{"id":7191,"date":"2010-10-07T03:53:00","date_gmt":"2010-10-07T01:53:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=7191"},"modified":"2010-10-07T03:53:00","modified_gmt":"2010-10-07T01:53:00","slug":"articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>[<strong>Nota preliminar<\/strong>: edici\u00f3n digital a partir de la edici\u00f3n de <em>la Naci\u00f3n<\/em>, Madrid, 2 y 6 de diciembre de 1865.]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; I &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre c\u00e9lebre dijo en cierta ocasi\u00f3n que la m\u00fasica era el ruido que menos le molestaba. Aunque nos tache de profanos alg\u00fan mel\u00f3mano, no nos atrevemos a condenar esta aserci\u00f3n como un desatino, porque no creemos que se perjudique a la m\u00fasica uni\u00e9ndola al ruido, ni que sea se\u00f1al de poca cultura el confundir al arte divino con su salvaje compa\u00f1ero; mejor dicho, con su engendrador. Ese hombre c\u00e9lebre que de tal modo hiri\u00f3 la susceptibilidad de los m\u00fasicos, prefer\u00eda sin duda la naturaleza al arte, y tal vez encontraba en el ruido m\u00e1s expresi\u00f3n de lo bello que en las h\u00e1biles combinaciones del contrapuntista y en los ritmos del confeccionador de melod\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, en el arte mismo no hay tanta m\u00fasica como en el ruido, si a la atenci\u00f3n escrutadora del amante de \u00f3peras y conciertos se sustituye la imaginaci\u00f3n del amante de la naturaleza, que busca, contempl\u00e1ndola, una f\u00f3rmula de sentimiento o de belleza; si al criterio de los pases de tonos y de los acordes compactos, de los andantes tristes y los alegros expresivos con que juzga y siente el primero frente a la orquesta, se sustituye la exaltaci\u00f3n de esp\u00edritu, el estado de abatimiento o de inquietud en que se encuentra el segundo frente a la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Suponiendo al esp\u00edritu en un estado de conmoci\u00f3n profunda, basta que resuenen algunas notas en el arpa invisible del ruido, para que produzcan mayores efectos que la m\u00fasica mejor organizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un melanc\u00f3lico vaga entre las sombras de la noche por un campo, por una playa o por las calles de una poblaci\u00f3n, y a su o\u00eddo llegan confusos rumores producidos por el aire, el mar, las aguas de una fuente, cualquier cosa: su fantas\u00eda determina al instante aquel rumor, lo regulariza y le da un ritmo: al fin lo que no es otra cosa que un ruido toma la forma de la m\u00fasica m\u00e1s bella y expresa aun m\u00e1s de lo que este arte pudiera expresar; se reviste de mil accidentes y llega hasta a conmover las fibras m\u00e1s ocultas del coraz\u00f3n; despierta mil im\u00e1genes y, extendiendo su dominio, consigue hasta fascinar la vista, en virtud de ese misterioso eslabonamiento que de las ilusiones ac\u00fasticas nos lleva siempre a las ilusiones \u00f3pticas.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edganlo si no los innumerables poetas cuya musa ha cantado estrofas admirables, enga\u00f1ada por esta supercher\u00eda del ruido que, \u00e9mulo constante de su hermana la m\u00fasica, suele disfrazarse con sus atav\u00edos, favorecido por la sombra, la luna, el silencio y la calma, c\u00f3mplices de toda alucinaci\u00f3n, perpetuos exploradores de la credulidad de nuestro esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Figuraos un amante trasnochador, uno de esos amantes que protege la luna en su casta mirada y envuelve la noche en su oscuridad misteriosa; uno de esos amantes que como Fausto, Romeo o Mario se presentan en un jard\u00edn en completa vegetaci\u00f3n amorosa, hasta que una mano diab\u00f3lica viene a sembrar perniciosa ciza\u00f1a junto a ellos o a arrancarlos de ra\u00edz. Este amante espera oculto entre las flores la llegada de su felicidad, y ya se comprender\u00e1 que su imaginaci\u00f3n est\u00e1 exaltada por sue\u00f1os de dicha y que en la oscuridad percibe visiones de amor que van pasando ante sus ojos, arrastradas por una onda de voluptuosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El o\u00eddo est\u00e1 atento como si quisiera escuchar el silencio. De pronto una m\u00fasica divina resuena en derredor: una r\u00e1faga de viento ha pasado sobre las flores conmovi\u00e9ndolas suavemente. Dir\u00edase que los dedos invisibles de una hada han rozado las cuerdas de un la\u00fad: cada hoja lanza un suspiro y multitud de notas se re\u00fanen estremecidas y t\u00edmidas para proferir una queja tan apagada y tenue, que parece lamentarse de resonar.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que espera su felicidad escucha esta armon\u00eda sumergido en \u00e9xtasis profundo, y siente dilatarse su esp\u00edritu como el so\u00f1ador de visiones celestiales, el asc\u00e9tico que, en medio de la enajenaci\u00f3n producida por las mordeduras de su cilicio y las p\u00e1ginas de su <em>Meditaci\u00f3n sobre la otra vida<\/em>, escucha coros celestiales, y ve penetrar en su celda, precedida de \u00e1ngeles m\u00fasicos, a la Virgen Mar\u00eda que viene a confortarle. Pero algo bello, puro e inmaculado se presenta ante el hombre que espera su felicidad en Julieta, Margarita o Cosette, y ahora las hojas suenan, mas no impelidas por el viento, sino apartadas por una mano delicada.