{"id":8162,"date":"2017-09-11T07:19:00","date_gmt":"2017-09-11T05:19:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8162"},"modified":"2017-09-11T07:19:00","modified_gmt":"2017-09-11T05:19:00","slug":"cuento-aquel-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-aquel-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Cuento] Aqu\u00e9l, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00bfQui\u00e9n es <em>aquel<\/em>?<br><br>\u00a1Enigma indescifrable! Tengo para m\u00ed que todos los seres de la creaci\u00f3n ignoran qui\u00e9n es <em>aquel<\/em>, y sin embargo, <em>aquel<\/em> existe y est\u00e1 en todas partes, os persigue como vuestra sombra por donde quiera que vais; parece el acreedor sempiterno que est\u00e1 reclamando constantemente una deuda inmortal; parece del Banquo de todos nuestros sustos, el ave agorera de todos nuestros presentimientos, la imagen \u00f3ptima de todas nuestras alucinaciones.<br><br>Supongamos que un d\u00eda nefasto os veis en la necesidad de formar en las tristes filas de un entierro. Lleg\u00e1is al cementerio, entr\u00e1is en la capilla para asistir al oficio f\u00fanebre, y entre la enlutada muchedumbre, est\u00e1 infaliblemente <em>aquel<\/em>.<br><br>En otro d\u00eda, quiz\u00e1s m\u00e1s nefasto, vais a un baile de m\u00e1scaras; discurr\u00eds por el sal\u00f3n tratando de matar el fastidio. Supongamos que os divert\u00eds, que no; supongamos que os dan una broma pesada o una feliz sorpresa. Todo es accidental y est\u00e1 sujeto a mil contingencias. Lo invariable, lo categ\u00f3ricamente cierto, es que entrar, al salir, en todas las vueltas que, como mariposa atontada dist\u00e9is por el sal\u00f3n, encar\u00f3 con vosotros una persona cuyo semblante conoc\u00edais bien, y esta persona era <em>aquel<\/em>.<br><br>Pongamos el ejemplo de que vais a una parada, a una ceremonia p\u00fablica, a un <em>meeting<\/em>, y en el primer caso os causa perplejidad y admiraci\u00f3n la variedad de uniformes, el guerrero adem\u00e1n de las tropas, la estirada gravedad y deslumbrante entorchamiento de los generales, as\u00ed como en el segundo nada os conmueve tanto como la elocuencia y ardor de los oradores pol\u00edticos, que se quieren tragar unos a otros por un mendrugo de libertad m\u00e1s o menos. Pero en la parada y el meeting lo que os causar\u00e1 un asombro parecido al espanto es ver confundido entre el gent\u00edo&#8230; \u00bfa qui\u00e9n, cielos divinos?&#8230;, a <em>aquel<\/em>.<br><br>Otro caso: un d\u00eda que debe marcarse con piedra negra en vuestra m\u00edsera existencia, os prenden, por equivocaci\u00f3n, en una calle de las m\u00e1s p\u00fablicas, por haberos confundido (nuestra polic\u00eda tiene un ojo&#8230;), con cierto sujeto c\u00e9lebre en los garitos, y al formarse en torno de vuestra persona el indispensable c\u00edrculo de curiosos que mira con indignaci\u00f3n al delincuente, observ\u00e1is que entre todas aquellas caras se destaca una, la m\u00e1s insolente y desvergonzada de todas, y esa cara&#8230; no lo dud\u00e9is un momento, esa cara es la de <em>aquel<\/em>.