{"id":8247,"date":"2019-05-20T04:33:00","date_gmt":"2019-05-20T02:33:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ferna.eu\/?p=8247"},"modified":"2019-05-20T04:33:00","modified_gmt":"2019-05-20T02:33:00","slug":"prologo-el-sabor-de-la-tierruca-de-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/prologo-el-sabor-de-la-tierruca-de-benito-perez-galdos\/","title":{"rendered":"[Pr\u00f3logo] El sabor de la tierruca, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"\n<p>Ahora que estamos solos, impaciente lector, en la antesala de un libro, esperando \u00e1 que se nos abra la mampara del cap\u00edtulo primero, voy \u00e1 hablarte de aquel buen amigo, cuyo nombre viste, al entrar, estampado en el frontispicio de este noble alc\u00e1zar de papel en que por ventura nos hallamos. Y no voy \u00e1 hablarte de \u00e9l porque su fama, que es grande, aunque no tanto como sus m\u00e9ritos, necesite de mis encomios, sino porque no mueve \u00e1 ello un antojo, tenaz deseo quiz\u00e1s, \u00f3 m\u00e1s bien imperioso deber, nacido de impulsos diferentes. El motivo de que haya escogido esta ocasi\u00f3n ha sido puramente fortuito y no ha dependido de m\u00ed. Desde hace mucho tiempo ten\u00eda yo prop\u00f3sito de ofrecer \u00e1 aquel maestro del arte de la novela un testimonio p\u00fablico de admiraci\u00f3n, en el cual se vieran confundidos cari\u00f1o de amigo y fervor de pros\u00e9lito. Cada nueva manifestaci\u00f3n del fecundo ingenio monta\u00f1\u00e9s me declaraba la oportunidad y la urgencia de cumplir el compromiso conmigo mismo contra\u00eddo; luego los quehaceres lo difer\u00edan, y por fin, solicitado de un activo editor, que incluye en su Biblioteca el \u00faltimo libro de Pereda, veo llegada la mejor coyuntura para decir parte de lo mucho que pienso y pienso acerca del autor de las Escenas Monta\u00f1esas; acepto con gozo el encargo, lo desempe\u00f1o con temor, y all\u00e1 va este desordenado escrito, que debiera ponerse al fin del libro, pero que por determinaci\u00f3n superior se coloca al principio, contra mi deseo. Ni es pr\u00f3logo cr\u00edtico, ni semblanza, ni paneg\u00edrico: de todo tiene un poco, y has de ver en \u00e9l una serie de apreciaciones incoherentes, recuerdos muy vivos, y otras cosas que quiz\u00e1s no vienen \u00e1 cuento; pero \u00e1 todo le dar\u00e1 alg\u00fan valor la escrupulosa sinceridad que pongo en mi trabajo y la fe con que lo acometo.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo que te haces cruces, \u00a1qu\u00e9 simpleza! pasmado de que al buen monta\u00f1\u00e9s le haya ca\u00eddo tal panegirista, existiendo entre el santo y el predicador tan grande disconformidad de ideas en cierto orden. Pero me apresuro \u00e1 manifestarte que as\u00ed tiene esto m\u00e1s lances, que es mucho m\u00e1s sabroso, y si se quiere, m\u00e1s autorizado. V\u00e9ase por d\u00f3nde lo que se desata en la tierra de las creencias, es atado en los cielos puros del Arte. Esto no lo comprender\u00e1n quiz\u00e1s muchos que arden, con <em>stridor dentum<\/em>, en el Infierno de la tonter\u00eda, de donde no les sacar\u00e1 nadie. Tal vez lo lleven \u00e1 mal muchos condenados de uno y otro bando, los unos encaperuzados \u00e1 la usanza mon\u00e1stica, otros \u00e1<\/p>\n\n\n\n<p>la moda filos\u00f3fica. Yo digo que ruja la necedad, y que en este piadoso escrito no se trata de hacer metaf\u00edsicas sobre la gran disputa entre Jes\u00fas y Barrab\u00e1s. Qu\u00e9dese esto en lo m\u00e1s hondo del tintero, y <em>\u00e1 quien Dios se la dio, Cercantes se la bendiga<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Andando.