<\/p>\n\n\n\n<p>Rumores de otra especie se unen a los que antes resonaron. Cerremos los ojos y escuchemos. \u00a1Cu\u00e1nta armon\u00eda! En la m\u00fasica de ritmos y tonos no hay nada comparable a este concierto de los ruidos, en que una simple r\u00e1faga de viento re\u00fane la mal articulada s\u00edlaba del lenguaje amoroso a la oscilaci\u00f3n sonora de la flor que se mece; la exclamaci\u00f3n ahogada de sorpresa o alegr\u00eda al tenue susurro de dos ramas que se azotan; el monos\u00edlabo de pasi\u00f3n al chasquido del tallo que es pisado; r\u00e1faga traviesa que con delicadeza suma toma el suspiro de los labios de la druida de aquel bosque para confundirlo con el rumor de la flor que se desbarata; rumor debil\u00edsimo, casi imperceptible, producido por el suave choque de las hojas que se atropellan cayendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Decid, m\u00fasicos, si hay algo en vuestras sinfon\u00edas pastorales y en vuestros epitalamios instrumentados que no sea un remedo p\u00e1lido de esa tierna y sencilla estrofa cantada por el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 diremos de la seda? De ese tejido armonioso, cuyas hebras menudas y r\u00edgidas producen cierto ruido argentino, como el que producir\u00eda una cabellera de cristal agitada por el viento; ruido que conmueve el sistema nervioso, como el contacto de un cuerpo \u00e1spero y fr\u00edo, e impresiona nuestro t\u00edmpano de la misma manera que si algo se rasgara en nuestro cerebro. La seda hace en el sal\u00f3n el mismo efecto que el aire en el jard\u00edn. Si a la imaginaci\u00f3n del gal\u00e1n que vegeta en los jardines, sustituimos la del gal\u00e1n que completa el ajuar de un lujoso y perfumado gabinete, tendremos el mismo prodigioso efecto: este hombre espera a la d\u00e9bil claridad de una discreta l\u00e1mpara la llegada de su felicidad, y tras un largo rato de excitaci\u00f3n llega a sus o\u00eddos un sonido met\u00e1lico: es un traje de seda que se desliza sobre una alfombra y ondula vibrando en cada mueble notas acompasadas. Esta m\u00fasica resuena en la imaginaci\u00f3n del hombre que espera su felicidad con un eco celeste; le conmueve, le fascina, y se siente aletargado, como el sibarita que en medio de la enajenaci\u00f3n producida por el opio, sintiera resonar las faldas de la odalisca y la viera penetrar en su c\u00e1mara saturada de calor y perfume. En efecto, algo parecido a la odalisca, algo bello y l\u00fabrico a la vez se presenta a los ojos del hombre que espera impaciente y exaltado en el gabinete. Es Manon Lescaut, Margarita Gautier o Marione Delorme. Dejemos a los dos amantes: cerremos los ojos y escuchemos. \u00bfHay algo en la m\u00fasica de ritmos y tonos comparable a este concierto de una falda que se pliega, de una silla que cae, de un soplo que mata una luz, y de una llama que se apaga aleteando? Decid, se\u00f1ores m\u00fasicos, todos los detalles del tocador de vuestras <em>traviatas<\/em>, \u00bfno son reflejo p\u00e1lido de esta estrofa cantada por un gir\u00f3n de seda, un mueble y una luz?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro ejemplo para concluir. Os desvel\u00e1is a media noche: entre el silencio sent\u00eds dos ruidos secos, precisos, en el techo de vuestra habitaci\u00f3n: chas, chas: dos zapatos femeniles acaban de caer sobre el piso del cuarto segundo: una beldad se mete en la cama, y sus zapatos arrojados por su mano hieren el piso sucesivamente: una sirena se sumerge en la onda dejando olvidadas dos notas en el espacio. \u00bfQu\u00e9 efecto os producir\u00e1n estas dos notas? \u00bfQu\u00e9 im\u00e1genes presentar\u00e1n a vuestro esp\u00edritu exaltado? \u00bfNo ser\u00e9is capaces de continuar lo comenzado por aquellas dos corcheas, y arreglar en un instante, guiados por ellas, un admirable d\u00fao en que la sirena del piso segundo no tenga la peor parte? Preguntad a esos envanecidos m\u00fasicos si han escrito alguna vez algo que se parezca a este d\u00fao cantado&#8230; por dos zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella es como Dios: est\u00e1 en todas partes: as\u00ed como Dios no est\u00e1 s\u00f3lo en los altares, ella no est\u00e1 solamente en las cuerdas del arpa y en los agujeros de la flauta. Siempre se la encuentra hablando por lo bajo, murmurando penas o alegr\u00edas, ya escondida bajo las hojas, ya correteando entre las aguas, ora acurrucada entre las s\u00e1banas de un lecho, ora rasgando las r\u00edgidas hebras de un pedazo de seda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertas perspectivas sublimes de la naturaleza elevan el alma hacia Dios, y ciertos rumores elevan la imaginaci\u00f3n hacia la m\u00fasica. El alma vuela a la contemplaci\u00f3n del Creador y la imaginaci\u00f3n penetra en el foco de la armon\u00eda. El lenguaje misterioso que el ruido habla a la imaginaci\u00f3n concluye por trastornar a la <em>loca de la casa<\/em>, que no tarda en desarrollar lo rudimentario y dar