfectamente en la l\u00ednea que va de la puerta del Sol a la del Cambr\u00f3n. Dentro de estas l\u00edneas, una de agua y otra de piedra, ten\u00e9is la ciudad visigoda. A\u00fan no ha venido Tarik con sus huestes invasoras; todav\u00eda el r\u00edo no ha sacado fuera el pecho para anunciar la ruina de aquella sociedad. Veamos ahora si encontramos dentro del c\u00edrculo indicado alguno de los edificios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Donde v\u00e9is la Catedral estaba una bas\u00edlica latina; donde est\u00e1 el Hospital de Mendoza, la bas\u00edlica pretoriana de San Pedro y San Pablo; donde est\u00e1 Santa Justa, otra bas\u00edlica; donde est\u00e1n las ruinas de San Agust\u00edn [3], un palacio; donde est\u00e1 Santa Fe, otro palacio; la bas\u00edlica de Santa Leocadia, donde hoy existe; en el solar de Santa Mar\u00eda de Alfic\u00e9n, el final de la cuesta del Carmen Calzado, camino del Puente de Alc\u00e1ntara, otro templo; y, en general, las parroquias llamadas hoy muz\u00e1rabes, indican los solares de otras tantas iglesias de aquel tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Para  llegar a esta capa es preciso hacer enormes esfuerzos mentales. A ver si llegamos a reconstruir el palacio godo que ocupaba todo el solar donde est\u00e1n hoy la Concepci\u00f3n, Santa Fe y el Hospital de Mendoza. All\u00ed v\u00e9is, adem\u00e1s de esto, una aglomeraci\u00f3n de casuchas infectas, muchos corrales habitados por mulas y gallinas, paredones derruidos, trozos de construcci\u00f3n antigua, donde se han arreglado habitaciones harto mezquinas. Destruyamos todo esto, el Hospital de exp\u00f3sitos o de Mendoza, el \u00e1bside de Santa Fe, la torre de la Concepci\u00f3n, y quedar\u00e1n solamente en pie los restos del palacio de Galiana. Pero como este monumento, que se mutil\u00f3 para formar lo que hemos quitado, se fund\u00f3 a su vez sobre las ruinas del palacio que buscamos, ech\u00e9mosle tambi\u00e9n a tierra, destruyamos las obras sucesivas de once siglos, y al fin obtendremos lo que queremos ver. El palacio godo que aparece al fin es una construcci\u00f3n b\u00e1rbara y pesada, sin tener otra cosa elegante y bella m\u00e1s que las columnas romanas que han utilizado en su construcci\u00f3n. A\u00fan no ha entrado la moda de la ornamentaci\u00f3n bizantina; y este palacio es un monumento primitivo, lo mismo que su iglesia, la bas\u00edlica pretoriana de San Pedro y San Pablo, donde se re\u00fanen varios de los c\u00e9lebres Concilios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Este palacio no debe ser anterior al siglo VII; tal vez tuvo lugar en \u00e9l el banquete en que fue asesinado Witerico, a quien arrastraron despu\u00e9s por las calles de la ciudad (610). De Sisebuto s\u00ed se puede presumir que vivi\u00f3 aqu\u00ed, lo mismo que Wamba, cuyo nombre va unido a sus ruinas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/galiana.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5517\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Sigamos reconstruyendo la poblaci\u00f3n goda. Pasando de un puente a otro puente, nos encontramos en la parte occidental de la poblaci\u00f3n, donde ya habitan muchos jud\u00edos. Sisebuto ha promulgado varias leyes de persecuci\u00f3n contra ellos, lo cual no impide que se propaguen y formen el populoso barrio llamado la Juder\u00eda. El mismo rey ha fundado una iglesia cerca de all\u00ed, en la Vega, a poco trecho de la puerta que ha sustituido la moderna del Cambr\u00f3n. Esta iglesia est\u00e1 consagrada a aquella Virgen de no tocada castidad, Leocadia, joven toledana, martirizada en el siglo IV. En esta iglesia, memorable porque en ella se celebraron varios Concilios, ocurri\u00f3 un acontecimiento notabil\u00edsimo en el a\u00f1o 666, reinando Recesvinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Es el caso que el ilustre prelado San Ildefonso hab\u00eda defendido el misterio de la Inmaculada Concepci\u00f3n con singular \u00e9xito. Sabida de todos es la recompensa que la Virgen le dio, bajando ella misma en carne mortal, como dicen los te\u00f3logos, para ponerle una casulla. Pero Recesvinto quer\u00eda celebrar la elocuencia del prelado de otro modo un poco m\u00e1s mundano, con una fiesta a la vez civil y religiosa en la bas\u00edlica de Santa Leocadia, donde estaba enterrada la interesante m\u00e1rtir. Acudi\u00f3 todo el pueblo cristiano, y algunos jud\u00edos; porque los edictos hab\u00edan producido muchos falsos devotos. La iglesia estaba llena, y era, de seguro, m\u00e1s capaz que la actual. La mujer (santera) que hoy la ense\u00f1a, dice refiriendo el suceso, que all\u00ed cab\u00eda toda la gente toledana, lo cual parece muy hiperb\u00f3lico, con perd\u00f3n sea dicho de aquella respetable due\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Pero sigamos nuestra tradici\u00f3n. El Rey y el Santo ocupan sus asientos en el \u00e1bside, en cuyo circuito se han sentado varias veces los ilustres padres del Concilio. Mas en lo mejor de la fiesta, se abre el sepulcro de la Santa (la santera dice que la piedra era tan grande, que treinta hombres no la podr\u00edan levantar); sali\u00f3 fuera, con asombro y terror de todos, toc\u00f3 la mano del obispo y dijo: Alfonso: por ti vive mi se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Ya la muchacha se tornaba a su sepulcro, cuando al rey y al prelado se les ocurri\u00f3 que conven\u00eda quedara alg\u00fan testimonio material de tan extra\u00f1o caso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Recesvinto sac\u00f3 su daga y la dio a San Ildefonso, que cort\u00f3 un pedazo del velo de la Virgen m\u00e1rtir. El pedazo de velo y el cuchillo se ense\u00f1an hoy a la at\u00f3nita devoci\u00f3n de los que visitan la Catedral. Esta es la m\u00e1s vieja tradici\u00f3n que va unida a la bas\u00edlica de Santa Leocadia. Cuando examinemos en las generaciones \u00e1rabe y castellana las construcciones que han sustituido a la antigua Iglesia visigoda, veremos otras nuevas e interesantes leyendas, referidas siempre a este sitio, que sin duda debi\u00f3 impresionar vivamente las imaginaciones populares.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/puerta_catedral.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5485\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Sigamos ahora la l\u00ednea de las murallas desde la puerta del Cambr\u00f3n a la del Sol, y aqu\u00ed encontraremos otro templo igualmente inmortalizado por las consejas: el Cristo de la Luz, que antes de ser mezquita, como hoy la vemos, fue tambi\u00e9n templo godo, probablemente de la forma latina, que despu\u00e9s los muz\u00e1rabes adoptaron para las sinagogas y las parroquias cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">En tiempo de Atanagildo ocurri\u00f3 all\u00ed un portentoso suceso. Hab\u00eda en la puerta un Cristo, sin duda una de esas b\u00e1rbaras esculturas de los primeros tiempos, en que tan dif\u00edcil es reconocer los caracteres de la figura humana. Acert\u00f3 a pasar por all\u00ed un jud\u00edo petulante y de buen humor y dio una lanzada al Cristo. Pero he aqu\u00ed que el Cristo de palo empieza a echar por la herida un copioso raudal de sangre; el jud\u00edo se convierte, y el inaudito caso corre de boca en boca, y, a trav\u00e9s de cincuenta generaciones, llega hasta nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Otra versi\u00f3n existe en la literatura popular. Seg\u00fan ella, dos jud\u00edos llamados Sacao y Abisa\u00edn, robaron el Cristo y fueron apedreados por el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Esta es m\u00e1s veros\u00edmil que la que sirve de fundamento al nombre de Cristo de la Luz, con que se designa aquel monumento. Cuentan que, al ser tomada la ciudad por los moros, ard\u00eda una l\u00e1mpara ante un Crucifijo que dentro hab\u00eda, permaneciendo encendida durante los trescientos setenta a\u00f1os de la dominaci\u00f3n sarracena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Volvamos a la parte occidental en busca del segundo palacio godo. Junto a San Juan de los Reyes, y lindando con la margen del r\u00edo, existen las ruinas del convento de San Agust\u00edn. Las cr\u00f3nicas han supuesto all\u00ed la residencia de los \u00faltimos reyes visigodos; y la tradici\u00f3n, llamando Ba\u00f1o de la Cava al torre\u00f3n que existe all\u00ed cerca, confirma este aserto. Destruyamos lo que resta de vulgares y groseras paredes, y descubriremos all\u00ed preciosos trozos de alicatado, que son del palacio hecho por los moros en el solar del antiguo. Eliminemos esta obra sarracena y recompongamos el palacio perteneciente a la capa primera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Este palacio, residencia de los \u00faltimos reyes godos, no es lo mismo que aquel otro donde Wamba vivi\u00f3 durante su reinado de austeras virtudes. Esta es la mansi\u00f3n del sibaritismo y la corruptela, la escena de las crueldades de Witiza y de las cr\u00e1pulas de Rodrigo. Su forma nos es completamente desconocida, aunque por inducci\u00f3n, y suponi\u00e9ndole construido en el siglo VII, podremos afirmar que la influencia bizantina hab\u00eda llegado ya, y que el lujo de ornamentaci\u00f3n policr\u00f3mata, el oro y los mosaicos, arrancados a edificios romanos, la espl\u00e9ndida decoraci\u00f3n y el empleo de metales preciosos y fin\u00edsimos estucos, le pon\u00edan en armon\u00eda con el car\u00e1cter disipado y sensual de sus habitadores. Rodrigo ten\u00eda all\u00ed, sin duda, el escondrijo de sus funestas voluptuosidades, y sin duda reuni\u00f3 en tan apacible recinto todo lo c\u00f3modo, lo rico y lo superfluo que las artes de su \u00e9poca pod\u00edan suministrarle. Se cuenta que all\u00ed encontr\u00f3 Tarik veinticinco coronas de oro cuajadas de perlas, y una multitud de riqu\u00edsimos objetos, que luego dieron origen a serias contiendas entre los dominadores al tratar de repart\u00edrselas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Un d\u00eda, desde las ventanas de su morada vio Rodrigo una doncella que se ba\u00f1aba en el r\u00edo; y a esta aventura, que la Historia no ha podido investigar bien, va unida la p\u00e9rdida de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sentadas a la redonda,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la Cava a todas les dijo,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que se midieran los brazos<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;con un list\u00f3n amarillo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Midi\u00e9ronse las doncellas;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la Cava lo mismo hizo,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y en blancura y lo dem\u00e1s<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;grandes ventajas les hizo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pens\u00f3 la Cava estar sola;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pero la ventura quiso<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que por una celos\u00eda<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;mirase el Rey Don Rodrigo.<br><\/p>\n\n\n\n<p>El resto de la historia es bien conocido, con la problem\u00e1tica traici\u00f3n del conde don Juli\u00e1n. Respecto a lo que hay de particular y dom\u00e9stico en estos hechos, y en los amores de Rodrigo, inmortalizados por Fray Luis de Le\u00f3n, la Historia no ha hecho mucha luz. Pero le basta conocer bien la triste evidencia del Guadalete, donde Rodrigo se present\u00f3, como todos los reyes petulantes y corrompidos, haciendo alarde de un lujo que hubiera avergonzado a Wamba.<\/p>\n\n\n\n<p>Entretanto, no salgamos de nuestra ciudad. Un d\u00eda, el Domingo de Ramos del a\u00f1o 712, todo el pueblo baja a la Vega a celebrar la fiesta de la bas\u00edlica de Santa Leocadia. Tarik sorprende a Toledo; y los jud\u00edos, cuyo resentimiento hacia los cristianos espa\u00f1oles aumenta cada d\u00eda, le abren las puertas de la ciudad. Los toledanos son sorprendidos, y un gran n\u00famero de ellos perece en la bas\u00edlica, inmolados por la sa\u00f1a de los invasores. As\u00ed se cuenta en antiqu\u00edsimos libros, aunque la cr\u00edtica juiciosa supone que Toledo se rindi\u00f3 despu\u00e9s de un dilatado asedio, no siendo posible aquella sorpresa de teatro, referida con tanta candidez por los cronistas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-iii\"><strong>III<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Ya Espa\u00f1a es \u00e1rabe, excepto en el peque\u00f1o rinc\u00f3n de Asturias. Ahora comienza en Toledo la segunda generaci\u00f3n art\u00edstica, la segunda capa. Para comprenderla bien, hagamos lo que hicieron los moros: derribarlo todo, templos, palacios, murallas. Los vastos edificios de Wamba y Rodrigo son abatidos para dejar el sitio a otros nuevos, y las bas\u00edlicas son reformadas o construidas de nueva planta; las casas se disponen en api\u00f1ada confusi\u00f3n, las calles toman esa forma tortuosa que tanto caracteriza el modo de vivir de los \u00e1rabes, y, por lo general, aumenta la suntuosidad, especialmente en los interiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cristianos, que permanecen en la ciudad bajo el yugo de los invasores, pueden ejercer su culto; y conservan seis iglesias, que a\u00fan llevan el nombre que ellos les daban, muz\u00e1rabes. Entretanto, la mezquita (antigua bas\u00edlica) se adorna con la decoraci\u00f3n oriental, resultado de lo que los dominadores han aprendido en Persia, y lo que han visto en Bizancio.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/tallermoro.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5444\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>En el siglo X tenemos toda la ciudad completamente nueva. La segunda capa se ha formado por completo, dejando pocos rastros de la primera. Aunque m\u00e1s cercana a nosotros que la antigua, necesitamos, para llegar a ella, hacer las mismas dif\u00edciles y peligrosas restauraciones imaginarias. Para llegar al palacio de las Torner\u00edas y al del Temple, es preciso apartar las innobles casuchas que los obstruyen, ocup\u00e1ndolos en parte, tapi\u00e1ndolos, oscureci\u00e9ndolos, estrech\u00e1ndolos en un laberinto de tapias mugrientas, donde habitan enjambres de mendigos, que se reparten los harapos de aquella p\u00farpura destrozada. Junto a San Miguel el Alto podr\u00e9is descubrir lo que resta de estos opulentos palacios; all\u00ed, de cada sal\u00f3n se han hecho varios tabucos infectos: v\u00e9nse las columnas empotradas en tabiques de tapicer\u00eda, arcos sin estuco, admirables trozos de almoc\u00e1rabe cubiertos de todas las suciedades imaginables, frisos cuajados de labor primorosa, que van desmoron\u00e1ndose poco a poco para aumentar el polvo de los patios, donde yace, hecho pedazos, el Cor\u00e1n esculpido, que se cae letra a letra de las paredes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si de este palacio no nos quedan m\u00e1s que jirones, en cambio podemos examinar completo el famoso Cristo de la Luz, que encontrar\u00e9is all\u00ed, en la parte Norte junto a la Puerta del Sol; iglesia tan insignificante en su parte exterior, que apenas se distingue de las vulgares casas que la rodean. Su aspecto es el de una covacha; y como sitio de oraci\u00f3n y de ceremonias religiosas apenas basta para satisfacer la devoci\u00f3n de una familia numerosa. Ya recordar\u00e9is la f\u00e1bula del jud\u00edo que dio la lanzada al Cristo, y la otra, m\u00e1s inveros\u00edmil a\u00fan, de cierta luz que ardi\u00f3  trescientos setenta a\u00f1os sin consumirse. Si esto no fuera un disparate f\u00edsico, se refutar\u00eda diciendo que el edificio actual es enteramente sarraceno y construido durante la dominaci\u00f3n, siendo, por lo tanto, cosa segura que la antigua iglesia fue derribada por los invasores. Pero no intentemos destruir lo que por fuerzas humanas no puede ser destruido: una tradici\u00f3n legendaria que lleva ocho siglos de dep\u00f3sito en la mente del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cristo de la Luz es muy peque\u00f1o, pero su disposici\u00f3n no tiene nada de sencilla, siendo un exacto testimonio de la influencia bizantina en las primeras construcciones \u00e1rabes. Descartado el santuario, que es extra\u00f1o al resto del edificio, tenemos en su planta un cuadrado perfecto. En el centro se elevan cuatro columnas con cuatro arcos, que, en el corte horizontal del edificio, determinan dos cuadrados conc\u00e9ntricos. Este arco y la peque\u00f1a b\u00f3veda a que da origen es el elemento generador del edificio, como en la grande aljama de C\u00f3rdoba, en que el mismo arco, multiplicado hasta una proporci\u00f3n enorme, engendra aquella maravillosa combinaci\u00f3n que recuerda las multiplicaciones de la \u00f3ptica. En el Cristo de la Luz no existe el arco suplementario que vemos en la mezquita de Abderram\u00e1n; pero s\u00ed una cosa que se asemeja mucho a aquella rar\u00edsima forma.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/cristo-luz.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5448\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El edificio puede decirse que consta de dos pisos. Imaginaos cuatro paredes formando un prisma: en el interior pon\u00e9is cuatro columnas equidistantes de los \u00e1ngulos; sobre estas columnas, cuatro arcos; sobre estos arcos, cuatro paredes, y tendremos dos prismas conc\u00e9ntricos unidos por dos arcos en cada \u00e1ngulo. Resultan doce arcos, los cuatro torales y los ocho de los \u00e1ngulos; estos arcos determinan, como es f\u00e1cil comprender, seis naves que se cruzan, determinando a su vez nueve b\u00f3vedas. Pero las cuatro paredes del prisma interior tienen unas grandes ventanas que hacen, en la parte superior del prisma, lo que los arcos torales en la parte inferior; es decir, comunicar entre s\u00ed los recintos, cubiertos con las nueve b\u00f3vedas de que hemos hablado. De \u00e9stas, la central se eleva m\u00e1s que las dem\u00e1s, y est\u00e1 transparentada en todos sus lados por ajimeces de herradura. Las c\u00fapulas est\u00e1n cruzadas por aristas y venas, que sirviendo de sost\u00e9n, indican la poca confianza que en su arte de construir ten\u00edan los \u00e1rabes durante este primer per\u00edodo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vemos, la forma del edificio es distinta de la de todos los templos que conocemos. Predomina aqu\u00ed la forma cuadrangular y sim\u00e9trica en sus dos cortes de latitud y longitud, a diferencia de todos los templos cl\u00e1sicos, g\u00f3ticos y latinos, en que la longitud y la latitud afectan disposiciones diferentes, aunque con gran acierto combinadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando fue edificado este extra\u00f1o recinto, que apenas tiene veintid\u00f3s pies en cuadro, la arquitectura ar\u00e1biga hac\u00eda su primer ensayo, su primera tentativa, no de tanto \u00e9xito como la que cre\u00f3 en C\u00f3rdoba la gran aljama de Occidente. Los \u00e1rabes mostraron all\u00ed los primeros indicios de su originalidad; pero tambi\u00e9n se echa de ver que no han olvidado las impresiones que trajeron de Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p>De la ornamentaci\u00f3n no queda nada. El yeso nivelador se ha encargado de tapar las profanidades musl\u00edmicas, cuya brillantez voluptuosa ofend\u00eda tal vez la recatada severidad de nuestro culto; pero conociendo el famoso mihrab de C\u00f3rdoba, nos es f\u00e1cil suponer lo que pod\u00eda ser aquello, ornado con grecas y resaltos de oro y azul, con mosaicos orientales, y tal vez con jaspes romanos, hermanos de las cuatro columnas que sostienen la f\u00e1brica<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 bello deb\u00eda ser aquel peque\u00f1o recinto, dividido en nueve espacios por arcos y ventanas, que transmit\u00edan la luz descompuesta y templada por la viveza y la variedad de tan vistosos ornamentos! Aquel interior es una jaula donde la exactitud geom\u00e9trica, unida a las combinaciones del decorado, formar\u00edan un espect\u00e1culo de encantadora confusi\u00f3n, semejante a la que nos causan esas figuras lineales con que han adornado sus admirables azulejos. Es un verdadero recinto de encantamiento, un peque\u00f1o laberinto desarrollado en las tres dimensiones, algo de rompecabezas, un juguete ingenioso para dar tortura al entendimiento, una sencill\u00edsima forma que viene a ser, por la combinaci\u00f3n de sus l\u00edneas, la m\u00e1s complicada y m\u00faltiple.