{"id":7872,"date":"2011-03-03T09:12:20","date_gmt":"2011-03-03T08:12:20","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=7872"},"modified":"2011-03-03T09:12:20","modified_gmt":"2011-03-03T08:12:20","slug":"articulo-santo-modernos-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-santo-modernos-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] Santos modernos, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Madrid, febrero 15 de 1886.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad moderna es fecunda en caracteres, como en todo&#8230; Nacen y se cr\u00edan en ella todas las variantes de la naturaleza humana. Tipos que parecen de otra edad, se renuevan en la presente. Las fuerzas antag\u00f3nicas que luchan en el seno de esta generaci\u00f3n engendran los caracteres m\u00e1s extra\u00f1os. A primera vista parece que el nivel moral de la humanidad se ha rebajado y que los hombres, por punto general, son peores que lo eran hace un siglo o dos. Esto es un error. El sentido moral de la raza humana no puede perderse, as\u00ed como no es posible que var\u00ede absoluta y radicalmente lo esencial de nuestro ser. Mientras el mundo sea mundo, habr\u00e1 hombres buenos y malos, y es tonter\u00eda pensar que en nuestra edad la virtud no es m\u00e1s que un nombre. Los que desfavorablemente juzgan la \u00e9poca en que vivimos, formulan una pregunta que rara vez es contestada de un modo satisfactorio. \u00abVamos a ver\u2014dicen\u2014 \u00bfpor qu\u00e9 en este siglo no hay santos?\u00bb Generalmente se contesta a esta pregunta con una frase evasiva, alzando los hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo hay santos&#8230; porque esa moda de los santos pas\u00f3.\u00bb O bien dicen: \u00abYa no ha}\u2019 santos porque con los que hubo en siglos pasados hay contingente que sobra para cubrir todas las plazas celestiales.\u00bb Otros contestan: \u00abSantos. \u00bfY para qu\u00e9 nos hacen falta esos caballeros? Lo que nuestra edad necesita es capitalistas que emprendan negocios y hombres de ciencia que impulsen la industria. Los invento\u00acres y descubridores son los verdaderos santos del siglo XIX.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Yo contestar\u00e9 a la pregunta de una manera categ\u00f3rica, y niego rotundamente la tesis que encierra; niego que nuestra edad carezca de santos. Hoy los hay como los ha habido siempre. Cierto que se ha perdido la costumbre de canonizar, es decir, de ex\u00acpedir patentes de bienaventuranza eterna. Pero la raz\u00f3n de esto debe de ser el gran abuso que se ve\u00acn\u00eda haciendo en los siglos pasados de las tales patentes. Sin duda el pontificado hab\u00eda abierto mucho la mano. En esto, como en todas las cosas, es f\u00e1cil pasar de la l\u00ednea razonable. El siglo XVIII que es bastante descre\u00eddo, dicho sea sin ofender a nadie, nos ofrece pocos casos de canonizaci\u00f3n. Creer\u00edase que una voz del cielo dijo: \u00abAqu\u00ed no se cabe ya. No nos manden m\u00e1s santos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Las causas secundarias son el desarrollo grande de la civilizaci\u00f3n evang\u00e9lica, la disminuci\u00f3n sensible de los martirios de la fe, la poca afici\u00f3n a la vida mon\u00e1stica y a los disciplinazos, y por fin, los nuevos empleos de la actividad humaba. Porque antes el ser santo era casi una carrera. \u00abIglesia o mar o Casa Real\u00bb, se dec\u00eda. El hombre que sent\u00eda algo den\u00actro de s\u00ed no ten\u00eda m\u00e1s que dos caminos para distinguirse: las armas o la fe. De los segundones salieron los m\u00e1s c\u00e9lebres candidatos a la gloria inmortal. \u00a1Hoy tiene el hombre tantos caminos abiertos ante s\u00ed!