{"id":8149,"date":"2017-07-10T03:20:00","date_gmt":"2017-07-10T01:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8149"},"modified":"2017-07-10T03:20:00","modified_gmt":"2017-07-10T01:20:00","slug":"cuento-necrologia-de-un-prototipo-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-necrologia-de-un-prototipo-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Cuento] Necrolog\u00eda de un prototipo, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, ciudadanos graves, le conoc\u00edais muy bien. Cuando los negocios p\u00fablicos os permit\u00edan alg\u00fan reposo, cuando la ventilaci\u00f3n de las cuestiones nacionales y europeas daba paz y desahogo a vuestros esp\u00edritus inquietos, sol\u00edais ir a la catedral con el santo fin de o\u00edr, ver u oler alguna misa; y entonces ve\u00edais al prototipo cuya desaparici\u00f3n deploramos. Vosotras, j\u00f3venes amables, le conoc\u00edais tambi\u00e9n. Cuando gozosas y vivarachas penetrabais en la capilla de Santa Teresa para rezar un poco de letan\u00eda con toda la vista clavada en la santa y las tres cuartas partes del coraz\u00f3n fijas en vuestros novios, ve\u00edais al personaje, tipo, anomal\u00eda, aberraci\u00f3n, cuya desaparici\u00f3n deplorar\u00edan los gabinetes zool\u00f3gicos y anat\u00f3micos si aqu\u00ed los hubiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordad bien los fen\u00f3menos ac\u00fasticos que manifestaban la presencia de este proto-singular. Esta manifestaci\u00f3n ac\u00fastica era m\u00e1s determinada y caracter\u00edstica que la visi\u00f3n misma. Oig\u00e1mosle antes de verle: prefiramos el rumor a la forma. Hay seres que rechazan lo pintoresco. Hay fisonom\u00edas morales y f\u00edsicas que no pueden ser abarcadas por el comp\u00e1s ni simuladas por el pincel: un diapas\u00f3n les conviene m\u00e1s. Nuestro prototipo pertenec\u00eda a esta clase. Era un individuo cuya apreciaci\u00f3n correspond\u00eda al o\u00eddo. Su fisonom\u00eda auditiva era un rezo, una tos y un arrastrar de suelas de tan especial timbre que cualquier m\u00fasico realista hubiera sacado de \u00e9l una combinaci\u00f3n instrumental. Cuando rezaba, su voz semejante a un eco subterr\u00e1neo llenaba el \u00e1mbito inmenso de la catedral. El espacio que rodea las diez columnas ondeaba sonoro al influjo de aquella vibraci\u00f3n: las treinta y una b\u00f3vedas respond\u00edan un\u00edsonas a aquel recitativo cantado en tesitura tan profunda. De repente tose&#8230; Parece que un trueno estalla en el templo. Todo el granito se estremece. Si las catedrales tosieran, \u00a1qu\u00e9 demonio!, toser\u00edan de aquella manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve\u00e1mosle ahora. Era aquel bulto que en la oscuridad de una capilla se distingu\u00eda, ya en pie y encorvado, ya de rodillas e inm\u00f3vil. Cuando las miradas del espectador se acostumbraban a la oscuridad, pod\u00eda verse que de sus hombros pend\u00eda una luenga capa negra que en ambos costados ten\u00eda los mismos pliegues y las mismas ondulaciones. Parec\u00eda que aquellos dos trozos de capa eran dos tremendas alas, y que de repente iba a volar como un hipogrifo. \u00a1Cu\u00e1n grave y sombr\u00edo y terrible!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bflas sombras y soledad del recinto no le dan tal vez ese aspecto siniestro y medroso? Quiz\u00e1 fuera de aqu\u00ed ser\u00eda una risue\u00f1a y amable figura m\u00e1s propia para inspirar regocijo que pavura. Reparen ustedes en que este templo y este hombre son cosas que no pueden separarse tan f\u00e1cilmente como una cabeza y un sombrero. La naturaleza hizo afines entonces la carne y la piedra, el pajarraco y el recinto. Caja musical muy bien construida en este \u00faltimo, pero hubiera permanecido sorda y sin vida si no hubiera tenido su t\u00edmpano sonoro. \u00bfConciben ustedes una campana sin lengua?