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigamos examinando la ciudad secundaria, para lo cual es preciso reconstruir otro gran palacio. Busqu\u00e9mosle en el sitio en que vimos al principio la bas\u00edlica pretoriense de San Pedro y San Pablo y el Alc\u00e1zar de Wamba. Las ruinas del edificio \u00e1rabe que all\u00ed existen todav\u00eda con el nombre de Palacio de Galiana son de una antig\u00fcedad problem\u00e1tica. La cr\u00edtica de juiciosos arque\u00f3logos le hace datar del tiempo de don Alfonso XI; pero la tradici\u00f3n y la literatura popular, relacionando aquel sitio con una aventura caballeresca, nos obliga a no separar el edificio del cuento. Ambos se conservan en el nombre que llevan aquellos vestigios; y nosotros, seguros de que al separarse de lo que hoy se llama Palacio de Galiana la historia que le da nombre, perder\u00eda aquel sitio todo su inter\u00e9s, les conservamos juntos. Vamos al cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan pertenec\u00eda Toledo al Califato de C\u00f3rdoba, cuando uno de sus gobernadores, llamado Alfahri, se rebel\u00f3 contra Abderram\u00e1n. Este hombre ha quedado en el Romancero con el nombre de Galafre, y de \u00e9ste era hija la hermosa Galiana, de tan seductora y acabada hermosura, que no se le igualara ninguna otra mujer en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Galafre era un moro petulante y vanidoso, aunque bien querido entre \u00e1rabes y cristianos. Los romances y las cr\u00f3nicas le pintan con ese singular colorido que ha dado la caballer\u00eda andante a sus figuras de moro, creando un ser h\u00edbrido y extra\u00f1o, en quien e re\u00fane el car\u00e1cter oriental con algo de mitolog\u00eda, un moro de sainete y de figur\u00f3n, un poco parecido a los Reyes Magos y al califa Haroun-Al-Raschid.<\/p>\n\n\n\n<p>Galafre  amaba tanto a su hija, que le construy\u00f3 un palacio para que se deleitase, llevando all\u00ed todas las maravillas de su tiempo y embelleci\u00e9ndolo con los m\u00e1s amenos jardines, y con un artificio ingenios\u00edsimo, que llaman el oroloxio, o reloj de agua, mediante el cual, unos estanques, llen\u00e1ndose y vaci\u00e1ndose convenientemente, marcaban el movimiento lunar. De todo esto disfrutaba Galiana, sin dar muestras de mucha alegr\u00eda. En todas estas viejas historias, archivadas en la memoria de nuestras abuelas, aparece siempre utilizado ese elemento dram\u00e1tico de la princesa hermosa y rica que no est\u00e1 contenta y se muera de melancol\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el moro quiere que se case a toda costa. Vienen pretendientes de todos los \u00e1ngulos de la tierra, pero ninguno tiene la suerte de agradar a la princesa del oroloxio. Esto hace sospechar que no es Galafre el \u00fanico moro que juega en el cuento. El padre, contrariado y ofendido porque su hija desprecia a tanto respetable morazo como ha venido de Trapisonda, del Ganges y de la \u00ednsula Trapobana, est\u00e1 que no cierra el ojo, ocupado en vigilar las entradas y salidas del palacio, a ver si descubre alg\u00fan amante, o si siente ruido de la\u00fades o cuchicheo de voces enamoradas. Pero nada descubre. Va de la puerta de Perpi\u00f1\u00e1n a la de Doce Cantos, junto al r\u00edo, al principio de la calle de Alc\u00e1ntara o del Artificio de Juanelo, se estaciona en el puente de Alc\u00e1ntara, ronda las tapias de la Huerta del Rey, y no encuentra nada. Galiana, evidentemente, no tiene amante conocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los muchos moros que han venido a pretenderla hay uno llamado Bradamante, Rey de Guadalajara, de quien dice un antiguo historiador toledano que era un moro feroz, agigantado y valiente. Bradamante est\u00e1 ciegamente enamorado de la hermosa Galiana; pero \u00e9sta no le puede ver ni pintado, por m\u00e1s que \u00e9l, vali\u00e9ndose de su amistad con Galafre, entra en la casa, la galantea, la persigue, y no le da punto de reposo con sus indiscretas y fastidiosas ternezas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero he aqu\u00ed que un nuevo personaje se presenta en escena. Es el gran Carlo Magno, el rey de cart\u00f3n que juega en todos los retablos de figurillas caballerescas. Carlo Magno viene con sus Doce Pares y el arzobispo Turpin a hacer una visita a Galafre el Magn\u00edfico, Sult\u00e1n de Toledo, Emperador de la Carpetana, el cual les aloja en su palacio y les obsequia como quienes son y como quien es. Esta llegada de Carlo Magno ser\u00eda inoportuna en el cuento, si ahora no se enamorara de Galiana, y Galiana le correspondiera, con gran desaz\u00f3n del Rey de Guadalajara, que no hace otra cosa que jurar y echar ternos, invocando a Al\u00e1, a Mahoma y otros falsos dioses.<\/p>\n\n\n\n<p>El franc\u00e9s est\u00e1 amostazado, y dar\u00eda la mitad de su imperio por poder hacer un picadillo de Bradamante. Un d\u00eda, en la mesa, se traban de palabras, vienen a las manos; Galafre quiere interponerse, llev\u00e1ndose de pasada, y sin querer, un furibundo pasagonzalo. Los dos rivales salen al jard\u00edn, ri\u00f1en, y Carlo Magno mata al otro, le corta la cabeza como si fuera un nabo, y se la presenta a su amante. Siempre dirimen as\u00ed sus querellas los h\u00e9roes de cart\u00f3n en la literatura caballeresca. La Historia dice que la hermosa Galiana recibi\u00f3 el presente muy gustosa, tanto por la valent\u00eda de su amante, como por verse libre del que aborrec\u00eda. Carlo Magno pidi\u00f3 a Galafre la mano de su hija; \u00e9sta se convirti\u00f3, cas\u00f3los el obispo Cixila y los esposos se fueron a Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la absurda leyenda que da a aquel sitio el nombre de Palacio de Galiana.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/arco.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5555\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>No afirmamos que tenga el mismo valor hist\u00f3rico el famoso oroloxio, construido en los jardines de cuya amenidad y frescura dan testimonio los toledanos. En una geograf\u00eda ar\u00e1biga del siglo XIV se cita a Toledo como poseedora de cosas raras y notables: una es que el trigo se conserva setenta y m\u00e1s a\u00f1os sin corromperse; otra es el prodigioso reloj de agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esta geograf\u00eda y otros libros, construy\u00f3 el aparato un matem\u00e1tico llamado Azarquiel, imit\u00e1ndolo de otro que vio en Arin, ciudad de la India occidental. Digamos la descripci\u00f3n del ge\u00f3grafo, que es tan ingeniosa como sencilla:<\/p>\n\n\n\n<p>No bien se dejaba ver la luna nueva, cuando por medio de conductos invisibles, empezaba a correr el agua en los estanques, de tal suerte, que al amanecer de aquel d\u00eda estaban llenas sus cuatro s\u00e9ptimas partes y que al anochecer hab\u00eda un s\u00e9ptimo justo de agua. De esta manera iba aumentando el agua en los estanques, as\u00ed de d\u00eda como de noche, a raz\u00f3n de un s\u00e9ptimo por cada veinticuatro horas, hasta que al fin de la semana se encontraban los estanques a mitad llenos, y en la semana siguiente se ve\u00edan llenos del todo hasta el punto de rebosar el agua. Venida la catorcena noche del mes, y cuando la luna empezaba a menguar, los estanques se iban vaciando del mismo modo y en la misma progresi\u00f3n que se hab\u00edan llenado. Cumplidas las veintiuna noches y los veinti\u00fan d\u00edas del mes, ya no quedaba en los estanques m\u00e1s que la mitad del agua, menguando cada d\u00eda y cada noche hasta cumplirse los veintinueve d\u00edas del mes, hora en que quedaban de todo punto vac\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/illescas.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5520\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Este era el oroloxio, aparato que despu\u00e9s llam\u00f3 vivamente la atenci\u00f3n de los espa\u00f1oles, y con especialidad de Alfonso VII que, queriendo conocer su misterioso mecanismo, mand\u00f3 a un jud\u00edo que lo examinara, y el jud\u00edo se dio tal ma\u00f1a que lo desbarat\u00f3, no volviendo a funcionar hasta la fecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, de los edificios de Galiana no restan sino algunos arcos, no suficientes para dar idea de su forma primitiva. En la cocina de una de las casas que aprovechando sus paredes se han formado, se ve un precioso arco, que no parece anterior al \u00faltimo per\u00edodo de la arquitectura sarracena. Dudoso es que Alfahri o Galafre edificara este palacio, porque en su ef\u00edmero reinado apenas tuvo tiempo para defenderse de su leg\u00edtimo due\u00f1o, el califa de C\u00f3rdoba. Pero la imaginaci\u00f3n se complace en colocar en aquellos recintos, hoy h\u00famedos y  destrozados, las sombras de Carlo Magno y Bradamante, tan caballero y valeroso aqu\u00e9l, como \u00e9ste impertinente y petulante.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00e9poca m\u00e1s floreciente para la ciudad durante los trescientos setenta a\u00f1os que estuvo en poder de los moros, es la de Alimaim\u00f3n, llamado vulgarmente Almam\u00fan. A su Corte vino, pidiendo hospitalidad, Alfonso VI, el que despu\u00e9s hab\u00eda de conquistarla. Las disensiones a que dio lugar el imprudente testamento de Fernando I encendieron en Castilla y Le\u00f3n una guerra que no termin\u00f3, como es sabido, sino con el asesinato de don Sancho junto a los muros de Zamora. Alfonso, huyendo de su hermano, se acogi\u00f3 a la Corte de Almam\u00fan, y all\u00ed le vernos, seg\u00fan el testimonio de todas las cr\u00f3nicas, enlazado con sincera amistad al monarca musulm\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En Toledo estaba Alfonso,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;hijo del Rey Don Fernando,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;huido est\u00e1 por el miedo<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;del Rey Don Sancho, su hermano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acogi\u00f3le Alimaim\u00f3n,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que Toledo es su reinado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mucho quiere a Don Alfonso:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de moros es estimado.<br>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La amistad del rey toledano y del que despu\u00e9s conquist\u00f3 la ciudad, es cosa cierta. Adem\u00e1s, consta que Almam\u00fan le dio a Brihuega para que residiera con los que le hab\u00edan acompa\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>La residencia del pr\u00edncipe castellano en Toledo ha dado origen a otra leyenda, que explica la causa de ser llamado don Alfonso el de la mano horadada.<\/p>\n\n\n\n<p>Almam\u00fan y su hu\u00e9sped visitaron un d\u00eda las murallas, las fortificaciones, las torres de aquella ciudad, justamente tenida entonces por inexpugnable. Al volver al palacio, Alfonso, rindi\u00e9ndose a la fatiga, se acuesta. El moro queda departiendo con los suyos sobre la excursi\u00f3n que acaba de hacer. \u2014\u00a1Qu\u00e9 fuerte es Toledo!\u2014 dec\u00eda uno. \u2014Todos los ej\u00e9rcitos del mundo no lo tomar\u00edan.\u2014 dec\u00eda otro. \u2014De un modo se puede tomar\u2014 exclam\u00f3 un tercero\u2014, y es cerc\u00e1ndola por hambre; porque con siete meses sin trigo, la ciudad se rinde\u2014. En esto advierten que Alfonso duerme muy cerca de all\u00ed, y sospechan que, fingiendo el sue\u00f1o, habr\u00e1 escuchado toda la conversaci\u00f3n y sabr\u00e1 el modo de ganar a Toledo. En efecto, Alfonso no dorm\u00eda. Para saber si el pr\u00edncipe velaba fingiendo, uno de los moros concibe un ingenioso ardid, que consiste en echarle plomo derretido en la mano; y lo dicen muy alto para ver si el cristiano, al o\u00edr el martirio que le preparan, rompe el disimulo y manifiesta, protestando contra tal barbaridad, que no dorm\u00eda. Pero Alfonso no chista, y s\u00f3lo da un grito y finge un s\u00fabito despertar cuando el plomo hirviente taladra su mano. As\u00ed les hizo creer que dorm\u00eda y que no hab\u00eda escuchado la peligrosa conversaci\u00f3n, pues los moros ten\u00edan resuelto matarle si adquir\u00edan la certidumbre de que hab\u00eda o\u00eddo la amenaza.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo cuenta un viejo romance. Pero, \u00bfser\u00e1 preciso advertir que el calificativo de el de la mano horadada se dio a don Alfonso para expresar sus larguezas y prodigalidad, para indicar que era lo que llamamos hoy un manirroto.<\/p>\n\n\n\n<p>Retrocediendo un poco, hagamos, en compa\u00f1\u00eda del rey moro y su ilustre hu\u00e9sped, la visita de esas estupendas murallas y fort\u00edsimas puertas.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera que hemos de ver es la Puerta del Sol, que hoy puede ser apreciada en toda su belleza gracias a una inteligente restauraci\u00f3n. Este monumento indica una tentativa de los artistas \u00e1rabes para llegar al completo dominio del estilo que les es peculiar. En esta puerta aparecen, aunque t\u00edmidamente a\u00fan y sin la soltura y belleza que m\u00e1s tarde les dio el m\u00e1s brillante desarrollo, los arcos entrelazados y los arcos quinquefoliados, que despu\u00e9s aparecen con una profusi\u00f3n exuberante en las construcciones andaluzas. A pesar de que la puerta es bastante maciza, indicando una gran solidez, la ingeniosa aplicaci\u00f3n de un arco simulado sobre el de la entrada le da singular esbeltez y ligereza. Sus barbacanas, balcones y troneras son m\u00e1s propios de un palacio que de una fortaleza lo cual hace creer que fue restaurada o construida de nueva planta despu\u00e9s de la conquista, pues s\u00f3lo la puerta de Visagra, con su sencilla y ruda forma, con su aspecto de construcci\u00f3n puramente \u00fatil y de aplicaci\u00f3n a la guerra, parece ser la \u00fanica que se conserva intacta desde los tiempos del reino musulm\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/visagra.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5510\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Bajando a ella podemos recorrer la vasta l\u00ednea de las murallas, que los \u00e1rabes encontraron, restaur\u00e1ndolas y haci\u00e9ndolas m\u00e1s seguras. Partiendo de dicha puerta hacia Occidente, encontrarnos la de Almaguera (entre el Nuncio y la Diputaci\u00f3n), hoy tapiada. Entre \u00e9sta y la del Sol corre un trozo de muralla llamado Azor (frente al callej\u00f3n del Azor), que guarnece la parte m\u00e1s alta de la ciudad. M\u00e1s all\u00e1 de la Almaguera est\u00e1 el torre\u00f3n de Los Abades, junto al cual estuvo la puerta a la que ha sustituido la actual del Cambr\u00f3n; m\u00e1s all\u00e1, el torre\u00f3n llamado el ba\u00f1o de la Cava y el puente de San Mart\u00edn. Siguiendo la orilla del r\u00edo, fortificada entonces tambi\u00e9n, hallamos la puerta de Los Hierros o de Abadaqu\u00edn, en el barrio de los Tintes, y m\u00e1s all\u00e1, por bajo del Alc\u00e1zar, la puerta de Doce Cantos. No lejos de \u00e9sta, la famosa puerta de Alc\u00e1ntara, construida entonces m\u00e1s hacia el Sur. Desde aqu\u00ed se desv\u00eda del Tajo la l\u00ednea de fortificaciones, que se dirige de Oriente a Occidente hasta debajo del Miradero, donde est\u00e1 la puerta de Perpi\u00f1\u00e1n, y de aqu\u00ed describe un ancho c\u00edrculo para ir a unirse a la puerta de Visagra, de donde partimos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/sanmartin.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5507\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Dentro de este vasto recinto encontr\u00e1is las calles absurdas, las casas sombr\u00edas en que se ha querido, por una especie de hipocres\u00eda, disimular la suntuosidad y el lujo del interior con la sencillez y severidad de las fachadas. En esta aglomeraci\u00f3n confusa de casas se destacan las altas paredes de algunos palacios, y las torres de muchas mezquitas, que no hay que confundir con estas torres muz\u00e1rabes que hoy vemos y son obra de otra generaci\u00f3n. Las iglesias latinas son a\u00fan de m\u00e1s humilde aspecto que las de los \u00e1rabes, y \u00fanicamente Santa Leocadia, sola en la dilatada Vega, en el centro de un melanc\u00f3lico paisaje que tiene por fondo los cigarrales y por adorno el r\u00edo, menos l\u00f3brego y terrible all\u00ed que en la parte oriental, ofrece alg\u00fan encanto a la vista, produciendo en el esp\u00edritu una sensaci\u00f3n de agradable paz y dulce tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p>En el recinto de la ciudad que, entonces como hoy, tiene la apariencia de una colmena, bulle y se agita un pueblo que a su paso por esta tierra nos dej\u00f3 muestras admirables de su elevado esp\u00edritu. Apenas le han permitido entregarse a las contemplaciones propias de su exaltado temperamento las continuas luchas de sus reyezuelos y corrompidos<br>Walis. Parece, seg\u00fan se agita, que no se siente due\u00f1o de la tierra que pisa, ni de aquel laberinto de habitaciones y callejuelas que ha formado como para ocultarse a sus propias miradas. Desde que estuvo all\u00ed el de la mano horadada, un presentimiento terrible se ha apoderado de la mente del pueblo agareno, que oye siempre de boca de sus alfaqu\u00edes los m\u00e1s siniestros augurios respecto a la hospitalidad de aquel joven fugitivo, que antes era pr\u00edncipe perseguido y ahora rey de Castilla y de Le\u00f3n, despu\u00e9s del famoso juramento de Santa Gadea.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00e1rabes han o\u00eddo contar maravillas de aquel peque\u00f1o reino de Asturias, fundado por un visigodo. Saben que ese peque\u00f1o reino se ha ido ensanchando poco a poco en tres siglos de lucha; que ya abarca la tierra de Le\u00f3n y la de Castilla; que ha pasado el Duero; que viene con sus ej\u00e9rcitos de h\u00e9roes y sus cruces invasoras. Los musulmanes sienten mermado cada d\u00eda el suelo que pisan, y a todas horas, en los corrillos del Zocodover y en las encrucijadas de la Alcan\u00e1, oyen contar las empresas fabulosas de un joven a quien llaman el Cid, ya vencedor en Montes de Oca.