{"id":8192,"date":"2017-10-16T01:11:00","date_gmt":"2017-10-15T23:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8192"},"modified":"2017-10-16T01:11:00","modified_gmt":"2017-10-15T23:11:00","slug":"cuento-ciudades-viejas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-ciudades-viejas\/","title":{"rendered":"[Cuento] Ciudades viejas, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">I<\/p>\n\n\n\n<p>Peregrino infatigable, he corrido de una parte a otra por los senderos menos trillados y las regiones m\u00e1s brav\u00edas y solitarias de esta vieja Pen\u00ednsula, persiguiendo la nota de color, el dejo de castizo, los resabios caracter\u00edsticos de la vida espa\u00f1ola en ciudades viejas, en villas y lugares desmantelados que tuvieron grandezas y hoy solo guardan, entre sus escombros, miseria y desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero contar lo que vi y admir\u00e9 en Tordesillas, Villalar, Olmedo, Osma (la vieja Uxama), Madrigal de las Altas Torres y otros lugares interesant\u00edsimos que la Historia ha querido hacer memorables. Pero a la cabeza de estas semblanzas de pueblos he de poner la de El Toboso, porque al entrar en esta que Cervantes llam\u00f3 <em>gran ciudad<\/em>, sent\u00ed tan intensa emoci\u00f3n que no acierto a describirla. \u00a1Y esto sent\u00eda yo junto a las tapias de un pueblo donde jam\u00e1s ocurri\u00f3 nada, hist\u00f3ricamente hablando! Lectores m\u00edos, preguntad a un ciudadano de Noruega, de Rusia, de Norte Am\u00e9rica, del Brasil o de Australia qu\u00e9 piensan de las grandes cosas acaecidas en Tordesillas, en Toro, en Valladolid y en Zamora y alzar\u00e1n los hombros, dando a entender que no les importa nada de lo que all\u00ed ha pasado. Pero nombradles El Toboso y exclamar\u00e1n: \u00a1Oh, El Toboso! La patria de Dulcinea, la metr\u00f3poli del ideal m\u00e1s hermoso que vieron los siglos, la suma perfecci\u00f3n femenina que mueve al hombre a colosales empresas. Claro es que la exaltaci\u00f3n de los caballeros enamorados puede terminar en desenga\u00f1o amargu\u00edsimo. Pero esto no importa; tal es la fuerza de la peregrina hermosura, excelsas virtudes y discreci\u00f3n de la dama, que esta no tarda en ganar la devoci\u00f3n caballeresca y m\u00edstica de otros adalides. Los caballeros aman, luchan y son devorados por la muerte. Dulcinea es eterna, y aqu\u00ed la ten\u00e9is en sus alc\u00e1zares del Toboso, ahechando piedras preciosas y labrando ricas telas de oro, sirgo y perlas contestas y tejidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde Quintanar de la Orden, donde asist\u00ed a una reuni\u00f3n pol\u00edtica con varios amigos, fui a El Toboso en c\u00f3moda tartana de un rico hidalgo tobosino, de quien hablar\u00e9 m\u00e1s adelante. El pueblo me pareci\u00f3 alegre, destartalado, grand\u00f3n, de una irregularidad deliciosa. Por calles que empezaban en plazoletas y conclu\u00edan en recodos tortuosos, me lanc\u00e9 solo en busca del lugar cervantino, que es aquel donde se alza la iglesia parroquial, de maciza construcci\u00f3n y elevada torre, lindero entre el caser\u00edo y los campos manchegos por occidente o medio d\u00eda. Por aqu\u00ed entraron, al filo de media noche, Don Quijote y Sancho, viniendo de Argamasilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Ansioso de reproducir la incomparable escena, aguard\u00e9 la noche, y solito, sin compa\u00f1\u00eda de amigos ni curiosos, me plant\u00e9 frente a la iglesia, para que fuera completa la ilusi\u00f3n. O\u00ed los desaforados ladridos de todos los perros del lugar, el rebuzno de alg\u00fan burro, el gru\u00f1ir de cerdos y el mayido de los gatos. Inmediatamente sent\u00ed a mi espalda las pisadas de Rocinante y del rucio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAqu\u00ed est\u00e1n\u00bb \u2014pens\u00e9\u2014, y al punto me sent\u00ed estremecido por la voz del grave Caballero de la Triste Figura, que as\u00ed dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sancho, hijo, gu\u00eda al palacio de Dulcinea; quiz\u00e1s podr\u00e1 ser que la hallemos despierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Contest\u00f3 Sancho con evasivas marrulleras, temeroso de que su amo descubriera los enredos y mentiras que le cont\u00f3 en Sierra Morena. Don Quijote habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hallemos primero una por una el alc\u00e1zar, que entonces yo te dir\u00e9, Sancho, lo que ser\u00e1 bien que hagamos: y advierte, Sancho, que o yo veo poco, o aquel bulto grande y sombra que desde aqu\u00ed se descubre, la debe de hacer el palacio de Dulcinea.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanz\u00f3 unos pasos el Caballero y viendo el bulto que hac\u00eda la torre, reconoci\u00f3 que estaba enfrente de la parroquia del pueblo y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Con la iglesia hemos dado, Sancho amigo.<\/p>\n\n\n\n<p>SANCHO.\u2014 Ya lo veo, y plegue a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena se\u00f1al andar por los cimenterios a tales horas, y m\u00e1s habiendo yo dicho a vuesa merced, si mal no me acuerdo, que la casa desta se\u00f1ora ha de estar en una callejuela sin salida.<\/p>\n\n\n\n<p>DON QUIJOTE.\u2014 Maldito seas de Dios, mentecato: \u00bfa d\u00f3nde has t\u00fa hallado que los alc\u00e1zares y palacios reales est\u00e9n edificados en callejuelas sin salida?<\/p>\n\n\n\n<p>Disputan un rato con gran donaire el se\u00f1or y el escudero sobre los dichosos alc\u00e1zares, y Sancho le dice que c\u00f3mo ha de encontrar \u00e9l a media noche el tal palacio si el mismo Don Quijote, que lo ha visto de d\u00eda, no sabe dar con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>DON QUIJOTE.\u2014 T\u00fa me har\u00e1s desesperar, Sancho. Ven ac\u00e1, hereje, \u00bfno te he dicho mil veces que en todos los d\u00edas de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jam\u00e1s atraves\u00e9 los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de o\u00eddas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?<\/p>\n\n\n\n<p>SANCHO.\u2014 Ahora lo oigo, y digo, que pues vuesa merced no la ha visto, ni yo tampoco\u2026 As\u00ed s\u00e9 yo qui\u00e9n es la se\u00f1ora Dulcinea como dar un pu\u00f1o en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estando amo y criado en estas pl\u00e1ticas vieron llegar a un mozo de labranza con sus mulas, el cual ven\u00eda cantando el conocido romance: <em>Mala la hubisteis, franceses<\/em>\u2026 Con su habitual gentileza y cortes\u00eda le interrog\u00f3 Don Quijote sobre los consabidos palacios de la sin par se\u00f1ora. Contest\u00f3le el mancebo lo que consta en el libro inmortal y arreando sus mulas se fue a donde su obligaci\u00f3n le llamaba. En esto, Sancho, hombre muy ladino de sutiles trazas, propuso a su se\u00f1or que se retirase hacia un bosque cercano donde aguardar\u00edan la salida del sol. Anhelaba Sancho sacar del pueblo a su se\u00f1or porque no averiguase la mentira de la respuesta que de parte de Dulcinea le hab\u00eda llevado a Sierra Morena. Y yo digo ahora que el gran Panza ser\u00eda un ministro habil\u00edsimo y pol\u00edtico sutil en los tiempos que corren. V\u00e9ase aqu\u00ed su ingenioso razonamiento, \u00abLlevo a mi amo al bosque; le dejo all\u00ed; me vuelvo yo al Toboso con la encomienda de buscar el palacio y ver a mi se\u00f1ora. Desta manera, y estirando el tiempo a fin de dar espacio a mi diligencia, con la ayuda de Dios encontrar\u00e9 una linda f\u00e1bula para enga\u00f1ar a mi se\u00f1or Don Quijote. Este amo m\u00edo, que es el caballero m\u00e1s valiente del mundo y habla como los propios \u00e1ngeles cuando se pone a ello, tiene en el caletre un agujerito por donde se cuelan los desatinos m\u00e1s gordos que cabe imaginar y dentro se quedan trastorn\u00e1ndole el seso, mayormente si los desatinos vienen de alg\u00fan m\u00e1gico encantador de