{"id":8086,"date":"2016-01-05T16:04:00","date_gmt":"2016-01-05T15:04:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8086"},"modified":"2016-01-05T16:04:00","modified_gmt":"2016-01-05T15:04:00","slug":"articulo-epidemias-y-crisis-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-epidemias-y-crisis-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] Epidemias y crisis, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid, 4 de julio de 1885.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Conclu\u00ed mi cr\u00f3nica anterior augurando sucesos dignos de ser contados, con motivo de la manifestaci\u00f3n del comercio madrile\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No me equivoqu\u00e9, y el 20 de junio result\u00f3 ser un d\u00eda c\u00e9lebre que no olvidar\u00e1n f\u00e1cilmente los ministros conservadores ni otras personas muy elevadas.<\/p>\n\n\n\n<p>El motivo del disgusto de la clase comercial fu\u00e9 la declaraci\u00f3n extempor\u00e1nea, prematura y nunca satisfactoriamente explicada del c\u00f3lera morbus en Madrid, y la manera de expresarlo consisti\u00f3 en cerrar un d\u00eda dado todas las tiendas de esta capital.<\/p>\n\n\n\n<p>Al prop\u00f3sito de los tenderos se agreg\u00f3 el de los due\u00f1os de caf\u00e9s y tabernas, y cumplido el acuerdo sin excepci\u00f3n alguna, vimos a Madrid en el m\u00e1s extra\u00f1o y desusado aspecto que es posible imaginar en esta poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque las tiendas cerradas se ven los domingos y d\u00edas festivos; pero jam\u00e1s, en lo que lleva de existencia, se ha visto Madrid sin caf\u00e9s y sin tabernas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y este fen\u00f3meno, dando a la corte un aspecto de tristeza y desolaci\u00f3n, tan contrario a su temperamento constante, no pod\u00eda menos de producir hond\u00edsimo trastorno en el vecindario.<\/p>\n\n\n\n<p>A muchos habitantes de esta villa debi\u00f3 parecerles que se acababa el mundo o que alguna perturbaci\u00f3n grave ocurr\u00eda en nuestro planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros debieron de padecer horribles nostalgias.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos vagaban por las calles, observando los l\u00fagubres bastidores de las puertas cerradas, mirando los letreros de los escaparates, parecidos a nichos de cementerios, y las chapas met\u00e1licas que cubren los huecos de las puertas de los establecimientos comerciales.<\/p>\n\n\n\n<p>El contingente de desocupados de la Puerta del Sol aument\u00f3 de un modo tan extraordinario que la guardia civil de a caballo &#8216;tuvo que recomendar, con no muy suaves modos, que se fuera cada uno a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Como las tiendas de comestibles se cerraron tambi\u00e9n a piedra y barro, los bebedores de caf\u00e9 y de vino no hallaron medio de suplir con libaciones caseras la privaci\u00f3n fort\u00edsima a que la clausura les obligaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la cosa hubiera durado tres d\u00edas, creo que alguien habr\u00eda intentado abrir a hachazos las cerradas puertas del Imperial y el Suizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Felizmente, este eclipse total tabernario y cafetero s\u00f3lo dur\u00f3 el 2o, d\u00eda y noche, y el 21 los establecimientos recibieron de nuevo a sus parroquianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas por la noche del 20, la multitud que invad\u00eda las calles, compuesta de ociosos y de curiosos, sufri\u00f3 varias embestidas del Cuerpo de polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un gobernador antip\u00e1tico quiso demostrar en aquella ocasi\u00f3n energ\u00edas de todo punto intempestivas, y hubo sustos, carreras, sablazos, y apabulles, magulladuras, bofetadas, estrujones y, por fin, dos muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Di\u00f3se el nombre de mot\u00edn a este barullo, y el Gobierno declar\u00f3 que todo era obra de la picara revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que se publicaron proclamas, que se oyeron gritos sediciosos, y el gobernador decor\u00f3 las esquinas con un bando altisonante, en que estampaba las frases de amenaza y c\u00f3lera que son propias del caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, en mi humilde opini\u00f3n, los pruritos revolucionarios, y las proclamas, y los intentos sediciosos s\u00f3lo estaban en la acalorada fantas\u00eda del se\u00f1or Villaverde, que ya vi\u00f3 estas cosas y otras igualmente tremendas en el alboroto de los estudiantes all\u00e1 por noviembre del \u00faltimo a\u00f1o. Hay hombres predestinados a encontrarse la revoluci\u00f3n a la vuelta de cada esquina, y uno de \u00e9stos es el Sr. Villaverde, a quien se le antojan los dedos demagogos.