amplia y determinada forma al sonido incompleto, nota perdida de la gran sinfon\u00eda del espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Al que me explique las reglas de contrapunto, que rigen en esta clase de m\u00fasica, le contar\u00e9 una curiosa historia que comienza con unos acordes de esta naturaleza; acordes l\u00fagubres y horrorosos, de tan sombr\u00edo tinte y efecto tan espeluznante, que infundir\u00eda espanto al pecho del m\u00e1s animoso. Las salmodias que acompa\u00f1an las exequias y entierros no tienen tan f\u00fanebre colorido, y si en un certamen de entonaciones sepulcrales present\u00e1ramos esta m\u00fasica pavorosa que durante cierta noche de consternaci\u00f3n aterr\u00f3 a cuantos la escucharon, de seguro perder\u00edais vosotros en la contienda, se\u00f1ores sochantres, por m\u00e1s que inflarais vuestros amoratados carrillos, soplando la pita de vuestro grasiento fagot, por m\u00e1s qu\u00e9 aullarais un dies irae con esas gargantas encallecidas en la modulaci\u00f3n de las estrofas de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; II &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Figuraos un sonido seco, agudo, discordante, producido al parecer por un hierro que cae acompasadamente sobre otro hierro; un sonido que no produce vibraciones ni eco claro y determinado, en medio del silencio de una noche, durante la cual se adormece triste una poblaci\u00f3n aterrada por una gran calamidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00f3lera habita en nuestro barrio, y el barrio entero batalla con \u00e9l sumergido en el silencio y en la oscuridad. Parece que el sue\u00f1o eterno a que tantos se entregan, ejerce letal contagio sobre los que velan en el insomnio a la vida. Todo calla en el barrio: se padece sin ruido, se muere sin ruido: se cura en silencio: enmudece el dolor, el llanto, la desesperaci\u00f3n: la plegaria se piensa solamente, y la esperanza no sale del coraz\u00f3n a los labios: el remedio no se pregunta; ya se sabe: el s\u00edntoma no se consulta; ya se prev\u00e9. Todo, desde la locuaz aprensi\u00f3n hasta el charlat\u00e1n que cura sin diploma, calla esa noche. Pero se muere en cambio todo: cuando hay silencio es siempre mucha la actividad. El paciente se contrae en su lecho; se enrosca como para quebrarse y concluir de una vez: la naturaleza quiere hacerse pedazos y se sacude en movimientos convulsivos: el aprensivo corre de aqu\u00ed para all\u00ed, como si errante pudiera evitar que el c\u00f3lera le encontrase; el hermano, la esposa, el hijo del que ha muerto o del que va a morir, entran y salen de habitaci\u00f3n en habitaci\u00f3n, acumulando medicinas oportunas y recursos desesperados: el cura no se detiene junto al lecho del difunto; sale despu\u00e9s de murmurar la oraci\u00f3n y se dirige a otro, y despu\u00e9s a otro, y a muchos en la noche: el m\u00e9dico entra, pulsa, mira, escribe tres l\u00edneas, y hace un gesto de esperanza o de duda; baja y sube de nuevo; y en la noche entra, pulsa, escribe, espera y duda infinitas veces. Todo el barrio se mueve; pero calla a la vez. Mil emociones se chocan; mil dolores son ahogados; mil lazos de amor y familia se quiebran; mil almas vuelan; pero todo esto se verifica en silencio, en medio de una calma horrorosa, en medio de un movimiento autom\u00e1tico y vertiginoso. Todo el barrio se mueve; pero calla a la vez. S\u00f3lo un ser (\u00a1fatal excepci\u00f3n!) descansa y ronca en esta noche de muerte: es la partera. En tales noches no nace nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, en medio de esta callada agitaci\u00f3n se escucha un sonido seco, agudo, mon\u00f3tono, acompasado, producido por un hierro que percute sobre otro hierro. Al instante comprender\u00e9is que una mano diab\u00f3lica se ocupa en clavar las tablas de un ata\u00fad; es la mano del fabricante de cajas de difunto que explota laboriosamente una industria que vive de la muerte; es el trabajo que busca la riqueza en el c\u00f3lera, y cada vibraci\u00f3n de aquel hierro indica un poco de oro conquistado a la miseria. Del seno pestilente de una epidemia nace una industria, y multitud de artesanos ganan el sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Industria fatal que florece al abrigo de la muerte!<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras esa industria adquiere pasmoso desarrollo, el l\u00fagubre martilleo que muestra su actividad nos horroriza: cada movimiento de ese p\u00e9ndulo f\u00fanebre indica un paso hacia la otra vida: cada ata\u00fad fabricado indica un aliento extinguido: cada obra concluida es una muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos golpes traen a nuestra mente extra\u00f1as im\u00e1genes, y entre ellas, nuestra propia imagen el d\u00eda en que aquel martillo nos labre el mueble fatal: vemos reunirse las mal pulidas tablas, tomar forma de trapecio: las vemos alargarse seg\u00fan nuestra talla, y estrecharse de un extremo presentando una forma repugnante: vemos que se desarrolla una tela negra, se repliega y las envuelve: vemos unos galones amarillos adaptarse a las aristas: vemos una articulaci\u00f3n y una tapa que cubre el interior