{"id":8017,"date":"2014-05-03T04:01:00","date_gmt":"2014-05-03T02:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8017"},"modified":"2014-05-03T04:01:00","modified_gmt":"2014-05-03T02:01:00","slug":"articulo-la-dimision-de-bismarck-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-la-dimision-de-bismarck-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] La dimisi\u00f3n de Bismarck, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid, 24 de marzo de 1890.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>No se habla de otra cosa. En todos los c\u00edrculos, desde el m\u00e1s alto al m\u00e1s humilde, este asunto capital ahoga todos los dem\u00e1s asuntos. No se oye m\u00e1s que esta frase: \u00abHa dimitido Bismarck. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 en Europa?\u00bb Todo el mundo cre\u00eda, sin duda, que el <em>canciller de hierro<\/em> es m\u00e1s bien una instituci\u00f3n que una persona, y que su posici\u00f3n pol\u00edtica al frente del Gobierno de Alemania, y dirigiendo el mecanismo diplom\u00e1tico de toda Europa, no hab\u00eda de concluir sino con su vida. Bismarck es viejo. Desde el 62 gobierna a Prusia, y el Imperio ha estado en sus manos desde que existi\u00f3. Parec\u00eda natural que el favorito de Guillermo I acabara sus d\u00edas en el palacio de Wilhelmstrasse, residencia oficial de la Canciller\u00eda. Cuando empez\u00f3 a correr la noticia de que el Emperador Guillermo II prescind\u00eda de los servicios de su primer ministro, nadie la daba cr\u00e9dito. Como otras veces el tel\u00e9grafo nos ha tra\u00eddo la misma historia, se cre\u00eda que ahora, como entonces, obedec\u00eda la noticia a maniobras burs\u00e1tiles, o que era obra del pesimismo franc\u00e9s. AI verla plenamente confirmada, no qued\u00f3 nadie que no expusiera su opini\u00f3n sobre el caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien cre\u00eda sentir en Europa impresi\u00f3n semejante a la que producir\u00eda la ca\u00edda de un r\u00e9gimen o el acabamiento de una gloriosa dinast\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Bismarck ca\u00eddo! jBismarck fuera del Gobierno! No puede negarse que la emoci\u00f3n ha sido grande, que los cambios de todos los pa\u00edses se ha presentado en baja, que han renacido los temores de que se altere la paz, que se abren las puertas de lo desconocido, y que los esp\u00edritus m\u00e1s sagaces no saben profetizar lo que suceder\u00e1, ni qu\u00e9 rumbos son esos por los cuales quiere marchar el impetuoso Guillermo II.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya habl\u00e9, en mi anterior cr\u00f3nica, de los rescriptos imperiales proponiendo la conferencia para el mejoramiento de la clase obrera y de los trabajadores de las minas. Sabido es c\u00f3mo respondieron los socialistas a los proyectos reformadores del emperador: acudiendo con formidable cohesi\u00f3n a la lucha electoral y aumentando considerablemente su fuerza dentro del Reichstag. La conferencia de economistas convocada por el Emperador se ha reunido ya y de un d\u00eda a otro comenzar\u00e1n las sesiones. En medio de ella cae como una bomba la dimisi\u00f3n del canciller, que al dar paso tan grave en los d\u00edas mismos de la inauguraci\u00f3n de la conferencia, da a entender claramente que su desacuerdo con el Emperador se funda en la distinta manera con que uno y otro aprecian la cuesti\u00f3n socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto: Bismarck ha dicho siempre que mientras m\u00e1s concesiones se hagan a los socialistas, peor. El Emperador toma la iniciativa para las econom\u00edas que el Canciller estima peligrosas y contraproducentes, y la discordia estalla entre ambos. El ministro quiere dejar al Soberano la responsabilidad de sus ideas contemporizadoras, y el joven Soberano, lleno de br\u00edos juveniles y de ilusiones de gloria, toma gustoso dicha responsabilidad. \u00bfQu\u00e9 vendr\u00e1 aqu\u00ed? \u00a1Qu\u00e9 fracasos? Esta es la pregunta del d\u00eda; a la cual se da com\u00fanmente esta sabia y cautelosa respuesta: \u00abNadie lo sabe.