{"id":7977,"date":"2013-07-01T17:06:00","date_gmt":"2013-07-01T15:06:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=7977"},"modified":"2013-07-01T17:06:00","modified_gmt":"2013-07-01T15:06:00","slug":"articulo-el-crimen-del-padre-galeote-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-el-crimen-del-padre-galeote-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] El crimen del padre Galeote, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid, 21 de abril de 1886.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Un hecho inaudito, una tragedia espantosa, de esas que m\u00e1s parecen obra de los siglos medios que del tiempo presente, ha llenado de consternaci\u00f3n a la capital de Espa\u00f1a hace dos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>El Obispo de Madrid ha sido asesinado en el momento de entrar en la Catedral para celebrar la fiesta de las palmas. El asesino ha sido un sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia de este infame atentado era de tal naturaleza, que al principio no se le daba cr\u00e9dito. Parec\u00eda invenci\u00f3n de imaginaciones dadas a lo maravilloso. Pero pronto se convenci\u00f3 Madrid entero de que, aunque incre\u00edble, la espantosa nueva era cierta. Los cr\u00edmenes de esta naturaleza, por la calidad de la v\u00edctima y la investidura del delincuente, son raros en la historia, tan raros, que se pueden contar con los dedos de una mano. Un pr\u00edncipe de la Iglesia, herido por un cl\u00e9rigo, y muerto en medio de la multitud que se agolpa a su paso con veneraci\u00f3n, es caso que, como vulgarmente se dice, pone los pelos de punta. El fanatismo pol\u00edtico de Merino, asestando una pu\u00f1alada a Isabel II, tiene explicacaci\u00f3n dentro del orden l\u00f3gico de las cosas humanas; pero un cura disparando tres tiros de rev\u00f3lver contra su superior jer\u00e1rquico por m\u00f3viles de amor propio herido, por venganza de un castigo disciplinario, no cabe ciertamente, a primera vista, dentro de nuestras presunciones por pesimistas que sean.<\/p>\n\n\n\n<p>El Obispo fu\u00e9 herido el domingo a las nueve y media de la ma\u00f1ana, y expir\u00f3 el lunes a las cinco y cuarto de la tarde. El asesino no hizo resistencia a la polic\u00eda, y confes\u00f3 en el acto los m\u00f3viles de su espantoso crimen.<\/p>\n\n\n\n<p>Tratar\u00e9 de referir lo ocurrido, con la mayor claridad posible.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Don Narciso Mart\u00ednez Izquierdo era el primer Obispo de Madrid, circunstancia que merece tenerse en cuenta. Aunque parezca extra\u00f1o, esta populosa Capital no era cabeza de Di\u00f3cesis, y pertenec\u00eda desde los tiempos m\u00e1s remotos al Arzobispado de Toledo. Varias veces intentaron los Reyes crear<\/p>\n\n\n\n<p>una Catedral en Madrid. El metropolitano no pod\u00eda atender cumplidamente al gobierno eclesi\u00e1stico de esta Corte con la prontitud y la diligencia que su numeroso clero exig\u00f3a. Por fin, en tiempo de don Alfonso XII se pens\u00f3 seriamente en establecer la Di\u00f3cesis, y habi\u00e9ndose prestado Roma a secundar el pensamiento, se hicieron los trabajos de fundaci\u00f3n y la nueva Catedral qued\u00f3 establecida por bula pontificia, hace pr\u00f3ximamente un a\u00f1o. El Gobierno puso al frente de la nueva Di\u00f3cesis al Obispo de Salamanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos quien era \u00e9ste. En las Cortes de 1871 se suscit\u00f3 discusi\u00f3n muy viva sobre la \u00abInternacional\u00bb. Era diputado en aquellas Cortes un cl\u00e9rigo joven, oscuro, elegido por Guadalajara. En la sesi\u00f3n del 28 de octubre, contendiendo el se\u00f1or Nocedal con el se\u00f1or Castelar, hizo alusi\u00f3n al citado sacerdote, quien, recogida la alusi\u00f3n, pronunci\u00f3 un discurso admirable, modelo de dial\u00e9ctica y de buen decir. Desde aquel d\u00eda, el nombre de don Narciso Mart\u00ednez Izquierdo sali\u00f3 de la oscuridad. En la re\u00f1ida contienda parlamentaria, Castelar reconoci\u00f3 las gran\u00acdes dotes intelectuales de su adversario. Rival de Izquierdo en opiniones, no desconoc\u00eda el gran tribu\u00acno, que era \u00e9ste una de las personalidades m\u00e1s ilustres del clero espa\u00f1ol, y al a\u00f1o siguiente, siendo jefe del Estado, lo incluy\u00f3 en la propuesta de obispos que hizo a Roma. En 1874, Mart\u00ednez Izquierdo era preconizado Obispo de Salamanca. A los once a\u00f1os de desempe\u00f1ar este cargo, fu\u00e9 elegido para ocupar la Sede de Madrid-Alcal\u00e1 de nueva creaci\u00f3n. Un a\u00f1o hace que tom\u00f3 posesi\u00f3n. Su episcopado en la nueva Di\u00f3cesis ha sido breve. El insigne prelado ten\u00eda cincuenta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Se pens\u00f3 en \u00e9l para este cargo porque se adivinaban grandes dificultades, y se reconoc\u00eda la necesidad de poner al frente del clero de Madrid a una persona de mucho car\u00e1cter y entereza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por efecto de la relativa libertad en que ha vivido hasta aqu\u00ed el clero madrile\u00f1o, dependiente de Toledo, hab\u00eda no poca relajaci\u00f3n en la disciplina. Madrid, como ciudad muy populosa, favorece ciertas licencias, encubre las faltas y muchos que no pueden vivir seg\u00fan su \u00edndole en las poblaciones peque\u00f1as, campan aqu\u00ed por sus respetos, sin que nadie se meta con ellos. En Madrid hay muchos cl\u00e9rigos que apenas usan el traje eclesi\u00e1stico; otros frecuentan los caf\u00e9s y a\u00fan sitios peores; los hay que dicen dos o tres misas al d\u00eda, en diferentes iglesias, y por fin, las pr\u00e1cticas rigurosas del celibato eclesi\u00e1stico no suelen ser, en bastantes casos, m\u00e1s que una vana f\u00f3rmula.<\/p>\n\n\n\n<p>Pr\u00e9stase a encubrir todas estas faltas la extensi\u00f3n de esta capital, la facilidad que en ella existe para burlar toda vigilancia, y ciertos usos inveterados, muy dif\u00edciles de extirpar. Poner al frente de la clerec\u00eda de Madrid un Obispo, que pudiera vigilarla y gobernarla m\u00e1s directamente que el de Toledo, era el mejor medio de corregir tales abusos, y el se\u00f1or Mart\u00ednez Izquierdo demostr\u00f3 desde los primeros momentos que serv\u00eda para el caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas tom\u00f3 posesi\u00f3n de la Sede madrile\u00f1a el Obispo de Salamanca, emprendi\u00f3 una campa\u00f1a ruda y tenaz contra los abusos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo que cada cl\u00e9rigo se inscribiera en determinada iglesia para impedir las misas dobles y cu\u00e1druples; sujet\u00f3 a examen a todos los sacerdotes residentes en esta villa, y empez\u00f3 a retirar las licencias a todos aquellos que por su conducta no deb\u00edan, a juicio del Prelado, disfrutarlas. Hay que advertir que en Madrid hay cl\u00e9rigos dign\u00edsimos, modelo de virtud y