<br><br>M\u00e1s ejemplos. Sentemos la atrevida hip\u00f3tesis de que os cas\u00e1is. Llega el infausto d\u00eda. Os person\u00e1is en la iglesia: llega la novia, llegan los padrinos, llega el cura, llega el monaguillo, llegan los amigos; parece que no falta nadie. Como nada falta, principia la ceremonia: os dais la mano, el sacerdote os bendice, y cuando ya parece que est\u00e1 consumado el sacrificio, extend\u00e9is la presuntuosa mirada por todo el \u00e1mbito del templo para que la felicidad, estampada en vuestra cara, despierte envidias en el api\u00f1ado concurso, y&#8230; \u00a1oh sorpresa!, apoyado en una columna, con la vista fija en el novel matrimonio, est\u00e1 un hombre, en cuyo semblante reconocer\u00e9is al punto las aborrecidas facciones de <em>aquel<\/em>. En resumen, si vais al caf\u00e9, ah\u00ed est\u00e1 <em>aquel<\/em> tomando su brebaje; si vais al teatro, all\u00ed est\u00e1 <em>aquel<\/em> desde que se alza el tel\u00f3n; si viaj\u00e1is en verano, al poner el pie en el coche veis una figura que se acurruca en el rinc\u00f3n y recorre las p\u00e1ginas del Indicador de los caminos de hierro, y al punto le conoc\u00e9is&#8230; es <em>aquel<\/em>.<br><br>Basta de ejemplos y meditemos.<br><br>Todo el que se encuentra en presencia de este singular\u00edsimo fen\u00f3meno social, se pregunta: \u00bfqui\u00e9n es <em>aquel<\/em>?<br><br>Como respondiendo que <em>aquel<\/em> no es nadie ir\u00edamos a parar a un absurdo, es fuerza convenir en que aquel es una persona que se encuentra en todas partes, lo mismo en los espect\u00e1culos gratuitos que en los de pago, lo mismo en los tristes, como en el entierro, que en los alegres, como el baile; figura decorativa de los caf\u00e9s y de los teatros; parte al\u00edcuota de todo numeroso y escogido p\u00fablico en las reuniones y <em>meeting<\/em>; un hombre que siempre estamos viendo y nunca conocemos, el tipo de los tipos, raras veces simp\u00e1tico; por lo com\u00fan, insoportable, ente aborrecido, que nadie sabe c\u00f3mo se llama, ni qui\u00e9n es, ni qu\u00e9 hace, ni de qu\u00e9 vive.<br><br>El ser misterioso que viene al mundo predestinado a ser el <em>aquel <\/em>de la sociedad, lleva en su enigm\u00e1tica ubicuidad el don de originar multitud de interpretaciones diversas acerca de su posici\u00f3n y persona. Por tanto, si un d\u00eda pregunt\u00e1is, \u00bfqui\u00e9n es <em>aquel<\/em>?, recibir\u00e9is respuestas tan diferentes que os dejar\u00e1n m\u00e1s confusos. Quien abriese una informaci\u00f3n sobre este singular personaje y fuese apuntando en su cartera las diversas noticias que sobre \u00e9l recibir\u00eda, hab\u00eda de formar el curios\u00edsimo ramillete que va a continuaci\u00f3n:<br><br><em>Aquel <\/em>es un hombre a quien se ve en todas partes. Yo tengo para m\u00ed que es un vago.<br><br>Aquel es un marqu\u00e9s inmensamente rico que, como no tiene nada que hacer, se anda por ah\u00ed con las manos en los bolsillos. Me figuro que es persona extravagante.<br><br>Aquel es un conde tronado que derroch\u00f3 al juego su fortuna y ahora est\u00e1 tratando de distraerse.<br><br>Aquel es un fil\u00f3sofo extravagante que se pasea.<br><br>Aquel es un hombre de mucho talento, que se ocupa en estudiar la sociedad en sus varios aspectos y condiciones.<br><br>Aquel es de la polic\u00eda secreta.<br><br>De lo cual se deduce que nuestro hombre es todo el mundo.<br><br>Pero hagamos personalmente una indagaci\u00f3n concienzuda, y fij\u00e9monos bien en \u00e9l. Miradle, \u00a1oh curiosos lectores!, asistiendo con sol\u00edcita puntualidad al relevo de la guardia que tiene lugar en palacio todas las ma\u00f1anas. Es un hombre de mediana estatura, de mediana edad, de mediana decencia: todo mediano. Anda solo; no pasa junto a otra persona sin mirarla bien, y por su parte parece cuidarse poco de que le miren bien o mal. Antes de comenzar la m\u00fasica se acerca a los atriles para ver en el papel de m\u00fasica el nombre de la pieza que se va a tocar. Cuando suena el redoble se para