{"id":8220,"date":"2018-06-17T16:37:00","date_gmt":"2018-06-17T14:37:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8220"},"modified":"2018-06-17T16:37:00","modified_gmt":"2018-06-17T14:37:00","slug":"cuento-dos-de-mayo-de-1808-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-dos-de-mayo-de-1808-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Cuento] Dos de mayo de 1808, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Mi hermana Rafaela, planchadora, conocida en todo Maravillas con el mote de\u00a0<em>La Carbonera<\/em>, hab\u00eda salido al amanecer. D\u00edjome que iba con Bastiana y otra vecina a enramar una cruz de mayo a espaldas de los Padres Benedictinos de Monserrat y de las Madres Santiaguesas, vamos al decir, en la plazuela del Lim\u00f3n. Pero yo supe, a poco de verla salir de casa, que iba\u00a0<em>de campo<\/em>\u00a0con los Canencias y\u00a0<em>Pujitos<\/em>,\u00a0el maestro de obra prima, con la\u00a0<em>Primorosa<\/em>\u00a0y otras tales de nuestro barrio y del de Lavapi\u00e9s. Siempre fue mi hermana muy correntona, como yo muy casera. Si para las diligencias de calle no hab\u00eda otra como Rafaela, para el traj\u00edn de casa nadie le echaba el pie adelante a la Margara, que as\u00ed llamaban a una servidora.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues se\u00f1or: tempranito barr\u00ed la casa y avi\u00e9 a las criaturas para mandarlas a la escuela. Eran estas la ni\u00f1a de mi hermana y el chiquillo m\u00edo, nombrado\u00a0<em>Remundo<\/em>, de diez a\u00f1os, que parec\u00edan doce. F\u00e1ltame decir que yo era viuda: mi marido, zapatero fino, que hab\u00eda calzado al Pr\u00edncipe de la Paz y a la de Vallabriga, muri\u00f3 el a\u00f1o 6, dej\u00e1ndome por todo patrimonio un centenar de hormas y algunas leznas, que vend\u00ed para poner mi modesto taller de sastrer\u00eda de curas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como iba diciendo, a poco de salir los ni\u00f1os para la escuela entr\u00f3 en casa el vecino don Jes\u00fas Cuadrado, que en sus mocedades fue tiple de la capilla de San Felipe el Real, y jubilado ya, por haber perdido el hilo de voz, viv\u00eda de componer abanicos, daguillas y peinetas, engarzar rosarios y llevar y traer recaditos de monjas. Era un vejete salad\u00edsimo, bueno como el pan y muy callejero. Entr\u00f3, pues, asustadico y nervioso, dici\u00e9ndome que en Madrid hab\u00eda tumulto y que andaba el pueblo muy alborotado porque los franceses quer\u00edan llevarse a los se\u00f1ores infantes. A m\u00ed, la verdad, no me importaba gran cosa que nos arrebataran a los infantes; pero no pude menos de participar de la indignaci\u00f3n del amigo don Jes\u00fas, el cual, ech\u00e1ndoselas de patriota, asegur\u00f3 que \u00e9l tomar\u00eda tambi\u00e9n las armas en caso de levantamiento, y empez\u00f3 a ejercitarse delante de m\u00ed con el palo de mi escoba.<\/p>\n\n\n\n<p>Alborotada la vecindad, la escalera y corredores de la casa herv\u00edan de gente chillona y furibunda. Sonaban tiros lejanos; por la calle (que era la de San Vicente Alta), pasaban grupos dando voces. Hombres y mujeres corr\u00edan hacia la calle de San Pedro la Nueva, junto a la iglesia de Maravillas, en direcci\u00f3n del Parque de Montele\u00f3n, donde hab\u00eda gran marimorena, porque los espa\u00f1oles\u2026, \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo!, y el franc\u00e9s\u2026, \u00a1ay de m\u00ed! Yo no entend\u00eda. Ello era, seg\u00fan nos dijo don Jes\u00fas echando lumbre por los ojos, como un sitio de plaza fuerte. Vamos, que era cuesti\u00f3n para los franceses de conquistar Montele\u00f3n, y para los espa\u00f1oles de no dej\u00e1rselo quitar, y por un s\u00ed y un no andaban a ca\u00f1onazos de una parte y otra. \u00a1Dios m\u00edo de mi alma, qu\u00e9 estruendo! Nunca he sido valerosa, y aquel d\u00eda el miedo debi\u00f3 de trastornarme el sentido, porque desde la ventana de mi sotabanco, cre\u00eda ver volar las torres de las iglesias, y caerse las casas patas arriba, y rodar las nubes por el suelo envolviendo montones de ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Afortunadamente, los