estos que alborotan y sacan de quicio a la caterva de caballeros andantes\u00bb. As\u00ed, o en parecidos t\u00e9rminos, discurri\u00f3 Sancho, y de sus cavilaciones hubo de salir la ingeniosa m\u00e1quina que le sac\u00f3 de su aprieto al siguiente d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejo a Don Quijote y a su escudero camino de la floresta y me pierdo en las oscuras calles del Toboso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues Se\u00f1or, amaneci\u00f3 el nuevo d\u00eda y pude ver y observar en la patria de Dulcinea cosas que no parecer\u00e1n quijotescas, pero en cierto modo lo son\u2026 A media ma\u00f1ana me encontraba descansando en la casa del generoso amigo que me llev\u00f3 al Toboso, la cual est\u00e1 situada junto al convento de las Trinitarias, en aquella parte de la ciudad por donde entramos viniendo de Quintanar de la Orden. Era la casa grand\u00edsima, muy c\u00f3moda y holgada, de un solo piso, al ras de la calle, y el due\u00f1o de ella era el tipo del rico hidalgo campestre, de donde vino que le llam\u00e1ramos <em>el caballero del verde gab\u00e1n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este y los amigos que me acompa\u00f1aron desde Quintanar llev\u00e1ronme al visiteo de varias familias del pueblo y a ver lo que en este hab\u00eda de notable. A mi parecer poco encerraba el Toboso digno de ser visto. En diferentes casas acomodadas entramos de visita y en ellas vi caballeros y se\u00f1oras de Madrid, que nada me interesaban. En ninguno de estos sitios se habl\u00f3 de Dulcinea ni para nada la mentaron. Por las calles iba tras de nosotros un grupo de curiosos. Entre ellos distingu\u00ed a un hombre de traza lugare\u00f1a, el cual, a ratos, se confund\u00eda con los se\u00f1ores tobosinos que nos acompa\u00f1aban, como queriendo entrar en conversaci\u00f3n. Tanto se mov\u00eda en torno m\u00edo que hube de fijarme en \u00e9l. Era zanquilargo y enjuto, de m\u00e1s que mediana edad, pelo entrecano, cara risue\u00f1a, ojos muy vivos, reveladores de un car\u00e1cter apacible y alegre. A una pregunta m\u00eda, el tobosino, que iba a mi lado, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero, \u00bfno conoce usted a Jes\u00fas?\u2026 \u00a1Eh! Jes\u00fas, ven aqu\u00ed, que quiero presentarte a estos se\u00f1ores, tus colegas de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el tal Jes\u00fas me saludaba, extremando su entusiasmo con abrazos y estrujones, otro de mis acompa\u00f1antes exclam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aqu\u00ed tiene usted la primera celebridad del Toboso; Jes\u00fas del Campo, es el \u00fanico republicano que existe en esta villa y contornos.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto sigui\u00f3 la sentida invitaci\u00f3n de Jes\u00fas para que honr\u00e1ramos con nuestra visita su morada humilde. Caminando hacia esta me contaron que Jes\u00fas, no hallando en el Toboso ciudadanos que quisieran ayudarle a formar el comit\u00e9 republicano, lo form\u00f3 con sus propios hijos. Al mayor de estos, cuando solo ten\u00eda seis a\u00f1os, le nombr\u00f3 secretario. Los dem\u00e1s, a medida que iban creciendo, ingresaban en la plana mayor del republicanismo tobosino. Ten\u00eda una hija a quien puso el nombre de Marsellesa. En la fecha de este relato, los hijos eran mayores de edad y ganaban un jornal como carreteros o mozos de labranzas. Marsellesita serv\u00eda en la casa de un vecino acomodado del Toboso.