{"id":968,"date":"2012-11-24T00:01:29","date_gmt":"2012-11-24T00:01:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.benitoperezgaldos.es\/?p=968"},"modified":"2025-01-13T07:03:05","modified_gmt":"2025-01-13T07:03:05","slug":"cuento-el-don-juan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-el-don-juan\/","title":{"rendered":"[Cuento] El don Juan"},"content":{"rendered":"<p>\u00ab\u00c9sta no se me escapa: no se me escapa, aunque se opongan a mi triunfo todas las potencias infernales\u00bb, dije yo sigui\u00e9ndola a algunos pasos de distancia, sin apartar de ella los ojos, sin cuidarme de su acompa\u00f1ante, sin pensar en los peligros que aquella aventura ofrec\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto me acuerdo de ella! Era alta, rubia, esbelta, de grandes y expresivos ojos, de majestuoso y agraciado andar, de celestial y picaresca sonrisa. Su nariz, terminada en una hermosa l\u00ednea levemente encorvada, daba a su rostro una expresi\u00f3n de desde\u00f1osa altivez, capaz de esclavizar medio mundo. Su respiraci\u00f3n era ardiente y fatigada, marcando con acompasadas depresiones y expansiones voluptuosas el movimiento de la m\u00e1quina sentimental, que andaba con una fuerza de caballos de buena raza inglesa. Su mirada no era definible; de sus ojos, medio cerrados por el sopor normal que la irradiaci\u00f3n calurosa de su propia tez le produc\u00eda, sal\u00edan furtivos rayos, destellos perdidos que quemaban mi alma. Pero mi alma quer\u00eda quemarse, y no cesaba de revolotear como imprudente mariposa en torno a aquella luz. Sus labios eran coral fin\u00edsimo; su cuello, primoroso alabastro; sus manos, m\u00e1rmol delicado y flexible; sus cabellos, doradas hebras que las del mesmo sol escurec\u00edan. En el hemisferio meridional de su rostro, a algunos grados del meridiano de su nariz y casi a la misma latitud que la boca, ten\u00eda un lunar, adornado de algunos sedosos cabellos que, agitados por el viento, se mec\u00edan como frondoso ca\u00f1averal. Su pie era tan bello, que los adoquines parec\u00edan convertirse en flores cuando ella pasaba; de los movimientos de sus brazos, de las oscilaciones de su busto, del encantador vaiv\u00e9n de su cabeza, \u00bfqu\u00e9 puedo decir? Su cuerpo era el centro de una infinidad de irradiaciones el\u00e9ctricas, suficientes para dar alimento para un a\u00f1o al cable submarino.<\/p>\n<p>No hab\u00eda o\u00eddo su voz; de repente la o\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 voz, Santo Dios!, parec\u00eda que hablaban todos los \u00e1ngeles del cielo por boca de su boca. Parec\u00eda que vibraba con sonora melod\u00eda el lunar, corchea escrita en el pentagrama de su cara. Yo devor\u00e9 aquella nota; y digo que la devor\u00e9, porque me hubiera comido aquel lunar, y hubiera dado por aquella lenteja mi derecho de primogenitura sobre todos los don Juanes de la tierra.<\/p>\n<p>Su voz hab\u00eda pronunciado estas palabras, que no puedo olvidar:<\/p>\n<p>-Lurenzo, \u00bfsabes que comer\u00eda un bucadu? -Era gallega.<\/p>\n<p>-Angel m\u00edo -dijo su marido, que era el que la acompa\u00f1aba-: aqu\u00ed tenemos el caf\u00e9 del Siglo, entra y tomaremos jam\u00f3n en dulce.<\/p>\n<p>Entraron, entr\u00e9; se sentaron, me sent\u00e9 (enfrente); comieron, com\u00ed (ellos jam\u00f3n, yo&#8230; no me acuerdo de lo que com\u00ed; pero lo cierto es que com\u00ed).<\/p>\n<p>\u00c9l no me quitaba los ojos de encima. Era un hombre que parec\u00eda hecho por un art\u00edfice de Alcorc\u00f3n, expresamente para hacer resaltar la belleza de aquella mujer gallega, pero modelada en m\u00e1rmol de Paros por Benvenuto Cellini. Era un hombre bajo y regordete, de rostro apergaminado y amarillo como el forro de un libro viejo: sus cejas angulosas y las l\u00edneas de su nariz y de su boca ten\u00edan algo de inscripci\u00f3n. Se le hubiera podido comparar a un viejo libro de 700 p\u00e1ginas, voluminoso, ilegible y apolillado. Este hombre estaba encuadernado en un enorme gab\u00e1n pardo con cantos de lanilla azul.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s supe que era un bibli\u00f3mano.