saber; pero tambi\u00e9n abundan los que vienen aqu\u00ed expulsados de sus Di\u00f3cesis respectivas buscando en la confusi\u00f3n de esta gran ciudad los medios de disimular su indisciplina o los perjuicios que les causa su torcida vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La campa\u00f1a emprendida por el se\u00f1or Mart\u00ednez Izquierdo deb\u00eda de producir buenos resultados, por\u00acque las quejas de muchos cl\u00e9rigos contra los rigores del prelado no tardaron en hacerse o\u00edr. A las redacciones de algunos peri\u00f3dicos llegaban frecuentes comunicados. Unos se publicaban y otros no. <em>El Progreso<\/em>, \u00f3rgano del republicanismo avanzado, recib\u00eda cartas diversas firmadas por un tal Cayetano Galeote y Cotilla, en las cuales se quejaba amargamente de no ser atendido por Su Ilustrisima, de que se le privaba del sustento, retir\u00e1ndole la misa con ciertos alardes de soberbia y extravagancia tan impropias de un sacerdote, que el ilustrado director del peri\u00f3dico, teniendo por loco o poco menos al autor de tales ep\u00edstolas, no pens\u00f3 en publicarlas. El s\u00e1bado \u00faltimo present\u00f3se en la redacci\u00f3n el mismo cl\u00e9rigo Galeote y dej\u00f3 una tarjeta y un paquete de cartas. Eran copia exacta de las mismas remitidas antes en diferentes d\u00edas. En la tarjeta rogaba al se\u00f1or director que conservase aquellas cartas por si pronto necesitaba hacer uso de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 el Domingo de Ramos. Don Cayetano Galeote y Cotilla viv\u00eda en la calle Mayor en una casa humild\u00edsima y en compa\u00f1\u00eda de una sobrina o ama de gobierno llamada Tr\u00e1nsito. Sali\u00f3 el cl\u00e9rigo muy temprano de su casa vestido de cura. D\u00edcese que a primera hora de la ma\u00f1ana estuvo en un caf\u00e9 desayun\u00e1ndose. Desde las nueve se le vi\u00f3 pase\u00e1ndose solo en el p\u00f3rtico de la Catedral. La antes Colegiata de San Isidro, hoy Catedral, est\u00e1 situada en la calle de Toledo, la m\u00e1s grande y populosa de esta capital, pues pone en comunicaci\u00f3n el centro con los poblados barrios del Sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Por delante de San Isidro transita siempre muchedumbre inmensa, hasta el punto de que la circulaci\u00f3n se hace dif\u00edcil a ciertas horas. Como en Madrid no se hab\u00edan celebrado nunca las funciones de Semana Santa con la pompa y brillantez propias de una cabeza de Di\u00f3cesis, y como este a\u00f1o era el primero en que tal se hac\u00eda, acudi\u00f3 mucha gente el domingo a la hermosa fiesta de las palmas. Todo el clero de Madrid, con cruz alzada, estaba all\u00ed. La Iglesia estaba llena de se\u00f1oras; en el atrio no se cab\u00eda, y en la calle los tranv\u00edas y coches ten\u00edan que detenerse para no atropellar a la multitud.<\/p>\n\n\n\n<p>A las nueve y inedia se vi\u00f3 venir el coche del se\u00f1or Obispo. La muchedumbre se abri\u00f3 paso, agolp\u00e1ndose en las escaleras para besar el anillo del Prelado. Este descendi\u00f3 del carruaje y subi\u00f3 las gradas del p\u00f3rtico. Al poner el pie en el tercer escal\u00f3n, un cl\u00e9rigo apartaba la gente para acercarse al Obispo, como si tambi\u00e9n \u00e9l quisiera besar el anillo. Con movimiento r\u00e1pido, Galeote sac\u00f3 de debajo de la sotana un rev\u00f3lver y dispar\u00f3 tres tiros a quema ropa sobre el Obispo, el cual cay\u00f3 en tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>El asesino grit\u00f3: \u00abEstoy vengado\u00bb. Al instante se echaron sobre \u00e9l los que estaban m\u00e1s cerca, y la polic\u00eda tuvo que hacer grandes esfuerzos para librarlo del furor de la muchedumbre. F\u00e1cil es hacerse cargo de la confusi\u00f3n, del espanto que se produjeron en la Iglesia y en el p\u00f3rtico. El Obispo fu\u00e9 recogido ex\u00e1nime del suelo y transportado a una habitaci\u00f3n que hay junto a la puerta y est\u00e1 destinada a conserjer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l mismo pidi\u00f3 \u00a1a Extremaunci\u00f3n, creyendo cercano su fin. El doctor Creux, que en la Iglesia estaba, acudi\u00f3 al instante, y desde los primer os momentos pronostic\u00f3 un desenlace funesto. En la apretada multitud que llenaba la Iglesia, hubo las escenas que es f\u00e1cil suponer: desmayos de se\u00f1oras, tumultos, ahogos, gritos, ayes, l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>El herido fu\u00e9 acostado en una humilde cama, la primera que se pudo tener a mano. Ten\u00eda una herida en el muslo, de poca gravedad, y otra en el costado derecho grav\u00edsima y mortal de necesidad. La bala hab\u00eda traspasado la m\u00e9dula espinal e interesado los ri\u00f1ones. Al punto se inici\u00f3 la par\u00e1lisis de las extremidades inferiores, y el herido cay\u00f3 en gran postraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Galeote, cuyo nombre no puede ser m\u00e1s siniestro, fu\u00e9 llevado a la prevenci\u00f3n del distrito, donde prest\u00f3 las primeras declaraciones con bastante aplomo, fumando cigarrillos. Parec\u00eda fatigado, pero no arrepentido, e insisti\u00f3 en la justicia de su causa y en que sus m\u00f3viles no deb\u00edan ser juzgados con ligereza. Fuertemente escoltado por la Guardia civil, fu\u00e9 conducido a la C\u00e1rcel Modelo, donde el Juez le tom\u00f3 declaraciones aquella misma tarde. Tiene cuarenta y cinco a\u00f1os, es natural de V\u00e9lez-M\u00e1laga y padece de sordera. Este defecto f\u00edsico parece tener alguna relaci\u00f3n con la acritud de car\u00e1cter. Es de temperamento muy nervioso, y las cartas enviadas a El Progreso, y que se publicaron integras al d\u00eda siguiente del crimen, revelan una soberbia extraordinaria, un temple moral completamente depravado y un natural quisquilloso, levantisco y rebelde a toda disciplina. No niega el crimen, mas; trata de atenuarlo, diciendo que solo quiso herir al Obispo, no matarlo. Hace hincapi\u00e9 en lo de que su honor hab\u00eda sido ultrajado, y se presenta como victima de sus superiores y perseguido injustameute. Sostiene que s\u00f3lo aspiraba a una modesta retribuci\u00f3n, y que cometi\u00f3 el crimen impulsado por el hambre. La causa se sigue con rapidez; el sumario parece estar terminado ya, y pronto se celebrar\u00e1 el juicio oral, que ha de ser interesant\u00edsimo, y esclarecer\u00e1 por completo un asunto, que, en realidad no est\u00e1 muy oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>El infortunado Obispo estuvo hasta la hora de su muerte en una situaci\u00f3n de martirio extaordinariamente dolorosa. Ni por un momento tuvieron los m\u00e9dicos esperanzas de salvarlo. La muerte era inevitable. Todo el vecindario de Madrid se ha condolido vivamente de tan horrenda desgracia, y la humilde conserjer\u00eda en que pas\u00f3 su postrero d\u00eda el primer Obispo de Madrid fu\u00e9 visitada el domingo y lunes por las personas m\u00e1s ilustres. A las cinco y cuarto cesaron los sufrimientos del prelado. Su vida fu\u00e9 ejemplar, su muerte espantosa.