{"id":8101,"date":"2016-04-06T08:59:00","date_gmt":"2016-04-06T06:59:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8101"},"modified":"2016-04-06T08:59:00","modified_gmt":"2016-04-06T06:59:00","slug":"articulo-el-colera-y-la-politica-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-el-colera-y-la-politica-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Art\u00edculo] El c\u00f3lera y la pol\u00edtica, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Madrid. 14 de agosto de 1885.<\/p>\n\n\n\n<p>I &#8216;<\/p>\n\n\n\n<p>Invadida por el c\u00f3lera morbo gran parte de nuestra pen\u00ednsula, estamos presenciando las cosas m\u00e1s peregrinas y estramb\u00f3ticas en materia de precauciones. En algunas localidades toman tan en serio los cordones y lazaretos, que se cometen verdaderas crueldades con los infelices viajeros; en otras fumigan de tal suerte, que al que le toca se asfixia sin remedio o coge una bronquitis cr\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>En vano el Gobierno truena contra los lazaretos y dispone su desaparici\u00f3n. O no le obedecen, o fingen obedecerle para volver al poco tiempo a las andadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Llaman lazaretos en algunos pueblos a un destartalado pajar, un molino sin uso, un corral de ganado o cosa parecida, donde no hay camas ni aliment\u00f3, ni comodidades de ninguna clase, ni aun lo m\u00e1s necesario para la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo el que llega, venga de donde viniese, me le meten all\u00ed y me le encierran durante siete u ocho d\u00edas, a voluntad del alcalde, que suele serlo de monterilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay lazaretos que tienen por techumbre la b\u00f3veda del cielo, para que puedan los detenidos disfrutar las delicias del relente por las noches y de un sol canicular durante el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Contra tales hereg\u00edas, protesta el pa\u00eds entero; el Gobierno env\u00eda delegados a las zonas acordonadas; pero hasta ahora no se advierte que mejoren los procedimientos preventivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Suelen ceder los alcaldes de los pueblos peque\u00f1os; pero los de las grandes ciudades, como Sevilla y M\u00e1laga, persisten en sus medidas de crueldad e inhumanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya parece que el Gobierno amenaza con emplear la fuerza para deshacer los dichosos cordones, y en este caso podr\u00e1 atajarse a tiempo este movimiento an\u00e1rquico, que llegar\u00e1 a tomar proporciones graves, si no se pone remedio en ello.<\/p>\n\n\n\n<p>He hablado de Aranjuez y Murcia, como los puntos m\u00e1s castigados por la epidemia. Ambas poblaciones est\u00e1n libres ya, y Valencia, donde alcanz\u00f3 la mortalidad una cifra bastante alta, parece tambi\u00e9n volver a su situaci\u00f3n sanitaria normal.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy las localidades m\u00e1s azotadas son Zaragoza, capital de la provincia de su nombre y del antiguo reino de Arag\u00f3n; Teruel, capital de otra provincia aragonesa; Albacete, lindante con Murcia; Ja\u00e9n, provincia de Andaluc\u00eda, y Don Benito, ciudad, importante de Extremadura.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n ha hecho el c\u00f3lera enormes estragos en Monteagudo, pueblo de la provincia de Soria; en todos los de Alicante, en Cartagena, y como chispazos, se han advertido algunos casos en Castilla la Vieja, principalmente en Palencia, Zamora y Salamanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid contin\u00faa casi lo mismo, pues el ligero aumento que ha tenido el n\u00famero de invasiones, no es de extra\u00f1ar, considerando que han buscado asilo en la metr\u00f3poli unas cincuenta mil personas procedentes de Aranjuez, Zaragoza, Teruel y otros puntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Contin\u00faa verific\u00e1ndose el fen\u00f3meno de ser m\u00e1s cruelmente invadidos los campos que las poblaciones, y de adquirir m\u00e1s desarrollo la mortalidad en las zonas pantanosas o encharcadas por los riegos artificiales. Zaragoza est\u00e1 rodeada de extens\u00edsima y f\u00e9rtil vega, regada, como Murcia, por acequias y canales.