<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Hay individualidades agregadas de tal modo a los monumentos que parecen una parte indispensable de los mismos. El hombre de los rezos era una especie de excrecencia: parec\u00eda que se hab\u00eda criado como un liquen en las piedras del edificio. De seguro un naturalista le hubiera echado el lente crey\u00e9ndole una magn\u00edfica estalagmita. \u00a1Qui\u00e9n averigua el g\u00e9nesis misterioso de aquel hisopo adherido a una grieta, de aquel par\u00e1sito desarrollado sobre una losa! Su organismo por el aspecto y el zumbido es de z\u00e1ngano. \u00bfSe incubar\u00edan las b\u00f3vedas en un lento trabajo de generaci\u00f3n ov\u00edpara? Pero dejemos el origen y vengamos a la cosa \u00a1Qu\u00e9 feo era! Su piel semejaba al forro de un Decretalium thesaurus mil veces le\u00eddo: los huesos de la cara pugnaban por salir a p\u00fablica luz, la barba, que daba muestras de afeitarse en los d\u00edas de solemnidad, estaba compuesta de una treintena de pelos, situados a tiro de ballesta, y tan r\u00edgidos y blancos como menudos filamentos de vidrio. Sus ojos (\u00a1gran Dios, qu\u00e9 ojos!) eran perennes manantiales de cinabrio diluido, y su boca, cerrada siempre al paso de las aves nocturnas, se compon\u00eda de dos grandes y flojas protuberancias de carne que, si no hicieran all\u00ed el papel de labios, creer\u00edamos eran dos chuletas colgadas a la intemperie como en las manufacturas de tasajo. \u00a1Qu\u00e9 cosa tan fea, Dios m\u00edo! Su cuerpo&#8230; pero aquello no era cuerpo. Figuraos una capa con espinazo y extremidades, una capa que se yergue y se inclina como remedando el movimiento de una m\u00e1quina muscular. Su cuerpo no era otra cosa. Pudiera creerse que bajo el pa\u00f1o secular hab\u00eda hasta una libra de carne; pero lo cierto es que hab\u00eda en cart\u00edlagos, tendones y huesos como unos veinte kilogramos. Por debajo del fleco que los a\u00f1os hab\u00edan hecho en la t\u00fanica asomaban dos nav\u00edos portugueses en forma de zapatos con tantas troneras o remiendos que hubiera sido dif\u00edcil imaginar su primitiva configuraci\u00f3n. En el banco pr\u00f3ximo estaba el sombrero, aditamento de aquel aditamento, excrecencia de aquella excrecencia. Esta prenda hubiera sido un documento arqueol\u00f3gico si las infinitas abolladuras y diversas capas de materias combustibles que le adornaban hubieran permitido a un anticuario adivinar el modelado primitivo. El tiempo, ustedes lo saben, convierte el capitel en adoqu\u00edn y la cari\u00e1tide en guarda-cant\u00f3n: el tiempo hab\u00eda convertido en turbante (no es exageraci\u00f3n) el mueble que el a\u00f1o 22, en tiempo de Angulema y de Riego, ten\u00eda todas las apariencias de sombrero. Investigaciones detenidas hab\u00edan aclarado, no su forma, s\u00ed su fecha, que era poco menos que antediluviana. Este sombrero fue sin duda uno de aquellos que a consecuencia de cierto naufragio arribaron a las playas de Gran Canaria. Tal vez lo recibi\u00f3 el protofeo de manos de alguno de aquellos marineros que inmortaliz\u00f3 uno de nuestros m\u00e1s esclarecidos poetas. Y fue tal cuchipanda que hasta los marineros se robaban los sombreros que andaban de banda a banda.