<\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00ed \u00e1 Pereda hace once a\u00f1os, cuando hab\u00eda escrito las <em>Escenas Monta\u00f1esas<\/em> y <em>Tipos y paisajes<\/em>. La lectura de esta segunda colecci\u00f3n de cuadros de costumbres impresion\u00f3 mi \u00e1nimo de la manera m\u00e1s viva. Fu\u00e9 como feliz descubrimiento de hermosas regiones no vistas a\u00fan, ni siquiera so\u00f1adas. Sinti\u00e9ndome con t\u00edmida afici\u00f3n \u00e1 trabajos semejantes, aquella admirable destreza para reproducir lo natural, aquel maravilloso poder para combinar la verdad con la fantas\u00eda, y aquella forma llena de vigor y hechizo, me revelaban la nueva direcci\u00f3n del arte narrativo, direcci\u00f3n que m\u00e1s tarde se ha hecho segura \u00e9 invariable, obteniendo al fin un triunfo en el cual ha llevado su iniciador parte principal\u00edsima. Algunos de tales cuadros, principalmente el titulado <em>Blasones y talegas<\/em>, produjeron en m\u00ed verdadero estupor y esas vagas inquietudes del esp\u00edritu que se resuelven luego en punzantes est\u00edmulos \u00f3 en el cosquilleo de la vocaci\u00f3n. Es que las obras m\u00e1s perfectas son las que m\u00e1s incitan, por su aparente facilidad, \u00e1 la imitaci\u00f3n. Luego viene, como diploma m\u00e1s alto de su m\u00e9rito, la inutilidad del esfuerzo de los que quieren igualarlas, y trat\u00e1ndose de aqu\u00e9lla y otras obras de Pereda, hay que darles \u00e1 boca llena, y sin g\u00e9nero alguno de salvedad, el dictado de <em>desesperantes<\/em>. Son de privilegio exclusivo, y&#8230; \u00a1ay del infeliz que ponga la mano en ellas! No le quedar\u00e1n ganas de repetir el intento.<\/p>\n\n\n\n<p>Como iba diciendo, la lectura de estas maravillas, despu\u00e9s de la admiraci\u00f3n que en m\u00ed produjo, infundi\u00f3me un deseo ardiente de conocer el pa\u00eds, fondo \u00f3 escenario de tan hermosas pinturas. Supon\u00eda en \u00e9l la misma originalidad, la propia frescura, gracia y acento de las <em>Escenas<\/em>, y figur\u00e1bame que as\u00ed como \u00e9stas no tienen rival, aqu\u00e9l no deb\u00eda de tener semejante en el ramo de pa\u00edses. Esto me llev\u00f3 \u00e1 Santander: el simple reclamo de un prosista fu\u00e9 primer motivo y fundamento de esta especie de ciudadan\u00eda moral que he adquirido en la capital monta\u00f1esa.<\/p>\n\n\n\n<p>En la puerta de una fonda vi por primera vez al que de tal modo cautivaba mi esp\u00edritu en el orden de gustos literarios, y desde entonces nuestra amistad ha ido endureci\u00e9ndose con los a\u00f1os y acrisol\u00e1ndose \u00a1cosa extra\u00f1a! con las disputas. Antes de conocerle, hab\u00eda o\u00eddo decir que Pereda era ardiente partidario del absolutismo, y no lo quer\u00eda creer. Por m\u00e1s que me aseguraban haberle visto en Madrid, nada menos que figurando como diputado en la minor\u00eda carlista, semejante idea se me hac\u00eda absurda, imposible; no me cab\u00eda en la cabeza, como suele decirse. Trat\u00e1ndole despu\u00e9s, me cercior\u00e9 de la funesta verdad. El mismo, echando pestes contra lo que me era simp\u00e1tico, lo confirm\u00f3 plenamente. Pero su firmeza, su tes\u00f3n puro y desinteresado, y la noble sinceridad con que declaraba y defend\u00eda sus ideas, me causaban tal asombro y de tal modo informaron y completaron \u00e1 mis ojos el car\u00e1cter de Pereda, que hoy me costar\u00eda trabajo imaginarle de otro modo, y aun creo que se desfigurar\u00eda su personalidad vigorosa si perdiera la acentuada consecuencia y aquel tono admirablemente sombr\u00edo. En su manera de pensar hay mucho de su