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera causa del mot\u00edn fu\u00e9 una ley f\u00edsica, la impenetrabilidad, por la cual dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar, y como la multitud llenaba la Puerta del Sol y quer\u00edan los curiosos ocuparla tambi\u00e9n, no quedaba hueco para los agentes de orden p\u00fablico y la Guardia civil, de donde vino la \u00ablucha por el espacio\u00bb; los m\u00e1s fuertes expulsaron a los m\u00e1s d\u00e9biles, y al vaciarse la plaza por sus avenidas, flaquearon muchas piernas y fueron molidas y contusas innumerables costillas.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo esto corr\u00eda por Madrid la noticia de la dimisi\u00f3n del Ministerio; el presidente de la C\u00e1mara y el jefe del partido liberal fueron llamados a Palacio. El Rey les ped\u00eda consejo para la resoluci\u00f3n de la crisis. Expectaci\u00f3n en las masas aburridas. La palabra crisis no suena nunca en Madrid como otra palabra cualquiera. Siempre hay alguien en quien produce escalofr\u00edos de desesperaci\u00f3n y alguien a quien infunde alientos de esperanzas. La crisis es cambio de Ministerio, de partido y de postura. Suele traer consigo la renovaci\u00f3n de todo el personal administrativo, y, por tal motivo, sus efectos pueden ser contrarios en los distintos individuos que componen nuestra sociedad. He dicho cambio de postura, porque la crisis es como cuando un enfermo se cansa de dormitar de un lado y se vuelve del otro. Suele resultar que de todas maneras est\u00e1 mal, lo que no impide que busque nuevas y extra\u00f1as posiciones en expectativa de un alivio que no llega jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero veamos qu\u00e9 crisis es esta y en qu\u00e9 se funda.<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n que da el presidente del Consejo para marcharse a su casa es un desacuerdo entre el Gobierno y la Corona, y este desacuerdo no lo motiva cuesti\u00f3n pol\u00edtica y constitucional, sino el deseo manifestado por el Rey de ir a Murcia, y el Gobierno se opone resueltamente a este temerario viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la primera vez que un intento semejante, tan honroso para quien lo siente, produce una crisis ministerial, y en verdad que la cuesti\u00f3n es delicada.<\/p>\n\n\n\n<p>Si un partido abandona el poder por no creer conveniente un acto determinado del jefe del Estado, \u00bfqui\u00e9n se , atrever\u00e1 a sucederle, cuando lo primero que tiene que hacer es aconsejar y autorizar aquel mismo acto?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qui\u00e9n es el guapo que se atreve a decir al Rey que debe ir a Murcia, donde la epidemia reinante hace horribles estragos?<\/p>\n\n\n\n<p>Por esta consideraci\u00f3n, se cre\u00eda que el se\u00f1or C\u00e1novas, al plantear la crisis en t\u00e9rminos tan desusados, ten\u00eda ganada la partida y asegurada para s\u00ed la la sucesi\u00f3n de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fu\u00e9 en efecto. El 22 supimos con sorpresa que ya no hab\u00eda crisis, que el Rey no iba a Murcia y que el Gobierno continuaba tal como estaba constituido. Justo es consignar que la noticia de la suspensi\u00f3n del viaje regio produjo un efecto doblemente desagradable.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, p\u00e9rdida de prestigio para el Rey, pues en estos pueblos meridionales e imaginativos la temeridad encuentra siempre simpat\u00edas, y el atrevido y arrojado, cualesquiera que sean sus m\u00f3viles, es siempre puesto por encima del que tiene por gu\u00eda la cordura y la prudencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Virtudes son estas que el pueblo espa\u00f1ol ha tenido y tiene en poco.