ni\u00f1os volvieron a casa al comenzar los tiros, y mi Mundo, que as\u00ed le llam\u00e1bamos, loco de entusiasmo, como si lo que suced\u00eda fuese para su alma un motivo de regocijo, me contaba algunos pasos que hab\u00eda visto en las calles. Entre otras cosas, refiri\u00f3 que mi hermana Rafaela y otras mujeronas hab\u00edan acometido en la calle Ancha a una turba de mamelucos, mat\u00e1ndoles los caballos. Ellos se defend\u00edan a sablazo limpio. De milagro escap\u00f3 mi hermana; pero a la Pintosilla le cortaron la cabeza, y a Mat\u00edas Canencia le rajaron de arriba abajo dej\u00e1ndole en dos mitades de hombre. Contaba mi \u00e1ngel que \u00e9l se hab\u00eda encontrado junto a la mism\u00edsima barriga de un caballo, cuando las majas, cuchillo en mano, se ocupaban de sacar el mondongo a la caballer\u00eda del se\u00f1or de Murat. El ni\u00f1o ten\u00eda manchadas de sangre la cara y manos. La ni\u00f1a hab\u00eda perdido un zapatito y cojeaba del pie derecho. Uno y otro quer\u00edan volver a salir para ver lo del Parque; mas yo, loca de espanto, les encerr\u00e9 en la despensa y ech\u00e9 la llave, temerosa de que se me escaparan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El ni\u00f1o es un h\u00e9roe como Rafaela es una hero\u00edna \u2014me dijo don Jes\u00fas mir\u00e1ndome con desprecio\u2014 y usted, se\u00f1ora do\u00f1a Margara, no tiene patriotismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto me afligi\u00f3 m\u00e1s, porque a tantas desdichas como en mi derredor miraba, ten\u00eda que a\u00f1adir el gran bochorno que me caus\u00f3 la acusaci\u00f3n de mi buen vecino: \u00ab\u00a1Usted no tiene patriotismo!\u00bb. \u00a1Ay de m\u00ed! Lo que yo anhelaba era que no muriera gente y que cesara aquel terrible estr\u00e9pito de ca\u00f1onazos, gritos y maldiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s de decirme don Jes\u00fas Cuadrado aquella expresi\u00f3n que me lleg\u00f3 al alma, le vi salir por las escaleras abajo como alma que lleva el demonio. Llevaba en una mano un asador y en otra una gruesa estaca, y dec\u00eda cosas tremendas contra Napole\u00f3n, Murat y otros tales. Sal\u00ed a mi ventana y le vi correr furibundo por la calle. En esta ve\u00eda yo charcos de sangre, ya porque los hubiera, ya porque mi miedo me pintara las cosas con los colores de s\u00ed mismo antes que con los de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 el tiempo que pas\u00e9 en aquella ansiedad. \u00a1Ca\u00f1onazos, alaridos, olor de p\u00f3lvora, horrible vaho que sub\u00eda de la calle! Yo creo que estuve sin conocimiento un largo rato. Acordeme al fin de los chicos, y corr\u00ed al cuarto en que les hab\u00eda encerrado. Encontr\u00e9 a la ni\u00f1a sentadita en una caja, llorando. Busqu\u00e9 con los ojos a Mundo y no le hall\u00e9. La chiquilla me se\u00f1al\u00f3 el tragaluz abierto, por donde se hab\u00eda escapado el muy pillo, movido de la querencia de su travesura y del af\u00e1n de presenciar la funci\u00f3n de sangre, aunque fuera desde el tejado.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Afanosa sal\u00ed al tejado, y recorr\u00ed con gran trabajo el de mi casa y los de las pr\u00f3ximas. El chiquillo se hab\u00eda metido por alguna ventana de buhardilla en busca de escalera por donde bajar a la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Desalada sal\u00ed yo tambi\u00e9n, y en el portal me dijeron que lo hab\u00edan visto correr hacia el Parque. \u00a1Ay Dios m\u00edo! \u00a1Con qu\u00e9 anhelo corr\u00ed yo tambi\u00e9n hacia all\u00e1, curada ya como por ensalmo de m\u00ed horroroso miedo! El ca\u00f1oneo hab\u00eda cesado. Volv\u00eda la gente de la batalla. Figuras terribles vi: hombres de cara tiznada, los cuerpos desgarrados y con manchas de lodo y sangre; mujeres roncas, con gestos y vocer\u00edo de locas escapadas de un casa de orates. Los franceses no dejaban pasar a nadie m\u00e1s all\u00e1 de Maravillas. Junto a la iglesia vi muertos y moribundos. Pude acercarme a ellos y les grit\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfHan visto a mi Mundo?