modo de escribir: el mismo horror al convencionalismo, la misma sinceridad. Otra circunstancia hace excepcional su proselitismo, y lo exime de las censuras \u00e1 que vive expuesta toda opini\u00f3n radical en nuestros d\u00edas: me refiero \u00e1 su precios\u00edsima independencia, que le a\u00edsla de los manejos de todos los partidos, incluso el suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto, quiero a\u00f1adir que Pereda es, como escritor, el hombre m\u00e1s revolucionario que hay entre nosotros, el m\u00e1s anti-tradicionalista, el emancipador literario por excelencia. Si no poseyera otros m\u00e9ritos, bastar\u00eda \u00e1 poner su nombre en primera l\u00ednea la gran reforma que ha hecho, introduciendo el lenguaje popular en el lenguaje literario, fundi\u00e9ndolos con arte y concillando formas que nuestros ret\u00f3ricos m\u00e1s eminentes consideraban incompatibles. Empresa es \u00e9sta que ninguno acometi\u00f3 con tantos br\u00edos como \u00e9l, y en realizarla todos se quedan tama\u00f1itos \u00e1 su lado. Una de las mayores dificultades con que tropieza la novela en Espa\u00f1a, consiste en lo poco hecho y trabajado que est\u00e1 el lenguaje literario para reproducir los matices de la conversaci\u00f3n corriente. Oradores y poetas lo sostienen en sus antiguos moldes acad\u00e9micos, defendi\u00e9ndolo de los esfuerzos que hace la conversaci\u00f3n para apoderarse de \u00e9l; el terco r\u00e9gimen aduanero de los cultos le priva de flexibilidad. Por otra parte, la prensa, con raras excepciones, no se esmera en dar al lenguaje corriente la acentuaci\u00f3n literaria, y de estas rancias antipat\u00edas entre la ret\u00f3rica y la conversaci\u00f3n, entre la academia y el peri\u00f3dico, resultan infranqueables diferencias entre la manera de escribir y la manera de hablar, diferencias que son desesperaci\u00f3n y escollo del novelista. En vencer estas dificultades nadie ha adelantado tanto como Pereda: ha obtenido maravillosas ventajas, y nos ha ofrecido modelos que le hacen verdadero maestro en empresa tan \u00e1spera. Cualquiera hace hablar al vulgo, pero \u00a1cu\u00e1n dif\u00edcil es esto sin incurrir en pedestres bajezas! Hay escritores que al reproducir una conversaci\u00f3n de duques, resultan ordinarios: Pereda, haciendo hablar \u00e1 marineros y campesinos, es siempre castizo, noble y elegante, y tiene atractivos, finuras y matices de estilo que \u00e1 nada son comparables. Por esto, por sus felic\u00edsimos atrevimientos en la pintura de lo natural, es preciso declararle porta-estandarte del realismo literario en Espa\u00f1a. Hizo prodigios cuando a\u00fan no hab\u00edan dado se\u00f1ales de existencia otras maneras de realismo, ex\u00f3ticas, que ni son exclusivo don de un c\u00e9lebre escritor propagandista, ni ofrecen, bien miradas, novedad entre nosotros, no s\u00f3lo por el ejemplo de Pereda, sino por las inmensas riquezas de este g\u00e9nero que nos ofrece la literatura picaresca.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente al natural, Pereda tiene una energ\u00eda de asimilaci\u00f3n que asusta. Los contornos y tintas que ve, \u00edas particularidades que escudri\u00f1a, los conjuntos y efectos totales que sorprende, maravilla son que nos revelan en \u00e9l como un poder milagroso. Gn Los hombres de pro, en las p\u00e1ginas culminantes de Don Gonzalo Gonz\u00e1lez de la Gonzalera y De tal palo tal astilla, se muestran en toda su riqueza la facultad observadora, la invenci\u00f3n sobria y fecunda, el culto de la verdad, de donde resultan los caracteres m\u00e1s en\u00e9rgicamente trazados, y el di\u00e1logo m\u00e1s vivo, m\u00e1s exacto y humano que es posible imaginar.