<\/p>\n\n\n\n<p>Monteagudo, el pueblo donde mayor n\u00famero de v\u00edctimas ha hecho el veneno asi\u00e1tico, tiene en su t\u00e9rmino un pantano o dep\u00f3sito de aguas llovedizas, que por efecto de las persistentes lluvias de este<\/p>\n\n\n\n<p>a\u00f1o, se hab\u00eda convertido en charco pestilencial. En las localidades secas y frescas, como Segovia, la epidemia no ha arraigado, y Madrid contin\u00faa siendo la prueba m\u00e1s clara de que no encuentra el virus condiciones favorables all\u00ed donde no existen aguas estancadas o humedades persistentes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Norte y Noroeste de la Pen\u00ednsula permanecen libres por completo de la epidemia, recibiendo gente de las zonas atacadas, sin que se altere la salud.<\/p>\n\n\n\n<p>No existen aqu\u00ed cordones ni lazaretos, y todo el mundo entra y sale libremente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se cubre el expediente con una ligera fumigaci\u00f3n, que es una verdadera farsa, y todo va bien hasta la hora presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es digno de fijar la atenci\u00f3n el consolador espect\u00e1culo que ofrece Zaragoza. El vecindario ha recibido la calamidad con perfecto tes\u00f3n, haci\u00e9ndole frente y combati\u00e9ndola sin desmayar un punto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la ciudad c\u00e9lebre por sus heroicos sitios, y en este caso se defiende como supo defenderse de las paralelas de un ej\u00e9rcito, inmortalizando su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed las clases pudientes no han emigrado como en otras poblaciones; all\u00ed el miedo y la cobard\u00eda son desconocidos; all\u00ed todo el mundo est\u00e1 en su puesto, y cada enfermo encuentra multitud de sanos que le auxilien. Las Juntas de socorros funcionan sin embarazo alguno; y para que la ciudad conserve su aspecto ordinario, cosa que tanto influye en los \u00e1nimos, los comercios contin\u00faan abiertos, los talleres funcionan, y aun los teatros y divertimientos reciben al p\u00fablico que quiere visitarlos. De esta manera los estragos de la epidemia son mucho menores.<\/p>\n\n\n\n<p>La grandeza de \u00e1nimo de los zaragozanos es el mejor espec\u00edfico para atenuar los terribles efectos del morbo.<\/p>\n\n\n\n<p>F\u00e1cilmente se comprender\u00e1 que, en una ciudad, donde por la actitud de todo el vecindario se ha suprimido el p\u00e1nico, se tiene mucho adelantado para reconquistar la salud p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Desgraciadamente, este noble ejemplo no ha sido imitado en todas parces.<\/p>\n\n\n\n<p>Pueblos hay que, dej\u00e1ndose vencer del terror, han visto duplicado el n\u00famero de v\u00edctimas por causa del abandono y de la precipitaci\u00f3n. All\u00ed, donde el ego\u00edsmo ha decretado los aislamientos, se ha dado el caso de permanecer insepultos los cad\u00e1veres, infestando la atm\u00f3sfera. Muchos enfermos, a quienes una regular asistencia habr\u00eda salvado, han perecido en espantosa soledad, y rotos los lazos de la familia, el p\u00e1nico ha separado el padre del hijo y el hermano del hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Tardar\u00e1n mucho los pueblos en comprender que la serenidad es el mejor dique que se puede oponer a esta asoladora epidemia, y que el c\u00f3lera, atacado con prudencia, oportunidad y energ\u00eda, es una de las enfermedades que menos v\u00edctimas causan.<\/p>\n\n\n\n<p>La estad\u00edstica y la ciencia lo declaran as\u00ed, de un modo que no deja lugar a duda. Atacado el mal en los s\u00edntomas prodr\u00f3micos, casi siempre cede; pero muchos descuidan estos s\u00edntomas, no les dan importancia o no los declaran por no alarmar a las familias.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la insistencia del sufrimiento les obliga a declararlo, ya el mal est\u00e1 en el segundo per\u00edodo y dif\u00edcilmente tiene remedio.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el desarrollo del ataque fuera lento, desaparecer\u00eda quiz\u00e1s el p\u00e1nico que esta enfermedad produce.