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Don Narciso Mart\u00ednez Izquierdo naci\u00f3 en 1831 en Rueda, pueblo de la provincia de Guadalajara, en modest\u00edsima cuna.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus padres eran labradores, y los a\u00f1os de su infancia guardan cierta analog\u00eda con los de la de Sixto V.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de esto, su amor al estudio le sac\u00f3 de aquel medio humilde, y habi\u00e9ndose inclinado desde edad muy tierna a la carrera eclesi\u00e1stica, sus adelantos fueron rapid\u00edsimos. El 57 recibi\u00f3 las sagradas \u00f3rdenes y el 64 hizo oposici\u00f3n a la canong\u00eda penitenciaria de Sig\u00fcenza, la cual gan\u00f3 despu\u00e9s de brillantes ejercicios. Dos a\u00f1os despu\u00e9s aspir\u00f3 a la magistral de Granada, que gan\u00f3 tambi\u00e9n por oposici\u00f3n. Durante el per\u00edodo revolucionario le eligieron diputado a Cortes sus paisanos, y de esta circunstancia y principalmente de su notable discurso de octubre de 1871, arranca, como he dicho antes, su notoriedad y su ingreso en el Episcopado espa\u00f1ol. Fu\u00e9 diferentes veces senador por elecci\u00f3n de las provincias eclesi\u00e1sticas y tom\u00f3 parte en las discusiones de car\u00e1cter religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Su elocuencia era correcta, persuasiva, brillando principalmente en la controversia escol\u00e1stica. Des\u00acpleg\u00f3 mucha energ\u00eda en el gobierno de las Di\u00f3cesis de Salamanca y Madrid. Su conducta privada era intachable.<\/p>\n\n\n\n<p>La dolor\u00edsima impresi\u00f3n que en Madrid caus\u00f3 este inaudito hecho, ha dado origen a los comentarios m\u00e1s extra\u00f1os. Parte de la prensa ve en este crimen una se\u00f1al del desquiciamiento universal, la horrible preponderancia de las malas pasiones, y generalizando f\u00e1cilmente con la c\u00f3moda ret\u00f3rica a que se presta un crimen de tal naturaleza, ven en \u00e9ste un s\u00edntoma de la depravaci\u00f3n de los tiempos, la protesta contra toda autoridad, as\u00ed religiosa como civil. Otros, por el contrario, condenando tambi\u00e9n el crimen, ven en \u00e9l uno de tantos, uno m\u00e1s a\u00f1adido a la lista que diariamente publican todos los diarios, y quieren quitarle la importancia que le da la calidad de la v\u00edctima. En ambas opiniones hay evidente exageraci\u00f3n. Galeote no es un fan\u00e1tico, ni ha obedecido a una idea extraviada, sino al impulso de su soberbia y de sus rencores personales. Tampoco puede admitirse que la jerarqu\u00eda de la v\u00edctima sea un dato sin valor en el proceso, y los mismos que tal sostienen, lo niegan indirectamente con su conducta, pues si el asesinato de un Obispo es lo mismo que el asesinato de un tabernero de la esquina, \u00bfpor qu\u00e9 consagran a \u00e9ste diez lineas del peri\u00f3dico, y a aqu\u00e9l la mitad del n\u00famero durante cuatro d\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p>Ni el crimen de San Isidro es un signo del desquiciamiento social, ni puede ser mirado tampoco como un suceso de todos los d\u00edas. Hay que ver en \u00e9l un resultado de la relajaci\u00f3n a que ha llegado por desgracia una parte del bajo clero, una consecuencia de la indisciplina. Esta ha hecho una v\u00edctima en persona de las m\u00e1s eminentes y dignas del cetro personal eclesi\u00e1stico, y la lecci\u00f3n que de esto resulta no puede ser m\u00e1s elocuente. El Obispo que suceda al infortunado se\u00f1or Mart\u00ednez Izquierdo, tiene que adoptar el sistema de <em>virga f\u00e9rrea<\/em>, llevar sus rigores hasta la crueldad y no perdonar la m\u00e1s ligera falta, aplicando a sus subordinados un sistema disciplinario inspirado, hasta cierto punto, en los principios de la ordenanza militar. Si no lo hace as\u00ed, los curas sueltos, que pululan por Madrid, tra\u00eddos aqu\u00ed por la ambici\u00f3n y echados de otras ciudades donde sus vicios les hac\u00edan muy notorios, le van a dar muchos disgustos. Tendr\u00e1 que arrostrar la impopularidad entre esas huestes de cuerpos francos tonsurados. La idea de regenerar al clero de Madrid debe ser grande y de muy dif\u00edcil realizaci\u00f3n, puesto que ya ha producido un m\u00e1rtir. Quiera Dios que no sea el primero&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>La prensa ultramontana ha dicho que Galeote era mas\u00f3n, y a\u00fan indica la logia a que pertenec\u00eda, y el<\/p>\n\n\n\n<p>nombre o n\u00famero que usaba en aquella misteriosa asociaci\u00f3n. Pero al sostener esto, los ultramontanos no han a\u00f1adido ninguna prueba. Debemos ponerlo en duda, y creer que tal especie no tiene m\u00e1s objeto que echar la culpa del crimen a las ideas liberales que con m\u00e1s o menos fundamento, se asocian por algunos al instinto mas\u00f3nico. Tambi\u00e9n se dijo que el cura Merino, que di\u00f3 la pu\u00f1alada a la Reina Isabel, era mas\u00f3n; mas no result\u00f3 cierto. El bald\u00f3n que sobre el clero arroja la mano aleve de Galeote es demasiado grande para que los defensores del Estado eclesi\u00e1stico no quieran arrojarlo sobre otra cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cartas escritas y coleccionadas por Galeote con la indudable idea de darlas a la publicidad, no le retratan como hombre fanatizado por una idea, sino movido de la soberbia y de las malas pasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Hombre de menos pasta de sacerdote no es posible imaginar. El tono iracundo, insolente, y poco culto de sus ep\u00edstolas bastan a justificar los desaires que supone recibidos de su v\u00edctima. En dichas cartas se ve claramente tambi\u00e9n la premeditaci\u00f3n del crimen. En algunas cartas amenaza al Rector del Cristo de la Salud, que le hab\u00eda retirado la misa, en otras al cura de Chamber\u00ed, y en todas da a entender que si no le hacen justicia, es decir, si no le conceden lo que pide, tomar\u00e1 una resoluci\u00f3n muy sonada. Los antecedentes del criminal son en verdad poco recomendables. En Puerto Rico, donde vivi\u00f3 cinco a\u00f1os, fu\u00e9 procesado varias veces. Viv\u00eda en Madrid con gran estrechez y sus relaciones eran escasas, porque su car\u00e1cter duro y violento no era a prop\u00f3sito para cultivar amistades. Viv\u00eda en su compa\u00f1\u00eda una mujer llamada Tr\u00e1nsito Durdal, de treinta y tantos a\u00f1os. Los que la han visto dicen que es guapetona, alta, de ojos negros, boca grande y conjunto muy agradable. Cuando el Juzgado se constituy\u00f3 en el domicilio del delincuente para hacer un reconocimiento, la Tr\u00e1nsito prest\u00f3se sin dificultad a mostrar cuanto en la casa hab\u00eda. Encontr\u00e1ronse all\u00ed c\u00e1psulas de revolver. Los muebles y todo el ajuar es modest\u00edsimo. Una circunstancia digna de ser muy notada es que en la casa no se encontr\u00f3 m\u00e1s que una cama.