{"id":8044,"date":"2015-02-04T06:31:00","date_gmt":"2015-02-04T05:31:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8044"},"modified":"2015-02-04T06:31:00","modified_gmt":"2015-02-04T05:31:00","slug":"enfermedad-rey-articulo-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/enfermedad-rey-articulo-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] La enfermedad del rey, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid, 1.\u00ba de diciembre de 1884.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>He de decir algo de un asunto que no puede ser tratado f\u00e1cilmente en la Prensa espa\u00f1ola, asunto de suyo delicad\u00edsimo, pero que no es inabordable si se consigue apartar de \u00e9l la mala fe, si se le trata con la sinceridad y frialdad de una cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, descartando de \u00e9l todo lo que sea pasiones, intereses y miserias pol\u00edticas del momento. Este asunto es la enfermedad del Rey.<\/p>\n\n\n\n<p>Si de esto se permitiera escribir en la Prensa espa\u00f1ola, leer\u00edamos cosas estupendas, candideces risibles por una parte, invenciones novelescas por otra. Alguien nos dir\u00eda que la salud de Su Majestad era perfecta y que su constituci\u00f3n robust\u00edsima es garant\u00eda de un largo y fecundo reinado; otros, Por el contrario, nos le presentar\u00edan, no ya como enfermo y desahuciado, sino como medio muerto o muerto por entero. Esta \u00faltima opini\u00f3n ha venido del extranjero, aunque su verdadero origen ha estado en rumores de aqu\u00ed y en conversaciones que s\u00f3lo con mil precauciones e hipocres\u00edas de estilo han llevado los periodistas a las letras de molde.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Le Gaulois<\/em> public\u00f3 no hace mucho varios art\u00edculos en que declaraba que Alfonso XII padece una enfermedad grave. Otros diarios extranjeros le han marcado ya la \u00e9poca en que debe ocupar su puesto en el pante\u00f3n de El Escorial. As\u00ed lo aseguran muchas personas venidas de Par\u00eds donde dan esto como art\u00edculo de fe, pues corre por all\u00e1 la especie con todos los visos de cosa juzgada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa esto? No falta quien lo atribuya a un complot h\u00e1bilmente urdido para asegurar el \u00e9xito de jugadas a la baja sobre fondos espa\u00f1oles en la Bolsa de Par\u00eds. Par\u00e9ceme que es demasiado fuerte y demasiado consistente el rumor para que se le pueda suponer el citado origen. Lo indudable es que se ha explotado la noticia, verdadera o falsa, para influir en los cambios. Los que la desmienten en absoluto tienen en su favor un argumento fort\u00edsimo. \u00bfNo estamos viendo todos los d\u00edas al Rey a caballo y en coche en los paseos y sitios p\u00fablicos, en las maniobras militares de Carabanchel, en el Retiro, en los teatros? Cierto que su semblante no demuestra una salud perfecta; pero tambi\u00e9n lo es que un enfermo, y enfermo grave e incurable, no resiste las largas expediciones a caballo, trotando horas enteras, con que entreten\u00eda los ocios de La Graja en el \u00faltimo verano y los de El Pardo en el presente oto\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNada, nada; el Rey est\u00e1 bueno y sano. Tenemos reinado para un rato\u2014dicen unos\u2014. Los enemigos de la paz p\u00fablica no descansan, y hall\u00e1ndose impotentes para armar una revoluci\u00f3n, llaman en su auxilio a la misma muerte. Esto es inicuo; es m\u00e1s, es pura imbecilidad.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNada, nada\u2014dicen otros\u2014; el Rey se va. Sus d\u00edas est\u00e1n contados. Estamos abocados a todas las calamidades de una Regencia, de una menor edad de Pr\u00edncipe, si bien la \u00edndole de los tiempos es tal que resolver\u00eda esta cuesti\u00f3n de un tijeretazo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La Parca y la Libertad se arreglan hoy con un mismo instrumento cortante. El hilo de la Monarqu\u00eda hereditaria queda roto para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>En medio del caos que resulta de la contradicci\u00f3n palmaria entre estas dos opiniones no deja de llamar la atenci\u00f3n el hecho de que Alfonso XII, apenas venido de La Granja, se meta en El Pardo y s\u00f3lo venga a la corte por breves horas cuando alg\u00fan acto imprescindible reclama su presencia en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre fu\u00e9 este Pr\u00edncipe muy aficionado a la vida de Madrid y a su alegre bullicio. (\u00a1C\u00f3mo se ausenta ahora huyendo de la animaci\u00f3n de nuestros paseos y teatros?