y una llave dispuesta a encerrarnos en aquel recinto por una eternidad: vemos la tumba en toda su repugnancia subterr\u00e1nea: sentimos el peso de la tierra: nos estremece el roce de esa fr\u00eda tela de raso que nos adorna interiormente, y el peso de una mano tremenda, de una losa de m\u00e1rmol cuya inscripci\u00f3n llama al transe\u00fante: adivinamos sobre todo esto la corona de tristes flores que se secan adorn\u00e1ndonos; presentimos la Misa y el <em>Requiem<\/em>; presentimos la mirada indiferente del revisador de epitafios, y adivinamos la naturaleza entera sobre nosotros sin que podamos verla: sobre nosotros cae el roc\u00edo; pero no nos refresca: sale la luna; pero no nos ilumina: sobre nosotros llora alguien; pero no sabemos qui\u00e9n es: vemos la muerte, en fin, representada en su parte de tierra, descomposici\u00f3n, l\u00e1grimas, exequias; representada en lo que tiene de este mundo. Nuestra imaginaci\u00f3n llega a este punto por el ata\u00fad, y llega al ata\u00fad por ese pavoroso sonido que lo fabrica; por ese ruido met\u00e1lico, agudo, penetrante, mon\u00f3tono que turba el silencio del barrio. \u00a1Qu\u00e9 horrorosas notas! Decid, se\u00f1ores m\u00fasicos, Palestrina, H\u00e4ndel, Mendelssohn, cu\u00e1ndo hab\u00e9is llevado la imaginaci\u00f3n hasta ese punto. \u00bfHay en vuestras cinco miserables l\u00edneas nada comparable a este dies irae cantado por un martillo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; III &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entremos de lleno en nuestro cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay calle en la villa donde no se encuentre una tienda con un letrero que dice: \u00abCajas y h\u00e1bitos para difuntos.\u00bb Podemos referir nuestro cuento a cada una de esas tiendas y nuestro personaje puede ser cada uno de los que explotan la industria funeraria.<\/p>\n\n\n\n<p>Penetremos en el taller: un hombre robusto y fornido, que debe ser el due\u00f1o del establecimiento, se ocupa en clavar unas tablas largas y estrechas de un extremo: su mano no descansa un momento: su rostro est\u00e1 p\u00e1lido, sin duda porque aquel trabajo le induce a tristes meditaciones: su voz, tr\u00e9mula por el af\u00e1n de concluir tareas interminables, interpela bruscamente a los oficiales que en torno suyo le prestan ardorosa colaboraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos muchachas bien parecidas se entretienen, sentadas en el suelo, en cortar grandes pedazos de tela negra, ya de terciopelo, de raso o de percal. Tres chicos enredan en el suelo y el m\u00e1s peque\u00f1o se cubre con un retazo de pa\u00f1o negro, ahuecando su tierna voz de una manera encantadora, para asustar a sus dos hermanos, que al verle se mueren de risa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya juegan al escondite y el m\u00e1s travieso se oculta en una caja concluida, cuyo recinto repite con eco extra\u00f1o sus infantiles risotadas. Los unos chillan, revolotean en torno a aquellos aparatos de muerte con la misma alegr\u00eda que si estuvieran en el m\u00e1s bello jard\u00edn. Esto no es extra\u00f1o, porque lo mismo revolotea la mariposa junto al rosal que junto al cipr\u00e9s, y los mismos nidos fabrica el p\u00e1jaro en el balc\u00f3n cubierto de enredaderas que en los detalles g\u00f3ticos de un pante\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto el padre descarga con m\u00e1s fuerza su martillo, levanta la frente inundada de sudor y exclama con dureza, dirigi\u00e9ndose a las muchachas, que se distraen con el juego de los ni\u00f1os:<\/p>\n\n\n\n<p>-Trabajad, holgazanas; \u00bfhe de llevar yo esta vida de perros para manteneros, mientras vosotras os cruz\u00e1is de brazos para ver enredar a esos chicos? Llevadlos fuera; que la hermana m\u00e1s peque\u00f1a deje el sue\u00f1o; trabajad todas; ayudad a vuestro padre, que en ocho d\u00edas no ha descansado un solo momento.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero, se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 os desvel\u00e1is de esa manera? \u00bfNo hemos sacado un premio en la loter\u00eda, no tenemos lo suficiente para vivir con comodidad?<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY porque tengo dinero he de dejar mi trabajo?<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotras aspir\u00e1is, sin duda, a salir de la posici\u00f3n en que nos encontramos. Quer\u00e9is ser se\u00f1oritas, vestir seda, ir a los teatros, arrastrar cola y llenaros la cabeza de perendengues&#8230; no; no dejar\u00e9 mi oficio aunque herede las minas de California.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero pudierais descansar, trabajar poco, despedir la mitad de los que vienen a haceros encargos.