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Quedamos en que ya no se canoniza a nadie. Pero sin meternos a escudri\u00f1ar los motivos que pueda tener para ello quien pudiendo hacerlo no lo hace, nos permitimos afirmar que hay santos, si se\u00f1or, hay santos, y de tal calidad, que no desmerecen de los que est\u00e1n en los altares.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Digo esto, porque hace d\u00edas ha muerto en Madrid una persona, a quien tengo por santa de veras, y no es broma. Esta persona es una se\u00f1ora de ilustre cuna llamada do\u00f1a Ernestina Manuel de Villena, cuya vida relatar\u00e9 a grandes rasgos para que se vea que muchos figuran en las p\u00e1ginas del \u00abA\u00f1o Cristiano\u00bb con menos t\u00edtulos que ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Perteneciente a una familia aristocr\u00e1tica, do\u00f1a Ernestina vivi\u00f3 en lo que se llama el gran mundo hasta la edad de veinte a\u00f1os. Muchos recuerdan su agraciado rostro en los saraos de hace cinco lustros, y su car\u00e1cter dulce y jovial. De improviso, la ilustre joven abandon\u00f3 el mundo, las galas y aquella risue\u00f1a atm\u00f3sfera de placeres y lisonjas. Los motivos que impulsaron esta determinaci\u00f3n s\u00f3lo Dios los sabe. El mundo hizo mil conjeturas, cuyo fundamento se ignora. Unos hablaban de amores des\u00acgraciados, otros de pasi\u00f3n de \u00e1nimo. Do\u00f1a Ernestina, que poco antes de esta resoluci\u00f3n habia perdido a sus padres y heredado una fortuna, cedi\u00f3 \u00e9sta \u00edntegramente a los pobres. En caso semejante, otras mujeres dan en la flor de hacerse monjas y se en-cierran en un convento, para vivir vida tranquila y sin cuidados. Pero do\u00f1a Ernestina no era de estas; comprend\u00eda que la vida humana es un campo de batalla, y que no se gana la inmortal huyendo del peligro y dando satisfacci\u00f3n al ego\u00edsmo en un lugar sosegado y seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Era mujer de acendrada piedad unida a una poderosa iniciativa. Gustaba del trabajo y de vencer dificultades. El amor de nuestros semejantes, mov\u00eda su alma con gran fuerza. Sumergir la vida en un claustro y adormecerla con rezos y penitencias, parec\u00edale indigno de un alma grande. La devoci\u00f3n contemplativa no satisfac\u00eda a su noble esp\u00edritu. Sigui\u00f3, pues, la senda de los Juan de Dios, de los Vicente de Pa\u00fal, de los Pedro Nolasco y otros que ganaron la bienaventuranza sin haber escrito libros de teolog\u00eda. Durante treinta a\u00f1os, do\u00f1a Ernestina ha vivido consagrada a proporcionar recursos a los necesitados, implorando la caridad p\u00fablica. Todo Madrid ha visto a esa valerosa mujer vestida con tra\u00acje humilde, aunque sin afectaci\u00f3n de pobreza, recorriendo las calles, penetrando en todas las moradas, desde las m\u00e1s ricas a las m\u00e1s pobres, en unas para pedir socorros, en otras para llevarlos. Hab\u00eda llega\u00acdo a adquirir tal serenidad de esp\u00edritu, que se presentaba al Rey con igual talante que al \u00faltimo de los ciudadanos. Al primero le hablaba sin lisonja, y al segundo sin altaner\u00eda. Su nombre y su persona llegaron a ser tan venerados, que los proceres y el soberano mismo se humillaban ante ella, cual si recibieran un socorro de sus manos. Emprend\u00eda diariamente su colosal tarea, sin cansarse nunca, impasible y fuerte. Ten\u00eda una naturaleza de acero y un temple de esp\u00edritu que no conoc\u00eda dificultades. Todo era f\u00e1cil para ella. Su car\u00e1cter se sobrepon\u00eda a todo. Tomaba cuanto le daban; despu\u00e9s de recibir la cuantiosa ofrenda del rico, iba en pos del exiguo donativo del pobre, siempre