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 indiscreci\u00f3n decir que este retraimiento se ha atribuido por algunos a esos peque\u00f1os disgustillos que a veces son nubes que empa\u00f1an el cielo puro de los matrimonios mejor concertados? Se ha hablado de una diva del teatro Real, de celos de la Reina&#8230; Refiero esto a t\u00edtulo de dato hist\u00f3rico, que podr\u00eda servir para dar a conocer la despreocupaci\u00f3n mon\u00e1rquica de la \u00e9poca presente y la ligereza con que se traen y con que se llevan nombres respetables. El relajamiento del sentido moral en nuestro pueblo se revela muy claramente en la facilidad con que atribuyen todos los actos de los altos poderes a m\u00f3viles peque\u00f1os. Sin negar de un modo terminante que en aquellas alturas puedan ocurrir flaquezas que caen dentro de la jurisdicci\u00f3n de lo humano; sin afirmar que Alfonso XII, joven, Rey, sea impecable, pongo en duda lo que se ha indicado como causa del confinamiento en El Pardo, y no s\u00f3lo lo pongo en duda sino que lo niego.<\/p>\n\n\n\n<p>Personas que ven de cerca los actos palaciegos, y que no est\u00e1n cegados por el inter\u00e9s pol\u00edtico, dan fe de ello con argumentos que no dejan lugar a dudas. No es el menos fuerte de \u00e9stos el car\u00e1cter de la Reina, que es la misma discrecci\u00f3n, la misma dulzura, persona de tan relevantes prendas que en ella se hermanan de un modo incomparable la majestad y la modestia.<\/p>\n\n\n\n<p>El que se atenga a la pura verdad en el delicado asunto de la dolencia del Rey, y prescinda por completo de las hablillas, debe hacer constar que es falsa la suposici\u00f3n de que Su Majestad padece una dolencia pulmonar, pues, esto lo desmienten su aspecto y sus largas correr\u00edas a caballo, que fatigan a sus ayudantes antes que a \u00e9l. Pero, al mismo tiempo, no es posible negar que un mal existe en la naturaleza de Su Majestad que indica desequilibrios o Perturbaciones, tal vez ligeros, pero precursores de otro m\u00e1s grave, si de la misma naturaleza no nacen energ\u00edas que lo corten a tiempo. Si no hay en el organismo de Alfonso XII s\u00edntoma alguno de lesi\u00f3n, como a boca llena declaran sus m\u00e9dicos, ni \u00e9stos ni nadie puede negar que el ilustre pr\u00edncipe vive, tiempo ha, afectado de una profunda tristeza o hast\u00edo que si no es manifestaci\u00f3n morbosa declarada, bien pudiera llegar a serlo. Cuantos tienen ocasi\u00f3n de ver de cerca a las reales personas, dan fe de este fen\u00f3meno, no extra\u00f1o ni nuevo ciertamente en la familia de Borb\u00f3n. El Rey manifiesta un tedio invencible hacia los negocios de Estado, hacia las ceremonias palaciegas, en suma hacia todo lo que constituye su oficio y su obligaci\u00f3n. En los consejos de ministros oye con perfecta indiferencia la exposici\u00f3n de los graves asuntos de Gobierno, as\u00ed exteriores como interiores. Aquel entusiasmo por la organizaci\u00f3n militar, por el mejoramiento de los diferentes ramos administrativos, aquella actividad, aquel af\u00e1n de enterarse de todo, de comprender y dominar la m\u00e1quina del Gobierno, han desaparecido por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs esto una manifestaci\u00f3n patol\u00f3gica, o un fen\u00f3-meno puramente moral? Dif\u00edcil es si no imposible, dar a esto contestaci\u00f3n. Algunos relacionan el has t\u00edo de Alfonso XII con las melancol\u00edas de Felipe V y Fernando VI, y hallan perfecta consonancia entre uno y otro s\u00edntoma, llegando a la afirmaci\u00f3n de una neurosis hereditaria, que tampoco perdon\u00f3 a Carlos III y Fernando VII. Otros no van a buscar tan lejos la explicaci\u00f3n, y prescindiendo de la historia, que por mucho que ense\u00f1e no ense\u00f1a tanto como la observaci\u00f3n directa, explican la real tristeza por las miserias y desdichados espect\u00e1culos que nos rodean. Seg\u00fan \u00e9stos, Alfonso XII, educado en Alemania e Inglaterra, con amplitud de miras, fortalecido en la doble escuela de la ciencia y de la desgracia, vino aqu\u00ed con grandes ilusiones. Cre\u00eda de buena fe en la resurrecci\u00f3n s\u00fabita del poder espa\u00f1ol por medio del orden administrativo, de la libertad fielmente practicada, de la buena fe de los partidos y de la honradez de los hombres pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros tiempos de su reinado pudieron fo-mentar tales ilusiones. El pa\u00eds, anhelante de reposo, se