<\/p>\n\n\n\n<p>-No: mi deber es equipar a todos los que mueren. \u00bfTengo yo la culpa de que caigan tantos pedidos sobre mi casa? \u00bfHe de negar a mis semejantes este \u00faltimo mueble? Y en cuanto a la industria que ejerzo, \u00bfhe de oponerme al desarrollo que toma en estos d\u00edas? Bueno fuera que no me resarciera de los perjuicios que me ha ocasionado la elecci\u00f3n de este endiablado oficio. Ved a mis dos vecinos, carpinteros como yo, que han ganado millones en \u00e9pocas en que yo he vivido de miseria. Ellos explotan la industria que vive de la vida; yo la industria que vive de la muerte. Ellos fabrican muebles de lujo y comodidades; sillones, butacas, tocadores, estantes, consolas; yo fabrico ata\u00fades; cuando ellos se han enriquecido, yo me he contentado con un mal vivir; ahora gano yo y ellos no ven entrar en sus tiendas un maraved\u00ed. Alabemos a la divina Providencia, que reparte sus bienes a todos los seres y protege todos los modos de subsistir, que hace alternar las \u00e9pocas de prosperidad con las \u00e9pocas de consternaci\u00f3n, para que nosotros, los que de \u00e9sta vivimos, no muramos de miseria. Yo he le\u00eddo no s\u00e9 en qu\u00e9 libro, que Dios permite las inundaciones para que los infelices grajos no se mueran de hambre, y permite los naufragios para dar alimento a los infelices peces, que gustan de nuestra carne. \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1o es que permita el c\u00f3lera para que prospere una industria que anda de capa ca\u00edda la mayor parte del a\u00f1o?<\/p>\n\n\n\n<p>Las muchachas se convencieron y el padre respir\u00f3 ruidosamente, satisfecho de su peroraci\u00f3n. En tanto el barrio continuaba aterrado por el c\u00f3lera, el c\u00f3lera continuaba haciendo v\u00edctimas, las v\u00edctimas pidiendo ata\u00fades y los ata\u00fades resonando heridos por aquellos malditos martillos que no dejan de sonar nunca. Aquella percusi\u00f3n mon\u00f3tona, perenne, sigue enumerando las partidas de una funesta suma que va creciendo, siempre creciendo, sin que adivinemos su fin. Aquella nota vibrada por un hierro contin\u00faa presentando a nuestra imaginaci\u00f3n la idea de la muerte en la parte que tiene de descomposici\u00f3n, de tierra, de l\u00e1grimas, de exequias; en la parte que tiene de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que para atormentar a un criminal a quien no se quiso arrancar la vida, se le encerr\u00f3 en una celda, a donde no llegaba la voz de ning\u00fan ser viviente; cuidaron de que ning\u00fan rumor externo llegase a sus o\u00eddos y en el techo de la celda colocaron un rel\u00f3 cuyo p\u00e9ndulo marcaba con horrorosa monoton\u00eda los segundos y prolongaba un sonido seco, penetrante, acompasado siempre, por espacio de horas, d\u00edas, meses y a\u00f1os. Ese criminal se volvi\u00f3 loco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; IV &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La tempestad impera en el mundo mucho menos tiempo que la calma. El reinado de la epidemia es corto si se le compara al reinado de la salud. Llega una hora en que el cielo, cargado de miasmas delet\u00e9reos, se purifica: las espesas nubes que sobre la ciudad consternada derramaban un germen mort\u00edfero son impelidas hacia el horizonte por las auras refrigerantes: los p\u00e1jaros ausentes, que una atm\u00f3sfera corrompida hab\u00eda ahuyentado de Madrid, aparecen en bandadas; se acercan cantando a los extremos de la poblaci\u00f3n; revolotean en torno a las fuentes, en torno a los \u00e1rboles; invaden en un gracioso torbellino los jardines de la plaza de Oriente, y acarician y festejan a sus antiguos amigos, el caballo de bronce y su jinete el se\u00f1or D. Felipe IV; se re\u00fanen, como si tomaran una consigna, se arremolinan, fluct\u00faan, vacilan en la direcci\u00f3n que han de tomar, y al fin se esparcen, se extienden en grupos traviesos por todas las calles, saludando en un concierto de alas suavemente agitadas, de trinos sonoros, la convalecencia de la gran ciudad que hace tiempo viv\u00eda en la tristeza, sin salud y sin p\u00e1jaros.<\/p>\n\n\n\n<p>En tanto la alegr\u00eda vuelve a todos los semblantes: an\u00edmanse las reuniones p\u00fablicas: despiertan los que a\u00fan viven de su sue\u00f1o de abatimiento: el coraz\u00f3n late ensanchado y el est\u00f3mago adquiere el dominio de s\u00ed mismo: las inteligencias tienden de nuevo al vuelo, dirigi\u00e9ndose hacia la verdad o hacia el error: circula todo lo que estaba paralizado: mu\u00e9vese todo lo que permanec\u00eda inerte: comienza a vivir todo lo que vegetaba: se piensa, se ama, se odia, se intriga de nuevo, porque ha desaparecido la inacci\u00f3n que petrificaba al cuerpo y la zozobra que entorpec\u00eda el esp\u00edritu. La chismograf\u00eda vuelve a lanzar sus flechas sutiles ya envenenadas, y la pol\u00edtica a tejer de nuevo sus lazos artificiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>El barrio descansa al parecer tranquilo: duerme el m\u00e9dico, el farmac\u00e9utico, el sacrist\u00e1n, el cura, el monago: sin duda ha concluido el periodo de muerte. Notamos agitaci\u00f3n y movimiento en una casa, y preguntamos llenos de zozobra: \u00ab\u00bfSe muere alguien ah\u00ed?