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que la hace espantosa es la brevedad y prontitud de su proceso, m\u00e1s que la muchedumbre de v\u00edctimas. A esta rapidez del proceso col\u00e9rico se deben tambi\u00e9n las preocupaciones que acerca de su generaci\u00f3n y propagaci\u00f3n corren validas en el sentimiento del vulgo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna enfermedad hiere la imaginaci\u00f3n popular como \u00e9sta, porque ninguna reviste esa forma de descarga fulminante o de golpe homicida que el maldecido c\u00f3lera tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso en todas las invasiones de esta epidemia se extienden las consejas de envenenamiento de aguas. En 1834, cuando por primera vez fu\u00e9 nuestro pa\u00eds visitado por el que desde entonces se llam\u00f3 <em>viajero del Ganges<\/em>, el envenenamiento de los manantiales se atribuy\u00f3 a los frailes. Esta creencia est\u00fapida produjo los atroces asesinatos de regulares perpetrados en Madrid y otras capitales.<\/p>\n\n\n\n<p>Las invasiones posteriores han tenido tambi\u00e9n su conseja, m\u00e1s o menos rid\u00edcula, y aun hoy la mente popular, incapaz de ponerse a la altura de los doctores Koch, Pasteur y Ferr\u00e1n, en la apreciaci\u00f3n de los organismos micr\u00f3bicos, explica la epidemia con las hip\u00f3tesis m\u00e1s risibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas veces es el Gobierno el autor del mal, otras son los m\u00e9dicos. El primero env\u00eda agentes secretos a derramar en las fuentes botellas de pestilente l\u00edquido; los segundos administran a los enfermos unos endiablados polvos para que revienten cuanto antes, aumentando las estad\u00edsticas, de cuyos n\u00fameros se lucran ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fortuna, estas ideas encuentran ya poca acogida.<\/p>\n\n\n\n<p>La masa principal del pueblo tiene bastante sentido para no darles circulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la ojeriza contra lo\u00e9 m\u00e9dicos subsiste en algunas localidades, y en determinados barrios de \u00e9stas.<\/p>\n\n\n\n<p>En Madrid mismo han ocurrido escenas semejantes a las que ocurrieron en Nap\u00f3les el a\u00f1o pasado, y en varios pueblos los m\u00e9dicos se han resistido a prestar su asistencia en ciertos caser\u00edos, por temor a las vejaciones y atropellos de que eran objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>El estado de nuestro pa\u00eds es hoy tan lastimoso que la lectura de la Prensa causa amargura viv\u00edsima. En los c\u00edrculos todos no se habla m\u00e1s que de calamidades. El comercio y la industria est\u00e1n totalmente paralizados. A los males de la epidemia se unir\u00e1n pronto los de la miseria, si Dios no lo remedia, y para que nada falte, nuestro ministro de Hacienda, disponiendo la variaci\u00f3n del impuesto de consumos con ciega inoportunidad, ha tra\u00eddo una nueva plaga sobre esta infeliz tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdaderamente inconcebible que se pretenda aumentar \u00a1a tributaci\u00f3n que pesa sobre los art\u00edculos alimenticios, precisamente cuando la carest\u00eda es m\u00e1s sensible que en \u00e9poca alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Es absurdo que el Estado acapare los recursos de que viven los Ayuntamientos cuando \u00e9stos carecen de lo preciso para las m\u00e1s urgentes atenciones sanitarias. La tenacidad del se\u00f1or Cos-Gay\u00f3n no tiene nombre; pero en el pecado lleva la penitencia, porque pensando reforzar el impuesto, lo ha echado a tierra, y hoy se encuentra con enormes mermas en el presupuesto del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Su desatentada gesti\u00f3n produce motines diarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los pueblos no castigados a\u00fan por el c\u00f3lera, se distraen del aburrimiento de estos tiempos amotin\u00e1ndose y rebel\u00e1ndose contra las disposiciones referentes a consumos. De veras digo que Espa\u00f1a es hoy un pa\u00eds de delicias. Los lazaretos y cordones por una parte, las algaradas de consumos por otra, hacen de nuestra patria una verdadera jaula ele dementes. El que cae en la mala tentaci\u00f3n de viajar es enchiquerado, perm\u00edtase la palabra, en un barrac\u00f3n infecto, donde le ah\u00faman hasta que echa los bofes, y all\u00ed me le guardan despu\u00e9s sin darle de comer ni prestarle auxilio alguno. Cuando esto no ocurre, el infeliz viandante puede encontrarse en el fuego de los disparos entre el pueblo y los empleados de consumos. Felizmente estas guerrillas han hecho hasta ahora pocas v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo verdaderamente funesto y temible es el c\u00f3lera, que no quiere dejarnos vivir en paz.