La botella de salsa de soja: un icono del siglo XX

    Seguro que la has visto o usado alguna vez en un restaurante asiático sin percatarte de que es uno de los diseños más emblemáticos del siglo XX. La botella de salsa de soja es tan buena y eficaz que no ha cambiado en 50 años.

    ¿Qué la hace tan especial? 👇

    A lo largo de su historia, la salsa de soja japonesa se ha almacenado en muchos recipientes, desde barriles hasta botellas de cristal.

    Sin embargo, en la década de 1950, la empresa Kikkoman observó que los consumidores querían un contenedor más pequeño.

    Kikkoman no quería crear un mero recipiente desechable, sino un dispensador que todo el mundo quisiera tener y se considerara parte esencial de la vajilla, en la misma medida que un plato o una taza de té.

    Como la empresa comercializaba recipientes más grandes de varios litros, los consumidores podrían comprar la botella-dispensador una sola vez y reutilizarla una y otra vez rellenándola.

    Lo mismo podrían hacer los restaurantes.

    El reto recayó en el joven e inexperto Kenji Ekuan, cuya carrera empezó el 6 de agosto de 1945 con la explosión de la bomba atómica en Hiroshima.

    Él, que estudiaba en una academia para convertirse en oficial de la Armada, sobrevivió, pero vio morir a su hermana y a su padre.

    La devastadora visión de la “nada” -la pérdida literal de todas las “cosas”- cambió a Kenji para siempre.

    En ese momento, decidió que no se dedicaría a destruir cosas, sino a crearlas.

    Kenji diseñaría todo tipo de objetos a lo largo de su carrera, desde motocicletas a trenes bala, pero su diseño más famoso y ubicuo sería el de la botella de salsa de soja para Kikkoman.

    A la hora de enfrentarse al proceso de diseño, Kenji evocó recuerdos de su infancia en los que su madre vertía con dificultad la salsa de una pesada botella de dos litros en un pequeño dispensador de mes de unos pocos mililitros.

    Esta era una práctica habitual, pero los dispensadores de sobremesa tradicionales eran incapaces de evitar que la salsa goteara por la boquilla después de cada uso; un problema que Ekuan se proponía resolver con su ingenioso concepto de diseño.

    Necesitó más de tres años de prueba y error y más de 100 prototipos para crear su botella curvada, con el característico tapón rojo y el pitorro sin goteo que todos conocemos hoy.

    El diseño final de la botella fue (es) tan innovador como discreto, que encarna a la perfección la estética minimalista y funcional por la que Japón es conocido hasta hoy.

    El fondo de la botella es ancho, aumentando su estabilidad, pues impide en gran medida que los comensales puedan tumbarla sin querer con un manotazo accidental.

    Al ser de vidrio transparente, permite al usuario ver cuánta salsa de soja queda en el recipiente.

    Otro aspecto destacado es el cuello de la botella, que tiene la forma del recipiente tradicional japonés “Toguri (Tokutoshi)”, utilizado para beber sake.

    El estilo de vertido que permite la botella de Kikkoman hasta puede compararse con la ceremonia del té tradicional de Japón.

    Además de tener una función ergonómica que facilita sostener el recipiente y verter la salsa, permite sujetarla con los dedos pulgar, índice y corazón. Al inclinarla, la posición de los dedos anular y meñique se fija de forma natural.

    Pero lo más interesante es su llamativo tapón rojo, aquí se esconde toda la magia.

    Su diámetro no solo deja una generosa abertura para rellenar el recipiente, tal y como la empresa quería, sino que resuelve a la perfección el problema del goteo.

    ¿Cómo? Para verlo, tenemos que diseccionar el tapón.

    Como podemos ver, las boquillas tienen la forma del pitorro de una tetera, pero hacia dentro, por lo que, al dejar de servir la salsa, la última gota cae hacia el interior de la botella y no hacia fuera.

    Así se evita que alrededor de las boquillas se forme una costra de salsa endurecida que termine obstruyendo las aberturas.

    ¿Te has preguntado por qué el tapón tiene dos orificios por los que sale la salsa de soja?

    Si tapas uno de los orificios con un dedo y lo abres con cuidado, puedes controlar gota a gota cuánta soja se vierte para obtener la cantidad perfecta.

    Mira el vídeo.

    Obviamente, no conviene usar esta función en las botellas compartidas de los restaurantes, por motivos de higiene, pero sí en la botella que tengas en casa.

    Este diseño, brutalmente simple hasta el punto de resultar invisible (¿acaso te habías planteado antes el diseño de estas botellas de salsa de soja?) refleja la historia reciente de Japón.

    En medio de una sociedad japonesa cambiante y bastante abatida, la botella se creó con una filosofía de diseño que anteponía la vida de las personas a todo lo demás.

    Tras la guerra, Japón tuvo que hacer frente a los efectos, tanto prácticos como psicológicos, de la tumultuosa derrota, y los ciudadanos japoneses atravesaron una crisis de identidad.

    Así que tuvieron que aferrarse con fuerza a su historia, su cultura y su cocina pese a los sentimientos de desolación y los efectos de una derrota devastadora y trascendental en términos sociales.

    La botella de Kenji venía a ser un nexo entre una de las tradiciones más arraigadas de la cultura culinaria japonesa y del futuro, incierto pero prometedor, al que se abría la nación.

    Ni que decir tiene el diseño de Kenji, lanzado en 1969, fue todo un éxito tanto en términos comerciales (se han vendido más de trescientos millones de estas botellas en todo el mundo) como de branding para Kikkoman, que la utiliza como logotipo.

    Su éxito fue tal que muy pronto la gran competidora de Kikkoman, Yamasa, sacó su propia versión de la botella dispensadora de salsa de soja.

    Es la que yo tengo en casa.

    Y de las marcas chinas mejor no hablamos, casi todas tienen una botellas de estas características.

    Hoy en día, la botella de Kikkoman o de Yamasa están en las mesas de centenares de miles de restaurantes chinos o japoneses.

    En 2015, año del fallecimiento de Kenji, el MoMA incluyó la botella de soja de Kikkoman en su colección permanente.

    Hoy en día, junto al bolígrafo BIC, es uno de los iconos de diseño del siglo XX más asequible, pues puede comprarse por un par de dólares en cualquier supermercado asiático.

    Así que la próxima vez que sazones unos makis o unos fideos chinos con una de estas botellas, acuérdate del diseño minimalista y altamente funcional de este embajador infiltrado de la cultura y la gastronomía japonesas.

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    Bibliografía
    https://www.nytimes.com/2012/06/17/magazine/who-made-that-soy-sauce-dispenser.html
    https://gizmodo.com/the-story-behind-the-iconic-soy-sauce-bottle-that-hasnt-5918945
    https://www.artcenter.edu/connect/dot-magazine/articles/remembering-kenji-ekuan.html
    https://nextshark.com/kikkoman-bottle-design-hack-melbourne
    https://www.yummy.ph/news-trends/history-kikkoman-soy-sauce-bottle-a00351-20200812-lfrm2
    https://gigazine.net/gsc_news/en/20180529-soy-sause-bottle-design/
    https://www.youtube.com/watch?v=vwOMoirYMss

    https://www.moma.org/collection/works/90106

    Publicado originalmente en:

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