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo efecto desagradable de la soluci\u00f3n de la crisis ha consistido en ver que continuaba el gabinete del se\u00f1or C\u00e1novas, recayendo principalmente las antipat\u00edas en el se\u00f1or Romero Robledo, cuyas campa\u00f1as sanitarias han sido objeto de picantes burlas y de s\u00e1tiras sin fin.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e1s exaltados sosten\u00edan que la crisis era una pura comedia, representada con el exclusivo objeto de evitar ese temido viaje a Murcia, m\u00e1s temido por los ministros que por el Rey. Otros ve\u00edan con pena que se apartaba el soberano de una empresa que habr\u00eda reverdecido la popularidad un tanto mustia en esta \u00faltima \u00e9poca, y, por fin, todos, a excepci\u00f3n de los que ocupan el poder, tachaban a la situaci\u00f3n de desatentada e imprevisora.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Los grandes debates que siguieron a la crisis no han puesto bien en claro los m\u00f3viles de ella ni el velado pensamiento del se\u00f1or C\u00e1novas.<\/p>\n\n\n\n<p>Defi\u00e9ndese \u00e9ste con su flexible ingenio y los pasmosos recursos de su elocuencia de los redoblados ataques de sus adversarios. Llev\u00f3 la cuesti\u00f3n al terreno en que mejor se defiende, que es el de las re-criminaciones a la revoluci\u00f3n, y hablando pestes de la democracia, y sentenciando su absoluto divorcio de la monarqu\u00eda, procur\u00f3 dominar el tumulto parlamentario.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto de la incompatibilidad entre la democracia y la monarqu\u00eda es una de las armas que con menos fortuna ha manejado la mano habil\u00edsima del presidente del Consejo, pues con ella se hiere sin quererlo cada vez que la esgrime. Fresca est\u00e1 en la memoria de todos la insistencia y hasta el entusiasmo con que los conservadores protegieron la llamada izquierda din\u00e1stica; le dieron calor, la alentaron, cri\u00e1ronla a sus pechos, si as\u00ed puede decirse. \u00bfY qu\u00e9 era la izquierda din\u00e1stica, sino la expresi\u00f3n m\u00e1s atrevida de la alianza entre la democracia y el Trono?<\/p>\n\n\n\n<p>Los conservadores la fomentaron en odio al partido liberal, de quien aquella fracci\u00f3n era un des-prendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Empollaron la izquierda din\u00e1stica para quitar fuerza a los liberales, y ahora que los distintos elementos avanzados se ponen de acuerdo y en disposici\u00f3n de subir al poder resulta que la democracia y la corona son incompatibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de dos: o procedieron los conservadores con torpeza o con inaudita malicia. Pero es tan frecuente que nuestros pol\u00edticos var\u00eden de opini\u00f3n en puntos capital\u00edsimos cuando les conviene, que esto no nos coge ya de sorpresa. Los principios no son aqu\u00ed m\u00e1s que una palabrer\u00eda insustancial que sirve para todo, gracias a la flexibilidad meridional de estos hombres de oratoria brillante y escurridiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hechos no significan nada; la l\u00f3gica menos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sofisma lo es todo, y el capricho ocupa el lugar que en otras partes corresponde al acontecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El pa\u00eds, esc\u00e9ptico cual ning\u00fan pa\u00eds del mundo, mira todo esto con indiferencia, y lo que quiere es que le saquen pocas contribuciones y le permitan divertirse con tranquilidad. Y cuando ninguno de<\/p>\n\n\n\n<p>estos dos ideales se puede realizar, a\u00fan sufre resignado su mala suerte, por miedo a que venga otro Gobierno que la empeore y haga m\u00e1s crueles sus inveterados males.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>El Rey no fu\u00e9 a Murcia, bien contra su voluntad al decir de los palaciegos, aunque acerca de esto no est\u00e1n conformes todos los pareceres. Por mi parte, creo firmemente que deseaba ir.