o\u00edr mejor, y hasta se nos figura que se mueven sus pies como queriendo contradancear un poco en presencia del p\u00fablico. Concluye la fiesta musical y esta es la ocasi\u00f3n de satisfacer nuestra mortificante curiosidad, pues le seguiremos, y viendo adonde va, averiguaremos quien es. Por ejemplo, si entra en una oficina, sabremos que es empleado; si se cuela en la universidad, tendremos la certidumbre de que es estudiante; si penetra en la iglesia no hay remedio sino que es secretario de alguna archicofrad\u00eda; si se mete en la bolsa, c\u00e1tate que es hombre de negocios; si se abren ante \u00e9l las puertas de uno de esos santuarios de la opini\u00f3n que se llama redacciones de los peri\u00f3dicos, es indudable que periodista ha de ser; si se introduce, hundi\u00e9ndose a manera de espectro de teatro por uno de los agujeros de la alcantarilla, no hay duda de que es de la ronda nocturna, y por \u00faltimo, para que no se nos escape ning\u00fan conjetura en lo que se refiere a este ser extraordinario, si se desvanece ante nuestro ojos como el humo de un cigarro, ser\u00e1 preciso confesar que es un espectro, enviado al mundo para nuestro tormento.<br><br>Sig\u00e1mosle, pues. Concluido el relevo de la guardia, aquel se dirige a la Puerta del Sol, y cuando esper\u00e1bamos verle entrar en alguna parte, he aqu\u00ed que comienza a pasearse con mucha calma, mirando cada poco tiempo al reloj de la casa de Correos. Pues con este dato, el menos listo comprender\u00e1 que aquel es un cesante. \u00a1Oh, desventurada porci\u00f3n del linaje humano! Si no se le conoce por su rancia costumbre de medir las aceras de la Puerta del Sol, fijando la vista en aquel reloj que parece contar los momentos en que se dan y se quitan los destinos, en aquel reloj, cuya inflexible manecilla hace como que est\u00e1 escribiendo credenciales y cesant\u00edas; si no se le conoce en este rasgo genuino y caracter\u00edstico, \u00bfde qu\u00e9 sirven la filosof\u00eda y la zoolog\u00eda?, \u00bfpara qu\u00e9 vino al mundo Buffon?<br><br>No hay duda ya de que nuestro hombre es cesante; pero como el ser cesante es no ser nada, por fuerza nuestro interesante aquel ha de ser alguna otra cosa, y eso es lo que trataremos de averiguar. Atenci\u00f3n. Por fin se cans\u00f3 de pasear y entra en un caf\u00e9. \u00bfSer\u00e1 posible verlo para asegurar que va a tomarse un gran vaso de caf\u00e9 con media tostada? No, seguramente; y si quer\u00e9is cercioraros, a trav\u00e9s de empa\u00f1ado cristal pod\u00e9is contemplarle engullendo con voracidad leonina su frugal almuerzo. Como es f\u00e1cil comprender, este dura poco, y al concluir, nuestro personaje lleva a efecto un acto de hero\u00edsmo, que despierta el dormido entusiasmo de nuestro positivista esp\u00edritu. \u00a1Acci\u00f3n inaudita! Aquel mete la mano en el bolsillo, y paga su caf\u00e9. \u00bfNo os mueve este rasgo de sublime generosidad? Todos nuestros c\u00e1lculos y conjeturas han venido a tierra como alc\u00e1zar de utop\u00edas que destruye de un golpe el poderoso ariete del sentido com\u00fan. Nuestro hombre no puede ser cesante. Ha pagado.<br><br>Pero no desmayemos en nuestras pesquisas: no nos acobardemos por este contratiempo, y sigamos tras \u00e9l. Ya sale, vuelve a pasear y a mirar el reloj. Sin duda espera una hora determinada para ir a alguna parte. Pero pasa un entierro lujoso: delante va el f\u00e9retro arrastrado por los caballos de la funebridad; detr\u00e1s, en lenta y simoniaca procesi\u00f3n, van los amigos, a quienes el recuerdo del que se fue obliga a cumplir el m\u00e1s fastidioso de los deberes. Todos los transe\u00fantes miran el entierro, incluso aquel. Pero todos le dejan pasar, menos aquel, que lo sigue.