{"id":7195,"date":"2010-11-07T06:30:00","date_gmt":"2010-11-07T05:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=7195"},"modified":"2025-01-13T07:08:58","modified_gmt":"2025-01-13T07:08:58","slug":"articulo-la-mujer-del-filosofo-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-la-mujer-del-filosofo-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] La mujer del fil\u00f3sofo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>D<\/strong>os causas determinan, principalmente, el car\u00e1cter de las personas: las cualidades innatas, o las que nacen y se desarrollan en la naturaleza a consecuencia de la educaci\u00f3n y del trato. Son \u00e9stas las que, por lo general, enaltecen o rebajan el alma de la mujer, que, m\u00e1s flexible y movediza que su compa\u00f1ero, en goces y desdichas, cede, prontamente, a la influencia exterior, adopta las ideas y los sentimientos que se le imponen, y concluye por no ser sino lo que el hombre quiere que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer aislada, sobre todo en nuestro pa\u00eds, donde la emancipaci\u00f3n de tan privilegiado ser no ha pasado de los c\u00f3digos de alguna asociaci\u00f3n extravagante, ofrece bien escasos tipos a la investigaci\u00f3n del hombre observador y curioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Para explorar con fruto en la muchedumbre femenil, es preciso considerar a la mujer unida, formando, ya la pareja social y siendo un reflejo de las locuras o de las sublimidades del hombre. \u00a1Y qu\u00e9 singular aspecto ofrecen las cualidades de \u00e9ste, pasando al trav\u00e9s del car\u00e1cter de su compa\u00f1era, como pasa la luz, descomponi\u00e9ndose y alter\u00e1ndose, al trav\u00e9s del cristal! Habr\u00e9is visto, muchas veces, pasearse por la escena del mundo, al avaro, al hip\u00f3crita, al mentiroso, y a otros muchos, m\u00e1s o menos raros. Todo esto es muy curioso; pero \u00a1cu\u00e1nta mayor extra\u00f1eza no ofrecen tales y tan feos o risibles vicios, si encarnados en el alma de un hombre, se proyectan, dig\u00e1moslo as\u00ed, como sombras, sobre el alma de una mujer, sin contaminarla! Es de suponer que m\u00e1s de una vez habr\u00e9is fijado la atenci\u00f3n con asombro, en esos seres desdichados que el mundo designa llam\u00e1ndoles la&nbsp;<em>mujer del avaro,&nbsp;<\/em>la&nbsp;<em>mujer del&nbsp;<\/em>hip\u00f3crita, pobres hembras que en s\u00ed no son ni avaras ni hip\u00f3critas, pero que, por vivir unidas a quien posee cualquiera de aquellas fealdades morales, se distinguen de las dem\u00e1s de su sexo, y son una especialidad, como otras muchas marcadas, desde el nacer, con indeleble sello. Son el marido mismo, imperfectamente reproducido; son un facs\u00edmil incorrecto, una aberraci\u00f3n fotogr\u00e1fica, una vislumbre, una caricatura, si se quiere.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estas consideraciones hemos hecho buscando entre la multitud de hembras de todas clases que pueblan y regocijan el suelo de la cat\u00f3lica Espa\u00f1a, una que se distinguiera, entre todas las de su sexo, por un desmedido amor a los trabajos especulativos; y dig\u00e1moslo, en honor de la verdad, casi en honor suyo, no la hemos encontrado. La filosofante no existe: este monstruo no ha sido abortado af\u00edn por la sociedad, que, sin duda, a pesar de la turbaci\u00f3n de los tiempos, no ha encontrado materiales para fundirla en la misma turquesa de donde sali\u00f3, hace medio siglo, la literata sentimental, y hace treinta a\u00f1os, la poetisa rom\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que hace poco ha aparecido una excrecencia informe, una aberraci\u00f3n que se llama la