{"id":7573,"date":"2011-02-01T08:00:00","date_gmt":"2011-02-01T07:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=7573"},"modified":"2025-01-13T07:10:36","modified_gmt":"2025-01-13T07:10:36","slug":"libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Los hechos hist\u00f3ricos o novelescos contados en este libro, se refieren a uno de los per\u00edodos de turbaci\u00f3n pol\u00edtica y social m\u00e1s graves e interesantes en la gran \u00e9poca de reorganizaci\u00f3n, que principi\u00f3 en 1812 y no parece pr\u00f3xima a terminar todav\u00eda. Mucho despu\u00e9s de escrito este libro, pues s\u00f3lo sus \u00faltimas p\u00e1ginas son posteriores a la Revoluci\u00f3n de Septiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los d\u00edas que atravesamos, por la relaci\u00f3n que pudiera encontrarse entre muchos sucesos aqu\u00ed referidos, y algo de lo que aqu\u00ed pasa; relaci\u00f3n nacida, sin duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable per\u00edodo de 1820\u201423. Esta es la principal de las razones que me han inducido a publicarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>B. P. G.<\/p>\n\n\n\n<p>Diciembre de 1870.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Cap\u00edtulo I<\/h1>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Carrera de San Jer\u00f3nimo en 1821<\/h2>\n\n\n\n<p>Durante los seis inolvidables a\u00f1os que mediaron entre 1814 y 1820, la villa de Madrid presenci\u00f3 muchos festejos oficiales con motivo de ciertos sucesos declarados <em>faustos<\/em> en la <em>Gaceta<\/em> de entonces. Se alzaban arcos de triunfo, se tend\u00edan colgaduras de damasco, sal\u00edan a la calle las comunidades y cofrad\u00edas con sus pendones al frente, y en todas las esquinas se pon\u00edan escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el pueblo no se manifestaba sino como un convidado m\u00e1s, a\u00f1adido a la lista de alcaldes, funcionarios, gentiles\u2014hombres, frailes y generales; no era otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y se\u00f1aladas en los art\u00edculos del programa, y desempe\u00f1aba como tal el papel que la etiqueta le prescrib\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cosas pasaron de distinta manera en el per\u00edodo del 20 al 23, en que ocurrieron los sucesos que aqu\u00ed referimos. Entonces la ceremonia no exist\u00eda, el pueblo se manifestaba diariamente sin previa designaci\u00f3n de puestos impresa en la <em>Gaceta<\/em>; y sin necesidad de arcos, ni oriflamas, ni banderas, ni escudos, pon\u00eda en movimiento a la villa entera; hac\u00eda de sus calles un gran teatro de inmenso regocijo o ruidosa locura; turbaba con un solo grito la calma de aquel que se llam\u00f3 el <em>Deseado<\/em> por una burla de la historia, y sol\u00eda agruparse con sordo rumor junto a las puertas de Palacio, de la casa de Villa o de la iglesia de Do\u00f1a Mar\u00eda de Arag\u00f3n, donde las Cortes estaban.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1A\u00f1os de muchos lances fueron aquellos para la destartalada, sucia, inc\u00f3moda, desapacible y oscura villa! Sin embargo, no era ya Madrid aquel lugar\u00f3n fastuoso del tiempo de los reyes tudescos; sus gloriosas jornadas del 2 de Mayo y del 3 de Diciembre, su iniciativa en los asuntos pol\u00edticos, la enaltec\u00edan sobremanera. Era, adem\u00e1s, el foro de la legislaci\u00f3n constituyente de aquella \u00e9poca, y la c\u00e1tedra en que la juventud m\u00e1s brillante de Espa\u00f1a ejerc\u00eda con elocuencia la ense\u00f1anza del nuevo derecho.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todos estos honores, la villa y corte ten\u00eda un aspecto muy desagradable. Mari\u2014Blanca continuaba en la Puerta del Sol como la m\u00e1s concreta expresi\u00f3n art\u00edstica de la cultura matritense. Inmutable en su grosero pedestal, la estatua, que en anteriores siglos hab\u00eda asistido al tumulto de Oropesa y al mot\u00edn de Esquilache, presid\u00eda ahora el espect\u00e1culo de la actividad revolucionaria de este buen pueblo, que siempre converg\u00eda a aquel sitio en sus ovaciones y en sus trastornos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si fuera posible trasladar al lector a las gradas de San Felipe, capitolio de la chismograf\u00eda pol\u00edtica y social, o sentarle en el h\u00famedo esca\u00f1o de la fuente de Mari\u2014Blanca, punto de reuni\u00f3n de un p\u00fablico m\u00e1s plebeyo, comprender\u00eda cu\u00e1n distinto de lo que hoy vemos era lo que ve\u00edan nuestros abuelos hace medio siglo. De fijo llamar\u00eda su atenci\u00f3n que una gran parte de los ociosos, que en aquel sitio se re\u00fanen desde que existe, lo abandonaban a la ca\u00edda de la tarde para dirigirse a la Carrera de San Jer\u00f3nimo o a otra de las calles inmediatas. Aquel p\u00fablico iba a los clubs, a las reuniones patri\u00f3ticas, a la <em>Fontana<\/em> <em>de Oro<\/em>, al <em>Grande Oriente<\/em>, a <em>Lorencini<\/em>, a la <em>Cruz<\/em> <em>de Malta<\/em>. En los grupos sobresal\u00edan algunas personas que, por su adem\u00e1n solemne, su mirada protectora, parec\u00edan ser tenidas en grande estima por los dem\u00e1s. Aparentaban querer imponer silencio a la multitud; otras veces, extendiendo los brazos en cruz, volv\u00edanse atr\u00e1s como quien pide atenci\u00f3n; todo esto hecho con una oficiosa gravedad que indicaba influjo muy grande o presunci\u00f3n no peque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor parte se dirig\u00eda a la Carrera. Es porque all\u00ed estaba el club m\u00e1s concurrido, el m\u00e1s agitado, el m\u00e1s popular de los clubs: la <em>Fontana<\/em> <em>de Oro<\/em>. Ya entraremos tambi\u00e9n en el caf\u00e9 revolucionario. Antes crucemos, desde el Buen Suceso a los Italianos, esta alegre y animada Carrera de los Padres Jer\u00f3nimos, que era entonces lo que es hoy y lo que ser\u00e1 siempre, la calle m\u00e1s concurrida de la capital.