<\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00edtica est\u00e1 ahora completamente muerta, lo que en rigor es un mal insignificante o quiz\u00e1 un bien entre tantos y tan complejos males.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie disputa el Poder a los que lo poseen, ni se fiscalizan los actos ministeriales con tanta sa\u00f1a como en el \u00faltimo per\u00edodo parlamentario.<\/p>\n\n\n\n<p>El Gobierno no es molestado por las oposiciones, si no en el desgraciado asunto de los lazaretos, que no desaparecen con la rapidez que el poder central desea. La paz relativa de que disfrutamos desaparecer\u00e1 cuando recobre la salud el cuerpo doliente de la naci\u00f3n. Algo se habla, no obstante, de asuntos extra\u00f1os al mal que nos aflige, y entre estos temas no es de los \u00faltimos el de la jefatura del partido carlista, vacante por muerte de don C\u00e1ndido Nocedal. Cuentan que el pretendiente est\u00e1 en grand\u00edsima perplejidad, no sabiendo a quien encomendar la direcci\u00f3n de su cotarro, pues no es f\u00e1cil que entre sus secuaces encuentre un hombre de las condiciones de Nocedal. Este era un insigne jurisconsulto, elocuente y habil\u00edsimo en las discusiones parlamentarias, gran manipulador de hombres y de intrigas. Hab\u00eda recorrido toda la escala pol\u00edtica, empezando su carrera por progresista avanzado, y poni\u00e9ndose necesariamente todas las vestimentas que designan el color pol\u00edtico hasta llegar a la sotana. Nocedal era simp\u00e1tico y muy afable en su trato, circunstancia que no suele hallarse en todos los individuos del partido en que \u00faltimamente militaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Dirigiendo la causa de don Carlos, demostraba grand\u00edsima energ\u00eda e inflexibilidad. No ced\u00eda ni ante la autoridad de los obispos, en su gran mayor\u00eda enemigos del carlismo, no hac\u00eda maldito caso de los r\u00e9spices que le enviaba de Roma el cardenal Jacobini, secretario de Estado, y afectando sumisi\u00f3n al Soberano Pont\u00edfice, en realidad hac\u00eda tanto caso de \u00e9l como de las nubes de anta\u00f1o. Hab\u00edase erigido en Pont\u00edfice infalible para todas las cuestiones pol\u00edticas, civiles y religiosas que afectaran al carlismo, y en su mano de hierro este partido adquiri\u00f3 una fuerza y unidad que dif\u00edcilmente tendr\u00e1 en lo sucesivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dominaba al clero rural, a los cabecillas vasco-navarros ya todo el elemento levantisco de las provincias del Norte.<\/p>\n\n\n\n<p>Su peri\u00f3dico, <em>El Siglo Futuro<\/em>, bastante bien escrito, se distingui\u00f3 siempre por su <em>acometividad<\/em>, por la descarada osad\u00eda de sus ataques a todo lo que no fuera don Carlos. No respetaba a los obispos, ni al mismo Nuncio de Su Santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus odios m\u00e1s vivos eran para la \u00abUni\u00f3n Cat\u00f3lica\u00bb, fracci\u00f3n desmembrada del carlismo, a la cual pertenecen Pidal y todos los ultramontanos que se unieron al partido conservador. A estos les ataca El <em>Siglo Futuro<\/em> de la manera m\u00e1s despiadada y antievang\u00e9lica. Sus diatribas no tienen nada de cristianas; pero hay que confesar que son ingeniosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerto Nocedal, a consecuencia de una par\u00e1lisis, don Carlos no encuentra un hombre que a su lugar-teniente sustituya. El partido carlista no es fecundo en personajes de aquellas condiciones. Ni los guerrilleros, que hoy est\u00e1n mano sobre mano, ni el fiero obispo de Daulia sirven para