<\/p>\n\n\n\n<p>El ama de Galeote asisti\u00f3 con serenidad al reconocimiento. facilit\u00e1ndolo y ayudando al Juez en sus pesquisas. Unicamente se la vi\u00f3 turbarse cuando el Juez se fij\u00f3 en un \u00e1lbum de retratos en que estaban apareados el de ella y el de don Cayetano Galeote.<\/p>\n\n\n\n<p>Este, en sus declaraciones, no ha intentado extraviar la opini\u00f3n de la justicia, ni de enredar el asunto para obtener, ya que no un resultado favorable, las dilaciones siguientes. O ha tenido talento bastante para comprender que esto era imposible, o quiere que la sinceridad aten\u00fae su delito. Sus declaraciones han sido francas y terminantes conformes en todo con lo que revelan sus cartas. D\u00edcese que el proceso marcha con rapidez y que antes de un mes se pronunciar\u00e1 la sentencia. Ign\u00f3rase a\u00fan quien ser\u00e1 el defensor del reo. El desenlace de este drama, por lo que respecta a Galeote, no se sabr\u00e1 fijamente hasta que la \u00faltima palabra sea pronunciada; pero todo induce a creer que esta palabra ser\u00e1 terrible.<\/p>\n\n\n\n<p>30 de abril de 1886.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En mi \u00faltima cr\u00f3nica me ocup\u00e9 del asesinato del Obispo de Madrid. Posteriormente he procurado reunir datos positivos para comunicar a mis lectores la mayor copia de noticias sobre este drama terrible, y visit\u00e9 con tal objeto al cura Galeote en la c\u00e1rcel de esta corte, y visit\u00e9 tambi\u00e9n a su ama de llaves, do\u00f1a Tr\u00e1nsito, de quien tanto se ha ocupado la Prensa.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera impresi\u00f3n que me produjo el reo cuando le vi fu\u00e9 penos\u00edsima. Vacilaba yo entre el horror y la compasi\u00f3n, y al propio tiempo la curiosidad me hac\u00eda clavar en \u00e9l la vista. El criminal, como el abismo, atrae la mirada, venciendo la curiosidad al espanto. De la sostenida atenci\u00f3n que esta misma curiosidad produce, depende tal vez que no se olviden jam\u00e1s visitas de esta especie, ni se borren de la memoria los t\u00e9rminos de lo que en ella se habla.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra C\u00e1rcel Modelo, que es un edificio de primer orden, hay locutorios muy bien dispuestos, donde se ve a los presos y se habla con ellos sin peligro alguno de la seguridad. Doble reja de hierro con tejido de alambre separa al visitante del preso, y la cara de \u00e9ste aparece como a trav\u00e9s de un ca\u00f1amazo. Tr\u00e1enle al locutorio desde su celda, sin que se comunique con nadie, y su aparici\u00f3n tras las alambreras parece cosa fant\u00e1stica, pues ni se sabe por d\u00f3nde entra ni tampoco por d\u00f3nde sale cuando se lo llevan.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Cayetano Galeote y Cotilla representa cuarenta y cinco a\u00f1os, y su fisonom\u00eda predispone poco en su favor. Tiene la nariz peque\u00f1a y corta, la boca muy grande y muy separada de la nariz, los ojos negros y vivos, la trente despejada. La sordera que padece da a sus ojos una expresi\u00f3n particular, pues, como todos los sordos, parece querer o\u00edr con las miradas. La tort\u00edsima excitaci\u00f3n en que estaba el d\u00eda en que le vi daba a su rostro contracciones muy extra\u00f1as, y su tartamudez era extremada. Mientras dur\u00f3 la conferencia tuvo ambas manos clavadas en la red de alambre, asomando por los huecos sus dedos afilados y manchados por el humo del cigarrillo. Apoyado en las manos, adelantaba su rostro hasta tocar en los alambres o lo retiraba hasta quedarse en la penumbra. Estos movimientos d\u00e1banle cierto aspecto de fiera enjaulada, y su inquietud habr\u00eda sido poco tranquilizadora si no estuviera donde estaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que nos dijo a las tres personas que le visit\u00e1bamos fu\u00e9 referente a su situaci\u00f3n legal; pero tan turbado estaba el infeliz, que no conclu\u00eda ninguna frase ni acertaba a expresar claramente su pensamiento. A veces esta torpeza parec\u00eda marruller\u00eda, a veces perturbaci\u00f3n f\u00edsica y moral. Lo que se deduc\u00eda de su lenguaje balbuciente .era un deseo muy vivo de que no form\u00e1ramos juicio definitivo del asesinato del Obispo hasta no conocer bien los m\u00f3viles que le impulsaron a tan tremendo acto. Se manifest\u00f3 como perseguido y vejado y arrastrado a la vindicaci\u00f3n de su honor por la fuerza incontrastable de las circunstancias. Asegura que no quiso matar al prelado, sino simplemente herirlo, lo que no se compagina con el ensa\u00f1amiento que mostr\u00f3 en la consumaci\u00f3n del delito, pues dispar\u00f3 a la v\u00edctima dos tiros despu\u00e9s de haberle herido gravemente y derribado con el primero. Cuando se le nombra al padre Vizca\u00edno no puede ocultar Galeote el rencor que le tiene. Este presb\u00edtero fu\u00e9, seg\u00fan \u00e9l, autor de su humillaci\u00f3n y de la situaci\u00f3n deshonrosa en que estaba. Lanzado de la Iglesia del Cristo, sin que se le dijera el motivo de su expulsi\u00f3n, Galeote pidi\u00f3 explicaciones, primero al padre Vizca\u00edno, despu\u00e9s al prelado, y como ninguno se las quisiera dar, se tom\u00f3 la justicia por s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se le pregunta por qu\u00e9, siendo el padre Vizca\u00edno el principal autor de la ofensa, no descarg\u00f3 sobre \u00e9l su venganza en vez de descargarla sobre el Obispo, da unas contestaciones sof\u00edsticas y enrevesadas que no aclaran el hecho. Quiz\u00e1 \u00e9l mismo no se d\u00e9 cuenta de esta sustituci\u00f3n del objeto de sus odios. Asegur\u00f3 despu\u00e9s que cuando en la c\u00e1rcel le dieron la noticia de la muerte del se\u00f1or Mart\u00ednez Izquierdo, se afect\u00f3 extraordinariamente, qued\u00e1ndose un buen rato <em>sin saber lo que le pasaba<\/em>. Le hablamos de que el Obispo le hab\u00eda perdonado en la hora de su muerte, y oy\u00f3 esta indicaci\u00f3n con incredulidad; cuando nos referimos a su padre, anciano de ochenta a\u00f1os, pareci\u00f3 afectarse verdaderamente, y a\u00fan solloz\u00f3 y llor\u00f3 un poco; pero sus ojos continuaban secos. Un rato despu\u00e9s, como volvi\u00e9ramos a hablar del Obispo y de su fin, encomiando sus altas cualidades, se excit\u00f3 Galeote extraordinariamente y dijo que se retiraba. Fuertemente agarrado a la reja y crispando sus dedos amarillos, se dejaba caer hacia atr\u00e1s v balance\u00e1ndose con un movimiento semejante al de los cuadrumanos aprisionados.