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hoy, cuando veis que la mayor parte de la calle est\u00e1 formada por viviendas particulares, no pod\u00e9is comprender lo que era entonces una v\u00eda p\u00fablica ocupada casi totalmente por los tristes paredones de tres o cuatro conventos. Imposible es comprender hoy la oscuridad que proyectaban sobre la entrada de la Carrera el ancho pared\u00f3n del Monasterio de la Victoria por un lado, y la sucia y corro\u00edda tapia del Buen Suceso por otro. M\u00e1s all\u00e1 formaban en l\u00ednea de batalla las monjas de Pinto; por encima de la tapia, que serv\u00eda de prolongaci\u00f3n al convento, se ve\u00edan las copas de los cipreses plantados junto a las tumbas. Enfrente campeaba la ermita de los Italianos, no menos rid\u00edcula entonces que hoy; y m\u00e1s abajo, en lo m\u00e1s r\u00e1pido del declive, el Esp\u00edritu Santo, que despu\u00e9s fue Congreso de los Diputados.<\/p>\n\n\n\n<p>Las casas de los grandes alternaban con los conventos. En lo m\u00e1s bajo de la calle se ve\u00eda la vasta fachada del palacio de Medinaceli con su ancho escudo, sus innumerables ventanas, su jard\u00edn a un lado y su fundaci\u00f3n piadosa a otro; enfrente los Valmedianos, los Pignatellis y Gonzagas; m\u00e1s ac\u00e1 los Pandos y Macedas, y, finalmente, la casa de H\u00edjar, que hasta hace poco ostentaba en su puerta la cadena hist\u00f3rica, distintivo de la hospitalidad ofrecida a un monarca. Quedaba para casas particulares, para tiendas y sitios p\u00fablicos, la tercera parte de la calle; esto es lo que describiremos con m\u00e1s detenci\u00f3n, porque es importante dar a conocer el gran escenario donde tendr\u00e1n lugar algunos importantes hechos de esta historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Entrando por la Puerta del Sol, y pasado el convento de la Victoria, se hallaba un gran p\u00f3rtico, entrada de una antiqu\u00edsima casa que, a pesar de su escudo decorativo, grabado en la clave del balc\u00f3n, era en aquel tiempo una casa de vecindad en que viv\u00edan hasta media docena de honradas familias. Su noble origen era indudable; pero fue adquirida no sabemos c\u00f3mo por la comunidad vecina, que la alquil\u00f3 para atender a sus necesidades. En dicho portal, bastante espacioso para que entraran por \u00e9l las enormes carrozas de su primitivo se\u00f1or, ten\u00eda su establecimiento un memorialista, secretario de certificaciones y misivas; y en el mismo portal, un poco m\u00e1s adentro, estaban los almacenes de quincalla de un hermano de dicho memorialista, que hab\u00eda venido de Oca\u00f1a a la Corte para <em>hacer carrera<\/em> en el comercio. Constaba su tienda de tres menguados cajoncillos, en que hab\u00eda algunos paquetes de peines, unas cuantas cajas de obleas, juguetes de chicos y un gran manojo de rosarios con cruces y medallones de esta\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>La parte de la izquierda, y especialmente el rinc\u00f3n contiguo a la puerta, era un lugar en el que el p\u00fablico ejerc\u00eda un incontestable derecho de servidumbre. Era un centro urinario: la secreci\u00f3n p\u00fablica hab\u00eda trocado aquel rinc\u00f3n en foco de inmundicia, y especialmente por las noches, la ofrenda l\u00edquida aumentaba de tal modo que el escribiente y su hermano hac\u00edan prop\u00f3sito firme de abandonar el local. En vano se amonestaba al p\u00fablico con terribles pragm\u00e1ticas de polic\u00eda urbana, promulgadas por la autorizada voz del memorialista. El p\u00fablico no renunciaba por esto a su costumbre, y de seguro lo habr\u00edan pasado mal los dos hermanos si hubieran tratado de impedir por la fuerza la libertad mingitoria, autorizada por un derecho consuetudinario que, seg\u00fan la feliz expresi\u00f3n de un parroquiano de aquel sitio, radicaba en la naturaleza del hombre y en la hospitalidad forzosa del vecindario.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfrente de este portal cl\u00e1sico hab\u00eda una puertecilla, y por los dos yelmos de Mambrino, labrados en fin\u00edsimo metal de Alcaraz y suspendidos a un lado y otro, se ven\u00eda en conocimiento de que aquello era una barber\u00eda. Por mucho de notable que tuviera el exterior de este establecimiento, con su puerta verde, sus cortinas blancas, su redoma de sanguijuelas, su cartel de letras rojas, adornado con dos vi\u00f1etas dignas de Maella, que representaban la una un individuo en el momento de ser afeitado, y la otra una dama a quien sangraban en un pie, mucho m\u00e1s notable era su interior. Tres mozos, capitaneados por el maestro Calleja, rapaban semanalmente las barbas de un centenar de liberales de los m\u00e1s recalcitrantes. All\u00ed se discut\u00eda, se hablaba del Rey, de las Cortes, del Congreso de Verona, de la <em>Santa Alianza<\/em>. Oir\u00edais all\u00ed la peroraci\u00f3n