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed vive tambi\u00e9n otro pueblo que oculta sus l\u00e1grimas en la oscuridad de Santa Mar\u00eda del Alfic\u00e9n y en la modesta nave de Santa Justa. Este pueblo, llamado muz\u00e1rabe, siente en el suelo las pisadas de los caballos castellanos que ya rodean el Pisuerga, pasan el Guadarrama y se extienden por la gran cuenca del Tajo, hasta que en un d\u00eda de mayo del a\u00f1o 1085, todos los habitantes de Toledo, cristianos y muslines, est\u00e1n en la muralla de Occidente, en la muralla del Azor y en todo el espacio que media entre la puerta del Sol y la puerta de los Abades, donde hoy est\u00e1 la del Cambr\u00f3n. Est\u00e1n mudos de ansiedad y sobresalto: se entienden s\u00f3lo con mirarse, y se\u00f1alan la l\u00ednea del horizonte, donde se ve algo que espanta. Es que all\u00e1, a lo lejos, brillan las armaduras de los Astures y Leoneses, y se eleva en el horizonte, formando la m\u00e1s siniestra nube, el polvo que levantan los caballos del gran Alfonso VI.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-iv\"><strong>IV<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El 25 de aquel mes entr\u00f3 el rey cristiano en Toledo con todo su ej\u00e9rcito por la puerta vieja de Visagra. Suben la cuesta que conduce a lo alto de la ciudad, y al llegar frente al<br>Cristo de la Luz, el caballo del Cid, el famoso Babieca, se para y se arrodilla. No hay fuerzas humanas que le hagan pasar de all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos se asombran, y advirtiendo que hay all\u00ed una iglesia, el Rey manda que se detenga la comitiva y que se diga all\u00ed la primera misa. As\u00ed se hace, y queda la iglesia consagrada. El Rey, en memoria del suceso, cuelga su escudo en la clave del arco del santuario, donde est\u00e1 todav\u00eda. Ya Toledo es cristiana y castellana; Jahye, su \u00faltimo Rey, se ha refugiado en Valencia. La dominaci\u00f3n musulmana ha recibido un golpe de muerte porque ha perdido la llave de la comarca Carpetana y la plaza m\u00e1s importante del centro de la Pen\u00ednsula. Con este resonante suceso, la total expulsi\u00f3n de los \u00e1rabes no hubiera tardado tres siglos m\u00e1s si los turbulentos reinados de don Pedro, de don Juan II, y de Enrique IV, no hubieran quebrantado las fuerzas de la Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el orden pol\u00edtico, todo ha cambiado. Pero en las costumbres, la transformaci\u00f3n no es muy grande, porque los dos pueblos siguen hermanados por alg\u00fan tiempo, prolongando hasta las \u00e9pocas de la intolerancia, aquella coexistencia de muz\u00e1rabes y sarracenos, que caracteriza los cuatro siglos del Imperio musulm\u00e1n en Toledo. El arte \u00e1rabe sigue despu\u00e9s de 1085 su natural desarrollo, como si a\u00fan continuaran las medias lunas tremoladas sobre la augusta ciudad, y en los siglos XII y XIII, produce en ella, como en Granada y Sevilla, sus m\u00e1s bellas obras.<\/p>\n\n\n\n<p>De modo que, para el arte, el per\u00edodo secundario de los monumentos de Toledo, lejos de concluir con la victoria de Alfonso, principia a completarse entonces y a tomar el car\u00e1cter propio, que le lleva despu\u00e9s a su m\u00e1s glorioso apogeo.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos ahora lo que hizo aqu\u00ed ese buen rey de la mano horadada. Alfonso VI era un leal caballero. Educado en la desgracia, fortalecido con la experiencia que en las disensiones de su familia hab\u00eda adquirido, sac\u00f3 tambi\u00e9n de su amistad con Almam\u00fan muchas nociones de los afectos humanos, y no ech\u00f3 en saco roto la lecci\u00f3n de lealtad que le dio el Cid sobre el cerrojo de Santa Gadea. Su natural bondad y el conocimiento de las cosas de la vida le indujeron a ser tolerante con los vencidos; as\u00ed es que siempre estuvo dispuesto a acatar las estipulaciones que se hicieron al ser entregada la ciudad. Seg\u00fan \u00e9stas, los cristianos quedar\u00edan celebrando el culto metropolitano de Santa Mar\u00eda de Alfic\u00e9n, y la mezquita quedar\u00eda en poder de los moros para que se celebraran en ella su culto. Al rey le dieron los<br>Palacios de Galiana, la Huerta del Rey, las puertas, murallas y fortalezas de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Negocios urgentes llamaron a Alfonso a Le\u00f3n y dej\u00f3 encargado el gobierno de Toledo a su esposa do\u00f1a Constanza y al arzobispo reci\u00e9n nombrado, don Bernardo, monje cluniense que hab\u00eda venido de Francia a Espa\u00f1a para reformar la Orden, y era anteriormente abad de Sahag\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se vieron solos la reina y el prelado, cayeron en la cuenta de que era afrentoso que los moros tuvieran la principal iglesia de la ciudad y  practicaran en ella su culto, con esc\u00e1ndalo de los dominadores cristianos. No se pararon en que el rey hab\u00eda dado su palabra formal de hacer cumplir las estipulaciones; y las promesas de Alfonso eran sagradas. Pero la reina, aunque mujer fuerte, era bland\u00edsima devota, y el abad, aunque de recto coraz\u00f3n, era intransigente y duro. Ambos se escandalizaron y resolvieron quebrantar el juramento del rey.<\/p>\n\n\n\n<p>Oigamos c\u00f3mo refiere su di\u00e1logo un antiqu\u00edsimo romance:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Don Bernardo, \u00bfqu\u00e9 hacemos?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que la conciencia me agrava<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de ver mezquita de moros<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la que fue iglesia santa,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;donde la Reina del Cielo<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sol\u00eda ser muy honrada.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando esto oy\u00f3 el Arzobispo,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de rodillas se hincaba,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;alz\u00f3 los ojos al cielo,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;las manos puestas, hablaba:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias doy a ]esucristo<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y a su Madre Virgen Santa,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que sal\u00eds, Reina, al camino<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de lo que yo deseaba.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quit\u00e9mosela a los moros<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;antes hoy que no ma\u00f1ana;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;no dej\u00e9is el bien eterno<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por la temporal palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho y hecho. Una noche convocaron al pueblo; el ej\u00e9rcito se apoder\u00f3 de la mezquita; echaron a los moros, pusieron altares y en la torre una campana para tocar a misa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00e1rabes, vi\u00e9ndose heridos en su orgullo y ofendida su piedad, se alarmaron de tal modo, que su actitud caus\u00f3 gran susto a todo el pueblo en aquellos d\u00edas. Gritaban y recorr\u00edan armados las calles, pidiendo justicia; amenazaban, increpaban a don Bernardo y, por fin, se resolvieron a mandar un emisario a don Alfonso, que a la saz\u00f3n estaba en Sahag\u00fan. Este, al ver violada la estipulaci\u00f3n que hab\u00eda jurado cumplir, se enfureci\u00f3 de tal modo, que la cr\u00f3nica dice al referirlo:<\/p>\n\n\n\n<p>E tan rabiosamente vino, que en tres d\u00edas lleg\u00f3 de Sant-Fagund a Toledo e era su voluntad poner fuego a la reina y al electo don Bernardo, porque quebrantaron la su fe e postura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 algazara se arm\u00f3 en la ciudad cuando supieron que ven\u00eda! Todos creen llegada su \u00faltima hora, porque saben qui\u00e9n es aquel gran caballero y saben lo que es capaz de hacer cuando ve lastimado su decoro. La reina no sabe a qu\u00e9 santo encomendarse; don Bernardo se ablanda y acobarda, y todos se figuran al rey dispuesto a ejecutar al pie de la letra aquello de poner fuego a la reina, y al electo Obispo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, los \u00e1rabes, conociendo que el rey trae intenci\u00f3n de hacerles justicia, resolvieron ceder, y aconsejados por un alfaqu\u00ed, hombre ladino, astuto y, sin duda, muy pr\u00e1ctico, determinaron dejar que la mezquita continuara en poder de los cristianos. Pero esta resoluci\u00f3n fue secreta. Los castellanos, la reina y el prelado, que ignoraban esta resoluci\u00f3n, no sab\u00edan qu\u00e9 hacer para desenojar al rey, y ordenaron, para salirle al encuentro, una procesi\u00f3n en que desfilaron cl\u00e9rigos, abades, monjes y nobles; la reina, compungida, y el cluniense, corrido y en extremo temeroso.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/catedral_toledo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5523\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El Rey, luego que vio las dos embajadas de castellanos y moros, se decide por \u00e9stos, y les dice que far\u00e1 una venganza que ser\u00e1 para siempre sonada en todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrod\u00edllanse los culpables, y entonces el alfaqu\u00ed se adelanta, toma la palabra y pronuncia el m\u00e1s pomposo discurso conciliatorio que jam\u00e1s ha arreglado contienda humana. Los moros, satisfechos con la actitud de Alfonso, decidido a hacerles completa justicia, consienten en dejar la mezquita a los cristianos. Todos se alegran. Los dominadores se han salido con la suya; pero el enojo del soberano les humilla. Los otros, qued\u00e1ndose sin iglesia, salen, moralmente, mejor librados.<\/p>\n\n\n\n<p>Imposible es pintar la gratitud, la admiraci\u00f3n, el entusiasmo que excit\u00f3 a aquel alfaqu\u00ed, tan prudente como previsor. \u00bfSab\u00e9is c\u00f3mo le demostr\u00f3 su gratitud la posteridad, que supo guardar con veneraci\u00f3n la memoria de tan gran servicio? Erigi\u00e9ndole una estatua en el sitio m\u00e1s honroso de la catedral, levantada despu\u00e9s en el santuario donde con el humilde pastor de las Navas acompa\u00f1a los grandiosos sarc\u00f3fagos de los reyes viejos. En este original ex voto, hay una sencillez encantadora, que pinta mejor que nada la pureza de sentimientos de aquella \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>No terminaremos la relaci\u00f3n de este suceso sin advertir que el primer acto de intolerancia religiosa, que tanto nos echan en cara los extranjeros, y a veces con raz\u00f3n, fue cometido por dos franceses: por una reina devota y un fraile terco.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en aquellos mismos d\u00edas ocurri\u00f3 la disidencia sobre cu\u00e1l de los ritos hab\u00eda de usarse en lo sucesivo en la iglesia toledana, mostr\u00f3 de nuevo don Bernardo su gran tenacidad. Sometida la cuesti\u00f3n al juicio de Dios [4], primero en un combate, y despu\u00e9s arrojando los dos misales a las llamas, venci\u00f3 el muz\u00e1rabe; pero don Bernardo quer\u00eda a toda costa la adopci\u00f3n del romano, y por \u00faltimo, con gran trabajo del Rey y de todos los toledanos, se conserv\u00f3 el antiguo rito godo en las seis parroquias que estuvieron abiertas al culto durante la dominaci\u00f3n sarracena.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n se dice del cluniense que quiso ir a las Cruzadas, porque era tan osado o caballero como en\u00e9rgico prelado, y s\u00f3lo las s\u00faplicas de su clero pudieron hacerle desistir de tal proyecto, guardando toda su bravura para los tiempos en que, atacada Toledo por los almor\u00e1vides, defendi\u00f3 como un h\u00e9roe el torre\u00f3n de los Abades; aunque, seg\u00fan dicen las tradiciones, fue con la cooperaci\u00f3n de San Miguel, que se apareci\u00f3 como llovido en aquellos muros. El insigne obispo muri\u00f3 en olor de santidad. Do\u00f1a Constanza concluy\u00f3 en Toledo su vida, y all\u00ed fue herido en el alma don Alfonso, por la infausta muerte de su hijo m\u00e1s querido, acaecida en Ucl\u00e9s. En su reinado se empez\u00f3 a construir el Alc\u00e1zar, se repararon los muros de la l\u00ednea de tierra, y entonces adquiri\u00f3 nuevo brillo la ciudad ilustre; recibiendo los elementos de su futura prosperidad, al acogerse en ella muchos nobil\u00edsimos caballeros, venidos de todas las tierras, descollando entre ellos el progenitor de la casa de los Toledos, don Esteban Ill\u00e1n, a quien suponen oriundo de Grecia y pariente de los Pale\u00f3logos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigamos  examinando la maravillosa yuxtaposici\u00f3n que form\u00f3 la segunda capa monumental de la antigua metr\u00f3poli.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora vemos aparecer otro de sus m\u00e1s curiosos monumentos, el castillo de San Servando, situado frente al puente de Alc\u00e1ntara, en el cerro opuesto a la ciudad. Alfonso fund\u00f3 en aquel sitio un monasterio de Cluny, y, ya fuera para defenderse de la ciudad, o para custodia de los pobres monjes, edific\u00f3 aquella fortaleza, cuyos imponentes muros, despedazados e informes hoy, presentan durante la noche la m\u00e1s espantosa perspectiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este castillo de San Servando, vulgarmente llamado de San Cervantes, naci\u00f3 con mala estrella. Su historia es una serie de desgracias; pero, como ciertos veteranos que han asistido a todas las derrotas, considera gloriosos sus m\u00e1s ruidosos desastres.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/servando.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5526\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Apenas concluido, ocurri\u00f3 la intentona de los almor\u00e1vides. Estos se dirigen a Toledo y atacan el flamante castillo, despiden a los monjes reci\u00e9n instalados y queman el monte. Desde entonces, los frailes no quisieron m\u00e1s cuentas con fortalezas y se fueron para no volver. Pero San Servando sufri\u00f3 despu\u00e9s otro cerco, y m\u00e1s tarde, otro, hasta que, ocupado por los templarios, pudo detener con \u00e9xito las tentativas de la morisma, llegando a ser defensa y principal baluarte de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos ahora a la parte occidental de la ciudad, donde tienen los israelitas su populoso barrio y su c\u00e9lebre sinagoga, llamada Santa Mar\u00eda la Blanca. El hebreo no tiene arte, porque no tiene territorio. Extranjero en todas partes, se ve obligado a adoptar el arte de sus hu\u00e9spedes, y si deja muchas huellas de su paso en las naciones donde se establece, tambi\u00e9n recibe muchas de ellas. As\u00ed es que la Sinagoga que hicieron en Toledo es un edificio \u00e1rabe que, en su forma general y en sus accidentes, demuestra la aspiraci\u00f3n de aquellos arquitectos a entrar en el pleno dominio del estilo que les es peculiar. Cuando se construy\u00f3 (probablemente hacia 1100), exist\u00edan a\u00fan las primitivas bas\u00edlicas de los siete primeros siglos, y las tomaron por modelo en la disposici\u00f3n general del interior. Este templo no tiene ya nada de com\u00fan con la Aljama cordobesa, ni con el Cristo de la Luz, en que se desarrollan las formas del edificio en un sistema cuadrangular, existiendo una gran simetr\u00eda entre los cortes de latitud y longitud. Aqu\u00ed la forma es longitudinal, como en las bas\u00edlicas latinas; pero ampliada la antigua disposici\u00f3n, por ser ahora de cinco naves en vez de una o tres. Estas naves, engendradas por un simple arco de herradura, se desarrollan en un solo sentido, sin haber aquel cruzamiento que hace de las plantas de los monumentos ar\u00e1bigo-bizantinos una verdadera cuadr\u00edcula. El techo completa esta forma, extendi\u00e9ndose como una pieza por todo lo largo de la nave, sin tener m\u00e1s divisiones que las de su propia contextura.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/santamariablanca.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5452\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Treinta gruesas columnas, no ya sacadas de escombros romanos, sino originales y caracter\u00edsticas, sostienen veintiocho arcos repartidos en cuatro series paralelas. Estos arcos son de una sutileza incomparable, porque el espacio que media entre los di\u00e1metros de los c\u00edrculos que los forman, es mucho menor que el grueso de las columnas. De este espacio, en que est\u00e1 la conjunci\u00f3n de los estrados, parten las l\u00edneas que engendran en una airosa curva las treinta enjutas, adornadas con un elegante roset\u00f3n, y unas labores llenas de gracia y sencillez. Sobre esta arquer\u00eda corre un entrepa\u00f1o, dividido en casetones de distinto tama\u00f1o, seg\u00fan caen sobre la columna o sobre el arco, y encima del entrepa\u00f1o se extiende una serie de arcos trebolados de cinco herraduras, que, aunque aparecen hoy sin luz, debieron estar abiertos antiguamente para iluminar la nave. El techo es una primorosa obra de carpinter\u00eda, primer ensayo de aquel arte tan fastuoso como bello, que despu\u00e9s hab\u00eda de crear el techo del Tr\u00e1nsito.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/transito.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5438\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Considerando la sinagoga cuando la injuria de los tiempos y el desd\u00e9n de los hombres no la hab\u00edan maltratado, deb\u00eda ser extraordinariamente espl\u00e9ndido y pintoresco el interior de aquella nave, iluminada por los altos ajimeces, nave resplandeciente y misteriosa a la vez, por el reflejo de sus alharacas y la acertada disposici\u00f3n de todas las l\u00edneas, por la uniformidad que en ella reina, siendo, al mismo tiempo, variada y multiforme, sin las complicaciones y confusos laberintos que hacen del \u00faltimo per\u00edodo del arte \u00e1rabe un sorprendente delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurre comparar este edificio de principios del siglo XII con las construcciones rom\u00e1nicas que, extendidas ya por Asturias y Le\u00f3n, lo mismo que por Francia y el Rin, comenzaban a apuntar entonces la transici\u00f3n a la ojiva, dando origen al maravilloso arte del siglo XIII. La sinagoga de Toledo es m\u00e1s bella, m\u00e1s ligera, que los edificios rom\u00e1nicos, todav\u00eda no despose\u00eddos de la pesadez que conservaban de su b\u00e1rbaro origen. La arquitectura sarracena indicaba a principios de aquel siglo mayor grado de cultura, una perfecci\u00f3n m\u00e1s pura de las formas absolutas, m\u00e1s correcci\u00f3n y m\u00e1s ingenio que las obras del Norte, contempor\u00e1neas suyas. Para encontrar igual grado de perfecci\u00f3n en el estilo ojival, es preciso seguirlo en su desarrollo, hasta mitad del siglo siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la creaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, el arte sarraceno entra en el per\u00edodo de su apogeo. Tal era la fuerza de su genio, tal la impresi\u00f3n que sus bellas y originales formas produjeron en la mente del pueblo, que sigui\u00f3 en su desenvolvimiento sin ser afectado por las influencias del Norte, que ya lo hab\u00edan invadido todo, hasta la misma Italia; se mantuvo con vida propia, a pesar de la implantaci\u00f3n en su suelo de la arquitectura ojival; luch\u00f3 con \u00e9sta largo tiempo, sin ser vencido, ni vencerla tampoco; y s\u00f3lo expir\u00f3 cuando el Renacimiento vino a destruir, con el empuje de un v\u00e1ndalo y la fuerza propia de las nuevas ideas, todas las obras del romanticismo, lo mismo aquellas de origen meridional y sem\u00edtico,  que las septentrionales y germ\u00e1nicas.