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En presencia de las cosas horribles que all\u00ed y en todas las calles inmediatas se ve\u00edan, me sent\u00ed atacada de la fiebre que el bueno de don Jes\u00fas hab\u00eda echado de menos en m\u00ed: el patriotismo. Quise avanzar hasta el Parque, que aun humeaba, como una hoguera de odios y llamas no bien apagada, y un franc\u00e9s me amenaz\u00f3 con la culata de su fusil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abBusco a mi Mundo\u00bb, le dije, no s\u00e9 si llorando o riendo de coraje.<\/p>\n\n\n\n<p>Y despreciando la fuerza que me quer\u00eda cortar el paso, franque\u00e9 de un salto la l\u00ednea y corr\u00ed hacia Montele\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no me importaba meter los pies en charcos de sangre ni pisotear cad\u00e1veres. Estos no me causaban miedo, y a todos les miraba buscando entre ellos a mi hijo. Junto a la puerta, al pie de una cure\u00f1a rota, vi un bulto que se movi\u00f3 a mi paso. Era la propia persona de don Jes\u00fas, expirante; ten\u00eda el rostro como envuelto en un velo de sangre endurecida. Me mir\u00f3 con un solo ojo, pues el otro desaparec\u00eda en una horrible herida desde la frente a la mejilla, y moviendo el \u00fanico brazo de que pod\u00eda disponer, pues el otro estaba preso bajo la cure\u00f1a, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1a Margara, \u00bfbusca a su hijo?\u2026 Mundo es un h\u00e9roe, un h\u00e9roe chiquito\u2026, \u00a1ay!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y dicho esto torci\u00f3 la boca, y el ojo se le qued\u00f3 como una cuenta de vidrio. Era cad\u00e1ver. No tuve tiempo ni \u00e1nimo para compadecerle, porque el furor materno me alej\u00f3 de all\u00ed, y traspas\u00e9 la puerta y entr\u00e9 en el Parque, gritando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMundo, Mundo m\u00edo, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1s?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los franceses me vieron entrar y correr por entre los escombros, las piezas desmontadas y los muertos, y nada me dec\u00edan. Nada les importaba yo, ni estaban ellos para ocuparse de una pobre mujer, que sin duda cre\u00edan loca, y que les preguntaba por un Mundo que ellos no conoc\u00edan, ni les interesaba cosa alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe\u00f1ores, les dije, busco a mi hijo, un pobre ni\u00f1o que no s\u00e9 si habr\u00e1 hecho a ustedes alg\u00fan da\u00f1o. \u00a1Mundo, Mundo m\u00edo! D\u00edganme si le tienen muerto \u00f3 vivo. Me dice el coraz\u00f3n que aqu\u00ed vino a pelear por Espa\u00f1a, chiquito y todo como es. Era muy valiente mi ni\u00f1o, aunque me est\u00e9 mal el decirlo. Yo no ten\u00eda patriotismo, \u00e9l s\u00ed, y se me escap\u00f3, y vino aqu\u00ed al olor de la guerra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie me contestaba, nadie me entend\u00eda. Uno que parec\u00eda compasivo h\u00edzome salir de all\u00ed con buenos modos. Desde la calle, mirando el Parque despedazado, no cesaba de gritar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Mundo, Mundo precioso!\u2026 \u00bfNo me oyes, no me ves?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 la noche, y sabiendo que en el Prado fusilaban, corr\u00ed all\u00e1, y me acercaba a los pelotones de los franceses y a las cuerdas de v\u00edctimas llamando a mi valiente\u2026 A riesgo de ser fusilada tambi\u00e9n, examinaba de cerca las caras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfHan visto a Mundo?\u00bb, dec\u00eda. \u00ab\u00bfPero de veras no est\u00e1 Mundo aqu\u00ed?