contundente del oficial primero y m\u00e1s antiguo, mozo que se dec\u00eda pariente de Porlier, el m\u00e1rtir de la Libertad. Al comp\u00e1s de la navaja se recitaban versos amenizados con agudezas pol\u00edticas; y las voces <em>camarilla<\/em>, <em>coletilla<\/em>, <em>tr\u00e1gala<\/em>, <em>El\u00edo<\/em>, <em>la Bisbal<\/em>, <em>Vinuesa<\/em>, formaban el fondo de la conversaci\u00f3n. Pero lo m\u00e1s notable de la barber\u00eda m\u00e1s notable de Madrid, era su due\u00f1o, Gaspar Calleja (se hab\u00eda quitado el Don despu\u00e9s de 1820), h\u00e9roe de la revoluci\u00f3n, y uno de los mayores enemigos que tuvo Fernando el a\u00f1o 14. As\u00ed lo dec\u00eda \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s lejos estaba la tienda de g\u00e9neros de unos irlandeses establecidos aqu\u00ed desde el siglo pasado. Vend\u00edan, juntamente con el raso y el organd\u00ed, encajes flamencos y catalanes, alep\u00edn para chalecos, ante para pantalones, corbatas de color de las llamadas <em>guirindolas<\/em>, y <em>carrikes<\/em> de cuatro cuellos, que estaban entonces en moda. El patr\u00f3n era un irland\u00e9s gordo y suculento, de cara encendida, lustrosa y redonda como un queso de Flandes. Ten\u00eda fama de ser un servil\u00f3n de a folio; pero, si esto era cierto, las circunstancias constitucionales del pa\u00eds, y especialmente de la Carrera de San Jer\u00f3nimo, le obligaban a disimularlo. Fund\u00e1banse los que tan feo vicio imputaban al irland\u00e9s, en que cuando pasaba por la calle la Majestad de Fernando o Amalia, la Alteza de <em>mi t\u00edo el doctor<\/em> o de don Carlos, el buen comerciante dejaba apresuradamente su vara y su escritorio para correr a la puerta, asom\u00e1ndose con ansiedad y mirando la real comitiva con muestras de ternura y adhesi\u00f3n. Pero esto pasaba, y el irland\u00e9s volv\u00eda a su habitual tarea, haciendo todas las protestas que sus amigos le exig\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca de la tienda del irland\u00e9s se abr\u00eda la puerta de una librer\u00eda, en cuyo mezquino escaparate se mostraban abiertos por su primera hoja algunos libros, tales como la <em>Historia<\/em> <em>de Espa\u00f1a<\/em>, por Duchesne; las novelas de Voltaire, traducidas por autor an\u00f3nimo; <em>Las noches<\/em>, de Young; el <em>Viajador sensible<\/em>, y la novela de <em>Arturo y Arabella<\/em>, que gozaba de gran popularidad en aquella \u00e9poca. Algunas obras de Montiano, Porcell, Arriaza, Olavide, Feijoo, un tratado del lenguaje de las flores y la <em>Gu\u00eda<\/em> <em>del comadr\u00f3n<\/em> completaban el repertorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado, y como formando juego con este templo literario, estaba una tienda de perfumer\u00eda y bisuter\u00eda con algunos objetos de caza, de tocador y de encina, que todo esto formaba comercio com\u00fan en aquellos d\u00edas. Por entre los potes de pomadas y cosm\u00e9ticos, por entre las cajas de alfileres y juguetes, se descubr\u00eda el perfil arqueol\u00f3gico de una vieja que era ama, dependiente y aun fabricante de algunas drogas. M\u00e1s all\u00e1 hab\u00eda otra tienda oscura, estrecha y casi subterr\u00e1nea en que se vend\u00edan papel, tinta y cosas de escritorio, am\u00e9n de alg\u00fan braguero u otro aparato ortop\u00e9dico de singular forma. En la puerta pend\u00eda colgado de una espetera un manojo de plumas de ganso, y en lo m\u00e1s profundo y m\u00e1s l\u00f3brego de la tienda luc\u00edan, como los ojos de un lechuzo en el recinto de una caverna, los dos espejuelos resplandecientes de don Anatalio Mas, gran jefe de aquel gran comercio.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfrente hab\u00eda una tienda de comestibles; pero de comestibles aristocr\u00e1ticos. Exist\u00eda all\u00ed un horno c\u00e9lebre, que asaba por Navidades m\u00e1s de cuatrocientos pavos de distintos calibres. Las empanadas de perdices y de liebres no ten\u00edan rival; sus pasteles eran celeb\u00e9rrimos, y nada igualaba a los lechoncillos asados que sal\u00edan de aquel gran laboratorio. En d\u00edas de convite, de cumplea\u00f1os o de boda, no encargar los principales platos a casa de <em>Perico el Mahon\u00e9s<\/em> (as\u00ed le llamaban), hubiera sido indisculpable desacato. Al por menor se vend\u00edan en la tienda: rosquillas, bizcochos, galletas de Inglaterra y mantecadas de Astorga.<\/p>\n\n\n\n<p>No lejos de esta tienda se hallaban las sedas, los hilos, los algodones, las lanas, las madejas y cintas de do\u00f1a Ambrosia (antes de 1820 la llamaban la t\u00eda Ambrosia), respetable matrona, comerciante en hilado: el exterior de su tienda parec\u00eda la boca esc\u00e9nica de un teatro de aldea. Por aqu\u00ed colgaba, a guisa de pend\u00f3n, una pieza de lanilla encarnada; por all\u00ed un ce\u00f1idor de majo; m\u00e1s all\u00e1 ostentaba una madeja sus innumerables hilos blancos, semejando los pistilos de gigantesca flor; de lo alto pend\u00eda alg\u00fan camisol\u00edn, infantiles trajes de mameluco, cenefas de percal, sartas de pa\u00f1uelos, refajos y colgaduras. Encima de todo esto, una larga tabla en figura de media, pintada de negro, fija en la muralla y perpendicular a ella, serv\u00eda de muestra principal. En el interior todo era armon\u00eda y buen gusto; en el tr\u00edpode del centro ten\u00edan poderoso cimiento las caderas de do\u00f1a Ambrosia, y m\u00e1s arriba se ostentaba el pecho cicl\u00f3peo y corpulento busto de la misma. Era espa\u00f1ola rancia, manchega y natural de Quintanar de la Orden, por m\u00e1s se\u00f1as, se\u00f1ora de muy nobles y cristianos sentimientos. Respecto a sus ideas pol\u00edticas, cosa esencial entonces, baste decir que qued\u00f3 resuelto despu\u00e9s de grandes controversias en toda la calle, que era una servilona de lo m\u00e1s exagerado.