\u00bb y nos contestan: \u00abNo: ha nacido un&#8230;\u00bb \u00a1Nacer! \u00a1Gracias a Dios que nace algo! Regocij\u00e9monos, porque el imperio de la muerte ha concluido y comienza el periodo de la felicidad. El cielo est\u00e1 despejado, los p\u00e1jaros vuelven y los ni\u00f1os nacen. Estamos en plena vida: ya podemos amar, odiar, pensar, sentir, en una palabra, vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no: a\u00fan resuena el martillo; a\u00fan vemos la mano diab\u00f3lica de ese artefacto de la muerte reunir las toscas tablas, alargarlas, revestirlas de un pa\u00f1o negro, guarnecerlas con franjas amarillas, articular una tapa; a\u00fan vemos que encierran all\u00ed algo parecido a un ser humano, dan vuelta a una llave y lo introducen todo en un agujero profundo que tapan con yeso y ladrillos; a\u00fan escuchamos la voz de nuestro personaje que increpa severamente a las j\u00f3venes que inclinan sus cabezas rendidas por el cansancio y el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>-Aprovechemos, dice, las \u00faltimas horas de nuestra prosperidad. Equipemos convenientemente al \u00faltimo caso. Reniego de mi oficio. Volaron los d\u00edas felices de mi industria. \u00a1Maldito oficio, cu\u00e1n corto es tu reinado! Ayudadme, porque siento alguna desaz\u00f3n. Daos prisa, que el ata\u00fad del se\u00f1or duque de X&#8230;, que tengo entre manos, ha de ser lo m\u00e1s lujoso que salga de mi taller&#8230; (Este maldito dolor de est\u00f3mago&#8230;) Cortad bien el terciopelo, no manch\u00e9is los talones&#8230; (De buena gana tomaba una taza de t\u00e9.) Este era el \u00faltimo trabajo, no me queda duda: el duque es el \u00faltimo caso. (Siento unas n\u00e1useas&#8230;) \u00a1El \u00faltimo caso! Adi\u00f3s ganancia, prosperidad, vida. (Sentir\u00eda tener que dejar esta obra maestra.) En efecto, es una l\u00e1stima la p\u00e9rdida de ese excelente se\u00f1or&#8230; no dir\u00e1 que le alojo mal. \u00a1Qu\u00e9 admirable obra de arte! \u00a1Qu\u00e9 terciopelo! \u00a1Qu\u00e9 raso! \u00a1Qu\u00e9 galones! Este es un ata\u00fad verdaderamente real. Los ricos hasta en la muerte han de brillar m\u00e1s que nosotros: (yo no estoy bueno, no). \u00a1Qui\u00e9n fuera rico! La cabeza me da vueltas, siento un marco&#8230; \u00a1Oh! Si yo fuera rico, vivir\u00eda en un palacio como ese duque, morir\u00eda en un magn\u00edfico lecho y me har\u00eda enterrar en un ata\u00fad tan suntuoso como \u00e9ste&#8230; (\u00a1Qu\u00e9 fr\u00edo sudor corre por mi frente! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 esto?) No crea el respetable duque que le bajar\u00e1 de cuatro mil reales este c\u00f3modo mueble&#8230; (Todo mi cuerpo se enfr\u00eda, y me abandonan las fuerzas, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 esto?) S\u00ed: \u00a1cuatro mil reales! \u00a1Oh c\u00f3lera, c\u00f3lera, a buen precio me has de pagar tu \u00faltima v\u00edctima! \u00a1Cuatro mil reales! Es una suma regular para concluir&#8230; pero aqu\u00ed acaban los d\u00edas felices de mi industria; adi\u00f3s ganancia, prosperidad, vida&#8230; (pero \u00bfqu\u00e9 es esto? Yo me siento desfallecer&#8230;) Hijas, venid&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ces\u00f3 de clavar, y cay\u00f3 al suelo despu\u00e9s de vacilar un instante. El horrible martillo call\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente se agolpa a la puerta de la tienda, atra\u00edda por los gritos dolorosos de las muchachas, al\u00e1rmase el barrio, enc\u00e1ranse los vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ha sucedido?<\/p>\n\n\n\n<p>-Nada de particular. Le ha dado el c\u00f3lera al fabricante de ata\u00fades de nuestra parroquia.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Miren que casualidad! \u00a1Despu\u00e9s de haber equipado a tantos! Ya no oiremos sus espantosos martillazos. \u00a1Dios le perdone un pecado por cada ata\u00fad que fabric\u00f3!<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos se meten en sus casas y los curiosos siguen su camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; V &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al siguiente d\u00eda la animaci\u00f3n y la alegr\u00eda reinan en todos los talleres de la vida. El lujo reaparece en la tienda del joyero, del tejedor y del ebanista. Ostentan las flores artificiales su eterna frescura plantadas en un capote o en un sombrero, y los diamantes resplandecen sobre el fondo rojo de un estuche, cuyas dos tapas se abren como dos mand\u00edbulas hambrientas. Desenvu\u00e9lvense en los escaparates de la calle de Espoz y Mina pabellones de encaje y blondas extendidas como una red, dispuesta a coger traviesos antojos femeniles, y en otra parte se amontonan profusamente corbatas, hebillas, alfileres, cinturones, peinetas y todos los detalles de tocador que, aunque parecen a primera vista insignificantes, sirven para dar a una belleza un toque delicado que decide de una gran victoria amorosa, o de una conquista de voluntades masculinas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el taller del carpintero vemos levantarse de nuevo radiante de luz el astro de los salones, el espejo: circundado de oropeles extiende su tersa superficie, fiel modelo de perpetua atenci\u00f3n y discreto olvido que observa sin recordar reflejando cuantos cuadros alegres o tristes, escandalosos o ejemplares, se componen ante su vista; vemos cubrir el sill\u00f3n y el sof\u00e1 un descarnado costillaje con muelles cojines que se hinchen para sostener nuestros cuerpos