{"id":8090,"date":"2016-03-05T16:20:00","date_gmt":"2016-03-05T15:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8090"},"modified":"2016-03-05T16:20:00","modified_gmt":"2016-03-05T15:20:00","slug":"articulo-panico-colectivo-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-panico-colectivo-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] P\u00e1nico colectivo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid, 30 de julio de 1885.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Bien quisiera cumplir lo ofrecido al terminar mi \u00faltima cr\u00f3nica. Anunciaba en ella que tal vez en la presente hablar\u00eda de cosas agradables, para desvanecer la mala impresi\u00f3n de las tristes nuevas de que vengo ocup\u00e1ndome meses ha. Pero seguimos de malas, como vulgarmente se dice, y tras una desgracia viene otra, y el c\u00f3lera no nos deja vivir, invadiendo ciudades y campi\u00f1as con aterradora prontitud. De la regi\u00f3n mediterr\u00e1nea, que hasta ahora parec\u00eda tener el triste privilegio de albergar al terrible hu\u00e9sped, ha saltado \u00e9ste a la regi\u00f3n central, ceb\u00e1ndose de un modo espantoso en la risue\u00f1a Aranjuez, a orillas del Tajo. La estad\u00edstica de la mortalidad en este infeliz pueblo da una cifra incomparablemente superior a la que representan los estragos de la epidemia en Murcia en el a\u00f1o que corre, y a los que sufri\u00f3 N\u00e1poles en el pasado. Las doscientas invasiones que algunos d\u00edas ha tenido Aranjuez, equivaldr\u00edan a cuatro o cinco mil si esta villa de Madrid fuera atacada en la misma proporci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00e1nico ha sido inmenso, y las escenas de desolaci\u00f3n, horrorosas. Durante ocho o diez d\u00edas Aranjuez ha sido un hospital. La cuesti\u00f3n de subsistencias ha venido a complicarse con la sanitaria, produciendo dificultades tales que s\u00f3lo el esp\u00edritu de caridad y los expeditivos recursos de la asociaci\u00f3n han podido vencerlas. Han llegado a faltar m\u00e9dicos y farmac\u00e9uticos, y aun se han visto diezmadas las valientes filas de Hermanas de la Caridad, las verdaderas hero\u00ednas de estos f\u00fanebres tiempos. Pero de Madrid han ido facultativos, y la valerosa Orden de San Vicente de Pa\u00fal ha enviado nuevas hero\u00ednas para ocupar el puesto de las que hab\u00edan sucumbido.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, tantos esfuerzos reunidos, y m\u00e1s principalmente la propia degeneraci\u00f3n y desgaste del mal, han hecho su efecto, y la epidemia, despu\u00e9s de los horrorosos estragos de principios de mes, ha descendido r\u00e1pidamente. Hoy, cuantas personas han quedado vivas en aquel pa\u00eds, visten de luto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene fama Aranjuez por su espl\u00e9ndida vegetaci\u00f3n y la fertilidad de su suelo. Es el m\u00e1s c\u00e9lebre<\/p>\n\n\n\n<p>de los sitios reales de los monarcas espa\u00f1oles, aunque de algunos a\u00f1os a esta parte es poco visitado de la Corte. El palacio, casi tan grande como el de Madrid, es un hermoso edificio lleno de maravillas suntuarias. Fu\u00e9 muy favorecido de la familia real en los reinados de Carlos IV y Femando VII, y en \u00e9l se verificaron los sucesos del 19 de marzo de 1808, de memorable recordaci\u00f3n en nuestra historia, pues constituyeron el primer pronunciamiento militar, determinando dos actos tan importantes como la ca\u00edda del favorito Godoy y la abdicaci\u00f3n de Carlos IV.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta la mitad del reinado de Isabel II, <em>El Sitio<\/em>, como vulgarmente se designaba a Aranjuez, ten\u00eda todos los a\u00f1os una temporada que podr\u00edamos llamar de moda.