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas tiendas, con sus respectivos muestrarios y sus tenderos respectivos, constitu\u00edan la decoraci\u00f3n de la calle; hab\u00eda adem\u00e1s una decoraci\u00f3n movible y pintoresca, formada por el gent\u00edo que en todas direcciones cruzaba, como hoy, por aquel sitio. Entonces los trajes eran singular\u00edsimos. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda describir hoy la oscilaci\u00f3n de aquellos puntiagudos faldones de casaca? \u00bfY aquellos sombreros de felpa con el ala retorcida y la copa aguda como pil\u00f3n de az\u00facar? \u00bfSe comprenden hoy los tremendos sellos de reloj, pesados como badajos de campana, que iban marcando con impertinente retint\u00edn el paso del individuo? Pues \u00bfy las botas a la <em>farol\u00e9<\/em> y las mangas de jam\u00f3n, que ser\u00edan el \u00faltimo grado de la ridiculez, si no existieran los tup\u00e9s hiperb\u00f3licos, que asimilaban perfectamente la cabeza de un cristiano a la de un guacamayo?<\/p>\n\n\n\n<p>El gremio cocheril exhib\u00eda all\u00ed tambi\u00e9n sus m\u00e1s caracter\u00edsticos individuos. Lo menos veinte veces al d\u00eda pasaban por esta calle las carrozas de los grandes que en las inmediaciones viv\u00edan. Estas carrozas, que ya se han sumergido en los oscuros abismos del no ser, se compon\u00edan de una especie de nav\u00edo de l\u00ednea, colocado sobre una armaz\u00f3n de hierro; esta armaz\u00f3n se mov\u00eda con la pausada y solemne revoluci\u00f3n de cuatro ruedas, que no ten\u00edan velocidad m\u00e1s que para recoger el fango del piso y arrojarlo sobre la gente de a pie. El veh\u00edculo era un inmenso caj\u00f3n: los de los d\u00edas gordos estaban adornados con placas de carey. Por lo com\u00fan las paredes de los ordinarios eran de nogal bru\u00f1ido, o de caoba, con fin\u00edsimas incrustaciones de marfil o metal blanco. En lo profundo de aquel antro se ve\u00eda el nobil\u00edsimo perfil de alg\u00fan pr\u00f3cer esclarecido, o de alguna vieja esclarecidamente fea. Detr\u00e1s de esta m\u00e1quina, clavados en pie sobre una tabla, y asidos a pesadas borlas, iban dos grandes levitones que, en uni\u00f3n de dos enormes sombreros, serv\u00edan para patentizar la presencia de dos graves lacayos, figuras simb\u00f3licas de la etiqueta, sin alma, sin movimientos y sin vida. En la proa se elevaba el cochero, que en pesadez y gordura ten\u00eda por \u00fanicos rivales a las mulas, aunque estas sol\u00edan ser m\u00e1s racionales que \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodaba por otro lado el veh\u00edculo p\u00fablico, tartana, calesa o galera, el carromato tirado por una reata de bestias escu\u00e1lidas; y entre todo esto el esportillero con su carga, el mozo con sus cuerdas, el aguador con su cuba, el prendero con su saco y una pila de seis o siete sombreros en la cabeza, el ciego con su guitarra y el chispero con su sart\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras nos detenemos en esta descripci\u00f3n, los grupos avanzan hacia la mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada a un local, que no debe de ser peque\u00f1o, pues tiene capacidad para tanta gente. Aquella es la c\u00e9lebre <em>Fontana de Oro<\/em>, <em>caf\u00e9 y fonda<\/em>, seg\u00fan el cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reuni\u00f3n de la juventud ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiraci\u00f3n, ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y de o\u00edr su aplauso irreflexivo. All\u00ed se hab\u00eda constituido un club, el m\u00e1s c\u00e9lebre e influyente de aquella \u00e9poca. Sus oradores, entonces ne\u00f3fitos exaltados de un nuevo culto, han dirigido en lo sucesivo la pol\u00edtica del pa\u00eds; muchos de ellos viven hoy, y no son por cierto tan amantes del bello principio que entonces predicaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no tenemos que considerar lo que muchos de aquellos j\u00f3venes fueron en a\u00f1os posteriores. Nuestra historia no pasa m\u00e1s ac\u00e1 de 1821. Entonces una democracia nacida en los trastornos de la revoluci\u00f3n y alzamiento nacional, fundaba el moderno criterio pol\u00edtico, que en cincuenta a\u00f1os se ha ido dif\u00edcilmente elaborando. Grandes delirios bastardearon un tanto los nobles esfuerzos de aquella juventud, que tom\u00f3 sobre s\u00ed la gran tarea de formar y educar la opini\u00f3n que hasta entonces no exist\u00eda. Los clubs, que comenzaron siendo c\u00e1tedras elocuentes y palestra de la discusi\u00f3n cient\u00edfica, salieron del c\u00edrculo de sus funciones propias aspirando a dirigir los negocios p\u00fablicos, a amonestar a los gobiernos e imponerse a la naci\u00f3n. En este terreno fue f\u00e1cil que las personalidades sucedieran a los principios, que se despertaran las ambiciones; y lo que es peor, que la venalidad, c\u00e1ncer de la pol\u00edtica, corrompiera los caracteres. Los verdaderos patriotas lucharon mucho tiempo contra esta invasi\u00f3n. El absolutismo, disfrazado con la m\u00e1scara de la m\u00e1s abominable demagogia, socav\u00f3 los clubs, los domin\u00f3 y vendiolos al fin. Es que la juventud de 1820, llena de fe y de valor, fue demasiado cr\u00e9dula o demasiado generosa. O no conoci\u00f3 la falacia de sus supuestos amigos, o conoci\u00e9ndola, crey\u00f3 posible vencerlos con armas nobles, con la persuasi\u00f3n y la propaganda.