y calentarlos, vemos la consola extender su plancha de m\u00e1rmol para sustentar los jarros de porcelana, los vasos de cristal y los relojes de bronce: la reaparici\u00f3n de todas estas piezas elaboradas continuamente para satisfacer el capricho, la vanidad o la moda son otros tantos s\u00edntomas de vida que anuncian la salud de la gran ciudad. Y este desarrollo, este despertar de las industrias que se alimentan de nuestra vida, se hace al comp\u00e1s alegre de martillos sonoros, cuyo timbre no nos horroriza, ni trae a nuestra mente otras im\u00e1genes que la de una felicidad que sustituye a la desgracia y las de la paz bulliciosa que sucede a la calma sombr\u00eda y aterradora de los periodos de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El arte fatal que acumul\u00f3 riquezas en los d\u00edas de consternaci\u00f3n, ha muerto. Entre fragmentos de ata\u00fades rudimentarios y girones de pa\u00f1o negro est\u00e1 el cad\u00e1ver del artesano que era su personificaci\u00f3n; y en su mano estrecha a\u00fan el martillo que cont\u00f3 los segundos de reinado de su \u00e1ngel tutelar, el c\u00f3lera. Ya no escuchamos el ruido espantoso de su hierro, ni tampoco el eco de su voz interpelando rudamente a sus hijas y a sus compa\u00f1eros de labor.<\/p>\n\n\n\n<p>Su maldito oficio le abandona. Los oficiales han huido despavoridos del taller fatal, y en la casa no hay un ata\u00fad donde enterrar aquel pobre cuerpo que el d\u00eda anterior se agitaba en una afanosa tarea. Las hijas se dirigen llorosas al taller vecino, donde reina la alegr\u00eda y se respira una atm\u00f3sfera de felicidad. Entran y suplican al due\u00f1o de la tienda que labre para su padre el triste mueble que \u00e9ste hizo para todos y no para s\u00ed, pero su voz no es escuchada: el trabajo que se alimenta de la vida no abandona un momento su actividad incesante, y el ruido alegre de sus herramientas de la prosperidad no permiten que sean escuchados los lamentos de la desgracia. En vano se pide a la industria vivificadora que sirva a la industria f\u00fanebre, cuyo reinado sobre la gran ciudad ha concluido. La vida no quiere encargarse de equipar a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Las hijas del difunto vuelven al taller, donde entre despojos se extiende el cad\u00e1ver del industrial de ayer, e intentan construir lo que la mano pr\u00f3diga de su padre ofreci\u00f3 a los muertos de la vecindad; pero es en vano. La madera, al parecer petrificada, se niega a admitir entre sus fibras el clavo tenaz; \u00e9ste resiste el golpe del martillo, y se retuerce, y se contrae antes que penetrar en la madera; la tela huye de la mano que intenta asirla, y se resbala, repleg\u00e1ndose. El hierro, la madera, el tejido se rebelan contra la muerte, y no quieren continuar a su servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas no es justo que el padre de los ata\u00fades no tenga siquiera un miserable caj\u00f3n donde ser sepultado. La Providencia divina le ofrece uno, el m\u00e1s bello de todos, el que construy\u00f3 para el duque su vecino, a quien \u00e9l llamaba <em>el \u00faltimo caso<\/em>. El enfermo se ha salvado, y sus hijos, que intentaban quemar el f\u00e9retro, le regalan a su constructor, al saber que \u00e9ste no tuvo la precauci\u00f3n de hacer el suyo. Est\u00e1 sin estrenar, su terciopelo se conserva limpio y terso y sus galones brillantes, dispuesto a reflejar en l\u00fagubres cambiantes las antorchas de un funeral.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor es depositado en su obra maestra, en aquel perfecto y acabado mueble que, seg\u00fan \u00e9l, estaba destinado a contener <em>el \u00faltimo caso<\/em>. Parec\u00eda que lo ocupaba con satisfacci\u00f3n. El oficio que vivi\u00f3 de la muerte expir\u00f3 al renacer el trabajo pr\u00f3spero, y fue enterrado en su \u00faltima obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cruzar el lujoso f\u00e9retro las calles del barrio, el pueblo exclama alegre:<em>ah\u00ed va el \u00faltimo caso<\/em>. Mas esta alegr\u00eda del pueblo no era un imp\u00edo sarcasmo. Aquel hombre era la personificaci\u00f3n del c\u00f3lera, y el c\u00f3lera hab\u00eda muerto. Justo era que los vivos se alegraran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8211; VI &#8211;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los que le acompa\u00f1aban aseguran que dentro del ata\u00fad resonaba un golpe seco, agudo, mon\u00f3tono, producido, al parecer, por un hierro que percut\u00eda sobre otro hierro, como si el muerto remachara por dentro los clavos con el martillo que nadie hab\u00eda podido separar de su mano. Aseguran que aun encerrado en el nicho se o\u00eda la misma percusi\u00f3n, y los habitantes del barrio, que durante las sombr\u00edas noches del c\u00f3lera se desvelaban al rumor de aquella sinfon\u00eda pavorosa, sienten a\u00fan las mismas notas agudas, discordantes, precisas, que turbaron el silencio de aquellas noches, y las oyen siempre, procedentes del mismo taller que hoy est\u00e1 cerrado, como si algo invisible viniera por las noches a agitar all\u00ed la herramienta fatal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Ruido extra\u00f1o, que sobrepuja en expresi\u00f3n al del arte de ritmos y compases! \u00bfCu\u00e1ndo han podido esos envanecidos m\u00fasicos crear notas de tan maravilloso efecto?