En apariencia, este cuadro representa el sacramento del matrimonio, oficiado según el rito ortodoxo. Pero lo que en realidad hace es presentarnos un drama silencioso que se desarrolla ante nuestros ojos: una boda desprovista del menor ápice de alegría y regocijo, en la que salta a la vista la diferencia de edad entre los dos contrayentes.
En la penumbra de la iglesia, la luz que entra desde una ventana fuera del campo visual del espectador solo alcanza a iluminar intensamente las tres figuras principales del cuadro: los novios y el sacerdote. Destaca la bella y triste figura de novia y el vejestorio arrugado que está a punto de desposarla. Ambos sostienen una vela encendida en la mano.
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