<br><br>Probablemente no ser\u00e1 pariente del difunto; pero sigue el entierro a pie hasta el cementerio, oye con profunda atenci\u00f3n el oficio de difuntos, acude sol\u00edcito a ver el cad\u00e1ver cuando se le destapa, y por \u00faltimo no quita los ojos del nicho hasta que el alba\u00f1il no ha puesto el \u00faltimo ladrillo en aquella puerta de la eternidad.<br><br>Pues no hay duda: nuestro interesante aquel ha de tener en la sociedad la misi\u00f3n de asistir a los entierros; y o mucho nos equivocamos, o existe una misteriosa liga de protecci\u00f3n a los muertos, que impone a sus individuos la obligaci\u00f3n de presenciar las tristes<\/p>\n\n\n\n<p>escenas del cementerio con objeto de que se nos trate all\u00ed con consideraci\u00f3n y respeto. Siniestro oficio es este, y si realmente existe, no se pod\u00eda haber escogido para desempe\u00f1arle persona m\u00e1s a prop\u00f3sito que el ente singular\u00edsimo de quien nos ocupamos.<br><br>Ved como sale del cementerio y pedibus andando se vuelve a Madrid. Nosotros le seguimos de cerca, espiando sus movimientos, observando si habla con alguno. Se para en los escaparates de las tiendas, examinando lo que hay all\u00ed como si fuera a comprar algo. Pero no: no compra nada y sigue su camino. De repente llama su atenci\u00f3n cierta mujer, portadora de un reci\u00e9n nacido, cuya diminuta figura no se distingue bajo el follaje de lienzos blancos que le cubre. Esta mujer seguida de algunas personas m\u00e1s, entra en una iglesia, y acto continuo aquel se cuela tambi\u00e9n dentro.<br><br>Tenemos bautizo. El inc\u00f3gnito asiste a esta pat\u00e9tica ceremonia acerc\u00e1ndose todo lo que puede a la santa pila, y ahora comprendemos que el oficio de aquel es velar por que los reci\u00e9n nacidos entren con pie derecho en nuestra cat\u00f3lica Iglesia. \u00c9l sin duda ha recibido esa misi\u00f3n de alg\u00fan comit\u00e9 protector de bautizos, y ved con cu\u00e1nta solicitud la cumple. Gracias a Dios que hemos averiguado el papel que desempe\u00f1a en el mundo este hombre, a ninguno otro parecido. De seguro que al salir de nuevo a la calle, va a situarse en punto a prop\u00f3sito para observar qui\u00e9n se bautiza. Pero no, anda y anda, nuevo jud\u00edo errante, paseando siempre su voluble mirada por todas las tiendas sin hablar con nadie. No le abandonemos todav\u00eda, con tanto m\u00e1s motivo, cuanto que le estamos viendo llegar al Congreso, acercarse a la puerta del p\u00fablico, hacer su cola correspondiente y subir al fin, cuando le ha llegado el turno.<br><br>\u00a1Tontos e imb\u00e9ciles de nosotros! Hasta ahora no hab\u00edamos ca\u00eddo en la cuenta de que este ser incomprensible, no es ni inspector de muertos, ni vigilante de nacidos, sino simplemente un pensador consagrado a los problemas pol\u00edticos; un hombre que se va a estudiar las grandes cuestiones del d\u00eda en el candente terrero donde se debaten, como un ge\u00f3logo que estudia la lava en el mismo cr\u00e1ter del volc\u00e1n. Subamos tras \u00e9l, si no con el cuerpo, con la imaginaci\u00f3n, y veremos c\u00f3mo se est\u00e1 all\u00ed las horas muertas, atendiendo a cuanto se dice, tomando apuntes para futuras obras, entre las cuales por fuerza ha de haber una en que se trata del origen y fin del hombre.