mujer sufragista; y puede ser que las fuerzas generadoras de la naturaleza hayan lanzado al mundo en este tipo un esbozo de la filosofante que ha de venir, cuando Dios se fuere servido de fustigar con nuevos azotes, este tan apaleado linaje a que pertenecemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sea lo que quiera, ello es que la mujer consagrada a las investigaciones de la idea pura no existe, por lo menos entre nosotros. Aun no tenemos noticia de que haya sido el terror de cualquier barrio de Madrid, una&nbsp;<em>krausista,&nbsp;<\/em>una&nbsp;<em>hegeliana,&nbsp;<\/em>una&nbsp;<em>cartesiana&nbsp;<\/em>o una&nbsp;<em>Peripat\u00e9tica. El&nbsp;<\/em>\u00fanico ser que alguna semejanza pudiera tener con las anteriores personalidades enteramente convencionales, es&nbsp;<em>la mujer del fil\u00f3sofo, y&nbsp;<\/em>a tan desdichado cu\u00e1n an\u00f3malo ejemplar de la rareza humana, vamos a consagrar este cap\u00edtulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed viene, como anillo al dedo, el nombrar a Do\u00f1a Mar\u00eda de la Cruz Magall\u00f3n y Valtorres, mujer casada, por lo religioso y lo civil&nbsp;<em>(aeclesia et republica)&nbsp;<\/em>con uno de los m\u00e1s estupendos sabios de estos tiempos; hombre que, a tantas y tantas calidades propias de su inteligencia, a\u00f1ade la de ser bibli\u00f3filo, anticuario y rebuscador de papeles viejos, con lo cual dicho se est\u00e1 que calienta una silla en cada uno de esos panteones que se llaman Academias, y goza, entre los doctos, de un prestigio parecido al que inspiraban aquellos antiguos or\u00e1culos tan ininteligibles como graves, y objeto siempre de admiraci\u00f3n ciega y supersticiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien; el doctor X inspira a cuantos le rodean, un sentimiento parecido a la superstici\u00f3n, y la persona m\u00e1s fascinada es su consorte, que se considera puesta a gran altura sobre las dem\u00e1s de su sexo, por estar enlazada con var\u00f3n tan por encima de los otros mortales.<\/p>\n\n\n\n<p>Este matrimonio vive modestamente, aunque sin estrechez, porque el lujo chocar\u00eda de frente con los fueros de la filosof\u00eda, y la miseria es exclusivo don de poetas y literatos, alcanzando rara vez a los acad\u00e9micos y a los \u00e1rcades. No tienen hijos, pues a nadie se esconde que los fil\u00f3sofos s\u00f3lo se reproducen de peras a higos y en muy contadas ocasiones, por contener en sus naturalezas contemplativas la menor cantidad posible de animal. Aquel hogar no se parece a hogar alguno, del mismo modo que el fil\u00f3sofo no tiene punto de semejanza con ninguna otra curiosidad de la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos est\u00e1 vedado penetrar en ciertas interioridades del matrimonio; pero aun sin necesidad de hacer exploraciones indiscretas, sabemos que el doctor X se consagra, noche y d\u00eda, a sus estudios, sumergi\u00e9ndose en cuerpo y alma en el oc\u00e9ano sin fondo de la idea. En tan fatigosa tarea, el buen hombre se consume y adelgaza; el desarrollo excesivo de sus facultades mentales impide en \u00e9l todo otro desarrollo, y cada vez es m\u00e1s esp\u00edritu y menos materia, seg\u00fan su gr\u00e1fica expresi\u00f3n. El d\u00eda no tiene bastantes horas para su trabajo, ni la l\u00e1mpara de la noche suficiente petr\u00f3leo para alumbrar su incesante lectura, escritura o meditaci\u00f3n. Revuelve mil libros, hojea c\u00f3dices, saca apuntes, escribe cuartillas, y se enflaquece, como si cada idea le sacara del cuerpo una buena porci\u00f3n de su natural substancia. A\u00f1\u00e1dase a esto que es sobrio sobre toda ponderaci\u00f3n, m\u00e1s en el beber que en el comer, y se comprender\u00e1 c\u00f3mo el doctor X va, paso a paso, encaminado a asimilar su naturaleza con la de un exprimido y enjuto bacalao.