<\/p>\n\n\n\n<p>La conferencia no pod\u00eda continuar en un terreno que era como el suplicio del reo. Era forzoso dejar a un lado el crimen, si quer\u00edamos que Galeote no suspendiese la visita, y le hicimos varias preguntas acerca de su familia, de su infancia, de su vocaci\u00f3n de sacerdote. En este terreno el hombre se encontr\u00f3 m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed. Fu\u00e9se serenando poco a poco, y no tard\u00f3 en expresarse de un modo natural y corriente, cual si los cuatro estuvi\u00e9semos en la mesa de un caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Su lenguaje es siempre incorrect\u00edsimo y revela muy poca cultura. Tiene de vez en cuando esas acentuaciones especiales del sacerdote, un cierto dejo meloso, adquirido por el h\u00e1bito de ocultar los pensamientos. Rar\u00edsima vez emplea un t\u00e9rmino latino, y no con entera propiedad. Gesticula nerviosamente, y sus manos obedecen en ocasiones a los mismos h\u00e1bitos de la condici\u00f3n clerical, queriendo dar al discurso una expresi\u00f3n de suavidad amanerada.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que nos cont\u00f3 referente a su familia y a su juventud en V\u00e9lez-M\u00e1laga, es muy interesante. Eran once hermanos, de los cuales se han muerto dos y restan nueve. Uno sirve en la Guardia civil, otro es recaudador de contribuciones. Algunas de sus hermanas est\u00e1n viudas y viven en honrada pobreza. Su madre muri\u00f3 cuando \u00e9l ten\u00eda diez a\u00f1os. Su padre vive a\u00fan y tiene la avanzada edad de ochenta y seis a\u00f1os. La industria con que este se\u00f1or ha mantenido a su numerosa familia era la fabricaci\u00f3n de ladrillos y tejas. Cayetano Galeote creci\u00f3 en el tejar de su padre, trabajando en las faenas m\u00e1s modestas. A pesar de esto, fu\u00e9 a la escuela y aprendi\u00f3 a leer y escribir <em>en pocos meses<\/em>, seg\u00fan \u00e9l mismo dice, no s\u00e9 si a impulsos de una disculpable vanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No pod\u00eda pensar su padre en darle carrera, como no fuera la carrera de los pobres, que es la eclesi\u00e1stica. Pero el joven Cayetano, despu\u00e9s de haber dado aquel ejemplo de precocidad aprendiendo tan brevemente a leer y escribir, no mostr\u00f3 ninguna aplicaci\u00f3n ni deseos de ser hombre ilustrado. La vida del tejar le embrutec\u00eda sin duda, y con llevar y traer cubos de agua y arena ve\u00eda colmadas sus aspiraciones. El padre, sin embargo, insist\u00eda en que fuera sacerdote. Un d\u00eda hubo gran fiesta religiosa en V\u00e9lez-M\u00e1laga, con asistencia del se\u00f1or Obispo, de muchos cl\u00e9rigos y de varios seminaristas, algunos de los cuales hab\u00edan sido compa\u00f1eros de Cayetano en la escuela de primeras letras. El viejo Galeote era, seg\u00fan declaraci\u00f3n de su hijo, hombre muy piadoso y muy metido en la iglesia; as\u00ed, cuando vi\u00f3 a los alumnos seminaristas, con su traje talar de aprendices de curas, se desconsol\u00f3 mucho de que su hijo no estuviese entre ellos. Acabada la funci\u00f3n, don Cayetano tuvo una conferencia con el muchacho, en la cual le dijo, casi con l\u00e1grimas en los ojos: \u00ab<em>Cayetano, si t\u00fa quisieras estudiar, yo vender\u00eda hasta la camisa<\/em>.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed arranca la vocaci\u00f3n eclesi\u00e1stica de este desgraciado, el cual se puso inmediatamente a estudiar lat\u00edn en una gram\u00e1tica vieja que le trajo su padre. Y parece que tuvo cierto entusiasmo por la carrera, con lo que el anciano estaba loco de contento. Cre\u00eda sin duda que la familia adquir\u00eda de este modo un lustre soberano, y que el cl\u00e9rigo de la casa estaba llamado a grandes destinos. \u00a1Iron\u00edas de la suerte! En el drama espantoso del Domingo de Ramos hay un personaje de segundo t\u00e9rmino, cuya situaci\u00f3n excita hondamente la piedad de toda alma honrada. Este personaje es el anciano don Cayetano Galeote, que ha vivido ochenta y seis a\u00f1os para ver lo que ha visto, la familia denigrada y sus m\u00e1s caras ilusiones arrojadas por el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuenta el reo que en el tiempo en que se preparaba para recibir las \u00f3rdenes, su padre le hacia leer vidas de santos, y platicaba constantemente con \u00e9l de asuntos religiosos y lit\u00fargicos. J\u00fazguese de la alegr\u00eda del buen se\u00f1or, cuando el joven cant\u00f3 misa en la iglesia mayor de la villa de V\u00e9lez-M\u00e1laga. Durante un espacio de tiempo, que no precis\u00f3, estuvo el cura don Cayetano desempe\u00f1ando sus funciones en la citada iglesia. Deb\u00eda de ser p\u00e1rroco o ec\u00f3nomo, porque dijo que tenia <em>sus tenientes<\/em>. Gustaba de la pompa del culto, y de celebrar con mucho aparato las fiestas religiosas. En cambio, declara que no fu\u00e9 nunca de su agrado el confesionario, no s\u00f3lo a causa de la sordera que padece, sino por otros motivos que no expres\u00f3 con claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco nos dijo por qu\u00e9 dej\u00f3 la posici\u00f3n eclesi\u00e1stica de V\u00e9lez-M\u00e1laga, que pinta con tan risue\u00f1os colores, para marcharse a Puerto Rico. O no era tan envidiable su situaci\u00f3n en su pa\u00eds natal, o si lo era, debi\u00f3 de surgir alg\u00fan inesperado accidente que le oblig\u00f3 a embarcarse para Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre su residencia en Puerto Rico, de la cual se cuentan cosas que le favorecen poco, nada le preguntamos, porque deseando aprovechar el tiempo tratamos de saber algo de la vida privada en Madrid, y de su ama de llaves, do\u00f1a Tr\u00e1nsito Durdal. De esta se\u00f1ora tiene Galeote tan buenas ausencias, que cuando se pone a hablar de ella no acaba. <em>La se\u00f1ora que le asist\u00eda<\/em> es, seg\u00fan \u00e9l, un dechado de bondad y de buen gobierno. Trat\u00e1bale con grandes miramientos, y ayudaba con su trabajo al sostenimiento de la casa, cuando el cura estaba mal de intereses. Gracias a ella, nunca falt\u00f3 lo preciso en el modesto domicilio de la calle Mayor, y de ella part\u00eda tambi\u00e9n la iniciativa para mandar alg\u00fan sobrante, en d\u00edas de relativa abundancia, a la necesitada familia de V\u00e9lez-M\u00e1laga.