incansable, siempre inundada de esperanza y confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me dir\u00e1 que esto no basta para otorgar a do\u00f1a Ernestina el t\u00edtulo de santa. El signo m\u00e1s claro de la santidad es el don de milagros. \u00bfQu\u00e9 milagros ha hecho do\u00f1a Ernestina? Pues lo voy a decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Ernestina ha levantado en Madrid el Asilo de Hu\u00e9rfanos del Sagrado Coraz\u00f3n, magn\u00edfico y es\u00acpacioso edificio que representa un coste de seis u ocho millones. ;C\u00f3mo lo ha hecho? Pues de una manera muy sencilla: reuniendo el dinero cuarto a cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>La insigne mendicante ped\u00eda recursos para su obra. Si tal a cual individuo no le pod\u00eda dar dinero, no por eso se acobardaba ella, y le ped\u00eda una docena de ladrillos, o una viga de madera, o un pedazo de hierro, o una llave. El secreto de estas gran-des colectas est\u00e1 en no despreciar nada. Do\u00f1a Ernestina empez\u00f3 su gran obra sin un cuarto. En el solar hab\u00eda un poste con un cepillo, en el cual ca\u00eda poco dinero. Pero ella iba de casa en casa solicitando auxilios. Todo lo aceptaba, el dinero y los servicios personales. Reputados arquitectos le trabajaron de balde; art\u00edfices diferentes que no pod\u00edan contribuir con met\u00e1lico le ofrec\u00edan sus manos por m\u00e1s o menos tiempo. La obra crec\u00eda lentamente; pero crec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Ernestina, como he dicho antes, no despreciaba ning\u00fan socorro. Si se le ofrec\u00eda el producto de una Junci\u00f3n mundana o de un espect\u00e1culo cualquiera, lo aceptaba. Todo es bueno para un buen fin. Y estos distintos manantiales iban engrosando el gran caudal, y los recursos crec\u00edan como la espuma, y el milagro se realizaba. Al propio tiempo, do\u00f1a Ernestina daba pruebas de poseer un gran talento financiero, pues llevaba ella sola la ad\u00acministraci\u00f3n de las cuantiosas limosnas y atend\u00eda a todo sin apartar la vista del socorro diario de los necesitados. A\u00fan estaba el Asilo a medio construir y do\u00f1a Ernestina, sin desantender las necesidades de la f\u00e1brica, repart\u00eda socorros domiciliarios en gran cantidad, y organizaba las cocinas econ\u00f3micas para dar de comer a los obreros sin trabajo en los penosos d\u00edas del invierno. Si esto no es milagro, que venga Dios y lo vea. Me dir\u00e1n que por maravilloso que esto sea cae dentro de la jurisdicci\u00f3n de las leyes f\u00edsicas, y que el milagro consiste precisamente en hacer algo contrario a dichas leyes.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto se puede contestar que muchos milagros de que nos hablan las historias religiosas y las vidas de santos son tal vez sucesos como el que he relatado, s\u00f3lo que llegan a nosotros desvirtuados por la fantas\u00eda popular. \u00bfQui\u00e9n sabe si la multiplicaci\u00f3n de. los panes y los peces ser\u00eda un simple problema aritm\u00e9tico como el que ha realizado do\u00f1a Ernestina levantando con ochavos un gran edificio y dando de comer a millares de hambrientos con recursos obtenidos por incomprensibles combinaciones financieras ayudadas de una constancia verdaderamente heroica y de una previsi\u00f3n que excede a cuanto pueden idear los negociantes m\u00e1s activos?