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cosa. Pereda no viene nunca \u00e1 Madrid. Para conocerle es preciso ir \u00e1 Santander \u00f3 \u00e1 su casa de Polanco, donde vive lo m\u00e1s del a\u00f1o, entre dichas dom\u00e9sticas y comodidades materiales que le a\u00f1aden, como literato, una nueva originalidad \u00e1 las dem\u00e1s que tiene. Es un escritor que desmiente, cual ning\u00fan otro de Espa\u00f1a, las a\u00f1ejas teor\u00edas sobre la discordia entre la riqueza y el ingenio. Por no dejar hueso sano al convencionalismo, le ha perseguido y destrozado hasta en esa rutina cursi d\u00e9 que el escritor es un s\u00e9r esencialmente pobre. As\u00ed, en ninguna parte se conoce tan bien \u00e1 nuestro buen pr\u00edncipe monta\u00f1\u00e9s, como en aquellos hospitalarios estados de Polanco, residencia placentera y c\u00f3moda, asentada en medio de la poes\u00eda y de la soledad campestres, entre los variados horizontes y los paisajes limpios y puros de aquella hermosa costa, que con su ambiente fresco y su templada luz parece ofrecer al esp\u00edritu mayor suma de paz, m\u00e1s dulces recreos que ninguna otra regi\u00f3n de la Pen\u00ednsula.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el buen castellano de Polanco, sectario del absolutismo y muy deseoso de que resucite Felipe II para que vuelva \u00e1 hacer sus gracias en el gobierno de estos reinos, es el hombre m\u00e1s pac\u00edfico del orbe, de costumbres en extremo sencillas, de trato amen\u00edsimo, llano y familiar, que podr\u00eda derechamente llamarse democr\u00e1tico. A veces imagino que, por trazas del demonio, la Humanidad pierde el sentido, que el tiempo se desmiente \u00e1 s\u00ed mismo y nos hallamos de la noche \u00e1 la ma\u00f1ana en plena situaci\u00f3n absolutista Llevando adelante la hip\u00f3tesis, imagino que al aut\u00f3crata se le ocurre una cosa muy natural, y es elegir para primer gobernante al hombre de m\u00e1s ingenio de su partido. Tenemos \u00e1 Pereda de ministro universal. Pues ya podemos hacer lo que se nos antoje, porque de seguro no nos ha de chamuscar ni el pelo de la ropa, y viviremos en la m\u00e1s dulce de las anarqu\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 me figuro que la firmeza de las ideas de Pereda, bien analizada, resultar\u00eda m\u00e1s afecta al orden religioso que al pol\u00edtico, y no s\u00e9, no s\u00e9&#8230; pero casi podr\u00eda afirmar que gran parte de aquella intolerancia mordaz, de aquella flagelante y despiadada inquina contra ciertas instituciones, desaparecer\u00eda si el esp\u00edritu de nuestro autor no estuviera enviciado y como engolosinado en la observaci\u00f3n de los infinitos tipos de ridiculez que sabe ver y calificar como nadie; tipos que \u00e9l atribuye, con ingeniosa parcialidad, al sistema pol\u00edtico dominante en todo el mundo, y que en realidad aparecen contenidos en \u00e9l por lo mismo que el tal sistema abarca la porci\u00f3n m\u00e1s grande de la sociedad&#8230; Eso s\u00ed, hombre que tenga en grado m\u00e1s alto la facultad de ver lo c\u00f3mico y todos los grados de la ridiculez de sus semejantes, no creo que exista ni aun que haya existido. Posee perspicacia genial, vista milagrosa y olfato sutil que le permiten penetrar hasta donde no puede hacerlo la grosera observaci\u00f3n de la mayor\u00eda. Y luego que descubre la pobre v\u00edctima, all\u00ed donde menos se pensaba, la coge en la poderosa zarpa, juega con ella cruel, la destroza, la arroja al fin hecha pedazos. Ejemplos de esta s\u00e1tira