el caso. Ninguno de ellos conoce las triqui\u00f1uelas de la pol\u00edtica y del manejo de personas que Nocedal aprendi\u00f3 en su larga vida de periodista, de abogado y de secretario de todos los partidos. Fu\u00e9 diputado en un per\u00edodo de .veinticinco a treinta a\u00f1os; fu\u00e9 tambi\u00e9n ministro, conoc\u00eda muy bien los resortes y teclas con que se mueve todo lo movible en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>En su vida privada cuentan que ofrec\u00eda Nocedal un contraste muy vivo con las ideas que defend\u00eda. Si la historia completa de este hombre se escribiera, ofrecer\u00eda un conjunto monstruoso de defectos y cualidades, de flaquezas insignes y de talentos extraordinarios. Su trato, como antes dije, cautivaba. No cabe m\u00e1s afabilidad ni maneras m\u00e1s exquisitas ni conversaci\u00f3n m\u00e1s simp\u00e1tica y amena. Hablaba muy bien y escrib\u00eda con no com\u00fan elegancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que se han empezado a citar nombres para designar el apoderado pol\u00edtico de don Carlos, han principiado las discusiones en el batallador partido. Don Carlos no sabe qu\u00e9 hacer ni a quien encomendarlo; pide consejos a sus partidarios, y estos se los dan tan contradictorios que m\u00e1s valdr\u00eda no se los dieran. Ya se indica a un pr\u00f3cer, ya a un guerrillero c\u00e9lebre, ya por fin a una Junta, compuesta de lo m\u00e1s granadito del partido; pero el elemento militar y el eclesi\u00e1stico, menos afines de lo que parece, andan ya a la gre\u00f1a por ver cual de ellos prevalece en tal Junta. Todo indica que van a empezar d\u00edas de descomposici\u00f3n para ese partido, que tan profunda-mente ha perturbado a nuestro pa\u00eds. La disciplina rigurosa le ha dado vida, y la disciplina le ha de extinguir en un plazo m\u00e1s o menos largo.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Las emigraciones de verano no son en el presente a\u00f1o lo que en los a\u00f1os normales. Todo lo ha perturbado el c\u00f3lera, y en las estaciones balnearias no es donde menos se sienten sus efectos. Bast\u00f3 que el cocinero de Betchu enfermara y muriera de enteritis para que aquel acreditado establecimiento fuera abandonado precipitadamente por los ba\u00f1istas. Lo mismo ha pasado en otros, a pesar de disfrutarse en ellos de buena salud. Aquellas gratas residencias, donde otros a\u00f1os reinaba tanta alegr\u00eda, est\u00e1n hoy desiertas. El mismo San Sebasti\u00e1n, punto favorable a la emigraci\u00f3n por su proximidad a la frontera, tiene este a\u00f1o poca concurrencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las familias cobardes, o si se quiere, ricas, han acampado en Biarritz, donde tambi\u00e9n han empezado las alarmas, porque se ha hablado de alg\u00fan caso fulminante ocurrido en Bayona, y la existencia, ya declarada, de la terrible epidemia en Marsella, hace peligroso todo el Mediod\u00eda de Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace pocos d\u00edas se ha marcado una corriente de emigraci\u00f3n hacia Madrid, a pesar de que tambi\u00e9n en Madrid hay casos, si bien no pasan de veinticinco o treinta. No obstante, la gente prefiere residir en Madrid a andar a salto de mata por esos pueblos de Dios, pasando fronteras, sufriendo inspecciones sanitarias, lazaretos que aburren y sahumerios que asfixian. En Madrid no se molesta a nadie; ni siquiera se exige a los viajeros que ense\u00f1en la lengua, como pasa en la frontera francesa; todo el que quiere entra y sale libremente, y las fondas y hoteles reciben con agasajo a todo viajero sin reparar la cara que trae. Por esto en Madrid se disfruta de una tranquilidad relativa, y aunque el c\u00f3lera tiene su parte muy principal en la conversaci\u00f3n diaria, se habla tambi\u00e9n de otras cosas, y los espect\u00e1culos y paseos p\u00fablicos est\u00e1n llenos de gente. Ni aun se han suprimido las corridas de toros, que dicen son peligrosas por la aglomeraci\u00f3n de gente.