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>En concreto, nadie sabe nada, y es imprudente aventurar juicios sobre el camino que tomar\u00e1 Guillermo II, pues es muy probable que \u00e9l mismo no lo sepa. La ense\u00f1anza que principalmente se desprende de la emoci\u00f3n producida por la retirada de Bismarck es que el gobierno personal, a\u00fan cuando sea ejercido por Monarcas tan juiciosos como los Hohenzollern, y tenga por instrumento a hombres de la asombrosa inteligencia de Bismarck, no satisface plenamente las necesidades de los pueblos modernos, porque los hombres extraordinarios no nacen todos los d\u00edas; y cuando un gobernante de esa talla cesa en sus funciones, bien por muerte, bien porque se concluye su privanza, parece que el pa\u00eds se queda hu\u00e9rfano y aturdido, sin saber por donde andar.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros t\u00e9rminos: el gobierno personal es una tutela, que en el caso presente resulta de las m\u00e1s inteligentes; pero tutela a! fin. El pa\u00eds descansa en la pericia y vigilancia del tutor. Pero falta \u00e9ste de improviso, y todo es desconcierto, sobresalto y pavura. No pasar\u00e1 tal cosa en Inglaterra, pa\u00eds donde no gobiernan los hombres sino las instituciones, donde ning\u00fan personaje pol\u00edtico, por grande y conspicuo que sea, es insustituible. La opini\u00f3n es all\u00ed el agente primordial del gobierno: los ministros son agentes en segundo grado, simples transmisores de la fuerza que arranca de los comicios. Si faltaran all\u00ed en un s\u00f3lo d\u00eda, los jefes de los dos grandes partidos, y los \u00ableaders\u00bb de todos los grupos y las eminencias parlamentarias, inmediatamente ser\u00edan sustituidos, sin que la mec\u00e1nica pol\u00edtica sufriese la menor alteraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Ni los m\u00e1s encarnizados enemigos del Pr\u00edncipe Bismarck desconocen los inmensos servicios que ha prestado a la patria. Su entendimiento colosal, su agudeza, la energ\u00eda de su voluntad hacen de \u00e9l la figura m\u00e1s culminante de Europa en la segunda mitad del siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dirig\u00eda la pol\u00edtica alemana, y era la clave de toda la pol\u00edtica europea, por el poder inmenso que bajo su experta mano adquiri\u00f3 el Imperio. Ministro de Prusia desde el 62, se se\u00f1al\u00f3 en su primeros tiempos de mando por las luchas que hubo de sostener contra el Parlamento, reforzando el poder real. Sostenido en el mando por el entonces Rey Guillermo, contra las acometidas furibundas de los liberales, prepar\u00f3 la campa\u00f1a de 1867, en que di\u00f3 al traste con la Confederaci\u00f3n arrancando al Austria la hegemon\u00eda de los pa\u00edses germ\u00e1nicos. La campa\u00f1a de 1870, la m\u00e1s decisiva que existe quiz\u00e1 en los anales hist\u00f3ricos, pues pocas veces se ha triunfado de un poderoso enemigo en condiciones tan favorables para el vencedor y tan desastrosas para el vencido, permiti\u00f3 a Bismarck poner el remate a su grande obra, creando el Imperio, mejor dicho, restaur\u00e1ndolo en la persona del Rey de Prusia. Los Estados alemanes confederados bajo el cetro y la espada vencedora de Guillermo I, constituyeron la potencia m\u00e1s grande y poderosa de los tiempos modernos, \u00e1rbitra de la paz o la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>El Canciller despleg\u00f3 en la creaci\u00f3n del Imperio dotes de pol\u00edtico asombroso, de diplom\u00e1tico habil\u00edimo, y aun de militar. Guillermo I le consideraba como el cerebro del Imperio. Bismarck complet\u00f3 su obra, fomentando la iniciativa colonial, dando elementos a la