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo se trasladaba a \u00e9l la Corte con todo su boato, sino la aristocracia de la sangre y el dinero. En el mes de abril era Aranjuez la verdadera capital de Espa\u00f1a. Uno de los primeros ferrocarriles que en Espa\u00f1a hubo fu\u00e9 el de Madrid a Aranjuez, construido por el emprendedor Salamanca en tiempos en que era una necesidad para ciertas familias el trasladarse al Real Sitio en cuanto despuntaba la primavera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero desde que fueron un hecho las grandes l\u00edneas de ferrocarril, los madrile\u00f1os empezaron a tomar afici\u00f3n a los viajes largos y a buscar los encantos de la primavera y del verano en zonas m\u00e1s distantes. Porque, a decir verdad, Aranjuez, con su vegetaci\u00f3n admirable, carece de condiciones para el verano.<\/p>\n\n\n\n<p>La primavera es hermos\u00edsima; pero es tan corta, que apenas dura quince d\u00edas. Desde mayo comienzan los calores, que son insoportables. De este calor y de la abundancia de agua en la f\u00e9rtil vega, fecundada por el Tajo y el Jarama, provienen las fiebres perniciosas que en aquel t\u00e9rmino se padecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mismas causas engendran al propio tiempo la flora m\u00e1s rica que posee nuestra Pen\u00ednsula en su zona central. Nada existe m\u00e1s bello que las alamedas del Pr\u00edncipe y la isla. Sin exageraci\u00f3n, puede afirmarse que los \u00e1lamos, los pl\u00e1tanos, los chopos, los fresnos y tilos que all\u00ed existen son los m\u00e1s altos, esbeltos y frondosos de Europa. Las b\u00f3vedas de verdura que las altas ramas forman en las principales avenidas, ofrecen un admirable conjunto y una frescura sin igual. Despu\u00e9s innumerables arbustos y plantas de adorno embellecen el suelo. Las rosas crecen con lozan\u00eda exuberante, y el aire, cargado de aromas, embriaga.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos r\u00edos que all\u00ed se unen son bastante caudalosos. En otros tiempos ten\u00edan los reyes una escuadrilla, compuesta de capitana y media docena de embarcaciones menores, para pasear a lo largo del Tajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mandaba la flota un almirante de verdad y la serv\u00edan y la tripulaban oficiales y marineros escogidos entre lo m\u00e1s granado de los apostaderos del Ferrol y Cartagena. Hab\u00eda para la conservaci\u00f3n y seguridad de la escuadrilla, diques, muelles y careneros, y la Casa Real gastaba enormes sumas en este juego inocente. Hoy todo esto ha desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Las naves fluviales han sido convertidas en le\u00f1a. El r\u00edo no ve en su corriente m\u00e1s que las enormes balsas de madera que bajan de los pinares de Cuenca y que se desembarcan en Aranjuez para ser transportadas por ferrocarril.<\/p>\n\n\n\n<p>Permanecen de aquellos regios esplendores, las alamedas siempre verdes, misteriosas, sombr\u00edas algo tristes y pobladas de ruise\u00f1ores. Y en medio de ellas se alza el palacio inmenso, abandonado, al cual los actuales reyes despojan de sus tesoros art\u00edsticos para traerlos a Madrid. No obstante, aun conserva el Real Sitio verdaderas maravillas en porcelanas, chimeneas, relojes de bronce y tapices.<\/p>\n\n\n\n<p>La poblaci\u00f3n de Aranjuez h\u00e1llase rodeada de terrenos ferac\u00edsimos, admirablemente cultivados, de extensas dehesas donde pastan las caba\u00f1as reales.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca est\u00e1 la Flamenca, propiedad magn\u00edfica de Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez, que en otros tiempos perteneci\u00f3 a la Casa Real.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca est\u00e1 tambi\u00e9n la afamada ganader\u00eda de toros bravos del duque de Veragua.