<\/p>\n\n\n\n<p>El que se hubiera asomado al cr\u00e1ter de este sombrero hubiera visto un pa\u00f1uelo encarnado, negro, verde y de otros colores del tama\u00f1o de un pabell\u00f3n nacional. Dos o tres veces al d\u00eda este pa\u00f1uelo se desplegaba y acto continuo, \u00a1prum!, resonaba un trueno nasal y la gran masa del templo vibraba obedeciendo a la convulsi\u00f3n de aquella nariz cicl\u00f3pea. Si las catedrales se sonaran (permitid esta hip\u00f3tesis de mal gusto), se hab\u00edan de sonar as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 feo era! Sin embargo, sus ojos clavados en la b\u00f3veda brillaban con luz divina. Indudablemente, sus miradas al traspasar la b\u00f3veda escudri\u00f1aban en lo profundo de los cielos los misterios de la bienaventuranza y de la gloria, sus labios de corcho al balbucear una plegaria sostienen misteriosos di\u00e1logos con alg\u00fan \u00e1ngel mensajero solo visible para \u00e9l. \u00bfQu\u00e9 importa la deformidad del pescuezo, la aspereza de la piel, la destilaci\u00f3n de los ojos, la verruga hiperb\u00f3lica de la nariz? Esa estrellita de luz divina que baila en su mirada parece que espiritualiza al asceta mugriento y haraposo como un sacrist\u00e1n de aldea, arrugado y amarillo como un infolio. El \u00e9xtasis diviniza al penitente. \u00a1Rivera ha embellecido tantos Esopos! Mirad cu\u00e1n bello est\u00e1 (no es paradoja) el hombre de la capa inm\u00f3vil, petrificado por la contemplaci\u00f3n. Todas las feas partes de su rostro, de su cuerpo y de su vestimenta se manifiestan en graciosos contornos; la armon\u00eda reina en ellas; el color se acomoda a la idea; el fondo a\u00f1ade vigor y claridad al tono; la capa determina el claroscuro; los zapatos tienen los toques confusos del buen detalle; el resplandor de la calva es aureola. \u00a1Soberana y magistral creaci\u00f3n! Miradle bien. Su esp\u00edritu est\u00e1 en comunicaci\u00f3n directa con Dios. El cielo est\u00e1 abierto ante \u00e9l: ve los siete c\u00edrculos donde se asientan falanges de potestades; ve el trono que sostienen tres hiladas de dominaciones; oye la armon\u00eda de arpas y violines que ta\u00f1en querubes musicantes. \u00a1Qu\u00e9 bello es!<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, \u00a1qu\u00e9 bello era!&#8230; Pero ya no existe, se\u00f1ores. Est\u00e1 all\u00e1, m\u00e1s arriba de toda esta maquinaria. Agit\u00f3 las grandes alas de su capa y cruz\u00f3 el espacio como un animal apocal\u00edptico. Hoy la catedral est\u00e1 sorda: le falta su t\u00edmpano sonoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel hombre (no se r\u00edan ustedes) era el elemento musical de este templo. Poco importa que el cincel del arquitecto labre aqu\u00ed b\u00f3vedas suntuosas, poco importa que el arte pl\u00e1stico quiera hacer m\u00e1s comprensible la grandeza por la magnitud de la forma. Es verdad que la belleza del estilo predispone al sentimiento a sus deleites espirituales; pero la fantas\u00eda exige m\u00e1s arte: es necesario un lenguaje mas elocuente y vivo que el lenguaje mudo de la piedra, m\u00e1s inmaterial y expresivo que esos signos resplandecientes que traza la luz exterior sobre el ramaje de la arquitectura. Para la gran obra del arrobamiento general; para que la mente cristiana salga de quicio es indispensable la ayuda de un arte que no es el arte de la piedra ni el arte espectral de los vidrios de colores. All\u00e1 a espaldas del coro se eleva el m\u00e1s enorme instrumento m\u00fasico que han inventado los hombres. Un complicado sistema intestinal lo compone: cada intestino es una nota, cada serie de tubos un tono. Sus voces son la del viol\u00edn, la del oboe, la del arpa, la del gallo, la del ruise\u00f1or, la del pavo. Suena, muge, canta, trina, ronca, ensordece y calla. Todos los sonidos que en la naturaleza existen, ya en estado primitivo, ya en estado de cultura, est\u00e1n all\u00ed archivados y clasificados. El teclado es el \u00edndice, y aquel individuo que sentado en una banqueta recorre con \u00e1giles dedos las teclas de marfil es el que tiene el secreto de ese D\u00e9dalo monstruoso, cat\u00e1logo razonado de los ruidos. Pero el \u00f3rgano no suena: veo una gran m\u00e1quina y un manipulador; veo la linterna y a maese Ginesillo; pero aqu\u00ed falta algo. Pues es claro: falta lo principal, Eolo; falta la luz a esta linterna de hermosas figuras; falta el elemento de vida, la primera materia de esta portentosa elaboraci\u00f3n musical. El hombre de la capa se acerca, llega y exclama: <em>fiat<\/em> armon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente Favonio, Aquil\u00f3n y Noto se precipitan en los ramificados conductos de aquel laberinto; y la maquinaria toda, vivificada por el soplo divino, lanza sus cien voces; conmu\u00e9vese el recinto sagrado y el alma cristiana, rotas las materiales ataduras, se eleva est\u00e1tica hasta Dios. Junto a la elocuencia majestuosa de un \u00f3rgano, \u00bfla voz de un Padre Santo no es desabrido lenguaje? Ah\u00ed ten\u00e9is el lenguaje de la religi\u00f3n, se\u00f1ores ret\u00f3ricos: dejad la pluma dogm\u00e1tica en el tintero, aljibe de silogismos, y prestad atenci\u00f3n. Este \u00f3rgano habla como el ap\u00f3stol, como el profeta, como el misionero; como el m\u00e1rtir, como el doctrino. \u00c9l dice m\u00e1s que cuanto han escrito plumas sagradas desde el Evangelio al canon, desde el dogma a la liturgia. Resuena como las tropas de Jeric\u00f3, como las arpas de David, como el clavicordio de Santa Cecilia. Remeda la voz de Gabriel, la de la pitonisa de Endor y la de la burra de Balaam.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY esta melod\u00eda portentosa de tonalidades y timbres infinitos de d\u00f3nde proviene? El \u00f3rgano en su construcci\u00f3n no es m\u00e1s que una bella teor\u00eda, el pianista es un prestidigitador; uno y otro son dos curiosos ejemplares mec\u00e1nicos. El alma de tan divinas armon\u00edas no es aqu\u00ed ni el instrumento, ni el m\u00fasico. \u00a1Oh!, \u00a1qu\u00e9 ser\u00eda el conductor met\u00e1lico sin potencia el\u00e9ctrica!. \u00a1qu\u00e9 ser\u00e1 el cuerpo humano sin aliento vital!. Figuraos el m\u00e1s ingenioso caleidoscopio sin luz. Concibe si puedes el arte sin naturaleza. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda el \u00f3rgano sin viento? El hombre de la capa, el liquen, el papamoscas, Eolo es el alma de esta m\u00fasica, es el elemento musical de este templo.<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Ved en su rostro la sacra inspiraci\u00f3n de Paganini. Con mano tr\u00e9mula pulsa la delicada palanca del fuelle; y la agita con esa convulsi\u00f3n, s\u00edntoma del consorcio que en los momentos de entusiasmo se establece entre el instrumento y el artista; entre tanto, por efecto de la combusti\u00f3n interna que el genio alimenta, de los poros del prototipo brotan tremendas gotas de sudor que van a fecundar los abonados campos de su camisa. \u00a1Qu\u00e9 bello est\u00e1! El instrumento y \u00e9l son una misma cosa: una sola vida les anima, el viento; un solo pulm\u00f3n les alienta, el fuelle. Respiran un\u00edsonos: las arterias sonoras del uno se unen a los nervios excitados del otro, y de este himeneo de un santo y un caj\u00f3n, de un estafermo y una corriente atmosf\u00e9rica, resulta la m\u00e1s maravillosa sinfon\u00eda que han sentido o\u00eddos humanos. Aquel cuerpo mitad de carne y mitad de palo ofrece \u2014\u00a1qui\u00e9n lo dir\u00eda!\u2014 abundantes secreciones de armon\u00eda y torrentes de sudor copioso.