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad comienza a recibir ahora grandes modificaciones. Sus antiguas bas\u00edlicas van cayendo en todo el siglo duod\u00e9cimo, como cay\u00f3 el rito godo; se restauran algunos edificios y se levanta la primera torre muz\u00e1rabe, la torre de San Rom\u00e1n. Los templarios habitan el viejo palacio llamado del Temple, y ocupan el castillo de San Servando.<\/p>\n\n\n\n<p>Llega el siglo XIII, y entonces ocurre un suceso important\u00edsimo en la historia de la ciudad. Un hombre oscuro, un tal Pedro P\u00e9rez, cuyo nombre no figura en ning\u00fan cat\u00e1logo de artistas, ha derribado la antigua mezquita, y una vez limpio el solar, ha trazado all\u00ed un espacio de 404 pies de largo por 200 de ancho, fundando despu\u00e9s los cimientos de ochenta y ocho gruesos pilares. Solemne y grandiosa es la ceremonia de la colocaci\u00f3n de la primera piedra. Un joven, un caballero andante, que sue\u00f1a con oscurecer la fama de sus mayores con la fama de sus haza\u00f1as, y conquistar al moro m\u00e1s reinos que el Cid y Alfonso VIII, enardecido al mismo tiempo por el m\u00e1s vehemente sentimiento cristiano; uno de los esp\u00edritus m\u00e1s elevados de su \u00e9poca, heredero de las altas dotes de \u00e1nimo de su madre, hombre de recto car\u00e1cter y pecho viril, San Fernando, preside el acto solemne y pone la primera piedra. Bend\u00edcela otro hombre ilustre, sabio y generoso a la vez, santo var\u00f3n al par que hidalgo caballero, don Rodrigo Jim\u00e9nez de Rada, que lo mismo ha brillado por su valor en las Navas de Tolosa, que por su elocuencia en el Concilio Lateranense, autor de la primera Historia de Espa\u00f1a y persona de imperecedero recuerdo por su bondad extremada y ejemplares virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando parte llevado de su generoso ardor a conquistar Ja\u00e9n, C\u00f3rdoba y Sevilla; el arzobispo permanece all\u00ed para dar impulso a los trabajos de aquella obra colosal. Entre tanto, se ve en las vecinas canteras de Oliguelas un enjambre de trabajadores sacando y cortando piedra. Ac\u00e1 la construcci\u00f3n va alz\u00e1ndose poco a poco, y alrededor de los ochenta pilares se ve api\u00f1ada en enormes y complicados cadalsos la muchedumbre de alarifes, maestros, alba\u00f1iles y aparejadores que trabajan infatigables, con el ardor del que realiza una obra santa, crey\u00e9ndose instrumentos de Dios, orgullosos de realizar la m\u00e1s grandiosa obra de piedad y de verificar con su arte y su entusiasmo la petrificaci\u00f3n de la fe de aquellos tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>El edificio sube, sube ansioso de tocar su remate y cerrarse en sus agudas b\u00f3vedas; va extendi\u00e9ndose y alargando los haces de columnas que han de doblarse despu\u00e9s con la docilidad de las hojas de palmera. Pero \u00a1qu\u00e9 extra\u00f1o parece este edificio en medio de una ciudad toda ar\u00e1biga, donde todas las construcciones, desde el m\u00e1s suntuoso palacio hasta la m\u00e1s humilde choza, son de ladrillo, donde todas las formas est\u00e1n modeladas en el estuco y donde la desnudez del material se cubre siempre con las decoraciones policr\u00f3matas, con el oro y el mosaico! Los artistas muz\u00e1rabes se agrupan curiosos junto a los ochenta y ocho pilares que levanta el intruso y desconocido Pedro P\u00e9rez. Apenas pueden comprender aquella fabricaci\u00f3n de piedra franca, tan s\u00f3lida, tan maciza, y no adivinan que va a ser la m\u00e1s sutil y m\u00e1s a\u00e9rea.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hemos dicho que la arquitectura ojival no ten\u00eda hasta entonces ning\u00fan precedente en el suelo toledano. All\u00ed no se encuentran construcciones rom\u00e1nicas, ni nada que pueda ser elemento generador y primera faz de la forma ojival. \u00c9sta vino implantada: traj\u00e9ronla ya hecha, formada ya y con toda su magnificencia y esplendor. As\u00ed es que no pod\u00eda dejar de ser una planta ex\u00f3tica, all\u00ed donde la arquitectura sarracena, impresionando a todos, hab\u00eda echado tan profundas ra\u00edces y dominaba sin rival.<\/p>\n\n\n\n<p>Los muz\u00e1rabes vieron con estupor, en todo aquel siglo, aquella f\u00e1brica prodigiosa que sub\u00eda m\u00e1s y era superior a todos los portentos que sus padres les hab\u00edan contado de la ciudad de C\u00f3rdoba. Vieron elevarse aquella multitud de columnas, que parec\u00edan no concluir nunca, y cuando, tocando a su fin, llegando, por decirlo as\u00ed, al per\u00edodo de su madurez, aquellos haces de tallos se abr\u00edan esparci\u00e9ndose para engendrar la b\u00f3veda, se llenaron de sorpresa los pobres alarifes al considerar que fuera tan d\u00f3cil la piedra que hasta pod\u00eda ser esculpida como el estuco; que los techos se hac\u00edan con piedras entrelazadas, contraapoyadas, formando una red de aristas, un armaz\u00f3n semejante a la que ellos hac\u00edan con la madera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, a pesar de esta sorpresa, el arte \u00e1rabe continu\u00f3 mucho tiempo sin contaminarse, utilizando sus elementos propios, reducido al c\u00edrculo que antes ten\u00eda. En los pueblos meridionales, y especialmente en el \u00e1rabe, la costumbre tiene una fuerza invencible. La rutina hizo que aquel especial\u00edsimo modo de construir no expirara hasta que el Renacimiento lo invadi\u00f3 todo, verificando la m\u00e1s completa transformaci\u00f3n. Mientras esto no sucedi\u00f3, el arte ojival, a pesar de su superioridad incontestable y del adelanto que representa en la manera de construir, aquel arte prepotente venido de Le\u00f3n, Burgos y Oviedo, donde hab\u00eda creado tantas maravillas, no pudo destronar lo que los musulmanes hab\u00edan dejado en su ciudad favorita, estereotip\u00e1ndolo por la fuerza de su genio en la mente del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Catedral continu\u00f3 creciendo en todo el siglo XIII; pero aunque el cabildo era rico y dispon\u00eda de todos los recursos de su \u00e9poca, la obra no pudo ser apreciada en su forma general hasta fines del siglo. Veremos despu\u00e9s si la Catedral influy\u00f3 algo en las obras de los naturales de Toledo o si, en cambio, no pudiendo resistir la influencia local y trabajando en ella los alarifes, se contamin\u00f3 a su vez. Pero hasta el siglo XIV no pudo la portentosa obra ostentar toda su belleza, porque estas colosales petrificaciones del genio de la Edad Media, estas enormes catedrales, tan generales, tan m\u00faltiples, tan complejas, necesitan, como las capas geol\u00f3gicas, siglos enteros de lenta y perpetua elaboraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-v\"><strong>V<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Muerto Pedro P\u00e9rez en 1275, la f\u00e1brica continu\u00f3 dirigida por otros maestros, cuyos nombres se ignoran; y s\u00f3lo a fines del siglo XIV se sabe que la dirig\u00eda Alvar G\u00f3mez, predecesor de Egas y Juan Guas, que la dieron por terminada en los mismos a\u00f1os en que el Renacimiento comenzaba a invadirlo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Reinando don Alfonso el Sabio, que hab\u00eda nacido en Toledo y dej\u00f3 all\u00ed recuerdos imperecederos, la ciudad recibe algunas modificaciones. El rey habit\u00f3 mucho tiempo el Palacio de Galiana, donde, en uni\u00f3n con los rabinos toledanos, compuso el famoso <em>Saber de Astronom\u00eda<\/em>. He aqu\u00ed convertidos en observatorios aquellos famosos recintos donde estaba el incomprensible oroloxio, sitio que la literatura caballeresca convirti\u00f3 en retablo de Maese Pedro, para mirar en \u00e9l las figurillas de Galiana, Carlo Magno y el feroz Bradamonte. El noble destino que la permanencia de don Alfonso le dio, no le ha salvado de llegar a ser uno de los m\u00e1s desapacibles lugares que pueden verse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas generaciones han habitado en \u00e9l! Para que fuera m\u00e1s rica su historia, era preciso que el rey melanc\u00f3lico y desventurado llorara all\u00ed la ingratitud de su hijo y las congojas que la corona de Alemania le caus\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/leocadia.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5559\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>En este tiempo, la bas\u00edlica de Santa Leocadia, que conocernos desde hace seis siglos, experimenta una modificaci\u00f3n radical. Era la \u00faltima bas\u00edlica latina que quedaba; pero al construirla como hoy est\u00e1, los arquitectos conservaron su forma general primitiva, emple\u00e1ndola tambi\u00e9n en Santiago del Arrabal, casi coet\u00e1neo. Santa Leocadia es edificada de nueva planta, y en esta segunda forma se conserva la disposici\u00f3n antigua, adoptando el \u00e1bside circular, que la influencia ar\u00e1biga decora con tres series de arcos de ladrillo, de un hermoso car\u00e1cter bizantino. En Toledo abundan mucho estos \u00e1bsides, aunque algunos han sido cubiertos de una espesa capa de yeso o b\u00e1rbaramente mutilados por los arquitectos del siglo pasado, que han dejado en la antigua ciudad huellas harto tristes de su pedantesco dogmatismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, Santa Leocadia nos presenta otra tradici\u00f3n que, comparada con la que anteriormente referimos, nos manifiesta cu\u00e1nto ha cambiado en seis siglos el sentimiento popular. Aquella, enteramente m\u00edstica, concuerda bien con el esp\u00edritu de los primeros tiempos de la civilizaci\u00f3n cristiana, cuando, no concluida a\u00fan la elaboraci\u00f3n de las creencias, aparece continuamente la intervenci\u00f3n divina en todos los problemas que se plantean en este bajo mundo; pertenece a la \u00e9poca del milagro, a la \u00e9poca de la formaci\u00f3n de esa gran comunidad que se aumenta cada d\u00eda con miles de adeptos, a quienes sorprende lo bello de la doctrina y los hechos maravillosos que su pr\u00e1ctica produce. La segunda tradici\u00f3n es m\u00e1s humana, mejor dicho, puramente humana; porque pertenece a la \u00e9poca en que la gran comunidad est\u00e1 formada, y el hombre, ya tranquilo en lo que concierne a sus relaciones con Dios, se ocupa en arreglar sus asuntos mundanos, en dirimir sus querellas; pertenece a los tiempos de las luchas de los hombres, tiempos determinados por la aparici\u00f3n de un sentimiento que, desde entonces, se apoder\u00f3 del coraz\u00f3n humano, subyug\u00e1ndolo con extraordinaria fuerza: el sentimiento del honor.<\/p>\n\n\n\n<p>La iglesia citada impresion\u00f3 siempre las imaginaciones populares. La edad caballeresca no pod\u00eda menos de referir a aquel sitio algunas de sus leyendas, como la que sirve de explicaci\u00f3n a la extra\u00f1a actitud del Cristo que all\u00ed se venera. Cuentan que un caballero dio palabra de matrimonio a una joven toledana. Ella era pobre; \u00e9l, hidalgo de ejecutoria, y como suele suceder en semejantes casos, los hombres, m\u00e1xime si son de m\u00e1s elevada cuna que las doncellas, no ponen el mayor cuidado en cumplir juramentos hechos tal vez cuando la mente no tiene serenidad suficiente para medir la gravedad de las palabras. Pero esta vez el gal\u00e1n dio la suya ante el Cristo que en las puertas de la iglesia estaba, y la doncella lo puso por testigo, despu\u00e9s de lo cual crey\u00f3, sin duda, que la fortaleza de su honor hab\u00eda adquirido el m\u00e1s celoso alcaide. Pasa el tiempo y llega el instante en que es preciso cumplir la promesa. El hombre se resiste; ella no sabe qu\u00e9 partido tomar, porque el \u00fanico testigo es un Cristo de palo, de quien no es razonable, ni aun en plena Edad Media, esperar una declaraci\u00f3n y una firma. Ella, sin embargo, llena de fe y angustia, lleva a su amante en presencia del Cristo, y pregunta a la divina imagen si no es cierto que aquel p\u00e9rfido novio le dio palabra de casamiento. El Cristo, entonces, baja el brazo derecho en se\u00f1al de asentamiento. El joven, lleno de estupor y miedo, cumple su palabra y todo queda arreglado. El Cristo conserv\u00f3 inclinado el brazo derecho y hoy llama la atenci\u00f3n de todos por esta rara actitud, que no tiene ninguna explicaci\u00f3n racional.<\/p>\n\n\n\n<p>El milagro, que es cosa esencial en todas las religiones positivas, aparece con toda su fuerza en las \u00e9pocas de propaganda, y los libros santos lo usan como principal elemento de convicci\u00f3n. Cuando la propaganda es menor, porque la creencia se ha extendido y tiene pocos infieles que catequizar, vemos el milagro refugiarse en casas m\u00e1s mundanas; y la Edad Media, con sus costumbres rudas, sus groseros errores, su crasa ignorancia cient\u00edfica, su fe y su sencillez, le ofrece ancho campo, le acoge y explota. Entonces se apodera de la literatura caballeresca, que, por su \u00edndole especial, necesita un excesivo uso de lo maravilloso: se difunden por Occidente los cuentos orientales, que usan tambi\u00e9n lo maravilloso, aunque m\u00e1s bien como un recurso apolog\u00e9tico, y entonces el mundo se plaga de leyendas en que las divinidades cristianas, mezcladas en profundo maridaje con sus divinidades de origen oriental, tales como magos, sibilas, genios, gigantes, cachidiablos, grifos, parlantes y encantadores, intervienen en los  asuntos de los hombres, en sus contiendas, en sus luchas, y especialmente en todos aquellos accidentes a que da lugar una falsa noci\u00f3n del honor.<\/p>\n\n\n\n<p>El milagro hace poco papel en el Renacimiento, iluminado por el buen sentido de la antig\u00fcedad languidece despu\u00e9s para venir a morir en nuestros d\u00edas sin probabilidades de volver a preocupar al mundo. La leyenda que hemos referido con su intervenci\u00f3n divina, con su Cristo <em>ex machina<\/em>, es una buena muestra del estado de las creencias en aquella \u00e9poca; en ella vemos sancionado el principio del honor por el testimonio de la Divinidad cristiana; juez inmediato de las contiendas de los hombres, que ya no se contentan con referir a un juicio ulterior los hechos de la vida, sino que traen aqu\u00ed abajo aquel tribunal augusto a fin de establecer mejor la jurisprudencia del decoro femenino, cuya noci\u00f3n, enaltecida despu\u00e9s por todos los poetas, y llevada a un extremo de susceptibilidad exquisita, fue important\u00edsima para la perfecci\u00f3n de las costumbres y la honradez de las familias.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos a la catedral, que ya presenta un extra\u00f1o fen\u00f3meno a la admiraci\u00f3n de los muz\u00e1rabes. Ellos vieron all\u00ed, a los ochenta a\u00f1os de comenzada la obra, una cosa rara, inusitada, en la Puerta del Ni\u00f1o Perdido o de la Feria, que es la primera que se construy\u00f3; vieron una cosa de que no ten\u00edan idea, la escultura aplicada a la arquitectura. Ellos no conoc\u00edan para la ornamentaci\u00f3n de los edificios m\u00e1s que los colores, el mosaico, la pintura y los adornos geom\u00e9tricos en que han hecho tantas maravillas; cuando m\u00e1s, usaban alguna decoraci\u00f3n de flores, hojas o conchas aplastadas, de muy rara forma, tomada de los bizantinos; conoc\u00edan los laberintos de fajas y rayas que a la vista oscilan, movi\u00e9ndose como el espejismo de un delirio, y usaban tambi\u00e9n los almoc\u00e1rabes, parodia de los acantos greco-romanos y del antiguo capitel que, abri\u00e9ndose paso, ha recorrido todas las generaciones monumentales. Cu\u00e1n grande ser\u00eda, pues, su sorpresa cuando vieron aquella muchedumbre de figurillas que pusieron los sucesores de Pedro P\u00e9rez en la Puerta del Ni\u00f1o Perdido, un pueblo entero de peque\u00f1as estatuas colocadas en las tres ojivas conc\u00e9ntricas, como estaban los bienaventurados en los cielos que invent\u00f3 la poes\u00eda teol\u00f3gica de aquel tiempo. Vieron con estupor aquellas tres series de peque\u00f1os tronos, cada uno con su estatua y su doselete, que es como la miniatura de una torre; y estas series, dobl\u00e1ndose en la direcci\u00f3n de la ojiva, para abarcar el t\u00edmpano, donde otro enjambre de cuerpos humanos, representan all\u00ed, colocados en fila, dos de los pasajes m\u00e1s conocidos del Nuevo Testamento. Al mismo tiempo no pod\u00edan menos de contemplar, con igual sorpresa, la espl\u00e9ndida vegetaci\u00f3n que empezaba a desarrollarse en aquellas piedras, dotadas, al parecer, de toda la potencia generadora de la madre tierra: vieron los tr\u00e9boles, t\u00edmidos a\u00fan y poco frondosos; las escarolas, a\u00fan chatas y poco desarrolladas, y junto a ellas los animalejos inveros\u00edmiles que empiezan a criarse en los huecos de todas las flores. Ellos no conoc\u00edan otra cosa que los b\u00e1rbaros Cristos y groseras im\u00e1genes de la \u00e9poca latina; y esta aparici\u00f3n de la Puerta del Ni\u00f1o Perdido, cuajada de formas diversas, llena de variadas representaciones de la Naturaleza, fue como una luz para los pobres muz\u00e1rabes que en el arte hab\u00edan heredado la antipat\u00eda iconoclasta de sus mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>La influencia del arte cristiano en el arte musulm\u00e1n es, desde entonces, decisiva. Para encontrarla, veamos la sinagoga del Tr\u00e1nsito, obra del siglo XIV, siglo fatal para Toledo, que vio asesinados gran n\u00famero de sus hijos, y ensangrentadas sus calles por las horribles luchas de los hijos de Alfonso XI.