<\/p>\n<p>Yo empec\u00e9 a deletrear la cara de mi bella galleguita.<\/p>\n<p>Soy fuerte en la paleontolog\u00eda amorosa. Al momento entend\u00ed la inscripci\u00f3n, y era favorable para m\u00ed.<\/p>\n<p>-Victoria -dije, y me prepar\u00e9 a apuntar a mi nueva v\u00edctima en mi cat\u00e1logo. Era el n\u00famero 1.003.<\/p>\n<p>Comieron, y se hartaron, y se fueron.<\/p>\n<p>Ella me mir\u00f3 dulcemente al salir. \u00c9l me lanz\u00f3 una mirada terrible, expresando que no las ten\u00eda todas consigo; de cada rengl\u00f3n de su cara parec\u00eda salir una chispa de fuego indic\u00e1ndome que yo hab\u00eda herido la p\u00e1gina m\u00e1s oculta y delicada de su coraz\u00f3n, la p\u00e1gina o fibra de los celos.<\/p>\n<p>Salieron, sal\u00ed.<\/p>\n<p>Entonces era yo el don Juan m\u00e1s c\u00e9lebre del mundo, era el terror de la humanidad casada y soltera. Relataros la serie de mis triunfos ser\u00eda cosa de no acabar. Todos quer\u00edan imitarme; imitaban mis ademanes, mis vestidos. Ven\u00edan de lejanas tierras s\u00f3lo para verme. El d\u00eda en que pas\u00f3 la aventura que os refiero era un d\u00eda de verano, yo llevaba un chaleco blanco y unos guantes de color de fila, que estaban diciendo comedme.<\/p>\n<p>Se pararon, me par\u00e9; entraron, esper\u00e9; subieron, pas\u00e9 a la acera de enfrente.<\/p>\n<p>En el balc\u00f3n del quinto piso apareci\u00f3 una sombra: \u00a1es ella!, dije yo, muy ducho en tales lances.<\/p>\n<p>Acerqueme, mire a lo alto, extend\u00ed una mano, abr\u00ed la boca para hablar, cuando de repente, \u00a1cielos misericordiosos! \u00a1cae sobre m\u00ed un diluvio!&#8230; \u00bfde qu\u00e9? No quiero que este pastel quede, si tal cosa nombro, como quedaron mi chaleco y mis guantes.<\/p>\n<p>Lleneme de ira: me hab\u00edan puesto perdido. En un acceso de c\u00f3lera, entro y subo r\u00e1pidamente la escalera.<\/p>\n<p>Al llegar al tercer piso, sent\u00ed que abr\u00edan la puerta del quinto. El marido apareci\u00f3 y descarg\u00f3 sobre m\u00ed con todas sus fuerzas un objeto que me descalabr\u00f3: era un libro que pesaba sesenta libras. Despu\u00e9s otro del mismo tama\u00f1o, despu\u00e9s otro y otro; quise defenderme, hasta que al fin una&nbsp;<em>Compilatio decretalium<\/em> me remat\u00f3: ca\u00ed al suelo sin sentido.<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed en m\u00ed, me encontr\u00e9 en el carro de la basura.<\/p>\n<p>Levanteme de aquel lecho de rosas, y me alej\u00e9 como pude. Mir\u00e9 a la ventana: all\u00ed estaba mi verdugo en traje de ma\u00f1ana, vestido a la holandesa; sonri\u00f3 maliciosamente y me hizo un saludo que me llen\u00f3 de ira.<\/p>\n<p>Mi aventura 1.003 hab\u00eda fracasado. Aqu\u00e9lla era la primera derrota que hab\u00eda sufrido en toda mi vida. Yo, el don Juan por excelencia, \u00a1el hombre ante cuya belleza, donaire, desenfado y osad\u00eda se hab\u00edan rendido las m\u00e1s meticulosas divinidades de la tierra!&#8230; Era preciso tomar la revancha en la primera ocasi\u00f3n. La fortuna no tard\u00f3 en present\u00e1rmela.<\/p>\n<p>Entonces, \u00a1ay!, yo vagaba alegremente por el mundo, visitaba los paseos, los teatros, las reuniones y tambi\u00e9n las iglesias.<\/p>\n<p>Una noche, el azar, que era siempre mi gu\u00eda, me hab\u00eda llevado a una novena: no quiero citar la iglesia, por no dar origen a sospechas peligrosas. Yo estaba oculto en una capilla, desde donde sin ser visto dominaba la concurrencia. Apoyada en una columna vi una sombra, una figura, una mujer. No pude ver su rostro, ni su cuerpo, ni su adem\u00e1n, ni su talle, porque la cubr\u00edan unas grandes vestiduras negras desde la coronilla hasta las puntas de los pies. Yo coleg\u00ed que era hermos\u00edsima, por esa facultad de adivinaci\u00f3n que tenemos los don Juanes.<\/p>\n<p>Concluy\u00f3 el rezo; sali\u00f3, sal\u00ed; un joven la acompa\u00f1aba, \u00ab\u00a1su esposo!\u00bb, dije para m\u00ed, alg\u00fan matrimonio en la luna de miel.