<\/p>\n\n\n\n<p>En nosotros han producido \u00e9ste. El c\u00f3lera se nos ha presentado por su lado musical. Todo lo creado tiene su armon\u00eda. Se ha estudiado el c\u00f3lera en su influencia climat\u00e9rica: se le ha estudiado econ\u00f3micamente: se le ha estudiado en su terror, en su contagio, en su histeria. \u00bfPor qu\u00e9 no se le ha de estudiar en su m\u00fasica? El ata\u00fad es su caja sonora y el martillo su plectro. Algunos han visto el c\u00f3lera de cerca, otros le han sufrido, otros le temen y otros le palpan. \u00bfPor qu\u00e9 no ha de haber quien le oiga? S\u00ed, le ha o\u00eddo quien tiene la man\u00eda de atender siempre a la parte musical de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid 20 de Noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>B. P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un hombre c\u00e9lebre dijo en cierta ocasi\u00f3n que la m\u00fasica era el ruido que menos le molestaba. Aunque nos tache de profanos alg\u00fan mel\u00f3mano, no nos atrevemos a condenar esta aserci\u00f3n como un desatino, porque no creemos que se perjudique a la m\u00fasica uni\u00e9ndola al ruido, ni que sea se\u00f1al de poca cultura el confundir al arte divino con su salvaje compa\u00f1ero; mejor dicho, con su engendrador. <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7225,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42,3,4],"tags":[],"class_list":["post-7191","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Un hombre c\u00e9lebre dijo en cierta ocasi\u00f3n que la m\u00fasica era el ruido que menos le molestaba. Aunque nos tache de profanos alg\u00fan mel\u00f3mano, no nos atrevemos a condenar esta aserci\u00f3n como un desatino, porque no creemos que se perjudique a la m\u00fasica uni\u00e9ndola al ruido, ni que sea se\u00f1al de poca cultura el confundir al arte divino con su salvaje compa\u00f1ero; mejor dicho, con su engendrador.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-10-07T01:53:00+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"630\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Benito\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Benito\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"29 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"datePublished\":\"2010-10-07T01:53:00+00:00\",\"dateModified\":\"2010-10-07T01:53:00+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\",\"url\":\"\",\"contentUrl\":\"\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"description\":\"\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\",\"name\":\"Benito\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Benito\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/batallitas.es\/galdos\"],\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","og_description":"Un hombre c\u00e9lebre dijo en cierta ocasi\u00f3n que la m\u00fasica era el ruido que menos le molestaba. Aunque nos tache de profanos alg\u00fan mel\u00f3mano, no nos atrevemos a condenar esta aserci\u00f3n como un desatino, porque no creemos que se perjudique a la m\u00fasica uni\u00e9ndola al ruido, ni que sea se\u00f1al de poca cultura el confundir al arte divino con su salvaje compa\u00f1ero; mejor dicho, con su engendrador.","og_url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/","og_site_name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","article_published_time":"2010-10-07T01:53:00+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":630,"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Benito","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"Benito","Tiempo de lectura":"29 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/","name":"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","isPartOf":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","datePublished":"2010-10-07T01:53:00+00:00","dateModified":"2010-10-07T01:53:00+00:00","author":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage","url":"","contentUrl":""},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulos-una-industria-que-vive-de-la-muerte-episodio-musical-del-colera-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"[Art\u00edculos] Una industria que vive de la muerte; episodio musical del c\u00f3lera, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/","name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","description":"","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25","name":"Benito","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","caption":"Benito"},"sameAs":["https:\/\/batallitas.es\/galdos"],"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7191","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7191"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7191\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7191"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7191"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7191"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}