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a los orgullosos soldados de Napole\u00f3n les solt\u00e9 esta desverg\u00fcenza cara a cara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodos ustedes, con su Emperador a la cabeza, no valen lo que mi Mundo, grand\u00edsimos tales y cuales. Es un h\u00e9roe chiquit\u00edn que no conoc\u00eda el miedo. Le mat\u00e1is por envidia; tem\u00e9is que os haga salir de Espa\u00f1a con las manos en la cabeza\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a esto sigui\u00f3 una retah\u00edla de las injurias m\u00e1s soeces que yo hab\u00eda o\u00eddo pronunciar a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la noche estuve recorriendo calles, y all\u00ed donde ve\u00eda cad\u00e1veres \u00f3 alguna se\u00f1al de lucha me paraba para llamarle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMundo, Mundo m\u00edo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A la madrugada y al amanecer del 3 visit\u00e9 los sitios donde enterraban muertos. Cre\u00eda encontrarle a cada instante. De lejos, todos los cuerpos, aunque fueran de hombre, me parec\u00edan el suyo. Me acercaba, y el rostro que yo buscaba no exist\u00eda en parte alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres d\u00edas consecutivos con sus noches emple\u00e9 en buscarle, preguntando por \u00e9l a espa\u00f1oles y franceses, y nadie me daba raz\u00f3n. Al fin, muerta de cansancio, ca\u00ed enferma y me llevaron al hospital, de donde sal\u00ed tras largos d\u00edas, mejor dicho, ech\u00e1ronme por curada o por incurable, que eso no lo s\u00e9, y lo primero que hice fue ir a la puerta del Parque y gritar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfMundo, Mundo est\u00e1s aqu\u00ed?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las ma\u00f1anas hacia lo mismo. Recogi\u00e9ronme unas se\u00f1oras caritativas. Volv\u00ed a trabajar; segu\u00eda viviendo. Nadie me ten\u00eda por loca, ni lo soy; pero conservo la monoman\u00eda de aquel d\u00eda terrible, y todas las ma\u00f1anitas me voy a Montele\u00f3n y grito:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Mundo, mi Mundo\u2026!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Y pasan a\u00f1os y m\u00e1s a\u00f1os. Derribaron el caser\u00f3n. Solo queda la puerta del Parque. Todo se acaba menos mi desconsuelo. \u00bfEn qu\u00e9 a\u00f1o estamos? \u00bfCu\u00e1ntos van pasados desde el 2 de Mayo de 1808? Se\u00f1or m\u00edo, que se digna escuchar los relatos de esta pobre vieja, sepa usted que todav\u00eda no he podido desechar la idea de que mi querido hijo vive. Bien pudo suceder que aquellos caribes me lo robaran, llev\u00e1ndoselo a Francia y educ\u00e1ndolo como si fuese hijo de cualquiera de ellos. \u00bfQui\u00e9n me asegura que mi hijo no es hoy un frances\u00f3n muy emperingorotado?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por la cuenta \u2014dije yo\u2014, Mund\u00edn debe de tener ahora setenta y dos a\u00f1os. Si vive, ser\u00e1 un respetable anciano. A tales fechas, y teniendo en cuenta la edad de usted, se\u00f1ora do\u00f1a Margara, que andar\u00e1\u2026 por los ochenta\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya paso de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues a estas alturas, se\u00f1ora m\u00eda, ya se impone el perd\u00f3n. Los agravios del 2 de Mayo deben ser generosamente olvidados. Las naciones viven m\u00e1s que los individuos, y tienen tiempo de expiar aqu\u00ed sus errores. Los matadores o raptores del pobrecito Mundo acaban de sufrir ahora una p\u00e9rdida semejante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me cuenta se\u00f1or?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que ellos ten\u00edan tambi\u00e9n su&nbsp;Mundo, y acaban de perderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n se lo ha quitado? \u00a1Ah! Ya nos lo han dicho los papeles. Ha sido el prusiano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Justo. La fecha triste para Francia es el 2 de septiembre de este mismo a\u00f1o. La acci\u00f3n de guerra en que le han quitado a su&nbsp;Mundo, se llama Sed\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-code\"><code><\/code><\/pre>\n\n\n\n<p>Diciembre de 1870<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ferna.eu\/venture\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/firma_galdos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7968\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi hermana Rafaela, planchadora, conocida en todo Maravillas con el mote de La Carbonera, hab\u00eda salido al amanecer. 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