<\/p>\n\n\n\n<p>VI<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abQu\u00e9 bien hemos tocado hoy\u00bb, dice, y baja del coro y se va a su capilla y se coloca en su plinto grave (inventemos una palabra) petrificadamente, como la estatua de Ulloa despu\u00e9s de cenar con don Juan. Llega la noche y aquella gran capa se postra, rechinan los zapatos y se siente&#8230; (\u00a1qu\u00e9 miedo!)&#8230; un golpe seco y cadencioso como el de una mano descomunal que, uniendo en punta agud\u00edsima los duros dedos, hiere un pecho de gigante. Estos pequ\u00e9s hacen el efecto de los golpes de socavaci\u00f3n subterr\u00e1nea. Cualquiera pensar\u00eda, al o\u00edr c\u00f3mo se apedrea el pecho el nuevo Jer\u00f3nimo, que bajo el piso hay catacumbas, y que all\u00e1 abajo la piqueta del catec\u00fameno abre la fosa del m\u00e1rtir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el \u00e9xtasis tiene que concluir porque el sacrist\u00e1n repiquetea con las llaves y cerrojos de las grandes puertas. El Santo, \u00a1oh, portento!, sale arrastr\u00e1ndose: al pasar el umbral se acomoda en el sombrero, se persigna diecinueve veces, se envuelve en la capa y echa a andar hacia su garito. Ya le tenemos hecho hombre. Podemos seguirle sin miedo; ya no es santo ni papamoscas, ni estatua, ni elemento, ni Eolo, ni nada de eso; es un pobre diablo, un ser inofensivo, uno de esos entes desgraciados que viven en la poblaciones para servir de solaz de los chicos y de estorbo a los mayores. Sig\u00e1mosle.<\/p>\n\n\n\n<p>Suenan las campanas de oraciones. plan. plan. Nuestro hombre amaina la capa y arr\u00eda el sombrero, pero no se detiene. Junto a \u00e9l pasan descubiertos tambi\u00e9n dos pac\u00edficos ciudadanos que vienen del muelle, de la carretera del Puerto o de otro agradable paseo; pasan parejas y m\u00e1s parejas de gente conocida. Ahora dos curas, dos can\u00f3nigos, o un can\u00f3nigo y un cura juntamente: despu\u00e9s un oidor y un can\u00f3nigo; m\u00e1s tarde un qu\u00eddam y un oidor. Poco despu\u00e9s una dama y un hermanito; enseguida una abuela remolcada por su nieto. Y pasan, pasan, pasan, como los pajarracos marinos de don Ram\u00f3n Campoamor. El pobre diablo no repara en nada de esto: poco le importa la vuelta de los paseantes. Tampoco vuelve la vista para mirar el coche que, a todo escape y rechinando cual estrepitosa desgranadora, pasa tambi\u00e9n viniendo de Tafira o de El Monte; tampoco se fija en los alegres grupos de damas que van al ba\u00f1o con la correspondiente moza a retaguardia, adornada con una cesta o peineta monumental, donde van los aprestos y comestibles anexos al ba\u00f1o. El desgraciado no se fija en nada de esto: imp\u00f3rtansele una higa los curiosos accidentes pintorescos que caracterizan y representan la fisonom\u00eda crepuscular de esta poblaci\u00f3n. \u00c9l sigue su marcha acelerada y sin tropiezos. \u00bfAd\u00f3nde va? A su chiribitil. Conf\u00fandese en la penumbra y desaparece al trav\u00e9s de una pared, como dice Fern\u00e1ndez y Gonz\u00e1lez en todos los primeros cap\u00edtulos de sus novelas. No penetremos nosotros; seamos pudorosos y qued\u00e9monos en la puerta, no profanemos el hogar sagrado. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 all\u00ed dentro? Probablemente la capa dar\u00e1 a luz el cuerpo del protofeo; rodar\u00e1 de banda a banda el sombrero, el pa\u00f1uelo dar\u00e1 cuarenta y ocho vueltas tapando la cabeza, y poco a poco tirar\u00e1 a la mar aquellas prendas de vestir m\u00e1s exteriores, qued\u00e1ndose con otras que le son inherentes y complementarias como la piel. Concluido el desparejo, coger\u00e1 unas disciplinas y poniendo en descubierto las espaldas se disciplinar\u00e1 a comp\u00e1s y con m\u00e9todo desde el occipucio hasta el coxis, acompa\u00f1ando