Una gran cagada de la ingeniería alemana

    -Bueno, Klaus. Nos gastamos un gritón de marcos este auditorio de última generación. Ha merecido la pena.

    -Claro… Oye, ¿y ese taconeo que resuena en toda la sala? ¿Y ese ruido de monopatín que arruina la acústica de todo el auditorio?

    Scheisse!


    Colonia quedó destruida casi en su totalidad durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que fue reconstruida siguiendo el estilo arquitectónico del momento. Esto aumentó aún más el contraste entre una catedral (neo)gótica y sus alrededores, atestados de edificios modernos.

    Von dronepicr – Kölner Dom Luftbild Bahnhof – cologne aerial, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47226992

    Para acercar e integrar la catedral en el nuevo tejido urbano y liberarla del aislamiento espacial que se percibía entonces, el arquitecto Fritz Schaller proyectó en 1968 lo que los habitantes de la ciudad llaman coloquialmente la Domplatte (la plataforma de la catedral).

    Von © Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons), CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28763343

    Diseñó una elevación del terreno peatonal hasta el nivel de los portales de la catedral, a los que hasta entonces sólo se podía acceder por escaleras. Finalizado en 1970, el proyecto ocultó el montículo histórico sobre el que se levanta la Catedral de Colonia.

    Hoy, esta elevación solo se aprecia cuando te aproximas a la catedral desde la estación central de tren de la ciudad, donde hay varios tramos de escaleras con muchos peldaños.

    By © Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons), CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61423144

    La gran explanada no solo permitía que la catedral dejara de ser una isla aislada por un intenso tráfico rodado, sino que ocultaba debajo infraestructuras como un aparcamientos, un túnel para el metro de la ciudad… o un auditorio de música.

    Von Judith Strücker, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1729975

    Y es que en 1976, el magnate alemán del chocolate Peter Ludwig y su esposa Irene donaron a la ciudad 350 obras de su exquisita colección de arte moderno, con la condición de que se crease un museo expresamente para acogerlas, el Museo Ludwig.

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    Por ello, en 1978 se convocó un concurso de arquitectura para construir un gran complejo que diese cabida al Museo Ludwig (y a otras instituciones culturales como la biblioteca de la ciudad, un organismo de cine [Filmforum NRW] y la nueva Filarmónica de Colonia).

    Se decidió que el complejo tendría una ubicación privilegiada junto a la cabecera de la catedral, por lo que se amplió la plataforma de la catedral (Domplatte) en dirección este, hacia la depresión del río Rin.

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    El proyecto que el estudio de arquitectura ganador, Busmann + Haberer, presentó para la sala sinfónica era genial: un diseño con forma de anfiteatro griego para 2000 espectadores, sin columnas interiores ni paredes paralelas entre sí para evitar ecos indeseados.

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    E, igual que hacían los griegos al construir sus teatros, iban a aprovechar la depresión natural existente entre la catedral y el Rin para instalar las filas de asientos en torno al escenario en el otro extremo de la sala.

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    Otra novedad fue el tamaño y el acolchado de los asientos, diseñados para que la atenuación del sonido fuera siempre constante, independientemente de que las localidades estuvieran ocupadas por espectadores o no.

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    Para el techo de la sala, el proyecto preveía una serie de columnas oscilantes que convergerían en el centro, formando un espacio circular. Encima, se colocaría el pavimento de una plaza pública, conectada con la plataforma de la catedral y al mismo nivel que esta explanada de granito.

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    Así, se aprovechaba todo el espacio existente, aumentando al máximo el espacio público disponible y creando un espacio peatonal diáfano entre la catedral y la orilla del Rin. Una genialidad, en mi opinión.

    El complejo se inauguró en 1986 tras varios años de obras y, desde el primer momento, quedó patente la monumental cagada que había tenido lugar durante la construcción: las vigas oscilantes del techo transmitían a la sala las vibraciones de la plaza situada encima.

    La plaza en cuestión.
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    Los pasos del peatón normal apenas se oían, pero las mujeres con tacones, las ruedas de las maletas o de los patinetes de skate resonaban claramente dentro del auditorio, arruinando todo el cuidadoso trabajo especializado para dotar a la sala de una acústica óptima.

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    Unos echan la culpa al aislamiento deficiente entre el pavimento de la plaza y las vigas oscilantes que lo soportan, otros sostienen que éstas son inadecuadas para sostener el techo-plaza sin que se vea afectada la acústica del auditorio.

    En cualquier caso, al principio, el problema se consideró un mal menor, ya que en los años 80 muy pocas maletas tenían ruedas y el skateboarding no era muy popular entre los jóvenes alemanes, pero con el tiempo la cosa fue a peor.

    By J.hagelüken – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=54931957

    En un peritaje realizado en 1998, se estimó que el aislamiento acústico posterior del auditorio costaría unos 4,7 millones de euros (al cambio). Las autoridades rechazaron la idea por ser demasiado costosa y optaron por una solución de aliexpress.

    En este vídeo (en alemán, pero no hace falta entender a la narradora) se muestra muy gráficamente el problema con unas simpáticas infografías animadas:

    En 1999, se colocaron unos carteles pidiendo a los peatones que no entraran a la plaza durante los conciertos, los ensayos y las grabaciones. En su cabeza era espectacular, ¿pero cómo iban a saber los peatones si a 5 metros bajo sus pies había un concierto o ensayo?

    Resultado: la gente ignoró los carteles (que además a día de hoy siguen estando solo en alemán) y siguió entrando a la plaza, así que hubo que tomar medidas más drásticas.

    Hasta el día de hoy, la Heinrich-Böll-Platz, que es el nombre que recibe la plaza que hay encima del auditorio, se cierra varios cientos de veces al año y es vigilada por personal de seguridad con elevados costes para el erario público.

    De hecho, entre 1999 y 2021, la ciudad de Colonia gastó más de 3,1 millones de euros en vigilar la plaza (que, por si te lo estás preguntando, no puede cerrarse al tráfico peatonal permanentemente porque forma parte de la obra “Ma’lot” del artista israelí Dani Karavan).

    Y, tanto por la naturaleza de la obra como por contrato, la plaza debe permanecer abierta al público, ya que los peatones formarían parte de la misma. Se estima que solo durante 2023 los costes de la vigilancia podrían ascender a unos 318.000 euros, según un informe del ayuntamiento.

    Por ello, en 2024 se decidirá si la Filarmónica se somete a una renovación general, incluyendo en el techo y en la plaza ubicada encima, que ya no tendría que ser vigilada una vez finalizada la reforma.

    Si tienes curiosidad por saber cómo suena la Filarmónica de Colonia, aquí te dejo un vídeo de Maxim Vengerov en acción tocando el Concierto para Violín de Sibelius con la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigida por Daniel Barenboim:


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    2 comentarios en «Una gran cagada de la ingeniería alemana»

    1. Bueno, en España hay ciudades en las que ha pasado algo parecido. Por ejemplo, el centro histórico de Murcia fue complementamente destruido durante el franquismo, siendo sus palacios y edificios históricos demolidos para construir mamotretos sin ningún valor arquitectónico.

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      • Y sin guerra que los devastara.

        A mí este caso me parece interesante porque en España asociamos la ingeniería alemana con la excelencia y la precisión, y el Aeropuerto de Berlín, la Filarmónica de Berlín o el megaproyecto de Stuttgart 21 nos recuerdan que todo el mundo puede cagarla a base de bien.

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