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos a la modesta casa de Jes\u00fas y este y su mujer, anciana, vivaracha y hacendosa, me introdujeron en una salita muy limpia, cuyas paredes vi totalmente tapizadas con retratos de celebridades republicanas, recortados de los peri\u00f3dicos. All\u00ed estaban todos, desde Pi y Margall, Orense y Castelar, hasta Castrovido, Men\u00e9ndez Pallar\u00e9s y Sol y Ortega. Hablando con Jes\u00fas, en su propio albergue, pude hacerme cargo de la honrada convicci\u00f3n, de la fe ardiente y del fervor pol\u00edtico de aquel hombre sin semejante. Fuera de la Rep\u00fablica no hab\u00eda m\u00e1s que desdichas y fieros males. Dentro de ella, cuando viniera, y ten\u00eda que venir, de grado o por fuerza, estar\u00edan todos los bienes. Confiaba ciegamente en que vendr\u00eda pronto, y buena falta hac\u00eda. Afirm\u00e1ndolo as\u00ed el bueno de Jes\u00fas iba enumerando con potente voz reformas que acometer, entuertos que enderezar, injusticias que destruir, malandrines que vencer, cuentas que ajustar y otras mil desventuras que no tendr\u00edan remedio hasta que traj\u00e9ramos la ni\u00f1a bonita. La mujer de Jes\u00fas, apoyando a su marido con firmeza un tanto socarrona, me dio a entender que el jefe del republicanismo tobosino estaba un poquito ido de la cabeza; pero que conven\u00eda dejarle con su tema.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi visita a la modesta vivienda de Jes\u00fas, me fue m\u00e1s grata que las que hicimos al se\u00f1or\u00edo de la burgues\u00eda madrile\u00f1a y manchega, gente por lo com\u00fan encopetada y desaborida. De regreso a mi hospedaje habl\u00e9 largamente con Jes\u00fas, que a mi lado iba. A las preguntas que le hice acerca de sus propagandas contestome que no hab\u00eda podido hacer ning\u00fan pros\u00e9lito en aquel vecindario; pero que \u00e9l no descansaba y segu\u00eda laborando. No dudaba del \u00e9xito, que hab\u00eda de venir por caminos invisibles e inesperados acontecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando menos se pensara \u2014me dijo\u2014 Espa\u00f1a se acostar\u00e1 mon\u00e1rquica y se levantar\u00e1 republicana. Para creerlo as\u00ed me fundo en la fuerza de mi querer, la cual es tan grande que mover\u00eda las monta\u00f1as del Toboso, si aqu\u00ed las hubiera. Yo, se\u00f1or m\u00edo, llevo la Rep\u00fablica en mi alma, y a solas hablo con ella y le digo: \u00abSe\u00f1ora de mi alma y de mis pensamientos, cuando vengas no te pedir\u00e9 nada para m\u00ed. Pobre soy y pobre ser\u00e9 toda la vida. Componte como puedas para nombrar tus ministros y toda la alcahueter\u00eda pol\u00edtica que ha de servirte. Para m\u00ed nada, nada\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto le dije yo que su persona me recordaba la de un caballero manchego que asombr\u00f3 al mundo con sus haza\u00f1as, y a\u00f1ad\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Como usted, amigo Jes\u00fas, lleva en su alma a su se\u00f1ora, la Rep\u00fablica, llevaba en la suya Don Quijote a la sin par Dulcinea, cifra y compendio de la hermosura y discrecci\u00f3n. A esta Dulcinea debi\u00f3 usted conocerla, don Jes\u00fas, porque era del Toboso.<\/p>\n\n\n\n<p>Respondiome Jes\u00fas que no la hab\u00eda conocido porque la tal se\u00f1ora era de pasados tiempos; pero que noticias ten\u00eda de ella y de su nunca vista hermosura, garbo y gentileza. Finalmente, llegando a la casa de mi generoso hu\u00e9sped, dije al corifeo de los republicanos tobosinos que tendr\u00eda yo mucho gusto en conocer a su hija Marsellesa. La respuesta de Jes\u00fas del Campo fue como sigue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La conocer\u00e1 usted, se\u00f1or; vendr\u00e9 a buscarle esta tarde y la veremos. Aunque mi hija es de condici\u00f3n humilde y sirve en una casa, llevando el c\u00e1ntaro a la fuente, quedar\u00e1 usted pasmado de su arrogancia, donosura y salero. No cambiara yo a mi Marsellesa por aquella moza gentil Aldonza Lorenzo, a quien los antiguos pusieron el mote de Dulcinea del Toboso.