Waldemar Esstel patrullando

El incidente de Buttlar: cuando un teniente español mató a un guardia fronterizo de la RDA

Hay historias de la Guerra Fría que parecen extraídas de una novela de de John le Carré, pero cuyos giros superan cualquier obra de ficción. Durante décadas, la República Democrática Alemana (RDA) utilizó la muerte del cabo Waldemar Estel como un pilar de su propaganda antiimperialista, culpando a un «mercenario fascista» enviado por Occidente. Sin embargo, la apertura de los archivos de la Fiscalía de Fulda y los cuadernos de bitácora militares revelan una realidad muy distinta: una mezcla de imprudencia turística, reflejos de combate y un misterio que terminó en los altares de la Iglesia.

Tres tenientes de turismo por el Cabo Norte

El 2 de septiembre de 1955, un vistoso Mercedes 180D de color verde claro y matrícula policial española (ML-4286) desembarcaba en el puerto alemán de Travemünde, procedente de Suecia. A bordo viajaban tres hombres de 30 años. Volvían a España tras un viaje de placer que les había llevado hasta el mismísimo Cabo Norte de Noruega. Sin embargo, no eran turistas cualquiera. A bordo de la berlina alemana se encontraban:

  • Antonio de la Lastra Rueda: teniente y miembro del Primer Escuadrón de Paracaidistas del Ejército del Aire español. Natural de Melilla.
  • Eugenio Pinel Jiménez: teniente de la Fuerza Aérea. Natural de Zaragoza.
  • José Ramón Galligo Checa: también teniente del Ejército del Aire. Natural de Escalona.
Antonio de la Lastra Rueda, el primero por la derecha como paracaidista de la Fuerza Aérea Española, 1953. Fuente de la imagen: Thilo Reith.

Al día siguiente, sábado 3 de septiembre, el coche se detuvo en la localidad de Hünfeld. Allí, mapa en mano, preguntaron en español por el camino hacia la frontera de Rasdorf. No está muy claro qué se les había perdido a estos tres en la frontera con la República Democrática Alemana, pero continuaron su ruta, pese a que los lugareños les advirtieron de que no existía ningún paso fronterizo abierto hacia el este. El teniente Pinel Jiménez, quizá el más listo de los tres, decidió quedarse esperando en Hünfeld; una decisión que, sin saberlo, le salvaría de una acusación de homicidio internacional.

El encuentro en la línea de demarcación

A las 16:00 horas, el Mercedes llegó a la barrera fronteriza entre Rasdorf y Buttlar. Con lo que educadamente vamos a describir como una ingenuidad pasmosa (o quizá buscando la fanfarronada de poder decir en la España de Franco que habían pisado territorio comunista), el teniente De la Lastra bajó del coche y cruzó a pie como si nada la frontera interalemana hacia la RDA.

Allí se topó con el cabo Waldemar Estel (24 años) de las Tropas de Frontera de la Alemania Oriental, un joven obrero de una fábrica de ladrillos que se había alistado voluntario y que en ese momento estaba desbrozando la franja fronteriza con un carromato tirado por caballos, protegido (y vigilado) por un soldado de 18 años llamado Gernand.

Fotografía de Waldemar Estel

De la Lastra se dirigió al policía fronterizo en español mostrando su mapa. Waldemar Estel debió de quedarse a cuadros tras ver a un tipo violar como si nada una de las fronteras internacionales más vigiladas del mundo, y acercarse para preguntarle en un idioma desconocido por la ruta que tenían que seguir. Tras unos segundos de confusión, consciente de su deber, decidió detener al infractor. No obstante, al hacerlo cometió dos errores fatales: ordenó a su escolta quedarse atrás vigilando el carromato y no cacheó al español. Estel no tenía idea de que marchaba encañonando a un paracaidista militar muy versado en el combate cuerpo a cuerpo.

Cuatro tiros de una FN belga

Tras caminar unos 150 metros hacia el puesto de Buttlar, Estel disparó cuatro veces al aire con su subfusil, la señal reglamentaria para pedir que vinieran a recoger al detenido. Al ver que dos guardias comunistas acudían a lo lejos, De la Lastra comprendió que la bromita se le estaba yendo de las manos. Aquello iba en serio e iba directo a un calabozo y a un estimulante interrogatorio de 24 horas de la Stasi.

A 400 metros de la frontera, el teniente español se revolvió. Agarró a Estel por el uniforme y le propinó un violento rodillazo en el bajo vientre. El cabo cayó, perdiendo su arma y la gorra. En décimas de segundo, De la Lastra desenfundó una pistola belga marca FN que llevaba oculta y disparó cuatro veces a bocajarro. Dos de las balas alcanzaron a Estel en la espalda mientras intentaba huir; el cabo cayó muerto en un camino vecinal.