industria y el comercio para que se desarrollaran en las proporciones gigantescas en que actualmente se hallan, y por fin, para sostener la primac\u00eda de su pa\u00eds en Europa y asegurarse poderosos auxiliares, negoci\u00f3 y obtuvo la Triple alianza, con la cual Austria e Italia se hallan ligadas a la pol\u00edtica y a los intereses germ\u00e1nicos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el gobierno interior, los procedimientos de Bismarck han sido siempre duros, autoritarios. Su car\u00e1cter inflexible no sabe ceder, y est\u00e1 acostumbrado a que cedan los dem\u00e1s. A su lado no pod\u00edan nacer ni desarrollarse caracteres en\u00e9rgicos, porque su propia colosal energ\u00eda trocaba en debilidades las energ\u00edas ajenas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ministro de tres soberanos, su situaci\u00f3n ante los tres no ha sido la misma. Guillermo I, que ve\u00eda en<\/p>\n\n\n\n<p>Bismarck un hombre de dotes sobrenaturales, le daba carta blanca para todo. El Emperador era el brazo, y el Canciller era la inteligencia. Jam\u00e1s hubo disentimiento entre los dos, porque el consejo del Ministro ten\u00eda completamente absorbida la voluntad del Monarca.<\/p>\n\n\n\n<p>El breve reinado de Federico III, de aquel inteligente y simp\u00e1tico Emperador m\u00e1rtir, no fu\u00e9 completamente favorable a la prepotencia de Bismarck. Aquel ilustre Pr\u00edncipe deseaba reformar la pol\u00edtica prusiana en sentido favorable a las ideas liberales, dar m\u00e1s latitud al derecho parlamentario, y preparar al Imperio para un r\u00e9gimen semejante al ingl\u00e9s. La dolorosa enfermedad de Federico, no permiti\u00f3 que se hiciera p\u00fablica la radical desavenencia entre el Soberano y su Canciller; pero esta desavenencia exist\u00eda. Cu\u00e9ntase que la Emperatriz Victoria fu\u00e9 siempre encarnizada enemiga de Bismarck, el cual abominaba de la influencia inglesa en los consejos del desgraciado Emperador. Mientras \u00e9ste vivi\u00f3, la opini\u00f3n se\u00f1alaba al entonces Kromprinz, hoy Emperador, Guillermo II, como partidario ardiente del Canciller, y tan enemigo como \u00e9ste de la influencia inglesa. De tal modo se acentu\u00f3 esta creencia, que han corrido por la Prensa europea diferentes an\u00e9cdotas en que se ponen de manifiesto profundas antipat\u00edas entre Guillermo y su cu\u00f1ado el Pr\u00edncipe de Gales.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que a Guillermo se le conceptuaba tan afecto al Canciller como su abuelo, Bismarck, hombre de gran penetraci\u00f3n y muy ducho en el conocimiento de los caracteres humanos, no deb\u00eda tenerlas todas consigo respecto a la constancia del que habr\u00eda de ser su amo, y hablando de \u00e9l y de su impetuosa \u00edndole, dijo: \u00abEste ser\u00e1 su propio canciller.\u00bb La profec\u00eda se ha cumplido en da\u00f1o del mismo que la formul\u00f3, y he aqu\u00ed a Guillermo disponi\u00e9ndose a regir el Imperio por su propia iniciativa.<\/p>\n\n\n\n<p>La desavenencia entre el Emperador y el Pr\u00edncipe de Bismarck debe ser honda y abraza diferentes puntos. Lo que parece haber sido causa inmediata de la ruptura es que el Emperador tenia camarilla, a saber, consejeros no responsables, a cuyas sugestiones obedec\u00eda para dictar providencias, cuya responsabilidad no ha querido asumir el primer ministro. Entre estas iniciativas figuran los famosos rescriptos, que a Bismarck debieron saberle muy mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Los personajes de la corte m\u00e1s se\u00f1alados, entre ese consejillo irresposable y oficioso que parece influir- sobre el \u00e1nimo de Guillermo, son el doctor Hinzpeter y el general Walderzee, personas ambas de notorio talento y agudeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres de ambos son celebradas por su belleza y por su influencia en la corte, aunque no hay