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en tanto (\u00a1oh falta de equilibrio!) do\u00f1a Mar\u00eda de la Cruz engorda m\u00e1s cada d\u00eda, y rebosa salud por todos sus poros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasa un a\u00f1o y otro, y la mujer del fil\u00f3sofo no tiene hijos a pesar de desearlos ardientemente, aunque no sea m\u00e1s que uno, que perpet\u00fae las glorias de su padre. La infeliz contempla el perenne af\u00e1n de su esposo, advierte c\u00f3mo se espiritualiza y adelgaza el sabio entre los sabios, y cada d\u00eda se aburre m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Este aburrimiento va creciendo y apoder\u00e1ndose de su esp\u00edritu. La mujer del fil\u00f3sofo tambi\u00e9n tiene sus horas contemplativas y sus momentos de profunda abstracci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A su casa no van m\u00e1s que sabios, pero \u00a1qu\u00e9&nbsp; sabios!, acad\u00e9micos de todas las corporaciones conocidas y alg\u00fan disc\u00edpulo con antiparras, amarillo como un c\u00f3dice y desabrido como un sistema filos\u00f3fico. Ninguno de estos seres saca a Do\u00f1a Mar\u00eda de la Cruz de su aburrimiento, as\u00ed como tampoco el buen doctor X, que, cuando se encuentra a solas con ella, y en los breves momentos que le deja libre el trabajo, le explica complicadas teor\u00edas sobre la naturaleza y el esp\u00edritu. El tiene costumbre de relacionar siempre el efecto con la causa en todos los accidentes de la vida; pero esto no es entretenimiento para la melanc\u00f3lica esposa, que cada d\u00eda se aburre m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y para que comprendas, lector amigo, la magnitud de su hast\u00edo, a\u00f1adir\u00e9 algunas noticias acerca de las relaciones de Do\u00f1a Cruz. Sus amigas son:<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Antonia Cazuelo de la Piedra, mujer del investigador de antig\u00fcedades prehist\u00f3ricas.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Pepita Ariana de los Vedas, hija del profesor de s\u00e1nscrito.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Rebeca Talmud, hermana del hebraizante.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Rosa de los Vientos, esposa del principal astr\u00f3nomo del Observatorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Margarita Romero y la Zarza, hermana del profesor de Bot\u00e1nica.<\/p>\n\n\n\n<p>En las casas de todas estas veneradas personas suele haber reuniones \u00edntimas, sobre las cuales los respectivos sabios que habitan all\u00ed, proyectan triste y fat\u00eddica sombra. En casa de los Cazuelo de la Piedra, el ni\u00f1o recita por las noches la conjugaci\u00f3n griega, para que la tertulia admire precocidad tan inveros\u00edmil. En casa del profesor de s\u00e1nscrito, Pepita hace minuciosa relaci\u00f3n de la ceremonia del \u00faltimo grado conferido en la Universidad, y pasa revista a todas las togas rojas, amarillas o azules que exornaban tan interesante escena. En casa del hebraizante, su hermana no puede eximirse de referir los triunfos acad\u00e9micos de aqu\u00e9l, el n\u00famero de pr\u00f3logos que lleva escritos, para apadrinar otros tantos libros, y la cantidad de ediciones de sus obras que han hecho los libreros de Leipzig y Francfort. \u00a1Ciencia, ciencia por todas partes, en casa y fuera de casa! Do\u00f1a Cruz se aburre m\u00e1s cada d\u00eda, y remedando a su esposo en las aficiones contemplativas, busca consuelo en la soledad, y se extas\u00eda evocando alg\u00fan