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya sabemos qu\u00e9 punto de la ciudad habitaban los jud\u00edos. All\u00ed existen las ruinas m\u00e1s tristes que posee Toledo. Pero entonces estaba all\u00ed el gran bazar del Occidente, resplandec\u00eda en sus casas el bienestar, la prosperidad y el lujo, lo mismo que en la Alcan\u00e1, donde los m\u00e1s opulentos mercaderes llevaban sus art\u00edculos, y adonde concurr\u00edan de toda Espa\u00f1a, por ser uno de los principales dep\u00f3sitos. All\u00ed, los tejedores de Segovia y de Cuenca llevaban ricos pa\u00f1os verdes y azules, no igualados por f\u00e1brica alguna; los armeros de la ciudad presentaban sus admirables hojas, c\u00e9lebres todav\u00eda; los \u00e1rabes baleares, sus hermosas cer\u00e1micas; y los murcianos y andaluces, sus sedas rojas y blancas que, despu\u00e9s, con los recamados de oro y la brillante pasamaner\u00eda, tambi\u00e9n de origen ar\u00e1bigo, formaban las ricas vestiduras que tanto ennoblecieron la figura humana en aquellos tiempos. A la vez, el Oriente tambi\u00e9n depositaba en la ciudad las especias, los inciensos, los celemines de perlas, que despu\u00e9s vemos adornando, con profusi\u00f3n mundana, los cuellos de la Virgen del Sagrario y de otras por el estilo. De Berber\u00eda ven\u00eda el coral en abundancia; de Venecia, las joyas esmaltadas; del Asia Menor, el \u00e1mbar y la mirra; y de m\u00e1s all\u00e1 del mar, donde est\u00e1 la fabulosa isla Trapobana, el oro y la plata que despu\u00e9s, en los talleres de Sevilla y Toledo, formaba los vasos sagrados, las empu\u00f1aduras, los marcos de tr\u00edpticos, los ex votos, los collares, los relicarios y dem\u00e1s objetos preciosos. En la misma ciudad, multitud de art\u00edfices labraban esas fin\u00edsimas cotas, eclipsadas despu\u00e9s por las de Mil\u00e1n, los escudos cincelados y todos los objetos que, con el acero domado y hecho m\u00e1s flexible que el papel por las aguas del Tajo, dieron tanta preponderancia a la industria espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas calles, que hoy veis angostas, intransitables, formadas por altas paredes que van a desplomarse sobre el transe\u00fante, calles donde sorprende encontrar un ser vivo, tristes y silenciosas, llenas de miedo por las noches y aterradas siempre con la sombra del Marqu\u00e9s de Villena, eran entonces de agradable aspecto y sumamente pintorescas. Las sombreaban y daban frescura los toldos tendidos de  uno a otro lado, las cortinas que, prendidas en todos los ajimeces, colgaban formando con su variedad de colores una risue\u00f1a vista. Tiestos de flores hab\u00eda en todas las ventanas; y en las tiendas serv\u00edan de muestra y adorno esas telas orientales semejantes a los tapices de Persia, que por la profusi\u00f3n combinada de los colores, por su riqueza y maravilla, parecen un lienzo de pared de cualquier sala de la Alhambra. Los abalorios, los flecos hechos con infinitas borlas de seda y trenzas y festones, aparec\u00edan en todas partes, porque eran el principal adorno, y fueron de moda muchos siglos, conserv\u00e1ndose a\u00fan en Andaluc\u00eda un recuerdo de aquella magnificencia. En otras tiendas, los metales preciosos, la alfarer\u00eda de lujo, las mallas fin\u00edsimas, los cueros suavizados y perfumados de C\u00f3rdoba, los arneses, las lanas rojas y azules, completaban aquel bazar inmenso, sin que faltaran enormes almendradas, predecesoras de los mazapanes de hoy, tortas y panes de especias, frutas secas y licores en peque\u00f1as tiendas port\u00e1tiles, conocidas desde lejos por el olor del azafr\u00e1n y de la nuez moscada.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed podr\u00edais ver los tipos caracter\u00edsticos: del \u00e1rabe, delgado, enjuto, moreno; del jud\u00edo, grave, hermoso, p\u00e1lido, con la barba bermeja y partida; del castellano, peque\u00f1o, fornido y de mirada inteligente y perspicaz; del aragon\u00e9s, alto, fuerte, reconcentrado y austero.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/puerta_gotica.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5496\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Pues bien: los tiempos de la opulencia israelita en Toledo est\u00e1n marcados por la erecci\u00f3n de un edificio que es la mejor muestra del lujo que entonces imperaba y de la esplendidez con que se realizaban toda clase de obras. El Tr\u00e1nsito, o San Benito, como hoy se llama, est\u00e1 en un extremo de la Juder\u00eda, no lejos de Santa Mar\u00eda la Blanca y de San Juan de los Reyes, y fue edificado por Samuel Lev\u00ed, el tesorero de don Pedro el Cruel, un millonario, un banquero semejante a los modernos Rostchild y Percire. Esta sinagoga no se parece en nada a Santa Mar\u00eda la Blanca: de m\u00e1s valor arquitect\u00f3nico, pero inferior por la riqueza de la ornamentaci\u00f3n y el lujo con que est\u00e1 decorada. Ya han desaparecido todas las antiguas bas\u00edlicas latinas, y ya no se emplea aquella singular forma en la construcci\u00f3n de los templos. La arquitectura \u00e1rabe ha adoptado ya la forma que usa en sus famosos palacios andaluces, la forma de tarbea, es decir, una lonja, un paralelogramo con elevad\u00edsimo techo, y cubiertas las paredes con toda clase de labores. Aqu\u00ed la forma arquitect\u00f3nica es pobr\u00edsima; pero las proporciones de aquel enorme sal\u00f3n son tan buenas, y su decoraci\u00f3n tan pomposa, que, de conservar los dorados y los colores, ser\u00eda de un aspecto encantador. Por lo alto de la pared corre una faja, donde una multitud de columnas de diversos m\u00e1rmoles determinan una serie de ajimeces ricamente labrados y con rejas de lo m\u00e1s ingeniosamente complicado que han hecho los \u00e1rabes. Bien se conoce aqu\u00ed la influencia de la escultura cristiana, porque en las archivoltas de los peque\u00f1os arcos y en los entrepa\u00f1os se desarrollan los p\u00e1mpanos de una vid, y en todos los dibujos se descubren formas vegetales, desfiguradas, s\u00ed, pero bastante claras para descubrir su filiaci\u00f3n, enteramente g\u00f3tica. Por todo el friso corre una inscripci\u00f3n, una faja de esos hermosos grabados de oro y azul, que parece haber trazado el dedo vacilante de un brujo; y encima de esta inscripci\u00f3n se extiende el techo, cuajado de riqueza: un artesonado que tiene las incrustaciones de n\u00e1car y marfil, como puede tener bordados de oro el traje de un Ni\u00f1o Jes\u00fas, un caudal enorme tirado al aire; techo del cual se puede formar idea diciendo que es como las tapas de esos preciosos estuches que hoy se usan, pero con setenta pies de largo por treinta de ancho; una miniatura enorme, la filigrana empleada en dimensiones colosales.<\/p>\n\n\n\n<p>Samuel Lev\u00ed edific\u00f3 junto al Tr\u00e1nsito su palacio, en cuyas cuevas guardaba sus inmensos tesoros. Posteriormente lo habit\u00f3, seg\u00fan dicen, el Marqu\u00e9s de Villena, y, vac\u00eda de sacos de oro, se llen\u00f3 la casa de redomas, potes y manuscritos.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed atesor\u00f3 el c\u00e9lebre alquimista toda la ciencia de su tiempo, y all\u00ed escribi\u00f3 las preciosas obras que la ignorancia y el fanatismo arrancaron a la posteridad y a la cr\u00edtica moderna, quedando s\u00f3lo el recuerdo de aquel hombre, ridiculizado por la tradici\u00f3n, en opini\u00f3n de hechicero y nigrom\u00e1ntico. A\u00fan se conserva memoria de \u00e9l en aquel barrio que parece maldito. Por mucho tiempo estuvieron inhabitados aquellos sitios, porque la gente, impresionada sin duda por el espantable aspecto de las ruinas del palacio, daba en asegurar que a las altas horas de la noche se aparec\u00eda, dando zancajos sobre los muros, el Marqu\u00e9s de Villena, rodeado de amarillenta luz y con su s\u00e9quito de redomas, brujas, papelotes y guarismos.<\/p>\n\n\n\n<p>El reinado de don Pedro el Cruel es aciago para nuestra ciudad. Do\u00f1a Blanca fue encerrada por primera vez en el Alc\u00e1zar para ser trasladada despu\u00e9s a Medina Sidonia. La poblaci\u00f3n se dividi\u00f3 en bandos, y cuando las tropas de don Enrique fueron sobre la ciudad, unos le abrieron las puertas por el puente de Alc\u00e1ntara y otros se las cerraron por San Mart\u00edn. Esto produjo una matanza horrible; y como si tantas desventuras no bastaran, viene despu\u00e9s don Pedro, y acusando de desafecta a la ciudad, comete en ella las mayores atrocidades, condena a morir degollados a una multitud de nobles, y sus tropas llevan a cabo un saqueo general, que sufren principalmente los jud\u00edos y los tenderos de Alcan\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta \u00e9poca desastrosa deja all\u00ed, adem\u00e1s de la opulenta Sinagoga del Tr\u00e1nsito, otros edificios de mucha importancia, como son el palacio de don Diego, construido por don Enrique el Bastardo; y otras habitaciones se\u00f1oriales de que a\u00fan se conservan algunos restos. En general, puede decirse que todos los nobles y personajes acaudalados adoptaron para sus palacios el estilo \u00e1rabe-toledano, us\u00e1ndolo por todo el siglo XIV y aun en el siglo XV, pues se conservan casas de ese g\u00e9nero contempor\u00e1neas de San Juan de los Reyes. Lo que hoy se llama es el \u00faltimo resto de un soberbio palacio, que debi\u00f3 ser de alg\u00fan jud\u00edo rico o de alg\u00fan noble castellano. El sistema arquitect\u00f3nico aqu\u00ed, como en los c\u00e9lebres palacios andaluces, es el de tarbea, con sus primorosos techos, sus cornisas cuajadas de estalactitas y las paredes cubiertas de un riqu\u00edsimo tapiz de oro, rojo y azul, que m\u00e1s bien que esculpido parece bordado por la m\u00e1s sutil aguja.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa dehesa, el arco del Rey don Pedro, y el Colegio de Santa Catalina son de la misma \u00e9poca y presentan la \u00faltima evoluci\u00f3n de aquel arte tan rico, tan suntuoso, m\u00e1s propio para expresar los encantos y bienestar de la vida, que para servir de int\u00e9rprete al misticismo y al sentimiento religioso. Por eso prevaleci\u00f3 en los palacios, donde el arte ojival ha sido siempre poco feliz, y no pudo luchar con \u00e9ste en los edificios religiosos. La arquitectura g\u00f3tica, implantada en la baja Castilla, t\u00edmida al principio, ex\u00f3tica y, por decirlo as\u00ed, impopular, adquiri\u00f3 a fines del siglo XIV una fuerza extraordinaria, aunque su reinado no fue de larga duraci\u00f3n, porque el Renacimiento se apoder\u00f3 bruscamente de toda Espa\u00f1a, y en poco tiempo verific\u00f3 la transformaci\u00f3n m\u00e1s completa.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-vi\"><strong>VI<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La Catedral va desarrollando poco a poco su inmenso panorama interior, y unas tras otras, las cinco naves van llegando a su l\u00edmite, agrand\u00e1ndose cada vez m\u00e1s. Las dos de los extremos laterales se cierran primero; las dos que siguen, aspirando a mayor altura, se cierran m\u00e1s tarde; y, por \u00faltimo, la central, que desea sobrepujar a todas, tarda mucho, y s\u00f3lo a fines del siglo XV ve puestas las claves de sus \u00faltimas b\u00f3vedas. Las cuatro laterales se unen entre s\u00ed, costeando la central por detr\u00e1s del presbiterio y formando el \u00e1bside, donde la construcci\u00f3n gigantesca parece que se enrosca, violentando el corte de todas sus piedras y contrayendo todos sus pilares.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/catedral2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5499\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Entre los machones han dejado los arquitectos unos huecos enormes, donde deb\u00eda existir la pared, y en ellos, despu\u00e9s de construido el enrejado de piedra, empieza maese Dolfin a poner sus pedazos de vidrios de colores, que forman figuras de santos, \u00e1ngeles y querubes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los muz\u00e1rabes quedan mudos de estupor al ver aquel lienzo de pared, abierto a la luz, sustituido por una cosa de fantas\u00eda, por un muro imaginario, hecho con todos los colores y con un tejido de reflejos; ven aquellos grandes agujeros, por donde, vestidas de fuego, se asoman tantas figuras de otro mundo, y no pueden comprender c\u00f3mo no habiendo realmente pared se sostienen las b\u00f3vedas y todo el cuerpo del edificio. Pero contemplando el exterior, advierten una cosa que les explica aquel enigma. La arquitectura g\u00f3tica tiene de peculiar y caracter\u00edstico el empleo de fuerzas disimuladas para sostenerla. Quiere afectar en el interior una gran ligereza superior a la que puede obtenerse con todos los esfuerzos de la estereotom\u00eda, y reforzando los machones por fuera con la aplicaci\u00f3n ingenios\u00edsima de los arcos botareles, puede suprimir, si quiere, el entrepa\u00f1o, y abrir esas ventanas donde coloca esos hermosos cuadros de luz. Los muz\u00e1rabes admiraron aquel artificio que no conoc\u00edan ni de o\u00eddas, y los arbotantes les parec\u00edan una andamiada permanente, una especie de brazos de piedra que sosten\u00edan el edificio.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/catalina.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5473\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Se hace despu\u00e9s la puerta de Santa Catalina, una de las del claustro, y aqu\u00ed la escultura es m\u00e1s correcta que la del Ni\u00f1o Perdido. Las flores se destacan m\u00e1s, y las figuras tienen m\u00e1s movimiento y soltura. La vivificaci\u00f3n de la piedra se hace lentamente, y los seres que en el siglo anterior eran informes y con cierta expresi\u00f3n de estupidez en las fisonom\u00edas, se pulimentan y hermosean, haciendo presentir la escultura del Renacimiento, menos ideal y correcta que la cl\u00e1sica, pero m\u00e1s individual y expresiva. El claustro aparece tambi\u00e9n entonces con sus cuatro grandes galer\u00edas, destinadas al solaz y desahogo de la muchedumbre de cl\u00e9rigos que han de desempe\u00f1ar los servicios del templo; y en \u00e9l tienen lugar hechos importantes de nuestra historia, como el ofrecimiento de la corona de Castilla hecho a Don Fernando de Antequera, la renuncia de \u00e9ste y la proclamaci\u00f3n de Don Juan II. Al mismo tiempo que el claustro, se desarrolla tambi\u00e9n el coro en su parte de siller\u00eda. Se colocan aquellos fustes de jaspes hermos\u00edsimos, pertenecientes sin duda a la antigua mezquita, y todo el ancho del muro se cubre de aquella extra\u00f1a escultura tan ruda y prolija. Multitud de animales inveros\u00edmiles surgen de la piedra, enroscados en tallos diversos, y en uni\u00f3n con ellos aparecen innumerables santos y representaciones simb\u00f3licas, grotescos los unos y expresando en sus toscos semblantes un misticismo alelado que les da no s\u00e9 qu\u00e9 aire de petrificados habitantes del Limbo; incomprensibles las otras, como las f\u00f3rmulas de la teolog\u00eda escol\u00e1stica; y encima de todo esto, asoman sus cuellos y sus alas ciertas figuras que son una monstruosa fusi\u00f3n del \u00e1ngel y la esfinge, una especie de drag\u00f3n injerto de sibila, que est\u00e1 all\u00ed para expresar no s\u00e9 qu\u00e9 enigmas, y que atrae siempre la atenci\u00f3n del espectador por su misteriosa forma y su actitud, semejante a la de los animales de las g\u00e1rgolas, que, puestos en lo alto de los machones exteriores, vomitan el agua de la lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, el altar mayor se va formando, y el decorado de su muro externo, semejante a una maravillosa cristalizaci\u00f3n, se desarrolla en pocos a\u00f1os. Es un cuerpo de edificio, una miniatura con sus z\u00f3calos, su columnaje, sus ventanas, su cornisamento y su crester\u00eda. Cada piedra de las que componen el z\u00f3calo es un plinto en que descansa una estatua; cada estatua engendra un mach\u00f3n, cada dos machones una ojiva, cada ojiva un  par de enjutas llenas de filigrana; sobre la cabeza de cada santo se eleva un doselete que es otra miniatura y que contiene en peque\u00f1o todo un sistema arquitect\u00f3nico; de cada doselete parte una aguja, y por toda la parte superior descuella, semejante a las picas de un ej\u00e9rcito, la serie inacabable de puntas y minaretes en que van a resolverse todas las formas del edificio. Los santos aparecen colocados en filas, como se suponen en el cielo las categor\u00edas de bienaventurados, todos ext\u00e1ticos y con ese adem\u00e1n de estulticia e ingenua contemplaci\u00f3n que tiene la escultura de entonces. Todos llevan en la mano un signo caracter\u00edstico, esa herramienta simb\u00f3lica que distingue a Pedro de Pablo, a Andr\u00e9s de Lucas, y sin la cual ser\u00eda imposible distinguirlos unos de otros; tal es la semejanza y uniformidad de aquel arte rudo y primitivo. Todos tienen sus nimbos de oro, y en sus pedestales se enrosca la misma hiedra, que ha echado ra\u00edces en todas las piedras; y en sus doseletes se extienden todas las escrecencias multiformes que hacen de aquella superficie un musgo prodigioso. Por dentro, la elaboraci\u00f3n de la capilla mayor es m\u00e1s lenta. Sin embargo, poco despu\u00e9s de terminado y esculpido el Apocalipsis exterior, se colocan los sarc\u00f3fagos de los Reyes Viejos, que no reposan en el suelo, sino que, aspirando sin duda a una ascensi\u00f3n corporal, quisieron, en su vanidad, subir, llev\u00e1ndose el pesado artificio de sus sepulcros; y aparecen encaramados en lo alto de la pared, sostenidos, como el Zancarr\u00f3n de la Meca, por potencias magn\u00e9ticas. Les rodean ciertos \u00e1ngeles, en quienes se ha querido retratar la compunci\u00f3n y la tristeza; los escudos cuelgan a un lado y otro: todos tienen en las manos sus luengas y terribles espadas, y a los pies el le\u00f3n antiguo, esculpido con m\u00e1s formas de perro que de le\u00f3n. Por una exigencia de la perspectiva, el arquitecto puso inclinadas hacia fuera las urnas cinerarias, y parece que las estatuas yacentes van a rodar al suelo con toda su m\u00e1quina de escudos, coronas y leones. Junto a los nichos de los Reyes Viejos se alzan las estatuas de varios monarcas, y en lugar preferente la de dos hombre humildes, el Alfaqu\u00ed, de quien hablamos, y el Pastor de las Navas, que gui\u00f3 a Don Alfonso VIII en la batalla famosa. Estas dos estatuas tienen una ingenuidad encantadora: las dos parecen asustadas de verse en tan suntuoso recinto; la rudeza y simplicidad de la escultura ha sido esta vez un admirable medio de expresi\u00f3n, porque ha dado a los dos pobres hombres una actitud embarazosa que los se\u00f1ala entre los dem\u00e1s que adornan aquel sitio.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/capilla_mayor.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5491\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Llega, por \u00faltimo, un a\u00f1o memorable en la Historia de Espa\u00f1a, el a\u00f1o 1492, en que los Reyes Cat\u00f3licos toman a Granada y descubre Crist\u00f3bal Col\u00f3n el Nuevo Mundo. Entonces se cierran las \u00faltimas b\u00f3vedas de la Catedral, y la obra, en su parte arquitect\u00f3nica, se puede dar por terminada. Faltan las f\u00e1bricas de las artes auxiliares, que hacen de aquel templo un magn\u00edfico museo; faltan las obras de entalle y fundici\u00f3n, los bronces, las pinturas, los retablos, los altares, los vidrios, los vasos y objetos de culto, y para esto se preparan una multitud de artistas que el Renacimiento ha tra\u00eddo e inspirado. Entonces empieza una emulaci\u00f3n que maravilla. Vemos que un solo hombre profesa artes tan diversas como la pintura y la estatuaria, sobresaliendo igualmente en las dos; y hay artista, perteneciente a la gran raza de los Benvenutos y Berruguetes, que traza un edificio, lo construye, funde y cincela una verja, talla un p\u00falpito de madera, pinta un retablo, hace vidrios de colores y labra una custodia. Tal era la fuerza de concepci\u00f3n, la fecundidad y el ingenio en una \u00e9poca en que la tradici\u00f3n g\u00f3tica se hab\u00eda unido al estudio de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica para producir tantos prodigios.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/cenotafio.