<\/p>\n\n\n\n<p>Una sociedad decr\u00e9pita, pero conservando a\u00fan esa tenacidad incontrastable que distingue a algunos viejos, sosten\u00eda encarnizada guerra con una sociedad lozana y vigorosa llamada a la posesi\u00f3n del porvenir. En este libro asistiremos a algunos de sus encuentros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigamos nuestra narraci\u00f3n. Los curiosos se paraban ante la <em>Fontana<\/em>; sal\u00edan los tenderos a las puertas; el barbero Calleja, que se hac\u00eda llamar <em>ciudadano Calleja<\/em>, estaba tambi\u00e9n en su puerta pasando una navaja, y contemplando el club y a sus parroquianos con una mirada presuntuosa, que quer\u00eda decir: \u00absi yo fuera all\u00e1&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas personas se acercaban a la barber\u00eda formando corro alrededor del maestro. Uno lleg\u00f3 muy presuroso y pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ad\u2014\u00bfQu\u00e9 hay? \u00bfOcurre algo?<\/p>\n\n\n\n<p>Era el reci\u00e9n venido uno de esos individuos de edad indefinible, de esos que parecen viejos o j\u00f3venes, seg\u00fan la fuerza de la luz o la expresi\u00f3n que dan al semblante. Su estatura era peque\u00f1a, y ten\u00eda la cabeza casi inmediatamente adherida al tronco, sin m\u00e1s cuello que el necesario para no ser enteramente jorobado. El abdomen le abultaba bastante, y generalmente cruzaba las manos sobre \u00e9l con movimiento de cari\u00f1osa conservaci\u00f3n. Sus ojos eran medio cerrados y peque\u00f1os, pero muy vivos, formando armoniosa simetr\u00eda con sus labios delgados, largos y el\u00e1sticos, que en los momentos m\u00e1s ardorosos de la conversaci\u00f3n avanzaban formando un tubo ac\u00fastico que daba a su voz intensidad extraordinaria. A pesar de su traje seglar, hab\u00eda en este personaje no s\u00e9 qu\u00e9 de frailuno. Su cabeza parec\u00eda hecha para la redondez del cerquillo, y el ancho gab\u00e1n que envolv\u00eda su cuerpo, m\u00e1s que gab\u00e1n, parec\u00eda un h\u00e1bito. Ten\u00eda la voz muy destemplada y acre; pero sus movimientos eran sumamente expresivos y vehementes.<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir, diremos que este hombre se llamaba Gil de nombre y Carrascosa de apellido; educ\u00e1ronle los frailes agustinos de M\u00f3stoles, y ya estaba dispuesto para profesar, cuando se march\u00f3 del convento, dejando a los padres con tres palmos de boca abierta. A fines del siglo logr\u00f3, por amistades palaciegas, que le hicieran abate; mas en 1812 perdi\u00f3 el beneficio, y depuso el capisayo. Desde entonces fue ardiente liberal hasta la vuelta de Fernando, en que sus relaciones con el favorito Alag\u00f3n le proporcionaron un destino de covachuelista con diez mil reales. Entonces era absolutista decidido; pero la Jura de la Constituci\u00f3n por Fernando en 1820 le hizo variar de opiniones, hasta el punto de llegar a alistarse en la sociedad de los <em>Comuneros<\/em> y formar pandilla con los m\u00e1s exaltados. Cuando tengamos ocasi\u00f3n de penetrar en la vida privada de Carrascosa, sabremos algunos detalles de cierta aventura con una beldad quinta\u00f1ona de la calle de la Gorguera, y sabremos tambi\u00e9n los malos ratos que con este motivo le hizo pasar cierto estudiantillo, poeta cl\u00e1sico, autor de la nunca bien ponderada tragedia de los Gracos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPues no ha de ocurrir? \u2014dijo Calleja\u2014. Hoy tenemos sesi\u00f3n extraordinaria en la <em>Fontana<\/em>. Se trata de pedir al Rey que nombre un Ministerio exaltado, porque el que est\u00e1 no nos gusta. Tendremos discurso de Alcal\u00e1 Galiano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aquel andaluz feo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, ese mismo. El que el mes pasado dijo: <em>No haya perd\u00f3n ni tregua para los enemigos de la libertad. \u00bfQu\u00e9 quieren esos esp\u00edritus oscuros, esos&#8230;?<\/em> Y por aqu\u00ed segu\u00eda con un pico de oro&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya les dar\u00e1 que hacer \u2014observ\u00f3 Carrascosa\u2014. \u00a1Qu\u00e9 elocuencia! \u00a1Qu\u00e9 talento el de ese muchacho!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues yo, se\u00f1or don Gil \u2014manifest\u00f3 Calleja\u2014, respetando la opini\u00f3n de usted, para m\u00ed tan competente, dir\u00e9&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed tosi\u00f3 dos veces, emiti\u00f3 un par de gru\u00f1idos por v\u00eda de proemio, y continu\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dir\u00e9 que, aunque admiro como el que m\u00e1s las dotes del joven Alcal\u00e1 Galiano, prefiero a Romero Alpuente, porque es m\u00e1s expresivo, m\u00e1s fuerte, m\u00e1s&#8230; pues. Dice todas las cosas con un arranque&#8230; por ejemplo, aquello de <em>\u00a1al que quiera hierro, hierro!<\/em>, y aquello de <em>\u00a1no buscan los tiranos su apoyo en la vara de la justicia; b\u00fascanle en los maderos del cadalso, en el hombro deshonrado del verdugo!