<\/p>\n\n\n\n<p>La agricultura y la ganader\u00eda est\u00e1n bien representadas en esta zona incomparable que surte el mercado de Madrid y produce riqu\u00edsimos frutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin querer volvemos al c\u00f3lera, pues han dado en decir los entendidos que la epidemia de este a\u00f1o trae la especialidad de no aclimatarse sino en las zonas pal\u00fadicas, o sea en aquellos territorios en que los riegos agr\u00edcolas encharcan el suelo, produciendo una gran elaboraci\u00f3n de miasmas org\u00e1nicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hechos confirman esta idea, pues hemos visto que hasta ahora el c\u00f3lera no ha tomado proporciones aterradoras sino en las huertas de Valencia y Murcia, y en la ribera de Aranjuez, que son precisamente los puntos donde m\u00e1s uso se hace de los abonos para fecundar el suelo y de los riegos para humedecerlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Que estos dos elementos, abono y riego, favorecen el desarrollo de infecciones m\u00e1s o menos da\u00f1inas, no hay para qu\u00e9 discutirlo. Que el c\u00f3lera encuentra en tales condiciones un campo terriblemente propicio a su desarrollo, bien claro se ve, y no necesita la ciencia hacer esfuerzos para demostrarlo. Ahora lo que falta es que se contenga aqu\u00ed y no invada con igual sa\u00f1a las localidades secas. Hasta ahora todo parece confirmar la constituci\u00f3n especial del c\u00f3lera de 1885. En medio de los horrorosos estragos causados por la epidemia en las zonas agr\u00edcolas de Levante, vemos con asombro que aparece inmune Alicante, situado en terreno \u00e1rido y pedregoso. Cartagena, en cuyos alrededores no hay vejetaci\u00f3n, se conserva tambi\u00e9n libre del azote.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay que observar que en las invasiones de 1855 y 65, Alicante, como todos los puertos de mar, llev\u00f3 la peor parte. El c\u00f3lera de entonces se encari\u00f1aba con el litoral pasando como de soslayo por las zonas interiores. Hoy viene con diferente tendencia y aficiones. Dir\u00edase que ha cambiado de gustos. No hace caso de los pueblos coste\u00f1os, y se ensa\u00f1aron los que poseen cultivo intensivo a la orilla de las grandes comentes fluviales. Se ceba en Murcia, que es toda un jard\u00edn, gran parte del a\u00f1o encharcado; hace estragos en toda la huerta de Valencia, en la cual abundan los pantanos destinados al cultivo del arroz; pasa indiferente y como a saltos por las provincias de Albacete y Cuenca hasta que descubre la rica zona del Tajo y Jarama. All\u00ed se establece, desarrollando con \u00edmpetu terrible la magnitud de su fuerza destructora, que en puridad es potencia fecundante, para crear millones de millones de organismos microsc\u00f3picos. Aunque tiene a Madrid tan cerca, pues s\u00f3lo dista cuarenta y nueve kil\u00f3metros de Aranjuez, lo respeta, y despu\u00e9s de picar aqu\u00ed y all\u00ed en la provincia, se le ve saltar a las vegas del Jal\u00f3n y el Ebro, siempre buscando los suelos f\u00e9rtiles para la agricultura y mort\u00edferos para el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid, con su medio mill\u00f3n de habitantes contin\u00faa casi inmune, pues los cuatro o cinco casos que diariamente ocurren, tienen poca importancia, y casi todos recaen en individuos procedentes de Aranjuez. Barcelona, a pesar de su situaci\u00f3n mediterr\u00e1nea, se libra tambi\u00e9n, al menos por el momento. En Andaluc\u00eda no ha ocurrido aun ni una sola invasi\u00f3n. El Norte de Espa\u00f1a se conserva totalmente libre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPodremos confiar en que resulte cierta la hip\u00f3tesis de la constituci\u00f3n pal\u00fadica del c\u00f3lera de 1885?<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 lo veremos, pues de aqu\u00ed al Oto\u00f1o se ha de resolver el problema.