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5502\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Al acercarse el siglo XVI, el arte monumental entra en el per\u00edodo de su decadencia. Ensanchada la esfera de los conocimientos, hall\u00e1ndose en gran descr\u00e9dito la teolog\u00eda escol\u00e1stica y en visible degradaci\u00f3n el misticismo, que tan grandes cosas ha producido en la Edad Media, la sociedad sufre una de las m\u00e1s notables crisis que registran los siglos. El estudio de las humanidades ha difundido una gran luz; las disputas religiosas han quebrantado la fe, y la gran tempestad que ha de venir m\u00e1s tarde sobre la Iglesia se deja sentir con s\u00edntomas alarmantes. Por lo dem\u00e1s, el mundo se preocupa menos de las cosas santas; ya no hay moros que combatir, y la antigua fe, que inspir\u00f3 tantas empresas fabulosas, comienza a decaer. Ocurre que el estado de las cosas de Europa, el ensanche que a la esfera de acci\u00f3n de los hombres ha dado el ilustre genov\u00e9s hacen que aqu\u00e9llos se preocupen m\u00e1s de lo que pasa en el mundo. Pronto se ha de formar el gran Imperio austr\u00edaco, y la aparici\u00f3n de un poderoso soberano ha de encender continuas guerras. La diplomacia se pone en juego, marchan los ej\u00e9rcitos, se activa la pol\u00edtica. Europa est\u00e1 sufriendo una conflagraci\u00f3n de ideas y de armas. La teolog\u00eda muri\u00f3 herida por las humanidades; el misticismo muri\u00f3 herido por la filosof\u00eda. Perece la literatura legendaria a manos del buen sentido desarrollado por estudios sanos, y as\u00ed como la caballer\u00eda cay\u00f3 cuan larga era con todo su aparato de inverosimilitudes, ante la discreta s\u00e1tira de Cervantes, huyeron tambi\u00e9n, se hundieron, fueron quebrantadas y rotas, como las figurillas del retablo de Maese Pedro, todas las ideas y entidades de la Edad Media. El resultado de esta transformaci\u00f3n es bien claro en el arte monumental. La arquitectura g\u00f3tica, que era la expresi\u00f3n de todo aquello, pereci\u00f3 tambi\u00e9n, acab\u00e1ndose para siempre la gran raza de catedrales que por tres siglos sintetizaron el pensamiento, el saber y los sentimientos de la humanidad. Ya de las entra\u00f1as de la tierra no se extraen esas enormes masas de piedras para unirlas y aglomerarlas, formando esos cuerpos gigantescos que asombran por lo complejo de su construcci\u00f3n y el inmenso caudal de fuerza que se supone empleado en ellos. La familia de los grandes templos concluye entonces, y s\u00f3lo Felipe II, que pose\u00eda el dinero de dos mundos y la m\u00e1s firme voluntad de que hay noticia, pudo construir, en pleno siglo XVI, El Escorial.<\/p>\n\n\n\n<p>La arquitectura g\u00f3tica expira cuando se verifica esa grande evoluci\u00f3n de la Humanidad, y expira despu\u00e9s de hacer su \u00faltimo esfuerzo en su postrera florescencia, despu\u00e9s de dar su m\u00e1s hermoso desarrollo; perece ornada de flores, cubierta con todas sus galas, exuberante, rica, resplandeciente, con un lujo que llega al delirio. El claustro de San Juan de los Reyes, de que despu\u00e9s hablaremos, presenta esta \u00faltima faz de aquel estilo prodigioso, lleno de variedad y armon\u00eda como la Naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluye el dominio de la piedra. Parece que el refinamiento en las costumbres, el mayor grado de la cultura, la erudici\u00f3n que ha invadido hasta el estudio de las artes, no son compatibles con el empleo de aquel material duro y tenaz. La construcci\u00f3n sillar, que tiene algo de cicl\u00f3pea, no se adapta a la nueva raza de artistas, en los cuales hay algo de afeminaci\u00f3n. Adem\u00e1s, se quiere hacer mucho y pronto; ninguno se contenta con ser inventor y trazador de una f\u00e1brica que no ha de ver concluida. El artista se encari\u00f1a con su obra, quiere hacerla toda con su propia mano, expresar su pensamiento f\u00e1cilmente; nacen los talleres, y son abandonadas las canteras; se adoptan materiales menos ingratos que la piedra, y aparecen esas maravillosas artes del Renacimiento, los vasos, la plater\u00eda, la ferreter\u00eda, los bronces cincelados y fundidos, la escultura en madera, y como complemento y \u00faltima expresi\u00f3n del individualismo en el arte del dibujo, adquiere extraordinario vigor la pintura, con su f\u00e1cil procedimiento, su sencillez y encanto del color, que en poco tiempo la hace tan popular.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/reyes_nuevos.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5482\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El arte ojival, arrojado de la arquitectura, arrojado de la piedra, se refugia en la madera y en las artes de adorno, se ocupa por mucho tiempo en modelar las sillas corales, los facistoles, los retablos, donde hace el \u00faltimo alarde de su fecundidad y riqueza. Llega un tiempo en que sus formas se confunden con las grecorromanas y mutuamente se prestan los dos estilos, aqu\u00e9l, su multiplicidad y su delicadeza; \u00e9ste, sus proporciones y su gracia. Pero en tanto, \u00bfqu\u00e9 se ha hecho de aquel pobre arte muz\u00e1rabe que dejamos all\u00e1 en los palacios se\u00f1oriales del siglo XIV, que todav\u00eda existe fuerte en su aplicaci\u00f3n, con vida propia, creando sus mejores magnificencias, y due\u00f1o a\u00fan de s\u00ed mismo? Viene tambi\u00e9n a tomar parte en la difusi\u00f3n del Renacimiento. En Toledo, la multitud de artes complementarias, como el entalle, la carpinter\u00eda de lo blanco, la pintura mural, la fundici\u00f3n de metales preciosos y la ferreter\u00eda, conservan siempre la influencia muz\u00e1rabe. En la Catedral han dejado todas estas artes, nacidas del arte monumental de la Edad Media, y al calor de las ideas de Italia, sus mejores obras. Las veremos cuando, siguiendo el desarrollo de los monumentos de la ciudad, hayamos concluido todo lo que en ella se hizo con piedras y ladrillos; cuando, despu\u00e9s de asistir al \u00faltimo esfuerzo de la mec\u00e1nica y de la estereotom\u00eda, lleguemos a la \u00e9poca del pincel y el buril.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-vii\"><strong>VII<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La puerta de los Leones es quiz\u00e1 el trozo m\u00e1s bello que contiene la Catedral. Muestra de lo que pod\u00eda crear el arte ojival en el siglo XV, lleva en s\u00ed tambi\u00e9n los g\u00e9rmenes de aquel excesivo desarrollo que despu\u00e9s hab\u00eda de extinguir su genio. La escultura, como la de la puerta del Perd\u00f3n, es m\u00e1s correcta que en las del Ni\u00f1o Perdido y Santa Catalina; se destacan las figuras de la superficie de la piedra con m\u00e1s soltura; sus miembros se modelan, pierden sus fisonom\u00edas aquella expresi\u00f3n de estupidez que antes ten\u00edan; los trajes se pliegan con holgura y desembarazo, y, por lo general, hay m\u00e1s variedad en las actitudes. Al mismo tiempo, las hojas se despliegan, las ramas se han desarrollado, los tallos han crecido y enroscado, los capullos son ya flores, se han abierto. A la antigua disposici\u00f3n angulosa y chata de todas las formas, ha sustituido una morbidez y una ondulaci\u00f3n que tienen algo de voluptuoso. Esto nos lleva necesariamente a hablar de San Juan de los Reyes, monumento de inestimable m\u00e9rito, que elev\u00f3 la piedad de los Reyes Cat\u00f3licos en cumplimiento de un voto hecho por la terminaci\u00f3n de la guerra de Portugal. Su claustro tiene fama universal; es quiz\u00e1 el trozo de arquitectura espa\u00f1ola de que corren m\u00e1s estampas y reproducciones por el extranjero, existiendo como modelo en todas las Escuelas de Francia. En esto hay una especie de reparaci\u00f3n, porque los franceses lo mutilaron y destruyeron, dej\u00e1ndolo despu\u00e9s de la invasi\u00f3n en el estado en que hoy se encuentra, desmantelado, roto, con todas las figuras sin cabeza y despuntadas todas las hojas del follaje, como si una hoz b\u00e1rbara y profana hubiera pasado por all\u00ed. La iglesia, aunque de gran belleza, es inferior al claustro, obra \u00fanica en su g\u00e9nero, perfecta, si cabe perfecci\u00f3n en lo que hacen los hombres. En \u00e9ste, la aplicaci\u00f3n del g\u00f3tico florido est\u00e1 hecha con el m\u00e1s sano criterio, con la mayor fuerza y unidad; en aqu\u00e9lla hay muchas cosas ex\u00f3ticas, como son algunas formas bien poco disimuladas del arte \u00e1rabe, puestas al lado de las ojivales, sin transici\u00f3n, sin maridaje, sin ingenio, en fin. La iglesia es suntuos\u00edsima y su decoraci\u00f3n es de una riqueza y prolijidad maravillosa. En el claustro hay todo esto y mucha m\u00e1s gracia. Nada impresiona m\u00e1s que al entrar en aquellas galer\u00edas, de poca extensi\u00f3n, de estrecha perspectiva, pero que contienen, desarrollados en sus arcos y machones, mundos enteros de vida, infinitas formas naturales, puestas con tal m\u00e9todo, con tal arte, que, a pesar de su profusi\u00f3n, no parece all\u00ed contrariado el precepto de la sobriedad en los adornos. Verdad es que all\u00ed estos no son accidentales: constituyen un sistema, es la eflorescencia de la arquitectura, que habiendo apurado ya todas las formas generales y buscando siempre nuevos medios de expresi\u00f3n, cansada \u2014dig\u00e1moslo as\u00ed de expresar un vago ideal y una belleza poco determinada, tiende a expresar la naturaleza directa, tiende al realismo, a la imitaci\u00f3n, y prepara el per\u00edodo en que, descomponi\u00e9ndose por un esfuerzo excesivo, salen de ella con nuevo vigor la escultura y la pintura. El famoso claustro indica esa evoluci\u00f3n del arte, dirigi\u00e9ndose a la realidad y al individualismo para dar origen a la buena nueva del Renacimiento. All\u00ed los follajes son tan lozanos, tan vivos, que parece que un sol tropical les ha dado el m\u00e1s exuberante desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos pa\u00edses meridionales, donde estamos acostumbrados a las reverberaciones de la arquitectura oriental, llena de colores, de oro, luminosa y caliente, como si el sol de Andaluc\u00eda modelara y encendiera continuamente la portentosa cer\u00e1mica con que est\u00e1n cubiertas sus paredes, no podemos menos de ver con asombro las construcciones del g\u00f3tico florido, que, como en San Juan de los Reyes, presentan modificadas las primitivas formas que han tra\u00eddo del Norte, por la influencia local que alcanza a todas las cosas. Parece que aquellos tr\u00e9boles, aquellas escarolas, aquellos tallos, han sido en su origen chatos, d\u00e9biles y raqu\u00edticos, simples ornatos de la arquitectura, y que despu\u00e9s, recibiendo en la serie de los a\u00f1os los rayos del sol de Castilla, se han desarrollado, encontrando un fecundo jugo en las entra\u00f1as de la piedra, se han abierto y enroscado cubri\u00e9ndolo todo, como las hierbas trepadoras que, estimuladas por la humedad y el sol, se extienden ahogando el \u00e1rbol en que se apoyan. Del seno de estas formas vegetales parece que el mismo calor natural ha hecho salir la muchedumbre de seres animales que no pertenecen a ninguna categor\u00eda zool\u00f3gica; seres inveros\u00edmiles, debidos a la generaci\u00f3n espont\u00e1nea que parece residir en la parte fecund\u00edsima de la piedra. Estos bichos, que habitan en los c\u00e1lices de todas las flores, son en cantidad enorme; el espectador les ve asomados en sus grutas de follaje, y dir\u00eda que al sentir sus pasos van a esconderse, agitando los tr\u00e9boles sutil\u00edsimos que cuelgan aqu\u00ed y all\u00ed. En cuanto a la ejecuci\u00f3n de esta obra incomparable, bien se ve que es el \u00faltimo grado de destreza a que puede llegar el art\u00edfice humano; todas las figuran animales y vegetales est\u00e1n labradas en hueco; la luz entra y sale por detr\u00e1s de los objetos, aisl\u00e1ndolos y d\u00e1ndoles esa transparencia que tanto caracteriza las paredes del claustro. Todo el recinto es melanc\u00f3lico, tranquilo, y convida a la devoci\u00f3n prudente y sensata. No es un sitio de horror, como los claustros rom\u00e1nicos de Cluny y el C\u00edster; es un claustro del siglo XV, un poco mundano ya, bastante apegado a la vida, no tan refractario a la Naturaleza. En el centro crecen unas flores modestas, y el agua de una fuente, cayendo en un peque\u00f1o pil\u00f3n, produce la m\u00e1s grata armon\u00eda. Ah\u00ed se piensa en las cosas santas; pero se ama la vida, porque el sitio convida al reposo y a la meditaci\u00f3n, al mismo tiempo que seduce la vista y adormece los sentidos. De este claustro sali\u00f3 para ser consejero de los Reyes Cat\u00f3licos el Cardenal Cisneros; no hay duda que los padres ser\u00e1ficos que habitaban tan apacible mansi\u00f3n no eran personas de muy arregladas costumbres, porque conocidos son los esfuerzos que para reformar y moralizar la Orden hizo el ilustre vencedor de Or\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>La iglesia no iguala al claustro, a pesar de su belleza. No s\u00e9 qu\u00e9 hay all\u00ed de discordante y an\u00f3malo. Es de admirar el crucero, el \u00e1bside y las dos elegantes tribunas que hay en los machones del arco toral de la nave. El exterior ofrece una agradable perspectiva por la crester\u00eda del crucero, las agujas y los arcos botareles. Pero no es aquello, a pesar de su magnificencia, el puro y genuino monumento ojival, severo y airoso, con todas sus formas resueltas en pir\u00e1mides agud\u00edsimas, con sus machones esculpidos y sus arcadas llenas de figuras. En el exterior de San Juan de los Reyes no estuvo Juan Guas, su inmortal arquitecto, tan feliz como en el claustro; son, sin embargo, muy esbeltas las paredes del \u00e1bside, y hacen muy buen efecto las figuras de los heraldos, que, en vez de santos, hay en todos los machones: heraldos que son padres de los que despu\u00e9s vemos en la puerta del Alc\u00e1zar de Carlos V y en la entrada de la capilla de Reyes Nuevos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/monasterio_reyes.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5467\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Dos particularidades, adem\u00e1s de lo que hemos descrito, encuentra hoy el viajero en el c\u00e9lebre monasterio. Una es la puerta que comunica con el claustro y que sustenta una cruz y dos estatuas, que suponen ser retratos de Fernando e Isabel, trazados por la piadosa inventiva del autor de la Virgen y San Juan Evangelista. Otra es la terrible alegor\u00eda que, por voluntad expresa de la misma reina, se puso en el comedor de los pobres frailes. Sobre la puerta hay un nicho horizontal y, en \u00e9l, una figura, esculpida con horrible verdad, que representa un cad\u00e1ver en estado de putrefacci\u00f3n. La escultura repugna y aterra, porque el color que los a\u00f1os han dado a la piedra contribuye a hacerla m\u00e1s espantosa. As\u00ed, los disc\u00edpulos del Ser\u00e1fico, cuyo fuerte no era en aquellos tiempos la templanza, ten\u00edan siempre ante la vista, mientras com\u00edan, la imagen de la muerte con todo el horror de la idea, toda la repugnancia de la forma. Esto, sin embargo, no debi\u00f3 producir mucho efecto, porque Cisneros, ya lo hemos dicho, se vio en grande aprieto para corregir las costumbres de sus cofrades, que eran cada vez peores.<\/p>\n\n\n\n<p>Para dar el \u00faltimo adi\u00f3s a la arquitectura ojival hemos de volver a la Catedral, donde el retablo mayor nos ofrece su p\u00e1gina postrera. Ya ha perdido el reinado de la piedra, y se refugia en la madera, m\u00e1s d\u00f3cil al cincel, m\u00e1s propia para obedecer los caprichos de aquel arte que ha llegado al delirio y necesita lo m\u00e1s blando, lo m\u00e1s sutil, la cera, para expresar la multitud infinita de sus formas. Donde conocimos los sepulcros de los Reyes Viejos y las estatuas del Alfaqu\u00ed y el Pastor de las Navas, se construye este retablo, para lo cual fue preciso remover los sarc\u00f3fagos y ensanchar la capilla; los escultores necesitan un espacio inmenso, de todo el alto y todo el ancho de la nave central, para desarrollar aquel panorama, que es el Nuevo Testamento y el Flos Sanctorum, grabado y pintado. All\u00ed est\u00e1 todo, desde el Nacimiento hasta la Pasi\u00f3n, que ocupa el centro en la parte m\u00e1s elevada, y en todas las columnas que dividen los veinte espacios o casetones del retablo, una muchedumbre, un hormiguero de santos de ambos sexos y de todas categor\u00edas. Puede decirse que es un cat\u00e1logo completo de la iconograf\u00eda cristiana, un panorama art\u00edstico de la religi\u00f3n, porque cuantas personificaciones ha creado el idealismo y la teolog\u00eda est\u00e1n all\u00ed expresadas. Veintisiete artistas trabajaron en esta enciclopedia, y s\u00f3lo con tanta gente y el empe\u00f1o de Cisneros, cuya resoluci\u00f3n se prob\u00f3 en la <em>Biblia Pol\u00edglota<\/em>, pod\u00eda construirse en cuatro a\u00f1os. El material es madera pura, pintada y dorada, lo que llamaban entonces<br>encarnaci\u00f3n y estofado. Las figuras est\u00e1n pintadas con su color natural, anunciando la escultura en madera, que tan bellas obras produjo entonces y que despu\u00e9s, por su f\u00e1cil procedimiento, llen\u00f3 de mamarrachos a Espa\u00f1a. La arquitectura ha muerto ya: viendo gastadas y perdidas sus formas, recurre a todos los medios para parecer bella, y se pinta como las viejas. Ces\u00f3 el imperio de la piedra y empiezan las artes del Renacimiento, y con ellas la pintura, que m\u00e1s tarde lo sintetizar\u00e1 todo, como antes lo sintetiz\u00f3 la arquitectura. El arte ojival, que a\u00fan conserva alguna vitalidad despu\u00e9s del per\u00edodo terciario o florido, se resuelve en el retablo, que es una transici\u00f3n. Con esas escu\u00e1lidas figuras y esos<br>estofados de oro, que crearon un pincel t\u00edmido a\u00fan y un buril sumamente delicado, acaba el gran arte y aparecen los g\u00e9rmenes de otro nuevo. Eso es lo que hemos de ver en el siguiente cap\u00edtulo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-viii\"><strong>VIII<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>A principios del siglo XVI, en los a\u00f1os en que Carlos V refrenaba en Castilla las Comunidades y encend\u00eda las guerras de Italia, que hab\u00edan de durar tanto; cuando los primeros conquistadores de Am\u00e9rica a\u00f1ad\u00edan cada mes un nuevo imperio a la Corona de Espa\u00f1a, volv\u00eda de Italia Alonso Berruguete, lleno de ilusiones y cargado de modelos, trayendo en la memoria m\u00e1s formas y m\u00e1s ideas de arte que dibujos en su cartera y vaciados en su cofre. All\u00e1 hab\u00eda trabajado con Miguel \u00c1ngel, con el cual le uni\u00f3 ese parentesco espiritual que tanto asemeja f\u00edsica y moralmente a hombres nacidos en distintos lugares y de diferentes madres. Berruguete ten\u00eda, como el c\u00e9lebre Buonarrotti, la voluntad poderosa, la fecundidad, la concepci\u00f3n del ideal en formas colosales; la grandeza de ideas, la universalidad de conocimientos, la rudeza de car\u00e1cter, la fuerte constituci\u00f3n corporal y ese entusiasmo exclusivo por su arte, ese amor, llevado al fanatismo, que da un sello viril a todas sus obras y que, difundido a los disc\u00edpulos, tiene fuerza bastante para crear esa raza de artistas que vieron Italia y Espa\u00f1a en aquella centuria.