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminada la entrevista con Galeote, intentamos ver a do\u00f1a Tr\u00e1nsito en su casa, calle Mayor, n\u00famero 61, tercero con dos entresuelos. Fuimos all\u00e1; nos recibi\u00f3 muy afable, y desde que cambiamos con ella las primeras palabras reconocimos que era muy fundado el agradecimiento de Galeote, y que do\u00f1a Tr\u00e1nsito no es una mujer vulgar. Acerca de ella corrieron por la Prensa, en los primeros d\u00edas, mil noticias absurdas, que hoy puedo rectificar con conocimiento de causa. Do\u00f1a Tr\u00e1nsito es mujer que se gana las simpat\u00edas en cuanto se la trata. Representa treinta y cinco a\u00f1os, y tiene figura esbelta, fisonom\u00eda inteligente y modales corteses. En su semblante se observan las huellas del pesar que la aflige. Es muy discreta, mucho m\u00e1s discreta que Galeote en todo lo que dice, y mide perfectamente las palabras para que de ellas no resulte nada desfavorable al reo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de penetrar en la casa pudimos apreciar el buen concepto que tiene de esta se\u00f1ora la vecindad del n\u00famero 61 de la calle Mayor. Es extraordinaria\u00acmente trabajadora y muy h\u00e1bil en la confecci\u00f3n de ropa blanca. Trabaja para las principales casas de Madrid en el comercio de este art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>Muestra especial empe\u00f1o do\u00f1a Tr\u00e1nsito en pintar a Galeote como un hombre de buenos sentimientos y como sacerdote intachable. Antes de la crisis de soberbia que le llev\u00f3 a la perdici\u00f3n, Galeote ten\u00eda el genio apacible. Era tan bueno para su familia, que todo cuanto ten\u00eda lo daba a sus parientes- Al volver de Puerto Rico reparti\u00f3 todas sus econom\u00edas, dando a onza por barba, y se qued\u00f3 sin un cuarto. Frecuentemente ven\u00eda a Madrid alg\u00fan pariente a gestionar asuntos particulares, y don Cayetano lo alojaba en su estrecha vivienda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por <em>ser este hombre una mano rota<\/em>\u2014nos dec\u00eda do\u00f1a Tr\u00e1nsito\u2014lleg\u00f3 a verse en la triste situaci\u00f3n en que estaba \u00faltimamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Refiriendo los sucesos que llevaron al infortunado cl\u00e9rigo a aquel grado de exaltaci\u00f3n, el ama de gobierno hace recaer parte de la culpa sobre el padre Vizca\u00edno. Las intrigas de sacrist\u00eda exacerbaron el temperamento quisquilloso de don Cayetano. Los pasos que di\u00f3 para que el prelado le rehabilitara fueron in\u00fatiles. Un d\u00eda en que fu\u00e9 a visitar al se\u00f1or Galeote el padre Gabino, confesor del Obispo, Galeote se le hinc\u00f3 de rodillas delante en la misma salita aquella en que est\u00e1bamos, y ech\u00e1ndose a llorar le pidi\u00f3 que intercediera con su ilustr\u00edsima para que le hiciese justicia. La misma do\u00f1a Tr\u00e1nsito se present\u00f3 al se\u00f1or Izquierdo para impetrar su apoyo en favor de Galeote. El Obispo se llev\u00f3 el dedo \u00edndice a la sien para indicar que Galeote no estaba en su cabal juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y algo deb\u00eda haber de \u00e9sto, porque durante los tres meses que antecedieron al crimen, Galeote no com\u00eda ni dorm\u00eda; se hab\u00eda dejado crecer ia barba, y sus actos no eran propios de una persona sensata. Ignoramos si en esta \u00e9poca compr\u00f3 el rev\u00f3lver con que hiri\u00f3 al Obispo, o si lo ten\u00eda desde una \u00e9poca anterior. Respecto a la ocasi\u00f3n en que se apoder\u00f3 del \u00e1nimo del infeliz cura la idea maldita de su venganza, nada nos dijo do\u00f1a Tr\u00e1nsito, o porque no lo sabe, o porque no quiere decirlo. En lo que s\u00ed insiste, demostrando muy buen tino de defensora, es en pintar a Galeote como un hombre que en aquellos d\u00edas obraba de una manera inconsciente, por causa de la alteraci\u00f3n de sus facultades.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan ella, la turbaci\u00f3n en que estaba hac\u00edale enteramente irresponsable; sus actos eran puramente mec\u00e1nicos, impulsados por una voluntad ciega. Este es el \u00fanico punto s\u00f3lido en que puede apoyarse la defensa de Galeote, y do\u00f1a Tr\u00e1nsito ha demostrado un instinto seguro al fijarse en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En su adem\u00e1n, en la viveza y convicci\u00f3n de su lenguaje, en la pena que su semblante expresivo revela, se ve claramente el inter\u00e9s hond\u00edsimo que do\u00f1a Tr\u00e1nsito siente por su infortunado hu\u00e9sped, y se comprende bien que ser\u00eda ella capaz de los m\u00e1s grandes sacrificios por salvarle, o al menos por aminorar la pena que le aguarda. El tes\u00f3n de esta mujer no puede menos de inspirar simpat\u00edas, cualquiera que haya sido el car\u00e1cter de sus relaciones personales con el cura. Seg\u00fan indica, ella era due\u00f1a de la casa y \u00e9l viv\u00eda all\u00ed en calidad de hu\u00e9sped. Pero Galeote dec\u00eda <em>la se\u00f1ora que me asiste<\/em>, lo que parece indicar que el amo era \u00e9l y do\u00f1a Tr\u00e1nsito desempe\u00f1aba las funciones de <em>ama de gobierno<\/em>. No queremos ahondar este asunto, y nos parece poco delicado arrojar ciertos baldones sobre una pobre mujer que hasta ahora no figura en la causa sino como testigo, y no es acusada de complicidad. Lo que hubiere de cierto en esto se ha de saber a su tiempo. Hasta que el juicio oral ponga de manifiesto los resortes de este drama, aun los m\u00e1s escondidos, reservemos nuestra opini\u00f3n, no sea que resulte que son infundadas las apreciaciones, un tanto ligeras, hechas por la Prensa al describir el hogar del cura Galeote.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el d\u00eda siguiente al que recibi\u00f3 nuestra visita, el reo se resisti\u00f3 a ofrecerse a la curiosidad y a los interrogatorios de escritores y periodistas. Comprendi\u00f3, sin duda, que las declaraciones verbales eran peligrosas, y se mostr\u00f3 dispuesto a contestar por escrito a cuanto se le preguntara. La litera\u00actura epistolar es su fuerte, como lo prueba la colecci\u00f3n de cartas que ya han recorrido toda la Prensa espa\u00f1ola y extranjera. Durante bastantes d\u00edas se resisti\u00f3 a tomar alimento. No beb\u00eda m\u00e1s que caf\u00e9, sin hartarse nunca. El director del establecimiento le prohibi\u00f3 o le redujo a l\u00edmites prudentes el uso de esta bebida, porque la excitaci\u00f3n nerviosa del reo era ya alarmante. \u00daltimamente ha ocurrido una sensible modificaci\u00f3n en las ideas de Galeote, sin duda por la intervenci\u00f3n religiosa del capell\u00e1n de la c\u00e1rcel, que celebra con \u00e9l frecuentes conferencias. Parece estar m\u00e1s tranquilo, y ha escrito dos cartas, una al Nuncio y otra al cabildo catedral de Madrid, en las cuales se muestra atribulado y arrepentido sin condiciones, declar\u00e1ndose movido de un ciego impulso de vanidad y soberbia al cometer el crimen. La defensa por locura parece, seg\u00fan se desprende de estas cartas, completamente abandonada por el reo.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Por extra\u00f1a coincidencia, al asesinato del primer Obispo de Madrid, sucedi\u00f3 una serie de cr\u00edmenes que podr\u00edamos llamar eclesi\u00e1sticos por ser obra de manos de sacerdotes y perpetrados en recinto sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e1s odioso, infame y vil de todos fu\u00e9 el que se consum\u00f3 en la parroquia de San Luis de esta capital la noche del Jueves Santo. \u00a1Qu\u00e9 Semana Santa m\u00e1s tr\u00e1gica la de este a\u00f1o, y qu\u00e9 suelto ha andado en ella Satan\u00e1s, seg\u00fan la creencia del vulgo!