recuerdo de cosa ignorante, profana e iliteraria, que endulce tan desabrida existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas ideas, Do\u00f1a Cruz se asoma al balc\u00f3n de su casa y contempla con arrobamiento la muchedumbre que va y viene, el vulgo alegre, movible, ajeno a las abstracciones, y que no estudia, ni escribe, ni se consume d\u00eda por d\u00eda. Do\u00f1a Cruz siente una admiraci\u00f3n instintiva hacia todo lo que es ignorante, y aborrece aquella perfecci\u00f3n intelectual que distingue a su consorte de las dem\u00e1s curiosidades de la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sigue \u00e9l adelgaz\u00e1ndose y consumi\u00e9ndose, y ella echando carnes y reventando de salud y lozan\u00eda. Pasan arios y ning\u00fan hijo viene a hacer menos tristes y sopor\u00edferas las horas de este matrimonio. Est\u00e1 escrito que el fil\u00f3sofo no ha de reproducirse, y que en la tierra no ha de quedar un v\u00e1stago para perpetuar las abstracciones del uno y los tormentos de la otra. Ella, que se cree de una fecundidad prodigiosa, est\u00e1 destinada a no ser madre. \u00a1Terrible privaci\u00f3n! En vano su esposo le explica un d\u00eda en que, por casualidad, hablan de este asunto, la teor\u00eda de las M\u00f3nadas de Leibnitz. Ella no entiende de m\u00f3nadas, y llora la esterilidad de una uni\u00f3n formada por dos seres de tan diversa naturaleza y esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero llega un momento en la vida de nuestra hero\u00edna, en el cual se para, piensa, calcula y toma una resoluci\u00f3n definitiva. Conviene hacer aqu\u00ed una bifurcaci\u00f3n, es decir, considerar lo que har\u00eda la mujer del fil\u00f3sofo en dos casos distintos, seg\u00fan los sentimientos y la educaci\u00f3n que le supongamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar al apogeo del aburrimiento (y sabido es que la mujer puede hacer frente al peligro y a la desgracia, pero jam\u00e1s al hast\u00edo), al llegar a ese instante supremo en que es dif\u00edcil aguantar m\u00e1s tiempo el peso de la cruz que se lleva a cuestas, la esposa del doctor X puede seguir dos caminos: o llenarse de resignaci\u00f3n y seguir adelante, o cortar por lo sano y romper los lazos morales y sociales, volviendo la espalda a dos cosas igualmente austeras, la moral y la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la mujer del fil\u00f3sofo es una de esas naturalezas impresionables y nerviosas, de f\u00e1cil voluntad y dispuestas a dejarse arrastrar por cualquier arrebato de pasi\u00f3n o despecho, entonces es probable que busque fuera de casa lo que en ella no ha podido encontrar, y abandone para siempre la compa\u00f1\u00eda de tan extra\u00f1o ser. Incapaz de elevar su esp\u00edritu a las regiones de lo absoluto, tira a lo vulgar, como la cabra al monte; no comprende lo meritorio que ser\u00eda unir, hasta el fin, su existencia a la de aquel buen hombre tan superior, por la inteligencia, a los dem\u00e1s de su especie, y huye buscando, lejos del santo hogar de la ciencia, las distracciones y los placeres que all\u00ed no existen. No puede soportar el fastidio, cree que tiene derecho a la mitad de las horas y a la mitad de la atenci\u00f3n que su esposo consagra a abstrusas cavilaciones. Es orgullosa y ego\u00edsta. La gloria no vale m\u00e1s que ella; todo lo quiere para s\u00ed; no comprende que quepa en el hombre otro amor que el de la mujer, ni otro anhelo que el de contentarla. Turbada, desalentada y ciega, da el paso fatal y no vuelve m\u00e1s al buen camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si, por el contrario, la mujer del fil\u00f3sofo es persona que tiene alta idea