<\/p>\n\n\n\n<p>No debe opinarse lo mismo del se\u00f1or Romero Robledo, el cual, si en realidad ten\u00eda el miedo de que se ha hablado, es muy digno de l\u00e1stima por verse obligado a emprender el peligroso viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto se habl\u00f3 de esto p\u00fablica y privadamente, en las calles y en el Congreso, que al fin el ministro de la Gobernaci\u00f3n no tuvo m\u00e1s remedio que inscribirse en el gran libro de los h\u00e9roes haciendo la maleta y poni\u00e9ndose en camino del pa\u00eds infestado.<\/p>\n\n\n\n<p>El se\u00f1or C\u00e1novas, diputado por Murcia, tambi\u00e9n fu\u00e9, y ambos estuvieron all\u00ed dos d\u00edas. Llevaron poco s\u00e9quito, socorros abundantes y las precauciones adecuadas al riesgo que corr\u00edan. Un acreditado fondista de Madrid les llev\u00f3 los v\u00edveres, bebidas de primera calidad y provisiones de todas clases, entre las cuales se contaba harina para hacer el pan y agua del Lozoya. Los ilustres viajeros no han permitido que entrara en sus cuerpos cosa alguna que no fuese llevada de Madrid, y no decimos esto en son de censura, pues ninguna obligaci\u00f3n hay m\u00e1s sagrada que preservar nuestra propia vida, cuando el sacrificio de ella en nada aprovecha a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que ambos ministros han visitado los hospitales socorriendo en lo posible a la afligida y exhausta ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya est\u00e1n de regreso en Madrid sanos y buenos quiz\u00e1s con mejores carnes que cuando fueron. En Aranjuez dispusieron que se les fumigara, lo que nos parece muy justo, pues siendo el ministro de la Gobernaci\u00f3n hombre capaz de ahumar a medio mundo si se le dejara, bueno es que \u00e9l tambi\u00e9n pruebe las delicias de esta precauci\u00f3n sanitaria, la m\u00e1s socorrida, la m\u00e1s molesta y la m\u00e1s eficaz de todas seg\u00fan aseguran personas de grand\u00edsima autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>No debo dejar en el tintero la segunda manifestaci\u00f3n del comercio de Madrid, menos eficaz que la primera, pues si bien \u00e9sta tuvo un \u00e9xito superior a todas las esperanzas, como se suele decir trat\u00e1ndose de espect\u00e1culos p\u00fablicos, la segunda se se\u00f1al\u00f3 por un ruidoso fiasco. Trat\u00e1base de protestar respetuosamente ante el Monarca de la declaraci\u00f3n del c\u00f3lera en Madrid, y al objeto se dirigi\u00f3 a Palacio lo m\u00e1s granadito de nuestros comerciantes. Esperaban sin duda palabras de simpat\u00eda como las que los catalanes oyeron de boca de S. M. cuando vinieron a pedir protecci\u00f3n para sus industrias; pero se llevaron chasco estos buenos madrile\u00f1os. El recibimiento que en Palacio se les hizo fu\u00e9 un tanto fr\u00edo, al decir de los que presentes estuvieron, y el breve discurso pronunciado por Alfonso XII en contestaci\u00f3n al de los representantes del C\u00edrculo Meneantil no fu\u00e9 nada cordial. Por el contrario, S. M. relacion\u00f3 el disgusto de los comerciantes con los tumultos de la noche del 20, y les aconsej\u00f3 que no volvieran a hacer manifestaciones de ninguna clase, dejando al Gobierno el cuidado de dar y quitar el c\u00f3lera conforme a su voluntad. Tal fu\u00e9 en puriridad el pensamiento del Rey en aquel memorable discurso, objeto de mil comentarios apasionados. Los comerciantes salieron muy descontentos, y hab\u00eda que o\u00edrles la noche de aquel d\u00eda. No les ha quedado gana de volver a poner los pies en Palacio, y hay que confesar que no les falta raz\u00f3n. Si Don Alfonso estuvo excesivamente espl\u00edcito en la alocuci\u00f3n que dirigi\u00f3 a los catalanes, meses ha, en cambio con los comerciantes madrile\u00f1os ha procedido muy severamente. Se ve en todo esto falta de tacto, por lo menos en los consejeros del Rey, y una agravaci\u00f3n indudable de los males que venimos sufriendo. El Gobierno, cayendo de error en error, guiado de la soberbia, no sabe conservar las instituciones inc\u00f3lumes del desprestigio que envuelve la situaci\u00f3n toda. Parece que al declarar al Trono incompatible con toda pol\u00edtica que no sea la conservadora, escribe en su desgarrada bandera el lema siniestro de: \u00abNos salvaremos juntos o nos perderemos juntos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Si en Madrid los estragos del c\u00f3lera son insignificantes en la magnitud populosa de esta villa, no podemos decir lo mismo desgraciadamente de las