implacable se hallan en sus celebrados libros Los hombres de pr\u00f3 y Don Gonzalo, novelas de costumbres pol\u00edticas, en que la energ\u00eda de la pintura llega hasta lo sublime, y el esp\u00edritu de secta hasta la ferocidad; obras en \u00abque el autor ha puesto toda la irritaci\u00f3n de su temperamento y todo el vigor de sus ideales extremados. Y no es f\u00e1cil ni l\u00f3gico juzgar estos acabados modelos de novela pol\u00edtica con un criterio inspirado en ideas de prudencia, que al fin encerrar\u00eda la inspiraci\u00f3n del artista dentro de l\u00edmites mezquinos- Creo que las obras citadas no pueden ser de otra manera que como son. As\u00ed salieron, cruelmente sarc\u00e1sticas y guerreras, de la mente de su autor, y con el ambiente de la imparcialidad perder\u00edan todo su vigor y encanto. Por lo dem\u00e1s, la intolerancia que tanto avalora y vigoriza el potente ingenio de Pereda suele desarmarse en el seno de la amistad, en esos coloquios sostenidos con alg\u00fan hu\u00e9sped de Polanco \u00e1 lo largo de un prado \u00f3 por los \u00e1ngulos y curvas de sombr\u00eda calleja, all\u00ed donde parece no pueden llegar los ecos de la batalla empe\u00f1ada por \u00e9sta \u00f3- la otra idea, de esas que al fin y \u00e1 la postre, implantadas \u00f3 no, modifican poco las partes positivas de nuestra existencia. F\u00e1cil es en estos coloquios, en que el esp\u00edritu parece m\u00e1s expresivo que la palabra, sorprender en el buen campe\u00f3n algo de cansancio por tantas y tan crudas batallas como ha re\u00f1ido en el terreno m\u00e1s escabroso de todos, que es el de las letras. Y sin esfuerzo de conjeturas, sino por la l\u00f3gica misma de las cosas, se viene \u00e1 comprender que teniendo Pereda su familia, sus libros y sus amigos, se le importa una higa de lo dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ignoro la edad de mi amigo, y me falta con esto el primer dato para su biograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Para su retrato me faltan colores. S\u00f3lo puedo decir que es hombre moreno y avellanado, de regular estatura, con bigote y perilla, de un car\u00e1cter demasiadamente espa\u00f1ol y cervantesco. Posee un retrato suyo, buena pintura y gentil cabeza, con valona y ropilla, al cual es necesario dar el tratamiento de mare\u00e9. Trat\u00e1ndose de temperamentos nerviosos, hay que postergarlos \u00e1 todos para dar diploma de honor al de mi amigo, \u00e1 quien frecuentemente es preciso reprender como \u00e1 los ni\u00f1os, para que se le quiten de la cabeza mil aprensiones y man\u00edas. Hay quien le dice que todas estas ruineras son pretexto de la pereza, y se le receta para curarse una medicina altamente provechosa para el m\u00e9dico, es decir, que se tome medio millar de cuartillas y que nos haga una novela. Recuerdo una temporada en que di\u00f3 en la flor de que se iba \u00e1 caer en medio de la calle, y sal\u00eda con precauciones mil y temores muy graciosos. Sus amigos le recetaban que se pusiese al telar. No quer\u00eda ni \u00e1 empujones hacerlo; pero tanto se breg\u00f3 con \u00e9l, que el feliz t\u00e9rmino de todo aquel desconcierto nervioso fu\u00e9 la encantadora novela De tal palo tal astilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir. Es Pereda un hombre harto de bienestar, privilegiado sujeto en quien concurren dones alt\u00edsimos como su poderoso ingenio, que le hace figura de primera magnitud en las letras espa\u00f1olas, su bondad y nobles prendas, y todo lo dem\u00e1s que ensancha y florea el camino de la vida. Por<\/p>\n\n\n\n<p>tener tan variados tesoros y ninguna