del deber y recta conciencia; si tiene en el fondo del alma esa fuerza incontrastable que vence las moment\u00e1neas y seductoras alteraciones nerviosas; si sabe sobreponer la voz serena de su raz\u00f3n a la chillona algarab\u00eda de los sentidos que clama sin cesar en momentos de turbaci\u00f3n moral y de duda, entonces inclinar\u00e1 la cabeza respetando el destino y las conveniencias sociales, se encerrar\u00e1 en la triste vivienda, continuando en el desempe\u00f1o de su fastidioso papel, con cristiana resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Y cuidado si es triste su casa! All\u00ed, ni un ni\u00f1o que juegue, ni un perro que ladre; ning\u00fan extra\u00f1o y disonante rumor ha de turbar el silencio profundo en que necesita vivir la inteligencia del sabio. Algunas flores crecen, tristes y descoloridas, en un balc\u00f3n, esforz\u00e1ndose en alegrar aquel recinto. Los d\u00edas son m\u00e1s largos all\u00ed adentro, y las noches parece que no tienen fin. El tic-tac de un reloj est\u00e1 diciendo continuamente los instantes de tristeza que transcurren, y all\u00ed la uniformidad es la vida, y el fastidio es un sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, algo se ha de hacer para calmar la impaciencia y natural inquietud de que la mujer del fil\u00f3sofo est\u00e1 pose\u00edda. Anhelando ejercitar las fuerzas de su esp\u00edritu, en alguna cosa, se hace mojigata, y ya la ten\u00e9is metida en el golfo de las m\u00e1s obscuras abstracciones, casi lo mismo que su esposo. Pasa todos los d\u00edas cuatro horas en la iglesia,&nbsp;<em>comi\u00e9ndose a Cristo por los pies,&nbsp;<\/em>como vulgarmente, y de un modo muy gr\u00e1fico, se dice. Goza mucho contemplando la faz amarilla y charolada de este y del otro santo, y se entretiene en aquel inocente y soso comercio, con las im\u00e1genes, atiborr\u00e1ndose de letan\u00edas, rosarios, novenas, cuarenta horas y dem\u00e1s refrigerios espirituales. Su marido, entre tanto, se guarda muy bien de cohibir tan inofensivo pasatiempo, y como advierte que ella se va volviendo cada vez m\u00e1s austera, m\u00e1s agria y sobre todo m\u00e1s impertinente, \u00e9l, por su parte, se va encerrando m\u00e1s dentro de su filosof\u00eda, como el gal\u00e1pago dentro de su concha. Se van reconcentrando uno y otro, aisl\u00e1ndose cada d\u00eda m\u00e1s, viviendo dentro de s\u00ed, con menosprecio y desgana de todo lo que pasa al exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero v\u00e9ase qu\u00e9 singular desequilibrio: \u00e9l enflaquece m\u00e1s y m\u00e1s con sus libros, y ella crece en gordura con sus santos. La disparidad aumenta. Hoy son m\u00e1s antit\u00e9ticos que ayer, y ma\u00f1ana m\u00e1s que hoy, porque el fil\u00f3sofo es cada d\u00eda m\u00e1s fil\u00f3sofo, y su esposa cada d\u00eda m\u00e1s mujer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pasan los a\u00f1os, y \u00e9l se seca. El ejercicio de pensar consume la savia de su cuerpo, como una llama el l\u00edquido que le da la vida. Aquella m\u00e1quina se va a pasar, fatigada de tanta faena, y el buen esp\u00edritu de nuestro doctor agita las alas, prepar\u00e1ndose a partir para la regi\u00f3n de donde quiz\u00e1 no deb\u00eda nunca haber salido. En una palabra, el fil\u00f3sofo se muere del modo m\u00e1s apacible y sencillo del mundo; inclina la frente sobre el libro, contrae ligeramente los m\u00fasculos de su rostro y expira. Su mujer se le encuentra as\u00ed, cubierto de una aureola de gloria, y mal alumbrado por la d\u00e9bil llama de la l\u00e1mpara, que se extingue tambi\u00e9n poco a poco por no vivir m\u00e1s que su due\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 