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Berruguete volvi\u00f3 a Espa\u00f1a, encontr\u00f3 un terreno virgen, un campo sin obst\u00e1culos ni estorbos, propio para edificar pronto y bien; encontr\u00f3 mucho entusiasmo, bastante fe religiosa y gran afici\u00f3n a las artes, munificencia y cultura en los soberanos, en los magnates y cabildos, muchos medios de ejecuci\u00f3n y mucho dinero. Veremos lo que con esto hizo su extraordinario genio. Verdad es que no encontr\u00f3 los grandes modelos de la antig\u00fcedad que entonces serv\u00edan de norma en Italia y que \u00e9l estudi\u00f3 con amor; pero, en cambio, hall\u00f3 lo que en Italia no hab\u00eda o se encontraba escasamente en Sicilia, es decir, la variedad infinita de las formas orientales y la original fusi\u00f3n y armon\u00eda que de ellas y del dibujo ojival se hab\u00eda formado. Cuando \u00e9l volvi\u00f3, el g\u00f3tico florido dominaba a\u00fan con gran fuerza, especialmente en los retablos, que se pintaban a\u00fan seg\u00fan la ense\u00f1anza que dej\u00f3 en Andaluc\u00eda Juan Eych. Querer implantar aqu\u00ed en toda su pureza el Renacimiento italiano, hijo directo de la antig\u00fcedad, con sus formas puras y su repulsi\u00f3n al decorado prolijo que cre\u00f3 y llev\u00f3 a un extremo de delirio el romanticismo m\u00edstico de la Edad Media, hubiera sido empresa arriesgada. Las principales poblaciones de Espa\u00f1a eran refractarias a aquel estilo, que les hab\u00eda de parecer desnudo y pobre. Las ciudades de Andaluc\u00eda y de la baja Castilla ten\u00edan, a causa de la civilizaci\u00f3n musulmana, costumbres y gustos enteramente orientales, y las del Norte en Le\u00f3n, Asturias y tierra de Burgos, se hab\u00edan encari\u00f1ado tanto con las creaciones ojivales de la buena \u00e9poca, con los sombr\u00edos monasterios rom\u00e1nicos, con las viejas abad\u00edas y las catedrales del siglo XIII, que no era posible la adopci\u00f3n del nuevo orden, que trascend\u00eda a cosa pagana y arte de infieles.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es que Espa\u00f1a, como Francia, no acept\u00f3 la grande obra del Renacimiento italiano, sino adapt\u00e1ndola a sus tradiciones, reform\u00e1ndola caprichosamente. Si los muz\u00e1rabes vieron con estupor elevarse los pilares g\u00f3ticos de la catedral, m\u00e1s extra\u00f1eza les caus\u00f3 a los buenos estofadores de retablos ver elevarse los hermosos fustes de la columna corintia, sustentando el arco de medio punto y la triple cornisa, adornada de grecas y relieves. Atenuaba la sorpresa de esta aparici\u00f3n, el ver que los animales fant\u00e1sticos y la vistosa flora que hab\u00edan admirado en el claustro de San Juan de los Reyes, tomaba posesi\u00f3n tambi\u00e9n del orden grecorromano, reci\u00e9n  tra\u00eddo de Italia. Pero a\u00fan el orden antiguo ha de doblegarse m\u00e1s todav\u00eda, sumiso y condescendiente a las exigencias de los alarifes y estofadores: los fustes se adelgazan y estiran abandonando las medidas de Vitrubio; todas las formas se espiritualizan y se da ancho campo y rienda suelta al genio de la escultura, que en Italia se emplea con discreta sobriedad en los monumentos. La escultura decorativa sufre, sin embargo, una transformaci\u00f3n realizada por las cosas nuevas que en sus cartones ha tra\u00eddo Berruguete de Roma. En vez de las figuras apocal\u00edpticas, imitadas de las viejas g\u00e1rgolas, se ponen unos dragones alados de singular elegancia; a las esculturas m\u00edsticas de santos y arc\u00e1ngeles suceden unos hombrecillos con pies de cabra, desvergonzados s\u00e1tiros, que sacaron all\u00e1 de las ruinas romanas, y que despu\u00e9s lo invaden todo: iglesias, capillas, altares; a las cabeceras del \u00e1ngel lacrimoso y escu\u00e1lido, sustituyen unas a modo de cabezas de Medusa o bustos de Antinoo, que ocupan todas las enjutas, y en todas las corsinas y en todas las pilastras aparece el candelabro griego y la jamba ondulante, robusta, cubierta de vastas hojas como un acanto o de escamas como una culebra. Acab\u00e1ronse las l\u00edneas verticales, multiplicadas y reunidas en haces para resolverse despu\u00e9s en agudas puntas erizadas de crester\u00eda, y ahora dominan las amplias l\u00edneas horizontales, que no fatigan la vista; los cornisamentos de los retablos, llenos de picos resplandecientes como cordilleras de oro, caen para dejar el puesto a los \u00e1ticos, a las balaustradas y a los antepechos. Adem\u00e1s, como en aquella \u00e9poca de confusi\u00f3n y de crisis, predominaban las artes que ten\u00edan por material la madera, la plata, el marfil, el bronce y los jaspes, el estilo arquitect\u00f3nico, que ya no ten\u00eda grandes monumentos que hacer, afect\u00f3 naturalmente esa prolijidad que le hizo tan rico y elegante, d\u00e1ndole el germen de que proceden el entalle, la fundici\u00f3n art\u00edstica, la cer\u00e1mica, la pintura, el vaciado y todas las maravillosas artes del Renacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>La mejor muestra del nuevo estilo importado por Berruguete es el coro de la Catedral, que hizo en colaboraci\u00f3n con Felipe de Borgo\u00f1a, siendo hoy objeto de mil controversias cu\u00e1l de los dos sobrepuj\u00f3 al otro. No se ha verificado jam\u00e1s un certamen tan magn\u00edfico, ni vieron nunca las artes lidiar en su palenque a dos tan valientes campeones. Ese coro, de fama imperecedera, ha quedado como muestra del Renacimiento espa\u00f1ol, que ostent\u00f3 all\u00ed toda su magnificencia. Antes de examinar la siller\u00eda alta, que es la obra de Berruguete y de Borgo\u00f1a, veamos la baja, anterior a la vuelta de Italia de aquel grande genio, obra impregnada a\u00fan de goticismo y notable por la ingenua extravagancia de su escultura, que prueba, o un candor nada com\u00fan en los artistas, o una malicia que no se comprende c\u00f3mo fue tolerada por los cabildos de aquella \u00e9poca. La historia de las guerras de Granada, que est\u00e1 esculpida en el respaldo de los asientos, es seria y de menos importancia que la escultura decorativa de los sillones y de las escaleras. Los bajorrelieves historiados tienen \u00fanicamente la importancia que les dan los muchos datos de indumentaria y de ornamentos que contienen; pero ni los grupos tienen acertada disposici\u00f3n, ni las figuras se distinguen por su altura y elegancia. Lo curioso y verdaderamente notable es la multitud de detalles picarescos que adornan los brazos de las sillas. Con una ingenuidad encantadora, retrataron all\u00ed la corrupci\u00f3n de los monacales de aquella \u00e9poca, esculpiendo un fraile con orejas de asno, progenitor sin duda de aquella raza de Gerundios que tambi\u00e9n satiriz\u00f3 otro fraile en el siglo pasado. Varios monos hacen equilibrios en otro sitio, y en un rinc\u00f3n est\u00e1 el perrero de la Catedral, l\u00e1tigo en mano y serio como un arzobispo. \u00bfEs esto una burla, o una franqueza humor\u00edstica, o una candidez de maestre Rodrigo, el escultor de esta pieza? De todos modos aquello es un sainete que hace recordar las escenas picarescas que con intervenci\u00f3n de frailes y cl\u00e9rigos retratan la poes\u00eda, tan picante como sencilla, de aquel tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La siller\u00eda alta es la gran creaci\u00f3n de un arte robusto y sano, verificado por el criterio art\u00edstico que falta en obras anteriores; arte que trae la fuerza de las ideas nuevas, y que en su primer ensayo se presenta, desde luego, majestuoso y completo. Se compone de setenta sillas puestas bajo igual n\u00famero de arcos sotenidos por un columnaje de jaspe que forma un cuerpo de edificio; en el t\u00edmpano de cada arco, y sobre la silla, hay una figura tallada en madera, y en cada entrepa\u00f1o del segundo cuerpo, que corre sobre la cornisa, otra, esculpida en alabastro. Las treinta y cinco sillas del Evangelio son de Borgo\u00f1a; las treinta y cinco de la Ep\u00edstola y la central del arzobispo, de Berruguete. Sobresalen en esta obra incomparable las esculturas, que no son ya aquellas agarrotadas y estupefactas que hemos visto en las antiguas estatuas, llenas de timidez y confusi\u00f3n; son las hermosas figuras modeladas por la singular anatom\u00eda de Miguel \u00c1ngel, seg\u00fan el ideal antiguo. Variedad en las actitudes, amplitud en las formas, soltura y verdad en los ropajes, expresi\u00f3n serena en los semblantes, proporci\u00f3n admirable en los miembros, todas las cualidades de la buena escultura se re\u00fanen en aquel vasto museo, siendo de notar que las obras de Berruguete son m\u00e1s viriles, m\u00e1s robustas, de m\u00e1s atrevida concepci\u00f3n y de m\u00e1s acentuados contornos que las de Borgo\u00f1a, las cuales tienen, en cambio, m\u00e1s gracia y serenidad. Las del primero son todas herc\u00faleas, seg\u00fan el viril dibujo que le ense\u00f1\u00f3 el de la Capilla Sixtina; las del segundo son m\u00e1s modestas, como creaci\u00f3n, pero de m\u00e1s acabada y correcta forma. Bien se echa de ver que Berruguete adoraba el Laocoonte que trajo de Italia, vaciado por \u00e9l mismo, y de seguro, Borgo\u00f1a era apasionado del Antinoo.<\/p>\n\n\n\n<p> La transformaci\u00f3n que Berruguete determina en Espa\u00f1a, como arquitecto y como escultor, es bien clara. El arte de construir no cre\u00f3 en mano suya ninguna obra de primer orden. Verdad es que ya no se hac\u00edan grandes catedrales, y s\u00f3lo vemos de esa \u00e9poca puertas, capillas, alg\u00fan peque\u00f1o frontispicio para completar obras superiores; en resumen: la arquitectura de los tiempos de Berruguete y el g\u00e9nero llamado plateresco a que dio origen, son esencialmente decorativos. En esto cedi\u00f3 Berruguete al influjo de su \u00e9poca, ocupada en terminar lo antiguo y no deseosa de emprender f\u00e1bricas nuevas, \u00e9poca dada al lujo, en que empleaba grandes tesoros; los hombres en ella viven m\u00e1s aprisa, porque el mundo est\u00e1 agitado por nuevas ideas, por las guerras y por la pol\u00edtica; no tiene paciencia para emprender la erecci\u00f3n secular de grandes monumentos. As\u00ed es que el c\u00e9lebre artista, que tra\u00eda en la mente tal vez una bas\u00edlica de San Pedro o una Capilla Sixtina, no realiz\u00f3 en la arquitectura sus ideales. Aplic\u00f3 la forma antigua e introdujo los \u00f3rdenes olvidados, y sus disc\u00edpulos y sucesores, tom\u00e1ndole por modelo y adoptando su maravillosa escultura, difundieron el estilo que lleva su nombre. Pero si en la arquitectura apenas pudo verificar una verdadera innovaci\u00f3n, content\u00e1ndose simplemente con asociar sus conocimientos de lo antiguo al arte decorativo y pintoresco, cuyas tradiciones, fuertemente arraigadas, no pod\u00edan desaparecer, en cambio, su influencia fue decisiva en la escultura, que profes\u00f3 como un gran maestro. Todas las estatuas de Berruguete tienen el encanto de la forma: en las del coro, las figuras, aunque vestidas, revelan a primera vista la ciencia del desnudo que su autor pose\u00eda. Todas tienen la nobleza de actitud y la expresi\u00f3n varonil que caracterizan la escultura del Renacimiento en Italia. Parecer\u00edan enteramente paganas por la preferencia dada a la elegancia de las formas y por el artificioso plegado de los trajes talares, si no carecieran de aquella serenidad imperturbable y majestuosa del arte griego. Estas figuras son hijas de aquella familia de gigantes que cre\u00f3 Miguel \u00c1ngel, criaturas herc\u00faleas, que aparecen siempre en las actitudes m\u00e1s dif\u00edciles para el dibujo, con cierta violencia sublime, con una agitaci\u00f3n que aterra, contra\u00eddas por los esfuerzos de no s\u00e9 qu\u00e9 gimnasia fant\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las bellas obras de Berruguete es el sepulcro del cardenal Tavera, en el Hospital de San Juan. Adopt\u00f3 la forma g\u00f3tica en la estatua yacente, remedo del cad\u00e1ver, expresado con un realismo excesivo. Pero \u00e9l modific\u00f3 este sistema haciendo la caja del sepulcro seg\u00fan la manera ideal y simb\u00f3lica que se usaba en Italia, y puso cuatro alegor\u00edas en los extremos, que son cuatro obras maestras. Prescindiendo de la estatua yacente, que es exacta copia del cad\u00e1ver, como se usaba en las sepulturas ojivales, y est\u00e1 muy bien ejecutada, el mausoleo de Tavera es una obra acabada en su g\u00e9nero. En la ornamentaci\u00f3n emple\u00f3 el escultor una porci\u00f3n de elementos que hoy la sana cr\u00edtica repugnar\u00eda, pero que entonces se usaban sin escr\u00fapulo en Italia y en Espa\u00f1a, por ser lo m\u00e1s bello que se hab\u00eda aprendido de la antig\u00fcedad; en el z\u00f3calo hay unos centauros y unos camafeos que no tienen nada de cristiano; pero en cambio \u00a1qu\u00e9 unci\u00f3n y qu\u00e9 sentimiento hay en los \u00e1ngeles que adornan los medallones laterales, y qu\u00e9 serenidad en las cuatro \u00e1guilas que tambi\u00e9n contornean los cuatro \u00e1ngulos! En todo hay mucho de pagano, contrastando visiblemente la caja con la estatua yacente, de una realidad chocante; pero una cosa y otra est\u00e1n admirablemente ejecutadas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/tavera.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5441\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El grande artista espa\u00f1ol dej\u00f3 un estilo decorativo muy caracter\u00edstico. Los frisos, las enjutas, las pilastras y los z\u00f3calos de todo lo que entonces se hac\u00eda, especialmente puertas, retablos y peque\u00f1as construcciones, aparecen engalanados con multitud de formas, que pueden llamarse miniaturas de las que emple\u00f3 Miguel \u00c1ngel en las c\u00e9lebre pechinas de la Capilla Sixtina. La figura humana, dispuesta en grupos de dos, aparece reproducida hasta lo infinito; v\u00e9nse estos pares, ya sean atletas, \u00e1ngeles o genios, dispuestos sim\u00e9tricamente a un lado y otro de un candelabro, y se repiten variando la posici\u00f3n de las manos, de las piernas, de los cuerpos, formando singulares juegos que parecen de gimnasia. As\u00ed hace gala el artista de sus conocimiento anat\u00f3micos, y en su desprecio de toda forma que no es humana, la asocia a la ornamentaci\u00f3n vegetal, poniendo hojas que terminan en cabezas de \u00e1ngel, y a veces flores que tienen por pistilos un par de piernas. Estos cuerpecillos ingeniosos invaden despu\u00e9s todas las artes, los bronces, la plater\u00eda, el entalle, la cer\u00e1mica, y vemos siempre los pares de atletas retorci\u00e9ndose en las asas de los vasos, en las estanter\u00edas y en los facistoles; el \u00e1guila es adoptada para los atriles de coro, y las cabezas de guerrero con cascos aparecen perpetuamente en los casetones de los armarios y aun en las tapas incrustadas de los libros. Puede verse una &nbsp;&nbsp;muestra completa de este g\u00e9nero de decoraci\u00f3n en la puerta de la Presentaci\u00f3n, que comunica la Catedral con su claustro.<\/p>\n\n\n\n<p>Parecer\u00e1 que ya no queda nada de aquel antiguo arte muz\u00e1rabe tan original, tan rico y pintoresco. Pues a pesar de las innovaciones, a pesar de la grande escuela desarrollada a principios del siglo XVI, todav\u00eda existe; los grandes se\u00f1ores lo usan todav\u00eda en sus grandes palacios, y en la misma Catedral, frente a frente al g\u00f3tico florido y a las primeras aspiraciones del Renacimiento, se atreve a poner sus lacer\u00edas y alicatados, desafiando all\u00ed, donde es extranjero y ex\u00f3tico, las grandes manifestaciones del arte cristiano y del pagano, que ya llega exigente y poderoso. S\u00ed, poco antes de volver Berruguete de Italia, se construye la sala capitular, donde los alarifes hacen su \u00faltimo esfuerzo. Pero all\u00ed han trabajado  todos de consuno y se ha verificado una reconciliaci\u00f3n. El arco es enteramente \u00e1rabe; cubre las paredes una ebanister\u00eda prodigiosa, de los mejores tiempos de lo plateresco, y el techo es uno de esos artesonados de L\u00f3pez Arenas, el autor de La carpinter\u00eda de lo blanco . Este techo es un tapiz formado con trozos de madera, oro, rojo y azul; un tejido de l\u00edneas que proceden de los n\u00e1cares del Tr\u00e1nsito, pero que son m\u00e1s pintorescas y, si se quiere, m\u00e1s \u00e1rabes, por la viveza del color y lo complicado y laber\u00edntico de su disposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la mitad del siglo XVI, el desarrollo de las artes del lujo es portentoso. El genio de Berruguete parece como que se inocul\u00f3 en todos, creando otros tan universales como \u00e9l. Entonces la necesidad de decorar y el af\u00e1n de ostentar las magnificencias por todas partes, estimul\u00f3 a los fabricantes de bronces, a los entalladores y a los plateros; las catedrales rivalizaban en lujo art\u00edstico y quer\u00edan eclipsarse unas a otras. Al mismo tiempo, vemos confundidas las profesiones y practicadas por un mismo artista no s\u00f3lo las tres nobles artes, sino todas las que le sirven de complemento y ornato. Sin salir del coro y de la capilla mayor de la Catedral, podremos ver el m\u00e1s completo museo de lo que aquella \u00e9poca produjo, siendo aqu\u00e9l un palenque donde las obras de los m\u00e1s c\u00e9lebres ingenios parece que quieren confundirse y oscurecerse unas a otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que Berruguete hizo en la madera, lo hizo Francisco Villalpando en el bronce, y as\u00ed como aqu\u00e9l trabaj\u00f3 en competencia con Borgo\u00f1a, \u00e9ste tuvo por rival a Domingo de C\u00e9spedes. Pero en \u00e9stos no es tan dif\u00edcil asignar la palma de la victoria. La reja de Villalpando es muy superior a la de su competidor. En una y otra, especialmente en la de la capilla mayor, que es la principal y del primero, tiene la escultura un importante papel, y asombra que en material tan duro pudiera el cincel m\u00e1s tenaz labrar tantas maravillas. El gusto plateresco y la decoraci\u00f3n introducida por Berruguete dominan all\u00ed, siendo de notar las soberbias cari\u00e1tides doradas del segundo cuerpo, hijas leg\u00edtimas de las griegas. Pero todo lo pagano que all\u00ed puede haber est\u00e1 redimido por el enorme Cristo dorado que remata la verja, el cual resplandece all\u00e1 arriba como una aparici\u00f3n, y por un extra\u00f1o efecto de \u00f3ptica parece que se refleja en medio del espacio, produciendo una ilusi\u00f3n luminosa aquel otro Cristo colosal que termina el retablo mayor. Los p\u00falpitos y la reja del coro (obra de C\u00e9spedes), lo mismo que las hojas de la puerta de los Leones, los atriles, el facistol y el peque\u00f1o altar de prima y todos los accesorios del culto que hay en el centro del templo, son prodigios de riqueza, de lujo, de arte exquisito y primorosa ejecuci\u00f3n. Productos todos de imaginaciones meridionales, llevan en sus infinitos detalles el sello de una inagotable inventiva; revelan un refinamiento de costumbres y una cultura que no nos presenta el arte de otras \u00e9pocas m\u00e1s adelantadas; y casi puede decirse que la \u00edndole de su estilo les hace m\u00e1s propios de los palacios de los reyes que de aquel sitio, donde la humildad debe tener su asiento y debe la modestia haber hecho su habitaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 impresi\u00f3n produce el coro de la Catedral de Toledo? \u00bfSumerge el alma en la meditaci\u00f3n, incita al recogimiento y a esa suave melancol\u00eda que despiertan las cosas santas? No, porque es un alarde del lujo m\u00e1s deslumbrador, es el mejor producto de un arte, no