pena;, suele preocuparse de peque\u00f1eces, y las contrariedades del tama\u00f1o de piedrecillas se le agrandan como monta\u00f1a que obstruye el paso. Cualquier contratiempo en la impresi\u00f3n de sus libros, la tardanza de un editor \u00f3, pinto el caso, la falta de cumplimiento del compromiso de un amigo, le hacen cavilar, y ponen en apretad\u00edsima torsi\u00f3n todo el cordaje de la incansable m\u00e1quina de sus nervios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, si el no haber escrito estas l\u00edneas antes de ahora es causa de que t\u00fa, desesperado lector, no hayas podido gustar antes este libro campesino y esencialmente monta\u00f1\u00e9s, <em>E<\/em><em>l sabor de la tierruca<\/em>, flor la m\u00e1s pura quiz\u00e1s del ingenio de Pereda, \u00e1 t\u00ed antes que \u00e1 \u00e9l pido perd\u00f3n, aunque ambos hayan rabiado igualmente por culpa m\u00eda. Y no siento yo la tardanza, sino que no haya acertado \u00e1 decir todo lo que s\u00e9 sobre el original\u00edsimo escritor y maestro incomparable que ha trazado \u00e1 la novela espa\u00f1ola el seguro camino de la observaci\u00f3n natural. Su influencia en nuestra literatura es de las m\u00e1s grandes que han existido, y la se\u00f1alar\u00e1n en toda su extensi\u00f3n el tiempo y la venidera infalible justicia de las categor\u00edas literarias. Muchos le deben todo lo que son, y algunos m\u00e1s de lo que parece. Si este escrito pudiera ser largo, algo m\u00e1s dir\u00eda yo que la brevedad me obliga \u00e1 dejar de la mano; cosas que tal vez no sean necesarias por ser sabidas de todo el mundo, pero que yo quisiera indicar, porque sin indicarlas no quedo satisfecho. Y es que hablando de Pereda y subi\u00e9ndole hasta donde alcanzan mis fuerzas de sectario apologista, siempre me parece que no le enaltezco bastante, y quisiera volver \u00e1 emprender de nuevo la tarea hasta ponerle m\u00e1s alto, m\u00e1s alto y donde debe estar.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid, Abril de 1882.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ahora que estamos solos, impaciente lector, en la antesala de un libro, esperando \u00e1 que se nos abra la mampara del cap\u00edtulo primero, voy \u00e1 hablarte de aquel buen amigo, cuyo nombre viste, al entrar, estampado en el frontispicio de este noble alc\u00e1zar de papel en que por ventura nos hallamos. Y no voy \u00e1 hablarte de \u00e9l porque su fama, que es grande, aunque no tanto como sus m\u00e9ritos, necesite de mis encomios, sino porque no mueve \u00e1 ello un antojo, tenaz deseo quiz\u00e1s, \u00f3 m\u00e1s bien imperioso deber, nacido de impulsos diferentes.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11201,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,4,34],"tags":[],"class_list":["post-8247","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos","category-bibliografia","category-prologo"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Pr\u00f3logo] El sabor de la tierruca, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/prologo-el-sabor-de-la-tierruca-de-benito-perez-galdos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Pr\u00f3logo] El sabor de la tierruca, de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Ahora que estamos solos, impaciente lector, en la antesala de un libro, esperando \u00e1 que se nos abra la mampara del cap\u00edtulo primero, voy \u00e1 hablarte de aquel buen amigo, cuyo nombre viste, al entrar, estampado en el frontispicio de este noble alc\u00e1zar de papel en que por ventura nos hallamos. 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