<\/p>\n\n\n\n<p>Lo de San Luis sucedi\u00f3 del modo siguiente: Hall\u00e1bane los hermanos de cierta cofrad\u00eda velando el Sant\u00edsimo Sacramento, cuando notaron que uno de \u00a1os grandes cirios chisporroteaba. Acerc\u00e1ronse a verlo los caballeros de guardia, y en el mismo instante estall\u00f3, con horrible estruendo, un petardo de dinamita contenido dentro del cirio. La detonaci\u00f3n fu\u00e9 espantosa, y se apagaron todas las luces del<\/p>\n\n\n\n<p>monumento, y las cortinas aparecieron luego con m\u00e1s de quinientos agujeros. Las dos personas que m\u00e1s cerca estaban quedaron gravemente heridas. Una de ellas, m\u00e9dico, muy conocido en Madrid, se llama Izquierdo, apellido funesto, que era el mismo del infortunado obispo de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo entr\u00f3 aquel cirio en la iglesia? Es muy sencillo. Cualquier persona puede llevar en estos d\u00edas a las iglesias los cirios o velas que guste mandar, para que se enciendan en el monumento. Despu\u00e9s recogen los cabos que se consideran benditos. El mi\u00e9rcoles se present\u00f3 en la sacrist\u00eda de San Luis un muchacho portador de un cirio algo m\u00e1s gordo que los usuales, para que fuera encendido al siguiente d\u00eda. Nada pod\u00eda sospecharse, ni hab\u00eda motivo alguno de recelo, pues aquel mismo d\u00eda llegaron muchos cirios de diferentes calibres destinados al propio objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho aquel desapareci\u00f3 sin decir si volver\u00eda o no a recoger el cabo, ni dar las se\u00f1as del domicilio del piadoso donante. Todas las averiguaciones que la Polic\u00eda ha hecho por descubrir a los autores de este salvaje y est\u00fapido crimen han sido in\u00fatiles. El fabricante de cirios explosivos contin\u00faa envuelto en el misterio. Los cereros de Madrid declaran y aprueban que el cirio infernal de San Luis no ha sido de ning\u00fan establecimiento de esta corte.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacer el mal de esta manera, hiriendo<em> al que le toque<\/em>, es de lo m\u00e1s execrable que cabe en la naturaleza humana. Todos los cr\u00edmenes, incluso el de Galeote, tienen la disculpa, ya que no la justificaci\u00f3n, de un m\u00f3vil personal, o bien venganza que satisfacer, o bien un lucro que conseguir. \u00bfPero esto qu\u00e9 significa sino perversidad fr\u00eda llevada a su \u00faltimo extremo? Se dice que el petardo estaba colocado de modo que estallase en el momento en que la iglesia estuviese llena de gente. El objeto de los criminales era, sin duda, robar las mesas de petitorio aprovech\u00e1ndose de la confusi\u00f3n que forzosamente se hab\u00eda de producir. Por casualidad providencial el cirio fu\u00e9 encendido m\u00e1s tarde de lo que calcularon los criminales, y la explosi\u00f3n no ocurri\u00f3 hasta despu\u00e9s de las doce y cuando el templo estaba cerrado y no quedaban dentro de \u00e9l m\u00e1s que las personas encargadas de velar el Sacramento. Si la explosi\u00f3n llega a ocurrir cuando la iglesia estaba atestada de gente, habr\u00edamos tenido que lamentar una verdadera cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Y va de cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>En un pueblo de la provincia de Huesca, y en los mismos d\u00edas de Semana Santa, un cura dispar\u00f3 un tiro de rev\u00f3lver contra el maestro de escuela.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00f3vil fu\u00e9, seg\u00fan parece, odios y rencillas de localidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En Menorca, un can\u00f3nigo de la catedral de Ciudadela, preso por amenazas al se\u00f1or obispo, escribe a \u00e9ste una carta insultante, reiterando su insubordinaci\u00f3n y amenazando al prelado con hacer justicia por procedimientos an\u00e1logos a los puestos en moda por Galeote y Cotilla.<\/p>\n\n\n\n<p>En Madrid, no recuerdo bien si en los \u00faltimos d\u00edas de Semana Santa o en los primeros de la Pascua, ocurri\u00f3 un suceso, que por fortuna no termin\u00f3 en tragedia. M\u00e1s bien tiene sus puntos y ribetes de sainete.<\/p>\n\n\n\n<p>En la calle de Cabestreros viv\u00eda una joven honesta y bonita, a la cual obsequiaba con miradas y ep\u00edstolas amorosas un gal\u00e1n como de unos veintiocho a\u00f1os, que ma\u00f1ana y tarde le paseaba la calle. No era esta insistencia del agrado de la muchacha, ni me\u00acnos de un hermano suyo, que se decidi\u00f3 a ponerle los puntos sobre las \u00edes al citado don Juan. Una noche se encar\u00f3 con \u00e9l, y le quiso disuadir con diversos argumentos de sus proyectos amorosos. El amartelado gal\u00e1n quer\u00eda llevar la cosa por buenas y protest\u00f3 de la honradez de su pasi\u00f3n, declarando de la manera m\u00e1s terminante que iba con buen fin.<\/p>\n\n\n\n<p>No convencieron estas razones al celoso hermano; ambos se enredaron de palabra primero, y despu\u00e9s a las palabras sigui\u00f3 la violencia de las acciones. Intervino una pareja de Orden p\u00fablico, y en la Prevenci\u00f3n se descubri\u00f3 que el gal\u00e1n era cura, uno de estos <em>curas francos<\/em> que tanto abundan en Madrid. En los bolsillos de su ropa seglar llevaba el angelito un rev\u00f3lver de cinco tiros.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta serie de hechos ha impresionado al p\u00fablico. Pero, \u00bfqu\u00e9 es esto? \u00bfSe viene abajo el mundo? \u00bfSat\u00e1n se ha puesto los h\u00e1bitos? \u00bfQu\u00e9 clero es \u00e9ste, que en un corto espacio de tiempo y en los d\u00edas m\u00e1s santos del a\u00f1o ofrece a la estupefacci\u00f3n del mundo tal serie de esc\u00e1ndalos y cr\u00edmenes?<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo no se hundir\u00e1 seguramente; pero todo indica que la llaga es honda en el Cuerpo eclesi\u00e1stico, y que ha de tener muy buena mano el que se comprometa a curarla. Muchos sostienen que s\u00f3lo con el hierro y el luego se curar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>9 de octubre de 1886.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que desde que existe el juicio oral en Espa\u00f1a no se ha celebrado ninguno tan dram\u00e1tico y que tan hondamente haya conmovido al p\u00fablico como el del presb\u00edtero Galeote, matador del Obispo de Madrid. Hab\u00eda que ver, en los \u00faltimos d\u00edas, las inmediaciones del Palacio de Justicia. Una multitud inmensa se api\u00f1aba a las puertas; los unos, intentando penetrar en la sala, que s\u00f3lo tiene cabida para ciento cincuenta personas; los otros, content\u00e1ndose con ver al reo en el breve momento que tardaba en pasar del coche celular a la puerta del edificio. Galeote atravesaba por entre la multitud vestido de cura, con manteo y canaleja, aparentemente sereno.