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-code\"><code>\u00a9 Cabildo de Gran Canaria, 2013. ISBN: 978-84-8193-663-3<\/code><\/pre>\n\n\n\n<p>El generoso hidalgo que nos trajo de Quintanar nos obsequi\u00f3 aquel d\u00eda en su amplia morada. Aunque no dominaba el color verde en su vestido y arreos, dime en llamarle el caballero del verde gab\u00e1n, por la buena vida que se daba en relaci\u00f3n con su hacienda copiosa. Solo por esto y por su esmerada cortes\u00eda y vasta ilustraci\u00f3n, le hallamos parecido con el don Diego de Miranda, a quien Don Quijote encontr\u00f3 pocos d\u00edas despu\u00e9s de salir del Toboso. Nuestro amigo no era casado, ni ten\u00eda un hijo poeta. La mesa en que comimos no la presentara mejor el m\u00e1s nombrado repostero de los Madriles. Mozos diligentes y criadas muy guapas nos serv\u00edan. Los ricos manjares compet\u00edan con los vinos excelentes. De sobremesa platicamos alegremente de lo humano y lo divino. Se me olvidaba decir que antes de la comida nos ense\u00f1\u00f3 toda su casa, que era tan grande como un mediano pueblo; los patios suced\u00edan a los patios y no ten\u00edan fin los aposentos en que guardaba sus cosechas, graneros, bodegas, almacenes de quesos, y, por \u00faltimo, las cuadras, donde se alojaban el sinn\u00famero de mulas destinadas al transporte y labranza. Las aves de corral no se pod\u00edan contar, ni menos los perros, gatos y otras alima\u00f1as, que completaban la r\u00fastica familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, complacientes lectores, doy un brinco en mi relato y vuelvo junto a Sancho Panza, a quien dej\u00e9 en el camino del Toboso, discurriendo el arbitrio que usar podr\u00eda para salir airoso del aprieto grav\u00edsimo en que su amo le puso. Hombre de refinada astucia y conocedor del genio de su amo, sac\u00f3 de su mollera la invenci\u00f3n peregrina de hacer creer a Don Quijote que tres aldeanas puercas, montadas en borricas, eran Dulcinea y sus damas, que sal\u00edan a recibir al caballero, radiantes de hermosura y eclipsando al mismo sol con el brillo de sus galas principescas y el arreo suntuario de las hacaneas que montaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00f3neme la mezcolanza cronol\u00f3gica que les hago refiriendo a un mismo d\u00eda la reproducci\u00f3n de la visita de Don Quijote y Sancho al Toboso y las cosas insignificantes que me ocurrieron en la patria de Dulcinea. Tres siglos median entre aquello y esto. La escena del bromazo que el escudero dio a su trastornado se\u00f1or es de tal belleza en el texto cervantino, que no me atrevo a reproducirla y menos a extractarla. \u00a1Nadie la mueva, vive Dios! Si los cuadros de \u00edndole humor\u00edstica pueden igualarse a los de car\u00e1cter \u00e9pico y entonado estilo, sostendr\u00eda yo que el pasaje del encantamiento de Dulcinea a la salida del Toboso es digno del padre Homero. Si bien se mira la escena no es enteramente c\u00f3mica, sino m\u00e1s bien una feliz amalgama de burla y duelo, una mueca que deriva en emoci\u00f3n intens\u00edsima. \u00bfQui\u00e9n no se siente hondamente afligido ante la desolaci\u00f3n y amargura del bravo Caballero, al ver hecho polvo su ideal y pisoteadas, por las borricas, sus altas ilusiones?<\/p>\n\n\n\n<p>Ya era media tarde cuando Jes\u00fas del Campo fue en busca m\u00eda, como me propuso, para llevarme a la presencia de su hija Marsellesa. Tales eran mis ganas de conocer a la hembra que ostentaba nombre tan simb\u00f3lico dentro del idealismo republicano, que cog\u00ed del brazo a Jes\u00fas y le obligu\u00e9 a marchar de prisa por encrucijadas y plazuelas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya estamos cerca, se\u00f1or \u2014me dijo el buen Jes\u00fas\u2014, al fin de esta calle est\u00e1 la casa en que sirve la chica. Su amo es un tal Cernudas, que se dedica al negocio de cerer\u00eda, hijo de otro Cernudas, que comerciaba en lanas, y nieto del Cernudas m\u00e1s famoso, que tuvo en las afueras, junto a la ermita de Santa Ana, un alfar donde se fabricaban las renombradas tinajas tobosinas, algunas con cabida de sesenta arrobas\u2026 No ha mucho que volvi\u00f3 de la fuente con el c\u00e1ntaro lleno, y ahora debe estar fregando en la cocina. Mi Marsellesa es limpia, como los chorros del oro\u2026 y