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>De veras digo que el doctor Ferr\u00e1n, si al fin no tiene la suerte de encontrar el remedio del c\u00f3lera, ganar\u00e1 seguramente el cielo en esta ruda campa\u00f1a que sostiene contra enemigos mil en defensa de su invento. Porque en el tiempo transcurrido entre mi \u00faltima cr\u00f3nica y la presente, se le prohibi\u00f3 practicar sus inoculaciones; luego di\u00f3sele permiso para ello, y al fin se le ha retirado el mismo permiso resuelta y al parecer definitivamente. Todas estas prohibiciones y autorizaciones se han hecho sin criterio, obedeciendo a impresiones pasajeras. Debe de estar el c\u00e9lebre doctor aburrid\u00edsimo, y un tanto arrepentido de sus tareas filantr\u00f3picas. Ya es un periodista que le ataca y le desautoriza sistem\u00e1ticamente; ya es un gobernador que le acusa de industrial; ya es un Ministro de la Gobernaci\u00f3n que en pleno Parlamento pone en duda la sinceridad de su proceder cient\u00edfico. Es verdad que tambi\u00e9n hay personas y colectividades que le defienden contra viento y marea, y en los pueblos donde ha practicado su sistema contin\u00faa siendo popular y muy querido. Si al fin logra que sus teor\u00edas prevalezcan, ser\u00e1 un m\u00e1rtir porque los obst\u00e1culos que \u00faltimamente se han encontrado en su camino son muy grandes. Necesita de una perseverancia heroica para vencerlos. Decididamente el mundo oficial es hostil, y para continuar sus experimentos tendr\u00e1 precisi\u00f3n de valerse de subterfugios o quiz\u00e1 de procedimientos misteriosos, cuando no de trasladarse a otra regi\u00f3n castigada por la misma epidemia objeto de sus estudios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha contribuido no poco a esta hostilidad lo acaecido con la comisi\u00f3n venida de Francia a estudiar las inoculaciones. El doctor Brouardel que la presid\u00eda se retir\u00f3 intempestivamente, apresur\u00e1ndose a desautorizar por tel\u00e9grafo el m\u00e9todo de nuestro compatriota. Mil comentarios sucedieron a esta brusquedad del franc\u00e9s. Los partidarios de Ferr\u00e1n se acobardaron. Tomaron alas los enemigos y de aqu\u00ed que las discusiones se renuevan m\u00e1s acaloradamente que nunca. El informe que Brouardel di\u00f3 ante la Academia de Medicina revela displicencia, mal humor y cierta ojeriza contra el doctor Ferr\u00e1n. Las referencias m\u00e1s imparciales sobre este particular nos manifiestan al m\u00e9dico franc\u00e9s present\u00e1ndose ante nuestro compatriota con severa arrogancia, no como quien viene a estudiar un asunto cient\u00edfico, sino a pedir cuentas de un desafuero.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mismos peri\u00f3dicos de la vecina Rep\u00fablica aseguran que Brouardel vino a Espa\u00f1a con prevenci\u00f3n, decidido a no reconocer valor cient\u00edfico en las ideas de Ferr\u00e1n, sin duda por el grave defecto de no haber sido concebidas en el cerebro de un franc\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que su actitud no era la de un colega, sino la de un maestro impertinente que examina a un disc\u00edpulo avieso. Sus preguntas y exigencias debieron excitar la ira del m\u00e9dico de Tortosa, que no crey\u00f3 sin duda conveniente hacer el doctrino.<\/p>\n\n\n\n<p>A la interrogaci\u00f3n del franc\u00e9s sobre la manera de cultivar el <em>ba<\/em><em>ci<\/em><em>llus<\/em> para la atenuaci\u00f3n, contest\u00f3 Ferr\u00e1n mostr\u00e1ndole los caldos y dici\u00e9ndole que los analizara si quer\u00eda saber de qu\u00e9 se compon\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>No necesit\u00f3 m\u00e1s el otro para dar por concluida su misi\u00f3n, y al punto tom\u00f3 el camino de Francia, seguido de sus compa\u00f1eros. No bien lleg\u00f3 a Par\u00eds, el tel\u00e9grafo trasmiti\u00f3nos las malas impresiones de estos se\u00f1ores.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan ellos, el llamado invento del doctor Ferr\u00e1n no tiene valor cient\u00edfico por ser secretos y emp\u00edricos los procedimientos que emplea para atenuar el virus col\u00e9rico. Al mismo tiempo, nuestro compatriota es acusado de querer sacar productos demasiado positivos de su profilaxis y como si esto no fuera bastante para desacreditarle, se a\u00f1aden cr\u00edticas acerbas de su laboratorio.