<\/p>\n\n\n\n<p>En los pueblos, aun en aquellos que a\u00fan no han sido invadidos, se ha dispuesto la supresi\u00f3n de ferias, espect\u00e1culos, corridas de toros y toda clase de divertimientos, sistema cuya eficacia es muy discutible, pues si es inconveniente la reuni\u00f3n de personas, tambi\u00e9n se tiene por indudable que la espansi\u00f3n del \u00e1nimo y la alegr\u00eda disminuyen las probabilidades de que el individuo y la colectividad sean atacados.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio en todos estos pueblos se celebran rogativas y jubileos, y creyendo necesario que las im\u00e1genes se ventilen, las sacan en procesi\u00f3n todos los domingos con grand\u00edsima solemnidad. Muchos pueblos f\u00edan demasiado en San Roque, y descuidan su higiene. Hace pocos d\u00edas he visto en una importante poblaci\u00f3n, que no quiero nombrar, una imponent\u00edsima procesi\u00f3n. San Roque era llevado en andas por las calles principales, acompa\u00f1ado por todo el vecindario. La doble fila de personas de todas clases, con vela encendida, era interminable. Iban todos con devoci\u00f3n sincera, cantando letan\u00edas. El efecto que resultaba era en verdad m\u00e1s propio para entristecer el \u00e1nimo que para espaciarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con lo que se gast\u00f3 en velas en aquella fastuosa solemnidad religiosa se habr\u00eda podido hacer mucho aplicando el importe de la cera a los servicios de higiene y saneamiento. Pero es dif\u00edcil que los pueblos comprendan esto. Mientras pasean a San Roque permiten que las calles est\u00e9n llenas de basura, que las alcantarillas despidan miasmas pestilentes, que vivan hacinadas las familias pobres en m\u00edseras y estrechas zah\u00fardas, y que en los mercados reine la suciedad y la adulteraci\u00f3n de todos los alimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que ambos sistemas pueden hermanarse perfectamente, con admirable resultado; que se puede invocar la protecci\u00f3n de San Roque, atendiendo al mismo tiempo a lo que ordenan la higiene y la experiencia. De este modo se asociar\u00eda lo religioso con lo pr\u00e1ctico y la protecci\u00f3n del cielo combinada con nuestra propia defensa dar\u00eda resultados seguros. Rezar todo lo que se quiera, y por si acaso, desinfectar al mismo tiempo. Tengo la seguridad de que al mismo San Roque le ha de gustar que lo paseen por las calles bien barridas y no por alba\u00f1ales inmundos y mal olientes. Para que se vea cu\u00e1n propicio es San Roque en las localidades limpias: En Londres no le pasean nunca; es m\u00e1s, creo que ni siquiera le conocen, y, sin embargo, all\u00ed no va nunca la peste, y si va la expulsan a escobazos y chorros de agua. En otras partes, \u00a1ay!, donde es abogado de la peste, obtiene un culto fervoroso, la peste se ceba imp\u00eda, prueba evidente de que en el reino de Nuestro Padre no nos amparan cuando nosotros no nos amparamos con los medios que la Providencia nos ha dado.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7970\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Invadida por el c\u00f3lera morbo gran parte de nuestra pen\u00ednsula, estamos presenciando las cosas m\u00e1s peregrinas y estramb\u00f3ticas en materia de precauciones. En algunas localidades toman tan en serio los cordones y lazaretos, que se cometen verdaderas crueldades con los infelices viajeros; en otras fumigan de tal suerte, que al que le toca se asfixia sin remedio o coge una bronquitis cr\u00f3nica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":10755,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,3,4,52],"tags":[],"class_list":["post-8101","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo-periodistico","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-criticon"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Art\u00edculo] El c\u00f3lera y la pol\u00edtica, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/articulo-el-colera-y-la-politica-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Art\u00edculo] El c\u00f3lera y la pol\u00edtica, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Invadida por el c\u00f3lera morbo gran parte de nuestra pen\u00ednsula, estamos presenciando las cosas m\u00e1s peregrinas y estramb\u00f3ticas en materia de precauciones. 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