los golpes con todos los pater noster y avemar\u00edas que a tan espiritual tarea son indispensables. Despu\u00e9s se dormir\u00e1 y a la ma\u00f1ana siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana, se\u00f1ores, los vecinos notan que la puerta del chiribitil no se abre, el espantajo no ha salido. Tocan y nadie responde: no se oyen ni golpes de pecho ni de flagelaciones. Abren al fin y. (desastroso y f\u00fanebre espect\u00e1culo) encuentran el pa\u00f1uelo, el sombrero, la capa, los zapatos y entre estas prendas. no encontraron nada. Hab\u00eda volado de un soplo supremo hacia las regiones de la bienaventuranza. Este hombre ten\u00eda afinidad con el aire. Hay individualidades, dice Lamennais, que tienen afinidad con el mar y se arrojan a \u00e9l: de aqu\u00ed los suicidios y el v\u00e9rtigo. Este proto-. ten\u00eda afinidad con el aire y se evapor\u00f3. No es extra\u00f1o: era la personificaci\u00f3n de un fuelle.<\/p>\n\n\n\n<p>VII<\/p>\n\n\n\n<p>La catedral est\u00e1 manca: esta es la palabra, manca. Le falta un miembro, una parte, un adorno si se quiere: pero un adorno necesario y caracter\u00edstico. \u00bfNo estar\u00eda manca la catedral de Burgos sin papamoscas?, \u00bfno estar\u00eda manca la estatua de Mercurio sin caduceo? Pero si le falta al edificio este detalle pintoresco, m\u00e1s ha perdido en el concepto ac\u00fastico. La catedral ha perdido su t\u00edmpano sonoro. Falta all\u00ed el rumor obligado de los templos, ese ruido que parte de un devoto incrustado en una columna, de un semisanto o semiloco esculpido en un z\u00f3calo. Todos los templos tienen su ruido; perenne cuerda que vibra a todas horas una misma letan\u00eda; gota sempiterna de llanto que cae siempre sobre una misma losa (perdonad la imagen); chirrido estridente de un zapato de pie tullido que se arrastra siempre en un mismo camino. La catedral ha perdido su rumor. Aquel diapas\u00f3n con capa se cans\u00f3 de habitar en el mundo; aquel fuelle incansable aspir\u00f3 al cielo y se sopl\u00f3 a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las noches (esto no puede acabarse sin un ep\u00edlogo pl\u00e1stico terror\u00edfico) a la hora en que&#8230; (c\u00f3mo decirlo&#8230;) a la hora en que los b\u00fahos. (as\u00ed va bien) surgen con siniestro vuelo. (perfectamente) de entre las tumbas; a la hora en que reina el silencio en la catedral y las sombras envuelven el ancho recinto, se ve (el sacrist\u00e1n me lo ha dicho) vagar un fantasma por las capillas: se arrodilla, murmura una plegaria, una salmodia, un r\u00e9quiem (\u00a1qu\u00e9 miedo!). Despu\u00e9s de recorrer toda la catedral sube al coro; se le ve empu\u00f1ar la palanca del \u00f3rgano; la mueve con af\u00e1n, con \u00edmpetu, con entusiasmo. De la voluminosa caja que el espectro anima salen millares de sonidos; pero se\u00f1ores, no se asombren ustedes, son sonidos que no suenan, son espectros de sonido, m\u00fasica celestial, se\u00f1ores m\u00edos. Con ella he hecho este art\u00edculo que es. el espectro de un art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las Palmas, 29 de noviembre de 1866.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7968\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vosotros, ciudadanos graves, le conoc\u00edais muy bien. Cuando los negocios p\u00fablicos os permit\u00edan alg\u00fan reposo, cuando la ventilaci\u00f3n de las cuestiones nacionales y europeas daba paz y desahogo a vuestros esp\u00edritus inquietos, sol\u00edais ir a la catedral con el santo fin de o\u00edr, ver u oler alguna misa; y entonces ve\u00edais al prototipo cuya desaparici\u00f3n deploramos. 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