motivo para sospechar que en la conducta del Emperador hayan tenido parte alguna, como se ha dicho, los m\u00f3viles galantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La persona que desde el principio se indic\u00f3 para sustituir a Bismarck en el cargo de Canciller del Imperio es el general von Capriv\u00ed, que ha sido ministro de Hacienda, hombre de talento organizador y de vastos conocimientos cient\u00edficos, pero que no tendr\u00e1 de seguro en el terreno pol\u00edtico y diplom\u00e1tico iniciativas de ninguna clase. Ser\u00e1 no m\u00e1s que un secretario de S. M. I. y R., el cual cumple la famosa profec\u00eda, erigi\u00e9ndose en su propio canciller.<\/p>\n\n\n\n<p>El canciller cesante envi\u00f3 su dimisi\u00f3n en un largo escrito de veinte pliegos. La <em>Gaceta de Colonia<\/em>, \u00f3rgano autorizado de Bismarck, no deja duda acerca de los motivos en que \u00e9ste funda su dimisi\u00f3n. \u00abNo queremos incurrir en la hipocresia\u2014dice\u2014de afirmar que el Pr\u00edncipe ha dimitido por razones de salud o porque se encontrara en frente de una mayor\u00eda hostil en el Reichstag. Este \u00faltimo hecho, aunque pesando algo en su \u00e1nimo, en modo alguno figura en primer t\u00e9rmino entre los motivos de su resoluci\u00f3n, en los cuales, adem\u00e1s, no hay nada personal, balad\u00ed o peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La verdad es que como jefe responsable de un Gobierno, el canciller no pod\u00eda tolerar la existencia de consejeros no oficiales al lado del Emperador ni asumir la responsabilidad de actos que en realidad eran inspirados por tales consejeros.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>los \u00faltimos despachos parecen acentuar el car\u00e1cter grave de la ruptura, no obstante las naturales expresiones de conmiseraci\u00f3n y afecto empleadas por el Emperador al despedirse de su ministro. Que el estado de \u00e1nimo de Bismarck es de irritaci\u00f3n lo prueba el hecho de no querer aceptar el ducado de Lauemburgo con que el soberano se empe\u00f1a en obsequiarle. Hay que considerar qpe este ducado no es vano t\u00edtulo, sino que implica la soberan\u00eda efectiva de un territorio que el mismo canciller agreg\u00f3 al Imperio no hace muchos a\u00f1os. Y el enfado del Pr\u00edncipe se revela tambi\u00e9n en que todos los individuos de su familia que desempe\u00f1aban cargos pol\u00edticos o diplom\u00e1ticos los han dimitido. El conde Herbert de Bismarck se niega a recibir de Guillermo II ninguna gracia, y su hermano pol\u00edtico renuncia tambi\u00e9n las mercedes imperiales.<\/p>\n\n\n\n<p>No queda, pues, duda de que el soberano y su ministro universal han re\u00f1ido, quiz\u00e1s para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edcese que Bismarck piensa apoyarse ahora en el partido cat\u00f3lico para hacer vigorosa oposici\u00f3n al nuevo canciller, y si esto resultara cierto, las complicaciones no se har\u00edan esperar. Por de pronto, Italia teme que no sea Bismarck, sino el mismo Emperador, quien procure la uni\u00f3n con el partido cat\u00f3lico para poder gobernar, y en este caso reverdecer\u00edan las esperanzas de los partidarios del Papa- Rey. De aqu\u00ed la situaci\u00f3n cr\u00edtica en que se encuentra Crisp\u00ed, vivamente combatido en el Parlamento italiano y amenazado de que su obra predilecta, que es la alianza con Alemania, se destruya de la noche a la ma\u00f1ana. De modo que aunque haya dicho Guillermo II que la pol\u00edtica exterior no sufrir\u00eda alteraci\u00f3n alguna con el cambio de Canciller, podr\u00eda suceder que los hechos le desmintieran y que las relaciones internacionales de Alemania se subordinaran a las exigencias de la pol\u00edtica interior, lo que no ha sucedido hasta aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que conocen algo las interioridades de Frederichsruhe y de Varzin, donde Bismarck reside habitualmente, aseguran que la vida del grande hombre de Estado es extraordinariamente sencilla. Vive como el \u00faltimo de los burgueses, gustando la paz dom\u00e9stica, rodeado de su familia, rara vez visitado de los amigos m\u00e1s \u00edntimos. Su trato es afable: emplea gran parte del d\u00eda en pasear por los extensos campos que rodean su vivienda, y dedica bastante tiempo a dirigir las operaciones agr\u00edcolas e industriales en el vasto patrimonio que le regal\u00f3 su soberano y amigo el emperador Guillermo I.