<br><br>\u00bfPero cu\u00e1l no ser\u00eda nuestra sorpresa al ver que apenas est\u00e1 un cuarto de hora en la tribuna, al ver que baja y sale despu\u00e9s, sin haber prestado atenci\u00f3n a la edificante discusi\u00f3n del Congreso? Nos enga\u00f1amos. <em>Aquel<\/em> no es ni cata-muertos, ni cata-nacidos, ni hombre pol\u00edtico, ni fil\u00f3sofo. Por fuerza ha de ser otra cosa, y esta cosa es la que queremos averiguar, corriendo tras \u00e9l, como soga tras el caldero. Se dirige al paseo. Suena la bandurria de un ciego, y ya lo ten\u00e9is abri\u00e9ndose paso para ponerse en la primera fila del corro. Se desbocan los caballos de un coche, y es el primero que se apresura a informar de la gravedad del suceso. Sacan a un ahogado del estante del Retiro, y \u00e9l es quien primero le toca y le examina y le registra. Se abre la verja de la casa de fieras, y \u00e9l es el primero que entra a pasar revista, por ver si falta alg\u00fan cuadr\u00famano o alg\u00fan paquidermo. Se eleva un globo en punto lejano, y \u00e9l es el primero que lo ve, y, mirado al cielo como un astr\u00f3nomo sorprendido, hace converger hacia aquel punto los ojos de todos los circundantes. Por fin torna a Madrid despu\u00e9s de sentarse cuatro veces y pasear otras tantas, y cuando ha descrito complicad\u00edsimas curvas y diagonales por cien calles, plazuelas, costanillas y recovecos, le vemos entrar en un portal y desaparece de nuestra vista. Ha entrado en su casa. Nuevo y m\u00e1s indescifrable enigma. Veamos si la mansi\u00f3n de aquel tiene alg\u00fan r\u00f3tulo en sus balcones que indique oficio o profesi\u00f3n. No hay muestra alguna. Preguntemos al portero. La casa no tiene portero. Entremos: es casi de noche y no hay luz en la escalera. Se ha perdido, se ha hundido como una sombra de la noche, que despu\u00e9s de aterrar una comarca entera, se sumerge en su cueva o en su hoyo. En vano se pide a aquella tambi\u00e9n ininteligible morada una letra, un signo, que manifiesten al aturdido pasajero la condici\u00f3n de los que la habitan. Su casa calla como una tumba sin epitafio.<br><br>\u00bfY estamos condenados a no saber nunca qui\u00e9n es aquel, quien es el hombre que encontramos en todas partes, por la ma\u00f1ana y por la noche, sombra de nuestro cuerpo, especie de sempiterno acreedor que est\u00e1 reclamando sin cesar una deuda inmortal? S\u00ed.<br><br>Aquel ha sido, es, y continuar\u00e1 siendo, indescifrable. Inclinemos con respeto la frente ante este misterio, y apart\u00e1ndonos de la casa en que parece habitar, demos fin a este art\u00edculo, que deb\u00eda haberse titulado El vago.<br><br><br><br>Madrid, 1872.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Enigma indescifrable! Tengo para m\u00ed que todos los seres de la creaci\u00f3n ignoran qui\u00e9n es aquel, y sin embargo, aquel existe y est\u00e1 en todas partes, os persigue como vuestra sombra por donde quiera que vais; parece el acreedor sempiterno que est\u00e1 reclamando constantemente una deuda inmortal; parece del Banquo de todos nuestros sustos, el ave agorera de todos nuestros presentimientos, la imagen \u00f3ptima de todas nuestras alucinaciones.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6993,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,4,32],"tags":[],"class_list":["post-8162","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] Aqu\u00e9l, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-aquel-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Cuento] Aqu\u00e9l, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u00a1Enigma indescifrable! 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