ahora viene a pelo decirle que el nombre de Marsellesa es invenci\u00f3n m\u00eda, pues cuando la llevamos a bautizar el cura don Liborio se neg\u00f3 a ponerle un nombre tan hereje y de ello result\u00f3 el denominarla conforme al almanaque de aquel d\u00eda, que reza el Dulce Nombre de Mar\u00eda. Por la Iglesia se llama mi hija Dulce Nombre, que viene a ser, f\u00edjese usted, lo mismo que Marsellesa, y por este nombre la conoce y designa todo el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto salt\u00e9 yo, diciendo que, pues su nombre de pila era de tanta dulzura, yo hab\u00eda de llamarla Dulcinea del Toboso. As\u00ed habl\u00e1bamos cuando sali\u00f3 del portal cercano una moza de buena estampa, esbelta, garrida, de gracioso palmito, alta de pechos y adem\u00e1n brioso, que vino a saludarnos risue\u00f1a y un tantico ruborizada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Marsellesa, hija m\u00eda \u2014dijo el padre\u2014 aqu\u00ed tienes al caballero de Madrid, que quiere conocerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Alto ah\u00ed \u2014exclam\u00e9 yo, lleg\u00e1ndome a la moza y cogi\u00e9ndole la mano, que era bien formada, gordezuela y \u00e1spera como de fregatriz\u2014 protesto de ese nombre ex\u00f3tico y le aplico el que le pusieron en la pila del bautismo, que es Dulzuras, Dulzuritas o mejor a\u00fan el de Dulcinea, que es el que mejor encaja en el lugar donde estamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quite all\u00e1, se\u00f1or \u2014replic\u00f3 la moza, retirando su mano\u2014 Marsellesa me llamo y as\u00ed me llamar\u00e9 mientras viva\u2026 y d\u00edgame ahora, caballero: \u00bfes verdad que ahora va a venir la Rep\u00fablica? Mi padre me ha dicho que usted y los caballeros que han venido de Madrid la van a traer enseguida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed, guapa moza; la traeremos a escape \u2014afirm\u00e9 yo, sintiendo que en mi cabeza se iniciaba un ligero trastorno, alteraci\u00f3n de las formas visibles\u2014. Dime otra cosa. \u00bfTe has enterado de lo que pas\u00f3 esta tarde a corta distancia de la salida del Toboso, por la parte de all\u00e1, donde est\u00e1 la parroquia? Pues sali\u00f3 una hermos\u00edsima princesa, alta y garrida como t\u00fa, acompa\u00f1ada de dos damas\u2026 Montadas las tres en briosas hacaneas, luciendo sus mejores galas y cubiertas de pedrer\u00eda iban al encuentro de un famoso Caballero llamado el de la Triste Figura\u2026 Pero permiti\u00f3 el cielo que un r\u00fastico malicioso, que sin duda ten\u00eda pacto con el demonio, ech\u00f3 un infernal conjuro sobre la princesa y sus damas convirti\u00e9ndolas en tres zafias y mal olientes labradoras, montadas en borricas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al o\u00edr tales desprop\u00f3sitos, Marsellesa mir\u00f3 al padre y el padre a la hija, sin pronunciar palabra. Comprend\u00ed que me ten\u00edan por falto de seso al decir lo que dije\u2026 Recobr\u00e1ndome de mi desvar\u00edo rectifiqu\u00e9 prontamente, en esta forma:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dejen que me explique mejor. Lo que os he contado, o sea el encantamiento de Dulcinea no es cosa de hoy, ni de ayer, ni de la semana pasada; ocurri\u00f3 el suceso hace tres siglos; pero es de tal transcendencia en la historia humana y en la vida manchega que ning\u00fan hijo del Toboso puede ignorarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Algo y aun algos s\u00e9 yo de esa historia, se\u00f1or m\u00edo \u2014indic\u00f3 Jes\u00fas\u2014 Pero a mi Marsellesa no le saque usted estas ret\u00f3ricas, que ella no entiende. H\u00e1blenos del c\u00f3mo y cu\u00e1ndo van ustedes a traernos la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso lo dir\u00eda yo de buena gana si lo supiera \u2014contest\u00e9\u2014. Pero tu hija es quien lo sabe, tu hija, la llames Marsellesa, ora le des el nombre de la sin par Aldonza Lorenzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y al decir esto, ni corto ni perezoso la agarr\u00e9 fuertemente de ambos brazos, como para llev\u00e1rmela conmigo. Protest\u00f3 Jes\u00fas, sorprendido y enojado, y Marsellesa, con vigoroso tir\u00f3n, se desprendi\u00f3 de mis manos, gritando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00e9ngase all\u00e1, se\u00f1or, y no abuse de que soy una pobre. Ap\u00e1rtese nora tal y d\u00e9jeme ir a mi obligaci\u00f3n, jo que te estrego burra de mi suegro. Miren con que se vienen ahora los se\u00f1oritos a hacer burla de las aldeanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Diciendo esto ech\u00f3 a correr y, como una flecha, se meti\u00f3 en su casa; dej\u00e1ndonos al padre suspenso y a m\u00ed un tanto corrido.<\/p>\n\n\n\n<p>Suspirando fuerte, Jes\u00fas me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or, como usted ve, mi hija tiene muy mal genio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014As\u00ed lo sospech\u00e9 \u2014respondile\u2014; mas para comprobarlo le di aquel estruj\u00f3n y sacudimiento que viste, no con \u00e1nimo de ofender su recato, ni para llev\u00e1rmela conmigo, ni para atentar a su preciosa libertad. H\u00edcelo por darme cuenta exacta de su fiereza. Y ahora, despu\u00e9s de la experiencia que acabo de hacer en tu hija, te digo, gran Jes\u00fas, que Rep\u00fablica sin coraje no es tal Rep\u00fablica, sino un tarro de dulce destinado a que se lo coman los reaccionarios y absolutistas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No es tarro de dulce, vive Cristo! \u2014exclam\u00f3 Jes\u00fas fuera de s\u00ed\u2014, sino embutido de materias sabrosas, con mucha pimienta, p\u00f3lvora y azufre. A fe que tiene buenas pulgas la ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sosi\u00e9guese el buen Jes\u00fas \u2014le contest\u00e9 yo\u2014. Ya he visto y comprobado que Marsellesa es la ideal Rep\u00fablica; pero\u2026 est\u00e1 encantada y hay que esperar, hay que esperar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfA qu\u00e9, se\u00f1or?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A que Dios o los m\u00e1s sabios encantadores del mundo nos la desencante.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed acaba mi cuento. No acaba todav\u00eda, falta un poquito. Al d\u00eda siguiente me volv\u00ed a Madrid, y al mes o mes y medio recib\u00ed una carta de Jes\u00fas del Campo, rog\u00e1ndome intercediese con mi amigo don Antonio (don Antonio es el digno caballero que llam\u00e1bamos el del verde gab\u00e1n) para que este le diera una plaza de guarda en cualquiera de sus grandes posesiones. H\u00edcelo yo, de bon\u00edsima gana. Don Antonio se port\u00f3 como quien es, y todav\u00eda est\u00e1 Jes\u00fas del Campo, esperando tranquilamente, el advenimiento de la Rep\u00fablica. Y pasados no pocos a\u00f1os de estas fugaces aventuras, pregunto a los historiadores ar\u00e1bigos o manchegos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLa hermos\u00edsima Marsellesa, se ha casado con un pr\u00edncipe o con un ga\u00f1\u00e1n?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7968\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Peregrino infatigable, he corrido de una parte a otra por los senderos menos trillados y las regiones m\u00e1s brav\u00edas y solitarias de esta vieja Pen\u00ednsula, persiguiendo la nota de color, el dejo de castizo, los resabios caracter\u00edsticos de la vida espa\u00f1ola en ciudades viejas, en villas y lugares desmantelados que tuvieron grandezas y hoy solo guardan, entre sus escombros, miseria y desolaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11205,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,4,32],"tags":[],"class_list":["post-8192","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-cuento"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - 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