<\/em> Si le digo a usted que es un&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues yo \u2014contest\u00f3 el ex\u2014abate\u2014, aunque admiro tambi\u00e9n a Romero Alpuente, prefiero a Alcal\u00e1 Galiano, porque es m\u00e1s exacto, m\u00e1s razonador&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se enga\u00f1a usted, amigo Carrascosa. No me compare usted a ese hombre con el m\u00edo; que todos los oradores de Espa\u00f1a no llegan al zancajo de Romero Alpuente. Pues \u00bfy aquel pasaje de los <em>abajos<\/em>? Cuando dec\u00eda: <em>\u00a1Abajo los privilegios, abajo lo superfluo, abajo ese lujo que llaman rey&#8230;!<\/em> \u00a1Ah! Si es mucha boca aquella&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Calleja repet\u00eda estos trozos de discurso con mucho \u00e9nfasis y afectaci\u00f3n. Recordaba la mitad de lo que o\u00eda, y al llegar la ocasi\u00f3n comenzaba a desembuchar aquel arsenal oratorio, mezcl\u00e1ndolo todo y haciendo de distintos fragmentos una homil\u00eda insustancial y disparatada. Se nos olvidaba decir que este ciudadano Calleja era un hombre muy corpulento y obeso; pero aunque parec\u00eda hecho expresamente por la Naturaleza para patentizar los puntos de semejanza que puede haber entre un ser humano y un toro, su voz era tan clueca, fallida y aternerada, que daba risa o\u00edrle declamar los retazos de discursos que aprend\u00eda en la <em>Fontana<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues no estamos conformes \u2014contest\u00f3 Carrascosa, accionando con mucho aplomo\u2014, porque \u00bfqu\u00e9 tiene que ver esa elocuencia con la de Alcal\u00e1, el cual es hombre que, cuando dice \u201call\u00e1 voy,\u201d le levanta a uno los pies del suelo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es verdad \u2014dijo, terciando en el debate, uno de los circunstantes, que deb\u00eda de ser torero, a juzgar por su traje y la trenza que en el cogote ten\u00eda. \u2013 Es verdad. Cuando Alcal\u00e1 embiste a los tiranos y se empieza a calentar&#8230; Pues no fue mal puyazo el que le meti\u00f3 el otro d\u00eda a la Inquisici\u00f3n. Pero, sobre todo, lo que m\u00e1s me gusta es cuando empieza bajito y despu\u00e9s va subiendo, subiendo la voz&#8230; Les digo a ustedes que es el espada de los <em>oraores<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1ores \u2014afirm\u00f3 Calleja\u2014, repito que todos esos son unos mu\u00f1ecos al lado de Romero Alpuente. \u00a1C\u00f3mo puso a los frailes hace dos noches! \u00bfA que no saben ustedes lo que les dijo? \u00bfA que no saben&#8230;? Ni al mismo demonio se le ocurre&#8230; Pues los llam\u00f3&#8230; <em>\u00a1sepulcros blanqueados!<\/em>&#8230; Miren qu\u00e9 mollera de hombre&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No se empe\u00f1e usted, Calleja \u2014refunfu\u00f1\u00f3 el ex\u2014covachuelista con alguna impertinencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero venga usted ac\u00e1, se\u00f1or don Gil \u2014dijo Calleja, haciendo todo lo posible por engrosar la voz\u2014. \u00a1Si sabr\u00e9 yo qui\u00e9n es Alcal\u00e1 Galiano y los puntillos que calzan todos ellos! \u00a1A m\u00ed con esas! Yo, que les calo a todos desde que les veo, y no tengo m\u00e1s que o\u00edrles decir <em>casta\u00f1as<\/em> para saber de qu\u00e9 palo est\u00e1n hechos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Creo, se\u00f1or don Gaspar, que est\u00e1 usted muy equivocado, y no s\u00e9 por qu\u00e9 se cree usted tan competente \u2014indic\u00f3 Carrascosa en tono muy grave.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPues no he de serlo? \u00a1Yo, que paso las noches oy\u00e9ndoles a todos, no saber lo que son! Vamos, que algunos que se tienen por muy buenos, no son m\u00e1s que ingenios de raci\u00f3n y equitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es verdad tambi\u00e9n que Romero Alpuente no es ning\u00fan rana \u2014dijo otro de los presentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo rana? \u2014exclam\u00f3, anim\u00e1ndose, Calleja\u2014. \u00a1Que le sobra talento por los tejados!&#8230; Y a usted, se\u00f1or Carrascosa, \u00bfqui\u00e9n le ha dicho que yo no soy competente? \u00bfQui\u00e9n es usted para saberlo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQue qui\u00e9n soy? \u00bfY usted qu\u00e9 entiende de discursos?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos, se\u00f1or don Gil, no apure usted mi paciencia. Le digo a usted que le tengo por un ignorante lleno de presunci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Respete usted, se\u00f1or Calleja \u2014exclam\u00f3 don Gil un poco conmovido\u2014; respete usted a los que por sus estudios est\u00e1n en el caso de&#8230; Yo&#8230; yo soy graduado en c\u00e1nones en la Complutense.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014C\u00e1nones, ya. Eso es cosa de lat\u00edn. \u00bfQu\u00e9 tiene que ver eso con la pol\u00edtica? No se meta en esas cuestiones, que no son para cabezas ramplonas y de cuatro suelas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Usted es el que no debe meterse en ellas \u2014exclam\u00f3 Carrascosa sin poderse contener\u2014; y el tiempo que le dejan libre las barbas de sus parroquianos, debe emplearlo en gobernar su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Oiga usted, se\u00f1or pedante complutense, canonista, teatino, o lo que sea: v\u00e1yase a mondar patatas al convento de M\u00f3stoles, donde estar\u00e1 m\u00e1s en su lugar que aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Caballero \u2014dijo Carrascosa, poni\u00e9ndose de color de un tomate y mirando a todos lados para pedir auxilio, porque aunque ten\u00eda al barbero por lo que era, por un solemne gallina, no se atrev\u00eda con aquel corpach\u00f3n de ocho pies.