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de los ataques de reuma articular de que padece, la salud del Pr\u00edncipe es buena. Su vigorosa naturaleza resiste al peso de los setenta y cinco a\u00f1os, edad que no parece muy avanzada en un pa\u00eds y en una raza donde son tan comunes los casos de longevidad. Con sus quince lustros, Bismarck es casi un pollo si se lo compara con Moltke, que ya cumpli\u00f3 los noventa a\u00f1os, y aun trabaja y tiene salud y vigor. El Pr\u00edncipe no hace m\u00e1s que una comida fuerte, comida de familia, nada sobria por cierto, reforzada con vinos exquisitos y amenizada por el ingenio chispeante del que ha sido \u00e1rbitro de los destinos de Europa. En la comida, como en todos los momentos de la vida familiar e \u00edntima, Bismarck es agradable, dicharachero, y nada indica en \u00e9l la f\u00e9rrea voluntad que esclaviz\u00f3 a los que sirven a sus \u00f3rdenes. Pero en cuanto se pone a despachar los asuntos de Estado, recobra el Canciller su dureza, trata a los Ministros con altaner\u00eda y hace sentir a cada instante el peso de su mano formidable. Su maravilloso talento se ha desplegado cual ninguno en las relaciones internacionales y en la alta pol\u00edtica. En la pol\u00edtica menuda de aplicaci\u00f3n inmediata al r\u00e9gimen interior de los pueblos, se ha echado siempre de menos en Bismarck la tolerancia, la facultad de ajustarse a la realidad y el transigir con ciertas exigencias razonables del esp\u00edritu p\u00fablico. En los tiempos que corren, y aun contando con la mansedumbre de un pa\u00eds tan respetuoso para la instituci\u00f3n mon\u00e1rquica y tan amante de la dinast\u00eda, no se puede tirar mucho de la cuerda sin exponerse a que la cuerda se rompa. Esto le ha pasado al grande hombre de Alemania: que la cuerda se ha roto, qued\u00e1ndosele un cabo en la mano. Ha dirigido la pol\u00edtica internacional con maestr\u00eda incomparable; pero en la interior el \u00e9xito es muy dudoso, y aquel pa\u00eds, tan sumiso y tan bien organizado para los servicios de la autoridad, se ha cansado de ser reba\u00f1o y aspira sin duda a que lo gobiernen de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el \u00e9xito es quien definitivamente glorifica o condena en achaques de gobierno, falta saber si el Emperador saldr\u00e1 adelante sin andadores o se quedar\u00e1 en el atolladero. Que quiere trabajar por su cuenta no tiene duda; que es hombre de iniciativa bien probado est\u00e1. Ahora falta que los hechos justifiquen el acto grav\u00edsimo de haber prescindido de la tutela que el Pr\u00edncipe de Bismarck venia ejerciendo hace treinta a\u00f1os sobre los soberanos de Hohenzollern<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se habla de otra cosa. En todos los c\u00edrculos, desde el m\u00e1s alto al m\u00e1s humilde, este asunto capital ahoga todos los dem\u00e1s asuntos. No se oye m\u00e1s que esta frase: \u00abHa dimitido Bismarck. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 en Europa?\u00bb Todo el mundo cre\u00eda, sin duda, que el canciller de hierro es m\u00e1s bien una instituci\u00f3n que una persona, y que su posici\u00f3n pol\u00edtica al frente del Gobierno de Alemania, y dirigiendo el mecanismo diplom\u00e1tico de toda Europa, no hab\u00eda de concluir sino con su vida. 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