<\/p>\n<p>Entraron, me par\u00e9 y me puse a mirar los cangrejos y langostas que en un restaurante cercano se ve\u00edan expuestos al p\u00fablico. Mir\u00e9 hacia arriba, \u00a1oh felicidad! Una mujer sal\u00eda del balc\u00f3n, alargaba la mano, me hac\u00eda se\u00f1as&#8230; Cercioreme de que no ten\u00eda en la mano ning\u00fan \u00e1nfora de alcoba, como el maldito bibli\u00f3mano, y me acerqu\u00e9. Un papel baj\u00f3 revoloteando como una mariposa hasta posarse en mi hombro. Le\u00ed: era una cita. \u00a1Oh fortuna!, \u00a1era preciso escalar un jard\u00edn, saltar tapias!, eso era lo que a m\u00ed me gustaba. Lleg\u00f3 la siguiente noche y acud\u00ed puntual. Salt\u00e9 la tapia y me hall\u00e9 en el jard\u00edn.<\/p>\n<p>Un tibio y azulado rayo de luna, penetrando por entre las ramas de los \u00e1rboles, daba melanc\u00f3lica claridad al recinto y marcaba pinceladas y borrones de luz sobre todos los objetos.<\/p>\n<p>Por entre las ramas vi venir una sombra blanca, vaporosa: sus pasos no se sent\u00edan, avanzaba de un modo misterioso, como si una suave brisa la empujara. Acercose a m\u00ed y me tom\u00f3 de una mano; yo profer\u00ed las palabras m\u00e1s dulces de mi diccionario, y la segu\u00ed; entramos juntos en la casa. Ella andaba con lentitud y un poco encorvada hacia adelante. As\u00ed deben andar las dulces sombras que vagan por el El\u00edseo, as\u00ed deb\u00eda andar Dido cuando se present\u00f3 a los ojos de Eneas el P\u00edo.<\/p>\n<p>Entramos en una habitaci\u00f3n oscura. Ella dio un suspiro que as\u00ed de pronto me pareci\u00f3 un ronquido, articulado por unas fauces llenas de rap\u00e9. Sin embargo, aquel sonido deb\u00eda salir de un seno inflamado con la m\u00e1s viva llama del amor. Yo me postr\u00e9 de rodillas, extend\u00ed mis brazos hacia ella&#8230; cuando de pronto un ruido espantoso de risas reson\u00f3 detr\u00e1s de m\u00ed; abri\u00e9ronse puertas y entraron m\u00e1s de veinte personas, que empezaron a darme de palos y a re\u00edr como una cuadrilla de demonios burlones. El velo que cubr\u00eda mi sombra cay\u00f3, y vi, \u00a1Dios de los cielos!, era una vieja de m\u00e1s de noventa a\u00f1os, una arp\u00eda arrugada, retorcida, seca como una momia, vestigio secular de una mujer antediluviana, de voz semejante al gru\u00f1ido de un perro constipado; su nariz era un cuerno, su boca era una cueva de ladrones, sus ojos, dos grietas sin mirada y sin luz. Ella tambi\u00e9n se re\u00eda, \u00a1la maldita!, se re\u00eda como se reir\u00eda la abuela de Lucifer, si un don Juan le hubiera hecho el amor.<\/p>\n<p>Los golpes de aquella gente me derribaron; entre mis azotadores estaban el bibli\u00f3mano y su mujer, que parec\u00edan ser los autores de aquella trama.<\/p>\n<p>Entre puntapi\u00e9s, pellizcos, bastonazos y pescozones, me pusieron en la calle, en medio del arroyo, donde ca\u00ed sin sentido, hasta que las matutinas escobas municipales me hicieron levantar. Tal fue la singular aventura del don Juan m\u00e1s c\u00e9lebre del universo. Siguieron otras por el estilo; y siempre tuve tan mala suerte, que constantemente paraba en los carros que recogen por las ma\u00f1anas la inmundicia acumulada durante la noche. Un d\u00eda me trajeron a este sitio, donde me tienen encerrado, diciendo que estoy loco. La sociedad ha tenido que aherrojarme como a una fiera asoladora; y en verdad, a dejarme suelto, yo la hubiera destruido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00c9sta no se me escapa: no se me escapa, aunque se opongan a mi triunfo todas las potencias infernales\u00bb, dije&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5367,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-968","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-benito-perez-galdos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v24.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>[Cuento] El don Juan - Cronolog\u00eda de la vida y la obra de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/batallitas.es\/benito-perez-galdos\/cuento-el-don-juan\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"[Cuento] El don Juan - 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