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y ahora que recuerdo \u2014a\u00f1adi\u00f3 con desd\u00e9n el rapista\u2014, no me ha pagado usted las sanguijuelas que llev\u00f3 para esa se\u00f1ora de la calle de la Gorguera, hermana del tambor mayor de la Guardia Real.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTambi\u00e9n me llama usted estafador? Mejor har\u00eda el ciudadano Calleja en acordarse de los diez y nueve reales que le prest\u00f3 mi primo, el que tiene la poller\u00eda en la calle Mayor, reales que le ha pagado como mi abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos, que t\u00fa y el pollero sois los dos del mismo estambre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, y acu\u00e9rdese de la guitarrilla que le rob\u00f3 a Perico Sardina el d\u00eda de la merienda de Migas Calientes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLa guitarrilla, eh? \u00bfDice usted que yo le rob\u00e9 una guitarrilla? Vamos, no me venga usted a m\u00ed con indirectas&#8230; \u2014contest\u00f3 el barbero, queriendo parecer sereno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014V\u00e9ngase usted aqu\u00ed con pamplinas: si no le conoceremos, se\u00f1or <em>Callej\u00f3n angosto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Anda, que te quedaste con la colecta el d\u00eda de San Ant\u00f3n. \u00a1Catorce pesos! Pero entonces eras realista y andabas al rabo de Ostolaza para que te hiciera limpia\u2014polvos de alguna oficina. Entonces dabas vivas al Rey absoluto, y en la estudiantina del Carnaval le ofreciste un ramillete en el Prado. Anda, aprende conmigo, que, aunque barbero, he sido siempre liberal, s\u00ed, se\u00f1ores. Liberal, aunque barbero; que yo no soy cualquier vende\u2014humos, sino un ciudadano honrado y liberal como cualquiera. Pero miren a estos realistones: ahora han cambiado de casaca. Despu\u00e9s que con sus delaciones ten\u00edan las c\u00e1rceles atarugadas de gente, se agarran a la Constituci\u00f3n, y ya est\u00e1n en campa\u00f1a como toro en plaza, dando vivas a la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or Calleja, usted es un insolente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Servil\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Esta voz era el mayor de los insultos en aquella \u00e9poca. Cuando se pronunciaba, no hab\u00eda remedio: era preciso re\u00f1ir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya el arma ingeniosa, que la industria ha creado para el mejoramiento y cultivo de las barbas de la mitad del g\u00e9nero humano, se alzaba en la mano del iracundo barbero; ya el agudo filo resplandec\u00eda en lo alto, pr\u00f3ximo a caer sobre el indefenso cr\u00e1neo del que fue lego, abate y covachuelista, cuando otra mano providencial ataj\u00f3 el golpe tremendo que iba a partir en dos tajadas a todo un graduado en c\u00e1nones de la Complutense. Esta mano protectora era la mano robusta de la mujer de Calleja, la cual, desconcertada y tr\u00e9mula al ver desde el rinc\u00f3n de su tienda la actitud terriblemente agresiva de su esposo, dej\u00f3 con rapidez la labor, ech\u00f3 en tierra al chicuelo que en uno de sus monumentales pechos se alimentaba, y arregl\u00e1ndose lo mejor que pudo el mal encubierto seno, corri\u00f3 a la puerta y libr\u00f3 al pobre Carrascosa de una muerte segura.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres figuras permanecieron algunos segundos formando un bello grupo. Calleja, con el brazo alzado y el rostro encendido; su esposa, que era tan gigantesca como \u00e9l, le sosten\u00eda el brazo; el pobre Gil, mudo y petrificado de espanto. Do\u00f1a Teresa Burguillos, que as\u00ed se llamaba la dama, era de formas colosales y bastas; pero ten\u00eda en aquellos momentos cierta majestad en su actitud, la cual recordaba a Minerva en el momento de detener la mano de Aquiles, pronta a desnudar el terrible acero cl\u00e1sico. El Agamen\u00f3n de la Covachuela ofrec\u00eda un aspecto poco acad\u00e9mico en verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ciudadano Calleja \u2014dijo aquella se\u00f1ora en tono muy reposado\u2014, no emplees tus armas contra ese pel\u00f3n, que se pudre a todo podrir; gu\u00e1rdalas para los tiranos.<\/p>\n\n\n\n<p>Calleja cerr\u00f3 la navaja, y la guard\u00f3 para los tiranos.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Gil se apart\u00f3 de all\u00ed, llevado por algunos amigos, que quisieron impedir una cat\u00e1strofe; y poco despu\u00e9s, el grupo que all\u00ed se hab\u00eda formado estaba disuelto.