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la sala, y frente al Tribunal, el reo se ha permitido las mayores extravagancias, ya desconociendo la autoridad del presidente, ya interrumpiendo a cada instante las declaraciones de los testigos. Pasando bruscamente del llanto a la ira, siempre agitado y nervioso, sus palabras, sus apostrofes, ora epigram\u00e1ticos, ora terribles, han excitado vivamente el inter\u00e9s del p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumidas cuentas, \u00bfest\u00e1 loco o no? Esta es la pregunta que se hace todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las cosas m\u00e1s chocantes en este extraordinario criminal es que carece en absoluto de todo sentido moral y de toda idea de responsabilidad. No ha expresado sentimiento alguno que indique arrepentimiento; no manifiesta l\u00e1stima de la victima, a quien inmolar\u00eda cien veces en aras ,de lo que \u00e9l llama su honra. Esta monoman\u00eda de sacrificar a su honra la vida de un superior, de quien personal\u00acmente no hab\u00eda recibido agravio, indica un cerebro enfermo, una perturbaci\u00f3n mental grave y una de\u00acgeneraci\u00f3n total indudable. Sus frases se han hecho c\u00e9lebres. Algunas est\u00e1n impregnadas de groser\u00edas; otras revelan bastante agudeza. Todas indican la violencia de su temperamento y la fuerza de la soberbia, que ha causado la perdici\u00f3n de este hombre infeliz.<\/p>\n\n\n\n<p>En el curso del interrogatorio se ve que se le trat\u00f3 con alguna desconsideraci\u00f3n, pues si se le tuvo por demente debieron desenga\u00f1arle y procurar su entrada en un manicomio. \u00abEntonces\u2014dice \u00e9l refiri\u00e9ndose a una de las entrevistas\u2014empez\u00f3 el <em>chuleo<\/em>.\u00bb Cuando vi\u00f3 llorar a su hermana, que era uno de los testigos de descargo, se inmut\u00f3 extraordinariamente, diciendo: \u00abAhora matar\u00eda yo catorce obispos que se me pusieran delante.\u00bb No demuestra amor a la vida, y oy\u00f3 con indiferencia calmosa la voz del fiscal, que ped\u00eda para \u00e9l la pena de muerte. Cuando vuelve de sus espasmos de ira, convencido de que no se le quiere hacer justicia, su tema es \u00e9ste: \u00abQue me den un rev\u00f3lver, y, tris tras, me pego un tiro y todo se acab\u00f3.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>El informe de los m\u00e9dicos ha sido brillante. No queda duda, despu\u00e9s de o\u00edr a los doctores Simarro y Vera, que Galeote es un ser degenerado. Su demencia es hereditaria, y muchos individuos de esta familia han padecido locura manifiesta o bien otras enfermedades que tienen relaci\u00f3n con los des\u00f3rdenes encef\u00e1licos. Galeote padece el delirio de persecuci\u00f3n, y las determinaciones de su voluntad son completamente mec\u00e1nicas, irresistibles y desligadas de toda idea moral. \u00bfEst\u00e1 por eso exento de responsabilidad? \u00bfH\u00e1llase la ciencia frenop\u00e1tica lo bastante adelantada para poder determinar d\u00f3nde acaba la responsabilidad? \u00bfSe ha llegado a encontrar el punto exacto en que la justicia debe retirarse, poniendo a los criminales en poder de los m\u00e9dicos?<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la cuesti\u00f3n grave, la m\u00e1s grave quiz\u00e1s, que se ofrece hoy a la consideraci\u00f3n de los hombres de ley. Antes que \u00e9stos lleguen a una inteligencia completa con los alienistas ha de pasar mucho tiempo. En tanto la sociedad ve con alarma que cunde la tendencia a tener por locos a los criminales, que\u00acdando por tanto libres de castigo, y la penalidad re\u00accae tal vez en los que han dado menos pruebas de perversidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Galeote podr\u00eda muy bien venir una soluci\u00f3n que ser\u00eda muy extra\u00f1a, dando lugar a la m\u00e1s singular anomal\u00eda. Supongamos que el Tribunal, en vista de las innegables pruebas de locura que ha dado el delincuente en la comisi\u00f3n de su crimen y despu\u00e9s en el juicio oral, le declara exento de responsabilidad y, por tanto, de pena, mandando que se le encierre en un manicomio. Tenemos, pues, a Galeote sometido, no a una correcci\u00f3n penitenciar\u00eda, sino a un tratamiento m\u00e9dico. Supongamos que \u00e9ste es tan h\u00e1bil que el enfermo se cura. Cuatro, cinco o seis a\u00f1os de vida reclusa, buena alimentaci\u00f3n y un sabio m\u00e9todo terap\u00e9utico le arreglan aquella desordenada cabeza, desaparece el delirio persecutorio, la man\u00eda de la honra, y mi hombre vuelve a la plenitud de sus facultades. Esto es dif\u00edcil, pero no cient\u00edficamente imposible, porque los reconstituyen\u00actes pueden obrar ese prodigio y aun algunos mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien; restablecido Galeote de la enfermedad que le impuls\u00f3 a dar muerte al obispo, no hay ley ninguna que le pueda retener en la clausura del manicomio.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente, a los manicomios van los locos para curarse, y cuando se curan no hay m\u00e1s remedio que ponerlos en la calle. Estando Galeote en perfecto estado de salud y en perfecto equilibrio cerebral, tiene que ser forzosamente dado de alta. No ser\u00e1 posible entonces aplicarle la pena que habr\u00eda merecido si obrara con sano juicio en el asesinato del obispo, porque como loco era irresponsable, y, en una palabra, no supo lo que hizo. Su acci\u00f3n fu\u00e9 como la de una m\u00e1quina. La ley y la l\u00f3gica pedir\u00edan que no se le molestara en lo m\u00e1s m\u00ednimo y ver\u00edamos a Galeote pase\u00e1ndose por esas calles y quiz\u00e1 diciendo misa en la misma capilla del Cristo de la Salud.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta serie de consideraciones hipot\u00e9ticas se contesta que Galeote debe ser encerrado en un manicomio a perpetuidad; pero no hay manicomios penitenciarios. La justicia moderna, aliada con la frenopatia, debe empezar por crearlos. Y si los crea, \u00a1no es absurdo que se tenga encarcelado a un hombre despu\u00e9s de haber recobrado la raz\u00f3n? Si se sostiene la necesidad de los manicomios penales, se reconoce que hubo responsabilidad en el loco que cometi\u00f3 un crimen, pues de otro modo no ser\u00eda justa la reclusi\u00f3n perpetua.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto demuestra que la ciencia penal no ha dicho a\u00fan la \u00faltima palabra en este problema, o m\u00e1s bien que estamos a\u00fan en los comienzos de esta gran evoluci\u00f3n en las teor\u00edas del derecho, influidos por los crecientes estudios de la fisiolog\u00eda y de la frenopat\u00eda. Estos no dan a\u00fan bastante luz sobre problema tan grave; pero los trabajos contin\u00faan, y cada d\u00eda se esclarece m\u00e1s, cuesti\u00f3n tan oscura. En Espa\u00f1a cultivan estos estudios los doctores Simarro y Ezquerdo, ambos aventajad\u00edsimos en la teor\u00eda y en la experiencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Madrid, 21 de abril de 1886. 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