provincias de Levante. Murcia y los dem\u00e1s pueblos todos de su huerta han sufrido horriblemente. En Valencia y Alicante tambi\u00e9n menudean los casos, si bien las capitales de estas provincias han sido menos castigadas que Murcia. Castell\u00f3n y Albacete comparten la suerte infeliz de sus vecinas, y hay chispazos en Zaragoza y en Toledo. Aranjuez y Ciempozuelos, que distan de Madrid poco menos de dos horas de ferrocarril, est\u00e1n infestadas. En ambas poblaciones, el paludismo hace estragos todos los a\u00f1os por esta \u00e9poca, y las derivaciones del Tajo, encharcando las tierras, favorecen el desarrollo de las enfermedades contagiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cosa averiguada que el c\u00f3lera de este a\u00f1o, inferior en intensidad a los de 1834, 1855 y 1865, no se arraiga sino en las localidades en donde la humedad y el calor infestan la atm\u00f3sfera, y se ceba<\/p>\n\n\n\n<p>principalmente en los individuos que viven mal alimentados y peor alojados, en la proximidad de los focos pal\u00fadicos.<\/p>\n\n\n\n<p>No debo omitir la noticia de que falleci\u00f3 de c\u00f3lera fulminante, en pocas horas, el sacrist\u00e1n de Nuestra Se\u00f1ora del Puig, que vend\u00eda el milagroso aceite de la l\u00e1mpara, como remedio santo, a cuya eficacia no resist\u00eda ning\u00fan caso por grave que fuera. A este buen hombre no le vali\u00f3 el maravilloso espec\u00edfico, sin duda por no tener fe en \u00e9l, aun administr\u00e1ndolo sin tasa a los dolientes de toda la provincia de Valencia. \u00a1L\u00e1stima que no pudiera disfrutar de los beneficios de su ping\u00fce negocio! Me dicen que el arzobispo, cardenal Monescilio, est\u00e1 formando expediente can\u00f3nico al cura del Puig, para averiguar los chanchullos que hac\u00eda con el aceite, y en d\u00f3nde paran los muchos dineros que debe de haber cobrado por su medicina.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco debo omitir que ha salido un nuevo especialista contra el c\u00f3lera, el doctor Maestre, quien parece lo cura en un periquete, por medio de inyecciones hipod\u00e9rmicas. La lama de este doctor ha cundido por todo el pa\u00eds infestado, y de uno y otro pueblo le solicitan, como solicitaban los auxilios profil\u00e1cticos del doctor Ferr\u00e1n. Pero la circunstancia de no haber dado el doctor Maestre explicaciones cient\u00edficas de su doctrina terap\u00e9utica, hace dudar que \u00e9sta sea realmente una doctrina. En tales cuestiones todo lo que sea misterio es altamente sospechoso. No ha procedido as\u00ed Ferr\u00e1n, que antes de practicar las inoculaciones ha expuesto con la mayor claridad sus teor\u00edas. Por cierto que la prohibici\u00f3n que pesaba sobre su invento ha sido levantada por el Gobierno en vista del favorable informe de la Comisi\u00f3n nombrada al efecto, y a estas horas el famoso doctor y sus activos disc\u00edpulos no tienen manos bastantes para atender a los que acuden a ellos en busca del remedio preventivo. Es tanta la gente que invade el laboratorio, que s\u00f3lo guardando turno, a veces de largas horas, es posible a muchos penetrar en \u00e9l. Ancianos y ni\u00f1os, hombres y mujeres de todas las clases sociales, solicitan se les aplique un remedio racional que la experiencia, cuando menos, reclama como eficaz. De los pueblos comarcanos acuden tambi\u00e9n en grandes grupos, y si el remedio profil\u00e1ctico de Ferr\u00e1n no fuera una verdad cient\u00edfica, se recomendar\u00eda por la confianza que inspira, y la serenidad que imprime a los inoculados, alejando por completo el miedo, que es la peor de las predisposiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>A los muchos sabios extranjeros que han venido a estudiar la profilaxis anticol\u00e9rica de Ferr\u00e1n, hay que agregar los franceses, doctores Brouardel, Charyn y Albarrani, llegados recientemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo al doctor Maestre, de quien poco m\u00e1s arriba dije que su terap\u00e9utica era sospechosa por<\/p>\n\n\n\n<p>estar envuelta en el misterio, debo manifestar que acaban de hacerse p\u00fablicos los componentes del l\u00edquido con que hace las inyecciones hipod\u00e9rmicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Emplea en ellas