<\/p>\n\n\n\n<p>El doctor Brouardel se ocupa con cierta complacencia en declarar que el microscopio usado por Ferr\u00e1n apenas aumenta 700 tama\u00f1os, que los matraces y hornillos son insuficientes, que todo el material es pobr\u00edsimo, y, por fin, que no hay animales para los experimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si esto es as\u00ed, supone un m\u00e9rito mayor en Ferr\u00e1n, que con tan pobres medios ha llegado a tales resultados, pues aunque el remedio del c\u00f3lera no saliese de sus experimentos, siempre quedar\u00eda el incontestable valor de sus trabajos preparatorios, cuya importancia cient\u00edfica pocos se atreven a negar. Adem\u00e1s, la pobreza de Ferr\u00e1n no es argumento contra su seriedad, ni lo es tampoco que desee obtener de sus trabajos el beneficio que por ellos le corresponde, pues como hombre de carrera y como padre de familia tiene necesidades que satisfacer. Que el Estado espa\u00f1ol le se\u00f1ale una renta, y entonces se le podr\u00e1 exigir un desinter\u00e9s absoluto y una consagraci\u00f3n completa de sus servicios al inter\u00e9s de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni comprendemos tampoco los exagerados escr\u00fapulos de los franceses en materia de mercantilismo cient\u00edfico, ellos que tan bien saben asociar el bien de la humanidad con las ventajas del individuo.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Pasadas las primeras impresiones, en Francia misma se ha determinado una reacci\u00f3n en favor de Ferr\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Peri\u00f3dicos muy le\u00eddos acusan al doctor Brouardel de ligereza.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Le F\u00edgaro<\/em>, en un importante y severo art\u00edculo, dice, entre otras cosas muy atinadas: \u00abPrescindimos de ocuparnos de si un m\u00e9dico puede o no, sin dejar de ser digno de la estimaci\u00f3n p\u00fablica, utilizarse de un trabajo, porque esta cuesti\u00f3n, puramente moral, no es de la incumbencia de Mr. Brouardel, que ha sido nombrado \u00fanica y exclusivamente para estudiar el ensayo de vacunaci\u00f3n col\u00e9rica de Ferr\u00e1n: que \u00e9ste sea un hombre pr\u00e1ctico no dice nada en contra de su invento.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Luego se ocupa el mismo diario de los descubri-mientos cient\u00edficos cuyo valor se ha negado siste-m\u00e1ticamente en un principio y cuya utilidad ha sido despu\u00e9s reconocida.<\/p>\n\n\n\n<p>En la prensa inglesa se leen apreciaciones semejantes, censurando la impertinencia y arrogancia del sabio franc\u00e9s, que, por lo visto, es el mismo que el a\u00f1o pasado estuvo durante dos meses negando sistem\u00e1ticamente la existencia del c\u00f3lera en Tol\u00f3n para complacer a Mr. Ferry. Es Mr. Brouardel un m\u00e9dico distinguido; pero no una eminencia ni mucho menos, y cualquiera que sea su valer intelectual, le faltan condiciones de car\u00e1cter y aquel aplomo y tacto que son necesarios para juzgar de hombres y cosas en pa\u00eds extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Su visita a Espa\u00f1a ha sido poco fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha querido ver mucho y no ha visto nada, y ha dicho a su regreso todas las tonter\u00edas de <em>tourista<\/em>, que ya no nos hacen efecto por lo muy acostumbrados que estamos a ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1anita de este mes de julio, cuando mayores eran los estragos del c\u00f3lera en Aranjuez, sali\u00f3 el Rey Alfonso de su palacio acompa\u00f1ado de uno de sus ayudantes. Ocultaba el uniforme de capit\u00e1n general con un gabancillo de verano.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que dej\u00f3 escritas dos cartas: una para la Reina y otra para el Presidente del Consejo.<\/p>\n\n\n\n<p>La temprana salida, las cartas y otros detalles parec\u00edan preludios de un mal paso, y as\u00ed fu\u00e9 efectivamente, pues el Rey se dirigi\u00f3 a la estaci\u00f3n de Atocha, y, tomando su billete de primera, como cualquier particular, se plant\u00f3 en Aranjuez.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia circul\u00f3 por Madrid a las diez de la ma\u00f1ana, y no fueron los menos sorprendidos los ministros de S. M., y a m\u00e1s de sorprendidos, desconcertados, porque (aqu\u00ed de los apuros) \u00bfqu\u00e9 explicaciones dar al arranque del Rey, cuando el proyectado viaje a Murcia hab\u00eda sido motivo nada menos que de una crisis ministerial?