<\/p>\n\n\n\n<p>Sea lo que quiera, este es un tema delicado, del cual debo huir, no sea que me excomulguen. Ser\u00e1 forzoso admitir la doctrina de la Iglesia, reconociendo que nada de lo que ha hecho Ernestina es verdadero milagro. Si el milagro, tal y como nos lo ofrecen las vidas de los santos con envidiable prodigalidad ha desaparecido del mundo, ser\u00e1 porque la naturaleza f\u00edsica se ha cansado de que se gasten con ella esta especie de bromas. Lo que los siglos medios y a\u00fan el XV y XVII ofrec\u00edan casi diariamente a la estupefacci\u00f3n de los incr\u00e9dulos, el XIX no lo admite. Las explicaciones que a esto dan los pocos te\u00f3logos que en el mundo quedan, son m\u00e1s ingeniosas que convincentes. Sostienen que la \u00e9poca del milagro f\u00edsico ha pasado, porque la humanidad pertenece ya al Evangelio. La \u00e9poca de las pruebas materiales ha pasado, seg\u00fan ellos. Verdad que el Evangelio domina en todos los pa\u00edses civilizados; pero inmensas familias de la humanidad permanecen a\u00fan en las tinieblas. \u00bfPor qu\u00e9 no se repiten para ellas las demostraciones materiales del poder de la fe? Del milagro moral tenemos, seg\u00fan los te\u00f3logos, muestras evidentes cada d\u00eda; pero esto es tan el\u00e1stico y arbitrario, que cada cual puede interpretarlo como mejor le convenga.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejemos a un lado estas cuestiones, respet\u00e1ndolas, y content\u00e9monos ahora con declarar que do\u00f1a Ernestina Villena era una gran mujer, con milagros o sin ellos. Su vida fu\u00e9 una vida heroica y maravillosa; su energ\u00eda es moralmente superior a la de los grandes capitanes, y su don de constancia y organizaci\u00f3n la pone por encima de los pol\u00edticos m\u00e1s h\u00e1biles. Con mucho menos de lo que ella hizo hay hombres vanos que se adjudican a s\u00ed mismos la inmortalidad, y aspiran a que se les tributen honores de apoteosis. El hero\u00edsmo oscuro de esta mujer \u00a1cu\u00e1n superior es a la inquietud de muchos hombres que dan a las palabras el valor de las acciones, y que llegan a convencerse de que han hecho mucho por la sencilla raz\u00f3n de que han hablado mucho!<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 do\u00f1a Ernestina Villena a la edad de cincuenta a\u00f1os, de una angina maligna, que destruy\u00f3 su preciosa vida en cort\u00edsimo tiempo. Los desvalidos han perdido una madre insustituible. Deja un gran ejemplo que imitar; pero dif\u00edcilmente habr\u00e1 quien lo imite. Personas de esta calidad y de este temple nacen rara vez en el mundo, y es muy dif\u00edcil y espinosa la carrera de la virtud practicada de este modo. Los predicadores hablan de ella ante un auditorio femenino, compuesto a veces de mujeres pobres, a veces de damas alcurniadas que organizan bailes para socorrer miserias; a todas les parece muy bonito lo que el predicador dice; y aqu\u00ed concluye la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Figuras como esta que acabe, de bajar al sepulcro no han salido del auditorio fr\u00edvolo de los p\u00falpitos, ni se han formado en los c\u00edrculos de sacrist\u00eda. Son hijas de una fe grande y de un coraz\u00f3n limpio, rarezas de estos tiempos, mas no fen\u00f3menos imposibles como algunos creen. La humanidad es siempre la misma, y es imposible que llegue un momento en que s\u00f3lo haya oscuridad en ella. Cuan\u00acdo mayor parece la cerraz\u00f3n, aparecen estos clar\u00edsimos fanales que nos indican los puntos culminan\u00actes de la naturaleza moral. Do\u00f1a Ernestina es la honra de su tiempo y de su raza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La sociedad moderna es fecunda en caracteres, como en todo&#8230; Nacen y se cr\u00edan en ella todas las variantes de la naturaleza humana. Tipos que parecen de otra edad, se renuevan en la presente. Las fuerzas antag\u00f3nicas que luchan en el seno de esta generaci\u00f3n engendran los caracteres m\u00e1s extra\u00f1os. 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