recreaba con la paz, si bien no tanto por verdadero amor de ella como por cansancio. Pasado alg\u00fan tiempo, principian a bullir de nuevo las mal contenidas ambiciones. La paz moral desaparece; se habla de revoluci\u00f3n como de la cosa m\u00e1s natural del mundo, y los mon\u00e1rquicos que no comen del presupuesto, se permiten recordar a la Monarqu\u00eda el fin poco envidiable de ciertos reyes desdichados. Se ve entonces que la sinceridad no existe en los partidos que rodean a la dinast\u00eda, que \u00e9stos la amparan y enaltecen mientras viven y triunfan a su sombra, reserv\u00e1ndose el derecho de escarnecerla cuando aqu\u00e9lla se cree en el caso de cambiar de consejeros. El desbarajuste crece y los liberales se dividen en fracciones rencorosas cuando por primera vez en nuestra historia constitucional se ve\u00edan en situaci\u00f3n de realizar ampliamente su programa dentro de la Monarqu\u00eda. De repente, cuando menos se piensa, y cuando todos consider\u00e1bamos los pronunciamientos militares como cosa ya pasada para siempre, aparece esta vergonzosa calamidad en los sucesos de Badajoz (agosto de 1883). Se ve que el ej\u00e9rcito no ha sanado a\u00fan de su vicio constitutivo; se teme que aquel desafuero se repita, y s\u00f3lo este temor, s\u00f3lo la idea de que pueda repetirse, altera y descompone el cuerpo pol\u00edtico y social, de un modo, que no comprender\u00e1 seguramente quien no viva en medio de este caos.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, los liberales contin\u00faan en la oposici\u00f3n tan divididos como en el Poder. Los conservadores, gobernando fuera de raz\u00f3n, no tienen m\u00e1s programa ni m\u00e1s pol\u00edtica que ahondar m\u00e1s y m\u00e1s aquellas diferencias. A esto lo sacrifican todo. Creer\u00edase que para eso, y nada m\u00e1s que para eso, existen. Por ver re\u00f1ir a un izquierdista con un constitucional, el Gobierno conservador ser\u00eda capaz de comprometer lo m\u00e1s respetable. Resumen: que imperan en nuestra pol\u00edtica la mala fe y los temperamentos rencorosos; que no se puede vislumbrar lo que resultar\u00e1 de todo esto; que el porvenir se presenta tempestuoso, indescifrable y amenazador.<\/p>\n\n\n\n<p>En vista de esto, ocurre preguntar: \u00bfpuede este cuadro de s\u00edntomas de la enfermedad nacional darnos una explicaci\u00f3n de las dolencias, m\u00e1s bien morales que f\u00edsicas, del jefe del Estado? La respuesta la dar\u00e1 cada cual en su conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El sitio Real donde Alfonso XII entretiene sus melancol\u00edas est\u00e1 pr\u00f3ximo a Madrid. El palacio es<\/p>\n\n\n\n<p>muy hermoso. Contiene una colecci\u00f3n de tapices mejor que la de El Escorial, y preciosos cuadros de diferentes maestros. El inmenso bosque que le rodea, abundante en caza mayor y menor, no es risue\u00f1o como las arboledas de La Granja y Aranjuez. Paisaje severo y grandioso, cuadra bien a un esp\u00edritu tocado de tristezas y a un coraz\u00f3n en que anida el desaliento. All\u00ed meditar\u00e1 seguramente Alfonso XII en las nebulosas contingencias que se desarrollar\u00e1n en su reinado; considerar\u00e1 seguramente que si la dinast\u00eda fu\u00e9 acusada de ofrecer <em>obst\u00e1culos tradicionales<\/em> al desarrollo de las actividades propias de la \u00e9poca, tambi\u00e9n la naci\u00f3n lleva en su organismo internos obst\u00e1culos no menos tradicionales y profundos, que la entorpecen y la trastornan desde que intenta moverse, del mismo modo que ciertos organismos humanos sufren a cada momento los efectos morbosos del vicio de su propia sangre.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7970\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He de decir algo de un asunto que no puede ser tratado f\u00e1cilmente en la Prensa espa\u00f1ola, asunto de suyo delicad\u00edsimo, pero que no es inabordable si se consigue apartar de \u00e9l la mala fe, si se le trata con la sinceridad y frialdad de una cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, descartando de \u00e9l todo lo que sea pasiones, intereses y miserias pol\u00edticas del momento.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":8007,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,3,4,52],"tags":[],"class_list":["post-8044","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo-periodistico","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-criticon"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - 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