<\/p>\n\n\n\n<p>La valerosa conducta de Alfonso XII, present\u00e1ndose sin s\u00e9quito, sin boato y sin precauciones en el lugar m\u00e1s castigado de la epidemia, deb\u00eda ser condenada por sus ministros, que algunos d\u00edas antes presentaron la dimisi\u00f3n porque el Rey quer\u00eda ir a Murcia.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s se ha visto un Gobierno en aprieto mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAprobaba la conducta del Rey? Pues, entonces, c\u00f3mo razonaba su oposici\u00f3n al otro viaje? \u00bfLo desaprobaba? Pues ahora, y no antes, cuadraba la dimisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se vi\u00f3 el fen\u00f3meno singular\u00edsimo de que cuando todo el vecindario de Madrid acog\u00eda con sinceros aplausos a don Alfonso a su regreso del Real Sitio, los ministeriales, es decir, los que blasonan de m\u00e1s mon\u00e1rquicos, andaban cariacontecidos y trastornados, no acertando a dar su opini\u00f3n sobre el noble acto que Madrid aclamaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo entre ellos quien lo tach\u00f3 de calaverada, quien le quit\u00f3 el car\u00e1cter de arranque humanitario, present\u00e1ndolo como una simple visita de propietario a sus fincas patrimoniales; pero estos subterfugios no val\u00edan, y la gente conservadora pas\u00f3 un d\u00eda muy amargo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, el Gobierno no crey\u00f3 prudente retirarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay l\u00f3gicas para todo, y los hombres de ingenio encuentran muy a mano los argumentos que les hacen falta para salir de todas las situaciones en que les ponen sus propios errores.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice el Gobierno al Rey: \u00abSi vas a Murcia, dimito\u00bb. El Rey se conforma, renuncia a una expedici\u00f3n que le dictan generosos impulsos, y los ministros contin\u00faan en sus puestos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasan d\u00edas, y el Rey, en cuyo esp\u00edritu contin\u00faa actuando irresistible la nostalgia del peligro, se va a Aranjuez, donde su salud corre m\u00e1s riesgo que en Murcia, y se va sin pedir permiso al Gobierno ni contar para nada con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>La l\u00f3gica menos rigurosa exig\u00eda que el Gabinete conservador dijese al Soberano: \u00abPuesto que has ido al peligro sin mi permiso, dimito, y ahora s\u00ed que va de veras\u00bb. Pues nada de esto ha ocurrido.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la dura lecci\u00f3n recibida, el Gobierno ha tomado la cosa con fr\u00eda calma.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca faltan varones para continuar mandando. El orden p\u00fablico, la cuesti\u00f3n sanitaria\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no hay idea del quebranto de la situaci\u00f3n despu\u00e9s de estos sucesos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos d\u00edas de sesiones parlamentarias han sido d\u00edas de prueba para los individuos del partido conservador, y hemos visto al se\u00f1or C\u00e1novas haciendo verdaderos milagros de talento y habilidad para impedir el completo naufragio y acabamiento de su partido en la desecha borrasca que est\u00e1 corriendo. S\u00f3lo la gran inteligencia y el tes\u00f3n admirable del presidente del Consejo pueden triunfar de tantas dificultades.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7968\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bien quisiera cumplir lo ofrecido al terminar mi \u00faltima cr\u00f3nica. Anunciaba en ella que tal vez en la presente hablar\u00eda de cosas agradables, para desvanecer la mala impresi\u00f3n de las tristes nuevas de que vengo ocup\u00e1ndome meses ha. 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