el ferrato qu\u00edmico pilocappina, la estrignina, el \u00e9ter sulf\u00farico y el hidrato de cloro. Acerca de las dosis en que entran estos elementos, el citado doctor ha publicado un estudio en la Prensa facultativa, y ahora es ocasi\u00f3n de discutir su medicamento y de aquilatarlo en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>VI<\/p>\n\n\n\n<p>La asolada y afligid\u00edsima Murcia ha presenciado un ejemplo de abnegaci\u00f3n y hero\u00edsmo cristiano que no olvidar\u00e1n f\u00e1cilmente los desgraciados habitantes. El representante de la Rep\u00fablica Oriental del Uruguay, don Enrique Kubly y Arteaga, acompa\u00f1ado de su secretario se\u00f1or Ramella, ha recorrido los puntos m\u00e1s peligrosos de la ciudad, repartiendo socorros a los enfermos, atendi\u00e9ndoles con recursos de varias clases, alimentos, ropas, medicinas, dinero, penetrando en los hospitales de col\u00e9ricos y en sus miserables y sucias barracas, cuya atm\u00f3sfera envenenada es, en el sofocante calor de aquel clima, casi irrespirable. Estos se\u00f1ores no conocen el miedo, y han sabido poner tan alto su nombre y su valor, que honran a su naci\u00f3n al honrarse a s\u00ed mismos. Murcia ha declarado por conducto de su Municipio que vivir\u00e1 eternamente agradecida al representante del Uruguay. Despu\u00e9s de repartir personalmente tres mil duros entre los m\u00e1s necesitados, el se\u00f1or Kubly se ha procurado una lista de las familias que, hall\u00e1ndose en situaci\u00f3n precaria, no se atreven a pedir limosna a cara descubierta. La Prensa murciana, despu\u00e9s de elogiar el celo de los m\u00e9dicos murcianos, dice, contestando a un peri\u00f3dico de Madrid, que sospechaba faltaran facultativos en la infeliz ciudad. \u00abLo que hace falta aqu\u00ed es que vengan muchas personas como el ministro del Uruguay.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>VII<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta epidemia, cuyo fin no vemos claramente, parece que se han desatado sobre nuestro pa\u00eds todos los males. El comercio espa\u00f1ol sufre una crisis de las m\u00e1s graves, y su paralizaci\u00f3n es tal que hace muchos a\u00f1os no se ha visto otra semejante.<\/p>\n\n\n\n<p>Las exportaciones est\u00e1n reducidas a la m\u00ednima expresi\u00f3n, lo que se comprende f\u00e1cilmente, recordando que las comarcas m\u00e1s ricas, que son las de Levante, est\u00e1n muertas para el tr\u00e1fico, y que Murcia y Valencia ven perdidos sobre la tierra sus admirables frutos, o en los desiertos y abandonados almacenes. Todo el comercio peninsular est\u00e1 malparado con esta desolaci\u00f3n, que viene a remachar los males causados por las deficientes cosechas, por las inundaciones y los terremotos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para mayor desgracia, los dos tratados de comercio, el cubano-americano y el hispano-ingl\u00e9s, han fracasado cuando se cre\u00eda que iban a ser puestos en pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero hall\u00f3 oposici\u00f3n sistem\u00e1tica en las c\u00e1maras de los Estados Unidos, y su anulaci\u00f3n es ya<\/p>\n\n\n\n<p>un hecho oficial. El segundo, aprobado por las Cortes espa\u00f1olas y por el parlamento ingl\u00e9s, ha sucumbido extempor\u00e1neamente por imprevisi\u00f3n de nuestro Gobierno o susceptibilidades del Gobierno brit\u00e1nico. Punto es este que no se ha aclarado todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que el cambio de gabinete en Inglaterra y la entrada de los conservadores hace creer que dominaron en las regiones oficiales de aquel pa\u00eds las ideas proteccionistas, favorables a los cerveceros, todav\u00eda hay esperanzas de que se reanuden las negociaciones para el planteamiento del tratado, y que \u00e9ste sea un hecho en lo que resta de a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Buena falta hace a nuestro abatido comercio una acentuada y firme corriente que lo reanime.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7968\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conclu\u00ed mi cr\u00f3nica anterior augurando sucesos dignos de ser contados, con motivo de la manifestaci\u00f3n del comercio madrile\u00f1o. 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