siente Do\u00f1a Cruz en aquel supremo instante? La mojigater\u00eda produce cierta insensibilidad; pero no es tanta la de la mujer del sabio, que permanezca indiferente ante la&nbsp;<em>ascensi\u00f3n&nbsp;<\/em>(as\u00ed puede llamarse) de \u00e9ste. Despu\u00e9s de todo, y a pesar de su pena, a Do\u00f1a Cruz le parece que no se ha muerto nada en la casa. Un cuarto vac\u00edo, un libro hu\u00e9rfano y&nbsp;<em>la ciencia de luto,&nbsp;<\/em>seg\u00fan la f\u00f3rmula oficial publicada al d\u00eda siguiente en los peri\u00f3dicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Cruz lee, con gozo mezclado de melancol\u00eda, los elogios p\u00f3stumos, las gacetillas apolog\u00e9ticas, la ofrenda final de ins\u00edpidos ditirambos que acompa\u00f1a la inhumaci\u00f3n del fil\u00f3sofo. Aquel matrimonio il\u00f3gico se deshace; aquel lazo absurdo se rompe; aquella pareja formada tan s\u00f3lo por lo convencional, y en ning\u00fan modo por la naturaleza, se desbarata. La mujer del fil\u00f3sofo queda libre; pasan meses, y \u00a1cosa singular!, ya la compa\u00f1\u00eda de los santos no le es tan agradable; la casa se anima; caras alegres y voces sonoras sustituyen a la voz y a la cara del profesor de s\u00e1nscrito y del astr\u00f3nomo del Observatorio. Do\u00f1a Cruz sale y entra, va aqu\u00ed y all\u00ed, se sonr\u00ede, y un d\u00eda&#8230; \u00a1cielos! se casa. In\u00fatil es decir que su segundo esposo no es ning\u00fan fil\u00f3sofo ni otro ser alguno que remotamente se le parezca. Es un se\u00f1or de la curia, retirado a la vida privada despu\u00e9s de hacerse rico; hombre ignorante y vulgar si los hay en la tierra. \u00bfNecesitaremos decir que Do\u00f1a Cruz tiene un chiquillo todos los a\u00f1os? No; esto se supone.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>*&nbsp;&nbsp; *&nbsp;&nbsp; *<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lector impresionable, no vayas a deducir de esta fabulilla, retrato, cuadro de costumbres o historia, si quieres, que los fil\u00f3sofos no deben casarse. \u00a1Qu\u00e9 herej\u00eda! C\u00e1sense enhorabuena; pero ya habr\u00e1s observado m\u00e1s de una vez en cu\u00e1ntos apuros dom\u00e9sticos se ven metidos los hombres demasiado sabios, demasiado estudiosos y demasiado abstra\u00eddos. La inteligencia, lector amigo, tambi\u00e9n tiene su higiene, y si a esto a\u00f1ades que ninguna mujer casada con fil\u00f3sofo seguir\u00e1 f\u00e1cilmente a su marido a las regiones de la idea pura, puedes deducir la moraleja de este trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1871.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[<strong>Fuente:&nbsp;<\/strong>Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. \u201cLa mujer del fil\u00f3sofo\u201d (1871).&nbsp;<em>Viajes y fantas\u00edas<\/em>. Madrid: Renacimiento, 1923.]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos causas determinan, principalmente, el car\u00e1cter de las personas: las cualidades innatas, o las que nacen y se desarrollan en la naturaleza a consecuencia de la educaci\u00f3n y del trato.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5367,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42,3,4,49],"tags":[],"class_list":["post-7195","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-prensa"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Art\u00edculo] La mujer del fil\u00f3sofo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-la-mujer-del-filosofo-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Art\u00edculo] La mujer del fil\u00f3sofo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - 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