El regreso al coche fue un caos en medio de un tiroteo con los guardias que se apresuraron a socorrer a Estel. De la Lastra huyó corriendo mientras intercambiaba disparos con los guardias que acudían al sector de la frontera interalemana. En el lado occidental, su compañero Galligo Checa, ayudado por un agricultor local que no entendía nada de lo que estaba pasando, empujaba el Mercedes marcha atrás con el motor en marcha. De la Lastra saltó la valla, subió al coche, recogieron a Pinel en Hünfeld, repostaron en Schlüchtern —donde los testigos se fijaron en la ropa llena de barro del conductor— y esa misma noche cruzaron la frontera hacia Francia para evitar las consecuencias legales de sus actos.

Fotografía aérea de la época Buttlar 1955: A: Ubicación del Mercedes; B: Ubicación de Estel/Gernand durante la detención de De la Lastra Rueda; C: Ubicación de los guardias Schwiericke/Singelmann; D: Escena del crimen

Desmontando el mito de la División Azul

Para la propaganda de la RDA, el triste suceso fue oro molidoa efectos de la propaganda. Se bautizaron calles, se hicieron monumentos a Estel y se habló de una incursión de la «furia fascista» y de veteranos de la División Azul enviados por el capitalismo.

Sin embargo, la investigación de Thilo Reith tumba por completo este argumento con un dato matemático demoledor: en 1943, cuando la División Azul fue disuelta en el frente ruso, tanto De la Lastra como sus compañeros tenían apenas 17 años. Eran demasiado jóvenes para haber combatido allí. Su motivación no era una operación de espionaje imperialista, sino probablemente una imprudencia monumental que terminó en tragedia, aderezada con una fuerte dosis de cuñadismo y paletismo cañí.

Policías de la Alemania Oriental y Occidental recogiendo pruebas en el lugar del asesinato de Waldemar Estel

Del Ejército del Aire a los altares

¿Qué fue de los protagonistas de esta batallita de la Guerra Fría? Esto seguramente te va a sorprender mucho, pero la España de Franco protegió a sus oficiales y se fueron impunemente de rositas. Aunque Antonio de la Lastra Rueda llegó a estar brevemente en busca y captura y sufrió una corta prisión preventiva en España, el régimen de Franco denegó sistemáticamente la extradición solicitada por Alemania Occidental (las investigaciones penales se alargaron diez años, y en aquel entonces España y la RDA ni siquiera mantenían relaciones diplomáticas). De la Lastra continuó su carrera militar con normalidad, llegó a ascender a coronel y pasó al retiro en el Servicio de Salvamento Aéreo de Madrid, falleciendo en 2016 a los 90 años.

El destino más sorprendente fue el de su compañero de viaje, el teniente Eugenio Pinel Jiménez. Tras colgar el uniforme militar pocos años después del incidente, cambió radicalmente de vida: ingresó en el seminario y se ordenó sacerdote. José Ramón Galligo Checa, el hombre que esperaba al volante con el motor en marcha, permaneció en la Fuerza Aérea perdiéndose su rastro posterior.

Las denuncias penales en la Alemania unificada se archivaron definitivamente en 1997 debido a la imposibilidad de aportar pruebas concluyentes tras cuatro décadas de silencio burocrático, sellando así uno de los episodios fronterizos más rocambolescos del Telón de Acero: el día en el que un paracaidista español mató a tiros a un guardia fronterizo de la República Democrática Alemana.

Bibliografía y fuentes

  • Forschungsverbund SED-Staat (Freie Universität Berlin). Biografía de Waldemar Estel. Serie: Sozialistische Grenzregime – Todesfälle im Grenzdienst. Recuperado de: fu-berlin.de
  • Reith, Thilo (2019). Zum Tode Waldemar Estels. Zeitschrift des Forschungsverbundes SED-Staat (ZdF), Nº 44/2019, págs. 138-141. Freie Universität Berlin. Recuperado de: zeitschrift-fsed.fu-berlin.de
  • Scharnhorst, Anke. Waldemar Estel stirbt 1956 durch Schüsse eines spanischen Offiziers. Altmark Zeitung (AZ Online). Recuperado de: az-online.de
  • Forschungsverbund SED-Staat. Dokumentation der Todesopfer des DDR-Grenzregimes am Eisernen Vorhang. Registro de Víctimas del Muro de Berlín y Frontera Interalemana. Recuperado de: todesopfer.eiserner-vorhang.de

Fuentes consultadas: Archivo de la Fiscalía de Fulda (Ermittlungsakte zum Tode von Waldemar Estel), Boletín Oficial del Ministerio del Aire de España y la investigación histórica de Thilo Reith para el «Zeitschrift des Forschungsverbundes SED-Staat» (ZdF) de la Universidad Libre de Berlín.

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