<\/p>\n\n\n\n<p>La amazona cerr\u00f3 la puerta, y dentro continu\u00f3 su perorata interrumpida. No queremos referir las muchas cosas buenas que dijo, mientras el muchacho se apoderaba otra vez del pecho, que tan bruscamente hab\u00eda perdido. Baste decir, para que se comprenda lo que val\u00eda do\u00f1a Teresa Burguillos, que sab\u00eda leer, aunque con muchas dificultades, hall\u00e1ndose expuesta a entender las cosas al rev\u00e9s; que a fuerza de mascullones pod\u00eda enterarse de algunos discursos escritos, reteni\u00e9ndolos en la memoria; que alentada por la barberil elocuencia y liberalesca conducta de su esposo, se hab\u00eda hecho una gran pol\u00edtica; y que era muy entusiasta de Riego y de Quiroga, aunque m\u00e1s que los <em>hombres de sable<\/em> le gustaban los <em>hombres de palabra<\/em>, llegando hasta decir que no conoc\u00eda caballero m\u00e1s galantemente discreto que <em>Paco<\/em> (as\u00ed mismo) Mart\u00ednez de la Rosa. Es casi seguro que manifest\u00f3 deseos de tener delante al <em>b\u00e1rbaro El\u00edo<\/em> para clavarle sus tijeras en el coraz\u00f3n. Penetremos ahora en la <em>Fontana<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/www.casamuseoperezgaldos.com\/es\/obra-completa-en-epub\">Seguir leyendo (descargar en formato epub)<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hechos hist\u00f3ricos o novelescos contados en este libro, se refieren a uno de los per\u00edodos de turbaci\u00f3n pol\u00edtica y social m\u00e1s graves e interesantes en la gran \u00e9poca de reorganizaci\u00f3n, que principi\u00f3 en 1812 y no parece pr\u00f3xima a terminar todav\u00eda. <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7225,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,51],"tags":[],"class_list":["post-7573","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-la-fontana-de-oro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Los hechos hist\u00f3ricos o novelescos contados en este libro, se refieren a uno de los per\u00edodos de turbaci\u00f3n pol\u00edtica y social m\u00e1s graves e interesantes en la gran \u00e9poca de reorganizaci\u00f3n, que principi\u00f3 en 1812 y no parece pr\u00f3xima a terminar todav\u00eda.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2011-02-01T07:00:00+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-01-13T07:10:36+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"630\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Benito\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Benito\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"25 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"datePublished\":\"2011-02-01T07:00:00+00:00\",\"dateModified\":\"2025-01-13T07:10:36+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage\",\"url\":\"\",\"contentUrl\":\"\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website\",\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/\",\"name\":\"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\",\"description\":\"\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25\",\"name\":\"Benito\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Benito\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/batallitas.es\/galdos\"],\"url\":\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","og_description":"Los hechos hist\u00f3ricos o novelescos contados en este libro, se refieren a uno de los per\u00edodos de turbaci\u00f3n pol\u00edtica y social m\u00e1s graves e interesantes en la gran \u00e9poca de reorganizaci\u00f3n, que principi\u00f3 en 1812 y no parece pr\u00f3xima a terminar todav\u00eda.","og_url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/","og_site_name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","article_published_time":"2011-02-01T07:00:00+00:00","article_modified_time":"2025-01-13T07:10:36+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":630,"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/facebook_thumbnail.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Benito","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"Benito","Tiempo de lectura":"25 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/","name":"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","isPartOf":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","datePublished":"2011-02-01T07:00:00+00:00","dateModified":"2025-01-13T07:10:36+00:00","author":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#primaryimage","url":"","contentUrl":""},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/libro-la-fontana-de-oro-de-benito-perez-galdos\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"[Libro] La Fontana de Oro, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#website","url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/","name":"Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s","description":"","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/2dda07be9325676808524c55b6218a25","name":"Benito","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8695d643bbae3009794e7fc5797055bb?s=96&d=mm&r=g","caption":"Benito"},"sameAs":["https:\/\/batallitas.es\/galdos"],"url":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/author\/benito\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7573","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7573"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7573\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12549,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7573\/revisions\/12549"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7573"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7573"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7573"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}