austero y recogido, como el de la Edad Media, sino magn\u00edfico, risue\u00f1o, espl\u00e9ndido y feliz. La multitud de figuras modeladas en un alabastro pastoso y m\u00e1s suave que el m\u00e1rmol de Paros, o talladas en una madera delicad\u00edsima y fina, que el tiempo ha bru\u00f1ido, d\u00e1ndole una suavidad y un tono sumamente agradables; las formas esbeltas, paganas, esencialmente pl\u00e1sticas, de la escultura de Berruguete y de Borgo\u00f1a; las enf\u00e1ticas \u00e1guilas que sostienen los libros de coro; la elegancia sui g\u00e9neris de las columnas de jaspe y de aquel vasto cuerpo arquitect\u00f3nico, de un colorido enteramente florentino; las piezas cinceladas de la reja; y, por \u00faltimo, los desvergonzados monos que hacen cabriolas en las sillas de los racioneros, dan a este recinto un car\u00e1cter mundano y regio a la vez, que respira todo el sibaritismo de las antiguas corporaciones capitulares, pero nada de la santa unci\u00f3n y el grave recogimiento que el lugar requiere. Pero as\u00ed andaba la religi\u00f3n y el arte en el Renacimiento. El arte, desarrollado en la Edad Media por la protecci\u00f3n de la Iglesia, sigui\u00f3 todas las fases de la organizaci\u00f3n interior de \u00e9sta y de todas las crisis por que iba pasando. Fue asc\u00e9tico y grave cuando \u00e9sta lo fue; sutil y atrevido cuando \u00e9sta lo fue; tuvo severidad y tristeza en tiempo de las antiguas abad\u00edas; simbolismo y erudici\u00f3n en la edad de las controversias y del furor dogm\u00e1tico; y cuando los cabildos fueron poderes, y los capitulares opulentos, y el clero todo fue amigo de las cosas bellas, epic\u00fareo y sibarita, el arte, tomando del paganismo todo lo que \u00e9ste ten\u00eda de pl\u00e1stico y voluptuoso, se cubre de galas y, apoder\u00e1ndose de las maderas finas, de los metales preciosos, del marfil y de los jaspes m\u00e1s ricos, produce esa multitud de bellezas que se\u00f1alan las \u00e9pocas de Le\u00f3n X, en Roma, de los M\u00e9dicis en Florencia y de Carlos V en Espa\u00f1a. El c\u00e9lebre coro es una aglomeraci\u00f3n sorprendente de magnificencias enteramente mundanas, presentadas con un lujo insolente, con una belleza provocativa que embriaga los sentidos y llena el alma de alegr\u00eda. En la verja hay una lac\u00f3nica e ingeniosa inscripci\u00f3n que manda callar y cantar a todo el que entre all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Psalle et sile<\/em>, dice en una sutil paradoja digna de servir de tema a unas cortes de amor, queriendo significar que all\u00ed deben olvidarse todas las cosas del mundo para ocuparse s\u00f3lo en alabar a Dios. Calder\u00f3n escribi\u00f3 unos versos muy conceptuosos sobre esta inscripci\u00f3n; pero con todo su ingenio no puede llenar de misticismo aquel recinto, que infunde la felicidad en el esp\u00edritu e inspira, en vez de mansedumbre y tristeza, entusiasmo y orgullo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;   Canta y calla,<br>    dice aquel<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp; mote, suya soberana<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;inscripci\u00f3n, sacro buril<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en grabado bronce estampa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Canta y calla,<br>    otra vez leo,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y, otra vez, suspensa el alma,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;duda c\u00f3mo se reduzca<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;a un precepto<br>   Canta y calla.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-ix\"><strong>IX<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>A pesar de que la arquitectura no ten\u00eda ya fuerza en el siglo XVI para crear grandes cosas; aunque la raza de los templos colosales hab\u00eda concluido, se hacen, sin embargo, edificios civiles, y sobre todo muchos de reconocida utilidad, como hospitales, asilos y casas de exp\u00f3sitos. Ya no es todo para la Iglesia; y aunque los reyes y magnates han cogido para s\u00ed la parte principal del arte, siempre queda algo para el pueblo. Toledo vio en aquel siglo elevarse tres monumentos de primer orden, dos de los cuales se debieron a la piadosa y humanitaria devoci\u00f3n de dos ilustres arzobispos: el cardenal Mendoza y el cardenal Tavera.<\/p>\n\n\n\n<p>En la iglesia metropolitana, la serie de prelados forma, con raras excepciones, una dinast\u00eda de varones insignes, tan ilustrados como virtuosos, que contribuyeron mucho al esplendor de las artes y dotaron a la ciudad de magn\u00edficos establecimientos de beneficencia. El cardenal Mendoza fund\u00f3 el Hospital de Santa Cruz, que es la m\u00e1s acabada muestra de ese g\u00e9nero de transici\u00f3n que enlaza las \u00e9pocas g\u00f3tica y del Renacimiento. El p\u00f3rtico, el patio, la escalera son suntuos\u00edsimos; aquellos grandes cardenales que, gracias a sus enormes rentas, pod\u00edan practicar la caridad con despilfarro, llenaban de maravillas del arte los sitios destinados a la mendicidad, y no sabemos si en esto hab\u00eda un desmedido orgullo o la mansedumbre m\u00e1s ejemplar; lo cierto es que ellos cubr\u00edan de p\u00farpura al pordiosero, como por una especie de compensaci\u00f3n, y cre\u00edan que la caridad no era completa si no se hac\u00eda descender a las \u00faltimas capas sociales la suntuosidad y belleza de que las superiores no pod\u00edan prescindir entonces.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/santacruz-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5435\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Traz\u00f3 el Hospital de Santa Cruz el c\u00e9lebre Egas, que hab\u00eda trabajado en la catedral; y, a pesar de que quiso producir una razonable amalgama de la ojiva con la forma greco-romana, no pudo conseguirlo, resultando una gran confusi\u00f3n m\u00e1s bien que una grata armon\u00eda. El p\u00f3rtico, que es bastante bello, aspira a ser un cuerpo proporcionado y medido seg\u00fan la disposici\u00f3n italiana; pero sus l\u00edneas se quiebran, se dispersan, buscando la forma irregularmente pintoresca del antiguo estilo; en vano quiere el artista asentar reposada y tranquilamente las columnas sobre sus bases; las columnas, la cornisa, las archivoltas, el \u00e1tico son refractarios a las l\u00edneas puras, a las disposiciones horizontales y verticales, amplias y majestuosas; no pueden adaptarse a este rigorismo y se retuercen, siguiendo la costumbre, buscan lo m\u00faltiple, lo incorrecto, lo desproporcionado, lo tortuoso. As\u00ed es que la c\u00e9lebre portada es una obra confusa que dista tanto del g\u00f3tico como del Renacimiento; que no es ninguna de estas cosas, ni las dos juntas. Hace presentir el hermoso plateresco de la puerta de la Presentaci\u00f3n y del sepulcro de los condes de Melito; pero no tiene la pureza de tintas ni la elegancia pagana de la decoraci\u00f3n que introdujo la escultura de Berruguete. Entrando en el edificio, la confusi\u00f3n disminuye, porque la iglesia es de una forma original\u00edsima: tiene los cuatro arcos torales del crucero g\u00f3tico, y la escalera y el patio del Renacimiento, franco ya y descubierto.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/escalera.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5568\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El Alc\u00e1zar, de \u00e9poca posterior, perteneciente al segundo tercio del siglo, vale mucho m\u00e1s como obra de arte, pudiendo decirse que es una de las m\u00e1s estupendas construcciones palacianas que los aut\u00f3cratas de aquel tiempo dejaron en Europa. En \u00e9l trabajaron simult\u00e1neamente Covarrubias y Herrera, auxiliado el primero por Francisco Villalpando, talento tan general como Berruguete. La fachada principal, concebida de muy distinto modo que la del Hospital de Santa Cruz, ofrece en su conjunto la m\u00e1s acertada armon\u00eda y una singular elegancia en los detalles; el gran arco de la entrada, con su front\u00f3n y sus dos gigantescos heraldos, la fila de ventanas del piso principal y, sobre todo, las del segundo, abiertas en una faja almohadillada, sostenidas por columnas de balaustre, presentan un aspecto suntuoso y rico, en armon\u00eda con los h\u00e1bitos y el car\u00e1cter de su esclarecido fundador. Con esta fachada, que tiene no s\u00e9 qu\u00e9 de espa\u00f1ol, tal vez por su pomposa arquitectura o por los recuerdos de una brillante \u00e9poca que despierta, contrasta la posterior, hecha por Herrera, menos elegante y orgullosa, pero tambi\u00e9n muy bella, y mostrando ese sello especial de severidad y tristeza que dio a todas sus obras el arquitecto de El Escorial. El patio y la escalera del Alc\u00e1zar nos son conocidos por las restauraciones de Villanueva. Los continuos desastres que estas dos principales partes del edificio han sufrido hacen que s\u00f3lo por presunci\u00f3n podamos fijar su forma primitiva, muy semejante, sin duda, a las que tienen despu\u00e9s de la inteligente reparaci\u00f3n que la \u00e9poca presente est\u00e1 verificando all\u00ed. El patio, como hoy lo vemos, pr\u00f3ximo a concluirse, es una obra \u00fanica en su g\u00e9nero, un modelo imperecedero, cuya vista encanta y asombra por la elegancia sin igual del trazado y la solidez y atrevimiento con que est\u00e1 construido. La escalera es tal, que Carlos V dec\u00eda que s\u00f3lo se consideraba rey de Espa\u00f1a cuando estaba en ella. Sus proporciones son tan desmesuradas, que la c\u00e9lebre escalera de El Escorial y la del palacio de Madrid parecen mezquinas a su lado; subiendo por ella, no hay nadie que no sea un liliputiense, y m\u00e1s bien que para simples individuos parece hecha para un ej\u00e9rcito. En todo esto se advierte la prodigalidad caballeresca, la hospitalidad generosa, el lujo inteligente y el despilfarro art\u00edstico de aquel C\u00e9sar, con cuya casa contrasta bruscamente la enorme y gigantesca madriguera de Felipe II, El Escorial, cuyos recintos innumerables, exceptuando el del templo, parecen no tener suficiente aire respirable, y en los que se ha obtenido la grandeza material por una multiplicaci\u00f3n infinita de la peque\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/alcazar.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5470\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>El Hospital de Tavera es un poco posterior al Alc\u00e1zar, y como obra de la segunda mitad del siglo, tiene cierto aspecto escurialense. A\u00fan no ha venido la total decadencia de las artes; pero en la arquitectura especialmente, se nota la tendencia a desechar todo lo que pueda darle un car\u00e1cter espa\u00f1ol. El reinado del plateresco ha sido muy ef\u00edmero. El mencionado Hospital es notable por su doble patio, formado de arcadas, algo parecidas a las del Alc\u00e1zar, y la iglesia ser\u00eda una obra acabada en su g\u00e9nero si se hubiera empleado en ella un material m\u00e1s art\u00edstico que el estuco. La piedra ha huido ya para siempre, y empieza el per\u00edodo de esas iglesias de ladrillos de que ha plagado a Espa\u00f1a el petulante y devoto siglo XVII. Lo maravilloso que encierra la iglesia del Hospital de Tavera es el sepulcro de su fundador, obra maestra de Berruguete, que hemos descrito.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este edificio concluye el per\u00edodo arquitect\u00f3nico. Los edificios del Renacimiento, que mataron los vigorosos de las artes muz\u00e1rabe y ojival, concluyen tambi\u00e9n, despu\u00e9s de un per\u00edodo tan esplendoroso como breve; porque, como hemos dicho, la extraordinaria fuerza, la inagotable inventiva, la elegancia de concepci\u00f3n del Renacimiento, se emplea principalmente en la escultura, en obras complementarias y de ornato, y en esa multitud de artes del lujo que cultivaron Borgo\u00f1a, Villalpando, Vergara, C\u00e9spedes, Cop\u00edn, L\u00f3pez de Arenas y otros muchos. Pero con la muerte de la arquitectura coincidi\u00f3 el desarrollo de otro arte igualmente importante, producto de una \u00e9poca de m\u00e1s refinadas costumbres, de m\u00e1s erudici\u00f3n y mejor criterio: la pintura. Este arte, que tiene por edad de oro en Espa\u00f1a el siglo que media entre Pablo de C\u00e9spedes y Claudio Coello, tuvo en Toledo su escuela, alimentada por el pedido de los conventos y la devoci\u00f3n de los grandes. Ya desde el siglo XV, otro Berruguete, padre del escultor, hab\u00eda cultivado con \u00e9xito la pintura, siendo de los primeros que pretendieron y divulgaron el estilo florentino. Pero hasta que se acerca el siglo XVI, en los d\u00edas en que la pintura expiraba en Italia con los bolo\u00f1eses y los \u00faltimos venecianos, no adquiere en Espa\u00f1a ese car\u00e1cter nacional que tanto la distingue, d\u00e1ndole la misma importancia que en la Pen\u00ednsula vecina. Un extranjero contribuye a propagar en Toledo el nobil\u00edsimo arte; y si \u00e9l, por tener tantas extravagancias como buenas cualidades, no puede crear verdadera escuela, sus disc\u00edpulos Trist\u00e1n, Orrente y Maino producen obras que por su m\u00e9rito y homogeneidad pueden formarla. Ese extranjero que nombramos, Domenico Theotocopuli, llamado El Greco, fue un artista de genio, en quien los terribles efectos de una enajenaci\u00f3n mental oscurecieron las prendas de un Ticiano o un Rubens. Una inventiva inagotable, gran facilidad para componer, mano segura para el dibujo, y a veces empleo exacto y justo del color y los tonos, son las cualidades que se observan en sus primeras obras; pero, despu\u00e9s, padeciendo la m\u00e1s lamentable aberraci\u00f3n, El Greco se dio a pintar con un falso color y una expresi\u00f3n imaginaria, que marca sus obras con un sello indeleble. Todos han visto sus figuras escu\u00e1lidas, terror\u00edficas, sin sangre, flacas y amarillas, con las cabezas sepultadas en enormes gorgueras de encaje rizado; \u00e9l percibi\u00f3 un extra\u00f1o ideal y, sin duda, extraviado por una obsesi\u00f3n, esclavo de una monoman\u00eda, lleg\u00f3 a ese per\u00edodo lamentable en que es tan original. Una obra maestra ha dejado Theotocopuli, obra en que su extravagancia, todav\u00eda no muy pronunciada, aparece oculta por bellezas de primer orden. Es el cuadro que se halla en la iglesia de Santo Tom\u00e9, y representa el entierro de Don Gonzalo Ruiz de Toledo, conde de Orgaz.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/santo_tome.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5458\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Aunque los disc\u00edpulos de El Greco no imitaron sus excentricidades y produjeron hermosas obras, Toledo no puede apropiarse la generaci\u00f3n completa de la pintura espa\u00f1ola. Cultivada est\u00e1 en todas las principales ciudades: no fue un arte nacional y caracter\u00edstico, hasta que los andaluces le infundieron su genio y le pusieron su sello inmortal.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"h-x\"><strong>X<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El siglo XVII, que marca una atroz decadencia, as\u00ed en pol\u00edtica como en artes, crea en Toledo, como en toda Espa\u00f1a, una multitud de b\u00e1rbaros e insustanciales conventos, fundados por un fanatismo craso y una devoci\u00f3n poco ilustrada. Ya no se ponen al servicio del culto aquellas artes tan bellas, tan ingeniosas y ricas, que fueron principal gala del siglo anterior. Se derriban palacios muz\u00e1rabes y del Renacimiento para erigir esos desapacibles conventos de ladrillos, y esas casas de jesuitas, de que Espa\u00f1a est\u00e1 llena. La arquitectura es cosa muerta; y como por una especie de iron\u00eda, nace de sus cenizas una vil parodia, una caricatura, una burla, el churriguerismo, que pone su mano est\u00fapida en todas las grandes catedrales de Espa\u00f1a, y en la de Toledo hace el transparente, que es un padr\u00f3n de ignominia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default shadow-effect\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/transparente.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5428\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Este estilo, que es la carencia completa de sentido com\u00fan, lo absurdo y lo necio, lo pedantesco y lo grosero aplicados a la arquitectura, parece haber tomado por modelo de sus formas la prosaica familia de los moluscos y toda la categor\u00eda de los mariscos. \u00c9l tambi\u00e9n se inspira en la naturaleza, y tiene por tipo el caracol. El transparente de la catedral de Toledo parece una roca de m\u00e1rmol, cubierta de crust\u00e1ceos de oro.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pasado siglo la restauraci\u00f3n cl\u00e1sica trae consigo un destello de discreci\u00f3n y estilo en las muertas artes espa\u00f1olas. Pero la arquitectura de Carlos III, que  tiene no s\u00e9 qu\u00e9 sello oficial y una gran dosis de insustancial suficiencia, hace, a pesar de su buena procedencia, tan grandes estragos como el churriguerismo. Toca todas las viejas catedrales, y en la de Toledo, m\u00e1s que en ninguna otra, deja impresa la huella de su funesto paso, haciendo puertas y frontones de una pedanter\u00eda cl\u00e1sica irresistible. El criterio art\u00edstico no aparece hasta el presente siglo, que, muy apto para apreciar y fijar el m\u00e9rito de las cosas antiguas, apenas puede restaurarlas y rara vez imitarlas. Por lo dem\u00e1s, bastante funesto ha sido este siglo para la ciudad ilustre, que vio b\u00e1rbaramente destruidos por las tropas francesas el Alc\u00e1zar y el claustro de San Juan de los Reyes, obras \u00fanicas en su clase; y s\u00f3lo en estos \u00faltimos tiempos la presente generaci\u00f3n, inteligente e inspirada por un recto patriotismo, sabe cuidar con amor las venerables ruinas del arte espa\u00f1ol. La restauraci\u00f3n de Santa Mar\u00eda la Blanca, la de la Puerta del Sol, la del Alc\u00e1zar, la creaci\u00f3n del Museo Provincial en lo que queda de san Juan de los Reyes, son el mejor t\u00edtulo de cultura de los toledanos del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[1] Escenarios de \u00c1ngel Guerra (1891).<\/p>\n\n\n\n<p>[2] Crist\u00f3bal Lozano, en su obra titulada \u201cLos Reyes Nuevos de Toledo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>[3] Hoy el Matadero.<\/p>\n\n\n\n<p>[4] Un tal Juan Ruiz de Matanza pele\u00f3 por el rito muz\u00e1rabe y gan\u00f3. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gald\u00f3s escribi\u00f3 Las generaciones art\u00edsticas en la ciudad de Toledo para la Revista de Espa\u00f1a, que fue publicando el art\u00edculo&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":8002,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[22,23,3,24,25,16,26,6,27,28],"tags":[],"class_list":["post-5365","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-arquitectura","category-arte","category-benito-perez-galdos","category-catedral","category-gotico","category-historia","category-las-generaciones-artisticas-en-la-ciudad-de-toledo","category-libro","category-toledo","category-turismo"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Libro] Las generaciones art\u00edsticas en la ciudad de Toledo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. 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